Sagamemnon
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Original / primary: Spanish Gemini
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Centinela
1
Pido a los dioses el fin de estos trabajos
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durante la larga guardia de un año, en la que, acostado
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sobre los brazos en los techos de los Atridas, a modo de perro,
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conozco la asamblea de los astros nocturnos,
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y a los que traen el invierno y el verano a los mortales,
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brillantes soberanos, que destacan en el éter,
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las estrellas, cuando se ocultan y sus ortos.
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Y ahora vigilo la señal de la antorcha,
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el resplandor del fuego que trae desde Troya la noticia
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y el mensaje de su captura; pues así lo ordena
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el corazón de mujer, que espera con voluntad de hombre.
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Y cuando tengo mi lecho errante por la noche y cubierto de rocío,
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no visitado por los sueños,
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el miedo, en lugar del sueño, se mantiene a mi lado,
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para no cerrar firmemente los párpados al sueño.
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Y cuando creo cantar o tararear,
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preparando este remedio contra el sueño,
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entonces lloro, gimiendo por la desgracia de esta casa,
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que no se administra como antes de la mejor manera.
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Pero ahora, que llegue un feliz fin a los trabajos
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al aparecer el fuego de buenas noticias en la oscuridad.
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¡ Oh, salve, antorcha de la noche, que muestras
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una luz diurna y el establecimiento de muchos coros
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en Argos, a causa de esta desgracia!
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¡ Ay, ay!
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A la esposa de Agamenón le indico claramente
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que se levante de su lecho lo antes posible en la casa
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para elevar un grito de júbilo auspicioso ante esta antorcha,
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si es que la ciudad de Ilión
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ha sido tomada, como anuncia claramente la antorcha;
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y yo mismo bailaré el preludio.
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Pues consideraré que los asuntos de mis amos han caído bien,
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al haberme dado esta señal de fuego un tres y seis.
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Que suceda, pues, que al llegar, pueda estrechar
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la mano querida del señor de la casa con esta mano.
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De lo demás guardo silencio; un gran buey
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ha pisado mi lengua; pero la casa misma, si cobrara voz,
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hablaría con la mayor claridad; pues yo, voluntariamente,
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hablo a los que saben y olvido para los que no saben.
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Este es el décimo año desde que el gran adversario
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de Príamo,
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el señor Menelao y Agamenón,
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el firme par de los Atridas, de doble trono y doble cetro,
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por honor concedido por Zeus,
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partieron con una flota de mil naves
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desde esta tierra,
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como ayuda militar,
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gritando un gran Ares desde su ánimo,
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a la manera de los buitres, que por el dolor
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extraviado por sus crías, en lo alto de sus nidos,
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giran en círculos
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remando con los remos de sus alas,
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habiendo perdido el cuidado
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de sus polluelos en el lecho.
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Pero alguien de lo alto, Apolo, o Pan, o Zeus, al oír
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el grito agudo de los pájaros de estos huéspedes,
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envía a los transgresores
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una Erinis
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que castiga tardíamente.
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Así, el más poderoso Zeus, protector de los huéspedes,
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envía a los hijos de Atreo contra Alejandro,
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a causa de una mujer de muchos hombres,
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imponiendo a dánaos y troyanos por igual
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muchos combates que agotan los miembros,
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con la rodilla hincada en el polvo
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y la lanza quebrada en los prolegómenos.
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Las cosas están como están ahora;
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se cumplirán según el destino;
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ni quemando ofrendas, ni vertiendo libaciones,
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ni con lágrimas, se aplacará la ira
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de los sacrificios sin fuego.
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Nosotros, deshonrados por nuestra carne vieja,
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quedamos atrás de aquella expedición,
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y esperamos apoyándonos
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en nuestros bastones, con una fuerza igual a la de un niño.
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Pues el tuétano joven que salta
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dentro del pecho
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es igual al del anciano, y Ares no está en su lugar,
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y el que es muy anciano, con su follaje ya
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marchito, camina sobre caminos de tres pies,
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y no es mejor que un niño,
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vaga como un sueño a plena luz del día.
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Pero tú, hija de Tindáreo,
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reina Clitemnestra,
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¿ qué necesidad hay?¿ Qué hay de nuevo?¿ Qué has sabido,
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que por la persuasión de qué noticias
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haces sacrificios por todas partes?
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De todos los dioses de la ciudad,
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los de arriba y los de abajo,
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los celestiales y los del ágora,
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los altares arden con ofrendas;
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y de un lado y de otro, una antorcha que llega al cielo
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se eleva,
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ungida por el aceite sagrado,
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con suaves y sinceros consuelos,
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con una torta sagrada desde el interior del palacio.
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Dime de esto lo que sea posible
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y lícito decir,
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y sé sanadora de esta preocupación,