Against Lacritus
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Los faselitas no están haciendo nada nuevo, señores jueces, sino lo que acostumbran. Pues son expertos en pedir dinero prestado en el emporio, pero, en cuanto lo reciben y suscriben un contrato marítimo, olvidan inmediatamente tanto los contratos como las leyes y el hecho de que deben devolver lo que recibieron,
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y piensan que, si pagan, es como si hubieran perdido algo propio de sus bienes; en lugar de pagar, inventan sofismas, excepciones legales y pretextos, y son los hombres más malvados e injustos. Prueba de ello es que, llegando muchos griegos y bárbaros a su emporio, hay más pleitos de los faselitas que de todos los demás juntos.
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Estos son, pues, así; pero yo, señores jueces, habiendo prestado dinero a Artemón, hermano de este, conforme a las leyes comerciales, para el Ponto y de vuelta a Atenas, al morir aquel antes de devolverme el dinero, he interpuesto esta demanda contra este Lacrito conforme a esas mismas leyes bajo las cuales hice el contrato,
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siendo hermano de aquel y poseyendo todos los bienes de Artemón, tanto los que dejó aquí como los que tenía en Fasélide, y siendo heredero de todos sus bienes, y no pudiendo este mostrar ley alguna que le otorgue la facultad de poseer los bienes del hermano y administrarlos como le pareció, pero no devolver el dinero ajeno, sino decir ahora que no es heredero, sino que renuncia a los bienes de aquel.
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Tal es la maldad de este Lacrito; yo les pido a ustedes, señores jueces, que me escuchen con benevolencia sobre este asunto; y si demuestro que nos está perjudicando tanto a nosotros, los prestamistas, como a ustedes no menos, ayúdennos a obtener justicia.
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Pues yo, señores jueces, personalmente no conocía en absoluto a estos hombres; pero Trasúmedes, hijo de Diofanto, aquel de Esfeto, y Melanopo, su hermano, son amigos míos, y nos tratamos con la mayor confianza posible. Estos se acercaron a mí junto con este Lacrito, de dondequiera que lo conocieran( pues no lo sé),
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y me pidieron que prestara dinero para el Ponto a Artemón, hermano de este, y a Apolodoro, para que pudieran estar activos, sin saber nada, señores jueces, ni siquiera Trasúmedes, de la maldad de estos, sino pensando que eran hombres decentes y tales como pretendían y decían ser, y creyendo que harían todo lo que este Lacrito prometía y garantizaba.
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Pero estaba muy equivocado, y no sabía a qué fieras se acercaba en estos hombres. Y yo, persuadido por Trasúmedes y su hermano, y garantizándome este Lacrito que todo sería justo por parte de sus hermanos, presté, junto con un extranjero nuestro de Caristo, treinta minas de plata.
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Deseo, pues, señores jueces, que escuchen primero el contrato bajo el cual prestamos el dinero, y a los testigos que estuvieron presentes en el préstamo; después, sobre los demás puntos, demostraremos qué clase de robos cometieron estos respecto al préstamo. Lee el contrato, luego los testimonios. CONTRATO.
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Androcles de Esfeto y Nausícrates de Caristo prestaron a Artemón y Apolodoro, faselitas, tres mil dracmas de plata desde Atenas a Mende o Escíone, y de allí al Bósforo, y si quieren, hacia la izquierda hasta el Borístenes, y de vuelta a Atenas, con un interés de doscientos veinticinco por cada mil, y si zarpan después de la salida de Arturo desde el Ponto hacia Hieron, con un interés de trescientos por cada mil, sobre tres mil cántaros de vino mendaeo, que navegará desde Mende o Escíone en la nave de veinte remos que patronea Yblesio.
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Hipotecan estos bienes, no debiendo por ellos ninguna otra cantidad de dinero a nadie, y no pedirán préstamos adicionales. Y llevarán de vuelta a Atenas en la misma nave todos los bienes intercambiados desde el Ponto. Una vez salvados los bienes en Atenas, los prestatarios devolverán a los prestamistas el dinero resultante según el contrato en veinte días, desde que lleguen a Atenas, íntegro salvo la echazón que los compañeros de viaje hayan decidido en común arrojar, y si pagaran algo a los enemigos; de todo lo demás, íntegro. Y entregarán a los prestamistas la hipoteca intacta para que la posean hasta que devuelvan el dinero resultante según el contrato.
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Si no devuelven en el tiempo acordado, sea lícito a los prestamistas hipotecar y vender los bienes depositados por el valor existente; y si falta algo del dinero que debe resultar a los prestamistas según el contrato, que la ejecución sea para los prestamistas contra Artemón y Apolodoro y contra todos sus bienes, tanto terrestres como marítimos, dondequiera que estén, como si hubieran perdido un juicio y estuvieran fuera de plazo, tanto contra cada uno de los prestamistas como contra ambos.
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Si no entran, habiendo permanecido diez días en el Helesponto durante la canícula, habiendo elegido donde no haya represalias para los atenienses, y desde allí navegando a Atenas, que paguen los intereses escritos el año pasado en el contrato. Si la nave en la que navegan los bienes sufre algo irreparable, pero hay salvación de los bienes hipotecados, que lo que quede sea común para los prestamistas. Que nada sea más válido sobre estos puntos que el contrato. Testigos: Formión del Pireo, Cefisodoto de Beocia, Heliodoro de Pitea.
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Lee también los testimonios. TESTIMONIOS. Arquenómides de Anagiro atestigua que Androcles de Esfeto, Nausícrates de Caristo, Artemón y Apolodoro, faselitas, depositaron ante él el contrato, y que el contrato sigue depositado ante él. Lee también el testimonio de los presentes. TESTIMONIO. Teodoto, isóteles, Carino de Leuconoe, hijo de Epicares, Formión del Pireo, hijo de Ctesifonte, Cefisodoto de Beocia, Heliodoro de Pitea atestiguan estar presentes cuando Androcles prestó a Apolodoro y Artemón tres mil dracmas de plata, y saber que depositaron el contrato ante Arquenómides de Anagiro.
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Conforme a este contrato, señores jueces, presté el dinero a Artemón, hermano de este, ordenándolo este y garantizándome que todo sería justo conforme al contrato, bajo el cual presté, escribiendo y sellando este mismo, una vez que fue escrito. Pues los hermanos de este eran aún más jóvenes, unos muchachos, pero este Lacrito, faselita, gran cosa, discípulo de Isócrates;
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este era quien administraba todo, y me ordenaba que prestara atención a él; pues él mismo decía que me haría justicia en todo y que residiría en Atenas, y que su hermano Artemón navegaría con el dinero. Y entonces, señores jueces, cuando quería recibir el dinero de nosotros, decía ser hermano y socio de Artemón, y decía discursos maravillosamente persuasivos;
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pero tan pronto como se hicieron dueños del dinero, se lo repartieron y lo usaron como les pareció, y conforme al contrato marítimo, bajo el cual recibieron el dinero, no hicieron ni grande ni pequeño, como el hecho mismo ha demostrado. Y este Lacrito era el guía de todos ellos. Y demostraré, punto por punto de lo escrito en el contrato, que estos no han hecho nada correcto.
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Primero, está escrito que pedían prestadas las treinta minas sobre tres mil cántaros de vino, como si tuvieran una hipoteca de otras treinta minas, de modo que el valor del vino ascendía a un talento de plata, junto con los gastos que debían hacerse para la preparación del vino; y que estos tres mil cántaros se llevarían al Ponto en la nave de veinte remos que patroneaba Yblesio.
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Esto está escrito en el contrato, señores jueces, que ustedes han oído; pero ellos, en lugar de los tres mil cántaros, no pusieron ni quinientos en la nave, sino que, en lugar de comprar el vino como correspondía, usaron el dinero como les pareció, y ni siquiera pensaron ni tuvieron la intención de poner los tres mil cántaros en la nave conforme al contrato. Y para que vean que digo la verdad, toma el testimonio de los que navegaban en la misma nave que ellos. TESTIMONIO.
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Erasicles atestigua que gobernaba la nave que patroneaba Yblesio, y saber que Apolodoro llevaba en la nave cuatrocientos cincuenta cántaros de vino mendaeo, y no más; y que Apolodoro no llevaba ninguna otra mercancía en la nave al Ponto. Hipias de Halicarnaso, hijo de Atenipo, atestigua navegar en la nave de Yblesio vigilando la nave, y saber que Apolodoro el faselita llevaba en la nave desde Mende al Ponto cuatrocientos cincuenta cántaros de vino mendaeo, y ninguna otra carga. Ante estos testificaron: Arquíades de Acarnas, hijo de Mnesónides, Sóstrato de Hestiea, hijo de Filipo, Eumarico de Hestiea, hijo de Eubio, Filtades de Xipete, hijo de Ctesias, Dionisio de Colido, hijo de Democratides.
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Sobre la cantidad de vino que debían poner en la nave, esto hicieron, y comenzaron inmediatamente desde el primer punto escrito a transgredir y no hacer lo escrito. Después de esto, está en el contrato que hipotecan estos bienes libres y sin deber nada a nadie, y que no pedirán préstamos adicionales sobre ellos a nadie. Esto está escrito expresamente, señores jueces.
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Pero,¿ qué hicieron ellos? Despreciando lo escrito en el contrato, piden prestado a un joven, engañándolo como si no debieran nada a nadie; y nos engañaron a nosotros y pidieron prestado sobre nuestros bienes sin que lo supiéramos, y engañaron a aquel joven que prestó como si pidieran prestado sobre bienes libres; tales son las fechorías de estos. Y todos estos son los sofismas de este Lacrito. Y para que vean que digo la verdad y que pidieron préstamos adicionales contra el contrato, leerá el testimonio del mismo que prestó adicionalmente.
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Lee el testimonio. TESTIMONIO. Arato de Halicarnaso atestigua haber prestado a Apolodoro once minas de plata para el comercio que llevaba en la nave de Yblesio al Ponto, y para los bienes comprados allí, y no saber que él hubiera pedido prestado dinero a Androcles; pues él mismo no habría prestado el dinero a Apolodoro.
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Tales son las villanías de estos hombres. Está escrito después de esto en el contrato, señores jueces, que cuando vendan en el Ponto lo que llevaban, vuelvan a comprar bienes y los intercambien y traigan a Atenas los bienes intercambiados, y cuando lleguen a Atenas, devuelvan en veinte días el dinero a nosotros, válido; y hasta que devuelvan, que nosotros poseamos los bienes, y que ellos los entreguen intactos, hasta que los recuperemos.
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Esto está escrito así precisamente en el contrato; pero ellos, señores jueces, ahí demostraron sobre todo su insolencia y desvergüenza, y que no prestaban ni la más mínima atención a las letras escritas en el contrato, sino que consideraban el contrato como una tontería y una frivolidad. Pues ni compraron nada en el Ponto ni intercambiaron nada para traer a Atenas; y nosotros, los que prestamos el dinero, al llegar ellos del Ponto, no teníamos de qué agarrarnos ni qué poseer hasta recuperar lo nuestro; pues no trajeron absolutamente nada a su puerto.
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Pero hemos sufrido algo muy nuevo, señores jueces; pues en nuestra propia ciudad, sin hacerles ninguna injusticia ni haber perdido ningún juicio contra ellos, hemos sido despojados de lo nuestro por estos, siendo faselitas, como si estuviera permitido a los faselitas despojar a los atenienses. Pues cuando no quieren devolver lo que recibieron,¿ qué otro nombre podría uno dar a tales personas sino que arrebatan por la fuerza lo ajeno? Yo ni siquiera he oído nunca un asunto más abominable que el que estos han cometido contra nosotros, y eso admitiendo haber recibido el dinero de nosotros.
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Pues todo lo que es discutible en los contratos necesita juicio, señores jueces; pero lo acordado por ambas partes contratantes, y sobre lo que existen contratos marítimos, todos consideran que tiene validez, y conviene atenerse a lo escrito. Que no han hecho nada conforme al contrato, sino que desde el principio comenzaron a actuar con malicia y a tramar no hacer nada correcto, queda demostrado tan claramente tanto por los testimonios como por ellos mismos.
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Lo que es más grave de todo lo que hizo este Lacrito, deben escucharlo; pues este era quien administraba todo esto. Pues cuando llegaron aquí, no atracan en su emporio, sino que fondean en el puerto de los ladrones, que está fuera de las señales de su emporio, y es igual fondear en el puerto de los ladrones que si alguien fondeara en Egina o en Mégara; pues es posible zarpar de este puerto adonde uno quiera y cuando le parezca.
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Y la nave fondeaba allí más de veinticinco días, y ellos paseaban en nuestro mercado, y nosotros, acercándonos, hablábamos y les ordenábamos que se ocuparan de que recuperáramos el dinero lo antes posible. Y ellos asentían y decían que estaban llevando a cabo precisamente esto. Y nosotros nos acercábamos a ellos, y al mismo tiempo observábamos si sacaban algo de la nave o si pagaban el impuesto del cincuenta por ciento.
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Y cuando pasaron muchos días residiendo ellos, y nosotros no encontrábamos nada ni sacado ni pagado el impuesto a nombre de ellos, ahí ya insistíamos más exigiendo. Y cuando los molestábamos, responde este Lacrito, hermano de Artemón, que no podrían devolver, sino que todo el dinero se ha perdido; y decía Lacrito tener algo justo que decir sobre esto.
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Y nosotros, señores jueces, nos indignábamos por lo que decían, pero no servía de nada nuestra indignación; pues a ellos no les importaba en absoluto. No obstante, les preguntábamos de qué manera se había perdido el dinero. Y este Lacrito decía que la nave naufragó navegando de Panticapea a Teodosia, y que al naufragar la nave se perdió el dinero de sus hermanos, que casualmente estaba en la nave; y que había salazones y vino de Cos y otras cosas, y decían que todo esto, intercambiado, pensaban llevarlo a Atenas, si no se hubiera perdido en la nave.
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Y lo que decía era esto; pero es digno de escuchar la vileza de estos hombres y su falsedad. Pues respecto a la nave que naufragó no tenían ningún contrato, sino que otro era el que había prestado desde Atenas sobre el flete al Ponto y sobre la misma nave( Antípatro era el nombre del prestamista, de Citio de linaje); y el vinito de Cos, ochenta cántaros de vino estropeado, y el salazón se transportaba para un campesino en la nave de Panticapea a Teodosia para usarlo los trabajadores de la agricultura.¿ Por qué, pues, dicen estos pretextos? Pues no tiene nada que ver.
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Y toma para mí el testimonio, primero el de Apolónides, de que Antípatro fue quien prestó sobre la nave, y que a estos no les corresponde nada del naufragio, después el de Erasicles y el de Hipias, de que solo ochenta cántaros se transportaban en la nave. TESTIMONIOS. Apolónides de Halicarnaso atestigua saber que Antípatro, de Citio de linaje, prestó dinero a Yblesio para el Ponto sobre la nave que Yblesio patroneaba, y para el flete al Ponto; y que él mismo era socio de la nave con Yblesio, y que navegaban sus propios criados en la nave, y cuando la nave se destruyó, sus criados estaban presentes y le informaron, y que la nave se destruyó vacía navegando a Teodosia desde Panticapea.
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Erasicles atestigua navegar con Yblesio gobernando la nave al Ponto, y cuando la nave navegaba a Teodosia desde Panticapea, saber que la nave navegaba vacía, y que de Apolodoro, el que ahora evita el juicio, no había vino en la nave, sino que se transportaban para alguien de Teodosia unos ochenta cántaros de vino de Cos. Hipias de Halicarnaso, hijo de Atenipo, atestigua navegar con Yblesio vigilando la nave, y cuando la nave navegaba a Teodosia desde Panticapea, Apolodoro puso en la nave un recipiente de lana o dos y once o doce cántaros de salazón y pieles de cabra, dos o tres fardos, y nada más. Ante estos testificaron: Eufileto de Afidna, hijo de Damotimo, Hipias de Timetada, hijo de Timóxeno, Sóstrato de Hestiea, hijo de Filipo, Arquenómides de Tria, hijo de Stratón, Filtades de Xipete, hijo de Ctesicles.
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Tal es la desvergüenza de estos hombres. Ustedes, señores jueces, reflexionen entre ustedes si conocen o han oído alguna vez a alguien que haya importado vino a Atenas desde el Ponto por comercio, y menos aún de Cos. Pues todo lo contrario, el vino se importa al Ponto desde los lugares que nos rodean, desde Pepareto y Cos y Tasos y Mende y de otras ciudades de todo tipo; desde el Ponto se importan otras cosas aquí.
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Y al ser retenidos por nosotros y demostrándose si quedaba algo del dinero en el Ponto, respondió este Lacrito que quedaban cien estateras de Cícico, y que este oro lo había prestado su hermano en el Ponto a un patrón faselita, ciudadano y amigo suyo, y que no podía recuperarlo, sino que casi se había perdido también esto.
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Esto es lo que decía este Lacrito. Pero el contrato no dice esto, señores jueces, sino que ordena que, habiendo intercambiado, lo traigan a Atenas, no que ellos presten a quien quieran en el Ponto lo nuestro sin nosotros, sino que lo entreguen intacto en Atenas, hasta que nosotros recuperemos el dinero que prestamos. Y léeme el contrato de nuevo. CONTRATO.
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¿ Acaso, señores jueces, el contrato ordena que ellos presten lo nuestro, y eso a un hombre al que nosotros ni conocemos ni hemos visto nunca, o que, habiendo intercambiado, lo traigan a Atenas y nos lo hagan visible y lo entreguen intacto?
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Pues el contrato no permite que nada sea más válido que lo escrito, ni presentar ni ley ni decreto ni nada en absoluto contra el contrato; pero a ellos desde el principio no les importó nada este contrato, sino que usaban nuestro dinero como si fuera suyo; así de malvados sofistas e injustos son estos hombres.
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Yo, por Zeus soberano y todos los dioses, nunca he envidiado ni criticado a nadie, señores jueces, si alguien quiere ser sofista y gastar dinero en Isócrates; pues estaría loco si algo de esto me importara. Sin embargo, por Zeus, no creo que deban hombres despreciables y que se creen expertos codiciar lo ajeno, ni arrebatarlo, confiando en el discurso; pues esto es propio de un sofista malvado y que sufrirá las consecuencias.
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Este Lacrito, señores jueces, no ha venido a este juicio confiando en la justicia, sino sabiendo exactamente lo que han hecho respecto a este préstamo, y creyendo ser experto y poder fácilmente inventar discursos sobre asuntos injustos, piensa que los llevará a donde quiera. Pues esto promete ser experto, y pide dinero y reúne discípulos prometiendo enseñar sobre estos mismos asuntos.
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Y primero enseñó a sus hermanos esta educación, que ustedes perciben como malvada e injusta, señores jueces, pedir prestado en el emporio dinero marítimo y privar de él y no devolverlo.¿ Cómo podrían ser más malvados los hombres, ya sea el que enseña tales cosas o los mismos que son enseñados? Y puesto que es experto y confía en el hablar y en las mil dracmas que ha dado al maestro,
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ordénenle que les enseñe, o que no recibieron el dinero de nosotros, o que habiéndolo recibido lo han devuelto, o que los contratos marítimos no deben ser válidos, o que deben usar el dinero para otra cosa que no sea para lo que lo recibieron conforme al contrato. Que los convenza de lo que quiera de esto. Y yo mismo admito que es muy sabio, si los convence a ustedes, que juzgan sobre los contratos comerciales. Pero sé bien que no sería capaz de enseñar ni convencer de nada de esto.
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Además de esto, vamos, por los dioses, señores jueces, si hubiera sucedido lo contrario, que el hermano de este, el fallecido, no me debiera dinero, sino yo al suyo, un talento o ochenta minas o más o menos,¿ creen que este Lacrito, señores jueces, diría los mismos discursos que ahora ha usado, o decir que él no es heredero o que renuncia a los bienes del hermano, y no me cobraría muy amargamente, como ha cobrado a los demás, si alguien debía algo a aquel fallecido, ya sea en Fasélide o en cualquier otro lugar?
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Y si alguno de nosotros, evitando un juicio, se hubiera atrevido a presentar una excepción legal por parte de este, que el juicio no es admisible, sé bien que él mismo se indignaría y se quejaría ante ustedes, diciendo que sufre cosas terribles y que se viola la ley, si alguien no vota que su juicio es admisible, siendo comercial. Entonces, Lacrito,¿ a ti te parece que esto es justo, y a mí por qué no me lo será?¿ No están escritas las mismas leyes para todos nosotros y la misma justicia sobre los juicios comerciales?
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Pero es tan abominable y supera a todos los hombres en ser malvado, que intenta convencerlos de que voten que este juicio comercial no es admisible, juzgando ustedes ahora los juicios comerciales. Pero,¿ qué ordenas, Lacrito?¿ Que no es suficiente que seamos privados del dinero que les prestamos, sino que también seamos entregados a la cárcel por ustedes pagando las multas, si no pagamos?
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Y¿ cómo no sería terrible y penoso y vergonzoso para ustedes, señores jueces, si los que prestan dinero en su emporio dinero marítimo y son privados de él por los que pidieron prestado y privan, fueran llevados a la cárcel? Esto es, Lacrito, lo que convences a estos. Pero,¿ dónde hay que buscar justicia, señores jueces, sobre los contratos comerciales?¿ Ante qué magistratura o en qué tiempo?¿ Ante los Once? Pero estos llevan a los ladrones y rateros y a los demás malvados que merecen la muerte.
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Pero,¿ ante el arconte? Pues al arconte se le ha ordenado ocuparse de las herederas y los huérfanos y los padres. Pero, por Zeus, ante el rey. Pero no somos gimnasiarcas, ni acusamos a nadie de impiedad. Pero el polemarco lo llevará. De deserción y de falta de protector. Pues queda el estratego. Pero estos nombran a los trierarcas, pero no llevan ningún juicio comercial.
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Yo soy comerciante, y tú hermano y heredero de uno de los comerciantes, el que recibió de nosotros el dinero comercial.¿ Adónde, pues, debe entrar este juicio? Enséñame, Lacrito, solo diciendo algo justo y conforme a las leyes. Pero no hay hombre tan experto que pueda decir algo justo sobre tales asuntos.
50
No solo esto, señores jueces, sufro terriblemente por este Lacrito, sino que, además de ser privado del dinero, habría llegado a los últimos peligros por su parte, si el contrato que tengo contra ellos no me ayudara, y atestiguara que presté el dinero para el Ponto y de vuelta a Atenas. Pues saben, señores jueces, cuán dura es la ley, si algún ateniense comercia con grano en otro lugar que no sea Atenas, o presta dinero para otro emporio que no sea el de los atenienses, qué penas hay sobre esto, cuán grandes y terribles.
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Más bien, léeles la ley misma, para que aprendan con más precisión. LEY. Que no sea lícito a ninguno de los atenienses y de los metecos que residen en Atenas, ni de los que estos son dueños, prestar dinero para una nave que no vaya a traer grano a Atenas, y las demás cosas escritas sobre cada uno de ellos. Si alguien presta contra esto, que sea la denuncia y la declaración del dinero ante los inspectores, como se ha dicho de la nave y del grano, conforme a lo mismo. Y que no tenga juicio sobre el dinero que preste en otro lugar que no sea Atenas, ni que ninguna magistratura lleve juicio sobre esto.
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La ley, señores jueces, es así de dura; pero estos, los más abominables de todos los hombres, estando escrito expresamente en el contrato que el dinero vuelva a Atenas, permitieron que lo que pidieron prestado de nosotros en Atenas fuera llevado a Quíos. Pues pidiendo prestado el patrón faselita en el Ponto otro dinero a un hombre de Quíos, y no diciendo el de Quíos que prestaría, si no tomaba como hipoteca todo lo que pertenecía al patrón, y permitiéndolo los que habían prestado antes, permitieron que esto fuera hipoteca para el de Quíos, lo nuestro, y que aquel se hiciera dueño de todo,
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y así zarpaban del Ponto con el patrón faselita y con el de Quíos que había prestado, y fondean en el puerto de los ladrones, y no fondearon en su emporio. Y ahora, señores jueces, el dinero prestado desde Atenas para el Ponto y de vuelta del Ponto a Atenas ha sido llevado a Quíos por estos.
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Lo que, pues, propuse al principio del discurso, que también ustedes son perjudicados no menos que nosotros, los que dimos el dinero. Consideren, señores jueces, cómo no son perjudicados, cuando alguien intenta ser más fuerte que sus leyes, y hace nulos y destruye los contratos marítimos, y ha enviado el dinero de nosotros a Quíos,¿ cómo no perjudica tal hombre también a ustedes?
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Yo, pues, señores jueces, tengo el discurso contra estos( pues a estos di el dinero); estos tendrán el discurso contra aquel patrón faselita, su ciudadano, a quien dicen haber prestado el dinero sin nosotros contra el contrato; pues ni nosotros sabemos qué es lo que han hecho estos con su propio ciudadano, sino que ellos mismos lo saben.
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Consideramos que esto es justo, y les pedimos, señores jueces, que nos ayuden a nosotros, los perjudicados, y que castiguen a los que actúan con malicia y sofistican, como estos sofistican. Y si hacen esto, habrán votado lo que les conviene a ustedes mismos, y eliminarán todas las villanías de los hombres malvados, que algunos cometen sobre los contratos marítimos.