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Against Pantaenetus
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Dado que las leyes, señores jueces, permiten presentar una excepción( paragraphe) sobre aquellos asuntos en los que alguien, tras haber otorgado el perdón y haber llegado a un acuerdo, entabla una demanda, y habiendo ocurrido ambas cosas entre mí y este Pantaineto, presenté la excepción, como acaban de oír, de que la demanda no es admisible. No considero que deba renunciar a este derecho, ni que, una vez que demuestre ante todos los demás que este hombre me ha perdonado y que hemos llegado a un acuerdo, se le permita a él decir que no digo la verdad, ni utilizar como prueba el hecho de que, si algo así hubiera ocurrido, yo lo habría recusado. Más bien, he comparecido con esta excepción para demostrarles ambas cosas: que no le he causado ningún perjuicio y que me demanda contraviniendo la ley.
2
Si Pantaineto hubiera sufrido alguno de los daños que ahora alega, habría aparecido demandándome inmediatamente en aquellos tiempos en los que se formalizó nuestro contrato, cuando estas demandas eran de carácter mensual, ambos residíamos aquí y todos los hombres suelen indignarse más por los agravios recientes que por los que han dejado pasar el tiempo. Pero puesto que no ha sufrido ningún daño, como sé que ustedes dirán cuando escuchen lo sucedido, y puesto que, envalentonado por haber ganado el juicio contra Evérgo, se dedica a la sicofantía, lo que queda para ustedes, señores jueces, es demostrar que no he cometido ninguna injusticia y, tras presentar testigos de lo que digo, intentar salvarme.
3
Les pediré a todos ustedes algo moderado y justo: que me escuchen con benevolencia sobre los motivos de mi excepción y que presten atención a todo el asunto. Pues, habiendo habido muchos juicios en la ciudad, no creo que nadie haya visto jamás un proceso más descarado ni más propio de un sicofante que el que este hombre ha tenido la audacia de entablar. Desde el principio, y tan brevemente como me sea posible, les relataré todo lo sucedido.
4
Evérgo y yo, señores jueces, prestamos ciento cinco minas a este Pantaineto, garantizadas por un taller en las minas de Maronea y treinta esclavos. Del préstamo, cuarenta y cinco minas eran mías y un talento de Evérgo. Resultaba que él debía un talento a Mnesicles de Colito, y cuarenta y cinco minas a Fileas de Eleusis y a Pleístor.
5
Mnesicles se convierte para nosotros en el vendedor del taller y de los esclavos( pues él los había comprado a este hombre a Telémaco, quien los poseía anteriormente); y este hombre nos alquila el taller por el interés que se generaba por el dinero, ciento cinco dracmas cada mes. Establecimos un contrato en el que estaba escrito tanto el alquiler como la redención para él por nuestra parte en un plazo determinado.
6
Una vez hecho esto, en el mes de Elafebolión, bajo el arcontado de Teófilo, yo partí inmediatamente hacia el Ponto, mientras que él y Evérgo permanecieron aquí. No podría decir lo que ocurrió entre ellos mientras yo estaba fuera. Pues no dicen lo mismo, ni siquiera él dice siempre lo mismo, sino que a veces afirma que fue expulsado por aquel violentamente contraviniendo el contrato, otras veces que él mismo fue el causante de su propia inscripción ante el fisco, y otras veces lo que le plazca.
7
Aquel, en cambio, dice simplemente que, al no recibir los intereses ni cumplir este hombre con ninguna de las otras condiciones del contrato, fue y tomó lo que era suyo con el consentimiento de este; y que, después de que este se marchara, llegaron los que iban a disputar la propiedad, pero que él no se retiró ante ellos, y que no le impedía a este poseer lo que había alquilado, si cumplía con lo acordado.
8
Tales son las versiones que escucho. Pero sé esto: si él dice la verdad y ha sufrido daños terribles, como afirma, a manos de Evérgo, ya tiene la sentencia que él mismo estimó; pues compareció ante ustedes y lo condenó, y ciertamente no es justo que reciba una indemnización por los mismos hechos tanto del autor como de mí, que ni siquiera estaba en la ciudad. Y si Evérgo dice la verdad, parece que aquel ha actuado como un sicofante, y yo, aun así, no tendría por qué ser juzgado por los mismos hechos. Para demostrar que esto es verdad, les presentaré a los testigos. TESTIGOS.
9
Que el vendedor de los bienes era el mismo que los había comprado originalmente, que este alquiló nuestro taller y los esclavos según el contrato, y que yo no estuve presente en los hechos posteriores entre él y Evérgo ni estaba en la ciudad, y que él demandó a aquel y nunca nos reclamó nada a nosotros, lo escuchan de los testigos, señores jueces.
10
Cuando regresé, habiendo perdido casi todo lo que tenía al partir, y al escuchar y encontrar que este se había retirado y que Evérgo poseía y controlaba lo que habíamos comprado, me sentí increíblemente afligido al ver que el asunto se había vuelto absurdo; pues o bien tenía que compartir el trabajo y las gestiones con Evérgo, o bien tener a Evérgo como deudor en lugar de este, y volver a redactar un contrato de alquiler y hacer un nuevo acuerdo; y no deseaba ninguna de las dos cosas.
11
Disgustado por lo que digo, al ver a Mnesicles, quien había sido nuestro vendedor, me acerqué y le reproché, diciéndole qué clase de hombre me había recomendado, y preguntándole quiénes eran los que disputaban y qué significaba todo aquello. Él, al escuchar, se rió de los que disputaban y dijo que ellos querían reunirse con nosotros, que él mismo nos reuniría, que le aconsejaría a este hacer todo lo justo conmigo y que creía que lo convencería.
12
Cuando nos reunimos,¿ para qué decir la mayor parte? Llegaron los que decían haber prestado dinero a este sobre el taller y los esclavos que nosotros habíamos comprado a Mnesicles, y nada de esto era sencillo ni honesto. Al ser refutados en todo lo que decían falsamente, y al confirmarnos Mnesicles nuestra versión, nos lanzan una propuesta, pensando que no la aceptaríamos: o bien recuperar todo el dinero de ellos y marcharnos, o bien liberarlos de lo que reclamaban, alegando que poseían bienes de mucho más valor que el dinero que habíamos entregado.
13
Al escucharlo, acepté recuperar el dinero inmediatamente, sin siquiera deliberar, y convencí a Evérgo. Pero cuando debíamos recibir el dinero y el asunto había llegado a ese punto, los que habían hecho aquellas promesas dijeron después que no pagarían si nosotros no nos convertíamos en vendedores de los bienes para ellos, actuando con sensatez, señores atenienses, precisamente por esto: pues veían cómo éramos víctimas de la sicofantía de este hombre. Para demostrar que esto también es verdad, toma estas declaraciones. DECLARACIONES.
14
Cuando el asunto estaba en ese punto, y los que este había traído no entregaban el dinero, y nosotros parecíamos tener derecho a controlar lo que habíamos comprado, él suplicaba, pedía y rogaba que nos convirtiéramos en vendedores. Ante su insistencia y sus muchas súplicas,¿ qué no hice? También soporté esto.
15
Al verlo, señores atenienses, malintencionado, acusando desde el principio a Mnesicles ante nosotros, y luego habiéndose enfrentado a Evérgo, con quien era muy amigo, y al principio, cuando yo regresé, diciendo que se alegraba de verme, pero cuando debíamos hacer lo justo, volviéndose molesto conmigo, y siendo amigo de todos hasta obtener lo que necesitaba, y después convirtiéndose en enemigo y adversario,
16
decidí que, al retirarme y convertirme en vendedor en su nombre, debía resolver el asunto habiendo sido liberado de todas las reclamaciones. Al acordarse esto, él me liberó de todo, y yo me convertí en vendedor de los bienes, tal como él pedía, de la misma manera que yo mismo los había comprado a Mnesicles. Habiendo recuperado lo mío y no habiéndole causado a este ningún daño, por los dioses, ni aunque ocurriera cualquier cosa, habría pensado que este me demandaría alguna vez.
17
Estos son los hechos, señores jueces, sobre los que emitirán su voto y por los cuales presenté la excepción de que la demanda no es admisible por ser una sicofantía. Tras presentar a los testigos que estaban presentes cuando fui liberado por este y llegamos a un acuerdo, demostraré que la demanda no es admisible según las leyes. Léeme esta declaración. DECLARACIÓN. Léeme también la declaración de los compradores, para que sepan que, por orden suya, los vendí a quienes él indicó. DECLARACIÓN.
18
No solo tenemos estos testigos de que hemos sido liberados y de que ahora somos víctimas de una sicofantía, sino también el propio Pantaineto. Pues cuando, al demandar a Evérgo, me dejó a mí, en ese momento él mismo testificó ante mí que no le quedaba ninguna reclamación; pues ciertamente, existiendo los mismos agravios y reclamando a ambos por igual, no habría dejado a uno para demandar al otro. Y, sin embargo, que las leyes no permiten demandar de nuevo sobre asuntos resueltos de esta manera, creo que ustedes lo saben incluso sin que yo lo diga; no obstante, léeles también esta ley. LEY.
19
Escuchan, señores jueces, a la ley diciendo claramente que, sobre aquello que alguien ha perdonado y liberado, ya no debe haber demandas. Y que ambos actos han sido realizados por este hacia nosotros, lo han escuchado de las declaraciones. Por tanto, no corresponde demandar sobre todo lo que las leyes prohíben, y menos aún sobre esto. Pues sobre lo que el Estado ha vendido, uno podría decir que lo ha vendido injustamente sin que correspondiera;
20
y sobre lo que el tribunal ha decidido, se puede decir que lo hizo por haber sido engañado, y sobre los otros casos de la ley, uno podría razonablemente argumentar sobre cada uno. Pero sobre lo que él mismo aceptó y perdonó, no se puede decir, supongo, ni culparse a sí mismo de que no lo hizo justamente. Quienes demandan contraviniendo alguna de estas otras cosas no se atienen a los derechos definidos por otros, pero quien demanda de nuevo sobre lo que ha perdonado, no se atiene a los definidos por sí mismo. Por eso es más digno de indignación que nadie.
21
Por tanto, he demostrado que me liberó de todo cuando me convertí en vendedor de los esclavos; y que las leyes no permiten demandas sobre esto, lo han escuchado hace poco al leerse la ley. Pero para que nadie, señores atenienses, piense que recurro a esto por ser derrotado en los derechos sobre los hechos mismos, quiero demostrar que miente en cada uno de los puntos que alega.
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Léeme la acusación misma por la que me demanda. ACUSACIÓN. Nicóbulo me ha perjudicado al conspirar contra mí y contra mi patrimonio, al ordenar a Antígenes, su propio sirviente, que arrebatara el dinero de mi sirviente, el cual llevaba para el pago a la ciudad por la mina, que yo compré por noventa minas, y al ser causante de que se me inscribiera el doble ante el fisco.
23
Espera. Todo esto que ahora me ha imputado, ya lo había alegado antes contra Evérgo y ganó el juicio. Se ha testificado ya al principio de mi discurso ante ustedes que yo estaba fuera cuando ocurrían las disputas entre ellos; sin embargo, también es evidente por esta misma acusación. Pues en ninguna parte escribió que yo haya hecho algo de esto, sino que, tras añadir que conspiré contra él y su patrimonio, dice que ordené al muchacho hacer esto, mintiendo; pues,¿ cómo iba yo a ordenar algo, si cuando partí no sabía absolutamente nada de lo que iba a suceder aquí?
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Además,¿ qué necedad es decir que, al conspirar para deshonrarlo y hacerle lo peor, le ordené esto a un sirviente, cosas que ni un ciudadano podría hacer a otro?¿ Qué es esto, entonces? Supongo que, al no tener nada que atribuirme debido a mi ausencia, y queriendo practicar la sicofantía, escribió que yo lo ordené; pues no habría argumento si no hubiera hecho esto.
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Léeme lo siguiente. ACUSACIÓN. Y después de que fui condenado ante el fisco, al instalar a Antígenes, su propio sirviente, en mi taller que estaba en Trasilo, siendo yo el dueño de mis bienes, a pesar de mi prohibición. Espera. De nuevo, todo esto será refutado como falso por el hecho mismo. Pues ha escrito que yo lo instalé, pero que él mismo lo prohibió. Pero esto no es posible para quien no estaba presente. Pues yo no instalaba nada, estando en el Ponto, ni él prohibía nada a quien no estaba presente; pues,¿ cómo?
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Entonces,¿ cómo llegó a la necesidad de escribir esto así? Supongo que Evérgo, al cometer entonces los actos por los que fue condenado, siendo conocido y familiar mío, instaló al sirviente que había tomado de mi casa para vigilar como si fuera él mismo. Si hubiera escrito la verdad, habría sido motivo de risa; pues,¿ por qué te perjudico yo si lo instaló Evérgo? Al evitar esto, se ha visto obligado a escribir tales cosas para que la acusación recaiga sobre mí. Léeme lo siguiente. ACUSACIÓN. Y luego, al persuadir a mis sirvientes de sentarse en el almacén de cebada para mi perjuicio.
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Esto ya es completamente descarado; pues no solo es evidente que es falso por el hecho de que los desafié a entregarlos y él no quiso, sino por todo lo demás.¿ Por qué iba a persuadirlos? Para, por Zeus, poseerlos. Pero habiéndoseme dado la opción de tener o recuperar lo mío, elegí recuperarlo, y esto ha sido testificado. Léeme la propuesta, no obstante. PROPUESTA.
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Al no aceptar esta propuesta, sino al huir de ella, observen qué es lo que alega inmediatamente después. Léeme lo siguiente. ACUSACIÓN. Y al procesar el mineral de plata que mis sirvientes trabajaron, y al tener el dinero de este mineral de plata. De nuevo,¿ cómo es posible que yo haya hecho esto, estando ausente, y sobre asuntos por los que ya condenaste a Evérgo?
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Léeles lo siguiente. ACUSACIÓN. Y al vender mi taller y los sirvientes contraviniendo los contratos que estableció conmigo. Espera. Esto supera con creces todo lo demás. Primero, dice que contraviniendo los contratos que estableció conmigo.¿ Cuáles son estos? Alquilamos nuestro taller y los esclavos a este por los intereses que se generaban, y nada más; pues Mnesicles se había convertido en nuestro vendedor estando este presente y ordenándolo.
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Después de esto, de la misma manera, nosotros vendimos a otros, bajo las mismas condiciones en las que nosotros mismos compramos, no solo ordenándolo él todavía, sino incluso suplicándolo; pues nadie quería aceptarlo como vendedor. Entonces,¿ qué significan aquí los contratos de alquiler?¿ Por qué, el más vil de los hombres, escribiste esto? Y, sin embargo, que lo vendimos de nuevo por orden tuya y bajo las mismas condiciones en las que nosotros mismos habíamos comprado, léeme la declaración. DECLARACIÓN.
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Tú también testificas; pues lo que nosotros habíamos comprado por ciento cinco minas, eso lo vendiste tú después por tres talentos, dos mil seiscientas dracmas; y, sin embargo,¿ quién te habría dado una sola dracma teniéndote como vendedor definitivo? Pero que digo la verdad, llámame a los testigos de esto. TESTIGOS.
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Habiendo obtenido el precio que se le convenció de sus bienes, y habiéndome pedido que me convirtiera en vendedor según el dinero que aporté, él mismo demanda una indemnización de dos talentos. Y el resto de las acusaciones son aún más terribles. Léeme el resto de la acusación. ACUSACIÓN.
33
Aquí me imputa muchas cosas terribles a la vez; pues también hay demandas por lesiones, ultraje, violencia y delitos contra herederas. Para cada uno de estos hay juicios separados y no ante la misma magistratura ni por las mismas estimaciones, sino que la de lesiones y violencia es ante los Cuarenta, las de ultraje ante los Tesmotetes, y las que conciernen a herederas, ante el Arconte. Y las leyes permiten presentar excepciones también sobre estos, para los cuales no hay magistrados instructores. Léeles esta ley. LEY.
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Esto, habiéndolo yo presentado junto con la otra excepción, y no siendo los Tesmotetes los magistrados instructores de lo que demanda Pantaineto, ha sido borrado y no figura en la excepción. Cómo, obsérvenlo ustedes; pues para mí, mientras pueda mostrar la ley misma, no importa en absoluto; pues no podrán borrar su conocimiento y comprensión de lo justo.
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Toma también la ley minera; pues creo que también demostraré con ella que la demanda no es admisible y que soy más digno de gratitud que de ser víctima de una sicofantía. Léela. LEY. Esta ley ha definido claramente sobre qué asuntos corresponde que haya juicios mineros. Por tanto, la ley, si alguien expulsa a otro del trabajo, lo hace responsable; yo, en cambio, no solo no expulso, sino que, de los bienes de los que otro lo privaba, lo hice poseedor y se los entregué, y me convertí en vendedor a petición suya.
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Sí, dice; pero si alguien comete cualquier otro daño relacionado con las minas, también hay juicios para esto. Correcto, Pantaineto; pero,¿ qué es esto? Si alguien golpea, si alguien porta armas, si alguien corta dentro de los límites. Estas son las otras cosas, de las cuales ciertamente no he cometido ninguna contra ti, a menos que consideres que los que vienen a recuperar lo que te habían prestado vienen armados. Si consideras esto, tienes juicios mineros contra todos los que prestan sus bienes.
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Pero no es justo. Pues, vamos,¿ quien compre una mina a la ciudad, pasando por alto las leyes comunes, según las cuales corresponde a todos dar y recibir justicia, será juzgado en los juicios mineros si pide un préstamo a alguien?¿ Y qué si es difamado?¿ Si recibe golpes?¿ Si alega un robo?¿ Si no recibe un pago anticipado?¿ Si es cualquier otra cosa?
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Yo no lo creo, sino que los juicios mineros son para los que comparten una mina, para los que han perforado en las propiedades de los vecinos y, en general, para los que trabajan en las minas y hacen algo de lo que está en la ley; pero para el prestamista Pantaineto, y habiendo recuperado esto con dificultad y apenas de este hombre, no hay juicio minero contra el demandado, ni de lejos.
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Que no le he causado ningún daño y que la demanda no es admisible según las leyes, cualquiera que lo examine podría saberlo fácilmente. No teniendo, pues, nada justo que decir sobre lo que alega, sino habiendo escrito falsedades en la acusación y demandando sobre lo que perdonó, el mes pasado, señores atenienses, cuando estaba a punto de entrar en el juicio, ya habiéndose sorteado los tribunales, acercándose y rodeándose de los suyos, el taller de los confabulados, hace algo terrible:
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me lee una larga propuesta, exigiendo que el sirviente que dice que sabe esto sea sometido a tortura, y que, si esto es verdad, yo sea condenado a pagarle una indemnización no estimada, y si es falso, que el torturador Mnesicles sea el juez de la indemnización del muchacho. Habiendo tomado garantías de esto por mi parte, y habiendo yo sellado la propuesta, no porque fuera justo( pues,¿ dónde es justo,
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en el cuerpo y alma de un sirviente, pagar dos talentos o que el sicofante no sea castigado con nada?), sino porque yo, queriendo prevalecer con mucha justicia, accedí. Y después de esto me vuelve a demandar, tan pronto como retiró los depósitos( así de claro estaba que no se atenía ni a los derechos que él mismo había definido);
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y cuando llegamos ante el torturador, en lugar de abrir la propuesta, mostrar lo escrito y actuar según lo que pareciera( pues debido al alboroto de entonces y a que el juicio estaba por llamarse, era así: te propongo esto; acepto; trae el anillo; tómalo;¿ quién es el garante?; este; no hice ninguna copia ni nada parecido), en lugar de hacer esto como digo, vino con otra propuesta, exigiendo él mismo torturar al hombre, y agarrándolo lo arrastraba, y no dejó nada de insolencia.
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Y yo reflexioné, señores jueces, qué gran ventaja es tener la vida bien preparada. Pues yo pensaba que sufría esto por ser despreciado al vivir de forma sencilla y como soy por naturaleza, y que pagaba una gran pena al soportar esto. Pero que me veía obligado, contra lo que consideraba justo, a contraproponer, y entregaba al sirviente, y que digo la verdad, léeme la propuesta. PROPUESTA.
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Habiendo huido de esto, y habiendo huido de lo que él mismo propuso al principio, me pregunto qué dirá ante ustedes. Pero para que sepan por quién dice haber sufrido cosas terribles, observen. Este es el que expulsó a Pantaineto, este es el que es más fuerte que los amigos de Pantaineto y que las leyes. Pues yo no estaba en la ciudad, ni él mismo me acusa.
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Quiero decirles también cómo engañó a los jueces anteriores para condenar a Evérgo, para que sepan que ni ahora dejará de lado la desvergüenza ni la mentira. Además de esto, encontrarán que las defensas son las mismas sobre las que ahora me demanda; lo cual es la prueba más precisa de que aquel fue víctima de una sicofantía. Pues este acusó a aquel, ante todos los demás, de haber ido al campo a su casa para entrar en las herederas y en su madre, y vino al tribunal con las leyes sobre las herederas.
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Y ante el Arconte, a quien las leyes ordenan ocuparse de tales asuntos, y ante quien para el que ha cometido una injusticia hay peligro sobre qué debe sufrir o pagar, y para el que demanda hay ayuda sin ninguna penalización, no se ha examinado hasta el día de hoy, ni ha denunciado ni a mí ni a Evérgo como injustos, pero en el tribunal acusaba de esto y ganó un juicio de dos talentos.
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Pues era, supongo, fácil, según las leyes, habiendo conocido de antemano la acusación por la que se es juzgado, demostrar la verdad y lo justo y escapar, pero en un juicio minero, sobre asuntos de los que ni siquiera habría esperado ser acusado, es difícil disipar la calumnia inmediatamente; y la ira de los jueces engañados por este, sobre el asunto por el que tenían el voto, lo condenó.
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Y, sin embargo,¿ creen que quien engañó a aquellos jueces dudará en engañarlos a ustedes?¿ O que ha comparecido confiando en los hechos, y no en los discursos y en los testigos que están con él, en el impuro y abominable Procles, en este gran hombre, y en Stratocles, el más persuasivo de todos los hombres y el más malvado, y en el que no se detiene ante nada ni se avergüenza de llorar y lamentarse?
49
Y, sin embargo, estás tan lejos de ser digno de compasión que serías odiado con toda justicia por lo que has hecho; pues debiendo ciento cinco minas y no pudiendo pagar, buscas deshonrar a quienes te ayudaron y fueron causa de que hicieras lo justo con los que aportaron desde el principio, además de las injusticias que cometías en los contratos mismos. Y uno podría ver a otros que piden préstamos despojándose de sus bienes; pero a ti, quien te ha prestado le ha ocurrido esto, y habiendo prestado un talento, ha sido condenado por una sicofantía.
50
Yo, habiendo prestado cuarenta minas, sufro este juicio por dos talentos. Y sobre lo que nunca pudiste pedir prestado más de cien minas, pero has vendido por tres talentos y dos mil, parece que has sido perjudicado en cuatro talentos.¿ Por quién? Por mi sirviente, por Zeus.¿ Qué ciudadano cedería sus bienes a un sirviente?¿ O quién diría que, de los asuntos por los que este demandó y condenó a Evérgo, corresponde que mi muchacho también sea responsable?
51
Además de esto, él mismo se liberó de todas esas acusaciones. Pues no debía decirlo ahora, ni escribirlo en la propuesta en la que exigía torturar, sino que, habiendo demandado a aquel, debía perseguirme a mí, el dueño. Pero ahora me ha demandado a mí, y acusa a aquel. Y las leyes no permiten esto; pues,¿ quién ha demandado jamás al amo y ha acusado los asuntos del esclavo como si fuera el dueño?
52
Cuando alguien le pregunte:¿ y qué derecho tendrás para decir contra Nicóbulo? Los atenienses, dice, odian a los que prestan; y Nicóbulo es envidioso, camina rápido, habla fuerte y lleva un bastón; todo esto, dice, es contra mí. Y no se avergüenza de decir esto, ni cree que los que escuchan se dan cuenta de que este es el razonamiento de un sicofante, no de alguien perjudicado.
53
Yo no creo que nadie de los que prestan sea injusto, pero sí que algunos podrían ser odiados con justicia por ustedes, los que han hecho del asunto un oficio y no tienen compasión ni de nada más que de tener más. Pues, debido a que también he prestado a menudo, no solo a este, no desconozco a estos, ni los amo, pero, por Zeus, no defraudo ni practico la sicofantía.
54
Y quien ha trabajado como yo, navegando y arriesgándose, y habiendo conseguido poco, ha prestado esto, y queriendo ser generoso y no dejar que el dinero se le escape,¿ por qué alguien lo pondría entre aquellos? A menos que digas esto, que quien te presta dinero, corresponde que sea odiado públicamente. Léeme las declaraciones, qué clase de hombre soy con los que aportan y con los que necesitan. DECLARACIONES.
55
Tal soy yo, Pantaineto, el que camina rápido, y tal eres tú, el que camina tranquilo. Pero sobre mi forma de caminar o mi forma de hablar, les diré toda la verdad, señores jueces, con franqueza. Pues yo no me considero un orador, ni desconozco que no soy de los hombres bien dotados en esto, ni de los que son provechosos para sí mismos. Pues si en lo que hago sin obtener ningún beneficio, molesto a algunos,¿ cómo no voy a ser desafortunado en esta parte?
56
Pero,¿ qué debo sufrir? Si presto a alguien,¿ debo por eso pagar una multa? De ninguna manera. Pues ni este demostrará que hay maldad o perversidad en mí, ni, siendo tantos ustedes, nadie lo sabe. En lo demás, cada uno de nosotros, creo, es como le ha tocado ser. Y no es fácil luchar contra la naturaleza( pues no nos diferenciaríamos en nada), pero es fácil ver a otro y criticarlo.
57
Pero,¿ qué tiene que ver esto conmigo, Pantaineto?¿ Has sufrido muchas cosas terribles? Entonces ya has obtenido justicia.¿ No de mí? Pues no has sido perjudicado en nada por mí. Pues nunca habrías perdonado, ni, cuando elegiste demandar a Evérgo, me habrías dejado a mí, ni habrías pedido que se convirtiera en vendedor quien te ha hecho cosas terribles y muchas. Entonces,¿ cómo te he perjudicado yo, que no estaba presente ni en la ciudad?
58
Si, pues, alguien le concediera que ha sido perjudicado lo máximo posible y que dirá todo lo que es verdad sobre esto ahora, creo que todos ustedes estarían de acuerdo en que ha sucedido que algunos ya han sido perjudicados más que por los delitos relacionados con el dinero; pues también ocurren homicidios involuntarios, ultrajes a quien no se debe y muchas otras cosas así. Pero, sin embargo, el límite y la solución para todos estos casos para los que han sufrido es que, tras ser persuadidos, perdonen.
59
Y esto es tan válido en todo, que si alguien, tras haber ganado un juicio por homicidio involuntario y haber demostrado claramente que no es puro, después se compadece y perdona, ya no tiene autoridad para expulsar al mismo. Ni tampoco, si el que ha sufrido perdona al autor del homicidio antes de morir, está permitido a ninguno de los parientes restantes perseguirlo, sino que a quienes las leyes ordenan expulsar y desterrar si son condenados, y morir, a estos, si son perdonados una vez, esta palabra los libera de todos los males.
60
Entonces,¿ sobre la vida y los asuntos más importantes es válido y permanece el perdón, y sobre el dinero y las acusaciones menores será inválido? De ninguna manera. Pues no es lo más terrible si no obtengo justicia ante ustedes, sino si un asunto justo, definido desde siempre, lo van a anular ahora con nosotros.

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