Versus de Lanfranco
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Original / primary: Spanish Gemini
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Lanfranco no asumió el arzobispado por riquezas ni honores, sino por sus cuidados y trabajos. Nacido en Italia, en la región de Pavía, de ciudadanos ilustres y de condición honesta. Fue monje y prior en Bec, luego abad en Caen; después, prelado, primado y arzobispo de Canterbury. Fue restaurador de toda la Iglesia de los ingleses y, asimismo, auxiliador de los normandos. La mayor parte del mundo sintió su doctrina; y fue consuelo común para viudas y huérfanos, para cojos, contraídos, leprosos, endemoniados, sordos y ciegos, así como para otros afligidos. Tras exhortar, no dejó de brindar ayuda; mientras vivió, fue esperanza y alivio para todos. Y aunque tuvo manjares y bebidas deliciosas, y vestiduras suaves y preciosas, él, sin embargo, se cubría con un vestido áspero; viviendo siempre de un sustento vil y pobre. Verdadero cultivador de la justicia, no falso en su orden, fue un castigador rectísimo y piadoso de la iniquidad. Áspero con los soberbios, no se humilló ante nadie por dádivas, y fue siempre íntegro con los inocentes y buenos, sin doblez alguna. Casto, socorría a los incontinentes perdonándolos; justo, reprendía a los injustos tolerándolos. Así, cuidando a los demás, cumplía la labor de pastor; así, conservándose a sí mismo, agradaba al Señor en todo. Este hombre, tan sabio y fuerte en esta lucha, no pudo finalmente escapar a los lazos de la muerte.¡ Oh, cuántos dolores encontraron entonces los miserables!¡ Y la nación de los ingleses, cuántos honores perdió!¡ Con qué gemido reza el clero, con qué llanto el monje!¡ Y cuánto dolor es el que aflige a ambos sexos! Si alguien confía en poder decirlo todo, yo afirmo que ese no sabe decirlo todo. Y quien se juzga equiparable a Lanfranco, su presunción lo hace justamente digno de reproche. Bajo el sol, al entrar en el undécimo día, se pone la meta final de su feliz vida. Rey de reyes, Dios eterno y creador de todas las cosas, sé para él defensor y auxiliador perpetuo. Virgen, santísima madre del Redentor del mundo, consérvalo, para que el espíritu oscuro no lo quebrante. Todos los elegidos, ayudad a Lanfranco con vuestras oraciones y méritos, y asociadlo a vosotros. Vosotros también, que aún retenéis la vida con gratitud y tenéis la esperanza de la venidera mientras sobrevivís, os exhorto y amonesto a que le ayudéis, para que lo que hagáis, lo recibáis después de la muerte. Pues quien reza humilde y solícito por él, trabaja humilde y solícito por sí mismo. Amén.