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DemosthenesOlyn 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Me parece, atenienses, que en muchas ocasiones se puede ver la benevolencia de los dioses manifestándose claramente hacia la ciudad, y no menos en las circunstancias actuales. Pues el hecho de que hayan surgido quienes han de combatir a Filipo, poseyendo tanto un territorio limítrofe como cierto poder, y, lo más importante de todo, manteniendo tal determinación respecto a la guerra que consideran los acuerdos con él, primero, como indignos de confianza y, después, como la ruina de su propia patria, parece ser una gracia divina y sobrenatural en todos los sentidos.
2
Es necesario, pues, atenienses, que consideréis ya esto mismo, para que no parezcamos ser peores con nosotros mismos que las circunstancias presentes, ya que es una de las cosas vergonzosas, o mejor dicho, de las más vergonzosas, no solo parecer que abandonamos ciudades y lugares de los que fuimos dueños en otro tiempo, sino también a los aliados y las oportunidades que la fortuna nos ha preparado.
3
Por tanto, atenienses, exponer el poder de Filipo y, mediante estos discursos, exhortaros a hacer lo que es debido, no considero que sea lo correcto.¿ Por qué? Porque me parece que todo lo que uno pueda decir sobre esto redunda en gloria para él, pero no ha sido bien gestionado por nosotros. Pues cuanto más ha hecho él por encima de su propio valor, tanto más admirable es considerado por todos; y vosotros, cuanto peor habéis tratado los asuntos de lo que correspondía, tanta más vergüenza habéis contraído.
4
Dejaré esto de lado. Pues incluso si alguien, atenienses, examinara la verdad, vería que él se ha hecho grande a partir de aquí, no por sí mismo. Por tanto, no veo que sea el momento de hablar de aquello por lo que él debe gratitud a quienes han hecho política a su favor, y por lo que a vosotros os corresponde pedir cuentas; pero intentaré decir lo que, incluso prescindiendo de esto, está al alcance, es mejor que todos vosotros lo hayáis oído y parecería ser un gran reproche contra él para quienes deseen juzgar correctamente.
5
Llamarlo perjuro e indigno de confianza sin mostrar lo que ha hecho, alguien podría decir con justicia que es una injuria vacía; pero repasar todo lo que ha hecho alguna vez y refutarlo sobre la base de todo ello, resulta requerir un breve discurso, y considero que es conveniente haberlo dicho por dos razones: para que él, lo cual es además la verdad, aparezca como despreciable, y para que los que están sobrecogidos como si Filipo fuera alguien invencible vean que ha agotado todos los medios con los que, engañando anteriormente, creció hasta hacerse grande, y que sus asuntos han llegado a su propio final.
6
Pues yo, atenienses, también consideraría a Filipo muy temible y admirable si viera que ha crecido actuando con justicia; pero ahora, al observar y examinar, encuentro nuestra ingenuidad al principio, cuando algunos expulsaban de aquí a los olintios que deseaban hablar con vosotros, al afirmar que entregaría Anfípolis y al preparar aquel secreto que tanto se rumoreaba,
7
con esto se los ganó, y la amistad de los olintios después, al tomar Potidea, que era vuestra, y al agraviar a quienes antes eran vuestros aliados, entregándoselos a ellos, y a los tesalios ahora, al final, al prometerles entregar Magnesia y al comprometerse a librar la guerra focidia en su favor. En suma, no hay nadie a quien él no haya engañado de entre los que se han servido de él; pues siempre engañando y ganándose la insensatez de cada uno de los que lo desconocían, así creció.
8
Así pues, al igual que por medio de estos fue elevado a la grandeza, cuando cada uno pensaba que él haría algo provechoso para sí mismo, así debe ser derribado de nuevo por estos mismos medios, puesto que ha quedado demostrado que hace todo por sí mismo. Es el momento, pues, atenienses, de que los asuntos de Filipo lleguen a esto; o que alguien pase al frente y me demuestre, o mejor dicho, os demuestre a vosotros, o bien que no digo la verdad, o bien que los que fueron engañados al principio confiarán en lo que queda, o bien que los tesalios, esclavizados contra su propio valor, no querrían ahora ser libres con gusto.
9
Y ciertamente, si alguno de vosotros considera que esto es así, pero cree que él mantendrá los asuntos por la fuerza al haber tomado de antemano los lugares, los puertos y cosas semejantes, no piensa correctamente. Pues cuando los asuntos se consolidan por beneplácito y lo mismo beneficia a todos los que participan en la guerra, los hombres están dispuestos a trabajar juntos, a soportar las desgracias y a permanecer; pero cuando alguien se hace fuerte por codicia y maldad, como este, el primer pretexto y un pequeño tropiezo lo ha hecho todo zozobrar y disolverse.
10
Pues no es posible, no es posible, atenienses, cometiendo injusticias, perjurando y mintiendo, adquirir un poder firme, sino que tales cosas resisten una vez y por un breve tiempo, y florecen mucho en las esperanzas, si se da el caso, pero con el tiempo son descubiertas y se desmoronan sobre sí mismas. Pues así como, creo, en una casa, en un barco y en las demás cosas semejantes, los cimientos deben ser los más fuertes, así también conviene que los principios y los fundamentos de las acciones sean verdaderos y justos. Y esto no existe ahora en lo que Filipo ha hecho.
11
Digo, pues, que debemos ayudar a los olintios, y como alguien diga lo mejor y más rápido, así me parece bien; y enviar una embajada a los tesalios, que a unos les enseñe esto y a otros los incite; pues incluso ahora han decretado reclamar Pagasas y hablar sobre Magnesia.
12
Considerad, sin embargo, esto, atenienses, para que los embajadores de nuestra parte no digan solo palabras, sino que también tengan algo de hecho que mostrar, habiendo salido vosotros dignamente de la ciudad y estando presentes en los asuntos, ya que todo discurso, si faltan los hechos, parece algo vano y vacío, y sobre todo el de nuestra ciudad; pues cuanto más dispuestos parecemos a usarlo, tanto más desconfían todos de él.
13
Hay que mostrar, pues, una gran y profunda transformación, contribuyendo, saliendo a campaña, haciendo todo con prontitud, si es que alguien os va a prestar atención. Y si estáis dispuestos a llevar esto a cabo como corresponde, no solo, atenienses, los asuntos de la alianza que están débiles y sin confianza parecerán tales a Filipo, sino que también los de su propio mando y poder quedarán refutados como en mal estado.
14
Pues, en general, el poder y el mando macedonio es una parte no pequeña como añadido, tal como fue en otro tiempo para vosotros bajo Timoteo contra los olintios; de nuevo, contra Potidea, esto apareció como algo conjunto para los olintios; ahora, en cambio, ha ayudado a los tesalios, que están enfermos y perturbados, contra la casa tiránica; y dondequiera que uno, creo, añada incluso un pequeño poder, todo ayuda; pero por sí mismo es débil y está lleno de muchos males.
15
Pues incluso este, con todas estas cosas por las que uno podría considerarlo grande, con las guerras y las expediciones, se ha preparado una situación aún más precaria de la que existía por naturaleza. Pues no penséis, atenienses, que Filipo y los gobernados se alegran de lo mismo, sino que él desea la gloria y ha puesto su celo en esto, y ha elegido actuar y arriesgarse, si algo sucede, a sufrir, habiendo preferido la gloria de haber logrado aquello que ningún otro rey de los macedonios logró jamás, antes que vivir con seguridad;
16
pero ellos no participan de la ambición que proviene de esto, sino que, siendo golpeados continuamente por estas expediciones de arriba abajo, se afligen y sufren incesantemente, sin que se les permita ocuparse ni de sus labores ni de sus propios asuntos privados, ni tener cómo disponer de lo que produzcan como puedan, al estar cerrados los mercados en el país debido a la guerra.
17
Cómo se sienten, pues, la mayoría de los macedonios respecto a Filipo, uno podría examinarlo sin dificultad a partir de esto; pero los extranjeros y los pezetairos que están a su alrededor tienen fama de ser admirables y curtidos en las cosas de la guerra, pero, como oí a uno de los que han estado en el propio país, un hombre de ninguna manera capaz de mentir, no son mejores que nadie.
18
Pues si hay algún hombre entre ellos que sea experto en la guerra y en los combates, decía que él los aparta a todos por ambición, deseando que todas las obras parezcan ser suyas( pues, además de las otras cosas, la ambición es insuperable); pero si alguien es sensato o justo de otra manera, al no poder soportar la incontinencia cotidiana de la vida, la embriaguez y las danzas obscenas, es dejado de lado y no es tenido en cuenta.
19
Quedan, pues, a su alrededor bandidos y aduladores y hombres de tal clase que, embriagados, bailan cosas que ahora me da reparo nombrar ante vosotros. Y es evidente que esto es verdad; pues a quienes todos expulsaban de aquí por ser mucho más desvergonzados que los saltimbanquis, aquel Calias el público y hombres semejantes, mimos de bufonadas y poetas de canciones vergonzosas, que componen para los que están con ellos con el fin de ser motivo de risa, a estos los aprecia y los tiene a su alrededor.
20
Y, sin embargo, esto, aunque alguien lo considere pequeño, son grandes, atenienses, muestras de su determinación y desdicha para los que piensan bien. Pero, creo, ahora el éxito eclipsa esto; pues los éxitos son terribles para ocultar tales reproches; pero si tropieza en algo, entonces esto será examinado con precisión. Y me parece, atenienses, que lo mostrará en poco tiempo, si los dioses quieren y vosotros deseáis.
21
Pues así como en los cuerpos, mientras uno está sano, no siente nada, pero cuando ocurre alguna enfermedad, todo se mueve, y si hay una fractura, un esguince o cualquier otra cosa que esté podrida, así también en las ciudades y en los tiranos, mientras guerrean fuera, los males son invisibles para la mayoría, pero cuando una guerra limítrofe se entabla, todo lo hace manifiesto.
22
Y si alguno de vosotros, atenienses, al ver a Filipo prosperar, piensa que es temible por esto para hacer la guerra, usa el razonamiento de un hombre sensato; pues gran peso, o mejor dicho, el todo, es la fortuna en todos los asuntos de los hombres; no obstante, yo, si alguien me diera a elegir, elegiría la fortuna de nuestra ciudad, estando vosotros dispuestos a hacer lo que corresponde y poco a poco, antes que la suya; pues veo que en vosotros hay muchos más recursos para tener la benevolencia de los dioses que en él.
23
Pero, creo, estamos sentados sin hacer nada; y no es posible que uno, estando ocioso, ordene a sus amigos hacer algo por él, y mucho menos a los dioses. No es, pues, de extrañar si él, haciendo campaña, trabajando, estando presente en todo y sin dejar pasar ni oportunidad ni momento, prevalece sobre nosotros que estamos dudando, decretando e informándonos. Ni yo me extraño de esto; pues lo contrario habría sido extraño, si nosotros, sin hacer nada de lo que corresponde a los que guerrean, prevaleciéramos sobre el que lo hace todo.
24
Pero me extraño de esto, si vosotros, atenienses, en otro tiempo os opusisteis a los lacedemonios por los derechos de los griegos, y pudiendo muchas veces obtener ventajas en privado no quisisteis, sino que, para que los demás obtuvieran sus derechos, gastabais lo vuestro contribuyendo y os arriesgabais haciendo campaña, y ahora dudáis en salir y dudáis en contribuir por vuestras propias posesiones, y habéis salvado a todos los demás muchas veces y a cada uno de ellos por turno, pero habiendo perdido lo vuestro estáis sentados.
25
Esto me extraña, y además de esto, si ninguno de vosotros, atenienses, puede calcular cuánto tiempo lleváis guerreando contra Filipo, y haciendo qué vosotros ha pasado este tiempo. Pues sabéis, supongo, esto, que dudando, esperando que otros hagan algo, culpándose unos a otros, juzgando, esperando de nuevo, haciendo casi lo mismo que ahora, ha pasado todo el tiempo.
26
¿ Y estáis tan faltos de juicio, atenienses, que esperáis que, por medio de las mismas acciones por las que los asuntos de la ciudad han pasado de buenos a malos, estos se vuelvan buenos desde malos? Pero esto no es razonable ni tiene naturaleza; pues es mucho más fácil conservar lo que se tiene que adquirirlo todo. Ahora, en cambio, no queda nada de lo anterior por la guerra que podamos conservar, sino que hay que adquirirlo. Por tanto, esto es ya tarea nuestra.
27
Digo, pues, que debemos contribuir con dinero, salir nosotros mismos con entusiasmo, no culpar a nadie antes de que hayáis tomado el control de los asuntos, y entonces, juzgando a partir de los hechos mismos, honrar a los dignos de elogio y castigar a los que cometen injusticias, y eliminar los pretextos y las carencias por vuestra parte; pues no es posible examinar con rigor qué han hecho los demás, si no empiezan primero por vosotros mismos las cosas debidas.
28
Pues,¿ por qué razón, atenienses, creéis que todos los generales que enviáis huyen de esta guerra y encuentran guerras propias, si hay que decir algo de lo que sucede también sobre los generales? Porque aquí los premios por los que es la guerra son vuestros( si se toma Anfípolis, al instante la recuperaréis), pero los peligros son de los que están al mando, y no hay paga; allí, en cambio, los peligros son menores, y las ganancias de los que están al mando y de los soldados, Lámpsaco, Sigeo, los barcos que saquean. Por tanto, cada uno se dirige a lo que le es lucrativo.
29
Vosotros, en cambio, cuando miráis los asuntos y están en mal estado, juzgáis a los que están al mando, pero cuando, tras darles audiencia, escucháis estas necesidades, los absolvéis. Os queda, pues, disputar entre vosotros y estar divididos, unos convencidos de esto y otros de aquello, y que los asuntos comunes estén en mal estado. Pues antes, atenienses, contribuíais por simmorías, pero ahora hacéis política por simmorías. Un orador es el jefe de cada bando, y un general bajo este, y los que ayudan, los trescientos; los demás habéis sido repartidos, unos hacia estos y otros hacia aquellos.
30
Hay que dejar esto y, siendo ya incluso ahora vuestros propios dueños, hacer común tanto el deliberar como el hablar y el actuar. Pero si a unos les concedéis ordenar como si fuera una tiranía vuestra, a otros ser obligados a ser trierarcas, contribuir, hacer campaña, y a otros solo decretar contra estos, sin ayudar en nada más, no sucederá nada de lo que necesitamos a tiempo; pues la parte agraviada siempre faltará, y entonces os será posible castigar a estos en lugar de a los enemigos.
31
Digo, pues, en resumen: que todos contribuyan por igual de lo que cada uno tiene; que todos salgan a campaña por turnos, hasta que todos hayáis hecho campaña; que se dé audiencia a todos los que pasen al frente, y que elijáis lo mejor de lo que oigáis, no lo que diga tal o cual. Y si hacéis esto, no solo elogiaréis al que habló al instante, sino también a vosotros mismos después, al estar los asuntos generales mejor para vosotros.

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