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Original / primary: Spanish Gemini
1
Si se propusiera hablar sobre algún asunto nuevo, atenienses, habría esperado hasta que la mayoría de los que suelen intervenir hubieran expresado su opinión; si algo de lo que ellos hubieran dicho me hubiera parecido bien, habría guardado silencio, y si no, entonces habría intentado yo mismo exponer lo que pienso. Pero dado que sucede que ahora estamos deliberando sobre cuestiones de las que ellos han hablado muchas veces anteriormente, considero que, incluso levantándome el primero, es natural que obtenga vuestra indulgencia. Pues si ellos hubieran aconsejado lo necesario en el tiempo pasado, no habría necesidad de que deliberarais ahora.
2
En primer lugar, pues, no hay que desanimarse por la situación actual, atenienses, ni siquiera si parece que va muy mal. Pues lo que es peor de ella respecto al tiempo pasado, eso mismo es lo mejor para el futuro.¿ Qué es, pues, esto? Que el hecho de que vuestros asuntos vayan mal no se debe a que vosotros hayáis hecho lo que debíais; pues, ciertamente, si las cosas estuvieran así habiendo hecho todo lo que correspondía, ni siquiera habría esperanza de que mejoraran.
3
Después, hay que reflexionar, tanto al escuchar a otros como al recordar los que lo saben, qué gran poder tuvieron antaño los lacedemonios, hace no mucho tiempo, y cómo vosotros no hicisteis nada indigno de la ciudad, sino que, de manera hermosa y apropiada, resististeis la guerra contra ellos en defensa de lo justo.¿ Con qué fin, pues, digo esto? Para que veáis y observéis, atenienses, que no hay nada temible si estáis alerta, pero que, si sois negligentes, nada saldrá como desearíais, tomando como ejemplo el vigor de los lacedemonios de entonces, al que vencisteis por prestar atención a los asuntos, y la insolencia actual de este hombre, por la cual estamos perturbados debido a que no nos preocupamos de lo que deberíamos.
4
Y si alguno de vosotros, atenienses, piensa que Filipo es difícil de combatir al observar la magnitud del poder que tiene y que la ciudad ha perdido todas sus plazas, piensa correctamente; sin embargo, que considere esto: que nosotros tuvimos antaño, atenienses, Pidna, Potidea, Metone y todo este territorio circundante como propio, y muchas de las naciones que ahora están con él eran autónomas y libres, y preferían estar bien con nosotros que con él.
5
Si, pues, Filipo hubiera tenido entonces la opinión de que es difícil hacer la guerra a los atenienses que poseen tantas fortalezas en su propio territorio estando él desprovisto de aliados, no habría hecho nada de lo que ahora ha hecho ni habría adquirido tanto poder. Pero él vio bien esto, atenienses: que todos estos lugares son premios de guerra que yacen en medio, y que, por naturaleza, los bienes de los ausentes pertenecen a los presentes, y los de los negligentes a quienes están dispuestos a esforzarse y arriesgarse.
6
Y, en efecto, usando esta opinión, lo ha conquistado todo y lo posee, unas cosas como quien las toma por la guerra, otras habiéndolas hecho aliadas y amigas; pues todos están dispuestos a aliarse y prestar atención a aquellos a quienes ven preparados y dispuestos a hacer lo que es necesario.
7
Si, pues, atenienses, también vosotros estáis dispuestos a adoptar tal opinión ahora, ya que no lo hicisteis antes, y cada uno de vosotros, donde sea necesario y pueda ser útil a la ciudad, dejando de lado toda simulación, está dispuesto a actuar, el que tiene dinero a contribuir, y el que está en edad a hacer el servicio militar— en resumen, si queréis ser dueños de vosotros mismos y dejáis de esperar cada uno que él no hará nada, sino que el vecino hará todo por él—, recuperaréis lo que es vuestro, si Dios quiere, y recobraréis lo que se ha descuidado, y os vengaréis de él.
8
Pues no creáis que los asuntos actuales de aquel están fijados como si fueran inmortales, como si fuera un dios; sino que también hay quien le odia, le teme y le envidia, atenienses, incluso entre los que ahora parecen estar muy unidos a él; y todo lo que hay en otros hombres, hay que pensar que también está en los que están con él. Sin embargo, todo esto está ahora abatido, sin tener salida debido a vuestra lentitud y negligencia, las cuales digo que hay que abandonar ya.
9
Pues veis, atenienses, el asunto, a qué grado de insolencia ha llegado el hombre, que ni siquiera os da opción de actuar o guardar silencio, sino que amenaza y dice palabras arrogantes, según dicen, y no es capaz de quedarse con lo que ha conquistado, sino que siempre añade algo más y nos rodea por todas partes mientras nosotros dudamos y estamos sentados.
10
¿ Cuándo, pues, atenienses, cuándo haréis lo que es necesario?¿ Cuándo suceda qué?¿ Cuándo, por Zeus, haya alguna necesidad? Pero ahora,¿ qué hay que considerar lo que está sucediendo? Pues yo creo que para los hombres libres la mayor necesidad es la vergüenza por los asuntos.¿ O queréis, decidme, ir por ahí preguntando: hay alguna novedad? Pues,¿ podría haber alguna novedad mayor que un hombre de Macedonia derrotando a los atenienses y administrando los asuntos de los griegos?¿ Ha muerto Filipo? No, por Zeus, pero está enfermo.
11
¿ Y qué os importa? Pues incluso si le pasara algo, pronto haríais otro Filipo, si prestáis atención a los asuntos de esta manera; pues ni siquiera este ha crecido tanto por su propio vigor como por nuestra negligencia.
12
Y además esto: si le pasara algo y la fortuna, que siempre cuida de nosotros mejor que nosotros mismos, hiciera esto, sabed que, estando cerca, al presentarse todos los asuntos perturbados, podríais administrarlos como quisierais, pero tal como estáis ahora, ni siquiera si las circunstancias os permitieran recibir Anfípolis podríais hacerlo, estando desconectados tanto en los preparativos como en las opiniones.
13
Que, por tanto, hay que estar dispuestos a hacer lo que corresponde, como si ya lo hubierais decidido y estuvierais convencidos, dejo de decirlo; pero el modo del preparativo que creo que os libraría de tales asuntos, y la cantidad, y qué recursos de dinero, y lo demás como me parece que debe prepararse de la mejor y más rápida manera, eso mismo intentaré decir, habiéndoos pedido esto, atenienses, solamente.
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Cuando hayáis escuchado todo, juzgad, no os adelantéis; y si desde el principio a alguien le parece que hablo de un preparativo nuevo, que no piense que estoy retrasando los asuntos. Pues no son los que hablan rápido y hoy los que hablan más oportunamente( pues no podríamos evitar con el auxilio actual lo que ya ha sucedido),
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sino el que muestre qué preparativo, cuánto y de dónde podrá mantenerse hasta que o bien resolvamos la guerra convencidos o bien superemos a los enemigos; pues así ya no sufriríamos males en el futuro. Creo, pues, que puedo decir esto, sin impedir si algún otro propone algo. La promesa, pues, es así de grande, pero el asunto dará pronto la prueba; y vosotros seréis los jueces.
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En primer lugar, pues, atenienses, digo que hay que preparar cincuenta trirremes, y luego tener vosotros mismos las opiniones de tal manera que, si hay alguna necesidad, hay que navegar habiendo embarcado en ellos. Además de esto, ordeno preparar trirremes de transporte de caballos para la mitad de la caballería y barcos suficientes.
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Esto creo que debe existir para estas expediciones repentinas desde su propio territorio hacia Pilas, el Quersoneso, Olinto y donde quiera; pues hay que hacerle entender esto en su opinión, que vosotros, desde esta negligencia excesiva, tal como dicen que hicisteis antes hacia Eubea, y alguna vez hacia Haliarto, y últimamente hace poco hacia Pilas, quizás os pondríais en marcha—
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ciertamente no es del todo despreciable, ni siquiera si no hicierais esto, como yo digo que hay que hacer— para que, o bien por el miedo, sabiendo que estáis preparados( pues lo sabrá con exactitud; pues hay, hay quienes le anuncian todo desde nosotros mismos más de lo debido), guarde silencio, o bien, habiendo pasado por alto esto, sea sorprendido sin vigilancia, no habiendo nada que os impida navegar hacia su territorio, si os da la ocasión.
19
Esto es lo que digo que todos deben haber decidido y creo que conviene haber preparado; pero antes de esto, atenienses, digo que debéis disponer una fuerza que combata continuamente y le haga daño. No me habléis de diez mil o veinte mil mercenarios, ni de estas fuerzas de papel, sino de una que sea de la ciudad, y si elegís a uno o a varios o a tal o cual como general, a este obedecerá y seguirá.
20
Y ordeno proporcionar sustento para esta.¿ Cuál será esta fuerza, cuánta, de dónde tendrá el sustento y cómo estará dispuesta a hacer esto? Lo diré, exponiendo cada una de estas cosas por separado. Hablo de mercenarios— y aseguraos de no hacer lo que a menudo os ha perjudicado: considerando todo menor de lo debido, y eligiendo lo más grande en los decretos, a la hora de actuar no hacéis ni lo pequeño; sino que, habiendo hecho y proporcionado lo pequeño, añadid a esto si parece menor.
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Digo, pues, que el total de soldados sea de dos mil, y de estos digo que quinientos deben ser atenienses, de la edad que os parezca bien, sirviendo por un tiempo determinado, no largo, sino el que parezca bien, por relevos unos a otros; y ordeno que los demás sean mercenarios. Y con estos, doscientos jinetes, y de estos al menos cincuenta atenienses, sirviendo de la misma manera que los infantes; y barcos de transporte de caballos para ellos.
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Bien;¿ qué más además de esto? Diez trirremes rápidas; pues es necesario, teniendo él una flota, que nosotros también tengamos trirremes rápidas, para que la fuerza navegue con seguridad.¿ De dónde, pues, vendrá el sustento para ellos? También diré esto y lo mostraré, cuando, por qué creo que tal fuerza es suficiente y ordeno que los que sirven sean ciudadanos, lo explique.
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Tal cantidad, pues, atenienses, por estas razones, porque no podemos ahora proporcionarnos una fuerza que se despliegue contra él, sino que es necesario saquear y usar este modo de guerra al principio; no debe ser, pues, excesiva( pues no hay paga ni sustento), ni del todo insignificante.
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Y ordeno que los ciudadanos estén presentes y naveguen juntos por esto, porque escucho que también antes la ciudad mantenía una fuerza mercenaria en Corinto, que dirigían Polístrato, Ifícrates, Cabrias y algunos otros, y que vosotros mismos servíais con ellos; y sé, al escuchar, que los lacedemonios, al desplegarse con vosotros, eran vencidos por estos mercenarios y por vosotros con ellos. Pero desde que las fuerzas mercenarias sirven por sí solas para vosotros, vencen a los amigos y aliados, y los enemigos se han vuelto mayores de lo debido. Y, habiendo echado un vistazo a la guerra de la ciudad, se van navegando hacia Artabazo y a todas partes más, y el general los sigue, naturalmente; pues no es posible mandar sin dar paga.
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¿ Qué ordeno, pues? Eliminar las excusas tanto del general como de los soldados, habiendo proporcionado paga y habiendo puesto soldados ciudadanos como supervisores de lo que se hace; pues ahora es de risa cómo tratamos los asuntos. Pues si alguien os preguntara:¿ estáis en paz, atenienses? No, por Zeus, diríais, sino que estamos en guerra con Filipo.
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¿ Y no elegisteis de entre vosotros diez taxiarcos, generales, filarcas e hiparcas dos?¿ Qué hacen, pues, estos? Excepto un hombre, al que enviáis a la guerra, los demás envían las procesiones con los hieropeos; pues, como los que modelan figuras de barro, elegís en el ágora a los taxiarcos y a los filarcas, no para la guerra.
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¿ Pues no era necesario, atenienses, que los taxiarcos fueran de vosotros, el hiparca de vosotros, que hubiera jefes propios, para que la fuerza fuera verdaderamente de la ciudad? Pero el hiparca que es de vosotros debe navegar a Lemnos, mientras que Menelao debe ser hiparca de los que luchan por las posesiones de la ciudad. Y no digo esto censurando al hombre, sino que este debería haber sido elegido por vosotros, quienquiera que sea.
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Quizás pensáis que esto se dice correctamente, pero deseáis escuchar sobre todo lo del dinero, cuánto será y de dónde. Esto es lo que termino. Dinero, pues: el sustento, solo la ración de grano, para esta fuerza es de noventa talentos y un poco más, cuarenta talentos para diez naves rápidas, veinte minas por mes para cada nave, y otros tantos para los dos mil soldados, para que el soldado reciba diez dracmas al mes como ración de grano, y para los doscientos jinetes, si cada uno recibe treinta dracmas al mes, doce talentos.
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Y si alguien piensa que es una pequeña cantidad que haya ración de grano para los que sirven, no ha juzgado correctamente; pues yo sé claramente que, si esto sucede, el propio ejército proporcionará lo demás de la guerra, sin perjudicar a ninguno de los griegos ni de los aliados, de modo que tenga una paga completa. Yo, navegando voluntariamente, estoy dispuesto a sufrir lo que sea, si esto no es así.¿ De dónde, pues, el recurso del dinero que ordeno que se obtenga de vosotros? Esto diré ahora.
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DEMOSTRACIÓN DE RECURSOS. Esto es lo que nosotros, atenienses, hemos podido encontrar; cuando votéis las opiniones, si os parece bien, votad, para que no solo en los decretos y las cartas estéis en guerra con Filipo, sino también en los hechos.
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Me parece que deliberaríais mucho mejor sobre la guerra y todo el preparativo si considerarais, atenienses, el lugar del territorio contra el que hacéis la guerra, y calculárais que Filipo realiza la mayoría de las cosas adelantándose a los vientos y a las estaciones del año, y espera a los etesios o al invierno para atacar, cuando nosotros no podríamos llegar allí.
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Hay que, pues, considerando esto, no hacer la guerra con auxilios( pues llegaríamos tarde a todo), sino con preparativo continuo y fuerza. Y tenéis para usar como cuartel de invierno para la fuerza a Lemnos, Tasos, Esciro y las islas en este lugar, en las cuales hay puertos, grano y todo lo que es necesario para un ejército; pero la estación del año, cuando es fácil estar cerca de tierra y los vientos son seguros, será fácil estar cerca del territorio mismo y de las bocas de los mercados.
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Lo que usará y cuándo la fuerza, el que sea nombrado por vosotros como responsable de esto deliberará según la ocasión; pero lo que debe existir de vosotros, esto es lo que he escrito. Si proporcionáis esto, atenienses, primero el dinero que digo, luego también habiendo preparado lo demás, los soldados, los trirremes, los jinetes, si encerráis por ley toda la fuerza completa para permanecer en la guerra, siendo vosotros mismos tesoreros y proveedores del dinero, y exigiendo cuentas de las acciones al general, dejaréis de deliberar siempre sobre lo mismo y no hacer nada,
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y además de esto, primero, atenienses, le quitaréis el mayor de sus recursos.¿ Y cuál es este? Hace la guerra contra vosotros con vuestros propios aliados, saqueando a los que navegan por el mar. Luego,¿ qué más además de esto? Estaréis fuera de sufrir males vosotros mismos, no como en el tiempo pasado, que habiendo invadido Lemnos e Imbros se llevó a ciudadanos vuestros prisioneros, habiendo capturado los barcos en Geraisto recaudó riquezas incalculables, y últimamente desembarcó en Maratón y se llevó la trirreme sagrada del territorio, y vosotros no podéis ni evitar esto ni ayudar en los tiempos que os propongáis.
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Y sin embargo,¿ por qué, atenienses, creéis que la fiesta de las Panateneas y la de las Dionisias siempre se celebran en el tiempo debido, tanto si les toca a expertos como a particulares encargarse de cada una de ellas, en las que se gasta tanto dinero, más que en cualquiera de las expediciones, y tanta multitud y preparativo como no sé si alguna de todas las cosas tiene, mientras que todas las expediciones os llegan tarde a las ocasiones, la de Metone, la de Pagasas, la de Potidea?
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Porque aquellas están todas ordenadas por ley, y cada uno de vosotros sabe desde hace mucho quién es el corego o gimnasiarca de la tribu, cuándo y de quién y qué recibiendo qué debe hacer, nada sin examinar ni indefinido se ha descuidado en ellas; pero en los asuntos sobre la guerra y su preparativo, todo está desordenado, sin corregir, indefinido. Por tanto, apenas hemos escuchado algo, nombramos trierarcas y hacemos intercambios de bienes y deliberamos sobre el recurso de dinero, y después de esto se decidió que embarcaran los metecos y los que viven aparte,
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luego ellos mismos otra vez, luego volver a embarcar, luego, mientras esto se retrasa, ha perecido antes el objetivo por el que navegamos; pues gastamos el tiempo de actuar en prepararnos, pero las ocasiones de los asuntos no esperan nuestra lentitud y simulación. Y las fuerzas que creemos tener en el tiempo intermedio, al probarse en las ocasiones mismas, no son capaces de hacer nada. Y él ha llegado a tal grado de insolencia que envía a los eubeos cartas como estas.
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LECTURA DE LA CARTA. De estas cosas, atenienses, que se han leído, la mayoría son ciertas, como no debería ser, pero sin embargo quizás no son agradables de escuchar. Pero si, todo lo que uno omite en el discurso para no causar dolor, también lo omitirá en los hechos, hay que hablar ante la asamblea para complacer; pero si la gracia de las palabras, si no es apropiada, se convierte en daño en la realidad, es vergonzoso engañarse a sí mismos, y retrasando todo lo que es difícil, llegar tarde a todos los hechos,
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y no ser capaces de aprender esto, que los que usan correctamente la guerra no deben seguir a los asuntos, sino que ellos mismos deben estar por delante de los asuntos, y de la misma manera que uno esperaría que el general dirija a los ejércitos, así también los que deliberan deben dirigir los asuntos, para que lo que a ellos les parezca, eso se haga y no se vean obligados a perseguir lo que ha sucedido.
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Vosotros, atenienses, teniendo la mayor fuerza de todos, trirremes, hoplitas, jinetes, ingresos de dinero, hasta el día de hoy no habéis usado nunca nada de esto para lo que es necesario, y no dejáis nada, como los bárbaros boxean, así hacéis la guerra a Filipo. Pues también de aquellos, el que es golpeado siempre se aferra al golpe, y si alguien golpea en otro lado, allí están las manos; pero protegerse o mirar de frente ni sabe ni quiere.
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Y vosotros, si escucháis que Filipo está en el Quersoneso, decretáis ayudar allí, si en Pilas, allí, si en otro lugar, corréis arriba y abajo, y sois dirigidos por él, pero vosotros mismos no habéis deliberado nada provechoso sobre la guerra, ni preveéis nada antes de los asuntos, hasta que escucháis que algo ha sucedido o está sucediendo. Esto quizás antes era posible; pero ahora ha llegado al punto crítico, de modo que ya no es posible.
42
Me parece que algún dios, atenienses, avergonzado por lo que sucede en defensa de la ciudad, ha infundido esta inquietud en Filipo. Pues si, teniendo lo que ha conquistado y tomado de antemano, quisiera estar tranquilo y no hiciera nada más, me parece que a algunos de vosotros les bastaría, habiendo incurrido en vergüenza, cobardía y todas las cosas más vergonzosas públicamente; pero ahora, intentando siempre algo y deseando más, quizás os llame, si es que no habéis renunciado del todo.
43
Yo me asombro de que ninguno de vosotros reflexione ni se indigne, al ver, atenienses, que el principio de la guerra ha sido sobre castigar a Filipo, y el final es ya sobre no sufrir males por Filipo. Pero que no se detendrá, es evidente, si nadie lo impide.¿ Entonces esperaremos esto?¿ Y si enviáis trirremes vacías y las esperanzas de tal o cual, creéis que todo va bien?
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¿ No embarcaremos?¿ No saldremos nosotros mismos con alguna parte de soldados ciudadanos ahora, si no antes?¿ No navegaremos hacia su territorio?¿ Dónde, pues, atracaremos? Alguien preguntó. La guerra misma encontrará los puntos débiles, atenienses, de los asuntos de aquel, si intentamos; pero si nos sentamos en casa, escuchando a los que hablan insultándose y culpándose unos a otros, nunca nos sucederá nada de lo necesario.
45
Pues dondequiera que, creo, se envíe una parte de la ciudad, aunque no toda, también el favor de los dioses y el de la fortuna lucha con nosotros; dondequiera que enviéis un general, un decreto vacío y las esperanzas desde la tribuna, no os sucede nada de lo necesario, sino que los enemigos se ríen, y los aliados mueren de miedo por tales expediciones.
46
Pues no es posible, no es posible que un solo hombre pueda hacer por vosotros todo lo que deseáis; prometer, decir y culpar a tal o cual es posible, pero los asuntos han perecido por esto; pues cuando el general dirige a mercenarios miserables sin paga, y los que mienten ante vosotros sobre lo que él hará están fácilmente aquí, y vosotros decretáis lo que sea que escuchéis,¿ qué hay que esperar?
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¿ Cómo, pues, cesará esto? Cuando vosotros, atenienses, nombréis a los mismos soldados y testigos de lo que hacen los generales y jueces al volver a casa de las rendiciones de cuentas, de modo que no solo escuchéis lo vuestro, sino que estando presentes lo veáis. Pero ahora los asuntos han llegado a tal grado de vergüenza que cada uno de los generales es juzgado dos o tres veces ante vosotros por pena de muerte, pero contra los enemigos ninguno de ellos se atreve a luchar ni una vez por pena de muerte, sino que eligen más la muerte de los esclavistas y ladrones que la que corresponde; pues de un malhechor es morir juzgado, pero de un general luchando contra los enemigos.
48
De nosotros, unos van por ahí diciendo con los lacedemonios que Filipo está tramando la disolución de los tebanos y desmantelando las constituciones, otros que ha enviado embajadores al rey, otros que está fortificando ciudades en Iliria, y cada uno vamos por ahí inventando discursos.
49
Yo creo, atenienses, por los dioses, que aquel está embriagado por la magnitud de lo realizado y sueña muchas cosas así en su opinión, viendo la falta de quienes lo impidan y estando exaltado por lo realizado, pero no, por Zeus, que se proponga actuar de tal manera que los más insensatos de entre nosotros sepan qué va a hacer; pues los más insensatos son los que inventan discursos.
50
Pero si, dejando esto, sabemos aquello, que el hombre es enemigo y nos priva de lo nuestro y ha sido insolente durante mucho tiempo, y todo lo que alguna vez esperamos que alguien hiciera por nosotros ha resultado contra nosotros, y lo demás está en nosotros mismos, y si no queremos hacerle la guerra allí ahora, quizás nos veremos obligados a hacer esto aquí, si sabemos esto, habremos conocido lo necesario y nos habremos librado de discursos vanos; pues no hay que considerar qué sucederá, sino saber bien que, si no prestáis atención y queréis hacer lo que corresponde, las cosas irán mal.
51
Yo, pues, ni en otro tiempo elegí hablar para complacer lo que no estuviera convencido de que también sería provechoso, y ahora he hablado con franqueza todo lo que pienso, sin ocultar nada. Y habría querido, así como sé que os es provechoso escuchar lo mejor, saber que también sería provechoso para el que ha dicho lo mejor; pues lo habría preferido mucho más. Pero ahora, siendo incierto para mí lo que sucederá por esto, sin embargo, elijo decir esto convencido de que os será provechoso, si actuáis. Que venza lo que sea que vaya a ser provechoso para todos.