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Original / primary: Spanish Gemini
1
Hemos escrito mucho en los Académicos contra los físicos y a menudo hemos discutido con P. Nigidio al modo y manera de Carnéades. Pues aquel hombre estaba adornado no solo con todas las demás artes que son dignas de un hombre libre, sino que era también un agudo y diligente investigador de aquellas cosas que parecen estar envueltas por la naturaleza; en fin, juzgo que, después de aquellos nobles pitagóricos, cuya disciplina se extinguió en cierto modo tras haber florecido durante algunos siglos en Italia y Sicilia, él fue quien surgió para renovarla.
2
Como él me había esperado en Éfeso cuando yo partía hacia Cilicia, al regresar él mismo de su legación, y como Cratipo, con mucho el primero de todos los peripatéticos que yo haya escuchado a mi juicio, había venido al mismo lugar desde Mitilene con el fin de saludarme y visitarme, vi con mucho gusto a Nigidio y conocí a Cratipo. Y, en primer lugar, consumimos el tiempo del saludo en preguntas...
3
¿ Qué es aquello que siempre es y no tiene ningún origen, y qué es aquello que nace y nunca es? Lo primero se comprende por la inteligencia y la razón, pues es siempre uno y lo mismo; lo segundo, que aporta una opinión carente de razón, que es totalmente opinable, nace y perece y nunca puede ser verdaderamente. Todo lo que nace, sin embargo, es necesario que nazca por alguna causa; pues no puede encontrarse el origen de ninguna cosa si se elimina su causa.
4
Por lo cual, si aquel que se esfuerza por realizar alguna obra contempla esa forma que es siempre la misma y se propone ese modelo, es necesario que realice una obra excelente; pero si contempla la que nace, nunca alcanzará esa belleza que busca. Todo el cielo, pues, o mundo, o con cualquier otro nombre que se complazca en ser llamado por nosotros—
5
sobre el cual consideremos primero aquello que debe considerarse al principio de toda cuestión: si ha existido siempre sin haber sido generado por ningún origen, o si ha nacido a partir de algún principio temporal. Ha nacido, puesto que se percibe, se toca y está corporizado por todas partes. Todas estas cosas, sin embargo, mueven el sentido, y las cosas que mueven el sentido residen en la opinión; dijimos que tienen origen y nacen, pero que nada puede nacer sin causas.
6
Y, ciertamente, encontrar al padre de este universo es difícil y, una vez encontrado, es impío revelarlo al vulgo. Por tanto, hay que ver de nuevo si aquel artífice de esta obra tan grande imitó aquel modelo, el que es siempre uno y el mismo y semejante a sí mismo, o aquel que decimos que ha sido generado y ha nacido. Y si este mundo es bello y su artífice es bueno, sin duda prefirió imitar la forma de la eternidad; si no, lo cual ni siquiera es lícito decir, siguió un modelo generado en lugar de uno eterno.
7
No hay duda, pues, de que prefirió seguir la eternidad, puesto que no hay nada más bello que el mundo ni más excelente que su constructor. Así, pues, generado, fue hecho según aquello que se comprende por la razón y la sabiduría y se contiene en la eternidad inmutable. De lo cual se sigue que es necesario que este mundo que vemos sea un simulacro eterno de algo eterno. Pero el comienzo es lo más difícil en toda búsqueda de la razón. Sobre lo que hemos dicho, pues, sea esta la primera distinción.
8
Toda exposición parece tener parentesco con las cosas sobre las que explica. Por tanto, cuando la exposición trata sobre una cosa estable e inmutable, debe ser tal como aquella, que no puede ser refutada ni convencida. Pero cuando se ha adentrado en simulacros imitados y fingidos, considera que se actúa bien si alcanza una semejanza de la verdad. Pues tanto como la eternidad vale para lo que ha nacido, tanto vale la verdad para la fe. Por lo cual, si por casualidad, al disertar sobre la naturaleza de los dioses y el origen del mundo, alcanzamos menos aquello que deseamos en nuestro ánimo, de modo que toda la exposición, lúcida y claramente adornada, sea coherente consigo misma y concuerde en todas sus partes, no será ciertamente de extrañar, y deberéis estar contentos si se dicen cosas probables. Pues es justo recordar que yo, que diserto, soy un hombre, y vosotros, que juzgáis, también, de modo que, si se dicen cosas probables, no busquéis nada más.
9
Busquemos, pues, la causa que impulsó a aquel que maquinó estas cosas a buscar el origen de las cosas y una nueva construcción. Evidentemente, sobresalía por su bondad; pero el bueno no envidia a nadie; por tanto, generó todas las cosas semejantes a sí mismo. Esta es, sin duda, la causa más justa de la generación del mundo. Pues cuando el dios hubo decidido llenar el mundo con todos los bienes y no mezclar nada de mal, en la medida en que la naturaleza lo permitía, tomó todo lo que caía bajo el sentido de la vista, no tranquilo y quieto, sino agitado y fluctuante de manera inmoderada, y lo llevó del desorden al orden; pues juzgaba que esto era más excelente.
10
No es ni ha sido nunca lícito que aquel que es el mejor haga nada que no sea lo más bello. Habiendo tenido en cuenta la razón, pues, descubría que nada de lo que se percibía por la naturaleza, carente de inteligencia, era más excelente en todo el género que lo que posee inteligencia. Por lo cual, incluyó la inteligencia en el alma y el alma en el cuerpo. Así pensó que aquella obra había sido hecha de la manera más bella. Por esta razón no hay que dudar en profesar, si es que se puede investigar algo por conjetura, que este mundo es un animal, y que está constituido por una inteligencia y una providencia divina.
11
Puesto esto, hay que ver qué sigue, la semejanza de qué seres vivos siguió el dios al formar el mundo. Ciertamente, de ninguno de los seres vivos que nos son conocidos; pues todos están repartidos en ciertos géneros o iniciados, pero no perfectos en ninguna parte; y nada puede ser bello si es semejante a algo imperfecto y no absoluto. Digamos, pues, que el mundo es semejante a aquel de quien todo animal es como una cierta partícula, ya sea que se perciba en los individuos o en el género universal. Por tanto, todos los seres vivos que se perciben con el ánimo y se comprenden con la razón, como los hombres en este mundo, y el ganado y todo lo que cae bajo la vista, están comprendidos en el abrazo de la razón y la inteligencia.
12
Pues, como el dios quería hacer un mundo semejante a lo que puede entenderse como lo más bello en la naturaleza de las cosas y lo que es más absoluto en todas sus partes, hizo un único animal visible en el que estuvieran contenidos todos los animales.¿ Dijimos, pues, correctamente que hay un solo mundo, o habría sido mejor y más verdadero decir que hay varios o innumerables? Ciertamente uno, si es que fue hecho según el modelo. Pues lo que abarca a todos los seres vivos que se comprenden por la razón no puede ser junto con otro. Pues sería necesario que hubiera otro ser vivo que lo contuviera, cuyas partes fueran los seres vivos superiores, y que este cielo fuera un simulacro de aquel último, no del próximo. Para que no ocurriera nada de esto, y para que este mundo fuera lo más semejante posible al ser vivo absoluto, por el hecho mismo de que fuera solo y único, el dios engendró este mundo singular y unigénito.
13
Todo lo que ha nacido es necesario que sea corpóreo, visible y también tangible. Además, nada puede ser visto ni contemplado sin fuego, ni tampoco ser tocado si carece de solidez, y nada es sólido si carece de tierra; por lo cual, el dios, esforzándose por hacer el mundo, unía primero la tierra y el fuego. Todas las cosas, sin embargo, requieren un tercer elemento para unirse y desean como un nudo y un vínculo. Pero el más apto y bello de los vínculos es aquel que hace que, de sí mismo y de las cosas que une, resulte lo más posible una unidad. Eso lo logra mejor lo que en griego puede llamarse analogía, y en latín( hay que atreverse, puesto que estas cosas son innovadas por nosotros por primera vez) comparación o proporción.
14
Pues cuando sucede con tres números, figuras o géneros cualesquiera que el medio se compare con el primero en proporción, así como con el último, y a su vez, como el extremo con el medio, así el medio con el primero, entonces lo que es medio se convierte en primero y en último, y los extremos y los primeros se convierten en medios; así la necesidad obliga a que sean lo mismo aquello que había estado separado; y al hacerse lo mismo, se logra que todas las cosas sean una sola. Y si el cuerpo del universo fuera plano y uniforme y no hubiera en él nada requerido, un solo medio interpuesto uniría tanto a sí mismo como a las cosas entre las que estuviera interpuesto.
15
Pero como se buscaba la solidez para el mundo, y todas las cosas sólidas nunca se unen por un solo medio, sino siempre por dos, sucedió que el dios puso el agua y el aire entre el fuego y la tierra, y los comparó entre sí y los unió por proporción, de modo que, como el fuego es al aire, así el aire fuera al agua, y lo que el aire es al agua, eso fuera el agua a la tierra por proporción. De esta unión, el cielo quedó tan ajustado que cae bajo la vista y el tacto. Por tanto, y por esa causa y por estas cuatro cosas, el cuerpo del mundo fue hecho y constreñido por la comparación que dije; de donde él mismo se abraza con una cierta amistad y caridad concordes y se mantiene unido tan aptamente que no puede ser disuelto de ninguna manera, excepto por el mismo por el que fue unido.
16
De esas cuatro cosas que dije arriba, todas las partes están colocadas en todo el mundo de tal manera que ninguna parte de este género excediera fuera, y que en este universo estuvieran contenidos todos aquellos géneros universales, por estas causas: primero, para que el mundo, como ser vivo, pudiera ser perfecto a partir de partes perfectas; segundo, para que fuera uno, sin que quedara ninguna parte de donde pudiera nacer otro; finalmente, para que ninguna enfermedad o vejez pudiera alcanzarlo.
17
Toda unión de un cuerpo es debilitada y quebrantada por la fuerza del calor o del frío o por alguna impulsión vehemente, y es empujada a las enfermedades y a la vejez. Esta fue, pues, la razón del dios, hacedor y constructor del mundo, para completar una obra única, total y perfecta, a partir de todas las cosas, totales y perfectas, que estuviera libre de toda enfermedad y vejez. Le dio, además, la forma más afín y decorosa. Pues, queriendo que todos los demás seres vivos estuvieran contenidos por aquel ser vivo, lo configuró con la forma en la que se encierran todas las demás formas, y lo fabricó esférico, lo que los griegos llaman esferoide, cuya extremidad es alcanzada por radios iguales desde el centro, y lo torneó de tal manera que no pudiera hacer nada más redondo, nada que tuviera aspereza, nada de tropiezos, nada cortado por ángulos, nada de sinuosidades, nada prominente, nada hueco, y todas las partes muy semejantes a todas, porque a su juicio la semejanza era superior a la disimilitud.
18
Además, rodeó toda la figura del mundo con suavidad. Pues no necesitaba ojos, porque no quedaba nada fuera que pudiera ser visto, ni oídos, porque tampoco había nada que escuchar, ni había aire rodeando los extremos del mundo para que requiriera respiración, ni deseaba alimentos para el cuerpo ni la eliminación de comida consumida y digerida; pues no podía ocurrir ninguna pérdida ni ganancia, ni había de dónde. Por tanto, se alimentaba a sí mismo con su propio consumo y vejez, mientras él mismo, por sí mismo y desde sí mismo, padecía y hacía todas las cosas. Pues así pensó aquel que unió y fundó estas cosas, que el mundo era suficiente para sí mismo y no necesitaba de otro.
19
Por tanto, no le añadió manos, puesto que no había nada que tomar ni que repeler, ni pies u otros miembros con los que sostener el avance del cuerpo. Pues le dio al cielo el movimiento que era más apto para su figura, el único de los siete movimientos que movía más la mente y la inteligencia. Por tanto, con una sola y misma rotación, él mismo se retuerce y gira alrededor de sí mismo. Separó de él los seis movimientos restantes y, por tanto, lo liberó de toda errancia. Para esta rotación, pues, que no necesitaba pies ni paso, no le dio miembros para caminar.
20
Esto hizo el dios, el que era, pensando en el dios que algún día sería, haciéndolo ligero y uniforme por todas partes, igual desde el centro hasta el extremo, y perfecto y absoluto a partir de cosas absolutas y perfectas. Colocó el alma en su centro y la extendió por todo; luego lo rodeó con el cuerpo y lo vistió por fuera, y lo abrazó con un cielo solivago, voluble e incitado en círculo, para que pudiera ser fácil consigo mismo debido a su virtud y no deseara otro, siendo suficientemente conocido y familiar para sí mismo.
21
Así, aquel dios eterno engendró a este dios perfectamente feliz. Pero no comenzó el alma de la manera en que acabamos de hablar, solo cuando hubo hecho el cuerpo para él; pues no sería correcto que el mayor obedeciera al menor; pero nosotros decimos muchas cosas inconsiderada y temerariamente. El dios, sin embargo, engendró el alma más antigua tanto en origen como en virtud y la puso como señora y comandante sobre el cuerpo obediente, y lo hizo de tal manera: de esa materia que es indivisible y que es siempre de un solo modo y semejante a sí misma, y de la que nace divisible en los cuerpos, mezcló en el medio un tercer género de materia a partir de los dos, que fuera de la misma naturaleza y de la otra, y la interpuso entre lo indivisible y lo que fuera divisible en el cuerpo.
22
Cuando hubo tomado esas tres cosas, las templó en una sola forma y unió con fuerza aquella naturaleza que dijimos que era la otra con la misma, que huía y era ajena a esa unión; mezclando esto con la materia, cuando hubo hecho una sola cosa de las tres, la repartió en los miembros que convenía. Ya templó las partes individuales a partir de lo mismo, de lo otro y de la materia. Aquella partición fue, pues, tal: al principio extrajo una parte del todo, la segunda fue el doble de la primera parte, luego la tercera, que fuera sesquiáltera de la segunda y triple de la primera, luego la cuarta, que fuera el doble de la segunda, luego la quinta, que fuera el triple de la tercera, luego la sexta, ocho veces la primera, finalmente la séptima, que excediera a la primera en veintisiete partes.
23
Luego instituyó llenar los intervalos dobles y triples cortando de nuevo partes del todo; las cuales colocaba en los intervalos de tal manera que en cada uno hubiera dos medios( pues apenas me atrevo a decir mediedades, que los griegos llaman mesotetas; pero que se entienda como si lo hubiera dicho así; pues será más claro), una de ellas superando a los extremos por la misma parte y siendo superada por ellos en la misma, la otra superando a los extremos por un número igual y siendo superada por ellos en igual número. Tomando, pues, los intervalos sesquiálteros, sesquitercios y sesquioctavos de estas uniones, en los primeros intervalos llenaba todas las cosas sesquitercias con el intervalo sesquioctavo, dejando una pequeña parte de cada uno.
24
Al quedar el intervalo de esa pequeña parte, el número tenía respecto al número la misma proporción y comparación en los extremos que tienen doscientos cincuenta y seis con doscientos cuarenta y tres, y así, mezclado aquello de lo que cortó estas cosas, ya lo había consumido todo. Dividió, pues, toda esta unión doble en longitud y, acomodando el medio al medio, como si lo hubiera cruzado, luego lo retorció en círculo, para que tanto ellas mismas se unieran consigo como entre sí desde la comisura que estaba en la región, y con ese movimiento, cuyo círculo estaba siempre en el mismo lugar y era movido de la misma manera, las abrazó por todas partes.
25
Y así, cuando hubo abrazado un círculo exterior y otro interior, marcó el uno de la misma naturaleza y el otro de la otra, y desvió el que era de la misma desde el lado hacia la parte derecha, y dirigió este último, el más cercano a la línea mediana, hacia la izquierda, pero dio el primado al superior, al que dejó solo como indivisible. Al haber dividido el interior en seis partes, ordenó que siete círculos desiguales se movieran con intervalo doble y triple en cursos contrarios entre sí. De ellos hizo tres con velocidades iguales, pero cuatro desiguales entre sí y disímiles de los tres restantes.
26
Cuando aquel dios, creador del mundo, hubo engendrado el alma a partir de su mente y voluntad, entonces finalmente colocaba debajo todo lo que estaba concreto y corpóreo, y lo hacía por dentro, y así, acomodando el medio al medio, lo unía. Así, el alma, partiendo del medio, rodeó la extremidad del cielo con un ámbito redondo y, girando sobre sí misma, introdujo el comienzo de una vida divina, sempiterna y sabia.
27
Y el cuerpo del cielo fue hecho visible, pero el alma escapa a la mirada de los ojos. Es, sin embargo, uno de entre todos, poseedor y partícipe de la razón y de la armonía( que en griego es armonía), de las cosas sempiternas y de las que caen bajo la inteligencia, del cual nada mejor ha sido engendrado por el óptimo y más excelente progenitor; puesto que, unido a partir de la misma naturaleza y de la otra naturaleza añadida, compacto por la templanza de la proporción de las tres partes, girando sobre sí mismo, cuando tomó la materia mutable y cuando de nuevo la indivisible y simple, se mueve por sí mismo y discierne qué es del mismo género, qué de otro, y juzga el resto, qué es lo más apto para cada cosa, qué sucede en cada lugar o modo o tiempo, y cuál es la distinción entre las cosas que nacen y las que son siempre las mismas.
28
La verdadera razón, sin embargo, que se mueve en las cosas que son siempre las mismas y en las que cambian, cuando se mueve en lo mismo y en lo otro por sí misma sin voz y sin ningún sonido, cuando alcanza esa parte por la que puede ser movido el sentido, y el círculo de aquel género otro, inmutado y recto, anuncia todas las cosas al ánimo y a la mente, entonces nacen opiniones y asentimientos firmes y verdaderos; cuando, sin embargo, se mueve en aquellas cosas que, permaneciendo siempre las mismas, no se contienen por el sentido, sino por la inteligencia... Por la razón y la mente divina, pues, se inventó el curso del sol y de la luna para el origen del tiempo.
29
... su naturaleza convirtiera, de modo que el curso de la luna rodeara la tierra lo más cerca posible y que sobre la tierra la circunvalación del sol fuera la más próxima. Lucifer luego y la santa estrella de Mercurio tienen un curso igual a la velocidad del sol, pero una fuerza cierta contraria, y en esa concurrencia que tienen entre sí Lucifer, Mercurio y el sol, unos vencen a otros y a su vez son vencidos.
30
Cuál haya sido la causa de la colocación de los demás astros, y cuál sea su colocación, debe diferirse a otra conversación, para que no se ponga una exposición más larga en aquello que debía ser tocado que en aquello por cuya causa lo tocamos. Cuando, pues, cada uno de esos astros hubo obtenido su curso decoroso, a partir de los cuales debía consignarse la medida del tiempo, y habiendo sido unidos los cuerpos con vínculos animales, nacieron los seres vivos y aprendieron a obedecer al imperio, entonces, desde la moción transversal de la naturaleza de lo otro, al entrar en el movimiento de la naturaleza de lo mismo y al adherirse e impedirse en él, mientras unos recorrían un círculo mayor, otros uno menor, los que recorrían el mayor más lentamente, los que el menor más rápidamente, los que se movían con la mayor velocidad por el movimiento de una sola y misma naturaleza, parecían ser vencidos en esa velocidad por los más lentos y, cuando superaban, parecían ser superados.
31
Pues todo el círculo de ellos giraba como por la inflexión de una hélice, porque al proceder de dos maneras contrarias al mismo tiempo, hacían que lo que era más lento se volviera lo más próximo a lo más rápido. Y para que hubiera una medida cierta y evidente, que declarara las velocidades y lentitudes en los ocho cursos, el dios mismo encendió el sol como una luz para el segundo ámbito sobre la tierra, para que el cielo resplandeciera lo más posible para todos y los seres vivos, a quienes correspondía ser enseñados, conocieran la naturaleza y fuerza de los números a partir de su movimiento y del de lo que fuera semejante.
32
La noche, pues, y el día, generados de este modo y por estas causas, hacen un solo circuito del círculo más sabio y óptimo, el mes, cuando la luna, tras haber recorrido su curso, ha alcanzado al sol, el año, cuando el sol ha completado y recorrido todo su círculo.
33
Los hombres, sin embargo, ignorando los ámbitos de los demás astros, salvo muy pocos, ni los llaman por su nombre ni los miden entre sí por número. Por tanto, no saben que estos errores de los astros son lo mismo que se llama propiamente tiempo, dotados de una multitud infinita y una variedad admirable. Y, sin embargo, se puede percibir y entender que el año absoluto y perfecto se completa finalmente cuando los ocho ámbitos, tras haber terminado sus cursos, han vuelto a la misma cabeza, y cuando los ha medido el mismo círculo, siempre semejante a sí mismo.
34
Por estas causas, pues, nacieron los astros, que, penetrando a través del cielo, se convirtieran con la revocación solsticial y brumal, para que todo este animal que vemos fuera lo más semejante posible a aquel animal que sentimos, para imitación de la eternidad. Y el resto, ciertamente, hasta el origen del tiempo, lo había esculpido impreso por aquellas cosas que imitaba; pero porque aún no había encerrado a todo animal dentro del mundo, por esa parte faltaba la semejanza de la imagen al modelo propuesto. Cuántas y cuáles formas de animales podía percibir la mente mirando hacia la forma de las cosas, tantas y tales pensó en esculpir en este mundo.
35
Eran, pues, cuatro los géneros de seres vivos, de los cuales uno era divino y celeste, otro alado y aéreo, el tercero acuático, el cuarto terrestre. La forma de la animación divina la hacía principalmente de fuego, para que fuera también el más espléndido y el más bello a la vista. Y queriendo hacerlo semejante a la naturaleza del universo, lo redondeó hacia la volubilidad y lo hizo compañero de la sabiduría de la mejor mente y lo distribuyó equitativamente por todo el cielo, para que este, distinguido por su variedad, fuera llamado por los griegos cosmos, y por nosotros mundo brillante.
36
Dio, además, a los divinos dos géneros de movimiento, uno, que estuviera siempre en el mismo lugar, del cual también se ocultaba a todos y de una sola manera, otro, que fuera empujado hacia la parte anterior desde la conversión de lo mismo y semejante. Quiso, sin embargo, que estuviera privado y carente de los cinco movimientos restantes, inmóvil y en pie. De este género son aquellos astros que, fijados en el cielo, no se mueven de lugar, que son seres vivos, y son divinos, y por esa causa se adhieren a sus sedes y permanecen perpetuamente. Los que, sin embargo, se deslizan con una errancia vaga y mutable, han sido generados como dijimos arriba.
37
Ya, en verdad, quiso que la tierra, nuestra nodriza, que es sostenida por el eje atravesado, hacedora del día y de la noche y al mismo tiempo su guardiana, fuera la más antigua de todos los dioses que nacieran dentro del cielo. Pero las diversiones de los dioses y las concurrencias entre los mismos dioses, y qué conversiones y qué antecesiones sucedan en sus círculos, y cuando casi se tocan entre sí, de aquellos que se unen cerca y en región contraria, y detrás de quiénes o delante de quiénes se deslizan, y en qué tiempos desaparecen de nuestra vista y, al emerger de nuevo, infunden terror a los carentes de razón, si intentamos explicarlo con palabras sin haber puesto ante los ojos un simulacro de esas cosas, el trabajo se emprendería en vano. Pero baste con esto lo que hemos dicho, y que lo que hemos prefaciado sobre la naturaleza de los dioses que se ven y que han nacido, tenga este término.
38
De los restantes, a quienes los griegos llaman daimones, los nuestros, creo, Lares, si es que esto puede parecer traducido correctamente, conocer y enunciar su origen es algo mayor de lo que nos atrevemos a profesar escribir. Sin duda hay que creer a los hombres antiguos y primitivos, como dicen, que decían ser progenie de los dioses, y por tanto nos transmitieron sus nombres. Conocer a sus generadores podían hacerlo muy bien, y es difícil no tener fe en los nacidos de los dioses, aunque su discurso no se confirme con argumentos ni razones ciertas; pero porque parecen hablar de cosas que les son conocidas, hay que obedecer a la antigua ley y costumbre.
39
Así, pues, como ha sido transmitido por ellos, téngase y dígase el origen de estos dioses, de modo que recordemos que el Océano y Salacia fueron engendrados y producidos por la siembra del Cielo y la concepción de la Tierra, de ellos Saturno y Ops, después Júpiter y Juno, y los restantes, a quienes vemos ser usurpados y llamados hermanos entre sí y agnados, y su prosapia, por usar una palabra antigua.
40
Cuando, pues, todos, tanto los que se mueven y se muestran abiertamente como los que se nos declaran hasta donde ellos mismos quieren, han sido creados, entonces aquel dios que engendró todas las cosas habla a ellos:“ Atended vosotros, que habéis nacido de la siembra de los dioses: las obras de las cuales yo soy padre y hacedor, estas son indisolubles si yo no quiero; aunque todo lo que está unido puede ser disuelto; pero de ninguna manera es propio del bueno querer disolver lo que ha sido unido por la razón. Pero puesto que habéis nacido, no podéis ser inmortales e indisolubles, sin embargo, de ninguna manera seréis disueltos, ni ningún hado de muerte os destruirá ni el fraude será más fuerte que mi consejo, que es un vínculo mayor para vuestra perpetuidad que aquellos con los que fuisteis unidos cuando nacíais.
41
Conoced, pues, lo que siento: nos quedan tres géneros, y estos son mortales; omitiéndolos, la perfección del cielo no será completa. Pues no contendrá todos los géneros de animales; pero será necesario que los contenga, para que no falte nada de lo mismo. Si estos fueran hechos por mí mismo, podrían igualar la vida de los dioses. Para que, pues, sean generados bajo condición mortal, asumid vosotros la tarea de engendrarlos e imitad mi fuerza, la cual recordáis que usé en vuestro nacimiento. En ellos, los que sean creados de tal manera que deban ser como gentiles de los dioses inmortales, sean llamados de género divino y tengan el primado de todos los seres vivos y os obedezcan voluntariamente por derecho y ley; cuyo inicio y siembra os será transmitido por mí, vosotros, sin embargo, añadid la parte mortal a lo que será inmortal. Así nacerán los seres vivos, a los que alimentaréis mientras vivan y recibiréis en vuestro seno cuando se consuman.”
42
Esto dijo él. Luego volvió a la templanza superior; en la cual mezclaba toda el alma templando la naturaleza universal y, vertiendo los restos de la mezcla anterior, los igualaba casi de la misma manera, excepto que no tan incorruptos como aquellos que son siempre lo mismo, sino que tomaba de ellos en segundo lugar y también en tercero.
43
Constituido, pues, todo el universo, distribuyó un número igual de almas a los astros y unió cada una a cada uno y así las puso como en el carro del universo y mostró las leyes fatales y necesarias y mostró primero que el origen sería uno para todos, y que sería moderado y constante y no disminuido por nadie, pero que sería suficiente y, como con almas dispersas, que nacería en ciertos intervalos de tiempo un ser vivo que fuera el más apto para el culto de los dioses.
44
Pero como la naturaleza del género humano era doble, la cosa se presentaba de tal manera que el género más excelente era el de aquellos que serían hombres. Pero cuando hubo sembrado las almas en los cuerpos por necesidad, y cuando se producía una adición a los cuerpos, entonces una sustracción, al principio era necesario que surgiera un sentido único y común a todos, excitado por un movimiento más vehemente y unido a la naturaleza, luego el amor mezclado con placer y molestia, después la ira y el miedo y los restantes movimientos del ánimo, compañeros de los superiores y también contrarios y disidentes a ellos; quien los haya regido por la razón, habrá vivido justamente, pero quien se haya entregado a ellos, injustamente.
45
Y aquel que haya completado recta y honestamente el curso de vivir dado por la naturaleza, volverá a aquel astro con el que haya sido apto; quien, sin embargo, haya vivido inmoderada e intemperantemente, el segundo nacimiento lo transferirá a una figura femenina, y, si ni siquiera entonces pondrá fin a sus vicios, será agitado aún más gravemente y será transferido a figuras muy semejantes a sus costumbres, las de ganado y fieras, y no verá el término de sus males antes de que comience a seguir aquella conversión que tenía en sí mismo, innata e inserta, de lo mismo y semejante. Lo cual sucederá entonces, cuando haya expulsado por la razón aquellas cosas que, turbulentas y carentes de razón, se hayan asentado a partir del fuego, el alma, el agua y la tierra, y haya llegado a la primera y mejor afección del ánimo.
46
Cuando hubo dispuesto estas cosas y se hubo puesto fuera de toda culpa y causa si algo de fraude o vicio hubiera sucedido después, dispersando, como si sembrara, a unos en la tierra, a otros en la luna, a otros en las restantes partes del mundo, que están constituidas como signos y marcas de los espacios de tiempo. Después, sin embargo, de esa siembra, permitió a los dioses, por así decirlo, más jóvenes, que esculpieran los cuerpos mortales, y que todo lo que quedara del alma humana que debiera añadirse, y lo que fuera consecuente, lo pulieran y completaran; luego, que se ofrecieran como príncipes y guías a este ser vivo y rigieran y gobernaran su vida lo más bellamente posible, en la medida en que él mismo, bien hecho, no buscara para sí mismo alguna miseria por su propia culpa.
47
Y aquel que compuso todas las cosas permanecía constantemente en su estado; los que, sin embargo, habían sido creados por él, cuando hubieron conocido el orden del padre, lo seguían. Por tanto, cuando hubieron recibido el principio inmortal del ser vivo mortal, imitando al progenitor y hacedor de sí mismos, tomaban prestadas partículas de fuego, tierra, agua y aire del mundo, que luego devolverían, y las unían entre sí no con los mismos vínculos con los que ellos mismos estaban unidos, sino con tales que no pudieran ser vistos debido a su pequeñez, y con pequeñas cuñas frecuentes, licuadas, hacían un solo cuerpo de todas las cosas y en él, fluyendo y efluyendo, unían los ámbitos del alma divina.
48
Por tanto, ellos, sumergidos en el río, ni retenían ni eran retenidos, sino que con gran fuerza unas veces llevaban, otras eran llevados. Así, todo el animal se movía, ciertamente, pero inmoderada y fortuitamente, de modo que era llevado por seis movimientos. Pues tanto adelante como atrás, y a la izquierda y a la derecha, y arriba y abajo, unas veces aquí, otras allá...
49
Pero si se asienta en el esplendor, entonces se devuelve la misma forma o a veces inmutada, cuando el fuego de los ojos se ha confundido y reunido con ese fuego que está derramado ante el rostro. A la derecha, sin embargo, se ven las cosas que están a la izquierda, porque alcanzan las partes contrarias de los ojos con las partes contrarias. Responden, sin embargo, las derechas a las derechas, las izquierdas a las izquierdas por la conversión de las luces, cuando no se adhieren entre sí. Eso sucede cuando la suavidad de los espejos ha tomado altura de aquí y de allá y así ha empujado la derecha hacia la parte izquierda de los ojos y la izquierda hacia la derecha. También se ven rostros supinos por la expulsión de las luces; la cual, convirtiendo, devuelve las partes inferiores, que son las superiores.
50
Y todas estas cosas son de aquel género que ayuda a las causas de las cosas; de las cuales se sirve Dios como instrumentos cuando produce la apariencia de lo mejor, en la medida de lo posible. Pero la mayoría piensa que estas no son ayudas de las causas, sino que son las causas mismas de todo, las cuales tienen el poder de enfriar, calentar, solidificar y licuar, pero carecen de toda inteligencia y razón, las cuales, a menos que estén en el alma, no se encuentran en ninguna otra parte de la naturaleza. El alma, sin embargo, escapa a todo sentido de la vista; pero el fuego, el aire, el agua y la tierra son cuerpos, y esos son visibles.
51
Aquel, sin embargo, que se profesa amante de la inteligencia y la sabiduría, necesita buscar las causas primeras de la naturaleza inteligente y sabia, y luego las segundas de aquellas cosas que mueven necesariamente a otras, cuando ellas mismas son movidas por otras. Por lo cual, considero que debemos proceder de tal manera que hablemos de ambos géneros de causas, pero por separado de aquellas que, con inteligencia, son eficientes de las cosas más bellas y mejores, y de aquellas que, carentes de prudencia, producen efectos mediante la inconstancia y el desorden.
52
Y sobre las causas de los ojos, para que tuvieran la fuerza que ahora tienen, creo que se ha dicho lo suficiente. Ahora, expliquemos a continuación la utilidad máxima de ellos, otorgada al género humano por don de los dioses. Pues los ojos nos han traído el conocimiento de las cosas mejores. Porque este discurso que hemos tenido sobre el universo nunca habría sido inventado si ni los astros, ni el sol, ni el cielo hubieran podido caer bajo la mirada de los ojos. Pero ahora, los días y las noches conocidos por los ojos, luego las revoluciones de los meses y los años, han ideado el número y han medido el espacio del tiempo y nos han impulsado a la investigación de toda la naturaleza; de estas cosas hemos obtenido la filosofía, bien que no ha sido dado al género humano por concesión y don de los dioses, ni será dado, ninguno más deseable ni más excelente.

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