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DemosthenesPhil 1 · spanish-geminiMore by Demosthenes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Atenienses, dado que en casi cada asamblea se pronuncian muchos discursos sobre las injusticias que Filipo comete no solo contra vosotros, sino también contra los demás, desde que firmó la paz, y puesto que sé que todos dirían— aunque no lo hagan— que es necesario hablar y actuar de modo que él cese en su insolencia y reciba su castigo, veo que todos los asuntos han sido llevados a tal punto y han sido tan descuidados que temo decir algo que, aunque suene mal, sea la verdad: incluso si todos los que suben a la tribuna quisieran hablar y vosotros votarais aquello que fuera a dejar los asuntos en el peor estado posible, no creo que pudieran quedar peor de lo que están ahora.
2
Quizás haya muchas causas para esto, y los asuntos no han llegado a este estado por una o dos razones, pero, si lo examináis correctamente, encontraréis que se debe a aquellos que prefieren complacer antes que decir lo mejor. Algunos de ellos, atenienses, mientras protegen aquello en lo que ellos mismos gozan de buena reputación y poder, no tienen ninguna previsión sobre el futuro— y, por tanto, tampoco creen que vosotros debáis tenerla—, mientras que otros, al culpar y difamar a quienes están al frente de los asuntos, no hacen otra cosa que procurar que la ciudad se castigue a sí misma y se ocupe de esto, mientras que a Filipo le sea permitido decir y hacer lo que quiera.
3
Tales políticas os son habituales, pero son la causa de vuestros males. Os pido, atenienses, que si digo algo de la verdad con franqueza, no me tengáis por ello ninguna ira. Consideradlo de este modo: vosotros creéis que la franqueza debe ser tan común para todos en la ciudad, que la habéis hecho partícipe incluso a los extranjeros y a los esclavos, y uno podría ver a muchos criados entre nosotros hablando con más libertad lo que quieren que los ciudadanos en algunas de las otras ciudades; sin embargo, la habéis desterrado por completo de la deliberación política.
4
Y os ha sucedido a consecuencia de esto que en las asambleas os deleitáis y os dejáis adular escuchando todo para vuestro placer, mientras que en los asuntos reales y en lo que sucede, ya os encontráis en peligro extremo. Si, pues, incluso ahora estáis así, no tengo qué decir; pero si estáis dispuestos a escuchar lo que conviene sin adulación, estoy listo para hablar. Pues, aunque los asuntos estén muy mal y muchas cosas se hayan descuidado, todavía es posible, si deseáis hacer lo que es necesario, enmendar todo esto.
5
Quizás sea paradójico lo que voy a decir, pero es verdad: lo peor de lo pasado es, para el futuro, lo mejor.¿ Qué es esto? Que el hecho de que no hayáis hecho nada de lo necesario es la razón de que los asuntos estén mal; pues, si hubierais hecho todo lo que correspondía y aun así estuvieran así, ni siquiera habría esperanza de que mejoraran. Pero ahora, Filipo ha vencido a vuestra indolencia y negligencia, pero no ha vencido a la ciudad; ni habéis sido derrotados, sino que ni siquiera os habéis movido.
6
Si, pues, todos estuviéramos de acuerdo en que Filipo está en guerra con la ciudad y viola la paz, el que sube a la tribuna no tendría que decir ni aconsejar otra cosa que cómo defendernos de él de la manera más segura y fácil; pero dado que algunos están tan absurdamente dispuestos que, mientras él toma ciudades, posee muchas de vuestras posesiones y comete injusticias contra todos los hombres, soportan que algunos en las asambleas digan a menudo que somos nosotros quienes provocamos la guerra, es necesario protegerse y corregir esto.
7
Pues existe el temor de que alguien, al proponer y aconsejar cómo defendernos, caiga en la acusación de haber provocado la guerra. Yo, pues, digo esto primero que todo y lo delimito: si depende de nosotros deliberar sobre si debemos mantener la paz o hacer la guerra.
8
Si, pues, es posible que la ciudad mantenga la paz y esto depende de nosotros, para empezar por ahí, yo digo que debemos mantenerla, y pido que quien diga esto lo proponga y actúe, y no engañe; pero si otro, teniendo las armas en las manos y una gran fuerza a su alrededor, os presenta el nombre de la paz, pero él mismo usa en los hechos los de la guerra,¿ qué queda sino defenderse? Si queréis decir que mantenéis la paz, igual que él, no me opongo.
9
Pero si alguien considera paz aquello desde lo cual él, habiendo tomado todo lo demás, vendrá contra nosotros, primero está loco, y luego, dice que la paz es de él para vosotros, no de vosotros para él; y esto es lo que Filipo compra con todo el dinero que gasta: que él mismo os haga la guerra, pero que vosotros no se la hagáis a él.
10
Y, ciertamente, si esperamos hasta que él admita que nos hace la guerra, seremos los más ingenuos de todos; pues ni siquiera si marcha contra la propia Ática y el Pireo lo dirá, si es que hay que conjeturar por lo que ha hecho con los demás.
11
Pues a los olintios, estando a cuarenta estadios de su ciudad, les dijo que debían hacer una de dos cosas: o ellos no vivir en Olinto, o él no en Macedonia; durante todo el tiempo anterior, si alguien lo acusaba de algo así, se indignaba y enviaba embajadores a disculparse; y marchó contra los focidios como si fueran aliados, y había embajadores de los focidios que lo acompañaban en su marcha, y entre nosotros muchos discutían que el paso de él no beneficiaría a los tebanos.
12
Y, ciertamente, hace poco, habiendo llegado a Tesalia como amigo y aliado, tiene ocupadas las Feras, y últimamente dijo que había enviado soldados a estos desgraciados oreítas por benevolencia, para que los inspeccionaran; pues se enteraba de que estaban enfermos y divididos, y que es propio de aliados y amigos verdaderos estar presentes en tales momentos.
13
Entonces,¿ creéis que él, que prefiere engañar a quienes no le habrían hecho ningún mal, pero que quizás se habrían guardado de sufrirlo, os hará la guerra tras previo aviso, y esto mientras os dejéis engañar voluntariamente?
14
No es así; pues sería el más estúpido de todos los hombres si, mientras vosotros, siendo injustamente tratados, no le reclamáis nada, sino que algunos de vosotros mismos os acusáis, él disolviera vuestra disputa y rivalidad mutua para que se volvieran contra él, y se privara de los discursos de los que están a su sueldo, con los cuales os entretienen diciendo que él no hace la guerra a la ciudad.
15
Pero, por Zeus,¿ hay alguien que, pensando bien, consideraría quién mantiene la paz o quién hace la guerra basándose en las palabras más que en los hechos? Nadie, por supuesto. Filipo, pues, desde el principio, apenas hecha la paz, sin que Diopites fuera aún estratego ni los que están ahora en el Quersoneso hubieran sido enviados, tomaba Serrio y Dorisco y expulsaba a los soldados del muro de Serrio y del Monte Sagrado, a quienes vuestro estratego había establecido.
16
Y, sin embargo, al hacer esto,¿ qué hacía? Pues había jurado la paz. Y que nadie diga:¿ qué es esto, o qué le importa a la ciudad? Pues si esto es pequeño, o no os importaba nada, este sería otro discurso; pero lo piadoso y lo justo, tanto si alguien lo viola en algo pequeño como en algo mayor, tiene la misma fuerza. Vamos, pues, ahora, cuando envía mercenarios al Quersoneso, que el Rey y todos los griegos han reconocido que es vuestra, y admite que ayuda y envía cartas sobre esto,¿ qué hace?
17
Dice que no hace la guerra, pero yo estoy tan lejos de admitir que, al hacer esto, él mantenga la paz con vosotros, que digo que, al tocar Megara, al preparar una tiranía en Eubea, al avanzar ahora contra Tracia, al tramar cosas en el Peloponeso y al hacer todo lo que hace con su fuerza, rompe la paz y os hace la guerra, a menos que digáis que también los que instalan las máquinas de asedio mantienen la paz, hasta que las acerquen ya a los muros. Pero no lo diréis; pues quien hace y prepara aquello con lo que yo podría ser capturado, ese me hace la guerra, aunque todavía no dispare ni lance flechas.
18
¿ En qué, pues, correríais peligro, si algo sucediera? En que el Helesponto sea alienado, en que el que os hace la guerra se convierta en dueño de Megara y de Eubea, en que los peloponesios piensen como él. Entonces,¿ he de decir ante vosotros que el que instala esta máquina contra la ciudad mantiene la paz?
19
Lejos de eso; desde el día en que destruyó a los focidios, desde ese día yo defino que él hace la guerra. Y digo que vosotros, si os defendéis ahora, seréis sensatos, pero si lo dejáis pasar, ni siquiera cuando queráis podréis hacerlo. Y estoy tan lejos de los otros que aconsejan, atenienses, que ni siquiera me parece que debamos ocuparnos ahora del Quersoneso ni de Bizancio, sino ayudar a estos,
20
y preservar que no sufran nada, y enviar a los soldados que están allí ahora todo lo que necesiten, pero deliberar sobre todos los griegos como si estuvieran en gran peligro. Quiero deciros de dónde temo tanto por los asuntos, para que, si razono correctamente, participéis de mis razonamientos y toméis alguna previsión para vosotros mismos, si es que no queréis hacerlo también por los demás, y si parezco desvariar y estar loco, no me prestéis atención ni ahora ni después como si estuviera cuerdo.
21
Que Filipo ha crecido desde algo pequeño y humilde al principio, y que los griegos están en una situación de desconfianza y división entre sí, y que era mucho más paradójico que él llegara a ser tanto desde aquello que ahora, cuando ya ha tomado tantas cosas, poner el resto bajo su poder, y todo lo que podría exponer sobre esto, lo omitiré.
22
Pero veo que todos los hombres, empezando por vosotros, le han concedido aquello por lo que durante todo el tiempo anterior han ocurrido todas las guerras griegas.¿ Qué es, pues, esto? Hacer lo que quiere, y recortar y robar así a los griegos uno a uno, y esclavizar a las ciudades al avanzar.
23
Y, sin embargo, vosotros fuisteis protectores de los griegos durante setenta y tres años, y los lacedemonios durante treinta menos uno; y los tebanos también tuvieron algo de fuerza estos últimos tiempos después de la batalla en Leuctra. Pero, aun así, ni a vosotros ni a los tebanos ni a los lacedemonios se les permitió nunca, atenienses, esto por parte de los griegos: hacer lo que quisierais, ni mucho menos;
24
sino que esto, a vosotros, o más bien a los atenienses de entonces, puesto que parecían comportarse con algunos no moderadamente, todos creían que debían, incluso los que no tenían nada que reclamarles, hacer la guerra junto con los injustamente tratados; y, de nuevo, cuando los lacedemonios mandaron y llegaron a la misma hegemonía que vosotros, puesto que intentaban excederse y movían las cosas más allá de lo moderado, todos se pusieron en guerra, incluso los que no tenían nada que reclamarles.
25
Y¿ qué necesidad hay de hablar de los otros? Pero nosotros mismos y los lacedemonios, sin tener nada que decir desde el principio sobre en qué éramos injustamente tratados por los otros, sin embargo, por lo que veíamos que otros eran injustamente tratados, creíamos que debíamos hacer la guerra. Y, sin embargo, todas las faltas cometidas tanto por los lacedemonios en esos treinta años como por nuestros antepasados en los setenta, son menores, atenienses, de las que Filipo, en trece años no completos en los que prevalece, ha cometido injustamente contra los griegos, o más bien, aquello no es ni una parte de esto.
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Y esto es fácil de mostrar en un breve discurso. Dejo de lado a Olinto, Metone, Apolonia y treinta y dos ciudades en Tracia, que ha destruido tan cruelmente que ni siquiera es fácil decir si alguna vez estuvieron habitadas; y callo sobre la nación de los focidios, tan destruida. Pero,¿ cómo está Tesalia?¿ No ha arrebatado sus constituciones y sus ciudades y ha establecido tetrarquías, para que no solo por ciudades sino también por naciones sean esclavos?
27
¿ No están ya tiranizadas las ciudades en Eubea, y esto en una isla cerca de Tebas y Atenas?¿ No escribe explícitamente en sus cartas: para mí hay paz con los que quieren escucharme? Y no es que escriba esto y no lo haga en los hechos, sino que se va contra el Helesponto, antes vino contra Ambracia, tiene a Elis, una ciudad tan grande en el Peloponeso, tramó contra Megara hace poco; ni la Hélade ni el mundo bárbaro contienen la codicia del hombre.
28
Y viendo y escuchando esto todos los griegos, no enviamos embajadores sobre esto unos a otros ni nos indignamos, sino que estamos tan mal dispuestos y divididos por ciudades que hasta el día de hoy no podemos hacer nada de lo que conviene ni de lo que es necesario, ni unirnos, ni hacer ninguna alianza de ayuda y amistad,
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sino que permitimos que el hombre se haga más grande, habiendo decidido cada uno ganar este tiempo en el que otro es destruido, como me parece a mí, sin mirar ni actuar sobre cómo se salvarán los asuntos de los griegos, puesto que nadie ignora que, como un periodo o un ataque de fiebre o de algún otro mal, se acerca incluso al que parece estar muy lejos ahora.
30
Y, ciertamente, también sabéis esto, que todo lo que los griegos sufrían por parte de los lacedemonios o por parte nuestra, al menos eran injustamente tratados por quienes eran genuinos de la Hélade, y uno podría haber tomado esto de la misma manera que si un hijo nacido en una gran fortuna, siendo legítimo, administrara algo no bien ni correctamente; por esto mismo sería digno de reproche y acusación, pero no se podría decir que lo hacía como alguien que no pertenece o como alguien que no es heredero de esto.
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Pero si un esclavo o un suplantador destruyera y arruinara lo que no le pertenece,¡ por Heracles!, todos dirían que es mucho más terrible y digno de ira. Pero no se sienten así respecto a Filipo y lo que él hace ahora, que no solo no es griego ni pertenece en nada a los griegos, sino que ni siquiera es un bárbaro de donde sea bueno decir, sino un macedonio pestilente, de donde antes ni siquiera se podía comprar un esclavo decente.
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Y, sin embargo,¿ qué deja de la insolencia extrema? Además de haber destruido ciudades,¿ no celebra los Pitios, el certamen común de los griegos, y si él mismo no está presente, envía a sus esclavos a presidir los juegos?¿ No es dueño de las Termópilas y de los pasos hacia los griegos, y mantiene estos lugares con guarniciones y mercenarios?¿ Y no tiene también la promantía del dios, habiendo apartado a nosotros, a los tesalios, a los dorios y a los demás anfictiones, de la cual ni siquiera todos los griegos participan?
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¿ Y escribe a los tesalios cómo deben gobernarse?¿ Y envía mercenarios, unos a Portmo, para expulsar al pueblo de los eretrieos, otros a Oreos, para establecer al tirano Filistides? Pero, aun así, viendo esto, los griegos lo soportan, y me parece que lo observan de la misma manera que al granizo, rezando cada uno para que no caiga sobre sí mismo, pero nadie intenta impedirlo.
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Y no solo nadie se defiende de aquello por lo que la Hélade es insultada por él, sino que ni siquiera por aquello por lo que cada uno es injustamente tratado; pues esto ya es lo último.¿ No ha ido contra Ambracia y Léucade por los corintios?¿ No ha jurado a los etolios que entregará Naupacto a los aqueos?¿ No ha arrebatado Equino a los tebanos, y ahora marcha contra los bizantinos, que son aliados?
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Y, dejo de lado lo demás,¿ no tiene la ciudad más grande del Quersoneso, Cardia? Estos, pues, sufriendo todos, dudamos y nos entumecemos y miramos a los vecinos, desconfiando unos de otros, no del que nos hace injusticia a todos. Y, sin embargo, al que trata a todos tan insolentemente,¿ qué creéis que hará cuando sea dueño de cada uno de nosotros?
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¿ Qué es, pues, la causa de esto? Pues no sin razón y causa justa estaban los griegos tan dispuestos a la libertad entonces, ni ahora a la esclavitud. Había algo entonces, había, atenienses, en las mentes de la mayoría, que ahora no existe, que también venció la riqueza de los persas y mantenía libre a la Hélade y no era derrotada en ninguna batalla naval ni terrestre, pero ahora, habiéndose perdido todo, ha corrompido y ha puesto patas arriba los asuntos de los griegos.
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¿ Qué era, pues, esto? Nada complicado ni sabio, sino que todos odiaban a los que recibían dinero de los que querían mandar o corromper a la Hélade, y era lo más difícil ser probado como sobornado, y lo castigaban con el mayor castigo, y no había ninguna súplica ni perdón.
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La oportunidad de cada uno de los asuntos, que la fortuna prepara a menudo incluso para los descuidados contra los que prestan atención, no se podía comprar a los que hablaban ni a los que mandaban, ni la concordia entre sí, ni la desconfianza hacia los tiranos y los bárbaros, ni en absoluto nada de eso.
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Pero ahora todo esto se ha vendido como en un mercado, y se ha introducido en su lugar, por lo que la Hélade ha perecido y ha enfermado.¿ Y qué es esto? Celo, si alguien ha recibido algo; risa, si lo admite; perdón para los que son probados; odio, si alguien censura esto; todo lo demás que depende del soborno.
40
Pues trirremes y multitud de hombres y dinero y abundancia de otro equipo, y lo demás por lo que uno juzgaría que las ciudades son fuertes, ahora todos tienen más y mayores que entonces, con mucho. Pero esto se vuelve inútil, ineficaz e infructuoso por los que lo venden.
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Que esto es así, lo veis ahora, por supuesto, y no necesitáis ningún testigo de mi parte; pero que en los tiempos pasados era lo contrario, yo lo mostraré, no diciendo discursos míos, sino documentos de vuestros antepasados que ellos depositaron en una estela de bronce escribiéndola en la acrópolis, no para que les fuera útil( pues sin estos documentos pensaban lo necesario), sino para que vosotros tengáis recordatorios y ejemplos de cómo es propio esforzarse por tales cosas.
42
¿ Qué dicen, pues, los documentos? Dice: Artmio, hijo de Pitónax, de Zelea, infame y enemigo del pueblo de los atenienses y de los aliados, él y su linaje. Luego está escrita la causa por la que esto sucedió: porque trajo el oro de los medos al Peloponeso. Estos son los documentos.
43
Considerad, pues, por los dioses, cuál era la mente de los atenienses de entonces, al hacer esto, o cuál era su dignidad. Ellos, a un tal Artmio de Zelea, esclavo del rey( pues Zelea es de Asia), porque sirviendo a su amo trajo oro al Peloponeso, no a Atenas, lo inscribieron como enemigo de ellos y de los aliados, a él y a su linaje, y como infames.
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Y esto no es la infamia que uno diría así; pues,¿ qué le importaba al de Zelea no participar de los asuntos comunes de los atenienses? Pero está escrito en las leyes sobre homicidios, sobre los cuales no se permite juzgar por homicidio, sino que es sagrado matar, y dice: que el infame muera. Esto, pues, dice: que es puro quien mata a uno de estos.
45
Por tanto, ellos consideraban que debían ocuparse de la salvación de todos los griegos; pues no les habría importado si alguien en el Peloponeso compraba y corrompía a algunos, si no pensaran esto; pero castigaban y se vengaban de tal manera de quienes percibían, que incluso los ponían en estelas. Y por esto, razonablemente, los asuntos de los griegos eran temibles para el bárbaro, no el bárbaro para los griegos. Pero no ahora; pues no estáis así ni respecto a tales cosas ni respecto a las demás, sino¿ cómo?
46
Lo sabéis vosotros mismos; pues,¿ qué necesidad hay de acusaros a todos? De manera similar y nada mejor que vosotros están todos los demás griegos; por lo cual digo que los asuntos presentes necesitan de mucho esfuerzo y buen consejo.¿ De qué?¿ Queréis que lo diga?¿ Y no os indignaréis? LEE DEL DOCUMENTO.
47
Existe, pues, un discurso ingenuo de parte de los que quieren consolar a la ciudad, de que Filipo no es todavía como lo fueron los lacedemonios, que mandaban en el mar y en toda la tierra, y tenían al rey como aliado, y nada se les resistía; pero, aun así, la ciudad se defendió de ellos y no fue saqueada. Pero yo, habiendo tomado todo, por así decirlo, un gran avance, y no siendo nada iguales los asuntos de ahora a los anteriores, no creo que nada más que los asuntos de la guerra se hayan movido y avanzado.
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Primero, pues, oigo que los lacedemonios entonces y todos los demás, durante cuatro o cinco meses, la estación misma, invadían y dañaban el país con hoplitas y ejércitos ciudadanos y regresaban a casa de nuevo; y estaban tan antiguamente dispuestos, o más bien políticamente, que ni siquiera compraban nada a nadie con dinero, sino que la guerra era algo legal y manifiesto.
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Pero ahora veis, por supuesto, que la mayoría de los traidores han perecido, y que nada sucede por formación ni batalla; y oís que Filipo no marcha a donde quiere llevando una falange de hoplitas, sino que está equipado con un ejército de infantería ligera, jinetes, arqueros, mercenarios, tal campamento.
50
Y cuando, además de esto, cae sobre los que están enfermos entre sí y nadie sale por el país debido a la desconfianza, instala máquinas y asedia. Y callo sobre el verano y el invierno, que no hay diferencia, ni hay una estación excluida que él deje pasar.
51
Sabiendo y razonando esto todos, no hay que dejar que la guerra entre en el país, ni mirar a la ingenuidad de la guerra de entonces contra los lacedemonios para desbocarse, sino protegerse desde lo más lejos posible con los asuntos y los preparativos, mirando cómo no se moverá desde casa, no luchar tras haberse enfrentado.
52
Pues para la guerra tenemos por naturaleza muchas ventajas, si, atenienses, queremos hacer lo que es necesario, la naturaleza de su país, del que es posible llevar y traer mucho y hacer daño, otras diez mil cosas; pero para el combate él ha sido entrenado mejor que nosotros.
53
Y no solo hay que saber esto, ni defenderse de él con los hechos de la guerra, sino también con el razonamiento y la mente odiar a los que hablan entre vosotros a favor de él, reflexionando que no es posible vencer a los enemigos de la ciudad antes de que castiguéis a los que en la propia ciudad sirven a aquellos.
54
Lo cual, por Zeus y los demás dioses, no podréis hacer, sino que habéis llegado a tal punto de estupidez o locura o no sé qué decir( pues a menudo me ha venido también temer esto, que algún demonio impulse los asuntos), que ordenáis hablar a hombres asalariados, de los cuales algunos ni siquiera negarían que son tales, por causa de injurias, envidia, burla, o cualquier causa que se dé, y os reís si injurian a alguien.
55
Y esto todavía no es terrible, aunque es terrible; sino que habéis permitido que estos se comporten políticamente con más seguridad que los que hablan a favor de vosotros. Y, sin embargo, observad cuántas desgracias prepara el querer escuchar a tales personas. Diré hechos que todos conoceréis.
56
Había en Olinto, de los que estaban al frente de los asuntos, unos que eran de Filipo y servían en todo a él, otros que eran de lo mejor y actuaban para que los ciudadanos no fueran esclavos.¿ Cuáles, pues, destruyeron la patria?¿ O cuáles traicionaron a los jinetes, con cuya traición Olinto pereció? Los que pensaban como Filipo, y cuando la ciudad estaba, calumniaban y difamaban a los que decían lo mejor, de tal manera que el pueblo de los olintios fue persuadido incluso a expulsar a Apolónides.
57
No solo entre estos esta costumbre hizo todos los males, y en ningún otro lugar; sino en Eretria, cuando, tras la partida de Plutarco y los mercenarios, el pueblo tenía la ciudad y Portmo, unos llevaban los asuntos hacia vosotros, otros hacia Filipo. Y escuchando a estos la mayoría, o más bien todo, los desgraciados y desdichados eretrieos, al final fueron persuadidos a expulsar a los que hablaban a favor de ellos.
58
Y, ciertamente, habiendo enviado Filipo, el aliado de ellos, a Hipónico y mil mercenarios, derribó los muros de Portmo y estableció tres tiranos: Hiparco, Automedonte, Clitarco; y después de esto ha expulsado del país dos veces ya a los que querían salvarse, una vez enviando a los mercenarios con Euríloco, otra vez a los que estaban con Parmenión.
59
Y¿ qué necesidad hay de decir mucho? Pero en Oreos, Filistides actuaba para Filipo, y Menipo y Sócrates y Toas y Agapayo, los que ahora tienen la ciudad( y esto lo sabían todos), y Eufreo, un hombre que también vivió aquí entre nosotros alguna vez, para que fueran libres y no esclavos de nadie.
60
De este, cómo era insultado y ultrajado por el pueblo, habría mucho que decir; pero un año antes de la toma, denunció como traidor a Filistides y a los que estaban con él, al darse cuenta de lo que hacían. Y habiéndose reunido muchos hombres y teniendo a Filipo como corifeo y siendo dirigidos por los pritanos, llevan a Eufreo a la cárcel, como si perturbara la ciudad.
61
Viendo esto el pueblo de los oreítas, en lugar de ayudar a uno y ejecutar a los otros, no se indignaba con aquellos, y decía que el otro era digno de sufrir esto y se alegraba. Después de esto, aquellos actuaban con la autoridad que querían para que la ciudad fuera tomada, y preparaban la acción; y si alguno de la mayoría se daba cuenta, callaba y estaba aterrorizado, recordando lo que sufrió Eufreo. Y estaban tan miserablemente dispuestos que nadie se atrevió a romper el silencio ante tal mal que se acercaba, hasta que los enemigos, habiéndose preparado, se acercaron a los muros; entonces, unos se defendían, otros traicionaban.
62
Y habiendo sido tomada la ciudad tan vergonzosa y malamente, unos mandan y tiranizan, habiendo expulsado a unos y matado a otros de los que entonces se salvaban a sí mismos y a Eufreo, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, y aquel Eufreo se degolló a sí mismo, testificando con el hecho de que justa y puramente se había opuesto a Filipo en favor de los ciudadanos.
63
¿ Qué es, pues, la causa, os preguntaréis quizás, de que tanto los olintios como los eretrieos y los oreítas estuvieran más dispuestos hacia los que hablaban a favor de Filipo que hacia los que hablaban a favor de ellos mismos? Lo mismo que entre vosotros, que a los que hablan a favor de lo mejor, a veces ni queriendo les es posible decir nada para complacer; pues es necesario mirar cómo se salvarán los asuntos; pero los otros, en aquello mismo en lo que complacen, colaboran con Filipo.
64
Unos pedían contribuir, los otros decían que no era necesario; unos hacer la guerra y no confiar, los otros mantener la paz, hasta que fueron capturados. Lo demás, creo, todo de la misma manera, para no decir uno por uno; unos decían aquello con lo que complacerían, otros aquello desde lo cual iban a salvarse. Y muchas cosas al final la mayoría no las aceptaba tanto para complacer ni por ignorancia, sino cediendo, puesto que creían que en el conjunto estaban derrotados.
65
Lo cual, por Zeus y Apolo, temo que os pase a vosotros, cuando sepáis, calculando, que ya no os queda nada. Y, sin embargo, que no suceda, atenienses, que los asuntos lleguen a eso; pero morir diez mil veces es mejor que hacer algo por adulación a Filipo y abandonar a algunos de los que hablan a favor de vosotros.¡ Qué hermosa gratitud han recibido ahora la mayoría de los oreítas, porque se entregaron a los amigos de Filipo y expulsaron a Eufreo!
66
¡ Qué hermosa gratitud la del pueblo de los eretrieos, porque expulsó a vuestros embajadores y se entregó a Clitarco; son esclavos siendo azotados y degollados!¡ Qué bien perdonó a los olintios que eligieron a Lastenes como hiparco y expulsaron a Apolónides!
67
Es estupidez y maldad esperar tales cosas, y, aconsejándose mal y no queriendo hacer nada de lo que corresponde, sino escuchando a los que hablan a favor de los enemigos, creer que se habita una ciudad de tal tamaño que no sufrirá nada terrible, pase lo que pase.
68
Y, ciertamente, es vergonzoso decir después:¿ quién habría pensado que esto sucedería?¡ Por Zeus!, pues había que hacer esto y aquello y no hacer aquello. Los olintios tendrían mucho que decir ahora, que si lo hubieran previsto entonces, no habrían perecido; mucho los oreítas, mucho los focidios, mucho cada uno de los destruidos.
69
Pero,¿ qué provecho tienen de esto? Mientras el barco se salve, sea mayor o menor, entonces es necesario que tanto el marinero como el timonel y todo hombre sucesivamente estén dispuestos, y mirar cómo nadie, ni voluntaria ni involuntariamente, lo volcará; pero cuando el mar lo sobrepase, el esfuerzo es inútil.
70
Pues bien, atenienses, mientras estamos a salvo, poseyendo una ciudad grandísima, recursos abundantes y un prestigio excelente,¿ qué debemos hacer? Quizá alguien lleve tiempo sentado deseando preguntar esto. Por Zeus, yo lo diré y presentaré una propuesta para que la votéis si así lo queréis. Primero, debemos defendernos nosotros mismos y prepararnos, me refiero a trirremes, dinero y soldados; pues, aunque todos los demás acepten ser esclavos, nosotros debemos luchar por nuestra libertad.
71
Una vez que hayamos preparado todo esto y lo hayamos hecho patente, invitemos entonces a los demás y enviemos embajadores a todas partes para que los instruyan: al Peloponeso, a Rodas, a Quíos y al Gran Rey( pues tampoco es ajeno a sus intereses evitar que este hombre lo someta todo), para que, si los convencéis, tengáis aliados tanto para los peligros como para los gastos, si fuera necesario; y si no, al menos ganaréis tiempo para los asuntos.
72
Puesto que la guerra es contra un hombre y no contra la fuerza de una ciudad organizada, esto tampoco es inútil, ni lo fueron aquellas embajadas del año pasado por el Peloponeso y las acusaciones que yo, el excelente Polieucto, Hegesipo y los demás embajadores recorrimos, y logramos detenerlo y que no marchara ni contra Ambracia ni se lanzara sobre el Peloponeso.
73
Sin embargo, no digo que debamos invitar a los demás sin estar nosotros dispuestos a hacer lo necesario por nuestra cuenta; pues es una necedad descuidar lo propio y pretender preocuparse por lo ajeno, y pasar por alto lo presente para asustar a los demás con lo futuro. No digo eso, sino que afirmo que debemos enviar dinero a los que están en el Quersoneso y hacer todo lo que ellos piden, prepararnos nosotros mismos, y convocar, reunir, instruir y amonestar a los demás griegos; esto es propio de una ciudad que posee el prestigio que vosotros tenéis.
74
Pero si pensáis que los calcidios o los megarenses salvarán a Grecia mientras vosotros eludís vuestras responsabilidades, no pensáis correctamente; pues ya será bastante con que cada uno de ellos se salve a sí mismo. Pero esto es lo que vosotros debéis hacer; este es el honor que vuestros antepasados ganaron y os legaron tras muchos y grandes peligros.
75
Y si cada uno se queda sentado buscando lo que le conviene y mirando cómo no hacer nada por sí mismo, primero, nunca encontrará a quienes lo hagan, y segundo, temo que nos veamos en la necesidad de hacer todas esas cosas que no queremos, todas a la vez.
76
Yo, por mi parte, digo esto y presento esta propuesta; y creo que, incluso ahora, los asuntos podrían enderezarse si se llevan a cabo estas medidas. Si alguien tiene algo mejor que esto, que lo diga y lo aconseje. Y que lo que decidáis,¡ oh, todos los dioses!, sea para vuestro bien.

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