Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
The Erotic Essay
DemosthenesEssa 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/demosthenes" aria-label="More works by Demosthenes"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
Pero puesto que deseas escuchar el discurso, te lo mostraré y te lo leeré. Pero primero debes conocer su intención. Pues el autor del discurso desea elogiar a Epicrates, a quien consideraba el más encantador de los muchos jóvenes nobles y buenos que hay en la ciudad, y que aventajaba a sus coetáneos más por su inteligencia que por su belleza. Y al ver que, por así decirlo, la mayoría de las composiciones eróticas acarrean más vergüenza que honor a aquellos sobre quienes están escritas, se ha guardado de sufrir esto, y lo que afirma estar convencido en su juicio, eso mismo ha escrito: que un amante justo ni haría nada vergonzoso ni lo exigiría. Esto, pues, es lo que podrías tomar como lo más erótico del discurso,
2
gira en torno a esto; el resto del discurso, por una parte, elogia al joven mismo, y por otra, le aconseja sobre la educación y la elección de vida. Todo esto está escrito de la manera en que uno pondría algo en un libro. Pues conviene que los discursos oratorios estén escritos de forma sencilla y similar a como uno hablaría en el momento, mientras que a los destinados a perdurar más tiempo les conviene estar compuestos de forma poética y elaborada; pues conviene que unos sean persuasivos y otros demostrativos. Así pues, para no hablarte fuera del discurso, ni exponer yo mismo lo que sé sobre estos temas, presta atención como si ya fueras a escuchar el discurso mismo, puesto que él mismo ha venido, a quien deseaba escuchar, Epicrates.
3
Al ver que algunos de los amados, aun habiendo participado de la belleza, no hacen un uso correcto de ninguna de estas dos fortunas, sino que se enorgullecen de la belleza de su aspecto, mientras que se molestan por la relación con sus amantes, y han errado tanto en el juzgar lo mejor que, debido a los que corrompen el asunto, se muestran hostiles incluso hacia aquellos que consideran acercarse con moderación, consideré que tales personas no solo son perjudiciales para sí mismas, sino que también inculcan hábitos depravados a los demás,
4
y que los que piensan correctamente no deben seguir la insensatez de estos, considerando sobre todo que las cosas no son tajantemente ni buenas ni vergonzosas, sino que cambian en gran medida según quienes las usan, por lo que es irracional usar un mismo juicio para ambas; y en segundo lugar, que es de lo más absurdo envidiar a quienes tienen la mayor cantidad de amigos y los más firmes, y sin embargo desaprobar a los amantes, que es el único grupo que, por naturaleza, no se vincula con todos, sino con los bellos y moderados.
5
Además, para aquellos que aún no han visto ninguna de estas amistades terminar bien, o que han condenado severamente su propia capacidad de relacionarse con moderación con quienes se encuentran, quizás no sea irracional tener esta opinión; pero para aquellos que están como tú, y que no son en absoluto ajenos a cuántas necesidades han crecido a través del amor sin vergüenza, y que han vivido el resto del tiempo con la más estricta prudencia, no es razonable ni siquiera tener la sospecha de que pudieran hacer algo vergonzoso.
6
Por eso me sentí más inclinado a escribir este discurso, pensando que no dejaría de alcanzar dos de las cosas más bellas. Pues al repasar los bienes que posees, espero mostrarte a ti como alguien digno de envidia y a mí mismo como alguien no insensato, si es que te amo siendo como eres; y al aconsejarte lo que más urge, creo que aportaré una muestra de mi benevolencia y un principio de amistad común para ambos.
7
Y sin embargo, no se me oculta que es difícil describir tu naturaleza de manera digna de lo que posees, y aún más peligroso aconsejar cuando uno está a punto de hacerse responsable ante quien se deja persuadir. Pero creo que a quienes obtienen elogios justamente les corresponde superar la capacidad de quienes los elogian mediante la excelencia de la verdad, y que no fallaré en el consejo, sabiendo que a través de personas insensatas y totalmente corrompidas por la incontinencia, ni siquiera los consejos más rectos podrían resultar bien, mientras que a través de quienes eligen vivir con moderación y pureza, ni siquiera lo que se ha reflexionado moderadamente suele fallar.
8
Teniendo, pues, tales esperanzas, emprendo el discurso; y creo que todos estarían de acuerdo conmigo en que a quienes tienen tu edad les urge sobre todo la belleza en el aspecto, la moderación en el alma, la valentía en ambos, y mantener la gracia en las palabras. De estas cosas, la fortuna te ha entregado las de la naturaleza tan bellamente que sigues siendo admirado y objeto de todas las miradas, y las otras las has llevado tú mismo a tal punto mediante el cuidado que nadie que piense bien podría criticarte.
9
Y sin embargo,¿ qué debe ser el digno de los mayores elogios?¿ No es aparecer amado por los dioses y ser admirado entre los hombres, en parte por ti mismo y en parte por la fortuna? En general, pues, quizás sea más apropiado repasar más tarde la mayoría de las cosas que posees para la virtud; pero intentaré exponer con verdad los elogios que puedo decir de cada una de ellas.
10
Comenzaré primero a elogiar lo que es lo primero que todos pueden conocer al verte: la belleza, y de esta, el color, a través del cual aparecen tanto los miembros como todo el cuerpo. Al buscar qué imagen adecuada traer para esto, no la veo, sino que se me ocurre que quienes lean este discurso necesitan observarte y verte, para que yo obtenga perdón por no tener nada similar que decir.
11
Pues,¿ con qué podría alguien comparar lo que, siendo mortal, produce un deseo inmortal en quienes lo ven, y al ser visto no sacia, y al alejarse es recordado, y posee una naturaleza humana digna de los dioses, floreciente en cuanto a su aspecto y libre de sospechas en cuanto a sus causas? Pero, ciertamente, tampoco se puede reprochar esto a tu aspecto, lo cual ya les ha sucedido a muchos otros que han participado de la belleza.
12
Pues o bien por la falta de armonía de la figura perturbaron toda la belleza existente, o bien por algún infortunio arruinaron también lo que estaba bien formado. No encontraríamos que tu aspecto haya sido culpable de nada de esto; pues quienquiera que haya sido el dios que cuidó de tu aspecto, se guardó tan fuertemente de todos esos males que no dejó nada digno de reproche, y convirtió la mayor parte de ti en objeto de admiración.
13
Y, ciertamente, siendo el rostro lo más visible de lo que se ve, y de este mismo los ojos, aún más en ellos demostró la benevolencia que la divinidad tenía hacia ti. Pues no solo los ha provisto suficientes para ver lo que urge, sino que, cuando en algunos la virtud ni siquiera se conoce por lo que hacen, en ti, a través de las señales del aspecto, ha manifestado las más bellas costumbres, mostrándote amable y humano para quienes te ven, magnífico y solemne para quienes se relacionan contigo, y valiente y moderado para todos.
14
Lo cual es lo que más podría admirar uno; pues mientras que los demás son considerados humildes en su mansedumbre, arrogantes en su solemnidad, y parecen más temerarios por su valentía y necios por su tranquilidad, la fortuna, al tomar tantas contradicciones entre sí, devolvió todo en armonía con lo necesario, como si cumpliera un deseo o quisiera mostrar un ejemplo a los demás, y no como si estuviera formando una naturaleza mortal, como solía hacer.
15
Si, pues, fuera posible alcanzar con el discurso tu belleza, o si esto fuera lo único digno de elogio de lo tuyo, pensaríamos que no debemos omitir nada al elogiar lo que posees; pero ahora temo que usemos a los oyentes agotados para el resto, y que sobre esto divaguemos en vano.
16
Pues,¿ cómo podría alguien superar con el discurso tu aspecto, al cual ni siquiera las obras que han sido hechas con arte por los mejores artesanos pueden aventajar? Y no es de extrañar; pues aquellas tienen la visión inmóvil, de modo que es incierto qué alma podrían parecer poseer, mientras que en ti el carácter de tu juicio aumenta una gran belleza al cuerpo en todo lo que haces. Sobre la belleza, pues, omitiendo muchas cosas, esto es lo que puedo elogiar.
17
Sobre la moderación, esto es lo más bello que podría decir: que, siendo una edad tan propensa a la calumnia, te ha sucedido ser más elogiado. Pues no solo has elegido no cometer ningún error, sino vivir con más sensatez de lo que corresponde a tu edad. Y la mayor prueba de esto es la relación con los hombres; pues habiendo muchos que se encuentran contigo y que tienen naturalezas de todo tipo, y además siendo todos atraídos hacia sus propios hábitos, has dirigido tales cosas tan bien que todos han llegado a amar la amistad contigo.
18
Lo cual es señal de quienes eligen vivir de manera gloriosa y humana. Y sin embargo, algunos ya han tenido buena reputación, tanto de los que aconsejaron que no se debe aceptar las relaciones de cualquiera, como de los que se dejaron persuadir por ellos; pues o bien, al relacionarse por complacencia con los viles, es necesario ser calumniado ante la mayoría, o bien, al evitar tales reproches, sucede que uno se molesta por los mismos que se encuentran con él.
19
Pero yo, por esto, creo que debo elogiarte aún más, porque mientras otros piensan que es una de las cosas imposibles agradar a las costumbres de todos, tú has diferido tanto de ellos que has superado todas las cosas difíciles y arduas, sin dar ni siquiera sospecha a los demás de cometer errores con algunos, y habiendo vencido la hostilidad hacia ellos con la armonía de tus costumbres.
20
Con respecto a los amantes, pues, si es necesario hablar también de esto, me parece que te relacionas tan bien y con tanta moderación que, mientras la mayoría no puede soportar ni siquiera a quien eligen, a ti te ha sucedido agradar a todos en grado sumo. Lo cual es la señal más evidente de tu virtud. Pues de lo que es justo y bello, nadie ha quedado sin parte de ti; y de lo que llega a la vergüenza, nadie llega ni siquiera a la esperanza; tanta libertad ha preparado tu moderación para los que aspiran a lo mejor, y tanta falta de audacia para los que desean ser temerarios.
21
Además, mientras la mayoría busca la fama de la moderación a partir del silencio cuando son jóvenes, tú has diferido tanto por naturaleza que, por lo que dices y te relacionas con quienes te encuentras, no has hecho menor la buena fama sobre ti que por todas las demás cosas; tanta persuasión y gracia tienes tanto en lo que te esfuerzas como en lo que juegas. Pues eres sencillo sin error, hábil sin malicia y humano con libertad, y en conjunto eres tal como sería un hijo de la Virtud para Eros.
22
Sobre la valentía( pues tampoco esto es digno de omitir, no porque tu naturaleza no tenga aún mucho progreso, y el tiempo futuro no vaya a entregar más motivos de discursos a quienes deseen elogiarte, sino porque son bellísimos los elogios con esta edad, en la que no cometer ningún error es deseable para los demás), uno podría describir la valentía de muchos otros, pero sobre todo la de tu entrenamiento, del cual también han sido muchos los testigos.
23
Y es necesario quizás decir primero cuán bien elegiste esta competición. Pues juzgar correctamente, siendo joven, qué es lo que se debe hacer, es señal común de un alma buena y un juicio sensato; de lo cual no es digno omitir ninguno de los elogios de la elección. Sabiendo, pues, que de los otros juegos participan tanto esclavos como extranjeros, y que el resultado es una posibilidad solo para los ciudadanos, y que los mejores aspiran a ello, así te lanzaste a esta competición.
24
Además, juzgando que los que se ejercitan en las carreras no progresan nada hacia la valentía ni la fortaleza de ánimo, y que los que han practicado el pugilato y cosas similares, además del cuerpo, corrompen también el juicio, elegiste la más solemne y bella de las competiciones y la que más se ajusta a tu propia naturaleza, semejante por el hábito de las armas y la laboriosidad de las carreras a lo que sucede en la guerra, y comparada por la magnificencia y la solemnidad de la preparación con el poder de los dioses,
25
y además de esto, teniendo una visión muy agradable, compuesta de muchas y variadas cosas, y considerada digna de los mayores premios; pues además de los establecidos, ejercitarse y practicar tales cosas parecerá un premio no pequeño para quienes aspiran incluso moderadamente a la virtud. Y uno podría tomar como mayor prueba la poesía de Homero, en la que ha hecho que tanto los griegos como los bárbaros lucharan entre sí con tal preparación; además, incluso ahora, es habitual que las ciudades griegas, no las más humildes, sino las más grandes, usen esto en las competiciones.
26
La elección, pues, es tan bella y amada por todos los hombres; y pensando que no hay nada más importante que desear las cosas más serias ni estar bien formado para todo si el alma no está preparada con ambición, habiendo demostrado la laboriosidad en los gimnasios, no te engañaste ni siquiera en los hechos, y demostraste la otra apariencia de tu propia naturaleza y la valentía de tu alma sobre todo en las competiciones.
27
Sobre las cuales dudo en comenzar a hablar, no sea que me quede atrás en el discurso de lo que sucedió entonces, pero aun así no lo omitiré; pues es vergonzoso no querer relatar lo que nos alegra observar. Si recorriera todas las competiciones, quizás nos resultaría una longitud inoportuna para el discurso; pero mencionando una, en la que destacaste mucho, mostraré lo mismo y pareceré usar una medida más adecuada a la capacidad de los oyentes.
28
Pues habiendo sido soltadas las yuntas, y habiendo unos salido primero y otros siendo conducidos, habiendo superado a ambos como correspondía a cada uno, obtuviste la victoria, consiguiendo tal corona por la cual, aunque es bello vencer, parecía más bello y más increíble salvarse. Pues viniendo hacia ti el carro de los rivales, y pensando todos que el poder de los caballos era irresistible, al ver a algunos de ellos incluso sin haber peligro alguno angustiados, no es que te quedaras atónito o te acobardaras, sino que con la valentía te hiciste superior incluso al impulso de la yunta, y con la rapidez superaste incluso a los competidores que habían tenido éxito.
29
Y, ciertamente, cambiaste tanto los pensamientos de los hombres que, mientras muchos parlotean que en las competiciones hípicas lo que más agrada es ver los naufragios, y parecen decir esto como verdad, contigo todos los espectadores temían que sucediera algo así respecto a ti; tanta benevolencia y ambición les proporcionó tu naturaleza.
30
Razonablemente; pues es bello llegar a ser objeto de todas las miradas en una sola cosa, pero mucho más bello es abarcarlo todo en lo que alguien que tiene juicio se ambicionaría. Y es evidente por esto: encontraremos que Éaco y Radamantis fueron amados por los dioses por su moderación, Heracles, Cástor y Polideuces por su valentía, y Ganímedes, Adonis y otros similares por su belleza. De modo que yo no me asombro de los que desean tu amistad, sino de los que no están dispuestos de esta manera; pues donde algunos, habiendo participado de una sola de las cosas mencionadas, fueron considerados dignos de la relación con los dioses, cómo no va a ser deseable para un mortal nacido llegar a ser amigo del que se ha convertido en señor de todas.
31
Es justo, pues, que tu padre, tu madre y tus otros parientes sean envidiados, aventajando tú tanto a tus coetáneos en virtud, pero mucho más aquellos a quienes tú, habiendo sido considerado digno de tales bienes, has elegido de entre todos como amigos dignos. Pues a unos la fortuna te los hizo partícipes, y a otros su propia nobleza te los unió;
32
a quienes no sé si llamar amantes o solo a los que conocen correctamente. Pues me parece que también desde el principio la fortuna, despreciando a los viles, y queriendo irritar los pensamientos de los hombres serios, hizo que tu naturaleza no fuera engañada por el placer, sino útil para ser feliz mediante la virtud.
33
Y teniendo aún muchas cosas que describir sobre ti, creo que terminaré aquí el elogio, temiendo parecer hablar sobre ti en exceso de la naturaleza humana; pues, al parecer, la capacidad de los discursos tiene menos que el aspecto, de modo que nadie considera digno desconfiar de lo que se ve, mientras que los elogios de estas cosas, aunque no falten, no los consideran verdaderos.
34
Habiendo cesado, pues, sobre esto, intentaré ya aconsejarte sobre cosas con las que harás tu vida aún más honorable. Y desearía que no hicieras secundario prestar atención a lo que se va a decir, ni supongas que he usado estos discursos no por tu beneficio, sino deseando hacer una demostración, para que ni falles en la verdad, ni eligiendo lo que sea en lugar de lo mejor, decidas peor sobre ti mismo.
35
Pues a quienes tienen una naturaleza oscura y humilde no los reprendemos ni siquiera cuando no hacen algo bien, pero a quienes han llegado a ser objeto de todas las miradas como tú, incluso descuidar algo de lo más bello trae vergüenza. Además, los que se han engañado en otros discursos sobre un solo asunto no conocieron lo mejor; pero los que han fallado o despreciado el consejo de las ocupaciones tienen durante toda la vida recuerdos de su propia ignorancia.
36
No necesitas sufrir nada de esto, sino considerar qué tiene la mayor fuerza entre las cosas humanas, y qué, si sale bien, podríamos lograr más, y si se corrompe, más nos dañaríamos a lo largo de la vida; pues no es incierto que se debe cuidar sobre todo esto, que por naturaleza tiene la mayor inclinación a producir uno u otro resultado.
37
Encontraremos que el pensamiento de todos los hombres es el que guía, y que solo la filosofía es capaz de educarlo y ejercitarlo correctamente. De la cual creo que debes participar, y no dudar ni huir de las ocupaciones que hay en ella, considerando que a través de la pereza y la indolencia incluso las cosas totalmente superficiales son difíciles de dominar, mientras que a través de la perseverancia y la laboriosidad nada de los bienes existentes es inalcanzable,
38
y porque es de lo más irracional ser ambicioso respecto a la ganancia, la fuerza y cosas similares y soportar muchas penalidades, que son todas mortales y suelen servir al pensamiento, y no buscar cómo estará mejor la que supervisa las demás, la que permanece con quienes la poseen y la que guía toda la vida.
39
Y sin embargo, es bello ser admirado entre los más serios por la fortuna, pero mucho más bello no llegar a estar sin parte de ninguna de las cosas gloriosas por el propio cuidado; pues de la fortuna a veces sucede que participan incluso los viles, pero de la otra no hay participación para otros excepto para los que sobresalen en la excelencia.
40
Pero, ciertamente, sobre la filosofía, creo que el tiempo futuro nos entregará ocasiones más adecuadas para describir cada cosa con precisión; pero no habrá nada que impida hablar de ella brevemente ni siquiera ahora. Una cosa, pues, es lo primero que debes aprender con precisión: que toda educación consiste en algún conocimiento y práctica, y la filosofía aún más que las demás; pues cuanto más sensatos son los que la dirigen, tanto más bellamente conviene que esté compuesta.
41
Y sin embargo,¿ qué desearíamos, estando el pensamiento ordenado para hablar y aconsejar, y entregando la filosofía experiencia de ambas cosas, no poseer esta ocupación, a través de la cual tendremos dominio de ambas? Pues entonces es probable que nuestra vida también obtenga el mayor progreso, cuando, aspirando a lo mejor, podamos poseer lo que es enseñable mediante el arte, y lo demás mediante el ejercicio y el hábito.
42
Pues no se puede decir, ciertamente, que no diferimos unos de otros en cuanto a pensar bien según el conocimiento; pues en general toda naturaleza llega a ser mejor al añadir la educación adecuada, pero mucho más aquellas a las que desde el principio les correspondió tener una naturaleza más apta que las demás; pues a unas les sucede llegar a ser mejores solo por sí mismas, y a otras incluso aventajar a los demás.
43
Y sabe bien que la experiencia que proviene de los hechos es peligrosa y resulta inútil para el resto de la vida, mientras que la educación que proviene de filosofar está mezclada oportunamente para todas estas cosas. Y sin embargo, algunos ya han sido admirados habiéndose ejercitado por la fortuna de los hechos; pero a ti te corresponde despreciar esto y tener cuidado de ti mismo; pues no debes improvisar, sino saber sobre las cosas más grandes, ni practicar en las ocasiones, sino saber competir bellamente.
44
Y considera que toda la filosofía beneficia mucho a quienes la usan, pero mucho más el conocimiento sobre las acciones y los discursos políticos. Pues ser ignorante de la geometría y de la otra educación similar es vergonzoso, pero llegar a ser un competidor extremo es más humilde que tu dignidad; pero en aquella, aventajar es envidiable, y llegar a estar sin parte es totalmente ridículo.
45
Y podrías conocerlo por muchas otras cosas, y comparando a los hombres gloriosos que han existido antes que tú. Pues esto, escucharás que Pericles, quien pareció aventajar a todos los de su tiempo en inteligencia, se acercó a Anaxágoras de Clazómenas y, habiéndose convertido en discípulo de aquel, participó de esta capacidad; y esto, encontrarás que Alcibíades, teniendo una naturaleza mucho peor para la virtud, y habiendo elegido vivir en parte con arrogancia, en parte con humildad y en parte con incontinencia, a partir de la relación con Sócrates, corrigió mucho de su vida, y lo demás lo ocultó con la grandeza de sus otras obras.
46
Y si es necesario no perder el tiempo diciendo cosas antiguas, pudiendo usar ejemplos más cercanos, encontrarás que Timoteo, no por lo que practicó cuando era más joven, sino por lo que hizo habiendo pasado tiempo con Isócrates, fue considerado digno de la mayor gloria y de los mayores honores; y esto, que Arquitas, habiendo administrado la ciudad de los tarentinos tan bella y humanamente habiéndose convertido en su señor, de modo que su recuerdo aventajó a todos; quien al principio era despreciado, a partir de acercarse a Platón obtuvo tal progreso.
47
Y nada de esto ha sucedido irracionalmente; pues habría sido mucho más absurdo si estuviéramos obligados a realizar las cosas pequeñas mediante el conocimiento y la práctica, y pudiéramos hacer las más grandes sin esta ocupación. Sobre esto, pues, no sé qué más decir; pues ni siquiera desde el principio hice mención como si fueras totalmente ignorante sobre esto, sino pensando que tales exhortaciones incitan a los que no saben y estimulan a los que saben.
48
Y no supongas nada tal, como si yo hubiera dicho esto prometiendo enseñarte yo mismo algo de esto; pues no me avergonzaría decir que aún necesito aprender muchas cosas, y he elegido ser competidor de las cosas políticas más que maestro de los demás. No es que, rechazando esto, corrija la opinión de los que han elegido ser sofistas, sino porque la verdad resulta ser de esta manera;
49
puesto que sé que muchos han llegado a ser ilustres desde la oscuridad y la humildad a través de esta ocupación, y que Solón, tanto vivo como muerto, fue considerado digno de la mayor gloria; quien, no habiendo sido apartado de los otros honores, sino habiendo dejado como recuerdo de su valentía el trofeo contra los megarenses, y de su buen consejo la recuperación de Salamina,
50
y de su otra inteligencia las leyes, que la mayoría de los griegos siguen usando incluso ahora, sin embargo, habiendo tantas cosas bellas, no se esforzó en nada más que en cómo llegar a ser uno de los siete sabios, pensando que la filosofía no trae vergüenza, sino honor a quienes la usan, habiendo juzgado bien esto mismo no menos que las otras cosas en las que aventajó.
51
Yo, pues, ni pienso de otra manera, y te exhorto a filosofar, recordando lo que te ha correspondido desde el principio; pues por esto hablé también yo al principio del discurso sobre ellos, no esperando que te recuperes de elogiar tu naturaleza, sino para exhortarte más a la filosofía, si no lo haces por poco, ni habiéndote enorgullecido de los bienes que posees, descuides los futuros.
52
Y si eres mejor que los que se encuentran contigo, no busques aventajar en nada más, sino considera que lo mejor es ser el primero en todo, y que ser visto aspirando a esto es más conveniente que aventajar en las cosas casuales. Y no avergüences tu naturaleza, ni hagas que se engañen de sus esperanzas los que se enorgullecen de ti, sino intenta superar con tu propia capacidad el deseo de los más benevolentes.
53
Y considera que los otros discursos, cuando son razonables, otorgan gloria a quienes los dicen, mientras que los consejos otorgan beneficio y honor a quienes se dejan persuadir; y que los juicios sobre las otras cosas manifiestan la percepción que tenemos, mientras que las elecciones de las ocupaciones prueban toda nuestra naturaleza. En las cuales, al juzgar, espera ser juzgado tú mismo ante todos, y que yo, que te he elogiado así, estaré listo en la competición de tu prueba.
54
Por lo cual debes ser digno de los elogios, habiendo parecido dejarme también a mí sin reproche de tu amistad. Y no te habría exhortado tan ansiosamente a la filosofía, si no pensara que este es el más bello regalo que podría aportarte de mi benevolencia, y si no viera que la ciudad, por falta de hombres nobles y buenos, usa a menudo a los casuales, y por los errores de estos, cae ella misma en las mayores desgracias.
55
Para que, pues, tú disfrutes de tu virtud, y tú de los honores que provienen de ella, te exhorté más ansiosamente. Pues ni siquiera creo que dependerá de ti vivir como sea, sino que la ciudad te ordenará administrar algo de lo suyo, y cuanto más ilustre tengas la naturaleza, más cosas te considerará digno y querrá tomar prueba de ti más pronto. Es bello, pues, tener preparado el juicio, para que no te equivoques entonces.
56
Esto, pues, era mi tarea, decir lo que creo que te conviene hacer, y la tuya, reflexionar sobre ello. Y conviene también que los demás que buscan relacionarse contigo no amen los placeres y pasatiempos superficiales, ni te inciten a ellos, sino que se esfuercen y consideren cómo harán tu vida lo más brillante posible; pues ellos mismos serían así más elogiados y serían causa de los mayores bienes para ti.
57
No culpo, pues, ni siquiera ahora a ninguno de los que se relacionan contigo; pues me parece que de tu otra fortuna esto es también una cosa, no haber encontrado ningún amante vil, sino a quienes uno elegiría queriendo elegir amigos de entre los coetáneos; te exhorto, sin embargo, a ser amable con todos ellos y a estar contento, pero a dejarte persuadir por los que tienen más juicio de ellos, para que incluso ante ellos mismos parezcas ser aún más serio y ante los demás ciudadanos. Sé feliz.

Intertext edge

Open linked passage

Note