Third Olynthiac
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Original / primary: Spanish Gemini
1
No me parece que las cosas se vean de la misma manera, ciudadanos atenienses, cuando observo la realidad y cuando escucho los discursos; pues veo que los discursos se hacen sobre castigar a Filipo, mientras que la realidad ha llegado a tal punto que debemos considerar cómo no sufrir nosotros mismos un daño primero. Por tanto, me parece que quienes dicen tales cosas no hacen otra cosa que errar al no presentarles la situación sobre la que deliberan tal como es.
2
Yo, por mi parte, sé con mucha precisión que en otro tiempo la ciudad podía tanto conservar lo suyo con seguridad como castigar a Filipo; pues ambas cosas ocurrieron en mi época, no hace mucho. Sin embargo, ahora estoy convencido de que es suficiente con que aseguremos primero esto: cómo salvaremos a los aliados. Pues si esto se garantiza con firmeza, entonces será posible examinar también a quién se castigará y de qué manera; pero antes de establecer correctamente el principio, considero vano que alguien haga discurso alguno sobre el final.
3
El momento presente, pues, si es que alguna vez lo hubo, requiere mucha reflexión y consejo; y yo no considero que lo más difícil sea qué se debe aconsejar sobre los asuntos presentes, sino que me encuentro en un aprieto sobre de qué manera, ciudadanos atenienses, debo hablarles de ellos. Pues estoy convencido, por lo que sé al estar presente y escuchar, que la mayoría de los asuntos se nos han escapado más por no querer hacer lo que se debe que por no entenderlo. Y les pido, si hablo con franqueza, que me escuchen, considerando esto: si digo la verdad y lo hago para que lo que queda sea mejor; pues ven cómo, por el hecho de que algunos hablen para complacer, la situación actual ha llegado a toda clase de ruindad.
4
Considero necesario recordarles primero un poco de lo sucedido. Recuerdan, ciudadanos atenienses, cuando se les anunció hace tres o cuatro años que Filipo estaba sitiando el muro de Hereo en Tracia. Entonces, era el mes de maimacterión; y tras muchos discursos y alboroto entre ustedes, decretaron botar cuarenta trirremes, que los hombres de hasta cuarenta y cinco años se embarcaran ellos mismos y aportar sesenta talentos.
5
Y después de esto, al pasar este año, el hecatombeón, el metageitnión, el boedromión; en este mes, apenas después de los misterios, enviaron a Caridemo con diez naves vacías y cinco talentos de plata. Pues cuando se anunció que Filipo estaba enfermo o muerto( pues llegaron ambas noticias), al no considerar ya que hubiera momento alguno para ayudar, abandonaron, ciudadanos atenienses, la expedición. Pero este era el momento mismo; pues si hubiéramos ayudado allí entonces, tal como decretamos, con entusiasmo, Filipo, al salvarse, no nos estaría molestando ahora.
6
Lo que se hizo entonces no puede ser de otra manera; pero ahora ha llegado el momento de otra guerra, por la cual también hice mención de estos hechos, para que no sufran lo mismo.¿ Qué uso haremos, pues, ciudadanos atenienses, de esto? Pues si no ayudan con todas sus fuerzas en la medida de lo posible, observen de qué manera ustedes, habiendo sido estrategas, estarán en todo a favor de Filipo.
7
Los olintios poseían cierta fuerza y los asuntos estaban así: ni Filipo se fiaba de ellos ni ellos de Filipo. Nosotros y ellos pactamos la paz entre nosotros; esto era como un obstáculo y algo molesto para Filipo, que una gran ciudad estuviera al acecho de sus oportunidades, reconciliada con nosotros. Pensamos que debíamos enemistar a esa gente de cualquier modo, y lo que todos murmuraban, eso se ha cumplido ahora de cualquier manera.
8
¿ Qué queda, pues, ciudadanos atenienses, sino ayudar con energía y entusiasmo? Yo no veo nada; pues aparte de la vergüenza que nos rodearía si descuidáramos algo de los asuntos, tampoco veo, ciudadanos atenienses, que sea pequeño el temor por lo que vendrá después, estando los tebanos como están con nosotros, habiendo desfallecido los focenses por falta de dinero, y no habiendo nada que estorbe a Filipo, una vez que haya sometido lo presente, para inclinar los asuntos hacia esto.
9
Pero si alguno de ustedes pospone hacer lo que debe, desea ver de cerca los males, pudiendo oír que ocurren en otro lugar, y buscar ayudantes para sí mismo, pudiendo ayudar él ahora a otros; pues que los asuntos llegarán a este punto, si descuidamos lo presente, casi todos lo sabemos, supongo.
10
Pero que hay que ayudar, diría alguien, todos lo hemos reconocido, y ayudaremos; pero el cómo, dime eso. No se sorprendan, pues, ciudadanos atenienses, si digo algo paradójico para la mayoría. Designen legisladores. Y entre estos legisladores no establezcan ninguna ley( pues ya tienen suficientes), sino deroguen las que les perjudican en el presente.
11
Hablo de las leyes sobre los fondos teóricos, claramente así, y de algunas sobre los que sirven en el ejército, de las cuales unas distribuyen los fondos militares como teóricos a los que se quedan en casa, y otras dejan impunes a los que no cumplen con su deber, y luego hacen que los que quieren hacer lo que deben estén más desanimados. Cuando deroguen estas y hagan segura la vía para decir lo mejor, entonces busquen a quien proponga lo que todos saben que es conveniente.
12
Antes de hacer esto, no busquen quién, al decir lo mejor para ustedes, querrá perecer a manos de ustedes; pues no lo encontrarán, sobre todo cuando lo único que va a resultar es que el que diga y proponga esto sufra injustamente algún daño, sin beneficiar en nada a los asuntos, sino haciendo que, para el futuro, decir lo mejor sea aún más temible que ahora. Y, de hecho, ciudadanos atenienses, deben ser los mismos que las han establecido quienes se atrevan a derogar estas leyes;
13
pues no es justo que el favor, que perjudicaba a toda la ciudad, sea para quienes las establecieron entonces, y que la enemistad, por la cual todos podríamos actuar mejor, sea un castigo para quien dice ahora lo mejor. Pero antes de preparar esto, de ninguna manera, ciudadanos atenienses, consideren que nadie es tan importante entre ustedes como para que, habiendo transgredido estas leyes, no deba pagar la pena, ni tan insensato como para arrojarse a un mal evidente.
14
Ciertamente, tampoco deben ignorar esto, ciudadanos atenienses, que un decreto no vale nada si no se añade el querer hacer con entusiasmo lo que se ha decidido. Pues si los decretos fueran suficientes para obligarles a hacer lo que conviene o para llevar a cabo aquello sobre lo que se escribieran, ni ustedes, decretando mucho, harían poco, o mejor dicho, nada de esto, ni Filipo habría sido tan insolente durante tanto tiempo; pues hace tiempo que, al menos por causa de los decretos, habría pagado la pena.
15
Pero las cosas no son así; pues el actuar, siendo posterior en el orden al hablar y votar, es anterior en poder y superior. Esto, pues, debe añadirse, y lo demás ya existe; pues hay entre ustedes, ciudadanos atenienses, quienes pueden decir lo que se debe, y ustedes son los más agudos de todos para entender lo que se ha dicho, y podrán actuar ahora, si hacen lo correcto.
16
¿ Qué tiempo o qué momento, ciudadanos atenienses, buscan mejor que el presente?¿ O cuándo harán lo que deben, si no es ahora?¿ No ha tomado el hombre todos nuestros lugares, y si se convierte en dueño de esta tierra, sufriremos lo más vergonzoso de todo?¿ No están ahora en guerra aquellos a quienes prometíamos salvar fácilmente si entraban en guerra?
17
¿ No es un enemigo?¿ No tiene lo nuestro?¿ No es un bárbaro?¿ No es lo que uno quiera decir? Pero, por los dioses, habiendo dejado todo y casi habiéndoselo construido conjuntamente,¿ buscaremos entonces quiénes son los culpables de esto? Pues no diremos que nosotros mismos somos los culpables, sé esto claramente. Pues ni siquiera en los peligros de la guerra nadie de los que huyen se acusa a sí mismo, sino al estratega y a los vecinos y a todos más, pero sin embargo han sido derrotados por todos los que huyeron, supongo; pues era posible quedarse para el que acusa a los demás, y si cada uno hiciera esto, vencerían.
18
Y ahora, alguien no dice lo mejor; que se levante otro y lo diga, que no lo culpe a él. Otro dice algo mejor; hagan esto con buena fortuna. Pero esto no es agradable; el que habla ya no comete injusticia por esto, a menos que omita lo que debe desear. Pues desear, ciudadanos atenienses, es fácil, al reunir en poco todo lo que uno quiere; pero elegir, cuando se propone examinar los asuntos, ya no es igual de fácil, sino que hay que tomar lo mejor en lugar de lo agradable, si no se pueden tener ambas cosas.
19
Y si alguien tiene para nosotros cómo dejar los fondos teóricos y decir otros recursos militares,¿ no es este mejor? Diría alguien. Yo lo afirmo, si es que existe, ciudadanos atenienses; pero me sorprendería si a alguien de los hombres le ha ocurrido o le ocurrirá, si gasta lo presente en lo que no debe, tener abundancia de lo ausente para lo que debe. Pero, creo, el deseo de cada uno tiene un gran peso en tales discursos, por lo cual es lo más fácil de todo engañarse a sí mismo; pues lo que uno quiere, eso mismo cree, pero los asuntos a menudo no son así por naturaleza.
20
Observen, pues, ciudadanos atenienses, esto, tal como los asuntos lo permiten, y podrán salir y tendrán paga. No es propio de hombres sensatos ni nobles, faltando algo por escasez de dinero para la guerra, soportar fácilmente tales oprobios, ni marchar contra corintios y megarenses habiendo tomado las armas, y dejar que Filipo esclavice ciudades griegas por falta de provisiones para los que sirven en el ejército.
21
Y no he elegido decir esto para enemistarme con algunos de ustedes; pues no soy tan insensato ni desgraciado como para querer enemistarme sin creer que beneficio en nada; sino que considero que es propio de un ciudadano justo elegir la salvación de los asuntos en lugar del favor al hablar. Pues escucho que los que hablaban en tiempos de nuestros antepasados, como quizás también ustedes, a quienes todos los que pasan al frente elogian, pero no imitan del todo, usaban esta costumbre y este modo de hacer política, aquel Arístides, Nicias, el que tiene mi mismo nombre, Pericles.
22
Pero desde que han aparecido estos oradores que les preguntan:¿ qué quieren?¿ qué propongo?¿ qué les puedo conceder?, los asuntos de la ciudad se han malvendido por el favor del momento, y sucede esto, y las cosas de ellos van todas bien, y las de ustedes vergonzosamente.
23
Y sin embargo, consideren, ciudadanos atenienses, lo que uno podría decir como resumen tanto de las obras de los antepasados como de las de ustedes. Y el discurso será breve y conocido para ustedes; pues no usando ejemplos ajenos, sino propios, ciudadanos atenienses, es posible ser dichosos.
24
Aquellos, pues, a quienes los oradores no complacían ni amaban como estos a ustedes ahora, gobernaron a los griegos durante cuarenta y cinco años por voluntad propia, y llevaron a la acrópolis más de diez mil talentos, y el rey que poseía esta tierra les obedecía, como es propio que un bárbaro obedezca a los griegos, y erigieron muchos y hermosos trofeos tanto por tierra como por mar luchando ellos mismos, y fueron los únicos de los hombres que dejaron una gloria por sus obras superior a la de los que les envidiaban.
25
En cuanto a los asuntos griegos, eran así; pero en los que conciernen a la ciudad misma, observen cómo eran, tanto en lo público como en lo privado. Públicamente, pues, construyeron para nosotros edificios y bellezas tales y tantas de templos y de las ofrendas en ellos, que no dejaron posibilidad de superación a ninguno de los que vendrían después; y privadamente eran tan sensatos y permanecían tan firmemente en el carácter de la política,
26
que si alguno de ustedes conoce cómo es la casa de Arístides, la de Milcíades y la de los ilustres de entonces, ve que no es más majestuosa que la del vecino; pues no hacían los asuntos de la ciudad para su propio enriquecimiento, sino que cada uno creía que debía aumentar el bien común. Y por administrar los asuntos griegos con fidelidad, los de los dioses con piedad y los de entre ellos con igualdad, adquirieron razonablemente una gran felicidad.
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Entonces, pues, los asuntos estaban de esta manera para ellos, usando a los líderes que dije; pero ahora,¿ cómo están nuestros asuntos bajo estos hombres de bien?¿ Acaso igual o parecido? A quienes— dejo en silencio lo demás, aunque podría decir mucho—, pero la desolación de la que todos ven que se han apoderado, habiendo perecido los lacedemonios, estando ocupados los tebanos, y no habiendo ninguno de los otros digno de enfrentarse a nosotros por la primacía, pudiendo nosotros tanto conservar lo nuestro con seguridad como arbitrar los derechos de los demás,
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hemos sido privados de nuestra propia tierra, y hemos gastado más de mil quinientos talentos en nada necesario, y a quienes ganamos como aliados en la guerra, estos los han perdido en tiempo de paz, y hemos cultivado contra nosotros mismos a un enemigo tan grande. O que alguien pase al frente y me diga de dónde más se ha hecho fuerte Filipo sino de nosotros mismos.
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Pero, amigo, si esto está mal, al menos lo que está en la ciudad misma está mejor ahora.¿ Y qué podría decir uno?¿ Las almenas que blanqueamos, y los caminos que reparamos, y las fuentes, y las tonterías? Observen, pues, a los que hacen política con esto, de los cuales unos se han hecho ricos de pobres, otros de desconocidos, ilustres, y algunos han construido sus casas privadas más majestuosas que los edificios públicos, y cuanto más pequeños se han hecho los asuntos de la ciudad, tanto más han aumentado los de ellos.
30
¿ Cuál es, pues, la causa de todo esto, y por qué todo estaba bien entonces y ahora no correctamente? Porque entonces el pueblo mismo, atreviéndose a actuar y a servir en el ejército, era dueño de los políticos y señor de todos los bienes, y era motivo de satisfacción para el pueblo que cada uno de los demás participara de honor, de cargo y de algún bien;
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pero ahora, al contrario, los políticos son dueños de los bienes, y por medio de ellos se hace todo, y ustedes, el pueblo, debilitados y despojados de dinero y aliados, se han convertido en parte de sirvientes y de complemento, contentándose si ellos les reparten fondos teóricos o les envían las Boedromias, y lo más valiente de todo, agradecen que les den lo que es suyo. Ellos, encerrándolos en la ciudad misma, los llevan a esto y los domestican, haciéndolos dóciles para ellos.
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Y nunca, creo, es posible tener un espíritu grande y juvenil haciendo cosas pequeñas y viles; pues cualesquiera que sean las ocupaciones de los hombres, es necesario que el espíritu sea también tal. Por Deméter, no me sorprendería si, al decir esto, recibiera de ustedes un daño mayor que los que han hecho estas cosas; pues no siempre hay franqueza sobre todo entre ustedes, pero yo me sorprendo de que incluso ahora haya ocurrido.
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Si, pues, al menos ahora, habiéndose librado de estas costumbres, quisieran servir en el ejército y actuar dignamente de ustedes mismos, y usar estas riquezas que están en casa como recursos para los bienes exteriores, quizás, quizás, ciudadanos atenienses, adquirirían un bien completo y grande y se librarían de tales ganancias, que se parecen a los alimentos dados por los médicos a los enfermos. Pues aquellos ni infunden fuerza ni dejan morir; y esto que ustedes se reparten ahora, ni es tanto como para tener algún beneficio duradero, ni deja que, habiendo renunciado a ello, hagan otra cosa, sino que esto aumenta la indolencia de cada uno de ustedes.
34
¿ Entonces propones una paga? Dirá alguien. Y al instante la misma organización para todos, ciudadanos atenienses, para que, recibiendo cada uno su parte de los bienes comunes, esto estuviera disponible para lo que la ciudad necesitara. Es posible estar en paz; quedándose en casa, uno es mejor, librado de la necesidad de hacer algo vergonzoso por escasez. Sucede algo como lo de ahora; siendo uno mismo soldado de estas mismas ganancias, como es justo por la patria. Hay alguien fuera de la edad de ustedes; lo que este recibe ahora desordenadamente sin beneficiar, esto, recibiéndolo en igual orden, observando y administrando todo lo que debe hacerse.
35
Y en general, sin quitar ni añadir, salvo poco, al quitar el desorden, llevé a la ciudad al orden, habiendo hecho el mismo orden para recibir, para servir en el ejército, para juzgar, para hacer esto que cada uno pudiera según su edad y de lo que fuera el momento. No hay lugar donde yo haya dicho que se debe repartir a los que no hacen nada como a los que hacen, ni que ellos mismos estén ociosos y sin hacer nada y en apuros, y que se enteren de que los mercenarios de fulano vencen; pues esto es lo que ocurre ahora.
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Y no culpo al que hace algo de lo que debe por ustedes, sino que pido que ustedes mismos hagan por ustedes aquello por lo que honran a otros, y no ceder, ciudadanos atenienses, el puesto que los antepasados les dejaron, habiéndolo adquirido para la virtud con muchos y hermosos peligros. Casi he dicho lo que creo que conviene; ustedes elijan lo que va a ser beneficioso tanto para la ciudad como para todos ustedes.