Against Callicles
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Original / primary: Spanish Gemini
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No hay, atenienses, nada más difícil que encontrarse con un vecino malintencionado y codicioso, que es precisamente lo que me ha sucedido a mí ahora. Pues Calicles, al desear mis tierras, me ha tratado de tal manera con sus calumnias que, en primer lugar, indujo a su propio primo a disputarme la propiedad de los terrenos,
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y, tras ser desenmascarado públicamente y haber yo superado sus intrigas, volvió a dictar contra mí dos sentencias en rebeldía: una él mismo por valor de mil dracmas, y la otra convenciendo a su hermano Calícrates, que está aquí presente. Les ruego, pues, a todos ustedes que me escuchen y presten atención, no porque yo sea capaz de hablar con elocuencia, sino para que ustedes mismos, a partir de los hechos, comprendan que estoy siendo víctima de una calumnia evidente.
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Existe, atenienses, un argumento de justicia que me asiste frente a todas las acusaciones de estos individuos. Mi padre cercó este terreno casi antes de que yo naciera, cuando aún vivía Calípides, el padre de ellos, que era nuestro vecino y que, sin duda, conocía estos asuntos mejor que ellos, y cuando Calicles ya era un hombre adulto que residía en Atenas.
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Durante todos estos años, nadie vino jamás a presentar una queja ni a expresar un reproche( aunque es evidente que también entonces hubo lluvias frecuentes), ni tampoco se opuso desde el principio, si es que mi padre cometía alguna injusticia al cercar nuestro terreno; ni siquiera protestó ni presentó una protesta formal, a pesar de que mi padre vivió más de quince años después de aquello, y no menos que el padre de ellos, Calípides.
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Y sin embargo, Calicles, seguramente podíais entonces, al ver que se cerraba el torrente, haberos acercado inmediatamente a protestar y decirle a mi padre, Tesias:¿ Qué haces?¿ Estás cerrando el torrente? Entonces el agua caerá en nuestro terreno. De este modo, si él hubiera querido detenerse, no habríamos tenido ninguna dificultad entre nosotros, y si él hubiera sido negligente y hubiera ocurrido algo así, habrías tenido a los presentes de entonces como testigos.
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Y, por Zeus, debiste demostrar a todos que aquello era un torrente, para que no solo de palabra, como ahora, sino con hechos, demostrases que mi padre cometía una injusticia. Pues bien, nadie consideró oportuno hacer nada de esto. Porque, de haberlo hecho, no habríais obtenido una sentencia en rebeldía, como ahora contra mí, ni habríais sacado provecho alguno de vuestras calumnias,
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sino que, si hubierais presentado un testigo entonces y hubierais dejado constancia, él habría demostrado ahora, conociendo con exactitud cómo estaba cada cosa, que estos mienten, y habría desenmascarado a quienes testifican tan a la ligera. Pero, como soy un hombre tan joven e inexperto en los asuntos, creo que todos ustedes me han menospreciado. Sin embargo, frente a todos ellos, atenienses, presento sus propias acciones como las pruebas más sólidas.¿ Por qué nadie presentó una protesta, ni se quejó, ni siquiera expresó un reproche, sino que les bastó con ver cómo se cometía la supuesta injusticia?
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Considero que esto es suficiente frente a la desvergüenza de estos individuos; pero para que sepan, atenienses, también sobre el resto, que mi padre no cometió ninguna injusticia al cercar el terreno y que ellos han mentido en todo sobre nosotros, intentaré explicarles las cosas con mayor claridad. Pues el terreno es reconocido incluso por ellos mismos como de nuestra propiedad;
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y siendo esto así, atenienses, lo habrían sabido mejor al ver el terreno, que estoy siendo calumniado. Por eso quería someter el asunto a quienes lo conocían, a jueces imparciales. Pero ellos no, tal como ahora intentan decir; y esto les quedará claro a todos ustedes de inmediato. Pero presten atención, atenienses, por Zeus y los dioses.
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Entre mi terreno y el de ellos hay un camino, y como una montaña rodea los terrenos en círculo, el agua que desciende ocurre que fluye en parte hacia el camino y en parte hacia los terrenos. Y, en efecto, el agua que cae al camino, por donde encuentra paso, fluye hacia abajo por el camino, pero por donde encuentra algún obstáculo, entonces es inevitable que se desborde hacia los terrenos.
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Y, en efecto, en este terreno, jueces, al producirse una fuerte lluvia, ocurrió que el agua entró; y como mi padre, que no se ocupaba de ello, sino que era un hombre que se molestaba con el campo en general y era más bien urbano, no le prestó atención, el agua entró dos o tres veces, dañó los terrenos y, más aún, abrió un camino. Por eso, al ver esto mi padre, según escucho de quienes lo sabían, y al mismo tiempo que los vecinos pastoreaban y caminaban por el terreno, cercó este muro de piedra.
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Y para demostrar que digo la verdad, presentaré ante ustedes testigos que lo saben, y, atenienses, pruebas mucho más sólidas que los testigos. Pues Calicles afirma que al cerrar el torrente me daño a mí mismo; pero yo demostraré que esto es un terreno, no un torrente.
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Si no se admitiera que es nuestra propiedad privada, tal vez habríamos cometido una injusticia si hubiéramos construido algo en terreno público; pero ahora ni siquiera disputan esto, y en el terreno hay árboles plantados, vides e higueras. Y, sin embargo,¿ quién consideraría oportuno plantar esto en un torrente? Nadie, ciertamente.¿ Y quién, a su vez, enterraría allí a sus antepasados?
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Tampoco creo eso. Pues ambas cosas, jueces, han ocurrido: los árboles fueron plantados antes de que mi padre cercara el muro de piedra, y las tumbas son antiguas y existían antes de que nosotros adquiriéramos el terreno. Y, sin embargo, existiendo esto,¿ qué argumento más sólido podría haber, atenienses? Pues los hechos desenmascaran claramente la verdad. Tomen ahora todas las pruebas y léanlas. TESTIMONIOS.
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Escuchan, atenienses, los testimonios.¿ Les parece que testifican explícitamente que el terreno está lleno de árboles, que tiene tumbas y que ocurre lo mismo que en los demás terrenos, y, además, que el terreno fue cercado cuando aún vivía el padre de ellos, sin que ni ellos ni ningún otro vecino presentara objeción alguna?
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Es digno, jueces, escuchar también sobre las otras cosas que ha dicho Calicles. Y consideren, en primer lugar, si alguno de ustedes ha visto o escuchado alguna vez que haya un torrente junto a un camino. Pues creo que en todo el territorio no hay ninguno;¿ pues por qué alguien habría hecho un torrente a través de sus propios terrenos para lo que iba a fluir por el camino público?
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Después,¿ quién de ustedes, ya sea en el campo o en la ciudad, aceptaría que el agua que fluye por el camino entre en su terreno o en su casa?¿ Acaso no es todo lo contrario, que incluso si alguna vez se desborda, todos estamos acostumbrados a bloquearlo y a construir muros laterales? Pues este pretende que yo, tras recibir el agua del camino en mi propio terreno, cuando pase el terreno de él, la devuelva al camino. Por lo tanto, el vecino que cultiva después de él me presentará una queja; pues es evidente que el derecho que él reclama también podrán alegarlo todos los demás.
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Pero, ciertamente, si dudara en sacar el agua al camino, seguramente, con mucha confianza, la dejaría fluir hacia el terreno del vecino. Pues, si ya me enfrento a juicios sin tasación porque el agua que fluía del camino cayó en el terreno de este,¿ qué me pasará, por Zeus, si el agua que sale de mi terreno causa daños a otros? Y si no se me permite dejar el agua ni en el camino ni en los terrenos tras recibirla,¿ qué queda, jueces, por los dioses? Pues no creo que Calicles me obligue a bebérmela.
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Sufriendo yo esto por parte de ellos y muchas otras cosas terribles, me daría por satisfecho no solo con no ser condenado, sino con no tener que pagar una indemnización. Pues si hubiera, jueces, un torrente que recibiera el agua, tal vez yo habría cometido una injusticia al no recibirla, como en otros terrenos se admite que hay torrentes; y en estos, los primeros reciben el agua, como los torrentes que vienen de las casas, y de ellos otros la reciben de la misma manera; pero en este caso, nadie la entrega ni nadie la recibe de mí.
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Entonces,¿ cómo podría ser esto un torrente? El agua que ha entrado, creo, ha dañado muchas veces a muchos que no se han protegido, y ha dañado también ahora a este. Lo cual es lo más terrible de todo: que Calicles, al entrar el agua en su terreno, haya traído piedras del tamaño de un carro y haya construido un muro, y que, porque mi padre cercó el terreno al sufrir esto, me haya demandado por daños como si hubiera cometido una injusticia. Y, sin embargo, si todos los que han sufrido daños por las aguas que fluyen por aquí me demandaran, ni siquiera multiplicando mis bienes sería suficiente.
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Tanto se diferencian estos de los demás que, sin haber sufrido nada, como les demostraré claramente de inmediato, y habiendo sufrido muchos otros daños grandes y numerosos, solo ellos se han atrevido a demandarme. Y, sin embargo, a todos los demás les habría correspondido más hacer esto. Pues estos, si es que han sufrido algo, al haber sido dañados por sí mismos, calumnian; mientras que aquellos, aunque no fuera por otra cosa, al menos no tienen ninguna acusación de este tipo. Pero para no mezclarlo todo al hablar, toma las pruebas de los vecinos. TESTIMONIOS.
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¿ No es terrible, jueces, que ellos no me presenten ninguna queja habiendo sufrido tanto, ni ningún otro de los afectados, sino que se resignen a su suerte, y que este, en cambio, me calumnie? Que él mismo ha cometido un error, primero al hacer el camino más estrecho, al sacar el muro hacia afuera para que los árboles quedaran dentro del camino, y luego al arrojar escombros al camino, de lo cual ha resultado que este sea más alto y más estrecho, lo sabrán más claramente por los testimonios,
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y que no ha perdido nada ni ha sufrido daños dignos de mención para haberme interpuesto una demanda tan grande, intentaré explicárselo ahora. Pues mi madre trataba con la madre de ellos antes de que intentaran calumniarme, y se visitaban, como es natural al vivir ambas en el campo y ser vecinas,
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y al mismo tiempo que los hombres se trataban mientras vivían, y al ir mi madre a casa de ellos y lamentarse la otra de lo sucedido y mostrárselo, así nos enteramos de todo, jueces; y digo lo que escuché de mi madre, que así me vaya bien, y si miento, lo contrario; ella decía que veía y escuchaba a la madre de ellos, que se habían mojado cebada, y que ella misma la vio secándose, ni siquiera tres medimnos, y como medio medimno de harina; y decía que se había volcado una vasija de aceite, pero que no había sufrido ningún daño.
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Tanto fue, jueces, lo que les sucedió, por lo cual me enfrento a una demanda sin tasación de mil dracmas. Pues no debo contabilizarles si construyó un muro antiguo, que ni se cayó ni sufrió ningún otro daño. Así que, si les concediera ser el causante de todo lo sucedido, eso es lo que se mojó.
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Y puesto que ni mi padre cometió una injusticia al cercar el terreno desde el principio, ni ellos presentaron queja alguna tras pasar tanto tiempo, y los demás, habiendo sufrido muchas cosas terribles, no me presentan quejas, y todos ustedes están acostumbrados a sacar el agua de las casas y de los terrenos al camino, y no, por Zeus, a recibir la del camino hacia adentro,¿ qué necesidad hay de decir más? Pues ni siquiera por esto es incierto que estoy siendo calumniado, sin haber cometido ninguna injusticia ni haber causado los daños que dicen.
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Y para que sepan que también han arrojado escombros al camino y que, al avanzar el muro, han hecho el camino más estrecho, y además cómo yo ofrecía un juramento a la madre de ellos y le pedía que jurara el mismo, toma las pruebas y la propuesta. TESTIMONIOS. PROPUESTA.
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Entonces,¿ podría haber hombres más desvergonzados o que calumnien de forma más evidente, que ellos mismos, habiendo avanzado el muro y estrechado el camino, demanden a otros por daños, y además una demanda sin tasación de mil dracmas, cuando ni siquiera han perdido cincuenta dracmas en total? Y, sin embargo, consideren, jueces, cuántos han sufrido daños por las aguas en los campos, unos en Eleusis, otros en otros lugares. Pero no creo, por la tierra y los dioses, que cada uno de ellos pretenda cobrar los daños a sus vecinos.
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Y yo, a quien correspondería indignarme porque el camino se ha vuelto más estrecho y más elevado, guardo silencio; pero estos tienen tanta soberbia, al parecer, que demandan a quienes han sido perjudicados. Y, sin embargo, Calicles, si a vosotros os está permitido cercar vuestro propio terreno, a nosotros también nos estaba permitido el nuestro. Y si mi padre cometió una injusticia al cercaros, también vosotros ahora cometéis una injusticia al cercarme así;
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pues es evidente que, al estar cerrado con grandes piedras, el agua volverá a llegar a mi terreno, y luego, cuando ocurra, derribará el muro inesperadamente. Pero no por ello les presento quejas a ellos, sino que me resigno a mi suerte e intentaré proteger lo mío. Pues considero que este actúa con sensatez al proteger lo suyo, pero al demandarme, creo que es un hombre malvado y corrompido por una enfermedad.
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No se sorprendan, jueces, por el entusiasmo de este, ni porque se haya atrevido a decir falsedades ahora. Pues ya antes, tras convencer a su primo para que me disputara el terreno, presentó unos contratos que no existían, y ahora él mismo ha dictado contra mí otra sentencia en rebeldía, inscribiendo a Calaro, uno de mis esclavos. Pues, además de otros males, han inventado este sofisma: demandan a Calaro por la misma causa.
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Y, sin embargo,¿ qué esclavo cercaría el terreno de su amo sin que el amo se lo ordenara? Y no teniendo nada que reclamar a Calaro, demandan por lo que mi padre cercó y vivió más de quince años después. Y si yo renuncio a los terrenos vendiéndoselos a ellos o cambiándolos por otros, Calaro no comete ninguna injusticia; pero si yo no quiero cederles lo mío, sufren todas las cosas más terribles por parte de Calaro, y buscan un árbitro que les adjudique los terrenos, y acuerdos tales que ellos se queden con las tierras.
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Si, pues, jueces, los que conspiran y calumnian deben tener ventaja, no habría utilidad alguna en lo dicho; pero si ustedes odian a tales personas y votan lo justo, no habiendo perdido Calicles nada ni habiendo sido perjudicado ni por Calaro ni por mi padre, no sé qué más decir.
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Y para que sepan que también antes, conspirando contra mis terrenos, indujo al primo, y ahora él mismo ha dictado la otra sentencia contra Calaro, esta demanda, hostigándome porque estimo mucho al hombre, y Calícrates ha demandado a su vez a Calaro, les leerá los testimonios de todo. TESTIMONIOS.
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No me entreguen, pues, por Zeus y los dioses, jueces, a estos, sin haber cometido ninguna injusticia. Pues no me preocupa tanto la multa, siendo difícil para todos los que tienen pocos bienes; sino que me expulsan por completo del pueblo, persiguiéndome y calumniándome. Y que no cometemos ninguna injusticia, estábamos dispuestos a someterlo a quienes lo saben, a jueces imparciales y comunes, y dispuestos a prestar el juramento legal; pues pensábamos que esto sería lo más sólido que podríamos ofrecer a ustedes, que han jurado. Toma la propuesta y los testimonios restantes. PROPUESTA. TESTIMONIOS.