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Against Spudias
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Tenemos esposas que son hermanas, señores jueces, tanto yo como este Spudias, hijas de Polieucto. Habiendo fallecido aquel sin hijos varones, me veo obligado a litigar contra este hombre por los bienes que dejó. Y si yo, señores jueces, no hubiera puesto todo mi empeño y diligencia deseando llegar a un acuerdo y someter el asunto a mis amigos, me culparía a mí mismo si hubiera preferido pleitos y complicaciones antes que soportar una pequeña pérdida.
2
Pero ahora, cuanto más suave y humanamente le hablaba yo a este, tanto más me despreciaba. Y ahora, en este litigio, mi situación no es en absoluto comparable a la suya frente a este hombre, pues él lo lleva con facilidad, acostumbrado como está a comparecer a menudo ante ustedes, mientras que yo temo precisamente esto: que por mi inexperiencia no sea capaz de explicarles los hechos. Sin embargo, señores jueces, presten atención.
3
Pues existió un tal Polieucto de Trias, a quien quizás algunos de ustedes no desconozcan. Este Polieucto, dado que no tenía hijos varones, adopta a Leócrates, el hermano de su propia esposa. Y teniendo él dos hijas de la hermana de Leócrates, me entrega a la mayor con cuarenta minas de dote, y la menor a Leócrates.
4
Estando así las cosas, al surgir una desavenencia entre Polieucto y Leócrates, sobre la cual no sé qué necesidad hay de hablar, Polieucto le retiró a su hija y se la entrega a este Spudias. Después de esto, Leócrates se indignó y entabló demandas contra Polieucto y contra este Spudias, y se vieron obligados a entrar en tratos sobre todo ello. Finalmente llegaron a un acuerdo, bajo la condición de que Leócrates, tras recuperar lo que había aportado al patrimonio, no guardara rencor a Polieucto y quedara libre de todas las reclamaciones mutuas.
5
¿ Por qué, pues, les he contado esto, señores jueces? Porque, al no haber recuperado la dote completa, sino habiendo quedado pendientes mil dracmas que se acordó recibir cuando Polieucto muriera, mientras Leócrates fue heredero de Polieucto, el contrato era con él; pero cuando Leócrates se hubo retirado y Polieucto estaba en mal estado, entonces, señores jueces, hipotequé esta casa por las diez minas, de la cual Spudias me impide cobrar los alquileres.
6
En primer lugar, pues, les presentaré testigos de los que estuvieron presentes cuando Polieucto me prometió a su hija con cuarenta minas de dote; después, que recibí mil menos; además, que Polieucto reconoció durante todo el tiempo que me las debía, y que me puso en contacto con Leócrates, y que al morir dispuso establecer una garantía de mil dracmas de mi dote sobre la casa. Llámame a los testigos. TESTIGOS.
7
Este es, pues, señores jueces, uno de los puntos por los que reclamo a Spudias. Y sobre esto,¿ qué mayor o más fuerte prueba podría haber presentado ante ustedes que la ley, que prohíbe expresamente que haya demandas sobre lo que uno ha hipotecado, ni para los interesados ni para sus herederos? Pero, aun así, Spudias viene a disputar este derecho.
8
Y otro punto, señores jueces: dos minas, que Aristógenes testificó que Polieucto, al morir, reclamaba que se le debían a él por parte de Spudias, además de los intereses( esto es el precio de un esclavo que, habiéndolo comprado este a Polieucto, no pagó el precio ni a aquel ni lo ha aportado ahora al patrimonio común), y mil ochocientas dracmas, sobre las cuales ni yo mismo sé qué podrá decir que sea justo.
9
Pues el dinero había sido prestado por la esposa de Polieucto, y hay documentos que ella dejó al morir, y testigos que son los hermanos de la mujer, presentes en todo y preguntando sobre cada detalle, para que no hubiera nada desagradable entre nosotros.¿ No es, pues, terrible y escandaloso, señores jueces, que yo, por todo lo que había comprado a Polieucto en vida o lo que tenía de su esposa, haya pagado tanto el capital como los intereses, y ahora deba aportar todo lo que debía al patrimonio común,
10
mientras que este no se preocupe ni de sus leyes, ni de lo que dispuso Polieucto, ni de los documentos dejados, ni de los que lo saben, sino que viene a litigar contra todo esto? Toma, pues, primero la ley que no permite que haya demanda sobre los bienes hipotecados contra quienes los poseen, luego los documentos dejados y el testimonio de Aristógenes. LEY. DOCUMENTOS. TESTIMONIO.
11
Deseo, pues, señores jueces, informarles también sobre los otros puntos que reclamo, uno por uno. Pues habiendo tomado una copa de la esposa de Polieucto y habiéndola dejado como prenda junto con objetos de oro, no la han devuelto tras haberla recuperado, como les testificará Demófilo, quien la dejó; y una tienda que poseen, tampoco la devuelven tras haberla tomado;¿ y cuántas otras cosas similares? Finalmente, habiendo aportado mi esposa una mina de plata para su padre en las Nemeseas y habiéndola gastado por adelantado, ni siquiera de esta considera justo aportar su parte, sino que se queda con unas cosas, recupera las partes de otras, y otras, tan claramente, no las devuelve. Para que, pues, tampoco esto quede omitido, toma para mí los testimonios de todo ello. TESTIMONIOS.
12
Quizás, pues, señores jueces, Spudias no contradiga nada de esto( pues ni siquiera tendrá cómo, a pesar de ser hábil); sino que culpará a Polieucto y a su esposa, y dirá que todos ellos, persuadidos por mí, le hicieron regalos, y que, por Zeus, sufre otros muchos y grandes perjuicios, y que me ha entablado una demanda; pues esto es lo que intentaba decir también ante el árbitro.
13
Yo, señores jueces, en primer lugar no considero que tal defensa sea justa, ni que sea apropiado que, cuando alguien es claramente refutado, cambie las acusaciones para reclamar y calumniar; sino que, si realmente es perjudicado por aquellos, es evidente que tomará justicia, pero de estos deberá rendir cuentas; pues,¿ cómo podría yo ahora litigar contra las calumnias de estos, dejando de lado aquello por lo que ustedes van a emitir su voto?
14
Además, me pregunto por qué razón, si tenía reclamaciones verdaderas y justas, cuando nuestros amigos deseaban reconciliarnos y hubo muchas conversaciones, no fue capaz de atenerse a lo que ellos decidieran. Y sin embargo,¿ quiénes podrían haber refutado mejor que los presentes, que conocían todo esto, que sabían lo ocurrido no menos que nosotros, y que eran amigos comunes de ambos, cuáles de las reclamaciones de este y mías no eran nada?
15
Pero es evidente que a este no le convenía obtener una reconciliación de este modo, siendo refutado claramente por ellos mismos; pues no crean, señores jueces, que quienes saben todo esto, que ahora se ponen en riesgo al testificar para mí, habrían jurado entonces otra cosa sobre ello. No obstante, incluso si no tuvieran nada de esto, tampoco es difícil saber sobre ello quiénes dicen la verdad.
16
Pues sobre la casa, si dice que Polieucto, persuadido por mí, ordenó establecer las garantías de las mil dracmas, no habré persuadido también a los testigos, Spudias, para que testifiquen falsamente para mí: los que estuvieron presentes cuando me prometió, los que sabían que recibí menos, los que oyeron cuando, al reconocer que me debía, me puso en contacto para que me pagara, los que finalmente estuvieron presentes en el testamento; pues a todos estos ya no les cabía hacer regalos, sino arriesgarse a una acusación de falso testimonio si no testificaran nada de lo ocurrido. Dejemos, pues, esto ya.
17
Pero sobre aquello,¿ qué podrías decir? Pues con precisión cómo vas a informar a estos; si no, todos ustedes se lo exigirán. Pues cuando Polieucto disponía esto, estaba presente la esposa de este, y es evidente que anunció el testamento de su padre, sobre todo si no tenía nada igual, sino que en todo salía perdiendo, y fue convocado este mismo, de modo que ni siquiera esto se puede decir, que lo hacíamos a escondidas y ocultándoselo a ellos; pues al ser convocado, dijo que él mismo estaba ocupado, y que bastaba con que estuviera presente su esposa.
18
¿ Qué queda aún? Habiéndole informado Aristógenes sobre todo esto con precisión, ni siquiera entonces parece haber hecho ninguna objeción, sino que, habiendo vivido Polieucto después de esto más de cinco días, ni se indignó al entrar ni contradijo nada, ni su esposa, presente desde el principio en todo esto. De modo que ya no era Polieucto quien, persuadido por mí, hacía regalos, al parecer, sino ustedes mismos. Esto, pues, señores jueces, recordándolo claramente, si acaso intenta ahora calumniar algo sobre ello, opónganlo. Primero, para que sepan con precisión que es de este modo, escuchen a los testigos. Habla. TESTIGOS.
19
Por tanto, señores jueces, que Polieucto hipotecó la casa a mi favor por las mil dracmas como algo justo y que se me debía, este mismo me lo testifica, junto con su esposa y los demás que han testificado, consintiendo entonces y no habiendo contradicho ni a Polieucto mientras vivió tantos días, ni a Aristógenes, en cuanto se enteraron. Pero ciertamente, si fue hipotecada justamente, recordando la ley, en este punto no pueden ustedes fallar en contra de Spudias.
20
Consideren también sobre las veinte minas que no devuelve; pues también aquí, de nuevo, este mismo será para mí el mayor testigo, no de palabra, por Zeus, como ahora litigando( pues esto no es ninguna prueba), sino con un hecho evidente.¿ Haciendo qué, señores jueces? Pues presten atención a esto, para que si acaso se atreve a blasfemar algo sobre la madre de las mujeres o sobre los documentos, no pueda engañarlos al hablar, sabiendo ustedes la verdad.
21
Pues estos documentos los dejó la esposa de Polieucto, tal como dije hace poco; y siendo reconocidos los sellos tanto por la esposa de este como por la mía, ambos presentes los abrimos y tomamos copias, y aquellos, volviéndolos a sellar, los depositamos ante Aristógenes.
22
Esto, pues, esto, señores jueces, apréndanlo por los dioses. Pues estaban las dos minas, el precio del esclavo, y no solo Polieucto al morir las había reclamado, sino que estaban las mil ochocientas dracmas. Habiendo leído esto, si no le correspondía nada ni eran verdaderas las cosas escritas,¿ por qué razón no se indignó inmediatamente sobre ellas?¿ Por qué volvió a sellar unos documentos que no tenían nada de sano ni de verdadero? Pues esto, supongo, nadie lo haría si no estuviera de acuerdo con todo lo escrito.
23
Pero ciertamente, señores jueces, esto es terrible, si frente a lo acordado por ellos mismos será posible ahora contradecir, y no será para ustedes ninguna señal el hecho de que todos los hombres, ante reclamaciones que no son ni verdaderas ni justas, no solemos callar, sino que solemos disputar al instante, y al no haber hecho esto, si después litigan, parecen ser malvados y sicofantes.
24
Esto, pues, Spudias, sabiéndolo no menos que yo, sino creo que incluso con más precisión, cuanto más a menudo comparece aquí, no se avergüenza de decir cosas contrarias a todo lo que él mismo ha hecho. Y sin embargo, a menudo ustedes, habiendo comprendido una sola artimaña, la han usado como prueba contra los demás acusados; pero a este le ha sucedido que todo es refutado por él mismo. Y toma para mí el testimonio de cómo se acordaron entonces los sellos de los documentos por parte de la esposa de este, y ahora yacen sellados por Spudias. TESTIMONIO.
25
Habiéndose demostrado esto tan claramente, considero que ya no es necesario decir más; pues cuando tengo leyes que presentar y testigos de todo lo dicho, y al propio adversario reconociéndolo,¿ qué necesidad hay de largos discursos? Sin embargo, si acaso se indigna por la dote y dice que es perjudicado por las mil dracmas, mentirá; pues no teniendo nada menos, disputa sobre ellas, sino más, como pronto les será evidente.
26
No obstante, si todo esto hubiera sucedido como es verdad, no es justo que yo no reciba la dote acordada, si es que las leyes sirven de algo, ni que Polieucto, si deseaba dar a una de sus hijas una dote menor y a otra mayor, sea impedido ahora; pues a ti mismo no te estaba permitido no recibir, Spudias, si no se añadían las mil como a mí. Pero no tenías nada menos, como voy a demostrar. Primero, sobre lo que le entregó a este, toma para mí el testimonio. TESTIMONIO.
27
¿ Cómo, pues, no tiene nada menos, dirá alguien, si a este en las cuarenta minas se le valoraban los objetos de oro y las vestiduras de las mil, y a mí las diez minas se me pagaban aparte? Esto es precisamente lo que voy a decir. Pues Spudias, señores jueces, recibió a la mujer teniendo los objetos de oro y las vestiduras de Leócrates, de los cuales Polieucto pagó a Leócrates más de mil; y yo, lo que me envió aparte de la dote, lo que tengo solamente, si alguien lo compara con lo dado a este, encontrará que es similar, aparte de lo hipotecado por las mil.
28
De modo que, razonablemente, se valoraban en las cuarenta minas estos objetos, que había pagado a Leócrates y eran más de los que se me dieron a mí. Y toma para mí primero este inventario y diles lo que cada uno de nosotros tiene, y después de esto el testimonio de los árbitros, para que vean que tiene bienes mucho mayores, y que sobre esto reclamaba Leócrates, y que conforme a esto decidieron los árbitros. Habla. INVENTARIO. TESTIMONIO.
29
¿ Acaso no es evidente que este tiene desde hace tiempo la dote de cuarenta minas, y yo las treinta como este, pero las mil no solo no las he recuperado después, sino que ahora me veo en riesgo por ellas como si las tuviera injustamente? Por esto, sin embargo, Spudias, señores jueces, no quiso someterse a los amigos para librarse de las reclamaciones contra mí, porque resultaba que todo esto era refutado; pues habiendo estado presentes en todo esto y sabiéndolo claramente, no le permitían decir lo que se le ocurriera; pero ante ustedes cree que, mintiendo, prevalecerá sobre mí que digo la verdad.
30
Y sin embargo, sobre lo que reclamo, les he demostrado todo claramente, como fui capaz. Pero a los que lo sabían, este los evitaba, no creyendo que pudiera engañarlos. No permitan, pues, señores jueces, que él mienta y calumnie, recordando lo dicho; pues saben cómo ocurrió todo, a menos que haya omitido algo por verme obligado a hablar con poca agua.

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