Pro Archia Poeta
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/cicero-marcus-tullius" aria-label="More works by Cicero, Marcus Tullius">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
Si hay en mí algún talento, jueces— y soy consciente de lo escaso que es—, o si poseo alguna destreza en la oratoria, en la cual no niego haberme ejercitado moderadamente, o si algún método en esta materia ha surgido del estudio y la disciplina de las artes liberales, de las cuales confieso no haberme apartado en ningún momento de mi vida, A. Licinio es, entre todos, uno de los primeros que tiene derecho a reclamar de mí el fruto de tales cosas. Pues, hasta donde mi memoria puede remontarse en el tiempo y recordar los recuerdos más lejanos de mi infancia, desde entonces veo que él ha sido mi guía para emprender y comenzar el estudio de estas disciplinas. Y si esta voz, formada por sus consejos y enseñanzas, ha servido alguna vez para salvar a algunos, ciertamente debemos ofrecer ayuda y protección, en la medida de nuestras posibilidades, a aquel de quien recibimos los medios para socorrer a otros y salvarlos.
2
Y para que nadie se sorprenda de que diga esto, dado que él posee una facultad de ingenio distinta y no este método o disciplina oratoria, debo decir que tampoco yo me he dedicado exclusivamente a este único estudio. En efecto, todas las artes que pertenecen a la cultura humana tienen un vínculo común y se mantienen unidas entre sí por una especie de parentesco.
3
Pero para que a ninguno de ustedes le parezca extraño que, en un proceso legal y en un juicio público, cuando el asunto se ventila ante el pretor del pueblo romano, un hombre distinguido, y ante jueces severísimos, y con tal concurrencia y multitud de personas, utilice este género de oratoria que no solo se aleja de la costumbre de los tribunales, sino también del lenguaje forense, les pido que en esta causa me concedan esta licencia, adecuada para este reo y, según espero, no molesta para ustedes: que, al hablar en defensa de un poeta excelso y un hombre eruditísimo ante esta asamblea de personas cultas, ante su propia cultura y, finalmente, ante este pretor que preside el juicio, me permitan hablar con un poco más de libertad sobre los estudios de las letras y la cultura, y utilizar un género de oratoria casi nuevo e inusitado para una persona que, debido a su ocio y estudio, apenas ha sido tratada en juicios y peligros.
4
Si percibo que esto me es concedido por ustedes, lograré sin duda que no solo no consideren que este A. Licinio deba ser segregado del número de ciudadanos, siendo como es ciudadano, sino que, incluso si no lo fuera, habrían pensado que debía ser admitido. Pues tan pronto como Arquias dejó atrás la infancia y se dedicó al estudio de la escritura, tras haber pasado por aquellas artes con las que la edad infantil suele formarse en la cultura, comenzó rápidamente a destacar sobre todos por la gloria de su ingenio, primero en Antioquía— pues allí nació, en un lugar noble—, una ciudad antaño célebre y rica, y rebosante de hombres eruditos y estudios liberales. Después, en las demás partes de Asia y en toda Grecia, sus llegadas eran tan celebradas que la expectación por el hombre superaba la fama de su ingenio, y la admiración por su llegada superaba la expectación.
5
Italia estaba entonces llena de artes y disciplinas griegas, y estos estudios se cultivaban en el Lacio con más fervor que ahora en esas mismas ciudades, y aquí en Roma, debido a la tranquilidad de la república, no eran descuidados. Por ello, tanto los tarentinos como los locrenses, los reginos y los napolitanos lo honraron con la ciudadanía y otros premios, y todos los que podían juzgar algo sobre los talentos lo consideraron digno de conocimiento y hospitalidad. Con esta gran celebridad de fama, cuando ya era conocido por quienes no lo habían visto, llegó a Roma siendo cónsules Mario y Catulo. Encontró primero a unos cónsules de los cuales uno podía ofrecer grandes hazañas para escribir, y el otro, además de sus gestas, también el estudio y el oído. Inmediatamente los Lúculos, cuando Arquias aún vestía la toga pretexta, lo recibieron en su casa. Esto dio testimonio no solo de la luz de su ingenio y sus letras, sino también de su naturaleza y virtud, pues la casa que favoreció su juventud fue la misma que le brindó familiaridad en su vejez.
6
En aquellos tiempos era grato a aquel Q. Metelo Numídico y a su hijo Pío, era escuchado por M. Emilio, vivía con Q. Catulo, tanto el padre como el hijo, era cultivado por L. Craso, y como mantenía una estrecha relación con los Lúculos, Druso, los Octavios, Catón y toda la casa de los Hortensios, era tratado con el mayor honor, porque no solo lo cultivaban quienes deseaban aprender y escuchar algo, sino también aquellos que quizás solo lo fingían. Entretanto, después de un intervalo bastante largo, habiendo partido hacia Sicilia con M. Lúculo y regresando de esa provincia con el mismo Lúculo, llegó a Heraclea. Siendo esta una ciudad con derechos y tratados muy justos, quiso ser inscrito en ella y, al ser considerado digno por sí mismo, lo obtuvo de los heracleotas gracias a la autoridad e influencia de Lúculo.
7
La ciudadanía fue otorgada por la ley de Silvano y Carbón: si alguien había sido inscrito en ciudades federadas, si en el momento en que se promulgaba la ley tenía domicilio en Italia y si se había declarado ante el pretor en el plazo de sesenta días. Como este tenía domicilio en Roma desde hacía muchos años, se declaró ante el pretor
8
Q. Metelo, su más íntimo amigo. Si no decimos nada más que sobre la ciudadanía y la ley, no digo nada más; la causa está dicha. Pues,¿ qué puede ser invalidado de esto, Gratio?¿ Negarás que entonces estaba inscrito en Heraclea? Está presente un hombre de la mayor autoridad, integridad y lealtad, M. Lúculo; quien dice no opinar, sino saber; no haber oído, sino visto; no haber estado presente, sino haber actuado. Están presentes los legados de Heraclea, hombres nobilísimos, que han venido por causa de este juicio con mandatos y testimonio público; quienes dicen que él fue inscrito en Heraclea.¿ Aquí reclamas los registros públicos de los heracleotas, que todos sabemos que perecieron en el incendio del archivo durante la guerra itálica? Es ridículo no decir nada sobre lo que tenemos, buscar lo que no podemos tener, callar sobre la memoria de los hombres y exigir la memoria de los documentos, y, cuando tienes la integridad de un hombre ilustrísimo y el juramento y la lealtad de un municipio intachable, repudiar lo que de ninguna manera puede ser alterado y reclamar los registros que tú mismo dices que suelen ser corrompidos.
9
¿ O es que no tuvo domicilio en Roma quien tantos años antes de que se le otorgara la ciudadanía estableció allí la sede de todos sus asuntos y fortunas?¿ O es que no se declaró? Al contrario, se declaró en aquellos registros que son los únicos que, de entre esa declaración y el colegio de pretores, poseen la autoridad de registros públicos. Pues, cuando se decía que los registros de Apio habían sido guardados con negligencia, y la ligereza de Gabinio, mientras estuvo a salvo, y su desgracia tras la condena, habían anulado toda la fe de los registros, Metelo, el hombre más santo y moderado de todos, fue de tal diligencia que acudió ante el pretor L. Léntulo y los jueces y dijo que se sentía perturbado por la tachadura de un solo nombre. Por tanto, en estos registros no ven ninguna tachadura en el nombre de A. Licinio.
10
Siendo esto así,¿ qué hay para que duden de su ciudadanía, especialmente cuando también ha sido inscrito en otras ciudades? En efecto, cuando los hombres en Grecia otorgaban gratuitamente la ciudadanía a muchos mediocres y dotados de ninguna o alguna humilde arte,¿ creo que los reginos, locrenses, napolitanos o tarentinos, que solían prodigarla a artistas escénicos, no habrían querido dársela a este, dotado de la mayor gloria de ingenio?¿ Qué? Cuando otros, no solo después de otorgada la ciudadanía sino incluso después de la ley Papia, se infiltraron de algún modo en los registros de esos municipios,¿ será rechazado este, que ni siquiera utiliza aquellos en los que está inscrito, porque siempre quiso ser heracleota?
11
Requieres nuestros censos. Ciertamente; pues es oscuro que en el último censo este estuvo con el ilustrísimo general L. Lúculo en el ejército, en los anteriores estuvo con el mismo como cuestor en Asia, y en los primeros, bajo Julio y Craso, ninguna parte del pueblo fue censada. Pero, puesto que el censo no confirma el derecho de ciudadanía y solo indica que quien fue censado se comportó ya entonces como ciudadano, en esos tiempos aquel a quien tú acusas, incluso a juicio propio, no solo se comportó como ciudadano romano, sino que hizo testamento según nuestras leyes, heredó bienes de ciudadanos romanos y fue incluido en las listas de beneficios ante el tesoro por L. Lúculo como procónsul. Busca argumentos, si puedes; pues este nunca será refutado ni por su propio juicio ni por el de sus amigos.
12
Nos preguntarás, Gratio, por qué nos deleitamos tanto con este hombre. Porque nos proporciona un lugar donde nuestro ánimo puede refrescarse del estrépito forense y nuestros oídos, cansados de las disputas, pueden descansar.¿ O acaso crees que podríamos tener qué decir cada día en tanta variedad de asuntos si no cultiváramos nuestros ánimos con la doctrina, o que nuestros ánimos podrían soportar tal tensión si no los relajáramos con esa misma doctrina? Yo, en verdad, confieso estar dedicado a estos estudios. Que se avergüencen los demás, si es que se han ocultado tanto en las letras que no pueden aportar nada de ellas al beneficio común ni exponerlo a la luz; pero¿ por qué habría de avergonzarme yo, que vivo de tal manera, jueces, que mi ocio nunca me ha apartado del tiempo o beneficio de nadie, ni el placer me ha distraído, ni finalmente el sueño me ha retrasado?
13
¿ Por qué, pues, alguien habría de reprenderme, o quién podría justamente enfadarse conmigo si, tanto tiempo como se concede a los demás para atender sus asuntos, para celebrar los días festivos de los juegos, para otros placeres y para el mismo descanso del ánimo y del cuerpo, tanto tiempo como otros dedican a banquetes oportunos, o finalmente al juego de dados o a la pelota, yo me lo tomo para cultivar estos estudios? Y esto debe concedérseme aún más, porque de estos estudios crece también esta oratoria y facultad que, por pequeña que sea en mí, nunca ha faltado en los peligros de mis amigos. Y si a alguien le parece esto menor, ciertamente siento de qué fuente bebo las cosas que son supremas.
14
Pues si no me hubiera convencido desde la juventud, mediante los preceptos de muchos y muchas lecturas, de que nada en la vida debe buscarse con gran esfuerzo sino la alabanza y la honestidad, y que en la búsqueda de estas todos los tormentos del cuerpo y todos los peligros de muerte y exilio deben considerarse pequeños, nunca me habría expuesto por su salvación a tantas y tan grandes luchas y a estos ataques cotidianos de hombres perdidos. Pero todos los libros están llenos, las voces de los sabios están llenas, la antigüedad está llena de ejemplos; todo lo cual yacería en las tinieblas si no llegara la luz de las letras.¡ Cuántas imágenes de hombres valerosísimos, expresadas no solo para contemplar sino también para imitar, nos han dejado los escritores griegos y latinos! Proponiéndomelas siempre a mí mismo al administrar la república, conformaba mi ánimo y mi mente con la misma reflexión sobre hombres excelentes.
15
Alguien preguntará:'¿ Qué?¿ Aquellos mismos hombres supremos cuyas virtudes han sido transmitidas por las letras fueron eruditos en esta doctrina que tú ensalzas con alabanzas?' Es difícil confirmar esto sobre todos, pero sin embargo es seguro lo que respondo. Confieso que muchos hombres de excelente ánimo y virtud existieron sin doctrina, y por el hábito casi divino de la naturaleza misma fueron por sí mismos moderados y graves; añado también esto: que más a menudo la naturaleza sin doctrina ha valido para la alabanza y la virtud que la doctrina sin naturaleza. Y sostengo también esto: que cuando a una naturaleza excelente e ilustre se añade un método y una conformación de doctrina, entonces suele surgir ese no sé qué de preclaro y singular.
16
De este número es aquel que nuestros padres vieron, el hombre divino, Africano; de este, C. Lelio, L. Furio, hombres moderadísimos y continentes; de este, el hombre valerosísimo y para aquellos tiempos doctísimo, aquel anciano M. Catón; quienes, ciertamente, si no fueran ayudados por las letras para percibir y cultivar la virtud, nunca se habrían dedicado a su estudio. Y si no se mostrara este gran fruto, y si de estos estudios se buscara solo el deleite, aun así, en mi opinión, juzgarían este descanso del ánimo como el más humano y liberal. Pues las demás cosas no son para todos los tiempos, ni para todas las edades, ni para todos los lugares; pero estos estudios agudizan la juventud, deleitan la vejez, adornan la prosperidad, ofrecen refugio y consuelo en la adversidad, deleitan en casa, no estorban fuera, pasan la noche con nosotros, viajan, viven en el campo.
17
Y si nosotros mismos no pudiéramos ni tocarlos ni gustarlos con nuestro sentido, aun así deberíamos admirarlos, incluso cuando los viéramos en otros.¿ Quién de nosotros ha sido de un ánimo tan agreste y duro que no se conmoviera recientemente con la muerte de Roscio? Quien, aunque murió anciano, sin embargo, por su excelente arte y gracia, parecía no haber debido morir en absoluto. Por tanto, aquel con el movimiento de su cuerpo se había ganado tanto amor de todos nosotros;¿ nosotros descuidaremos los increíbles movimientos de los ánimos y la celeridad de los ingenios?
18
¡ Cuántas veces he visto a este Arquias, jueces— pues usaré de su benevolencia, ya que me escuchan tan diligentemente en este nuevo género de oratoria—, cuántas veces lo he visto, sin haber escrito una sola letra, recitar de improviso un gran número de versos excelentes sobre los mismos asuntos que entonces se trataban, cuántas veces, al ser llamado de nuevo, decir lo mismo cambiando palabras y pensamientos! Y lo que había escrito con cuidado y reflexión, lo he visto ser aprobado de tal manera que alcanzaba la alabanza de los antiguos escritores.¿ No habría de amar a este, no habría de admirarlo, no habría de pensar que debe ser defendido por todos los medios? Y así hemos recibido de hombres supremos y eruditísimos que los estudios de las demás cosas consisten en doctrina, preceptos y arte, pero que el poeta vale por la naturaleza misma y es excitado por las fuerzas de la mente e inflado por un espíritu casi divino. Por lo cual, con razón, nuestro Ennio llama' santos' a los poetas, porque parecen sernos recomendados como por algún don y regalo de los dioses.
19
Sea, pues, jueces, santo ante ustedes, hombres humanísimos, este nombre de poeta que ninguna barbarie ha violado jamás. Las rocas y las soledades responden a la voz, las bestias feroces a menudo se doblegan y se detienen con el canto;¿ nosotros, instruidos en las mejores cosas, no nos dejaremos mover por la voz de los poetas? Los colofonios dicen que Homero es su ciudadano, los de Quíos lo reclaman como suyo, los de Salamina lo piden, los de Esmirna confirman que es suyo y por ello incluso han dedicado un templo suyo en la ciudad, y muchos otros además luchan y contienden entre sí. Por tanto, ellos reclaman a un extraño, porque fue poeta, incluso después de su muerte;¿ nosotros repudiamos a este, que está vivo y que es nuestro tanto por voluntad como por las leyes, especialmente cuando Arquias ha dedicado todo su estudio y todo su ingenio a celebrar la gloria y la alabanza del pueblo romano? Pues incluso de joven abordó los asuntos cimbrios y fue grato al mismo C. Mario, que parecía más duro para estos estudios.
20
Y es que no hay nadie tan adverso a las Musas que no soporte fácilmente que el eterno pregón de sus trabajos sea confiado a los versos. Dicen que aquel Temístocles, hombre supremo en Atenas, al ser preguntado qué espectáculo o cuya voz escucharía con más gusto, dijo:' La de aquel por quien su virtud fuera mejor proclamada'. Por tanto, aquel Mario también amó excepcionalmente a L. Plocio, por cuyo ingenio pensaba que sus hazañas podían ser celebradas.
21
La guerra mitridática, en verdad, grande y difícil y desarrollada con mucha variedad por tierra y mar, ha sido expresada totalmente por este; cuyos libros no solo ilustran a L. Lúculo, hombre valerosísimo y clarísimo, sino también el nombre del pueblo romano. Pues el pueblo romano abrió, bajo el mando de Lúculo, el Ponto, vallado antaño por las riquezas reales y por la misma naturaleza y región; el ejército del pueblo romano, bajo el mismo guía, derrotó con no mucha fuerza a las innumerables tropas de los armenios; es alabanza del pueblo romano que la ciudad amiguísima de los cícicos fuera arrebatada y salvada de todo ataque real y de las fauces de toda la guerra por el consejo del mismo; nuestra será siempre celebrada y proclamada, mientras L. Lúculo luchaba, aquella increíble batalla naval cerca de Ténedos, cuando, muertos los jefes, fue hundida la flota de los enemigos; nuestros son los trofeos, nuestros los monumentos, nuestros los triunfos. Aquellos por cuyos ingenios son ensalzados, por ellos es celebrada la fama del pueblo romano.
22
Nuestro Ennio fue querido por el Africano superior, y por eso se cree que está colocado incluso en el sepulcro de los Escipiones, hecho de mármol. Pero con esas alabanzas ciertamente no solo se adorna a quien es alabado, sino también el nombre del pueblo romano. El bisabuelo de este, Catón, es elevado al cielo; un gran honor se añade a los asuntos del pueblo romano. Finalmente, todos aquellos grandes, los Marcelos, los Fulvios, son decorados no sin la alabanza común de todos nosotros. Por tanto, a aquel que había hecho estas cosas, un hombre de Rudiae, nuestros antepasados lo recibieron en la ciudadanía;¿ nosotros a este heracleota, reclamado por muchas ciudades, y en esta, sin embargo, establecido por las leyes, lo expulsaremos de nuestra ciudadanía?
23
Pues si alguien piensa que se percibe un menor fruto de gloria de los versos griegos que de los latinos, se equivoca gravemente, debido a que los griegos se leen en casi todas las naciones, mientras que los latinos se contienen en sus límites ciertamente escasos. Por lo cual, si las cosas que hemos hecho se definen por las regiones del orbe terrestre, debemos desear que, hasta donde hayan llegado las armas de nuestros hombres, hasta allí penetren también la gloria y la fama, lo cual, además de ser amplio para los mismos pueblos sobre cuyos asuntos se escribe, es ciertamente para aquellos que luchan por la vida por causa de la gloria el mayor incentivo de peligros y trabajos.
24
¡ A cuántos escritores de sus hazañas se dice que tuvo consigo aquel gran Alejandro! Y sin embargo, cuando se detuvo en Sigeo ante el túmulo de Aquiles, dijo:'¡ Oh, afortunado joven, que encontraste a Homero como pregonero de tu virtud!'. Y verdaderamente. Pues, si no hubiera existido aquella Ilíada, el mismo túmulo que había cubierto su cuerpo habría sepultado también su nombre.¿ Qué? Nuestro Magno, que igualó la fortuna con la virtud,¿ no donó la ciudadanía en una asamblea de soldados a Teófanes de Mitilene, escritor de sus hazañas, y aquellos hombres valientes nuestros, pero rústicos y soldados, movidos por cierta dulzura de gloria, como partícipes de la misma alabanza, lo aprobaron con gran clamor?
25
Por tanto, creo que si Arquias no fuera ciudadano romano por las leyes, no pudo lograr que algún general le donara la ciudadanía. Sila, cuando donaba a hispanos y galos, creo que habría rechazado a este si se lo hubiera pedido; a quien nosotros vimos, cuando un mal poeta del pueblo le presentó un libelo, porque había hecho un epigrama sobre él solo con versos alternos un poco largos, ordenar inmediatamente que se le diera un premio de las cosas que entonces vendía, pero con la condición de que no escribiera nada después.¿ Aquel que consideró la diligencia de un mal poeta digna de algún premio, no habría buscado el ingenio, la virtud en la escritura y la abundancia de este?
26
¿ Qué?¿ De Q. Metelo Pío, su más íntimo amigo, que donó la ciudadanía a muchos, no lo habría obtenido ni por sí mismo ni por los Lúculos? Especialmente cuando deseaba tanto que se escribiera sobre sus asuntos que, incluso a poetas nacidos en Córdoba que sonaban algo toscos y extranjeros, les prestaba sus oídos. Pues no hay que disimular esto que no puede ser ocultado, sino que debe ser proclamado: todos somos atraídos por el estudio de la alabanza, y cada uno de los mejores es guiado sobre todo por la gloria. Aquellos mismos filósofos, incluso en los libros que escriben sobre despreciar la gloria, inscriben su nombre; en aquello mismo en lo que desprecian la proclamación y la nobleza, quieren que se proclame sobre ellos y que se les nombre.
27
Décimo Bruto, hombre y general supremo, adornó con los poemas de Accio, su más íntimo amigo, los accesos de sus templos y monumentos. Y aquel Fulvio que luchó con los etolios, acompañado por Ennio, no dudó en consagrar a las Musas los botines de Marte. Por lo cual, en la ciudad donde los generales, casi armados, cultivaron el nombre de los poetas y los templos de las Musas, en ella los jueces togados no deben apartarse del honor de las Musas y de la salvación de los poetas.
28
Y para que lo hagan con más gusto, me revelaré ahora ante ustedes, jueces, y les confesaré sobre cierto amor mío por la gloria, quizás demasiado agudo, pero sin embargo honesto. Pues las cosas que hicimos en nuestro consulado junto con ustedes por la salvación de esta ciudad y del imperio, y por la vida de los ciudadanos y por toda la república, este las abordó en versos y las comenzó. Al oírlas, como me pareció un asunto grande y grato, lo adorné para que lo terminara. Pues la virtud no desea otra recompensa por sus trabajos y peligros que esta de la alabanza y la gloria; quitada la cual, jueces,¿ qué es lo que hace que en este tan escaso y breve curso de la vida nos ejercitemos en tan grandes trabajos?
29
Ciertamente, si el ánimo no presintiera nada sobre el futuro, y si terminara todos sus pensamientos en las mismas regiones en las que está circunscrito el espacio de la vida, ni se quebrantaría con tantos trabajos, ni se angustiaría con tantas preocupaciones y vigilias, ni lucharía tantas veces por la vida misma. Ahora reside en cada uno de los mejores cierta virtud que, noche y día, excita al ánimo con los estímulos de la gloria y le advierte que la conmemoración de nuestro nombre no debe ser abandonada con el tiempo de la vida, sino que debe ser igualada con toda la posteridad.
30
¿ O es que pareceríamos ser todos de tan poco ánimo, los que nos ocupamos en la república y en estos peligros y trabajos de la vida, que, al no haber tomado ni un aliento tranquilo y ocioso hasta el último espacio, pensamos que todo morirá junto con nosotros?¿ O es que muchos hombres supremos han dejado con afán estatuas e imágenes, no simulacros de los ánimos, sino de los cuerpos; no deberíamos preferir mucho más dejar una efigie de nuestros consejos y virtudes, expresada y pulida por ingenios supremos? Yo, en verdad, pensaba que todo lo que hacía, ya entonces mientras lo hacía, lo esparcía y diseminaba en la memoria eterna del orbe terrestre. Y esto, ya sea que vaya a estar ausente de mi sentido después de la muerte, o, como han pensado los hombres más sabios, que pertenezca a alguna parte de mi ánimo, ahora, ciertamente, me deleito con cierta reflexión y esperanza.
31
Por lo cual, conserven, jueces, a un hombre de tal pudor que ven que es comprobado por sus amigos tanto por su dignidad como por su antigüedad, y de un ingenio tan grande como conviene estimar, que ven que ha sido reclamado por los juicios de hombres supremos, y cuya causa es de tal naturaleza que se comprueba por el beneficio de la ley, la autoridad del municipio, el testimonio de Lúculo y los registros de Metelo. Siendo esto así, les pedimos, jueces, si alguna recomendación no solo humana sino también divina debe haber en tan grandes ingenios, que reciban en su protección a aquel que siempre ha adornado a ustedes, a sus generales y las hazañas del pueblo romano, que incluso promete que dará un testimonio eterno de alabanza sobre estos peligros recientes nuestros y suyos, domésticos, y que es del número de aquellos que siempre han sido tenidos por santos ante todos y así llamados, de tal manera que parezca que, aliviado por su cultura, ha sido honrado más que violado por su severidad.
32
Lo que he dicho breve y sencillamente sobre la causa, según mi costumbre, jueces, confío en que ha sido aprobado por todos; lo que he hablado fuera del foro y de la costumbre judicial, tanto sobre el ingenio del hombre como, en general, sobre el estudio mismo, espero, jueces, que lo hayan tomado a bien; por parte de quien ejerce el juicio, estoy seguro de ello.