Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
Divinatio in Q. Caecilium
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/cicero-marcus-tullius" aria-label="More works by Cicero, Marcus Tullius"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
Si alguno de ustedes, jueces, o de los que están presentes, se sorprende por casualidad de que yo, que durante tantos años me he desenvuelto en causas y juicios públicos de tal manera que he defendido a muchos y no he perjudicado a nadie, de repente ahora, habiendo cambiado mi propósito, descienda a la acusación, ese tal, si conociera la causa y la razón de mi decisión, aprobará a la vez lo que hago y, sin duda, pensará que en esta causa no debe preferirse a nadie más que a mí como acusador.
2
Cuando fui cuestor en Sicilia, jueces, y salí de esa provincia habiendo dejado a todos los sicilianos un recuerdo grato y duradero de mi cuestura y de mi nombre, sucedió que consideraron que, así como tenían una gran protección en muchos antiguos patronos, también tenían alguna en mí para sus fortunas. Por eso ahora, saqueados y vejados, todos han venido a mí públicamente muchas veces para que asumiera la causa y la defensa de todas sus fortunas. Decían que yo les había prometido muchas veces, que les había manifestado muchas veces, que si llegaba algún momento en el que necesitaran algo de mí, no les faltaría en sus intereses.
3
Decían que había llegado el momento, ya no de defender sus intereses, sino la vida y la seguridad de toda la provincia; que ya ni siquiera tenían dioses en sus ciudades a los cuales refugiarse, porque Cayo Verres había sustraído sus simulacros más sagrados de los templos más religiosos; que todas las cosas que el desenfreno en las infamias, la crueldad en los suplicios, la avaricia en las rapiñas y la soberbia en las afrentas habían podido causar, las habían soportado todas durante tres años bajo este único pretor; que me rogaban y suplicaban que no despreciara a aquellos suplicantes a quienes, estando yo a salvo, no debería corresponderles ser suplicantes de nadie.
4
Llevé grave y amargamente, jueces, el ser conducido a tal situación en la que o bien la esperanza fallaba a aquellos hombres que habían buscado ayuda y auxilio en mí, o bien yo, que me había dedicado a defender a los hombres desde el inicio de mi juventud, era arrastrado a acusar, forzado por el momento y el deber. Decía que ellos tenían como acusador a Quinto Cecilio, quien, sobre todo, había sido cuestor en la misma provincia después de mí. Lo que yo esperaba que fuera un auxilio para poder apartar de mí esta molestia, era para mí el mayor adversario; pues ellos me habrían perdonado esto mucho más fácilmente si no lo conocieran, o si él no hubiera sido cuestor entre ellos.
5
He sido inducido, jueces, por el deber, la lealtad, la misericordia, el ejemplo de muchos hombres buenos y la antigua costumbre e institución de los antepasados, a pensar que debía asumir la carga de este trabajo y deber no por mi propio interés, sino por el momento de mis allegados. En este asunto, sin embargo, me consuela, jueces, el hecho de que esto que parece ser mi acusación no debe considerarse tanto una acusación como una defensa. Pues defiendo a muchos mortales, a muchas ciudades, a toda la provincia de Sicilia; por lo cual, debido a que debo acusar a uno solo, me parece que permanezco casi en mi propósito y no me aparto del todo de defender y socorrer a los hombres.
6
Pero si no tuviera esta causa tan idónea, tan ilustre, tan grave— si los sicilianos no me lo hubieran pedido o si no mediara entre los sicilianos y yo una causa de tanta necesidad— y profesara que hago esto por causa de la República, para que un hombre dotado de singular codicia, audacia y maldad, cuyos robos e infamias conocíamos no solo en Sicilia, sino en Acaya, Asia, Cilicia, Panfilia y, finalmente, en Roma ante los ojos de todos, como los más grandes y vergonzosos, fuera llamado a juicio bajo mi actuación,¿ quién sería, al fin y al cabo, el que pudiera reprochar mi hecho o mi decisión?
7
¿ Qué es, por la fe de los dioses y de los hombres, en lo que yo pueda ser más útil a la República en este momento?¿ Qué es lo que debería ser más grato al pueblo romano, o qué podría ser más deseable para los aliados y las naciones extranjeras, o qué sea más adecuado para la seguridad y las fortunas de todos? Provincias saqueadas, vejadas, destruidas hasta los cimientos, aliados y contribuyentes del pueblo romano afligidos, miserables, ya no buscan la esperanza de la salvación, sino el consuelo de la muerte.
8
Quienes desean que los juicios permanezcan en el orden senatorial, se quejan de que no tienen acusadores idóneos: quienes pueden acusar, desean la severidad de los juicios. El pueblo romano, mientras tanto, aunque ha sido afectado por muchos inconvenientes y dificultades, sin embargo, no reclama nada tanto en la República como aquella antigua fuerza y gravedad de los juicios. Por el deseo de juicios se exigió la potestad tribunicia, por la ligereza de los juicios se postula también otro orden para juzgar los asuntos, por la culpa y el deshonor de los jueces se reclama ahora incluso el nombre de censor, que antes solía parecer más duro al pueblo; eso ahora se ha vuelto popular y plausible.
9
En este desenfreno de hombres malvadísimos, en la queja cotidiana del pueblo romano, en la infamia de los juicios, en la ofensa de todo el orden, cuando consideraba que este era el único remedio para tantos inconvenientes, que hombres idóneos e íntegros asumieran la causa de la República y de las leyes, confieso que por causa de la salvación de todos me acerqué a esa parte de la República que debía ser socorrida, la cual estaba sufriendo más.
10
Ahora, puesto que he demostrado por qué razones me he acercado a la causa, es necesario hablar sobre nuestra contienda, para que tengan qué seguir al establecer al acusador. Yo lo entiendo así, jueces: cuando se presenta el nombre de alguien por el delito de concusión, si hay disputa entre algunos sobre a quién debe darse preferentemente la acusación, se debe observar esto principalmente: a quién desean más que sea el acusador aquellos a quienes se dice que se han hecho las injurias, y a quién desea menos aquel que se argumenta que ha cometido esas injurias.
11
En esta causa, jueces, aunque considero que ambos puntos son claros, sin embargo hablaré de ambos, y primero de aquel que debe valer más ante ustedes, esto es, de la voluntad de aquellos a quienes se han hecho las injurias; por cuya causa se ha constituido el juicio sobre concusión. Se dice que Cayo Verres ha saqueado la provincia de Sicilia durante tres años, que ha devastado las ciudades de los sicilianos, que ha vaciado las casas, que ha expoliado los templos. Están presentes, se quejan todos los sicilianos; se refugian en mi lealtad, que ya tienen probada y conocida; piden auxilio para sí a través de mí a ustedes y a las leyes del pueblo romano; han querido que yo sea el defensor de sus calamidades, el vengador de sus injurias, el conocedor de su derecho, el acusador de toda la causa.
12
¿ Dirás esto, Quinto Cecilio, que yo no me acerco a la causa por ruego de los sicilianos, o que la voluntad de los mejores y más fieles aliados no debe ser grave ante estos? Si te atreves a decir eso, lo que Cayo Verres, a quien finges ser enemigo, quiere que se crea principalmente, que los sicilianos no me han pedido esto, primero socorrerás la causa de tu enemigo, sobre quien no se considera que se ha hecho un prejuicio, sino claramente un juicio, porque se ha difundido tanto que todos los sicilianos han buscado un acusador de su causa contra las injurias de aquel.
13
Si tú, enemigo suyo, niegas este hecho, que él mismo, a quien más se opone esta cosa, no se atreve a negar, mira no sea que parezcas ejercer las enemistades con demasiada familiaridad. Además, están como testigos hombres ilustrísimos de nuestra ciudad, a quienes no es necesario que yo nombre a todos: llamaré a los que están presentes, a quienes, si mintiera, no querría en absoluto que fueran testigos de mi desvergüenza. Lo sabe quien está en el consejo, Cayo Marcelo, lo sabe quien veo que está presente, Cneo Léntulo Marcelino; en cuya lealtad y protección se apoyan principalmente los sicilianos, porque toda aquella provincia está unida al nombre de los Marcelos.
14
Ellos saben que esto no solo me ha sido pedido, sino que ha sido pedido tan a menudo y tan vehementemente que o bien debía asumir la causa o bien repudiar el deber de la relación. Pero¿ qué uso hago de estos testigos, como si el asunto fuera dudoso u oscuro? Están presentes hombres nobilísimos de toda la provincia, quienes, estando presentes, les ruegan y suplican, jueces, que en la elección del acusador de su causa su juicio no discrepe del juicio de ustedes. Están presentes las delegaciones de todas las ciudades de toda Sicilia, excepto dos ciudades; si estuvieran presentes las de estas dos, se reducirían dos crímenes, incluso los más grandes, que han sido compartidos con estas ciudades por Cayo Verres.
15
Pero,¿ por qué me han pedido este auxilio precisamente a mí? Si fuera dudoso si lo han pedido o no, diría por qué lo han pedido: ahora, en cambio, cuando es tan claro que pueden juzgarlo con sus ojos, no sé por qué esto debería ser un detrimento para mí, si se me objeta que he sido elegido precisamente yo.
16
Pero no me atribuyo eso, jueces, y no solo no pongo esto en mi discurso, sino que ni siquiera dejo en la opinión de nadie que yo haya sido preferido a todos los patronos. No es así; sino que se ha tenido en cuenta el momento, la salud y la capacidad de actuar de cada uno. Mi voluntad y opinión en este asunto siempre ha sido esta: que preferiría que cualquiera de los que fueran idóneos asumiera esto antes que yo, y que preferiría yo antes que nadie.
17
Resta ahora que busquemos esto: puesto que consta que los sicilianos me lo han pedido, si esto debe valer ante ustedes y ante sus ánimos, si los aliados del pueblo romano, sus suplicantes, deben tener alguna autoridad ante ustedes al reclamar su derecho. Sobre lo cual,¿ qué más podría recordar? Como si fuera dudoso que toda la ley sobre concusión se haya constituido por causa de los aliados;
18
pues cuando se arrebata dinero a los ciudadanos, se reclama generalmente mediante acción civil y derecho privado. Esta ley es social, este es el derecho de las naciones extranjeras, esta es la ciudadela que tienen, un poco menos fortificada ahora que antes, pero, sin embargo, si queda alguna esperanza que pueda consolar los ánimos de los aliados, toda ella está puesta en esta ley; de cuya ley se reclaman desde hace tiempo severos custodios, no solo por parte del pueblo romano, sino también por parte de las naciones más lejanas.
19
¿ Quién es, pues, el que niegue que debe actuarse por ley según el arbitrio de aquellos por cuya causa se ha constituido la ley? Si toda Sicilia hablara con una sola voz, diría esto:' Lo que de oro, lo que de plata, lo que de ornamentos hubo en mis ciudades, sedes y templos, lo que en cada cosa tuve de derecho por beneficio del senado y del pueblo romano, eso me lo arrebataste y me lo quitaste tú, Cayo Verres; por cuyo nombre reclamo de ti mil millones de sestercios según la ley'. Si la provincia entera, como dije, pudiera hablar, usaría esta voz: puesto que no podía, ella misma eligió al acusador que consideró idóneo para estas cosas.
20
En un asunto de este tipo,¿ se encontrará alguien tan desvergonzado que se atreva a acercarse o aspirar a una causa ajena, estando en contra aquellos cuyo es el negocio? Si los sicilianos te dijeran esto, Quinto Cecilio:' No te conocemos, no sabemos quién eres, nunca te hemos visto antes; déjanos defender nuestras fortunas a través de aquel cuya lealtad nos es conocida',¿ no dirían lo que deberían probar a cualquiera? Ahora dicen esto: que conocen a ambos; que desean que uno sea el defensor de sus fortunas, y que al otro no lo quieren en absoluto.
21
Por qué no lo quieren, aunque callen, lo dicen suficientemente; pero no callan.¿ Sin embargo, te ofrecerás a ellos, que no te quieren en absoluto?¿ Sin embargo, hablarás en causa ajena?¿ Sin embargo, defenderás a quienes prefieren ser abandonados por todos antes que ser defendidos por ti?¿ Sin embargo, prometerás tu esfuerzo a quienes consideran que ni quieres por su causa ni, si quisieras, podrías?¿ Por qué intentas arrebatar por la fuerza su escasa esperanza de las fortunas restantes, que tienen puesta en la severidad de la ley y del juicio?¿ Por qué te interpones ante aquellos, que no te quieren en absoluto, a quienes la ley quiere que se consulte principalmente?¿ Por qué, sobre quienes no te has portado de la mejor manera en la provincia, intentas ahora destruirlos claramente en todas sus fortunas?¿ Por qué les quitas no solo la potestad de perseguir su derecho, sino también la de deplorar su calamidad?
22
Pues, siendo tú el acusador,¿ a quién de ellos piensas que estará presente, a quienes entiendes que no se esfuerzan para que, a través de ti, otro, sino para que, a través de algún otro, se venguen de ti mismo? Pero,¿ es solo eso, que los sicilianos me quieran principalmente? Lo otro, creo, es oscuro: por quién Verres menos quiere ser acusado.¿ Quién ha contendido jamás tan abiertamente por el honor, tan vehementemente por su seguridad, como él y sus amigos para que esta acusación no se me dé a mí? Hay muchas cosas que Verres considera que están en mí, que sabe que no están en ti, Cecilio; qué clase de cosas sean en cada uno de nosotros, lo recordaré poco después;
23
ahora solo diré esto, en lo que tú, callado, me asientes: que no hay nada en mí que él desprecie, nada en ti que él tema. Por eso, aquel gran defensor y amigo suyo te apoya a ti, me ataca a mí; pide abiertamente a los jueces que seas preferido a mí, y dice que él contiende esto honestamente sin ninguna envidia y sin ninguna ofensa.' Pues no pido', dice,' lo que suelo obtener cuando he contendido más vehementemente: no pido que el reo sea absuelto, sino que, en lugar de ser acusado por este, sea acusado por aquel, eso pido. Dame esto; concede lo que es fácil, lo que es honesto, lo que no es envidioso; lo que, cuando lo hayas dado, lo habrás dado sin ningún peligro para ti, sin infamia, para que sea absuelto aquel por cuya causa me esfuerzo'.
24
Y dice el mismo, para que algún miedo esté unido a la gracia, que hay ciertos en el consejo a quienes quiere que se muestren las tablillas; que eso es facilísimo; pues que no emiten votos individualmente, sino que deciden todos juntos; que se da a cada uno una tablilla encerada con cera legítima, no aquella infame y nefaria. Y él no se esfuerza tanto por Verres como porque el asunto entero le agrada lo menos posible; pues ve que, si la voluntad de acusar se trasladara de los muchachos nobles, a quienes hasta ahora ha eludido, y de los delatores, a quienes siempre ha despreciado sin causa y considerado por nada, a hombres fuertes y probados, él no podría dominar más tiempo en los juicios.
25
A este hombre le anuncio ya desde ahora, si ustedes quisieran que esta causa sea llevada por mí, que toda su razón de defender debe ser cambiada, y cambiada de tal manera que, con una condición mejor y más honesta que la que él mismo quiere usar, imite a aquellos hombres a quienes él mismo vio como los más amplios, Lucio Craso y Marco Antonio, quienes consideraban que no debían aportar nada a los juicios y causas de los amigos más que lealtad y talento. No habrá nada por lo que, actuando yo, piense que el juicio pueda ser corrompido sin gran peligro de muchos.
26
Yo en este juicio considero que la causa de los sicilianos ha sido recibida por mí, la del pueblo romano asumida, para que no sea oprimido un solo hombre malvado, lo que los sicilianos pidieron, sino que toda la maldad en absoluto, lo que el pueblo romano reclama desde hace mucho tiempo, sea extinguida y destruida: en lo cual, qué pueda esforzarme o qué pueda lograr, prefiero dejarlo en la esperanza de otros antes que ponerlo en mi discurso.
27
Tú, en cambio, Cecilio,¿ qué puedes?¿ En qué momento o en qué asunto no solo has dado alguna muestra a los demás, sino que tú mismo has hecho una prueba de ti?¿ No te viene a la mente qué negocio es sostener una causa pública, explicar toda la vida de otro y exponerla no solo en los ánimos de los jueces, sino también ante los ojos y la vista de todos, defender la seguridad de los aliados, los intereses de las provincias, la fuerza de las leyes, la gravedad de los juicios? Conoce por mí, puesto que has encontrado este primer momento de aprender, cuántas cosas debe haber en quien acuse a otro; de las cuales, si reconocieras alguna en ti, yo mismo te concederé ya eso que buscas por mi propia voluntad. Primero, integridad y una inocencia singular; pues no hay nada que sea menos soportable que el que pida cuentas de su vida a otro aquel que no puede rendir las suyas.
28
Aquí no diré más sobre ti: creo que todos notan ese único punto, que hasta ahora solo has podido ser conocido por los sicilianos; que los sicilianos dicen esto, aunque estén enfadados con el mismo con quien tú dices ser enemigo, que no estarán presentes en el juicio siendo tú el acusador. Por qué lo niegan, no lo oirás de mí: permite que estos sospechen lo que es necesario. Ellos, ciertamente, como es el género de hombres demasiado agudo y sospechoso, no piensan que tú quieras llevarte de Sicilia documentos contra Verres, sino que, porque en los mismos documentos está consignada su pretura y tu cuestura, sospechan que quieres llevarte documentos de Sicilia.
29
Después, es necesario que el acusador sea firme y verdadero. Si yo pensara que tú deseas serlo, entiendo fácilmente que no puedes serlo. Y no digo las cosas que, si las dijera, sin embargo no podrías desmentir: que antes de que salieras de Sicilia, te reconciliaste con Verres; que Potamón, tu escriba y allegado, fue retenido por Verres en la provincia cuando tú salías; que Marco Cecilio, tu hermano, un joven selectísimo y adornadísimo, no solo no está presente ni persigue contigo tus injurias, sino que está con Verres y vive con él familiar y amistosamente. Hay también estas y otras muchas señales en ti de un falso acusador, que ahora no uso: digo esto, que tú, aunque lo desees al máximo, sin embargo no puedes ser un verdadero acusador.
30
Veo que hay muchísimos crímenes cuya sociedad con Verres es de tal modo que no te atreves a tocarlos al acusar. Toda Sicilia se queja de que Cayo Verres, cuando había ordenado a los agricultores trigo para su despensa, y cuando el modio de trigo estaba a dos sestercios, exigió por el trigo doce sestercios por cada modio.¡ Gran crimen, dinero inmenso, robo desvergonzado, injuria insoportable! Es necesario que yo lo condene por este único crimen: tú,
31
Cecilio,¿ qué harás?¿ Pasarás por alto este crimen tan grande o lo objetarás? Si lo objetas,¿ se lo atribuirás a otro crimen que tú mismo hiciste al mismo tiempo en la misma provincia?¿ Te atreverás a acusar a otro de tal manera que no puedas negarte a ser condenado tú mismo? Pero si lo pasas por alto,¿ qué clase de acusación será esa tuya, que por miedo al peligro doméstico tema no solo la apuesta, sino incluso la mención misma del crimen más cierto y más grande?
32
Se compró trigo por decreto del senado a los sicilianos siendo pretor Verres, por cuyo trigo no se pagó todo el dinero. Es grave este crimen contra Verres, grave actuando yo, siendo tú el acusador, ninguno; pues tú eras cuestor, tú manejabas el dinero público, del cual, aunque el pretor quisiera, sin embargo, que no se hiciera ninguna deducción, en gran parte estaba en tu potestad. Por tanto, tampoco de este crimen se hará mención siendo tú el acusador: se callará en todo el juicio sobre sus mayores y más conocidos robos e injurias. Créeme, Cecilio, no puede defender verdaderamente a los aliados al acusar quien está unido al reo por la sociedad de los crímenes.
33
Los contratistas exigieron dinero a las ciudades por el trigo.¿ Qué?¿ Esto se hizo solo siendo pretor Verres? No, sino también siendo cuestor Cecilio.¿ Qué, pues?¿ Vas a dar a este crimen lo que pudiste prohibir que se hiciera y debiste, o lo dejarás todo? Por tanto, Verres no oirá en absoluto en su juicio lo que, cuando lo hacía, no encontraba cómo defender. Y yo recuerdo estas cosas que están puestas en medio: hay otros robos más ocultos, que él, para retardar, creo, los ánimos y los ímpetus de aquel, compartió muy benignamente con su cuestor.
34
Sabes que estas cosas me han sido denunciadas; si quisiera exponerlas, todos entenderán fácilmente que entre ustedes no solo hubo voluntad unida, sino que ni siquiera el botín ha sido dividido hasta ahora. Por lo cual, si pides que se te dé la delación por lo que hizo contigo, lo concedo, si la ley lo permite; pero si hablamos de la acusación, debes concederlo a aquellos que no están impedidos por ningún pecado suyo para poder demostrar los pecados de otro.
35
Y mira cuánto va a haber de diferencia entre mi acusación y la tuya. Yo voy a atribuir al crimen de Verres incluso las cosas que tú cometiste sin Verres, porque no te prohibió, cuando él mismo tenía la suma potestad: tú, en cambio, no objetarás ni siquiera las cosas que él hizo, para no ser encontrado unido a él en ninguna parte.¿ Qué?¿ Aquellas cosas, Cecilio, te parecen despreciables, sin las cuales la causa no puede ser sostenida de ninguna manera, sobre todo una tan grande?¿ Alguna facultad de actuar, alguna costumbre de hablar, alguna razón o ejercicio en el foro, en los juicios, en las leyes?
36
Entiendo en qué lugar escabroso y difícil me encuentro; pues aunque toda arrogancia es odiosa, la del talento y la elocuencia es mucho más molesta. Por lo cual no digo nada sobre mi talento; ni hay nada que pueda decir, ni si lo hubiera lo diría; pues o bien me basta lo que hay de opinión sobre mí, sea lo que sea, o, si eso es poco, no puedo hacerlo mayor recordándolo.
37
Sobre ti, Cecilio— ya por Hércules hablaré familiarmente contigo fuera de esta contienda y disputa nuestra—, mira tú mismo una y otra vez cómo te consideras, y recógete, y considera quién eres y qué puedes hacer.¿ Piensas que puedes sostener con voz, memoria, consejo y talento, sobre los asuntos más grandes y amargos, cuando has asumido la causa de los aliados y las fortunas de la provincia, el derecho del pueblo romano, la gravedad del juicio y de las leyes, tantas cosas tan graves, tan variadas?
38
¿ Piensas que puedes distinguir con crímenes y discurso, tal como están divididas por lugares y tiempos, las cosas que Cayo Verres pecó en la cuestura, en la legación, en la pretura, en Roma, en Italia, en Acaya, Asia y Panfilia?¿ Piensas que puedes, lo que es más necesario en un reo de este tipo, hacer que las cosas que él hizo desenfrenadamente, nefariamente, cruelmente, parezcan igual de amargas e indignas a quienes oirán como parecieron a quienes las sintieron?
39
Grandes son las cosas que digo, créeme; no desprecies esto. Todo debe ser dicho, demostrado, explicado; la causa no solo debe ser expuesta, sino también llevada grave y copiosamente; debe lograrse, si quieres hacer o conseguir algo, que los hombres no solo te oigan, sino que te oigan voluntaria y estudiosamente. En lo cual, si la naturaleza te ayudara mucho, si hubieras estudiado desde la niñez las mejores disciplinas y artes y te hubieras esforzado en ellas, si hubieras aprendido las letras griegas en Atenas, no en Lilibeo, y las latinas en Roma, no en Sicilia, aun así sería grande sostener una causa tan grande, tan esperada, y conseguirla con diligencia, abarcarla con memoria, expresarla con discurso y sostenerla con voz y fuerzas.
40
Quizás dirás:'¿ Qué, pues?¿ Están todas estas cosas en ti?'¡ Ojalá estuvieran! Pero, sin embargo, para que pudieran estar, me he esforzado con gran estudio desde la niñez. Pero si yo no pude alcanzar estas cosas por la magnitud de los asuntos y la dificultad, yo que en toda mi vida no hice otra cosa,¡ cuánto más lejos consideras que estás tú de estas cosas, que no solo nunca pensaste antes, sino que ni siquiera ahora, cuando te adentras en ellas, puedes sospechar qué y cuán grandes son!
41
Yo, que, como todos saben, me desenvuelvo en el foro y en los juicios de tal manera que nadie o pocos de la misma edad han defendido más causas, y que consumo todo el tiempo que me dan los negocios de los amigos en estos estudios y trabajos, para poder estar más preparado y pronto para el uso forense, sin embargo, quiera el cielo que los dioses me sean propicios, que cuando me viene a la mente aquel momento en el que, citado el reo, debo hablar, no solo me conmuevo de ánimo, sino que incluso me estremezco con todo el cuerpo.
42
Ya ahora preveo con la mente y el pensamiento qué estudios de los hombres, qué concurrencias habrá, cuánta expectativa traerá la magnitud del juicio, cuánta multitud de oyentes provocará la infamia de Cayo Verres, cuánta audiencia, finalmente, hará la maldad de aquel para mi discurso. Cuando pienso en esto, ya ahora temo qué pueda decir digno de la ofensa de los hombres, que son enemigos y están enfurecidos contra él, y de la expectativa de todos y de la magnitud de los asuntos.
43
Tú no temes nada de esto, no piensas nada, no te esfuerzas nada: si pudieras aprender de memoria algún discurso antiguo,' A Júpiter óptimo máximo', o' Quisiera, si hubiera podido suceder, jueces', o algo de ese tipo, piensas que vendrás al juicio excelentemente preparado.
44
Y si nadie fuera a responderte, sin embargo, la causa misma, como yo considero, no podrías demostrarla: ahora ni siquiera piensas eso, que tendrás una contienda con un hombre disertísimo y preparadísimo para hablar, con quien hay que discutir a veces, a veces luchar y contender con toda razón. Su talento lo alabo de tal manera que no lo temo, lo apruebo de tal manera que pienso que puedo ser deleitado por él más fácilmente que engañado. Nunca me oprimirá con consejo, nunca me pervertirá con ningún artificio, nunca intentará derribarme y debilitarme con su talento; conozco todas las peticiones y razones de hablar del hombre; a menudo hemos estado en las mismas, a menudo en causas contrarias; de tal manera hablará él contra mí, por muy ingenioso que sea, que considerará que se hace algún juicio también sobre su talento.
45
A ti, en cambio, Cecilio, cómo te va a eludir, cómo te va a lanzar con toda razón, ya me parece verlo; cuántas veces te dará la potestad y opción de que elijas lo que quieras— si se ha hecho o no, si es verdadero o falso—, lo que digas, eso será contra ti.¡ Qué mareos, qué error, qué tinieblas, dioses inmortales, serán para ti, hombre nada malo!¿ Qué?¿ Cuando empiece a dividir los miembros de tu acusación y a establecer en sus dedos las partes individuales de la causa?¿ Qué?¿ Cuando empiece a tramitar, expedir, absolver cada cosa? Tú mismo empezarás a temer que has causado peligro a un inocente.
46
¿ Qué?¿ Cuando empiece a compadecerse, a quejarse, y a descargar algo de la envidia de aquel y a trasladarla a ti, a recordar la relación establecida entre cuestor y pretor, la costumbre de los antepasados, la religión de los sorteos,¿ podrás soportar la envidia de ese discurso? Mira solo, considera una y otra vez. Pues me parece que habrá peligro de que él no solo te abrume con palabras, sino que con el gesto mismo y el movimiento del cuerpo deslumbre la agudeza de tu talento, y te aparte de tus propósitos y pensamientos.
47
Y el juicio de este asunto veo que será ya de inmediato. Pues si hoy pudieras responderme a estas cosas que digo, si te apartaras una palabra de ese libro que te dio no sé qué maestro de escuela compuesto de discursos ajenos, pensaré que puedes no faltar a aquel juicio y satisfacer tu causa y tu deber; pero si no fueras nada conmigo en este ensayo,¿ qué pensaríamos que serías en la lucha misma con un adversario acérrimo? Sea, él mismo no es nada, no puede nada; pero viene preparado con suscriptores ejercitados y disertos. Sin embargo, esto es algo, aunque no es suficiente; pues en todas las cosas el que es el principal en actuar debe ser el más adornado y preparado. Pero, sin embargo, veo que Lucio Apuleyo es el suscriptor más próximo, un hombre no por edad, sino por uso forense y ejercicio, un novato.
48
Después, según creo, tiene a un extraño, este sin embargo de los bancos; a quien nunca presté suficiente atención sobre qué podía al hablar, en gritar sí veo que es bien robusto y ejercitado. En este están todas tus esperanzas; este, si tú fueras establecido como acusador, sostendrá todo el juicio. Y ni siquiera él contendrá tanto al hablar como puede, sino que consultará tu gloria y reputación, y de lo que él mismo puede al hablar, cederá algo, para que tú, sin embargo, parezcas ser algo. Como vemos que sucede en los actores griegos, a menudo aquel que es de segundas o terceras partes, pudiendo hablar algo más claramente que el de las primeras, se somete mucho, para que aquel principal sobresalga lo más posible, así hará el extraño; te servirá, te halagará, contendrá algo menos de lo que puede.
49
Ahora consideren esto, qué clase de acusadores vamos a tener en un juicio tan grande, cuando tanto el extraño mismo va a restar algo de esa facultad, si es que tiene alguna, y Cecilio piensa que entonces finalmente será algo, si el extraño fuera menos vehemente y le concediera las primeras partes al hablar. No veo a quién va a tener como cuarto, a menos que sea a alguien por casualidad de aquel grupo de holgazanes, que pidieron para sí la suscripción a quienquiera que ustedes hubieran dado la delación:
50
de los cuales, hombres ajenísimos, vienes tan preparado que debes recibir a algún huésped. A quienes no voy a tener tanto honor como para responder a lo que hayan dicho en un lugar determinado o uno por uno a cada cual: así brevemente, puesto que no por propósito sino por casualidad caí en su mención, como de paso, satisfaré a todos.¿ Les parezco tener tal escasez de amigos que no se me añada un suscriptor de estos que he traído conmigo, sino del pueblo?¿ Ustedes, en cambio, tienen tal escasez de reos que intentan arrebatarme la causa antes que encontrar algunos reos de su orden en la columna Menia?' Ponme', dice,' un custodio a Tulio'.
51
¿ Qué?¿ Cuántos guardias necesitaré si una vez te permito el acceso a mis archivos? A ti, a quien habría que vigilar no solo para que no reveles nada, sino incluso para que no te lleves nada. Pero, sobre ese supuesto guardián, les responderé a ustedes muy brevemente: estos hombres tan íntegros no permitirán que, para una causa tan importante que he asumido y que me ha sido confiada, cualquier acusador adjunto pueda aspirar a intervenir contra mi voluntad; pues mi lealtad rechaza a un guardián y mi diligencia teme a un espía. Pero, para volver a ti, Cecilio, ves cuántas cosas te faltan: ya comprendes, sin duda, cuántas cosas hay en ti que un reo culpable desearía encontrar en su acusador.
52
¿ Qué se puede decir a esto? No pregunto qué vas a decir tú; veo que no eres tú, sino este libro que sostiene aquí tu mentor, quien me responderá; el cual, si quiere aconsejarte bien, te persuadirá de que te marches de aquí y no me respondas ni una palabra.¿ Qué vas a decir, en efecto?¿ Acaso lo que repites constantemente, que Verres te causó un perjuicio? Lo supongo; pues no sería verosímil que, mientras causaba perjuicios a todos los sicilianos, tú fueras el único a quien él favorecía.
53
Pero los demás sicilianos encontraron un vengador para sus agravios; tú, mientras intentas perseguir tus agravios por ti mismo, cosa que no puedes hacer, consigues que los agravios de los demás también queden impunes e invengados; y se te escapa esto: que no solo se suele mirar quién debe vengarse, sino también quién puede hacerlo; y que, cuando alguien reúne ambas condiciones, es superior, pero cuando solo tiene una, no se suele preguntar qué desea, sino qué puede hacer.
54
Y si consideras que debe permitirse la facultad de acusar preferentemente a aquel a quien C. Verres causó el mayor perjuicio,¿ a quién crees, finalmente, que estos jueces deben considerar que ha sufrido un daño más grave: a ti, por haber sido perjudicado por él, o a la provincia de Sicilia, por haber sido devastada y arruinada? Creo que admitirás que esto último es mucho más grave y que todos deben considerarlo así. Concede, pues, que la provincia se te anteponga en la acusación; pues la provincia acusa cuando actúa en la causa aquel a quien ella ha adoptado como defensor de sus derechos, vengador de sus agravios y representante de toda la causa.
55
Pero,¿ acaso C. Verres te causó un perjuicio que pueda conmover también el ánimo de los demás por el infortunio ajeno? En absoluto; pues considero que también esto es pertinente para el asunto: qué clase de perjuicio se alega y qué causa de enemistad se presenta. Conózcanlo por mí; pues él, a menos que no tenga juicio alguno, nunca lo expondrá. Existe una tal Agonis de Lilibeo, liberta de Venus Ericina, mujer que antes de este cuestor fue bastante acomodada y rica. Un prefecto de Antonio le arrebataba por la fuerza a sus esclavos músicos, diciendo que quería utilizarlos en la flota. Entonces ella, como es costumbre en Sicilia entre todos los servidores de Venus y aquellos que se han liberado de Venus, para oponer a aquel prefecto la religión en nombre de Venus, dijo que tanto ella como sus bienes pertenecían a Venus.
56
Cuando esto fue comunicado al cuestor Cecilio, hombre excelente y muy justo, ordena que llamen a Agonis ante él; dicta sentencia inmediatamente: SI CONSTA QUE ELLA DIJO QUE ELLA Y SUS BIENES PERTENECÍAN A VENUS. Los jueces recuperadores dictaminan lo que era necesario; pues nadie dudaba de que ella lo hubiera dicho. Él entra en posesión de los bienes de la mujer, adjudica a la propia mujer como esclava a Venus; luego vende los bienes y recauda el dinero. Así, mientras Agonis quiere retener unos pocos esclavos en nombre de la religión de Venus, perdió por el perjuicio de este hombre todas sus fortunas y su libertad. Verres llegó después a Lilibeo; conoce el asunto, desaprueba el hecho, obliga a su cuestor a devolver y restituir a la mujer todo el dinero que había recaudado de los bienes de Agonis.
57
Hasta aquí, lo que veo que todos ustedes admiran, no es Verres, sino Quinto Mucio. Pues,¿ qué pudo hacer más elegante para la reputación de los hombres, más justo para aliviar la calamidad de la mujer, más enérgico para reprimir la lascivia del cuestor? Todo esto me parece sumamente loable. Pero de repente, al instante, de hombre se convirtió en Verres, como por alguna pócima de Circe; volvió a ser él mismo y a sus costumbres; pues de aquel dinero se apropió una gran parte y devolvió a la mujer lo que le pareció oportuno.
58
Si aquí dices que fuiste perjudicado por Verres, lo toleraré y lo concederé; si te quejas de que se te hizo un perjuicio, lo defenderé y lo negaré; en fin, sobre el perjuicio que se te haya hecho, nadie de nosotros debe ser juez más severo que tú mismo, a quien se dice que se le hizo. Si después te reconciliaste con él, si estuviste varias veces en su casa, si él cenó después en la tuya,¿ qué prefieres que se piense de ti: que eres un pérfido o un prevaricador? Veo que es necesario una de las dos cosas, pero no lucharé contigo en esto para que elijas la que quieras.
59
Y si ni siquiera queda la causa del perjuicio que te haya hecho,¿ qué tienes que decir para que se te anteponga no solo a mí, sino a cualquiera? A menos que sea eso que oigo que vas a decir: que fuiste su cuestor. Esa causa sería grave si compitieras conmigo sobre cuál de nosotros debería ser más amigo suyo: en la contienda de asumir enemistades, es ridículo pensar que la causa de una relación deba parecer justa para causar un peligro.
60
Pues si hubieras recibido muchísimos perjuicios de tu pretor, aun así merecerías más alabanza soportándolos que vengándolos; pero cuando no hay en su vida ninguna acción más recta que esa que tú llamas perjuicio,¿ decidirán estos que esta causa, que ni siquiera aprobarían en otro, es en ti justa para violar una relación? Pues si recibiste un perjuicio gravísimo de él, aun así, puesto que fuiste su cuestor, no puedes acusarlo sin ninguna censura; si, en cambio, no se te hizo ningún perjuicio, no puedes acusarlo sin crimen. Por tanto, siendo incierto lo del perjuicio,¿ crees que hay alguno de estos que no prefiera que te retires sin censura antes que con un crimen?
61
Y mira qué diferencia hay entre mi opinión y la tuya. Tú, siendo inferior en todas las cosas, crees que en este único punto se te debe anteponer a mí, por haber sido su cuestor: yo, si fueras superior en todas las cosas, pensaría que por esta única razón deberías ser rechazado como acusador. Pues así hemos recibido de nuestros antepasados que el pretor debe ser para su cuestor como un padre; no se puede encontrar causa de relación ni más justa ni más grave que la unión de la suerte, que la de la provincia, que la del cargo, que la de la sociedad en el servicio público.
62
Por lo cual, si pudieras acusarlo legalmente, aun así, habiendo sido él para ti como un padre, no podrías hacerlo piadosamente; pero cuando ni has recibido un perjuicio y creas un peligro a tu pretor, es necesario que confieses que intentas inferirle una guerra injusta e impía. Pues esa cuestura sirve para que te esfuerces en dar razón de por qué acusas a quien fue tu pretor, no para que por esa misma causa se exija que se te dé a ti preferentemente la acusación. Y casi nunca ha ocurrido que alguien que fue cuestor haya entrado en contienda por acusar sin ser rechazado.
63
Por tanto, ni a L. Filón se le dio la facultad de presentar el nombre contra C. Servilio, ni a M. Aurelio Escauro contra L. Flaco, ni a Cn. Pompeyo contra T. Albucio; a ninguno de los cuales se rechazó por indignidad, sino para que la lascivia de violar una relación no fuera aprobada por la autoridad de los jueces. Y aquel Cn. Pompeyo compitió con C. Julio como tú conmigo; pues había sido cuestor de Albucio, como tú de Verres; Julio aportaba consigo esta autoridad para acusar, que, como en este tiempo nosotros por los sicilianos, así entonces él había acudido a la causa rogado por los sardos. Siempre esta causa tuvo el mayor valor, siempre esta razón de acusar fue la más honesta: asumir enemistades por los aliados, por la salvación de la provincia, por los intereses de las naciones extranjeras, acercarse al peligro, interponer el esfuerzo, el celo y el trabajo.
64
Pues si es aceptable la causa de aquellos que quieren perseguir sus propios perjuicios( en lo cual sirven a su dolor, no a los intereses de la república),¡ cuánto más honesta es aquella causa que no solo debe parecer aceptable, sino también grata, la de conmoverse por el dolor y los perjuicios de los aliados y amigos del pueblo romano sin haber recibido ningún perjuicio privado! Hace poco, cuando el valerosísimo e inocentísimo L. Pisón solicitaba la presentación del nombre contra P. Gabinio, y Q. Cecilio pedía lo contrario y decía que él perseguía antiguas enemistades asumidas hacía tiempo, cuando la autoridad y la dignidad de Pisón valían muchísimo, también aquella era una causa justísima, porque los aqueos lo habían adoptado como su patrono.
65
Pues como la ley misma sobre la recuperación de dinero sea patrona de los aliados y amigos del pueblo romano, es injusto no considerar como el actor más idóneo de la ley y del juicio a aquel a quien los aliados han querido preferentemente como actor de su causa y defensor de sus fortunas.¿ O es que lo que es más honesto de conmemorar no debe parecer mucho más justo de aprobar?¿ Cuál es, pues, más espléndida, cuál más ilustre conmemoración:' acusé a aquel de quien había sido cuestor, con quien me había unido la suerte y la costumbre de los antepasados, con quien me había unido el juicio de los dioses y de los hombres', o' acusé a petición de los aliados y amigos, fui elegido por toda la provincia para defender sus derechos y fortunas'?¿ Puede alguien dudar de que es más honesto acusar por causa de aquellos ante quienes fuiste cuestor que acusar a aquel de quien fuiste cuestor?
66
Los hombres más ilustres de nuestra ciudad en los mejores tiempos consideraban esto como lo más amplio y hermoso para sí: repeler los perjuicios de sus huéspedes y clientes, de las naciones extranjeras que estaban bajo la amistad y el dominio del pueblo romano, y defender sus fortunas. Hemos recibido que aquel sabio M. Catón, hombre ilustrísimo y prudentísimo, sostuvo graves enemistades con muchos por los perjuicios de los hispanos, ante quienes había sido cónsul.
67
Hace poco sabemos que Cn. Domicio citó a juicio a M. Silano por los perjuicios de un solo hombre, Aegritomaro, amigo y huésped paterno. Pues ninguna otra cosa ha conmovido más los ánimos de los hombres culpables que esta costumbre de los antepasados, repetida y traída de nuevo tras un largo intervalo, las quejas de los aliados presentadas a un hombre no muy inactivo, asumidas por aquel que parecía poder defender sus fortunas con su lealtad y diligencia.
68
Esto temen los hombres, por esto se esfuerzan, esto les molesta que se instituya y, más aún, que lo instituido se traiga de nuevo y se renueve; piensan que sucederá que, si poco a poco esta costumbre comienza a extenderse y avanzar, las leyes y los juicios serán administrados por hombres honestísimos y varones fortísimos, no por adolescentes inexpertos o por delatores de esa clase.
69
De cuya costumbre e institución no se arrepentían nuestros padres y antepasados cuando P. Léntulo, aquel que fue príncipe del senado, acusaba a M'. Aquilio con C. Rutilio Rufo como acusador adjunto, o cuando P. Africano, hombre amplísimo en virtud, fortuna, gloria y hechos realizados, después de haber sido dos veces cónsul y censor, llamaba a juicio a L. Cotta. Con razón florecía entonces el nombre del pueblo romano, con razón la autoridad de este imperio y la majestad de la ciudad se consideraban graves. Nadie se maravillaba en aquel Africano de lo que ahora, en mí, hombre dotado de pocos recursos y facultades, simulan maravillarse, cuando les molesta:
70
'¿ Qué pretende ese?¿ Que se le considere acusador, él que antes se había acostumbrado a defender, ahora especialmente, a esa edad, cuando aspira a la edilidad?' Yo, en cambio, creo que es propio de la edad no solo mía, sino mucho más avanzada, y del honor más amplio, tanto acusar a los malvados como defender a los miserables y calamitosos. Y, sin duda, o este es el remedio para la república enferma y casi desesperada, y para los juicios corrompidos y contaminados por el vicio y la torpeza de unos pocos, que hombres honestísimos, íntegros y diligentes acudan a la defensa de las leyes y a la autoridad de los juicios; o, si ni siquiera esto pudiera aprovechar, sin duda no se encontrará nunca medicina para estos tantos infortunios.
71
Ninguna salvación es mayor para la república que el hecho de que aquellos que acusan a otro teman por su alabanza, por su honor y por su fama no menos que aquellos que son acusados por su vida y sus fortunas. Por tanto, siempre han acusado con mayor diligencia y esfuerzo aquellos que pensaron que ellos mismos entraban en riesgo de reputación. Por lo cual, jueces, deben decidir esto: que Q. Cecilio, de quien nunca hubo ninguna opinión y de quien no habrá ninguna expectativa en este mismo juicio, que no se esfuerza ni por conservar una fama acumulada anteriormente ni por confirmar la esperanza del tiempo restante, no actuará esta causa con demasiada severidad, ni con demasiada precisión, ni con demasiada diligencia. Pues no tiene nada que perder en caso de fracaso; aunque se retire de la manera más torpe y vergonzosa, no echará de menos ninguno de sus antiguos adornos.
72
De nosotros tiene el pueblo romano muchos rehenes, a los cuales, para que podamos conservarlos, protegerlos, confirmarlos y recuperarlos sanos y salvos, habrá que luchar con todos los medios. Tiene el honor al que aspiramos, tiene la esperanza que nos hemos propuesto, tiene la reputación acumulada con mucho sudor, trabajo y vigilias, para que, si en esta causa hemos probado nuestro deber y diligencia, podamos retener a través del pueblo romano estas cosas que he dicho sanas y salvas; si se tropieza o se vacila aunque sea un poco, que perdamos de una vez todas las cosas que han sido acumuladas una a una y durante mucho tiempo.
73
Por lo cual, jueces, es tarea de ustedes elegir a quien crean que puede sostener más fácilmente la magnitud de la causa y del juicio con lealtad, diligencia, consejo y autoridad. Si ustedes me anteponen a Q. Cecilio, no consideraré que he sido superado en dignidad: procuren que el pueblo romano no piense que una acusación tan honesta, tan severa y diligente no les ha complacido a ustedes ni complace a su orden.

Intertext edge

Open linked passage

Note