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Apollodorus Against Nicostratus
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Que no hice la denuncia por afán de litigante, sino porque fui agraviado y ultrajado por estos individuos y consideré necesario tomar represalias, que sea para ustedes, señores jueces, la mayor prueba tanto la magnitud de la denuncia como el hecho de que yo mismo la presenté. Pues, ciertamente, si hubiera querido litigar, no habría denunciado esclavos por valor de cinco minas, tal como el propio reclamante los ha valorado, arriesgándome a una multa de mil dracmas y a que nadie volviera a presentar una denuncia en mi nombre.
2
Tampoco carecía de recursos ni de amigos como para no encontrar a alguien que presentara la denuncia; pero, considerando que de todas las cosas humanas lo más terrible es ser uno mismo agraviado y, sin embargo, poner el nombre de otro en lugar del mío, y que esto sería una prueba para ellos cuando yo alegara mi enemistad con ustedes, como si mintiera( pues nunca habría denunciado a otro si yo mismo hubiera sido el agraviado), por estas razones la presenté yo mismo. Y si, tras haber presentado la denuncia, demuestro que los esclavos pertenecen a Arethusio, tal como estaba escrito que eran, cedo a la ciudad las tres cuartas partes que, según las leyes, corresponden al particular que ha denunciado, y para mí es suficiente con haber obtenido satisfacción.
3
Si hubiera tenido tiempo suficiente para exponerles desde el principio cuántos beneficios han recibido de mí y qué clase de acciones han cometido contra mí, sé bien que ustedes me habrían perdonado aún más por estar irritado con ellos y los habrían considerado los hombres más impíos; pero ahora, ni siquiera el doble de tiempo me bastaría. Por tanto, les expondré los agravios más graves y evidentes, y el origen de esta denuncia, y dejaré de lado los muchos otros.
4
Este Nicóstrato, señores jueces, siendo mi vecino en el campo y de mi misma edad, me era conocido desde hace tiempo; pero cuando murió mi padre y yo me instalé en el campo, donde vivo todavía, empezamos a tratarnos más estrechamente por ser vecinos y contemporáneos. Con el paso del tiempo, nuestra relación se volvió muy íntima, y yo estaba tan unido a él que nunca me pidió nada que no obtuviera, y él, a su vez, me era útil para supervisar y administrar mis asuntos, y cuando yo me ausentaba, ya fuera por servicio público como trierarca o por algún asunto privado, lo dejaba a él al frente de todo lo que tenía en el campo.
5
Me sobrevino entonces una trierarquía en el Peloponeso, y desde allí debía llevar a Sicilia a los embajadores que el pueblo había elegido. Mi partida, pues, se produjo con rapidez. Le envié instrucciones de que yo ya había zarpado y no podía regresar a casa para no retrasar a los embajadores; y le encargué a él que se ocupara de los asuntos domésticos y los administrara, tal como había hecho en el tiempo anterior.
6
Durante mi ausencia, se le escaparon tres esclavos de la finca, dos de los cuales yo le había dado y uno que él mismo había adquirido. Al perseguirlos, fue capturado por un trirreme, conducido a Egina y allí vendido. Cuando regresé de mi trierarquía, se me acercó Deinón, su hermano, contándome la desgracia de aquel, y que él mismo, por falta de medios, no había podido viajar hasta él a pesar de que este le enviaba cartas, y al mismo tiempo me decía que se enteraba de que se encontraba en una situación terrible.
7
Al oír esto y compadeciéndome de su desgracia, envié inmediatamente a su hermano Deinón con trescientas dracmas para sus gastos de viaje. Cuando este llegó y vino a verme, primero me saludó y me elogió por haber proporcionado los gastos a su hermano, lamentó su propia desgracia y, al mismo tiempo que acusaba a sus propios parientes, me pidió que le ayudara, tal como yo había sido un amigo leal para él en el pasado; y llorando, decía que había sido liberado por veintiséis minas y me pedía que aportara algo para su rescate.
8
Al oír esto y compadeciéndome de él, y viendo además que estaba en mal estado y me mostraba las llagas en las piernas causadas por las cadenas, de las cuales aún conserva las cicatrices— y si ustedes le ordenan que las muestre, no se negará—, le respondí que, al igual que en el pasado había sido un amigo leal, también ahora le ayudaría en su desgracia, y que le perdonaba las trescientas dracmas que había dado a su hermano cuando fue a buscarlo, y que aportaría mil dracmas como contribución para su rescate.
9
Y esto no lo prometí solo de palabra, sino que lo cumplí con hechos; pues, como no disponía de dinero en efectivo debido a mis diferencias con Formión y a que él me privaba del patrimonio que mi padre me dejó, llevé a Teocles, que entonces era banquero, unas copas y una corona de oro que resultaron ser parte de mi herencia paterna, y le ordené que le diera a este mil dracmas, y le entregué ese dinero como regalo, y reconozco haberlo dado.
10
Pocos días después, acercándose a mí llorando, me dijo que los extranjeros que le habían prestado el dinero para el rescate le exigían el resto, y que en los contratos se estipulaba que debía devolverlo en treinta días o pagar el doble, y que nadie quería comprar ni aceptar como garantía la finca que tengo de vecino; pues el hermano, Arethusio, a quien pertenecen los esclavos que ahora han sido denunciados, no permitía a nadie comprarla ni aceptarla como garantía, alegando que se le debía dinero.
11
« Tú, pues», me dijo,« proporcióname el dinero que falta antes de que pasen los treinta días, para que no se pierdan las mil dracmas que ya he pagado y yo mismo no sea llevado como esclavo». Y añadió:« Una vez que haya reunido la contribución y me haya librado de los extranjeros, te devolveré lo que me prestes. Sabes bien», dijo,« que las leyes ordenan que el rescatado pertenezca a quien lo rescató de los enemigos si no devuelve el rescate».
12
Al oír esto y creyendo que no mentía, le respondí como lo haría un hombre joven y que lo trataba con familiaridad, sin pensar que fuera a ser agraviado:« Nicóstrato, también en el tiempo anterior fui un amigo leal para ti, y ahora, en tus desgracias, te he ayudado en la medida de mis posibilidades. Puesto que en este momento no puedes conseguir todo el dinero, yo no tengo dinero en efectivo, ni siquiera yo mismo, pero te presto cualquiera de mis propiedades para que, poniéndola como garantía del dinero restante que te falta, puedas usar el dinero durante un año sin intereses y pagar a los extranjeros. Y cuando hayas reunido la contribución, como tú mismo dices, me pagarás».
13
Al oír esto y agradecérmelo, me pidió que lo hiciera lo antes posible, antes de que expiraran los días en los que decía que debía depositar el rescate. Puse, pues, la casa como garantía por dieciséis minas ante Arquesante de Pambótada, a quien él mismo me presentó, quien prestó el dinero al ocho por ciento mensual. Tras recibir el dinero, lejos de agradecerme el beneficio recibido, empezó inmediatamente a conspirar contra mí para quedarse con el dinero y enemistarse conmigo, aprovechando que yo, siendo joven e inexperto en los asuntos, no sabía qué hacer, para que no le reclamara el dinero por el que se había hipotecado la casa, sino que se lo perdonara.
14
Primero, pues, conspira contra mí con mis adversarios y les da su palabra; después, estando yo en litigios con ellos, divulga mis argumentos que conocía, y registra ante el tesoro público una multa de seiscientas diez dracmas por una comparecencia no notificada, habiendo interpuesto la demanda a través de Licides el molinero. Como testigos de citación contra mí, inscribe a su propio hermano, este Arethusio, a quien pertenecen estos esclavos, y a otro más; y se preparaban, si yo me disponía a llevar a juicio a los parientes que me habían agraviado, a denunciarme como deudor al tesoro público y encarcelarme.
15
Además de esto, Arethusio, tras haber obtenido una sentencia contra mí por seiscientas diez dracmas sin haberme citado y habiendo inscrito testigos falsos, entró en mi casa por la fuerza y se llevó todos los enseres, valorados en más de veinte minas, y no dejó absolutamente nada. Cuando consideré que debía tomar represalias, y tras haber pagado la deuda al tesoro público al enterarme de la conspiración, me dirigí contra el testigo de citación que admitía haber realizado la citación, Arethusio, por falsa citación según la ley; y al ir a la finca por la noche, cortó todos los árboles frutales nobles que había plantado y las parras, y destrozó los plantones de olivos que rodeaban la propiedad, de una manera tan terrible que ni siquiera los enemigos lo habrían hecho.
16
Además de esto, durante el día enviaron a un niño ciudadano, aprovechando que éramos vecinos y que la finca era colindante, y le ordenaron arrancar el rosal que estaba brotando, para que, si yo lo sorprendía y lo ataba o lo golpeaba por ser esclavo, me presentaran una querella por ultraje. Como fracasaron en esto, y yo presentaba testigos de lo que sufría mientras yo mismo no cometía ninguna falta contra ellos, entonces es cuando traman contra mí la mayor conspiración.
17
Pues, habiendo yo ya instruido contra él la querella por falsa citación y estando a punto de entrar en el tribunal, me esperó cuando subía del Pireo tarde, cerca de las canteras, me golpeó con el puño, me agarró por el medio y me empujó hacia las canteras, si no fuera porque algunas personas que pasaban, al oír mis gritos, acudieron y me ayudaron. Pocos días después, al entrar en el tribunal para el día señalado, tras haber demostrado que había testificado falsamente y que había cometido los otros agravios que he mencionado, lo condené.
18
Y en la tasación de la pena, queriendo los jueces imponerle la muerte, les rogué que no hicieran nada semejante por mi causa, sino que acepté la misma cantidad que ellos mismos habían propuesto, un talento, no para que Arethusio no muriera( pues se había hecho merecedor de la muerte por lo que me hizo), sino para que yo, siendo hijo de Pasión y ciudadano por decreto, no hubiera matado a ningún ateniense. Y para demostrarles que he dicho la verdad, les presentaré a los testigos de todo esto. TESTIGOS.
19
He expuesto, pues, señores jueces, los agravios por los que presenté la denuncia; y demostraré que estos esclavos pertenecen a Arethusio y que los denuncié cuando estaban en su patrimonio. Pues a Cerdón lo crió desde que era un niño pequeño; y para demostrar que era de Arethusio, les presentaré a los testigos que lo saben. TESTIGOS.
20
Por tanto, les presentaré a los testigos que saben que, en los lugares donde trabajó, Arethusio cobraba los salarios en su nombre, y que él entablaba y recibía demandas cuando cometía algún daño, como si fuera su dueño. TESTIGOS. Y a Manes, tras prestar dinero a Arquépolis el del Pireo, cuando este no pudo devolverle ni los intereses ni el capital completo, se lo entregó como pago. Y para demostrar que digo la verdad, les presentaré a los testigos. TESTIGOS.
21
Además, sabrán también por lo siguiente, señores jueces, que estos hombres son de Arethusio. Pues cuando estos hombres compraban fruta, contrataban la siega o realizaban cualquier otro trabajo agrícola, era Arethusio quien compraba y contrataba en su nombre. Y para demostrar que digo la verdad, les presentaré a los testigos. TESTIGOS.
22
He expuesto, pues, todas las pruebas que podía presentarles de que los esclavos pertenecen a Arethusio. Pero quiero hablar también sobre la provocación que ellos me hicieron y yo a ellos. Pues ellos me provocaron cuando tuvo lugar la primera instrucción, diciendo que estaban dispuestos a entregarme los esclavos para que yo mismo los torturara, queriendo que esto les sirviera de testimonio.
23
Yo les respondí ante testigos que estaba dispuesto a ir al Consejo con ellos y recibirlos junto con este o con los Once, diciendo que, si estuviera litigando un caso privado contra ellos, los habría recibido si me los entregaban, pero que ahora los esclavos y la denuncia pertenecían a la ciudad; por tanto, debían ser torturados públicamente.
24
Pues consideraba que no me correspondía a mí, siendo un particular, torturar a los esclavos públicos; pues ni yo era el responsable de la tortura, ni consideraba correcto que yo juzgara lo que dijeran los hombres, y pensaba que la magistratura o los elegidos por el Consejo debían redactar el acta y, tras sellar las declaraciones de la tortura, presentar ante el tribunal lo que los hombres hubieran dicho, para que ustedes, al oírlo, decidieran lo que les pareciera.
25
Pues si los hombres eran torturados privadamente por mí, todo habría sido contradicho por ellos, pero si era públicamente, nosotros habríamos guardado silencio y los magistrados o los elegidos por el Consejo habrían torturado hasta que les hubiera parecido suficiente. Como yo quería esto, dijeron que no entregarían a la autoridad, ni querían acompañarme al Consejo. Para demostrar que digo la verdad, llámame a los testigos de esto. TESTIGOS.
26
Por muchas razones me parecen desvergonzados al disputar lo que es de ustedes, pero no menos se los demostraré a ustedes mismos a partir de sus propias leyes. Pues ellos, cuando los jueces quisieron imponer la pena de muerte a Arethusio, rogaron a los jueces que impusieran una multa en dinero y que yo aceptara, y ellos mismos se comprometieron a pagar conjuntamente.
27
Tan lejos están de pagar según lo que garantizaron, que incluso disputan lo que es de ustedes. Y sin embargo, las leyes ordenan que el patrimonio sea público si alguien, habiendo garantizado algo de la ciudad, no paga la garantía; de modo que, incluso si los esclavos fueran de ellos, correspondería que fueran públicos, si es que las leyes sirven de algo.
28
Y antes de deber dinero al tesoro público, se admitía que Arethusio era el más rico de los hermanos; pero cuando las leyes ordenan que lo suyo sea de ustedes, entonces Arethusio aparece como pobre, y su madre disputa una parte, y sus hermanos otra. Deberían, si quisieran actuar justamente ante ustedes, haber mostrado todo el patrimonio de aquel y, si alguien denunciaba algo de ellos mismos, disputarlo.
29
Si consideran, pues, que nunca faltarán quienes disputen con ustedes sobre lo que es suyo( pues, ya sea presentando huérfanos o herederas, pretenderán ser compadecidos por ustedes, o hablando de vejez, pobreza y sustento para su madre, y lamentándose mediante lo que más esperan engañarlos, intentarán privar a la ciudad de la deuda), si, pues, pasando por alto todo esto, votan en contra, decidirán correctamente.

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