De paenitentia
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Original: Pg Scrape Grc
De paenitentia ΛΟΓΟΣ ΠΕΡΙ ΜΕΤΑΝΟΙΑΣἘξ ἀγροῦ αὐτοῦ ἐπανελθόντος. Ὁμιλία αʹ.
Spanish Gemini
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Sobre la penitencia. Discurso sobre la penitencia. Al regresar de su campo. Homilía I.
1
¿ Se acordaban de nosotros cuando estuvimos separados de ustedes durante este tiempo? Yo, por mi parte, nunca pude olvidarlos; incluso al dejar la ciudad, no dejé atrás el recuerdo de ustedes. Pues, al igual que quienes aman los cuerpos hermosos llevan consigo a dondequiera que vayan el rostro anhelado, así nosotros, enamorados de la belleza de su alma, llevamos siempre con nosotros la hermosura de su mente. Y así como los pintores, mezclando diversos colores, crean las imágenes de los cuerpos, así también nosotros, mezclando su celo en las asambleas, su entusiasmo por la escucha, su benevolencia hacia el orador y todos sus demás logros como si fueran diversos colores de virtud, trazamos el carácter de su alma y, poniéndolo ante los ojos de nuestra mente, recibimos a través de esta fantasía un consuelo suficiente para nuestra ausencia. Y esto, sentados en casa o levantándonos, caminando o descansando, entrando o saliendo, lo meditábamos continuamente, soñando con su amor; y no solo de día, sino también de noche nos deleitábamos con estas fantasías. Y lo que dijo Salomón:« Yo duermo y mi corazón vela», eso mismo experimentábamos nosotros entonces. Pues la necesidad del sueño cerraba nuestros párpados, pero la tiranía de su amor despertaba los ojos de nuestra mente; y muchas veces me parecía estar conversando con ustedes en sueños. Pues la naturaleza del alma es imaginar de noche aquello en lo que piensa durante el día; lo cual, por tanto, sucedía también con nosotros entonces. Y al no verlos con los ojos de la carne, los veía con los ojos del amor, y aunque no estaba presente con ustedes en cuerpo, estaba presente en disposición, y mis oídos resonaban constantemente con su clamor. Por eso, aunque la debilidad del cuerpo me obligaba a permanecer allí más tiempo y a disfrutar del beneficio del aire para la salud de la carne, la violencia de su amor no lo soportó, sino que protestó y no dejó de importunarme hasta que me convenció de levantarme incluso antes de la hora debida, aconsejándome considerar su compañía como salud, deleite y cualquier bien que existiera. Persuadidos por esto, elegimos regresar teniendo aún los restos de la enfermedad, antes que, habiendo depuesto puramente la debilidad del cuerpo, entristecer más a su amor. Pues, permaneciendo allí, escuchaba sus quejas, y cartas continuas nos las transmitían; y es que prestaba atención a quienes se quejaban no menos que a quienes elogiaban, pues aquellas censuras provenían de un alma que sabía amar. Y por esto me levanté y corrí; por esto nunca pude expulsarlos de mi mente.¿ Y qué tiene de extraño que yo, permaneciendo en el campo y disfrutando de tranquilidad, me acordara de su amor, cuando Pablo, cargado de cadenas, viviendo en una prisión y viendo innumerables peligros acechándolo, vivía en la prisión como en un prado, acordándose así de sus hermanos, y escribiendo decía:« Como es justo que yo piense esto de todos ustedes, por tenerlos en mi corazón, tanto en mis cadenas como en la defensa y confirmación del Evangelio»? Por fuera, la cadena de los enemigos; por dentro, la cadena del afecto de los discípulos. Pero la de fuera estaba forjada de hierro, mientras que la de dentro estaba hecha de amor; y aquella muchas veces la dejó, pero esta nunca la rompió. Pues, al igual que las mujeres que han experimentado los dolores de parto y se han convertido en madres están unidas continuamente a los hijos nacidos, dondequiera que estén, así también Pablo, o mejor dicho, con mucha más fuerza que ellas, estaba siempre clavado a sus discípulos, y tanto más cuanto que los hijos del espíritu son más ardientes que los de la naturaleza. Pues este también sufría dolores de parto, no una, sino dos veces por los mismos, y clamaba diciendo:« Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto». Y, sin embargo, esto nunca lo sufriría una mujer, ni soportaría los mismos dolores de nuevo; pero Pablo soportó esto, lo cual no es posible ver en la naturaleza, volver a tomar a los que ya habían nacido y soportar por ellos los agudos dolores de parto. Por eso, queriendo también avergonzarlos, decía:« Por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto», queriendo decir casi:« Tengan piedad de mí; ningún hijo ha dilatado por segunda vez el vientre materno con dolores de parto, lo cual ustedes me obligan a sufrir». Y, sin embargo, aquellos dolores se tensan en un momento de tiempo y, una vez que el niño se desliza del vientre, desaparecen; pero estos no son así, sino que permanecen meses enteros. Pues muchas veces Pablo sufría dolores de parto durante todo un año y no daba a luz a los que estaban siendo gestados. Y allí el dolor es de la carne, pero aquí los dolores no dilatan el vientre, sino que desgarran la fuerza misma del alma. Y para que sepas que estos dolores son más ardientes,¿ quién ha deseado jamás soportar la gehenna por los hijos nacidos? Pero este no solo elige soportar la gehenna, sino que también desea ser anatema de Cristo para poder dar a luz a los judíos, a quienes sufría dolores de parto siempre y continuamente; y como esto no sucedía, se dolía diciendo:« Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón». Y aquí de nuevo:« Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en ustedes».¿ Qué podría haber más dichoso que aquel vientre que podía dar a luz tales hijos, de modo que tuvieran a Cristo en sí mismos?¿ Qué más fecundo que el que dio a luz a todo el mundo?¿ Qué más poderoso que el que, habiendo nacido y crecido, al caer en el aborto, tuvo la fuerza de volver a tomarlos y formarlos de nuevo? Pues esto es imposible en los hijos naturales.¿ Y por qué no dijo:« Hijitos míos, a quienes vuelvo a regenerar», sino« sufro dolores de parto»? Aunque en otro lugar dice que engendra:« Pues en Cristo Jesús yo los engendré». Allí, pues, solo quería manifestar el parentesco; aquí, en cambio, se esforzaba por representar también el dolor.¿ Y cómo llama hijos a los que aún no han nacido? Pues si sufre dolores de parto, aún no ha dado a luz;¿ cómo, pues, los llama hijos? Para que aprendas que no sufre estos primeros dolores, lo cual era suficiente para avergonzarlos. Pues dice:« Ya fui padre una vez y soporté el parto debido por ustedes, y ustedes también fueron hijos una vez;¿ cómo, pues, me hacen caer de nuevo en segundos dolores? Bastantes fueron los dolores de los partos desde el principio;¿ por qué me dilatan de nuevo con dolores?». Pues las caídas de los fieles le causaban un dolor no menor que el de los que aún no habían creído. Pues era insoportable verlos desertar hacia la impiedad después de la comunión de tales misterios; por eso clamaba de manera muy aguda y más apasionada que cualquier mujer, diciendo:« Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en ustedes». Y esto lo decía queriendo a la vez animar y atemorizar; pues mostrar que Cristo no estaba formado en ellos infundía angustia y temor, mientras que insinuar que era posible que fuera formado los preparaba para tener confianza de nuevo. Pues decir« hasta que sea formado» indica ambas cosas: que aún no ha sido formado y que es posible que sea formado de nuevo. Pues si no fuera posible, en vano les decía:« Hasta que Cristo sea formado en ustedes», y los alimentaba con esperanzas vanas.
2
Sabiendo esto, pues, no nos desesperemos nosotros tampoco, pero tampoco seamos simplemente negligentes; pues ambas cosas son destructivas. La desesperación no permite que el que está caído se levante, mientras que la negligencia hace que el que está en pie caiga. Aquella suele privar de los bienes adquiridos, esta no permite deshacerse de los males inminentes; y el menosprecio hace caer incluso desde los cielos, mientras que la desesperación hace descender al abismo mismo de la maldad, así como el no desesperar hace subir rápidamente incluso desde allí. Observa la fuerza de ambos: el diablo era bueno antes de esto; pero al ser negligente y desesperar, cayó en tal maldad que ya no pudo levantarse. Pues, que era bueno, escucha lo que dice:« Vi a Satanás caer del cielo como un rayo». La parábola del rayo muestra tanto el brillo de su conducta anterior como la rapidez de la caída. Pablo era blasfemo, perseguidor e insolente; pero como se esforzó y no desesperó, se levantó y se hizo igual a los ángeles. Judas era apóstol, pero al ser negligente se convirtió en traidor. El ladrón, de nuevo, después de tanta maldad, como no desesperó, entró en el paraíso antes que todos los demás; el fariseo, confiando en su propia virtud, fue derribado de su altura; el publicano, al no desesperar, fue tan rectificado que superó incluso a aquel.¿ Quieres que te muestre también a una ciudad entera que hizo esto? La ciudad de los ninivitas se salvó toda así; aunque la sentencia los hizo caer en la desesperación. Pues no dijo:« Si se arrepienten, se salvarán», sino simplemente:« Dentro de tres días, Nínive será destruida». Pero, sin embargo, amenazando Dios, clamando el profeta y no teniendo la sentencia dilación ni condición, no se desanimaron ni entregaron las buenas esperanzas. Pues por esto no añadió condición, ni dijo:« Si se arrepienten, se salvarán», para que también nosotros, cuando escuchemos una sentencia de Dios que se emite sin condición, no desesperemos ni nos demos por vencidos, mirando a aquel ejemplo. Y no solo por esto es posible ver la filantropía de Dios, porque al no añadir condición a la sentencia, sin embargo, se reconcilió con los que se arrepintieron, sino también por el hecho mismo de haber emitido la sentencia consumada. Pues queriendo aumentar el temor y reprender su gran negligencia, hizo esto; y el tiempo mismo del arrepentimiento muestra su inefable filantropía. Pues,¿ qué hicieron tres días tanto como para borrar tanta maldad?¿ Ves cómo también de ahí aparece la providencia de Dios? Pues esto contribuyó más a la salvación de la ciudad. Sabiendo esto, pues, no desesperemos nunca; pues no hay arma tan fuerte para el diablo como la desesperación. Por eso no lo alegramos tanto pecando como desesperando. Escucha, pues, sobre el que había fornicado, cómo Pablo teme más la desesperación que el pecado. Pues escribiendo a los corintios decía así:« Se oye hablar de fornicación entre ustedes, y tal fornicación que ni siquiera se nombra entre los gentiles». Y no dijo:« Que ni siquiera se atreve entre los gentiles», sino:« Ni siquiera se nombra»; pues lo que para aquellos era insoportable hasta el nombre, esto entre ustedes se ha atrevido en la obra.«¿ Y ustedes están hinchados?». Y no dijo:«¿ Y aquel está hinchado?», sino que, dejando al que había pecado, habla a los que están sanos, tal como hacen los médicos, que, dejando a los enfermos, usan más palabras con los que están cerca de ellos; por otra parte, estos también eran causa de toda la insensatez para él, al no reprender ni censurar. Compartió, pues, el crimen, para que la curación de la herida fuera fácil. Pues es terrible pecar, pero mucho más grave es también enorgullecerse de los pecados. Pues si el hincharse por la justicia es un vaciamiento de la justicia, mucho más, al suceder esto por los pecados, nos traerá un daño extremo, y el crimen será mayor que los pecados mismos. Por esto dice:« Cuando hayan hecho todo, digan que somos siervos inútiles». Y si los que hacen todo deben estar encogidos, mucho más el que ha pecado es digno de lamentarse y contarse entre los últimos. Lo cual, pues, indicaba también entonces al decir:«¿ Y no se lamentaron más bien?».¿ Qué dices?¿ Otro pecó y yo me lamentaré? Sí, dice; pues estamos unidos unos a otros a modo de cuerpo y miembros; y en el cuerpo, aunque el pie reciba una herida, vemos a la cabeza inclinarse. Y, sin embargo,¿ qué hay más digno que esta? Pero no ve la dignidad en el tiempo de la desgracia; así haz tú también. Por esto también Pablo exhorta:« Alegrarse con los que se alegran y llorar con los que lloran». Por esto también dice a los corintios:«¿ Y no se lamentaron más bien, para que sea quitado de en medio de ustedes el que hizo esta obra?». No dijo:«¿ Y no se esforzaron más bien?», sino¿ qué?«¿ Y no se lamentaron más bien?», como si una enfermedad común y una peste hubieran invadido la ciudad; queriendo decir casi:« Se necesita oración, confesión y súplica, para que la enfermedad sea expulsada de toda la ciudad».¿ Ves cuánto temor les colgó? Pues como pensaban que el mal se detenía solo hasta allí, los pone en angustia diciendo:«¿ No saben que un poco de levadura fermenta toda la masa?». Lo que dice es esto:« El mal, caminando por el camino, tocará también a los demás miembros; como si deliberaran sobre males comunes, pues, así deben preocuparse. Pues no me digas esto, que aquel pecó solo, sino observa esto, que el mal es una gangrena y se extiende por todo el resto del cuerpo. Y al igual que cuando una casa se quema, incluso los que aún no han recibido el mal no se apresuran menos que los que están en la desgracia y contribuyen con todo, para que el fuego, apresurándose, no llegue también a sus puertas; así también Pablo los despierta diciendo:« Es un incendio, prevengamos el mal; apaguemos la conflagración antes de que alcance a la Iglesia; pero si menosprecias el pecado como si ocurriera en un cuerpo ajeno, sobre todo también así es malo; pues aquel es miembro de todo el cuerpo».
2
¿ Vieron el domingo pasado guerra y victoria, guerra del diablo, pero victoria de Cristo?¿ Vieron cómo se elogiaba el arrepentimiento y el diablo no soportó el golpe, sino que tuvo miedo y se estremeció?¿ Qué temes, oh diablo, siendo el arrepentimiento elogiado?¿ Por qué te lamentas, por qué te estremeces?« Sí», dice,« justamente me lamento y me aflijo; este arrepentimiento me arrebató grandes utensilios».¿ Cuáles son estos? La ramera, el publicano, el ladrón, el blasfemo. Pues, en verdad, el arrepentimiento arrebató muchos de sus utensilios y derribó su misma acrópolis, y tiene el golpe del arrepentimiento en un lugar vital. Sabrás, amado, por lo que la experiencia mostró hace poco.¿ Por qué, pues, no disfrutamos de tal homilía y nos reunimos en la iglesia en cada ocasión, abrazando el arrepentimiento? Aunque seas pecador, entra en la iglesia para que digas tus pecados; aunque seas justo, entra para que no caigas de la justicia; pues la iglesia es puerto para ambos.¿ Eres pecador? No desesperes, sino entra proponiendo arrepentimiento.¿ Pecaste? Dile a Dios:« He pecado».¿ Qué esfuerzo es este?¿ Qué periodo?¿ Qué aflicción?¿ Qué estrechez decir la palabra:« He pecado»? Pues,¿ acaso tú, si no te llamas pecador, no tienes al diablo como acusador? Anticípate y arrebátale su dignidad; pues la dignidad de aquel es acusar.¿ Por qué, pues, no te anticipas a él y dices el pecado y borras la falta, sabiendo que tienes tal acusador que no puede callar?¿ Pecaste? Entra en la iglesia, dile a Dios:« He pecado». No te exijo otra cosa, sino solo esto. Pues la divina Escritura dice:« Di tú tus iniquidades primero, para que seas justificado»; di el pecado para que disuelvas el pecado. No hay en esto esfuerzo, ni periodo de palabras, ni gasto de dinero, ni ninguna otra cosa tal; di la palabra, sé sensato sobre el pecado y di:« He pecado».¿ Y de dónde esto, dice, que si digo el pecado primero, disuelvo el pecado? Tengo en la Escritura tanto al que dijo y disolvió, como al que no dijo y fue condenado. Caín mató a su hermano Abel poseído por la envidia, de modo que a la envidia siguió el asesinato; pues, tomándolo al campo, lo mató.¿ Y qué le dice Dios?«¿ Dónde está Abel, tu hermano?». El que sabe todas las cosas pregunta, no ignorando, sino atrayendo al asesino al arrepentimiento. Pues que no preguntaba ignorando, lo mostró:«¿ Dónde está Abel, tu hermano?». Él dijo:« No sé;¿ soy yo acaso guardián de mi hermano?». Sea, no eres guardián;¿ por qué también eres asesino? No guardabas;¿ por qué también mataste?¿ Sin embargo, confiesas esto? Eres culpable también de la guardia.¿ Qué, pues, Dios a él?« La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra». Lo reprendió inmediatamente y le impuso el castigo, no tanto por el asesinato como por la desvergüenza; pues Dios no odia tanto al que peca como al que es descarado. Ciertamente, no recibe a Caín que vino al arrepentimiento, porque no dijo primero el pecado.¿ Qué dice, pues?« Mi pecado es mayor de lo que puedo ser perdonado»; en lugar de:« He pecado mucho; no soy digno de vivir».¿ Qué, pues, Dios a él?« Gemirás y temblarás sobre la tierra»; y le declaró un castigo terrible y grave.« No te mato», dice,« para que la impiedad no sea entregada al olvido, sino que te hago ley leída por todos, para que la desgracia se convierta en madre de filosofía». Y Caín andaba errante, ley viviente, estela móvil, silenciosa, y emitiendo una voz más brillante que una trompeta.« Que nadie haga», dice,« tales cosas, para que no sufra tales cosas». Recibió el castigo por la desvergüenza, y no habiendo dicho, sino habiendo sido reprendido, fue condenado por el pecado. Pues si se hubiera confesado a sí mismo, habría borrado el pecado primero.
3
Sin embargo, observa esto, que si eres negligente y pasas por alto, también a ti te alcanzará alguna vez. De modo que, si no por el hermano, al menos por ti mismo despiértate, y detén la peste, y prevén la gangrena, y corta la extensión. Estas cosas, pues, y más que estas habiendo dicho, y habiendo ordenado entregarlo a Satanás, dice después, cuando se transformó y se hizo mejor:« Suficiente para tal persona es este castigo por parte de la mayoría; confirmen, pues, en él amor». Pues como lo convirtió en enemigo común y adversario para todos y lo expulsó del rebaño y lo cortó del cuerpo, mira cuánto celo usa para pegarlo y unirlo de nuevo. Pues no dijo:« Ámenlo simplemente», sino:« Confirmen en él amor», es decir, muestren una amistad firme e inamovible, una benevolencia ardiente, hirviente y encendida, introduzcan una benevolencia que sea contrapeso de la anterior enemistad.¿ Qué ha sucedido? Dime:¿ no lo entregaste a Satanás?« Sí», dice,« pero no para que permanezca en las manos de Satanás, sino para que se libere rápidamente de su tiranía». Pero lo que decía, observa cómo Pablo teme la desesperación como gran arma del diablo; pues habiendo dicho:« Confirmen en él amor», añade también la causa:« No sea que tal persona sea devorada por la excesiva tristeza».« En la garganta del lobo», dice,« está la oveja; prevengamos, pues; arrebatémoslo antes de que devore y destruya a nuestro miembro. En oleaje está ahora la nave; antes del naufragio, esforcémonos por salvarla». Pues al igual que, levantándose el mar y amontonándose las olas por todas partes, la embarcación se sumerge, así también el alma, rodeada por todas partes por la tristeza, se ahoga rápidamente si no tiene a alguien que le tienda la mano, y la tristeza salvadora por los pecados se vuelve destructiva por la desmesura. Y mira cuán precisamente dijo: pues no dijo:« No sea que el diablo lo pierda», sino¿ qué?« No sea que seamos aventajados por Satanás»; y la codicia es desear lo ajeno. Mostrando, pues, que se ha vuelto ajeno a él y se ha hecho propio del rebaño de Cristo mediante el arrepentimiento, dice:« No sea que seamos aventajados por Satanás». Pues si lo retiene, arrebata nuestro miembro, toma la oveja del rebaño; pues depuso el pecado mediante el arrepentimiento. Sabiendo, pues, Pablo lo que hizo el diablo con Judas, temió que también aquí sucediera esto mismo.¿ Y qué hizo con Judas? Judas se arrepintió:« He pecado», dice,« entregando sangre inocente»; el diablo escuchó estas palabras; conoció que comenzaba el camino hacia lo mejor y que caminaba hacia la salvación, y temió la transformación.« Tiene un amo filántropo», dice;« cuando estaba a punto de entregarlo, lo lloró y lo exhortó innumerables veces;¿ no recibirá mucho más al que se arrepiente? A uno que era incorregible lo atrajo y lo llamó;¿ no atraerá mucho más al que ha sido corregido y ha reconocido el pecado? Pues por esto vino también a ser crucificado».¿ Qué, pues, hizo? Lo perturbó; lo oscureció con la excesiva tristeza, lo persiguió, lo empujó hasta que lo llevó al lazo, y lo sacó de la vida presente, y lo privó del entusiasmo por el arrepentimiento. Pues que, si viviera, también él se habría salvado, es evidente por los que lo crucificaron; pues si salvó a los que lo subieron a la cruz, y estando en la cruz misma exhortaba al Padre y pedía perdón para ellos por el atrevimiento, es evidente que también al que lo entregó, si hubiera mostrado el arrepentimiento según la ley debida, lo habría recibido con toda benevolencia; pero aquel no soportó permanecer en el remedio, devorado por la excesiva tristeza. Esto, pues, temiendo también Pablo, insta a los corintios a arrebatar al hombre de la garganta del diablo.¿ Y qué necesidad hay de decir las cosas de los corintios? Pedro, después de la comunión de los misterios, negó tres veces, y llorando borró todo; Pablo, siendo perseguidor, blasfemo e insolente, y persiguiendo no solo al crucificado, sino también a todos los suyos, arrepintiéndose, se convirtió en apóstol. Pues Dios busca de nosotros solo una pequeña excusa y nos concede el perdón de muchos pecados. Diré también una parábola que garantiza esto mismo para ustedes. IV. Había dos hermanos; habiendo repartido la fortuna paterna cada uno, uno de ellos permaneció en la casa; el otro, habiendo devorado todo lo dado, se trasladó al extranjero, no soportando la vergüenza de la pobreza. Esta parábola me sentí impulsado a decir, para que aprendan que también de los pecados después del bautismo hay perdón, si prestamos atención; digo esto no para hacer caer en la negligencia, sino para apartar de la desesperación; pues la desesperación nos causa males peores que la negligencia. Este hijo, pues, lleva la imagen de los que han caído después del baño; que indica a los que han caído después del bautismo, es evidente por esto: pues se llama hijo; y nadie sería llamado hijo sin el bautismo. Y habitaba la casa paterna y repartió todo lo paterno; antes del bautismo no es posible recibir lo paterno ni recibir herencia; de modo que a través de todas estas cosas se alude al orden de los fieles. Y era hermano del que se había acreditado; y no sería hermano sin el renacimiento espiritual. Este, pues, habiendo caído en la maldad extrema,¿ qué dice?« Regresaré a mi padre»; pues por esto el padre lo dejó y no le impidió irse a lo ajeno, para que a través de la experiencia aprenda bien de cuánta benevolencia disfrutó permaneciendo en casa. Pues muchas veces Dios, cuando no persuade hablando, deja la enseñanza a la experiencia a través de los hechos; lo cual, pues, decía también a los judíos. Pues como, habiendo gastado innumerables palabras a través de los profetas, no persuadió ni atrajo, dejándolos ser educados a través del castigo, les dice:« Tu apostasía te educará y tu maldad te reprenderá». Pues debía ser digno de crédito incluso antes del resultado de los hechos; pero como estaban tan insensibles que desconfiaban de sus exhortaciones y consejos, previniendo que no se persuadieran por la maldad, permite que sean educados a través de los hechos, para que así los recupere de nuevo. Como, pues, el pródigo, habiendo ido a lo ajeno y habiendo aprendido a través de los hechos mismos qué mal es caer de la casa paterna, regresó, el padre no guardó rencor, sino que lo recibió con las manos abiertas.¿ Por qué razón? Porque era padre y no juez. Y coros, y banquetes, y fiestas, pues, y la casa entera estaba brillante y llena de alegría.¿ Qué dices?¿ Estas son las recompensas de la maldad? No de la maldad, hombre, sino del regreso; no del pecado, sino del arrepentimiento; no de la perversidad, sino de la transformación hacia lo mejor. Y lo que es más, el hijo mayor se indignó por esto; pero el padre persuadió también a este suavemente diciendo:« Porque tú siempre estabas conmigo, pero este estaba perdido y fue hallado; estaba muerto y revivió». Cuando hay que salvar al perdido, dice, no es tiempo de tribunales ni de examen preciso, sino solo de filantropía y perdón. Ningún médico, habiendo dejado de aplicar remedio al enfermo, le exige cuentas de su desorden y castigo. Y si hubiera que darle castigo en absoluto, dio suficiente castigo la estancia en lo ajeno. Pues durante tanto tiempo se separó de nuestra compañía y vivió luchando con hambre, deshonra y los males extremos. Por esto dice:« Estaba perdido y fue hallado; estaba muerto y revivió». No mires lo presente, dice, sino considera la magnitud de la desgracia anterior; ves a un hermano, no a un extraño. Regresó a un padre que no puede recordar nada de lo anterior; o mejor dicho, que recuerda solo aquellas cosas que pueden llevar a la compasión, la misericordia, el afecto y la piedad que corresponde a los que han engendrado. Por esto no dijo lo que hizo, sino lo que sufrió; no recordó que devoró la fortuna, sino que cayó en innumerables males. Así buscaba a la oveja con tanto celo; o mejor dicho, con mayor. Pues aquí el hijo regresó por sí mismo; allí el pastor fue por sí mismo y, habiendo encontrado, llevó, y se alegraba por ella más que por todas las que habían sido salvadas. Mira también cómo la llevó de regreso; no azotó, sino llevándola y cargándola sobre los hombros, la devolvió al rebaño. Sabiendo esto, pues, que no solo no rechaza a los que regresan, sino que los recibe no menos que a los que han logrado, que no solo no exige castigo, sino que también va en busca de los extraviados y se alegra más por el hallazgo de estos que por los salvados, no desesperemos estando en males, ni confiemos estando en bienes, sino que, incluso logrando, temamos, para que no caigamos por confiar, y pecando nos arrepintamos. Pues lo que dije al comenzar, lo digo también ahora, que ambas cosas son traición de nuestra salvación, tanto confiar estando en pie como desesperar estando caído. Por eso Pablo, asegurando a los que estaban en pie, decía:« El que cree estar en pie, mire que no caiga». Y de nuevo:« Temo que, habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado»; a los que estaban caídos, levantándolos y despertándolos a mayor entusiasmo, testificó escribiendo a los corintios así:« No sea que me lamente por muchos de los que han pecado antes y no se han arrepentido»; mostrando que no son tan dignos de llanto los que pecan como los que no se arrepienten de los pecados. Y el profeta también les dice:«¿ Acaso el que cae no se levanta, o el que se desvía no regresa?». Por esto también David los exhorta diciendo:« Hoy, si escuchan su voz, no endurezcan sus corazones como en la provocación». Mientras se dice, pues,« hoy», no desesperemos, sino teniendo buenas esperanzas en el Señor, y considerando su mar de filantropía, habiendo sacudido toda conciencia malvada, con mucho entusiasmo y esperanza, aferrémonos a la virtud y mostremos el arrepentimiento con toda superabundancia, para que, habiendo depuesto aquí todos los pecados, podamos estar con confianza ante el tribunal de Cristo y alcanzar el reino de los cielos; del cual ojalá todos podamos alcanzar por la gracia y filantropía de nuestro Señor Jesucristo, con quien al Padre junto con el Espíritu Santo sea gloria, poder, honor, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. SOBRE LA PENITENCIA, Y sobre la tristeza del rey Acab, y sobre Jonás el profeta. Homilía II.
3
Para que aprendas que las cosas son de este modo, aprende cómo otro, habiendo hablado primero, resolvió el pecado. Vengamos a David, el profeta y rey; o mejor, lo llamo gustosamente por su profecía: pues el reino pertenece a Palestina, pero la profecía a los confines de la tierra; y el reino fue destruido en poco tiempo, pero la profecía lleva palabras inmortales. Es preferible que el sol se apague a que las palabras de David sean entregadas al olvido. Este cayó en adulterio y homicidio; pues dice que vio a una mujer hermosa bañándose y se enamoró de ella; luego, llevó a la práctica lo que le pareció bien. Y el profeta estaba en adulterio, la perla en el fango. Pero aún no sabía que había pecado; así estaba embotado por la pasión. Pues cuando el auriga está ebrio, el carro también es llevado desordenadamente; y lo que son el auriga y el carro, eso son el alma y el cuerpo; si el alma se oscurece, también el cuerpo se revuelca en el fango; pues mientras el auriga está firme, el carro es conducido bien; cuando, sin embargo, él desfallece y no puede ser dueño de las riendas, el carro mismo es visto en situaciones más terribles. Así también en el hombre: mientras el alma está sobria y vigilante, el cuerpo mismo está en pureza; pero cuando el alma se oscurece, el cuerpo mismo se revuelca en el fango y en el placer.¿ Qué hizo, pues, David? Cometió adulterio; pero no lo sabía, ni era reprendido por nadie, y esto en la vejez extrema, para que aprendas que, si eres negligente, ni la vejez te aprovecha, ni, por otra parte, si eres diligente, la juventud puede dañarte. Pues el modo de vida no depende de la edad, sino del logro de la voluntad; puesto que también Daniel tenía doce años y juzgó; mientras que los ancianos, viejos en días, cometieron el drama del adulterio, y ni a aquellos les aprovechó la vejez, ni a este le dañó la juventud. Y para que aprendas que las cosas de la templanza no se juzgan por la edad, sino por la voluntad, David, estando en la misma vejez y habiendo caído entonces en adulterio, cometió un homicidio, y estaba dispuesto de tal manera que no sabía que había pecado; pues la mente, el auriga, estaba embriagada por la incontinencia.¿ Qué hizo, pues, Dios? Envía hacia él a Natán el profeta; el profeta viene al profeta; pues así sucede también con los médicos: cuando un médico enferma, tiene necesidad de otro médico. Lo mismo ocurre aquí: el que había pecado era profeta, y profeta era el que traía los remedios. Viene, pues, Natán hacia él, y no lo reprende inmediatamente desde la puerta diciendo:«¡ Ilegal y sacrílego, adúltero y homicida, recibiste tantos honores de parte de Dios y tú pisoteaste sus mandamientos!». Nada de eso dijo Natán, para no hacerlo más desvergonzado; pues los pecados publicados provocan al que ha pecado a la desvergüenza. Viene, pues, hacia él y teje un drama de justicia;¿ y qué dice?« Rey, tengo un pleito contigo. Había un hombre rico y había un hombre pobre; el rico tenía rebaños y muchas vacas; el pobre, en cambio, tenía una sola corderilla, que bebía de su copa, comía de su mesa y dormía en su seno»— aquí muestra el afecto del hombre hacia la mujer—;« al llegar un huésped, el rico escatimó de lo suyo y, tomando la corderilla del pobre, la sacrificó».¿ Viste cómo teje aquí el drama, teniendo el hierro oculto con la esponja?¿ Qué hizo, pues, el rey? Creyendo dictar sentencia contra otro, pronunció la sentencia más rápida. Pues tales son los hombres: contra los demás dictan y emiten sentencias gustosa y severamente.¿ Y qué dice David?« Vive el Señor, que tal hombre es digno de muerte, y devolverá la corderilla cuadruplicada».¿ Qué hizo, pues, Natán? No suavizó la herida durante muchas horas, sino que inmediatamente la revela y aplicó el corte más rápido, para que no robara la sensación del dolor.« Tú eres, rey».¿ Qué dice, pues, el rey?« He pecado contra el Señor». No dijo:«¿ Quién eres tú para reprenderme?¿ Quién te envió a hablar con franqueza?¿ Con qué audacia has hecho esto?». Nada de eso dijo, sino que reconoció el pecado.¿ Y qué dice?« He pecado contra el Señor».¿ Qué dijo, pues, Natán hacia él?« Y el Señor ha perdonado tu pecado; te condenaste a ti mismo, yo te perdono la condena; confesaste con buen juicio, resolviste el pecado; te atrajiste la condena a ti mismo, yo resolví la sentencia».¿ Viste cómo se cumplió lo escrito:« Declara tú tus iniquidades primero, para que seas justificado»?¿ Qué esfuerzo es este de decir primero el pecado?
3
Acaso sabéis de dónde comenzó nuestro discurso anteriormente, o dónde terminó, o de qué tema a cuál concluyeron las palabras de la homilía anterior? Pero creo que habéis olvidado dónde terminó nuestro discurso; yo, en cambio, lo sé, y no os culpo en esto ni os acuso. Pues cada uno de vosotros tiene esposa, se ocupa de sus hijos y cuida de todo lo que concierne a la casa; unos están ocupados en campañas militares, otros son artesanos; y cada uno de vosotros está ocupado en diversas necesidades. Nosotros, en cambio, nos movemos en estas cosas, meditamos en ellas y pasamos nuestro tiempo en ellas; de modo que no debéis ser reprendidos en esto, sino alabados por el celo, porque no nos dejáis ni un solo domingo, sino que, despreciando todo, acudís a la iglesia. Pues este es el mayor elogio de nuestra ciudad, no el tener alborotos y suburbios, ni casas con techos de oro y triclinios, sino el tener un pueblo diligente y despierto. Pues no conocemos la nobleza del árbol por las hojas, sino por los frutos. Pues por esto hemos sido preferidos a los animales irracionales en el tener razón, participar de la razón y amar la razón; pues el hombre que no ama la razón es mucho más irracional que las bestias, al no saber por qué fue honrado y de dónde tiene el honor. Y bien decía el profeta:« El hombre, estando en honor, no comprendió; fue comparado con las bestias insensatas y se hizo semejante a ellas». Siendo hombre racional,¿ no amas la razón? Dime,¿ y qué perdón tendrás? De modo que vosotros sois para mí los más necesarios, los que se elevan hacia el discurso de la virtud y ponen todo en segundo lugar respecto a las palabras divinas. Vamos, pues, a abordar también nosotros el tema y digamos lo que sigue a lo anterior; pues os debo, y gustosamente pago la deuda; pues no me trae pobreza, sino que acumula riqueza. Pues en los asuntos externos los deudores huyen de los acreedores para no pagar, yo, en cambio, persigo para pagar, y con mucha razón; pues en los asuntos externos el pago produce pobreza, pero en el discurso el pago engendra riqueza.¿ Qué quiero decir? Debo dinero a alguien; si pago esto, no puede estar a la vez con él y conmigo, sino que se alejó de mí y se adhirió a él; pero si pago un discurso, está conmigo y todos vosotros lo tenéis; si retengo el discurso y no lo comparto, entonces soy pobre, pero cuando lo pago, entonces me vuelvo más rico; si no pago el discurso, entonces solo yo me enriquezco, pero si lo pago, con todos vosotros recojo el fruto. Vamos, pues, a pagar la deuda;¿ y qué era esto? Ejercitábamos el discurso sobre el arrepentimiento anteriormente y decíamos que hay muchos y variados caminos de arrepentimiento, para que la salvación nos sea fácil. Pues si Dios nos hubiera dado un solo camino de arrepentimiento, habríamos postergado diciendo:« No podemos recorrer este, no podemos salvarnos»; ahora, en cambio, cortando esta excusa tuya, no te ha dado solo un camino, ni un segundo, ni un tercero, sino muchos y variados, para que con la multitud te haga fácil el ascenso al cielo. Y decíamos que el arrepentimiento es fácil y no hay peso en él.¿ Eres pecador? Entra en la iglesia, di que he pecado, y has resuelto el pecado. Pues también trajimos a David al medio habiendo pecado y resolviendo el pecado; luego propusimos un segundo camino, el de lamentarse por el pecado, y decíamos:¿ qué esfuerzo es este? No hay que pagar dinero, ni caminar un largo camino, ni nada semejante, sino solo lamentarse por el pecado; y trajimos esto de la Escritura, que Dios se arrepintió respecto a Acab, por haberse lamentado él y haberse entristecido; y esto mismo decía él a Elías:«¿ Viste cómo caminó Acab delante de mí lamentándose y entristeciéndose? No haré según mi ira». Luego también dábamos un tercer camino de arrepentimiento, y trajimos de la Escritura al medio al fariseo y al publicano, que el fariseo, jactándose soberbiamente, cayó de la justicia; el publicano, en cambio, habiendo sido humilde, descendió fructífero en justicia, y sin haber gastado un solo esfuerzo se hizo justo; lanzó palabras y recibió realidades. Vamos, pues, a venir a la continuación y propongamos un cuarto camino de arrepentimiento;¿ y cuál es este? Digo, pues, la limosna, la reina de las virtudes, la que eleva rápidamente a los hombres a las bóvedas de los cielos, la mejor abogada. Gran cosa es la limosna; por esto también Salomón gritaba:« Gran cosa es el hombre y honorable el varón misericordioso». Grandes son las alas de la limosna; corta el aire, pasa la luna, supera los rayos del sol, asciende a las mismas bóvedas de los cielos. Pero ni allí se detiene, sino que también pasa el cielo, y pasa de largo a las multitudes de los ángeles, y a los coros de los arcángeles, y a todas las potencias superiores, y se presenta ante el mismo trono real; y de ella misma aprende esto la Escritura diciendo:« Cornelio, tus oraciones y tus limosnas han subido delante de Dios». Y el« delante de Dios» significa: aunque tengas muchos pecados, si la limosna es abogada, no temas; pues ninguna de las potencias de arriba se le opone; exige una deuda, llevando en sus manos su propio documento. Pues es voz del mismo Señor:« Quien haga esto a uno de estos más pequeños, a mí lo hizo». De modo que, cuantas otras faltas tengas, tu limosna pesa más que todas.
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Tienes también otro camino de arrepentimiento;¿ cuál es este? Lamentarse por el pecado.¿ Pecaste? Laméntate, y resuelves el pecado.¿ Qué esfuerzo es este? No te exijo nada más que lamentarte por el pecado; no te digo que cortes mares, ni que atraques en puertos, ni que viajes, ni que recorras un camino infinito, ni pago de dinero, ni que hagas travesía de olas salvajes, sino¿ qué? Laméntate por el pecado.¿ Y de dónde esto, dice, que si me lamento, resuelvo el pecado? Tienes también prueba de esto de la divina Escritura. Había un rey Acab; y este es testificado como justo; pero este reinó para males bajo Jezabel, su mujer; este codició la viña de un tal Nabot el jezraelita, y envió hacia él diciendo:« Dame tu viña que codicié, y o toma dinero de mí, o un cambio por el lugar». Él dijo:« No me sea dado venderte la herencia de mis padres». Acab codiciaba la viña; pero no quería violentarlo, para no caer en maldad por esto. Habiendo entrado hacia él Jezabel, mujer desvergonzada y condenada, impura y sacrílega, dice:«¿ Por qué te afliges y no comes? Levántate, come; yo te haré heredar la viña de Nabot el jezraelita». Y habiéndola tomado, escribe una carta de parte del rey a los ancianos, diciendo:« Proclamad un ayuno y poned hombres falsos contra Nabot, porque bendijo a Dios y al rey», es decir, blasfemó. Oh ayuno lleno de ilegalidad intensificada; proclamaron un ayuno para cometer un homicidio.¿ Qué sucedió, pues? Nabot fue apedreado y murió. Habiéndolo sabido, Jezabel dice a Acab:« Levántate, heredemos la viña, porque murió Nabot». Él, habiéndose afligido por el presente, entró, sin embargo, y heredó la viña. Dios envía hacia él a Elías el profeta;« Ve, dice, di a Acab: Por cuanto asesinaste y heredaste, así será derramada tu sangre, y los perros lamerán tu sangre, y las rameras se lavarán en tu sangre». Divina es la ira, terminada la sentencia, cumplida la condena. Y mira a dónde lo envía: a la viña. Donde está la ilegalidad, allí también está el castigo.¿ Y qué dice? Viéndolo, Acab dice:« Me has encontrado, enemigo mío», en lugar de:« Me has tomado culpable porque he pecado; ahora tienes ocasión de abalanzarte sobre mí».« Me has encontrado, enemigo mío». Puesto que Elías reprendía siempre a Acab, Acab, sabiendo que había pecado, dice:« Siempre me reprendías; ahora, en cambio, te abalanzas sobre mí oportunamente»; pues sabía que había pecado. Le lee la sentencia:« Así dice el Señor, dice: Por cuanto asesinaste y heredaste y derramaste sangre de hombre justo, así será derramada tu sangre, y los perros la lamerán, y las rameras se lavarán en tu sangre». Habiendo escuchado esto, Acab estaba entristeciéndose y lamentándose por el pecado; reconoció la injusticia y Dios resolvió la sentencia contra él. Pero primero Dios se defendió ante Elías, para que no apareciera como mentiroso y sufriera lo que sufrió Jonás; pues tal cosa sufrió también Jonás. Dios le dice:« Ve, proclama en Nínive, la ciudad en la que habitan doce miríadas de hombres sin mujeres y niños: Aún tres días y Nínive será destruida». Jonás no quería ir, sabiendo la filantropía de Dios; pero¿ qué hace? Se vuelve a la huida; pues dice:« Yo voy proclamando; tú, siendo filántropo, te arrepientes, y yo, como falso profeta, soy eliminado». Pero, sin embargo, el mar, habiéndolo tomado, no lo ocultó, sino que lo devolvió a la tierra y lo salvó de nuevo hacia Nínive, como una excelente consierva preservando a un consiervo. Pues dice que descendió Jonás para huir y encontró un barco que iba a Tarsis, y dio su pasaje y subió a él.¿ A dónde huyes, Jonás?¿ Vas a otra tierra? Pero del Señor es la tierra y su plenitud.¿ Pero al mar?¿ No sabes que de Él es el mar y Él lo hizo?¿ Pero al cielo?¿ No escuchaste a David diciendo:« Veré los cielos, obras de tus dedos»? Pero, sin embargo, aquel, poseído por el miedo, huyó en apariencia; pues huir de Dios verdaderamente es imposible. Sin embargo, cuando el mar lo restituyó y vino a Nínive, proclamó diciendo que:« Aún tres días y Nínive será destruida». Y para que aprendas que teniendo esto en mente se entregó a la huida, que Dios, siendo filántropo, se arrepiente de la maldad que habló sobre ellos, y él mismo iba a ser como un falso profeta, él mismo se lo muestra a sí mismo. Pues después de proclamar en Nínive, salió fuera de la ciudad y observaba qué sucedería; cuando vio que pasaron tres días y en ninguna parte sucedía nada de lo amenazado, entonces mueve su primer razonamiento y dice:«¿ No son estas mis palabras que decía, que Dios es misericordioso y paciente y se arrepiente de las maldades de los hombres?». Para que, pues, Elías no sufriera algo semejante a lo que sufrió Jonás, Dios dice la causa por la cual perdonó a Acab.¿ Y qué dice Dios a Elías?«¿ Viste cómo caminó Acab lamentándose y entristeciéndose delante de mí? No haré según su maldad». Vaya, el Señor se hace abogado del siervo y Dios se defiende ante el hombre por el hombre;« No pienses, dice, que simplemente lo perdoné; cambió el modo de vida y yo cambié mi ira y la resolví. Y para que no seas considerado como falso profeta; pues tú dijiste verdaderamente; si no cambiaba el modo de vida, tenía que soportar lo de la sentencia; pero este cambió el modo de vida y yo resolví mi ira». Y dice Dios a Elías:«¿ Viste cómo caminó Acab lamentándose y entristeciéndose? No haré según mi ira».¿ Viste que lamentarse borra los pecados?
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Tienes también un tercer camino de arrepentimiento. Y dije muchos caminos de arrepentimiento, para que con la variedad de los caminos te haga fácil la salvación.¿ Y cuál es este tercer camino? La humildad; sé humilde y has resuelto las cadenas de los pecados. Y tienes también prueba de esto de la divina Escritura, de la lectura sobre el publicano y el fariseo.« Subieron, dice, el fariseo y el publicano al templo a orar», y el fariseo comenzó a enumerar sus virtudes.« No soy yo, dice, pecador como todo el mundo, ni como este publicano». Alma miserable y desdichada, condenaste a todo el mundo,¿ por qué también afligiste al que está cerca de ti?¿ No te bastó el mundo, si no que también condenaste al publicano? A todos difamaste desde allí, y ni siquiera del único hombre te compadeciste.« No soy yo como todo el mundo, ni como este publicano; ayuno dos veces a la semana, diezmo mis posesiones a los pobres». Pronunció palabras de arrogancia. Hombre miserable, sea, condenaste al mundo,¿ por qué también reprendiste al publicano que está cerca de ti?¿ No te saciaste con la acusación del mundo, si no que también condenaste al que estaba contigo?¿ Qué hizo, pues, el publicano? Habiendo escuchado esto, no dijo:«¿ Quién eres tú para decirme tales cosas?¿ De dónde conoces mi vida? No conviviste conmigo; no permaneciste, no pasaste el tiempo;¿ por qué te enorgulleces tanto? Pues¿ quién te testifica buenas obras?¿ Por qué te alabas a ti mismo?¿ Por qué te favoreces a ti mismo?». Pero nada de esto dijo el publicano, sino que, inclinándose, adoró y dijo:« Dios, sé propicio conmigo, el pecador»; y habiendo sido humilde, el publicano se hizo justo. El fariseo, en cambio, descendió del templo habiendo perdido la justicia, y el publicano descendió habiendo adquirido justicia; y las palabras vencieron a las realidades. Pues aquel perdió la justicia con obras, este, en cambio, adquirió justicia con palabra de humildad. Aunque aquello ni siquiera era humildad; pues humildad es esto, cuando alguien siendo grande se humilla a sí mismo; esto, en cambio, del publicano no era humildad, sino verdad; pues verdaderas eran las palabras; pues era pecador.
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¿ O no sabes en el Evangelio el ejemplo de las diez vírgenes, cómo las que no tenían limosna, habiendo practicado la virginidad, se quedaron fuera del tálamo? Pues eran, dice, diez vírgenes, cinco insensatas y cinco prudentes; y las prudentes tenían aceite, las insensatas, en cambio, no tenían aceite, y sus lámparas se apagaban. Habiéndose acercado las insensatas a las prudentes, dijeron:« Dadnos aceite de vuestras vasijas». Me avergüenzo y me sonrojo y lloro cuando escucho a una virgen insensata; escuchando este nombre me sonrojo, después de tanta virtud, después de la práctica de la virginidad, después de elevar el cuerpo al cielo, después de tener la competencia contra las potencias de arriba, y soportar el calor, después de pisotear el horno del placer; entonces escucharon insensatas, y justamente insensatas, porque habiendo hecho lo grande, fueron vencidas por lo pequeño. Y se acercaron, dice, las insensatas y dijeron a las prudentes:« Dadnos aceite de vuestras vasijas». Ellas, en cambio, dijeron:« No podemos daros, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras»; no haciendo esto por falta de entrañas, ni por maldad, sino por lo estrecho del tiempo; pues el esposo estaba por venir. Tenían también ellas lámparas; pero aquellas tenían aceite, las suyas, en cambio, no tenían. Pues el fuego es la virginidad, el aceite, en cambio, es la limosna. Así pues, como el fuego, si no tiene aceite goteando, se desvanece, así también la virginidad, si no tiene limosna, se apaga.« Dadnos aceite de vuestras vasijas». Ellas, en cambio, hacia ellas:« No podemos daros». Pero no es de maldad esta palabra, sino de miedo:« No sea que no alcance para nosotras y para vosotras; no sea que como buscamos entrar todas, todas nos quedemos fuera; pero id a comprar a los que venden».¿ Y quiénes son los mercaderes de este aceite? Los pobres, los que están sentados para la limosna ante la iglesia.¿ Y por cuánto? Por cuanto quieras; no pongo precio, para que no alegues pobreza. Por cuanto tienes, por tanto compra;¿ tienes un óbolo? Compra el cielo; no porque el cielo sea barato, sino porque el Señor es filántropo.¿ No tienes un óbolo? Da un vaso de agua fría;« Quien dé de beber un vaso de agua fría a uno de estos más pequeños por causa mía, no perderá su recompensa». Comercio y negocio es el cielo, y nosotros descuidamos. Da pan y recibe el paraíso; da poco y recibe mucho; da cosas mortales y recibe inmortales; da cosas corruptibles y recibe incorruptibles. Si hubiera una feria, y tuviera baratura, y abundancia de alimentos, y muchas cosas se vendieran por poco,¿ no habríais vendido las posesiones y, poniendo todo en segundo lugar, os habríais hecho dueños de aquel negocio?¿ Y donde hay cosas corruptibles, mostráis tanto celo; donde, en cambio, hay negocio inmortal, tanto descuidáis y estáis postrados? Da al pobre, para que, aunque tú calles, diez mil bocas se defiendan por ti, estando presente la limosna y abogando; rescate del alma es la limosna. Por esto, como los lavabos están llenos de agua ante las puertas de la iglesia, para que laves las manos; así fuera de la iglesia están sentados los pobres, para que laves las manos del alma.¿ Lavaste las manos sensibles con agua? Lava las manos del alma con la limosna. No alegues pobreza; la viuda en el extremo de la pobreza hospedó a Elías, y la pobreza no fue impedimento, sino que con mucha alegría lo recibió; por lo cual también recibió frutos dignos y cosechó la espiga de la limosna. Pero quizás el oyente dice:« Dame a Elías».¿ Por qué buscas a Elías? Te doy al Señor de Elías, y no lo alimentas. Si hubieras encontrado a Elías,¿ cómo lo habrías hospedado? De Cristo, el Señor de todos, es la sentencia:« Quien haga esto a uno de estos más pequeños, a mí lo hizo». Si un rey llamara a alguien a la cena, y estando presentes los servidores dijera hacia ellos:« Agradeced a este mucho de mi parte; este me alimentó y hospedó estando en pobreza, este me proporcionó muchos beneficios en tiempo de estrechez»;¿ cómo no habría gastado cada uno todo su dinero hacia aquel a quien el rey agradeció?¿ Cómo no se habría defendido?¿ Cómo no se habría esforzado cada uno por encomendarse a él y hacerse amigo?
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Los pastores, donde ven que la hierba es más profunda, llevan continuamente a las ovejas, y no las levantan de allí antes de que los rebaños la corten toda. Imitando a estos, también nosotros, este cuarto día ya, pastoreamos a este rebaño en el modo del arrepentimiento, y todavía hoy no nos preparamos para levantarlo; pues vemos que hay todavía mucha abundancia de pasto, y mucha delicia a la vez y provecho. Pues ni siquiera las copas de los árboles, al hacerse techo para las ovejas durante el mediodía del día, descansan a las ovejas, proporcionan una sombra deseable y provechosa, y las hacen dormir con mucho placer, como la lectura de las divinas Escrituras restaura y refresca a las almas doloridas y poseídas por el desánimo, limpiando lo violento y ardiente del dolor, y proporcionando un consuelo más dulce y deleitable que cualquier sombra. Pues no solo en las pérdidas de dinero, ni en las pérdidas de hijos, ni en otras cosas semejantes, sino también en las circunstancias de los pecados, ella misma nos proporciona mucho consuelo. Pues cuando un hombre, habiendo sido atrapado por el pecado y habiendo tropezado, cae, luego la conciencia lo devora, y recordándole continuamente el pecado, se ahoga a sí mismo en el exceso del desánimo, y cada día se quema, y habiendo diez mil que lo consuelan, si no acepta el consuelo, habiendo entrado en la iglesia y escuchado que muchos de los santos, habiendo caído, se levantaron y volvieron de nuevo a la anterior reputación, se va habiendo recibido el consuelo ocultamente. Y ante los hombres muchas veces, habiendo pecado, no soportamos revelar la falta, avergonzándonos y sonrojándonos, y aunque la revelemos, no cosecharemos tanto; cuando, en cambio, Dios consuela y toca el corazón, todo desánimo satánico será rápidamente ahuyentado. Por esto también las caídas de los justos están escritas para nosotros, para que tanto los que logran como los que pecan ganen mucho de esto. Pues el que peca no llega a la desesperación y al desaliento, habiendo visto a otro que cayó y pudo levantarse de nuevo; el que trabaja la justicia, en cambio, será más diligente y más seguro. Pues cuando vea a muchos que son mucho mejores que él haber caído, siendo corregido por el miedo de la caída de aquellos, estará siempre en lucha y mostrará mucha seguridad respecto a sí mismo; y así, el que logra la virtud y el que peca, habiendo sido liberado de la desesperación, el uno se mantendrá seguro, el otro volverá rápidamente de donde cayó. Pues cuando un hombre nos consuela estando afligidos, y parecemos consolarnos por poco, volvemos a caer en el mismo desánimo; cuando, en cambio, Dios exhorta a través de otros que pecaron, se arrepintieron y se salvaron, hace manifiesta su bondad, para que no dudemos sobre nuestra propia salvación, recibiendo el consuelo confesado y seguro. Así pues, como en las circunstancias de los pecados, así también en la provocación de los peligros, las antiguas historias de las Escrituras proporcionan un remedio suficiente a los que se desaniman, a todos los que quieren prestar atención. Y ya sea confiscación de dinero, o vejaciones de calumniadores, o prisiones, o azotes, aunque cualquier otra cosa de los males nos alcance, mirando hacia los justos que sufrieron y soportaron las mismas cosas, podremos volver rápidamente a nosotros mismos. Pues en las enfermedades del cuerpo, mirar hacia los que sufren intensifica la enfermedad del que está enfermo, y muchas veces también produce la que no existe; como algunos, habiendo visto ojos enfermos, participaron de la enfermedad solo por la vista; en el alma, en cambio, no sucede así, sino que sucede lo contrario, y considerar continuamente a los que han sufrido tales cosas nos hace más ligero el desánimo por nuestros propios males. Por esto también Pablo consuela a los que son fieles de este modo, no solo trayendo al medio a los santos vivos, sino también a los muertos. Pues dialogando con los hebreos que estaban por tropezar y caer, trae al medio a los hombres santos, a Daniel, a los tres jóvenes, a Elías, a Eliseo, diciendo así:« Cerraron bocas de leones, apagaron fuerza de fuego, huyeron de filos de espada, fueron apedreados, probaron escarnios y azotes, y además cadenas y cárcel; anduvieron en pieles de oveja, en pieles de cabra, necesitados, afligidos, maltratados, de los cuales el mundo no era digno». La comunión de los sufrimientos proporciona consuelo a los doloridos; y como solo sufrir algo terrible tiene el mal sin consuelo, así encontrar a otro que cayó en los mismos males hace más ligera la herida.
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¿ Qué hay, dime, peor que un recaudador de impuestos? Es un traficante de las desgracias ajenas, un partícipe de los trabajos ajenos; no mira el esfuerzo, pero sí se reparte la ganancia; de modo que el pecado del recaudador es extremo. Pues el recaudador de impuestos no es otra cosa que una violencia descarada, un pecado legalizado, una codicia con buena apariencia.¿ Qué hay, pues, peor que el recaudador de impuestos que se sienta junto al camino y cosecha los frutos de los trabajos ajenos, y cuando llegan los esfuerzos no tiene ninguna preocupación, pero cuando llega la ganancia, toma su parte de aquello por lo que no trabajó? De modo que, si siendo pecador el recaudador de impuestos alcanzó tal don por haber sido humilde,¿ cuánto más lo hará quien es virtuoso y humilde? Por tanto, si confiesas tus pecados y te humillas, te vuelves justo.¿ Quieres aprender quién es el humilde? Mira a Pablo, el verdaderamente humilde, a Pablo, el maestro del mundo, el orador espiritual, el vaso de elección, el puerto sin oleaje, la torre inamovible, el que en un cuerpo pequeño rodeaba el mundo y, como si tuviera alas, lo recorría; mira a aquel que es humilde, al iletrado y filósofo, al pobre y rico. Llamo verdaderamente humilde a aquel que agotó innumerables trabajos, que mostró diez mil trofeos contra el diablo, que proclama y dice:« Su gracia no fue vana en mí, sino que me esforcé más que todos»; el que soportó prisiones y azotes; el que mediante sus Epístolas pescó al mundo; el que fue llamado por una voz celestial, ese es el que se humilla diciendo:« Pues yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol».¿ Has visto la magnitud de la humildad, has visto a Pablo humillándose, llamándose a sí mismo el más pequeño?« Pues yo soy», dice,« el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol». Porque esto es verdaderamente humildad: humillarse en todo y llamarse a sí mismo el más pequeño. Considera quién era el que decía estas palabras: Pablo, el ciudadano del cielo, el que simplemente estaba revestido de un cuerpo, la columna de las Iglesias, el ángel terrenal, el hombre celestial. Pues de ahora en adelante me detengo con gusto en este hombre, contemplando la belleza de su virtud. No es el sol, al salir y lanzar sus brillantes rayos, el que alegra tanto mis ojos como el rostro de Pablo ilumina mi mente; pues el sol ilumina los ojos, pero Pablo los hace volar hacia las mismas bóvedas de los cielos; pues hace que el alma sea más alta que el sol y superior a la luna; tal es el poder de la virtud: hace que el hombre sea un ángel, hace volar el alma hacia el cielo. Esta virtud nos enseña Pablo; esforcémonos por ser celadores de su virtud. Pero no debemos salirnos de lo propuesto; pues el objetivo era mostrar que la humildad es un tercer camino de arrepentimiento, que el recaudador de impuestos no se humilló, sino que dijo la verdad, desnudando sus propios pecados, y se hizo justo, no entregando dinero, ni atravesando mares, ni caminando un largo camino, ni cruzando mares infinitos, ni apelando a amigos, ni consumiendo mucho tiempo, sino que mediante la humildad adquirió la justicia, siendo dignificado con el reino de los cielos; del cual ojalá todos nosotros alcancemos, por la gracia y la filantropía de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. DEL MISMO, Discurso sobre la limosna y sobre las diez vírgenes. Homilía 3.
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¿ Habéis visto el poder de la palabra? Y si ante un rey humano el asunto tiene tanto honor, considera a Cristo en aquel día llamando ante los ángeles y toda potestad, y diciendo:« Este me hospedó en la tierra; este me hizo diez mil beneficios; este, siendo yo extranjero, me acogió»; considera, pues, la confianza ante los ángeles, la gloria ante las multitudes de arriba. Aquel a quien Cristo da testimonio,¿ cómo no habría de tener confianza por encima de los ángeles? Gran cosa es, pues, la limosna, hermanos; abracemos esta, a la que nada es igual; es capaz de borrar incluso otros pecados y de alejar el juicio; mientras tú callas, ella permanece y aboga; o más bien, mientras tú callas, diez mil bocas dan gracias por ti. Tantos bienes provienen de la limosna, y nosotros descuidamos y nos hemos vuelto negligentes. Da pan según tus posibilidades;¿ no tienes pan? Da un óbolo;¿ no tienes óbolo? Da un vaso de agua fría;¿ no tienes esto? Compadécete del afligido y tienes recompensa. Pues la recompensa no es por la necesidad, sino por la intención. Pero mientras todavía hablamos de esto, nos ha salido al paso la preocupación de las vírgenes; vamos, pues, a volver a lo propuesto.« Dadnos», dice,« aceite de vuestras vasijas. No podemos daros, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; sino id más bien a los que venden». Y mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo, y las que tenían las lámparas brillantes entraron con él, y se cerró la puerta de la cámara nupcial. Llegaron también las cinco insensatas y golpeaban la puerta de la cámara nupcial gritando:«¡ Ábrenos!», y una voz desde dentro hacia ellas, del esposo:« Apartaos de mí, no os conozco». Y después de tantos trabajos,¿ qué oyeron?« No os conozco». Esto es lo que decía: en vano y sin provecho adquirieron el gran bien de la virginidad. Considera: después de tantos trabajos fueron expulsadas, cuando refrenaron la incontinencia, cuando tenían la competencia contra las potencias de arriba, cuando se burlaron de los asuntos de la vida, cuando soportaron el gran calor, cuando superaron los estadios, cuando volaron de la tierra al cielo, cuando no disolvieron el sello del cuerpo, cuando adquirieron la gran forma de la virginidad, cuando tuvieron la competencia contra los ángeles, cuando pisotearon las necesidades del cuerpo, cuando se olvidaron de la naturaleza, cuando en cuerpo realizaron lo incorpóreo, cuando adquirieron el gran e invencible bien de la virginidad; entonces oyeron:« Apartaos de mí, no os conozco». No creas que la magnitud de la virginidad es pequeña para mí; tal es la virginidad, que ninguno de los antiguos pudo guardarla. Por eso la gracia es grande, porque lo que era temible en los profetas y en los antiguos, esto se ha vuelto ahora despreciable.¿ Cuáles eran, pues, las cosas más pesadas y necesarias? La virginidad y el desprecio de la muerte; pero de estas ahora incluso doncellas vulgares se burlan. Pues el bien de la virginidad era tan pesado que nadie de los antiguos pudo practicarlo. Noé, justo y atestiguado por Dios, pero se unió a una mujer; de igual modo Abraham e Isaac, sus coherederos de la promesa, se unieron a una mujer. José, el sensato, rechazó el gran drama del adulterio; pero también este se unió a una mujer; pues el compromiso de la virginidad era pesado. Desde entonces la virginidad se hizo fuerte, desde que floreció la flor de la virginidad. Nadie, pues, de los antiguos pudo practicar la virginidad; pues es gran cosa refrenar el cuerpo. Dibuja con la palabra la forma de la virginidad y aprende la magnitud de su virtud; todavía tiene guerra en cada día, sin poder descansar nunca; esta guerra es peor que la guerra bárbara. Pues la guerra de los bárbaros tiene algún tiempo de tregua en los tratados, y a veces combaten y a veces no, y hay órdenes y tiempos; pero en la guerra contra la virginidad no hay tregua; pues el diablo es quien combate, sin saber esperar el momento del ataque, sin esperar una formación para el combate, sino que está siempre buscando encontrar a la virgen desnuda para darle el golpe mortal; y la virgen nunca puede cesar de esta guerra, sino que lleva consigo el tumulto y al guerrero. Y los condenados, aunque vean al juez por un momento, no son tan atormentados; pero la virgen, a dondequiera que vaya, lleva consigo al juez y lleva consigo al enemigo, y el enemigo no le da descanso ni al atardecer, ni en la noche, ni al alba, ni al mediodía; sino que combate siempre, sugiriendo placer, anunciando matrimonio, para expulsar de ella la virtud y para engendrar en ella la maldad; para expulsar su sensatez, para sembrar fornicación; se enciende en cada hora el horno del placer, ardiendo suavemente. Considera cuánto es el esfuerzo del logro. Pero aquellas, después de todo esto, oyeron:« Apartaos de mí, no os conozco». Mira qué gran cosa es la virginidad; cuando tiene a su hermana, la limosna, no le sobreviene ninguno de los males, sino que está por encima de todos. Por eso aquellas no entraron, porque junto con la virginidad no tenían la limosna. El dicho es digno de mucha vergüenza: habiendo vencido el placer, no despreciaste el dinero; sino que, siendo virgen, habiendo renunciado a la vida y habiendo sido crucificada, amas el dinero. Ojalá hubieras deseado a un hombre, y el crimen no sería tan grande; pues deseabas de la misma materia consustancial; ahora la acusación es mayor, porque deseaste materia ajena. Sea, aquellas casadas muestran maldad e inhumanidad por el pretexto de los hijos; y si les dices:« Dame limosna», dicen:« Tengo hijos y no puedo». Dios te dio hijos, recibiste el fruto del vientre para que seas filántropa, no para que seas inhumana; no tomes el pretexto de la filantropía como ocasión de inhumanidad.¿ Quieres dejar una buena herencia a tus hijos? Deja limosna, para que todos te elogien y dejes una memoria muy celebrada. Y tú, que no tienes hijos, sino que estás crucificada a la vida,¿ para qué acumulas dinero?
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Pero nuestro discurso tiene vida, tanto sobre el camino del arrepentimiento como sobre la limosna. Decíamos que la limosna es un gran bien; de ahí nos recibió el mar de la virginidad. Tienes, pues, como primer y gran arrepentimiento la limosna, capaz de redimir de la cadena de pecados; pero tienes también otro camino de arrepentimiento, de nuevo muy fácil, mediante el cual puedes librarte de los pecados. Ora en cada hora y no te canses de orar, ni pidas con pereza la filantropía de Dios, y no se apartará de ti si perseveras, sino que te perdonará tus pecados y te dará tus peticiones. Si al orar eres escuchado, permanece agradeciendo en la oración; si no fuiste escuchado, persevera orando para que seas escuchado. Y no digas:« He orado mucho y no fui escuchado»; pues también esto muchas veces sucede por tu conveniencia. Pues sabe que eres perezoso y negligente, y si obtienes la necesidad, te retiras, sin orar más; y con el pretexto de la necesidad te pospone, para que te comuniques más frecuentemente con Dios y te dediques a la oración. Pues si estando en tal necesidad y teniendo necesidad eres perezoso y no permaneces en la oración,¿ qué pasaría si no necesitaras nada de esto? De modo que él mismo, por tu conveniencia, queriendo que no te apartes de la oración, hace esto. Permanece, pues, orando y no seas perezoso; pues la oración puede lograr mucho, amado, y no te acerques a la oración como a una cosa pequeña. Y que la oración perdona los pecados, apréndelo de los divinos Evangelios.¿ Qué dice, pues?« El reino de los cielos fue semejante a un hombre que cerró su puerta y se acostó con sus hijos; y vino alguien al atardecer queriendo tomar panes de él, y golpea diciendo: Ábreme, porque tengo necesidad de panes. Y él hacia él: No puedo darte ahora; pues nos hemos acostado nosotros y nuestros hijos. Pero él perseveraba golpeando la puerta. Y dice de nuevo hacia él: No puedo darte; pues nos hemos acostado nosotros y nuestros hijos. Pero él, habiendo oído también esto, perseveraba golpeando y no retirándose, hasta que dijo el dueño de casa: Levantaos, dadle y dejadle ir». Te enseña, pues, a orar siempre y no desanimarte siempre, sino que, aunque no recibas, permanecer hasta que recibas. Y encontrarás muchos otros caminos de arrepentimiento en la Escritura. Este arrepentimiento se predicaba también antes de la presencia de Cristo mediante Jeremías, que decía:«¿ Acaso el que cae no se levanta, o el que se aparta no regresa?», y de nuevo:« Después de esto le dije: Después de fornicar, ven, vuelve a mí». Y por esto nos dio muchos otros caminos diversos, para que corte todo pretexto nuestro de pereza. Pues si tuviéramos un solo camino, no habríamos podido entrar mediante este. Esta espada la huye siempre el diablo.¿ Pecaste? Entra en la iglesia y borra tu pecado. Cuantas veces caigas en la plaza, tantas veces levántate; así, cuantas veces peques, arrepiéntete del pecado; no te desesperes de ti mismo; aunque peques por segunda vez, arrepiéntete por segunda vez, no sea que por pereza caigas totalmente de la esperanza de los bienes propuestos; aunque estés en la última vejez y peques, entra, arrepiéntete; pues aquí hay un hospital, no un tribunal, que no exige cuentas de los pecados, sino que ofrece perdón de los pecados. Dile a Dios solo tu pecado:« Contra ti solo pequé y lo malo ante ti hice», y tu pecado es perdonado. Tienes también otro camino de arrepentimiento, no difícil, sino incluso muy fácil.¿ Cuál es este? Llora por tu pecado, y aprende esto de los divinos Evangelios. Aquel Pedro, la cumbre de los apóstoles, el primero en la Iglesia, el amigo de Cristo, el que no recibió la revelación de los hombres, sino del Padre, tal como le atestigua el Señor diciendo:« Bienaventurado eres, Simón Barjona, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre celestial»; este Pedro; y cuando digo Pedro, digo la roca inquebrantable, el fundamento inamovible, el gran apóstol, el primero de los discípulos, el primero en ser llamado y el primero en obedecer; aquel no hizo una cosa pequeña, sino incluso muy grande, como para negar al mismo Señor; digo esto no acusando al justo, sino dándote a ti un tema de arrepentimiento, al mismo Señor del mundo, al tutor, al Salvador de todos, negó. Y para que digamos el tema desde arriba, en la entrega vio el Salvador a algunos que se retiraban y le dice a Pedro:«¿ Acaso también tú quieres retirarte?». Y Pedro dijo:« Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».¿ Qué dices, Pedro? Dios es el que se ha pronunciado,¿ y tú te opones? Pero, sin embargo, la intención mostró lo propio, pero la debilidad de la naturaleza fue puesta a prueba.¿ Cuándo esto? En la noche en que fue entregado Cristo; entonces, pues, dice, estaba Pedro junto a las brasas calentándose, y una joven se acercó y le dice:« Ayer también tú estabas con este hombre». Y él:« No conozco a este hombre». Luego también una segunda y una tercera vez; y se cumplió la sentencia. Luego Cristo miró a Pedro, lanzando una voz mediante la mirada; pues no le habló mediante la boca, para no avergonzarlo ante los judíos y humillar a su propio discípulo, sino que mediante la mirada lanzó la voz; esto es:« Pedro, lo que dije, ha sucedido». Sin duda, pues, también Pedro, sintiéndose entonces, comenzó a llorar, pero no lloró simplemente, sino amargamente, haciendo un segundo bautismo mediante las lágrimas de los ojos. Pero habiendo llorado así amargamente, borró el pecado; después de esto es confiado con las llaves de los cielos. Y si el llanto de Pedro borró tal pecado, tú, si lloras,¿ cómo no habrías de borrar el pecado? Pues no era un crimen pequeño negar al propio Señor, sino grande y fuerte; pero, sin embargo, las lágrimas borraron el pecado. Llora, pues, también tú por tu pecado; pero no simplemente, ni con apariencia, sino llora amargamente, como Pedro; desde lo más profundo trae las fuentes de las lágrimas, para que así, compadeciéndose el Señor, te perdone la falta; pues es filántropo; pues él mismo dijo:« No quiero la muerte del pecador, sino que se vuelva, se arrepienta y viva». Quiere un pequeño esfuerzo de ti, y él mismo proporciona las grandes cosas; busca un pretexto de ti, para darte el tesoro de la salvación. Presenta lágrimas y él mismo te da perdón; presenta arrepentimiento y él mismo te proporciona remisión de pecados; presenta un pequeño pretexto, para que tengas una defensa con buena apariencia; pues las cosas de él son, y las nuestras son; si presentamos las nuestras, de nuevo él mismo proporciona las de sí mismo. Ya, pues, las de sí mismo él mismo proporcionó: sol, luna, variado coro de estrellas fundó, aire derramó, tierra extendió, mar amuralló, dio montes, valles, colinas, fuentes, lagos, ríos, los diez mil géneros de plantas, paraísos, todas las demás cosas; de nuevo tú contribuye un poco, para que así también te conceda las de arriba. No descuidemos, pues, de nosotros mismos, ni nos apartemos de nuestra salvación, teniendo tal mar de filantropía del Señor de todos, y que se arrepiente por nuestros pecados. El reino de los cielos está propuesto y el paraíso, y los bienes que ojo no vio, y oído no oyó, y al corazón del hombre no subió, que preparó Dios para los que le aman;¿ y no debemos hacer todo para contribuir con algo, de modo que no caigamos de estos?¿ O no sabes qué dice Pablo, el que se esforzó mucho y levantó diez mil trofeos contra el diablo, el que recorrió el mundo en cuerpo, el que recorrió tierra y mar y aire, el que como si tuviera alas recorrió el mundo, el que fue apedreado, el que fue asesinado, el que fue golpeado, el que sufrió todo por el nombre de Dios, el que fue llamado por una voz celestial desde arriba; mira, qué dice este, qué voz lanzó:« Recibimos gracia», dice,« de Dios, pero también yo me esforcé y contribuí; Y su gracia en mí no fue vana; sino que me esforcé más que todos ellos y contribuí». Sabemos, dice, sabemos la magnitud de la gracia que recibimos, pero no me encontró ocioso; son manifiestas las cosas contribuidas por mí. Así, pues, también nosotros enseñemos las manos a la limosna, para que contribuyamos con algo pequeño; lloremos por el pecado, lamentemos por la iniquidad, para que parezcamos contribuir con algo pequeño, puesto que también son grandes las cosas que han de ser dadas a nosotros y superan nuestra fuerza; pues es paraíso y reino de los cielos; del cual ojalá todos nosotros alcancemos, por la gracia y la filantropía de nuestro Señor Jesucristo, con quien al Padre junto con el Espíritu Santo, gloria, poder, honor, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. SOBRE EL ARREPENTIMIENTO Y LA ORACIÓN. Homilía 4.
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Para que, pues, en todas las cosas que parecen molestarnos no caigamos, prestemos atención con precisión a las historias de las Escrituras; pues de ahí tomaremos ocasión de mucha paciencia, no consolándonos solo con la comunión de los que sufrieron las mismas cosas, sino también aprendiendo el modo de la liberación de los males que nos sobrevienen, y después del alivio permanecer de nuevo en lo mismo, y no caer ni en pereza ni elevarse en desesperación. Pues que los que están mal se contraigan y se humillen y muestren mucha piedad, no es nada admirable; pues esta es la naturaleza de las tentaciones y obliga incluso a los que tienen corazón de piedra a hacer esto, a entristecerse; pero es propio de un alma piadosa, y que tiene a Dios continuamente ante los ojos, no caer nunca en olvido después de la liberación de las tentaciones; lo cual los judíos sufrían continuamente. Por eso también el profeta, burlándose de ellos, decía:« Cuando los mataba, entonces le buscaban, y volvían, y madrugaban hacia Dios». Y también Moisés, conociendo esto mismo de ellos, les aconsejaba continuamente diciendo:« Habiendo comido y bebido y saciado, ten cuidado de ti mismo, no sea que te olvides del Señor tu Dios». Esto, pues, sucedió; pues« comió», dice,« Jacob, y se engordó, y se hizo grueso, y dio coces el amado». Por eso no hay que admirar a los santos por esto, porque mientras la aflicción misma estaba en su apogeo, eran así piadosos y filósofos, sino porque también pasado el invierno y habiendo calma, permanecían en la misma moderación y celo. Y también a aquel caballo hay que admirar sobre todo al que puede caminar rítmicamente sin freno; pero si, teniéndolo un bozal y un freno, se porta bien, no es nada admirable; pues no hay que considerar la buena conducta por la nobleza del animal, sino por la necesidad del freno. Esto también se puede decir sobre el alma, que, estando presente el miedo, estar tranquilo no es nada admirable; pero cuando pasan las tentaciones y alguien quita el freno del miedo, entonces muéstrame la filosofía del alma y toda la buena conducta. Pero temo que, queriendo acusar a los judíos, acuse nuestra conducta; puesto que también nosotros, cuando éramos sacudidos por hambre y peste y granizo y sequía e incendios y levantamiento de enemigos,¿ no estaba la iglesia estrecha por la multitud de los que se reunían cada día? Y era mucha nuestra filosofía y desprecio de los asuntos de la vida, y ni deseo de dinero, ni deseo de gloria, ni apetito y amor de desenfreno, ni ningún otro pensamiento malvado nos molestaba entonces, sino que todos os entregasteis a la piedad, con súplica y lágrimas; y el fornicario era sensato entonces, y el rencoroso se volvía hacia las reconciliaciones, el codicioso se inclinaba hacia la limosna, el iracundo y audaz se transformaba hacia la humildad y la mansedumbre; y cuando Dios disipó aquella ira y pasó el invierno e hizo calma de tantas olas, volvimos de nuevo a las previas preocupaciones. Y sin embargo, no dejaba de predecir esto entonces, en el mismo momento de las tentaciones, y de advertir de antemano; pero, sin embargo, no nos sucedió nada más, sino que como un sueño y una sombra que pasó, así expulsasteis todas aquellas cosas de la mente. Por eso temo ahora más que entonces, y lo que decía entonces, ahora lo temo mayormente, no sea que atraigamos males más graves que los anteriores y entonces recibamos una herida incurable de Dios. Pues cuando alguien que peca continuamente obtiene perdón de Dios, luego el hombre no gana nada de esta longanimidad para la liberación de la maldad, luego esto lo prepara, de modo que, incluso no queriendo él, traer el colofón de los males y exterminarlo totalmente, y no dar ya ningún plazo de arrepentimiento, lo cual sucedió también con el Faraón. Puesto que, después de la primera, segunda, tercera, cuarta y las plagas después de aquellas, disfrutó de mucha longanimidad de Dios, no le resultó nada útil, fue exterminado luego y desapareció con la ciudad por completo. Esto también han sufrido los judíos. Por eso también Cristo, estando a punto de hacerlos desaparecer y traerles desolación sin remedio, decía así:«¡ Cuántas veces quise reunir a tus hijos, y no quisisteis! He aquí vuestra casa es dejada desierta». Temo, pues, que también nosotros suframos las mismas cosas, porque no nos hacemos sensatos ni con los males ajenos ni con los nuestros. Y no digo estas cosas solo a vosotros los presentes ahora, sino también a los que se han separado del celo diario y se han olvidado de las aflicciones anteriores; a quienes no dejé de desgarrarme siempre y decir que, aunque pasaron las tentaciones, permanezca en nuestras almas el recuerdo de las tentaciones, para que, recordando continuamente también el beneficio, agradezcamos continuamente al Dios que lo proporcionó.
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Nuestra asamblea de hoy es radiante y nuestra reunión más brillante de lo habitual.¿ Cuál es, pues, la causa? Este es el logro del ayuno; yo también lo sé; no de un ayuno presente, sino de uno esperado. Pues aquel nos reunió en la casa paterna; aquel también trajo de vuelta hoy a los que antes eran más negligentes hacia los brazos maternos. Y si el solo hecho de esperarlo nos ha causado tanto entusiasmo,¿ cuánta piedad producirá en nosotros cuando aparezca y llegue? Así también una ciudad, cuando un gobernante temible está a punto de entrar, deja de lado toda negligencia y se dispone con mayor diligencia. Pero no se asusten al oír que el ayuno es un gobernante temible; pues no es temible para nosotros, sino para la naturaleza de los demonios. Si alguien está lunático, muéstrale el rostro del ayuno, y permanecerá más inmóvil que las mismas piedras, paralizado por el miedo y retenido como por una cadena, y especialmente cuando vea unida al ayuno a la hermana y compañera del ayuno: la oración. Por esto también Cristo dice: Este género no sale sino con oración y ayuno. Cuando, pues, ahuyenta así a los enemigos de nuestra salvación y es tan temible para los enemigos de nuestra vida, debemos amarlo y abrazarlo, no temerlo; pues si hay que temer a la embriaguez y a la glotonería, no hay que temer al ayuno. Aquella, habiéndonos atado las manos a la espalda, nos entrega como esclavos y cautivos a la tiranía de las pasiones, como a una señora cruel; pero el ayuno, al encontrarnos esclavizados y encadenados, nos libera de las cadenas, nos libra de la tiranía y nos devuelve a la libertad anterior. Cuando, pues, lucha contra nuestros enemigos, nos libera de la esclavitud y nos devuelve a la libertad,¿ qué otra prueba mayor buscas de su amistad hacia nuestro género? Pues la mayor prueba de amistad parece ser amar y odiar a los mismos que nosotros.¿ Quieres saber cuánta gloria es el ayuno para los hombres, cuánta protección y seguridad? Considera conmigo el bienaventurado y admirable género de los monjes. Pues ellos, huyendo de los tumultos del mundo, corriendo hacia las cumbres de los montes y fijando sus chozas en la tranquilidad del desierto, como en un puerto sereno, tomaron a este como compañero de viaje y partícipe de toda su vida. Por tanto, los convirtió de hombres en ángeles, y no solo a ellos, sino también en las ciudades, a cuantos encuentra que lo aceptan, los eleva a la misma altura de la filosofía. Pues también Moisés y Elías, las torres de los profetas en el Antiguo Testamento, aunque eran brillantes y grandes por otras razones y tenían mucha confianza, cuando querían acercarse a Dios y dialogar, en la medida en que era posible para un hombre, recurrieron a este y se presentaron ante él a través de sus manos. Por esto también Dios, al crear al hombre desde el principio, inmediatamente lo puso en manos del ayuno, confiándole su salvación como a una madre cariñosa y a una excelente maestra. Pues el mandato: De todo árbol del paraíso comerás, pero del árbol de conocer el bien y el mal no comeréis, es una forma de ayuno. Y si en el paraíso era necesario el ayuno, mucho más fuera del paraíso; si antes de la herida es útil el remedio, mucho más después de la herida; si antes de que surgiera la guerra de las pasiones el arma nos era adecuada, mucho más después de tan gran batalla contra las pasiones y contra los demonios es necesaria la alianza del ayuno. Si Adán hubiera escuchado esta voz, no habría escuchado la segunda que dice: Tierra eres y a la tierra volverás; pero puesto que desobedeció esta, por eso hay muerte, preocupaciones, trabajos, desánimos y una vida más pesada que toda muerte; por eso hay espinas y abrojos, por eso hay dolores, gemidos y una vida penosa.¿ Has visto cómo Dios se indigna cuando se ultraja al ayuno? Aprende también cómo se alegra cuando se honra al ayuno. Pues así como al ser ultrajado impuso la muerte como castigo al que lo ultrajó, así, al ser honrado, revocó la muerte. Pues, queriendo mostrarte el poder de este asunto, le dio autoridad, después de la sentencia y después de la ejecución, para arrebatar de en medio del camino a los que eran llevados a la muerte y trasladarlos a la vida; y esto no lo hizo con dos, tres o veinte hombres, sino con todo un pueblo, la gran y admirable ciudad de los ninivitas, que yacía de rodillas, inclinando la cabeza ante el mismo abismo y a punto de recibir el golpe que venía de arriba, como una fuerza que descendiera de lo alto, los arrebató de las mismas puertas de la muerte y los devolvió a la vida. Pero si les parece, escuchemos también la historia misma. Y vino, dice, palabra del Señor a Jonás diciendo: Levántate y ve a Nínive, la gran ciudad. Inmediatamente quiere avergonzarlo por la magnitud de la ciudad, previendo la futura huida del profeta. Pero escuchemos también el anuncio: Aún tres días y Nínive será destruida.¿ Y por qué anuncias lo que vas a hacer? Para no hacer lo que anuncio. Por esto también amenazó con el infierno, para no llevar al infierno; que les teman, dice, a las palabras, y no les duelan los hechos.¿ Y por qué reduce el plazo a un tiempo tan breve? Para que aprendas también la virtud de los bárbaros, digo de los bárbaros ninivitas, que pudieron en tres días disolver tal ira por los pecados, y admires la filantropía de Dios, que se contentó con tres días de arrepentimiento por tantas faltas, y tú mismo no caigas en la desesperación, aunque hayas pecado diez mil veces. Pues así como el perezoso de alma y descuidado, aunque reciba mucho tiempo para el arrepentimiento, no hace nada grande ni reconciliará a Dios consigo mismo por su negligencia; así el que está despierto y arde en entusiasmo, y muestra el arrepentimiento con mucha diligencia, podrá borrar en un breve momento de tiempo las faltas de mucho tiempo.¿ No negó Pedro tres veces?¿ No lo hizo con juramento la tercera vez?¿ No temió las palabras de una criada insignificante?¿ Qué entonces?¿ Necesitó muchos años para el arrepentimiento? De ninguna manera; sino que en esa misma noche resbaló y se levantó, recibió la herida y el remedio, enfermó y volvió a la salud.¿ Cómo y de qué manera? Llorando y lamentándose; o más bien, no llorando simplemente, sino con mucha diligencia y disposición; y por esto el evangelista no dijo que lloró simplemente.
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Esto decía entonces y ahora les digo a ustedes, y a través de ustedes a aquellos: imitemos a los santos, quienes ni fueron devorados por las aflicciones ni se volvieron más flojos por la comodidad, lo que muchos de nosotros sufrimos ahora, como los barcos ligeros que, al ser inundados por toda circunstancia de olas, se hunden. Pues la pobreza, al sobrevenirnos muchas veces, nos hundió y nos hizo naufragar, y la riqueza, al añadirse, nos hinchó de nuevo y nos arrojó a la mayor negligencia. Por eso les ruego, dejando todo, ajustemos nuestras almas para la salvación, cada uno de nosotros; pues estando esta bien dispuesta, cualquier desgracia que sobrevenga, ya sea hambre, enfermedad, calumnia, robo de bienes o cualquier otra cosa, será soportable y ligera, debido al mandato del Señor y a la esperanza en él; así como, por el contrario, si el alma no está bien ante Dios, aunque fluya la riqueza, aunque estén presentes los hijos, aunque haya disfrute de diez mil bienes, tal persona atraerá muchos desánimos y preocupaciones. No busquemos, pues, la riqueza, no huyamos de la pobreza, sino que, ante todo, cuidemos cada uno de nuestra propia alma y hagámosla apta tanto para la economía de la vida presente como para la partida de aquí hacia allá. Pues falta poco y tendrá lugar la prueba de cada uno de nosotros, cuando todos estemos ante el tribunal temible de Cristo, revestidos de nuestras propias acciones, y viendo con nuestros ojos, esto las lágrimas de los huérfanos, esto las vergonzosas lascivias con las que manchamos nuestras almas, esto los gemidos de las viudas, esto los golpes de los pobres, los robos de los necesitados; y no solo esto y lo semejante a esto, sino también si cometimos algo absurdo en el pensamiento; porque él es el juez de los pensamientos y de las intenciones; y de nuevo: Escudriñando corazones y riñones, y: Dando a cada uno según su obra. Y este discurso mío no es solo para los que son examinados en la vida, sino también para los que han fijado sus chozas en los montes por causa de la vida monástica, porque tales personas no solo deben guardar sus cuerpos de la mancha de la fornicación, sino también el alma de toda codicia satánica. Pues el apóstol Pablo no habla solo a las mujeres, sino también a los hombres y a toda la Iglesia, porque, dice, el alma que permanece virgen debe ser santa en cuerpo y espíritu; y de nuevo: Presentad vuestros cuerpos como virgen pura;¿ y pura cómo? Sin tener mancha ni arruga. Puesto que también aquellas vírgenes que tenían las lámparas apagadas eran vírgenes en el cuerpo, pero no puras en el corazón; pues aunque ningún hombre las corrompió, el amor al dinero las corrompió; su cuerpo estaba limpio, pero su alma estaba llena de mucha adulterio, habiendo entrado en ellas malos pensamientos, de codicia, falta de compasión, ira, envidia, pereza, olvido y soberbia, corrompiendo todos la dignidad de su virginidad. Por eso Pablo decía: Para que la virgen sea santa en cuerpo y espíritu; y de nuevo: Presentar una virgen pura a Cristo. Pues así como el cuerpo es corrompido por adulterios, así también el alma es manchada por pensamientos satánicos, por doctrinas corrompidas, por nociones absurdas. Pues el que dice: Soy virgen en el cuerpo, pero en el alma envidia al hermano, este no es virgen; pues la mezcla de la envidia corrompió su virginidad. De nuevo, el vanidoso no es virgen; pues el amor a la envidia corrompió su virginidad; pues la pasión, al entrar, disolvió la virginidad de su alma. Y el que odia a su hermano, este es más homicida que virgen; y en suma, cada uno, en la pasión malvada en la que es retenido, en esa corrompe su virginidad. Por eso Pablo desterró todas estas malas pasiones y nos ordena ser vírgenes de tal manera que no admitamos voluntariamente en el alma ningún pensamiento contrario.
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¿ Qué diremos, pues, ante esto?¿ Cómo seremos compadecidos?¿ Cómo nos salvaremos? Yo digo: tomemos siempre la oración en el corazón, y sus frutos, digo la humildad y la mansedumbre. Aprended, pues, dice, de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas; y de nuevo David: Sacrificio a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado Dios no lo despreciará. Pues nada acepta y ama tanto Dios como un alma mansa, humilde y agradecida. Mira, pues, tú también, hermano, cuando veas que algo inesperado te sobreviene y te molesta, no recurras a los hombres ni mires hacia una ayuda mortal, sino, pasando por alto a todos, corre con tu mente hacia el médico de las almas. Pues solo aquel que formó nuestros corazones en privado y entiende todas nuestras obras puede sanar el corazón; él mismo puede entrar en nuestra conciencia, tocar la mente y consolar el alma. Y si él no consuela nuestros corazones, lo que viene de los hombres es superfluo e inútil; así como, por el contrario, si Dios consuela y reconforta, aunque diez mil hombres molesten, no podrán dañarnos en lo más mínimo; pues cuando él fortalece un corazón, nadie puede sacudirlo. Sabiendo esto, pues, amados, recurramos siempre a Dios, quien quiere y puede resolver nuestras desgracias. Pues cuando hay que consolar a los hombres, es necesario encontrarse primero con porteros, y consolar a parásitos y aduladores, y recorrer un largo camino; pero en el caso de Dios no hay nada de esto, sino que es consolado sin mediador, sin dinero, sin gasto, asiente a la súplica; basta solo gritar con el corazón y ofrecer lágrimas, y al entrar inmediatamente lo atraerás. Y al consolar a un hombre muchas veces tememos que alguno de los enemigos esté presente, o un amigo, o alguno de los adversarios escuche el asunto, y otro revele lo dicho, y corrompa la justicia; pero en el caso de Dios no es posible sospechar nada de esto. Pues cuando quieras consolarme, dice, acércate a mí solo sin que nadie esté presente, es decir, grita con el corazón, sin mover los labios. Pues entra, dice, en tu aposento; cierra tu puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Mira la exageración del honor; cuando me consuelas, dice, que nadie vea; pero cuando yo te honro, traigo al mundo entero como testigo del beneficio. Obedezcamos, pues, y no oremos para exhibición, ni contra nuestros enemigos, y no le enseñemos el modo de la ayuda. Pues si a los hombres que abogan y retóricamente hablan ante los jueces externos les decimos solo nuestros asuntos, y les dejamos a ellos el modo de la alianza, para que dispongan nuestros asuntos como quieran, mucho más debemos hacer esto ante Dios.¿ Le dijiste tu juicio, le dijiste lo que sufriste? No digas ya también cómo ayudar; pues él sabe exactamente lo que te conviene. Y hay muchos que recitan diez mil versos por causa de la oración diciendo: Señor, dame salud corporal, duplica mis posesiones, véngame del enemigo; lo cual está lleno de mucha insensatez. Por eso es necesario dejar todo esto y suplicar y consolar solo según el publicano que dice: Dios, sé propicio a mí, pecador; y él sabe luego cómo socorrerte; pues buscad, dice, primero el reino de Dios, y todas estas cosas se os añadirán. Así, pues, amados, filosofemos con esfuerzo y humildad, golpeándonos el pecho, como aquel, y obtendremos lo que pedimos; pero si oramos llenos de ira y furor, somos encontrados detestables y odiosos ante Dios. Quebrantemos, pues, nuestra mente y humillemos nuestras almas, y oremos tanto por nosotros mismos como por los que nos han entristecido. Pues si quieres atraer al juez para ayuda de tu alma y hacerlo de tu parte, nunca le intercedas contra el que te ha entristecido. Pues tal es el modo del juez; asiente y da las peticiones especialmente a aquellos que oran por los enemigos, a los que no guardan rencor, a los que no se envanecen contra sus enemigos. Y cuanto más hacen esto, tanto más Dios se enfrenta a aquellos, si no se convierten al arrepentimiento.
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Vean, pues, hermanos, cuando se nos inflija alguna deshonra por parte de alguien, no nos molestemos y desanimemos inmediatamente, sino agradezcamos filosofando y esperando la ayuda del Señor.¿ Acaso no podía Dios darnos los bienes antes de la petición?¿ No podía concedernos una vida sin dolor y separada de toda aflicción? Pero hace ambas cosas por amor.¿ Por qué permite que seamos afligidos y no trae rápidamente la liberación?¿ Por qué? Para que estemos atentos a él, aferrándonos a la ayuda que viene de él, y recurramos a él, y lo llamemos continuamente para nuestra asistencia. Por esto, pues, hay dolores corporales, por esto hay escasez de frutos, por esto hay hambres, para que por estas aflicciones estemos siempre colgados de él, y así, a través de las aflicciones temporales, heredemos la vida eterna. De modo que, pues, también por esto debemos agradecer a Dios, que a través de muchas estrategias sana y salva nuestras almas. Pues los hombres, si acaso nos benefician alguna vez, luego si involuntariamente los entristecemos un poco, inmediatamente reprochan el beneficio, mencionándolo de modo que muchos se maldicen a sí mismos por haber sido beneficiados por ellos en absoluto; pero Dios no es así, sino que, siendo despreciado y ultrajado después de los beneficios, todavía se disculpa y da explicaciones a los que lo han ultrajado, diciendo así: Pueblo mío,¿ qué te he hecho? Ellos no querían llamarlo Dios, y él no dejaba de llamarlos pueblo suyo; ellos rechazaban el señorío, y él no los negaba, sino que los hacía suyos y los atraía hacia sí diciendo: Pueblo mío,¿ qué te he hecho?¿ Te he sido gravoso, dice, o pesado y molesto? Pero ni siquiera esto puedes decir; pues si esto fuera así, ni aun así debías haberte apartado.¿ Quién es el hijo a quien el padre no educa? Pero, sin embargo, ni siquiera esto pueden decir. Y de nuevo en otro lugar:¿ Qué hallaron vuestros padres en mí de falta? Grande y admirable es lo dicho; pues lo que dice es tal:¿ Qué pequé, dice? Dios dice a los hombres:¿ Qué pequé?, lo cual ni los esclavos soportan decir al señor. Y no dice:¿ Qué pequé contra ustedes?, sino: contra sus padres. Pero ni siquiera esto, dice, pueden decir, que guardan una enemistad paterna contra mí; pues ni siquiera a sus antepasados dejé nunca de cuidar con mi providencia, descuidándolos en lo pequeño o en lo grande. Y no dijo simplemente:¿ Qué tuvieron sus padres?, sino:¿ Qué hallaron? Habiendo buscado mucho, habiendo recorrido mucho en tantos años estando bajo mi mando, no hallaron en mí ninguna falta. Por todas estas cosas, pues, recurramos continuamente a él, y en todo desánimo busquemos su consuelo, en toda desgracia su solución, su misericordia, en toda tentación su ayuda; pues sea cual sea el mal, sea cual sea la magnitud de la desgracia, puede resolverlo y hacerlo pasar; y no solo esto, sino también toda seguridad, poder, gloria buena, salud corporal, filosofía del alma, esperanzas buenas y el no pecar rápidamente, su bondad nos proporcionará. No murmuremos, pues, como los esclavos ingratos, ni acusemos al Señor, sino agradezcamos en todo, y consideremos que un solo mal existe: pecar contra él. Y si nos disponemos así ante Dios, ninguna enfermedad, ninguna pobreza, ninguna deshonra, ninguna escasez de frutos, ni ninguna otra de las cosas que parecen ser dolorosas nos sucederá, sino que, disfrutando de un placer puro y casto continuamente, alcanzaremos también los bienes futuros, por la gracia y filantropía de nuestro Señor Jesucristo, con quien al Padre sea la gloria, junto con el Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. Del mismo, homilía sobre el ayuno y sobre el profeta Jonás, y Daniel, y los tres jóvenes. Fue dicha en la entrada de los santos ayunos. Homilía 5.
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¡ Qué placenteras son para nosotros las olas de este mar espiritual, y más placenteras que las del mismo océano! Aquellas, en efecto, las levanta el desorden de los vientos, pero estas, el deseo de la escucha; y aquellas, al elevarse, proporcionan mucha angustia al timonel, pero estas, al aparecer, infunden mucha confianza al que habla. Pues aquellas son pruebas de un mar tempestuoso, pero estas son señales de un alma que se alegra; y aquellas, al chocar contra las rocas, emiten un sonido confuso, pero estas, al chocar contra la palabra de la enseñanza, emiten una voz suave. Así también, cuando los soplos del céfiro caen sobre los campos y doblan y levantan las cabezas de las espigas, imitan las olas del mar en la tierra firme. Pero estas son más placenteras que aquellos campos; pues no fueron los soplos del céfiro, sino la gracia del Espíritu la que levantó y calentó sus almas, y aquel fuego que antiguamente Cristo decía: Fuego vine a traer a la tierra,¿ y qué quiero si ya se ha encendido?, veo que este ha sido arrojado y arde en sus almas. Puesto que, pues, el temor de Cristo ha encendido tantas lámparas para nosotros, traigan de aquí el aceite de la enseñanza, para que la luz nos sea más duradera. Pues el tiempo del ayuno se apresura ya hacia su fin para nosotros; pues habiendo llegado a la mitad de los estadios, nos hemos encontrado ya hacia el final. Pues así como el que comienza ha sudado, así el que ha llegado a la mitad se ha apoderado del final. El tiempo, pues, se apresura hacia el final, y el barco mira ya hacia el puerto, pero lo que se busca no es llegar al puerto, sino no arrastrar el barco vacío de mercancía. Ruego a todos ustedes y suplico, que cada uno reflexione en su conciencia sobre el negocio del ayuno, y si encuentra que se ha obtenido mucha ganancia, que añada al negocio; pero si no se ha recogido nada, que utilice lo que queda de tiempo para el negocio. Mientras la asamblea está en pie, retirémonos habiendo negociado una gran ganancia, para que no nos retiremos con las manos vacías, para que, habiendo soportado el trabajo del ayuno, no perdamos el salario del ayuno. Pues es posible soportar el trabajo del ayuno y no recibir el salario del ayuno;¿ cómo? Cuando nos abstenemos de alimentos, pero no nos abstenemos de pecados; cuando no comemos carne, pero devoramos las casas de los pobres; cuando no nos embriagamos con vino, pero nos embriagamos con deseo malvado; cuando pasamos todo el día sin comer, pero pasamos todo el día en espectáculos libertinos. He aquí el trabajo del ayuno, y el salario del ayuno no está en ninguna parte, cuando subimos a los teatros de la ilegalidad. El discurso no es para ustedes; pues sé que están limpios de la acusación, pero es costumbre de los que sufren, cuando no encuentran a los culpables, descargar la ira sobre los presentes.¿ Qué ganancia hay en ayunar y subir a los teatros de la ilegalidad, entrar en la escuela común de la lascivia, en el gimnasio público de la incontinencia, sentarse en la cátedra de los pestilentes? Pues también cátedra de peste, y gimnasio de incontinencia, y escuela de lascivia, y todo lo más vergonzoso, si alguien llamara al teatro, no se equivocaría, ese lugar lleno de enfermedades de todo tipo, la fragua babilónica. Pues así como el diablo, al arrojar la ciudad al teatro como a una fragua, así calienta desde abajo, no poniendo sarmientos, como aquel bárbaro de entonces, ni nafta, ni estopa, ni brea, sino cosas mucho más crueles que estas, miradas de prostitutas, palabras vergonzosas, miembros contorsionados, canciones llenas de toda maldad. Aquella fragua, pues, la encendieron manos bárbaras, pero esta fragua la encienden pensamientos más insensatos que los bárbaros; esta es más cruel que aquella, puesto que también el fuego es más cruel; pues no quema la naturaleza de los cuerpos, sino que corrompe la salud del alma; y lo más cruel es que los que se queman ni siquiera se dan cuenta; pues si se dieran cuenta, no soltarían una risa amplia sobre lo que sucede; lo cual es lo más cruel, cuando alguien que está enfermo ni siquiera sabe esto mismo, que está enfermo, y quemándose miserable y penosamente, no siente los incendios.¿ Qué provecho hay del ayuno, cuando impides al cuerpo el alimento acostumbrado, pero al alma le ofreces el alimento ilegal? Cuando pasas el día sentado allí, viendo a la naturaleza común deshonrándose y siendo puesta como ejemplo, mujeres prostituyéndose, a los que recogen los males de cada casa fingiendo adulterios allí? Pues también es posible ver fornicaciones y adulterios, y escuchar blasfemias, para que la enfermedad entre en el alma tanto por los ojos como por el oído; imitan las desgracias ajenas, de donde también les queda el nombre de la vergüenza.¿ Qué es, pues, la ganancia del ayuno, alimentándose el alma de tales cosas?¿ Con qué ojos verás a la mujer después de aquellos espectáculos?¿ Con qué ojos verás al hijo, con qué ojos al siervo, con qué ojos al amigo? Pues es necesario, al contar lo que sucede allí, deshonrarse, o callar y hundirse sonrojándose. Pero no te retiras así de aquí, sino que tendrás en la casa con mucha confianza contar todo lo dicho, voces proféticas, doctrinas apostólicas, leyes del Señor, presentar toda la mesa de la virtud, y haces a la mujer más sensata con los relatos de aquí, y haces al hijo más inteligente, y al siervo más leal, y al amigo más amistoso, y convences incluso al enemigo de disolver la enemistad.
6
¿ Ves cómo estas doctrinas son salvíficas en todas partes, mientras que aquellas enseñanzas son inútiles en todas partes?¿ Qué provecho hay, pues, en el ayuno, dime, cuando ayunas con el cuerpo, pero cometes adulterio con los ojos? Pues el adulterio no es solo la unión física, ni el trato corporal, sino también la mirada lasciva.¿ Qué provecho hay cuando estás presente aquí y allá? Yo educo, él corrompe; yo aplico medicinas a la enfermedad, él añade un supositorio a la enfermedad; yo apago la llama de la naturaleza, él enciende la llama de la concupiscencia.¿ Qué provecho hay, dime? Uno construye y otro derriba;¿ qué han ganado más que fatigas? No estemos, pues, aquí y allá, sino solo aquí, para que sea útil aquí, para que no sea en vano aquí, para que no sea en vano, ni para condenación. Uno construye y otro derriba;¿ qué han ganado más que fatigas? Y, sin embargo, incluso si hubiera muchos que construyen y uno solo que derriba, la facilidad de la destrucción vence a la multitud de los que construyen. Es una gran vergüenza, en verdad, que tanto los jóvenes como los ancianos corran hacia tal afán. Pero ojalá el mal se limitara a la vergüenza; aunque esto tampoco es soportable para un hombre libre, sino que es un daño extremo, una condena y una vergüenza para quien tiene juicio; pero el castigo no se detiene en la vergüenza, sino que también se cierne una gran pena y un tormento. Pues es necesario que todos los que se sientan allí sean atrapados por el pecado de adulterio, no porque se unan a las mujeres de allí, sino porque las miran con ojos lascivos. Porque, para que no despreciéis mi palabra, no os diré por mi cuenta que también estos deben ser atrapados por adulterio, sino que os leeré la ley divina; pues aquí ya no es posible despreciar.¿ Qué dice, pues, la ley divina? Habéis oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio; pero yo os digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.¿ Has visto al adúltero consumado?¿ Has visto el pecado cumplido? Y lo que es más grave, que el adúltero, al ser atrapado en adulterio, no se hace responsable en un tribunal humano, sino en uno divino, donde los castigos son eternos. Todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. No solo elimina la enfermedad, sino también la raíz de la enfermedad; pues la raíz del adulterio es la concupiscencia lasciva; por eso no solo castiga el adulterio, sino también la concupiscencia, la madre del adulterio. Así hacen también los médicos; no se detienen solo ante las enfermedades, sino también ante sus causas; y si ven ojos enfermos, detienen el flujo maligno desde arriba, desde las sienes; así hace también Cristo. La oftalmía es un adulterio grave; la enfermedad es de los ojos, no de los del cuerpo, sino primero de los del alma; por eso detuvo allí el flujo de la lascivia, con el temor de la ley; por eso no solo castigó el adulterio, sino que también sancionó la concupiscencia. Ya adulteró con ella en su corazón; y estando el corazón corrompido,¿ qué provecho queda del resto del cuerpo? Pues así como en las plantas y los árboles, cuando vemos que el corazón ha sido roído, rechazamos la parte restante; así también en el hombre, cuando aquel se pierde, la salud del cuerpo es en vano. El auriga ha perecido, ha sido corrompido y derribado, los caballos corren en vano entonces; la ley es penosa y tiene mucho de carga, así como también tiene una gran corona. Pues tales son las cosas penosas, tienen grandes recompensas. Pero tú no te fijes en la fatiga, sino considera la recompensa; pues así sucede también en los asuntos de la vida. Si miras la fatiga de los logros, es pesada y gravosa; pero si miras la recompensa, lo que se propone es ligero y facilísimo. Así también el navegante, si mira solo las olas, nunca saca la nave del puerto, pero viendo el comercio antes que las olas, así también se atreve ante el mar inmenso. Así también el soldado, si mira las heridas y las matanzas, nunca se pondrá la coraza; pero si contempla los trofeos y las victorias antes que las heridas, correrá hacia el combate como hacia un prado. Pues las cosas que son pesadas por naturaleza se vuelven ligeras cuando no calculamos las fatigas, sino que contemplamos sus recompensas.¿ Quieres aprender cómo las cosas pesadas por naturaleza se vuelven ligeras? Escucha a Pablo diciendo: Pues la leve tribulación del momento presente nos produce un peso eterno de gloria que sobrepasa toda medida. Lo dicho es un enigma; si es tribulación,¿ cómo es leve? Si es leve,¿ cómo es tribulación? Pues estas son contrarias. Pero resolvió el enigma con la continuación, mostrando que es leve;¿ cómo? No fijándonos nosotros en lo que se ve. Puso la corona y volvió ligero el combate; mostró el premio y consoló los sudores. Y tú, pues, cuando veas a una mujer resplandeciente por su rostro, alegre por su vestimenta, veas la concupiscencia haciendo cosquillas, veas el alma deseando la contemplación; mira hacia la corona que te está reservada arriba, para que pases de largo tal visión.¿ Has visto a una consierva? Considera al Señor, y ciertamente harás cesar la enfermedad. Pues si los niños que siguen a un pedagogo no se distraen, no están boquiabiertos, no están aturdidos, mucho más tú, si ves a Cristo presente en tus pensamientos, no sufrirás nada semejante. El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Leo con gusto y más frecuentemente las letras de la ley; ojalá fuera posible decir esto a vosotros durante todo el día, o mejor dicho, no a vosotros, sino a los que son responsables de los pecados; o mejor aún, también a vosotros; pues también vosotros estaréis más seguros, y los que están en la enfermedad volverán rápidamente a la salud. El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.
61
Lloró amargamente. Y qué clase de poder tenían aquellas lágrimas, dice, ninguna palabra podrá representarlo; pero el resultado de los hechos lo muestra claramente. Pues después de aquella grave caída; pues no hay mal igual a la negación; pero, sin embargo, después de tanto mal, lo llevó de nuevo a su anterior honor y le confió la supervisión de la Iglesia universal; y lo que es más grande que todo, nos demostró que él tenía un amor hacia el Señor mayor que todos los apóstoles. Pues, dice: Pedro,¿ me amas más que estos? Y de esto no podría haber nada igual en cuanto a la virtud. Para que no digas que perdonó razonablemente a los ninivitas, hombres bárbaros e insensatos, pues el siervo, dice, que no conoce la voluntad de su señor y no la hace, será azotado con pocos azotes; para que, pues, no digas esto, por eso te presentó también a Pedro en medio, un siervo que conocía muy bien la voluntad del señor. Pero, sin embargo, también este, habiendo pecado y cometido el pecado extremo, mira a qué altura de confianza ascendió. No caigas, pues, tú mismo en los pecados; pues lo más grave del pecado es permanecer en el pecado, y lo más terrible de la caída es yacer en la caída. Esto es lo que Pablo lamenta y deplora, esto dice que es digno de duelo. Pues temo, dice, que al llegar yo a vosotros, Dios me humille y tenga que llorar por muchos, no simplemente de los que han pecado, sino de los que no se han arrepentido de la lascivia, y la impureza, y la fornicación que cometieron.¿ Y qué tiempo sería más adecuado para el arrepentimiento que el tiempo del ayuno?
7
Pero volvamos a la historia. Pues habiendo escuchado estas palabras, el profeta bajó a Jope para huir a Tarsis de la presencia del Señor.¿ A dónde huyes, hombre?¿ No has escuchado al profeta que dice:¿ A dónde iré lejos de tu espíritu, y de tu presencia a dónde huiré?¿ A la tierra? Pero, del Señor es la tierra y su plenitud.¿ Pero al Hades? Si bajare, dice, al Hades, allí estás.¿ Al cielo? Pero si subiere al cielo, tú allí estás.¿ Pero al mar? Y allí, dice, me sostendrá tu diestra. Lo cual, de hecho, sucedió también en este caso. Pero tal es el pecado; arroja a nuestra alma a una gran insensatez. Pues así como los que están dominados por la pesadez de cabeza y la embriaguez se mueven simple y vanamente, y si hay un abismo, si hay un precipicio, si hay cualquier cosa debajo, caen sin precaución; así también los que se deslizan hacia el pecado, dominados como por una embriaguez por la concupiscencia de la acción, no saben lo que hacen; no prevén nada de lo presente ni de lo futuro.¿ Huyes del Señor, dime? Pues espera un poco, y por los mismos hechos aprenderás que no podrás escapar de las manos ni siquiera de la esclava mar. Pues apenas subió este a la nave, y aquella levantó las olas, y se elevaba a gran altura; y como una sierva agradecida que encuentra a un consiervo fugitivo, habiendo sustraído algo de los bienes del señor, no se aparta antes de causar mil problemas a los que lo recibieron, hasta que, tomándolo, se vaya; así también el mar, encontrando a su consiervo y reconociéndolo, causa mil problemas a los marineros, turbando, gritando, no arrastrando a un tribunal, sino amenazando con el hundimiento de la nave con todos sus tripulantes, si no le entregaban al consiervo.¿ Qué hicieron, pues, los marineros, al suceder esto? Hicieron, dice, un alijo de los utensilios que estaban en la nave; pero la nave no se aligeraba; pues toda la carga permanecía aún dentro, el cuerpo del profeta, la pesada carga, no por la naturaleza del cuerpo, sino por el peso del pecado; pues nada es tan pesado y hundidor como el pecado y la desobediencia. Por eso también Zacarías lo representó a la vista como plomo; y David, describiendo su naturaleza, decía: Mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza, como carga pesada se han agravado sobre mí. Y Cristo gritaba a los que vivían en muchos pecados: Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar. Esta, pues, cargaba también la nave entonces y estaba a punto de hundirla; pero Jonás dormía y roncaba. El sueño no era pesado por placer, sino por tristeza, no por pereza, sino por desánimo. Pues los siervos agradecidos se dan cuenta rápidamente de los pecados; lo cual también él sufrió. Pues después de la acción del pecado, conoció entonces lo terrible del pecado; pues tal es el pecado; después de nacer, entonces levanta todos los dolores de parto en el alma que lo dio a luz, al contrario de la ley de nuestro nacimiento. Pues nosotros, al nacer, disolvemos los dolores, pero aquel, al nacer, desgarra con dolores los pensamientos que lo engendraron.¿ Qué hizo, pues, el patrón? Se acercó, dice, a él y le dice: Levántate e invoca al Señor tu Dios. Conoció entonces por la experiencia que la tempestad no era habitual, sino que el golpe era enviado por Dios, y que el oleaje era mayor que la destreza humana, y que no había provecho alguno de las manos del patrón; pues lo que sucedía necesitaba de otro patrón mayor, del que gobierna todo el mundo, y necesitaba de la ayuda de arriba. Por eso también ellos, dejando remos y velas y cuerdas y todo, y apartando las manos del remo, las levantaron hacia el cielo e invocaban a Dios. Y como ni aun así sucedía algo más, Echaron suertes, dice; y la suerte entregó entonces al responsable a la votación. Pero ellos, ni aun así, tomándolo, lo hundieron, sino que, habiendo tanta confusión y turbación, como si disfrutaran de mucha tranquilidad, así estableciendo un tribunal en la nave, le dieron parte de palabra, y lo consideraron digno de defensa, y examinaban todo con precisión, como si fueran a dar cuentas a alguien de lo que decidieran. Escucha, pues, a ellos, examinando todo como en un tribunal.¿ Cuál es tu oficio?¿ Y de dónde vienes?¿ Y a dónde vas?¿ Y de qué país y de qué pueblo eres tú? Y, sin embargo, el mar acusó gritando, y la suerte lo refutó y testificó contra él; pero, sin embargo, ni gritando el mar, ni testificando la suerte, emiten la votación todavía, sino que, como en un tribunal, estando presentes los acusadores, y estando presentes los testigos, y realizándose los careos, los jueces no emiten la votación antes de que el mismo condenado se convierta en acusador de su propio pecado; así también los marineros aquí, hombres bárbaros e insensatos, imitaban el orden de los tribunales; aunque tanto temor, tanto oleaje, tanta turbación los rodeaba, y el mar no les permitía ni siquiera respirar; así turbaba, y apresuraba, enfurecida y gritando y levantando olas continuas.¿ De dónde, pues, provino tanta providencia, amados, respecto al profeta? De la economía de Dios. Pues Dios disponía que esto sucediera, educando al profeta a través de esto a ser filántropo y manso, y casi gritándole y diciéndole: Imita a los marineros, hombres insensatos; pues si estos no desprecian ni una sola alma, ni escatiman ni un solo cuerpo, el tuyo; tú, en cambio, entregaste a una ciudad entera que tenía tantas miríadas, en lo que a ti respecta; y ellos, habiendo encontrado al causante de los males que les habían sucedido, ni aun así se apresuran a la votación condenatoria; tú, en cambio, no teniendo nada que reprochar a los ninivitas, los hundiste y los destruiste. Y tú, habiendo yo ordenado ir y llamarlos a la salvación mediante la predicación, no obedeciste; estos, en cambio, sin haber escuchado a nadie, hacen todo y se esfuerzan para que tú, que te has hecho responsable de castigo, seas llamado. Pues incluso después de la acusación del mar, después de la demostración mediante la suerte, cuando él mismo se acusó y confesó la huida, ni aun así se apresuraron a la perdición del profeta, sino que soportaban y se esforzaban y hacían todo para no entregarlo a la furia del mar ni siquiera después de tal demostración. Pero el mar no lo permitía ni aun así; o mejor dicho, Dios no lo dejaba, queriendo corregirlo tanto a través de los marineros como a través de la ballena. Pues incluso después de escuchar: Tomadme y echadme al mar, y el mar se calmará de vosotros, se esforzaban por ir a tierra, pero las olas no lo permitían.
7
Y tú, tal como viste al profeta huyendo, escúchalo también confesándose desde abajo, desde el vientre de la bestia; pues aquello lo sufrió como hombre, pero esto lo demostró como profeta. Tomándolo, pues, el mar, lo depositó como en una prisión en el vientre de la ballena, guardando sano para el Señor al fugitivo; y ni las olas salvajes al tomarlo lo ahogaron, ni la ballena, más salvaje que las olas, al recibirlo en su vientre lo corrompió, sino que lo salvó y lo llevó de nuevo a la ciudad; y el mar y la ballena obedecieron contra natura, para que a través de todo el profeta sea educado. Llegando, pues, a la ciudad, leyó la sentencia, como una carta real que contenía castigo, y gritaba diciendo: Aún tres días, y Nínive será destruida. Escucharon esto ellos, no dudaron, no despreciaron, sino que inmediatamente hubo una carrera de todos hacia el ayuno, hombres, mujeres, siervos, señores, gobernantes, gobernados, niños, ancianos; ni la naturaleza de los irracionales estaba exenta de este servicio; por todas partes saco, por todas partes ceniza, por todas partes llanto y lamento. Pues incluso el mismo que llevaba la diadema, bajando del trono real, se puso saco, se esparció ceniza, y así arrebató a la ciudad de los peligros; y era posible ver un hecho paradójico, la púrpura superada por el saco. Pues lo que no pudo el tejido de púrpura, esto lo pudo el saco; lo que no logró la diadema, esto lo consiguió la ceniza.¿ Ves cómo no dije en vano que no hay que temer al ayuno, sino a la embriaguez y a la glotonería? Pues la embriaguez y la glotonería sacudieron a la ciudad que estaba en pie y estaban a punto de derribarla; pero el ayuno hizo que se mantuviera firme cuando estaba tambaleándose y a punto de caer. Con este, también Daniel, entrando en el foso de los leones, como si estuviera con ovejas mansas, así salía. Pues incluso hirviendo de ira y mirando con mirada asesina, no tocaron la mesa que los rodeaba, sino que, incluso con la naturaleza misma excitándolos, pues nada es más salvaje que aquellas fieras y el hambre, pues durante siete días no participaron de alimento, como si un verdugo estuviera sentado dentro y gritara que no tocaran los flancos proféticos, respetaron el alimento. Con este, también los tres jóvenes, entrando en el horno de Babilonia y pasando mucho tiempo con el fuego, teniendo los cuerpos más brillantes que el mismo fuego, salieron entonces del horno; y, sin embargo, si aquel fuego era realmente fuego,¿ cómo no hacía lo propio del fuego? Si aquellos cuerpos eran cuerpos,¿ cómo no sufrían lo propio de los cuerpos?¿ Cómo? Pregunta al ayuno, y te responderá, y ella misma resolverá tu enigma; pues era realmente un enigma; pues la naturaleza de los cuerpos luchaba contra la naturaleza del fuego, y la victoria era de los cuerpos.¿ Has visto una lucha paradójica?¿ Has visto una victoria más paradójica? Admira el ayuno y recíbela con manos abiertas; pues cuando ayuda incluso en el horno, y guarda en el foso de los leones, y expulsa demonios, y anula la sentencia de Dios, y calma la locura de las pasiones, y nos devuelve a la libertad, y produce mucha calma en nuestros pensamientos,¿ cómo no sería de extrema demencia huir y temer a la que tiene tales bienes en sus manos? Pues desgasta nuestro cuerpo hacia la debilidad, dices. Pero cuanto más se corrompe nuestro hombre exterior, tanto más se renueva el interior día tras día; o mejor dicho, si quisieras examinar el asunto con precisión, la encontrarás también como madre de la buena salud. Y si no crees en mis palabras, pregunta a los hijos de los médicos sobre esto, y ellos mismos dirán esto más claramente, quienes llaman a la carencia madre de la salud, y dicen que los dolores de pies y las pesadeces de cabeza y las apoplejías y la tisis y la hidropesía y las inflamaciones y los edemas, y los torrentes de mil otras enfermedades, salen de la molicie y la glotonería, como arroyos malignos de una fuente muy maligna, dañando la buena salud del cuerpo y la templanza del alma.
7
No temamos, pues, al ayuno, que nos libra de tales males. Pues no os exhorto a esto simplemente; sino porque veo a muchos de los hombres, como si estuvieran a punto de ser entregados a una mujer salvaje, así dudando y retrocediendo, y destruyéndose a sí mismos hoy con embriaguez y glotonería; por eso exhorto a que no se destruya de antemano el provecho que vendrá del ayuno con glotonería y embriaguez. Pues incluso los hombres de mala digestión, cuando van a beber medicinas amargas, si se llenan de mucha comida y así toman las medicinas, soportaron la amargura, pero perdieron el provecho, haciendo más difícil la lucha de la medicina contra la maldad de los humores corrompidos. Por eso los hijos de los médicos ordenan que duerman sin haber cenado, para que apliquen todo el poder de las medicinas directamente desde el principio a los humores que causan la enfermedad. Así también en el ayuno; si te llenas hoy de mucha embriaguez y mañana recibes la medicina de aquel, la hiciste inútil y sin provecho, y soportaste la fatiga, pero no cosechaste la ganancia del asunto, consumiendo todo su poder en la maldad que se produce recientemente por la embriaguez; pero si preparas el cuerpo ligero para ella y recibes la medicina con pensamiento sobrio, podrás limpiar muchos de los pecados antiguos. No vayamos, pues, al ayuno mediante la embriaguez, ni volvamos a disolver el ayuno en embriaguez, para que no suceda lo mismo que si alguien, a un cuerpo enfermo y a punto de levantarse, le diera una patada y lo derribara de nuevo más fuertemente. Lo cual sucede también en nuestra alma, cuando por ambos lados, tanto al principio como al final del ayuno, ensombrecemos con la nube de la embriaguez la sobriedad que se produjo en nosotros por la abstinencia. Pues así como los que van a boxear con fieras, habiendo protegido las partes vitales de los miembros con muchas armas y defensas, aceptan la lucha contra ellas; así también ahora hay muchos hombres que, como si fueran a boxear con el ayuno como con una fiera, así se arman con la glotonería, y habiéndose desgarrado y oscurecido, con mucha locura reciben la mirada serena y mansa del ayuno. Y si te pregunto:¿ Por qué corres hoy al baño? Para recibir el ayuno con el cuerpo limpio, dirás; pero si pregunto:¿ Por qué te embriagas? Porque voy a entrar en el ayuno, dirás de nuevo.¿ Y cómo no es absurdo recibir esta hermosísima fiesta con el cuerpo limpio, pero con el alma impura y embriagada? Se podría haber dicho incluso más que esto, pero para los sensatos esto basta para la corrección. Por lo cual es necesario hacer cesar el discurso; pues deseo escuchar la voz del padre. Nosotros, pues, como los niños pastores, silbamos con una caña delgada, sentados bajo algún roble o álamo, a la sombra de estos sagrados; este, en cambio, como algún músico excelente que ha afinado una cítara de oro, levanta a todo el teatro con la armonía de los golpes; así también este, no con armonía de golpes, sino con armonía de palabras y acciones, nos infunde mucho provecho. Tales maestros busca también Cristo; pues el que hizo y enseñó, dice, este será llamado grande en el reino de los cielos. Tal es este; por eso también es grande en el reino de los cielos. Ojalá podamos, por las oraciones de él y de todos los presentes, ser dignos del reino de los cielos, por la gracia y filantropía de nuestro Señor Jesucristo, con quien al Padre la gloria, junto con el Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. HOMILÍA PRONUNCIADA SOBRE EL AYUNO en la sexta semana de la santa cuaresma.
7
Siempre el divino Apóstol ha usado una lengua divina y celestial, y con mucha ciencia teje el discurso evangélico; no hablando simplemente por opinión propia, sino presentando las doctrinas desde su autoridad real; pero especialmente ha usado esta ciencia cuando introduce el discurso del arrepentimiento a los que pecan; pero sobre este mismo capítulo os recordaré a todos. Habéis escuchado, pues, para tocar en parte lo dicho, cómo conversando recientemente con los corintios decía aquel hombre noble y admirable: Temo que al llegar yo a vosotros, tenga que llorar por muchos de los que han pecado antes y no se han arrepentido. Hombre era por naturaleza este gran maestro, pero siervo de Dios en su propósito; por eso, como ha usado una lengua celestial, y como hablando desde los mismos cielos, así también amenaza a los que pecan, y promete perdón a los que se arrepienten. Pero cuando digo esto, no atribuyo la autoridad a la lengua de Pablo, sino que refiero todo a la gracia de Dios, sobre lo cual él mismo decía ahora:¿ Buscáis una prueba de que Cristo habla en mí? Propone, pues, a los que pecan una medicina de beneficio, y arrepentimiento para salvación. Y ha coincidido hoy con la lectura apostólica también la autoridad evangélica del Salvador, otorgando abundantemente el perdón de los pecados. Pues el Salvador, sanando al paralítico, decía, como habéis escuchado recientemente: Hijo, tus muchos pecados te son perdonados; y el perdón de los pecados es fuente de salvación y premio del arrepentimiento; pues el arrepentimiento es un sanatorio que destruye el pecado; es un don celestial, un poder admirable, que vence por la gracia la sucesión de las leyes. Por eso no rechaza al fornicario, no ahuyenta al adúltero, no aparta al borracho, no abomina al idólatra, no expulsa al maldiciente, no aleja al blasfemo, ni al soberbio, sino que transforma a todos; pues el arrepentimiento es un crisol del pecado. Pero es necesario primero conocer el propósito de Dios, no aplicando a esta teoría nuestras propias nociones, sino demostrando la verdad testificada por las mismas divinas Escrituras. El propósito de Dios de ser paciente con los que pecan es doble para la salvación misericordiosa; prometiéndoles la salvación por el arrepentimiento, y reservando el beneficio para sus descendientes que están a punto de progresar en la virtud. Y para retomar el discurso, Dios es paciente, para que también el que peca se arrepienta, y no cierre la salvación a los que nacen de él. Pues incluso si el mismo que peca comete faltas sin arrepentimiento, a menudo perdona la raíz, para guardar los frutos; a menudo, pues, cambia también la misma raíz, como ya dije; pero cuando aquella cae en maldad completa, Dios pospone útilmente el castigo, esperando la salvación de los que se arrepienten; y cómo, escucha. El padre Abraham era adorador de ídolos, pero no dio allí el castigo de la impiedad; y razonablemente. Pues si Dios, habiendo tomado la delantera, hubiera cortado la raíz,¿ de dónde se habría dado aquel fruto de la fe?¿ Qué hay más malvado que Esaú? Observa conmigo también otro motivo de filantropía.¿ Qué hay más desvergonzado que aquella maldad?¿ No es fornicario y profano, como dice el Apóstol?¿ No es matricida y patricida?¿ No es asesino de su hermano en cuanto al propósito?¿ No es odiado por Dios? La Escritura testifica diciendo: A Jacob amé, pero a Esaú aborrecí. Si, pues, es fornicario y fratricida y profano y odiado,¿ por qué no desaparece?¿ Por qué no es cortado?¿ Por qué no recibe inmediatamente el castigo correspondiente?¿ Por qué? Es bueno en verdad decir también la causa. Si hubiera sido cortado, el mundo habría perdido un fruto muy grande de justicia; y cuál, escucha. Esaú engendró a Ragüel, Ragüel a Zara, Zara a Job.¿ Ves qué flor de paciencia desaparecía, si Dios, habiendo tomado la delantera, hubiera exigido el castigo a la raíz?
7
Por tanto, aplica esta teoría a todas las cosas. Por esta razón, es paciente con los egipcios que blasfeman de manera insoportable, debido a las Iglesias que florecen ahora en Egipto, debido a los monasterios y a quienes han abrazado la vida angélica. Pues, como dicen los expertos en las leyes comunes y como prescriben las leyes de los romanos, a la mujer encinta, si alguna vez incurre en una falta que acarree pena de muerte, no se le debe ejecutar antes de que dé a luz lo que lleva en su seno; y con mucha razón, pues quienes establecieron bien las leyes no consideraron justo que lo que no ha pecado sea destruido junto con quien ha pecado. Y si las leyes humanas perdonan a quienes no han cometido falta alguna,¿ no preservará Dios con mucha más razón la raíz, reservando para los frutos el beneficio que proviene del arrepentimiento? Toma, pues, para mí también, en el caso de los mismos que pecan, el beneficio que proviene del arrepentimiento; pues también en estos se aplica el mismo principio de filantropía. Si el castigo se hubiera adelantado a la corrección, el mundo habría perecido y se habría corrompido por completo; si Dios hubiera sido rápido para el castigo, la Iglesia no habría ganado a Pablo, no habría recibido a alguien así y de tal magnitud. Por esta razón, pues, postergó al que blasfemaba, para mostrarlo arrepentido. La paciencia de Dios hizo del perseguidor un heraldo; la paciencia de Dios transformó al lobo en pastor; la paciencia de Dios hizo del publicano un evangelista; la paciencia de Dios nos tuvo misericordia a todos, nos transformó a todos, nos convirtió a todos. Si ves al que antes era borracho, ahora ayunador; si ves al que antes era blasfemo, ahora teólogo; si ves al que antes manchaba su boca con canciones obscenas, ahora purificando su alma con himnos divinos, admira la paciencia de Dios, alaba el arrepentimiento y, tomando aliento tras el cambio, di: Esta es la transformación de la diestra del Altísimo. Dios es bueno con todos, pero muestra su paciencia de manera especial con los que pecan. Y si quieres escuchar un discurso extraño— extraño en cuanto a la costumbre, pero verdadero en cuanto a la piedad—, escúchalo. Dios parece severo en todas partes con los justos, pero bondadoso con los pecadores, y rápido para la filantropía; al que peca y cae, lo levanta y le dice:¿ Acaso el que cae no se levanta?¿ O el que se desvía no regresa? Y:¿ Por qué la hija infiel de Judá ha dado un giro descarado? Y de nuevo: Volveos a mí y yo me volveré a vosotros. Y en otro lugar confirma con juramento la salvación que proviene del arrepentimiento debido a su gran filantropía: Vivo yo, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Pero al justo le dice: Si un hombre practica toda justicia y toda verdad, y volviéndose peca, no me acordaré de su justicia, sino que morirá en su pecado.¡ Oh, qué gran rigor hacia el justo!¡ Oh, qué gran generosidad hacia el que peca! Y de manera tan variada y diversa se las ingenia, no cambiando él mismo, sino distribuyendo útilmente las economías de su bondad; y cómo, escucha. Si atemoriza al pecador que persiste en sus pecados, lo lleva a la desesperación y a la renuncia a la esperanza; pero si alaba al justo, afloja la tensión de su virtud y, como si ya hubiera sido alabado, lo prepara para descuidar su esfuerzo. Por eso, al pecador le tiene misericordia y al justo lo atemoriza; pues: Temible es sobre todos los que están a su alrededor; y: Bondadoso es el Señor con todos. Temible, dice, es sobre todos los que están a su alrededor;¿ y quiénes podrían ser estos sino los santos? Pues Dios, dice David, el que es glorificado en el consejo de los santos, es grande y temible sobre todos los que están a su alrededor. Si ve a uno caído, extiende la mano de la filantropía; si ve a uno en pie, infunde temor; y esto es propio de la justicia y del juicio justo. Pues al justo lo sostiene con el temor, y al pecador lo despierta con la filantropía.¿ Y quieres conocer su bondad oportuna y su severidad útil y adecuada para nosotros? Presta atención con precisión, no sea que se te escape la magnitud de la teoría: aquella mujer pecadora, la señalada por todo pecado e iniquidad, la que pecó tanto y estaba envuelta en tantas obras de pecado, sedienta de la salvación que proviene del arrepentimiento, se introdujo en el banquete de los santos; llamo banquete de los santos al hecho de que estaba presente el Santo de los santos. Pues estando el Salvador recostado en la casa de Simón el fariseo, se introdujo aquella mujer pecadora, y tocaba los pies del Salvador, y con sus lágrimas lavaba sus pies, y con sus cabellos los secaba; y al que estaba sepultado en tantos pecados, el filántropo lo levanta diciendo: Sus pecados le son perdonados. Pues no me propongo ahora examinar toda la historia, sino solo presentar el testimonio. Mira, pues, la generosidad: Por lo cual te digo, sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho. De tantos pecados, pues, obtuvo la amnistía la mujer pecadora. Y María, la hermana de Moisés, por un pequeño murmullo es condenada a la lepra. A los que pecan les dice: Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve los emblanqueceré; y transforma la oscuridad en luz, mediante la transformación del arrepentimiento, y disuelve tal abundancia de males con la voz de la bondad; pero al que camina en justicia le dice: Cualquiera que diga a su hermano: Necio, es reo del fuego del infierno. Con una sola palabra impuso tal rigor, y con tantos pecados mide tal abundancia. Y observa otra cosa maravillosa. Puesto que los pecados se registran como deudas, a los pecadores les perdona incluso el capital si se arrepienten; pero a los justos les exige incluso intereses. Se le acercó un deudor de muchos talentos, y como con el arrepentimiento y la mucha súplica avergonzó al juez, dijo: Señor, ten paciencia conmigo y todo te lo pagaré. El filántropo no esperó el pago, sino que hizo de la confesión la solución de la deuda; al deudor de los diez mil talentos le perdonó todo, incluso el capital mismo. Pero a los justos les promete y les exige intereses:¿ Por qué no diste mi dinero a los banqueros, para que yo, al venir, lo reclamara con intereses? Digo esto no como si Dios estuviera predispuesto con hostilidad hacia los justos; pues nada es más deseable para Dios que el justo; sino, como ya dije, consuela al pecador para despertarlo; atemoriza al justo para sostenerlo; y a unos les perdona muchas faltas como a enemigos y soberbios, mientras que a otros les exige precisión incluso en las cosas triviales, no queriendo que les falte nada para alcanzar la perfección. Pues lo que es el rico en este mundo, eso es el justo para Dios; y lo que es el pobre en el mundo, eso es el pecador para Dios; nada es más pobre que el que peca, y nada más rico que el que obra con justicia. Por eso, sobre los que viven en piedad y abundancia, dice Pablo: Doy gracias a Dios, porque en todo fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda sabiduría. Pero sobre los que actúan impíamente, el bienaventurado Jeremías dice: Quizás son pobres, por eso no pudieron escuchar la palabra del Señor.¿ Ves cómo llama pobres a los que se han alejado de la piedad? Como a pobres, pues, tiene misericordia de los que pecan, y como a ricos exige a los que obran con justicia, concediendo a unos por su pobreza, y a otros, por la riqueza de la piedad, exigiéndoles cuentas con mucha precisión. Lo que hace con los justos y los pecadores, eso mismo hace con los ricos y los pobres; y así como al que peca lo levanta mediante la filantropía, y al justo lo atemoriza mediante la severidad, así también en los asuntos mundanos dispone su propia economía. Si ve a poderosos que resplandecen por sus cargos, reyes, gobernantes, todos los que destacan en la riqueza; a estos les habla con temor, e impone útilmente el temor a la soberanía: Y ahora, reyes, entended, sed instruidos todos los que juzgáis la tierra; servid al Señor con temor, y alegraos en él con temblor; porque él es Rey de reyes y Señor de señores. Donde hay principio de soberanía, impone el temor de su propia realeza; donde hay humillación de bajeza, ofrece el remedio de su propia filantropía. Pues este Dios es gran Rey de reyes y Señor de señores; este mismo, bajando de su propia dignidad, se encuentra según la Sagrada Escritura como padre de huérfanos y juez de viudas, rey de reyes, señor de gobernantes, Señor de los que señorean.¿ Ves la gran abundancia de filantropía?¿ Ves el temor útil de la piedad y de la autoridad? Pues donde vio que la autoridad era suficiente para el consuelo, impuso el temor para el beneficio; pero donde vio la orfandad paralizada por la bajeza, y la pobreza por la debilidad de la viudez, aplicó la filantropía para el consuelo. Yo soy padre de los huérfanos. Hace dos cosas: muestra la filantropía y castiga la soberanía. Se llama a sí mismo padre de los huérfanos para consolar a los que están en desgracia y para atemorizar a los que están en el poder, de modo que no opriman a huérfanos y viudas; puesto que la muerte despojó a uno de su padre y a la otra la privó de su marido, y a quienes destruyó la ley de la naturaleza, los renovó la norma de la filantropía; y la misma gracia le dio a una el juez y al otro huérfano el padre, el rey de los santos. De modo que, dice, oh injusto, si oprimes a las viudas, provocas al provisor de las viudas; si haces injusticia a los huérfanos, haces injusticia a los hijos de Dios. Yo soy el padre de los huérfanos y juez de las viudas;¿ quién es tan audaz hacia la impiedad como para hacer injusticia a los hijos de Dios y oprimir a las viudas que son provistas por Dios?¿ Ves cómo prepara útilmente los remedios de la piedad, y a unos atemoriza y a otros tiene misericordia, no dividiéndose él mismo, sino adaptándose a las conciencias de los hombres? Apliquémonos, pues, hermanos, el arrepentimiento como remedio para la salvación; o mejor aún, recibamos de Dios el arrepentimiento que nos cura. Pues no somos nosotros quienes se lo ofrecemos a él, sino que él nos lo ha proporcionado a nosotros.¿ Ves su precisión en la ley?¿ Ves su filantropía en la gracia? Cuando digo la precisión en la ley, no critico el juicio, sino que proclamo la filantropía de la gracia evangélica; porque la ley castigaba implacablemente a los que pecaban, mientras que la gracia, con mucha paciencia, posterga el castigo para traer la corrección. Recibamos, pues, el arrepentimiento, hermanos, remedio para la salvación, recibamos el remedio que borra nuestras faltas. Y el arrepentimiento no es el que se predica de palabra, sino el que se confirma con hechos; el arrepentimiento que desde el mismo corazón borra la suciedad de la impiedad. Pues lavaos, dice, sed limpios; quitad las maldades de vuestros corazones, delante de mis ojos.¿ Qué significa el añadido de la palabra? Pues,¿ no es suficiente el Quitad las maldades de vuestros corazones para indicar todo?¿ Por qué, pues, Delante de mis ojos? Porque de otra manera ven los ojos de los hombres, y de otra manera ve el ojo de Dios; pues el hombre mira a la cara, pero Dios al corazón. No adulteréis, dice, el arrepentimiento con apariencias, sino delante de mis ojos, los que escudriñan lo oculto, mostrad los frutos del arrepentimiento.
7
Es necesario también verlo de otra manera, por qué razón dijo Dios que: A mí me presta el que da al pobre. Puesto que vio nuestra codicia inclinada a la acumulación, como ya dije, y que en ninguna parte el que tiene dinero quiere prestar sin seguridad; pues el que presta exige o hipoteca, o prendas, o un avalista, y mediante estas tres seguridades confía su dinero, o recibiendo garantías, como ya dije, o hipoteca de bienes, o prendas; puesto que Dios vio que fuera de esto nadie presta, ni mira hacia la filantropía, sino que mira solo a la ganancia, y el pobre carece de todo esto, no teniendo hipoteca— pues no posee nada—, no trayendo prendas— pues está desnudo—, no ofreciendo avalista— pues no se le cree debido a su indigencia—; como vio que él estaba en peligro por la indigencia, y el que tiene dinero en peligro por la falta de humanidad, se puso a sí mismo en medio, como garantía para el pobre y como prenda para el que presta. No crees a este, dice, debido a su indigencia, créeme a mí debido a mi abundancia. Vio al pobre y tuvo misericordia; vio al pobre y no lo pasó por alto, sino que se dio a sí mismo como prenda al que no tiene nada, y se puso al lado del indigente debido a su mucha bondad, confirmando el bienaventurado David esta filantropía y diciendo: Porque él se puso a la derecha del pobre. El que tiene misericordia del pobre presta a Dios. Ten confianza, dice, a mí me prestas.¿ Y qué gano yo prestándote tanto? Ciertamente, es lo más ilegal exigir cuentas a Dios; sin embargo, para descender a tu ilegalidad y disolver con la filantropía la severidad, examinemos esto. Prestando a otros,¿ qué ganas?¿ Qué buscas de ellos para tu acumulación?¿ No es el uno por ciento, si buscas lo legal? Y si aumentas la codicia, cosecharás doble y triple injusticia. Pero yo venzo tu codicia; supero tu deseo de insaciabilidad; cubro con mi abundancia tu desmesura. Tú buscas el uno por ciento, pero yo te doy el céntuplo. Entonces,¿ prestas, Señor?¿ Y prestas de mí aquí la limosna al pobre, para que cuándo me pagues esto? Exijo los acuerdos, queriendo confirmar el contrato. Dame el tiempo de la retribución; define el plazo para la recepción. Ciertamente, esto es superfluo; pues Fiel es el Señor en todas sus palabras. Pero puesto que es costumbre y propósito del que presta con sensatez medir los tiempos y definir los días, escucha cuándo y dónde te paga la deuda el que prestó a través del pobre. Cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, y ponga a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda, y dirá a los de la derecha: aquí presta atención a cómo el deudor es sensato respecto al que prestó, cómo el que prestó paga con mucha gracia: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.¿ Por qué cosas? Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; estuve desnudo y me vestisteis; en la cárcel y vinisteis a mí; estuve enfermo y me visitasteis; fui forastero y me acogisteis. Entonces los que sirvieron bien en el momento oportuno, mirando a su propia debilidad y a la dignidad del que prestó, dicen: Señor,¿ cuándo te vimos hambriento y te alimentamos?¿ O sediento y te dimos de beber?¿ En quien esperan los ojos de todos, y tú das su alimento en abundancia?¡ Oh, qué gran bondad! Oculta la dignidad por filantropía; Porque tuve hambre y me disteis de comer;¡ oh, qué gran bondad, oh, qué inmensa benevolencia! El que da alimento a toda carne, y abre sus manos, y sacia a todo ser viviente con beneplácito, Tuve hambre, dice, y me disteis de comer; no disminuyendo la dignidad, sino garantizando la filantropía a los pobres. Tuve sed y me disteis de beber.¿ Quién es el que dice esto? El que vierte la naturaleza en lagos, ríos y fuentes de aguas; el que dice a través de los Evangelios que: El que cree en mí, como dijo la Escritura, ríos de agua viva correrán de su interior; el que dijo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Pero, Estuve desnudo, dice, y me vestisteis. Vestimos al que viste el cielo con nubes, al que viste a toda la Iglesia y al mundo. Pues todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. Estuve en la cárcel;¿ en la cárcel tú, el que sacas a los encadenados? Interpreta lo que dices; pues la dignidad niega lo que se dice.¿ Cuándo te vimos en tal necesidad?¿ Cuándo hemos hecho esto? En cuanto, dice, lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.¿ No es acaso verdadero el dicho de que el que tiene misericordia del pobre presta a Dios? Y mira lo maravilloso: no recordó ninguna otra obra de virtud sino esta; aunque podía decir: Venid, benditos, porque fuisteis sobrios, porque fuisteis vírgenes, porque abrazasteis la vida angélica; pero calla esto, no porque sea indigno de mención, sino como secundario a la filantropía. Pero así como a estos de la derecha les mostró el reino otorgado por la filantropía, así también a los de la izquierda les amenazó con el castigo por la falta de frutos. Id, malditos, al fuego eterno, el preparado para el diablo y sus ángeles.¿ Por qué?¿ Por qué cosa? Porque tuve hambre y no me disteis de comer. No dijo: Porque fornicasteis, porque adulterasteis, porque robasteis, porque disteis falso testimonio, porque jurasteis en falso; males ciertamente también estos, pero inferiores a la falta de humanidad y a la falta de misericordia.¿ Y por qué, oh Señor, no haces mención de otros caminos? No juzgo, dice, el pecado, sino la falta de humanidad; no juzgo a los que pecaron, sino a los que no se arrepintieron; por falta de humanidad os condeno, porque teniendo un remedio de salvación tan grande y de tal magnitud, la limosna, en la cual se borraban todos los pecados, pasasteis por alto tal beneficio. Reprendo, pues, la falta de humanidad como raíz de maldad y de toda impiedad; alabo la filantropía como raíz de todos los bienes, y amenazo a unos con fuego eterno, y a otros les prometo el reino de los cielos. Buenas son, oh Soberano, tus promesas; bueno es también el reino esperado, y el infierno de nuevo amenazado; uno atrayendo, el otro atemorizando; pues el reino exhorta bien, pero el infierno atemoriza útilmente. Pues Dios amenaza con el infierno, no para arrojar al infierno, sino para librar del infierno. Pues si quisiera castigar, no habría amenazado antes, para que, asegurándonos, huyamos de lo amenazado. Amenaza con el castigo para que huyamos de la experiencia del castigo; atemoriza con la palabra para no castigar con el hecho. Prestemos, pues, a Dios la filantropía, prestemos para encontrarlo como deudor, como ya dije, y no como juez; pues el deudor respeta al que prestó, lo respeta y se siente avergonzado ante él. Si un prestamista va a la puerta de un deudor, si es pobre, huye; pero si es rico, lo recibe con franqueza. Y mira también otro milagro del juez justo comparado con los asuntos humanos: si prestas a alguien que está en pobreza, y el que prestó llega a la abundancia y puede pagarte la deuda, se oculta de muchos y paga, para no avergonzarse de su situación anterior; y confiesa gratitud, pero oculta el beneficio, avergonzándose de la indigencia anterior. Pero Dios no hace esto, sino que, siendo prestado en secreto, paga la deuda con franqueza. Pues cuando recibe, es a través de una limosna oculta; pero cuando paga, paga ante los ojos de toda la creación. Pero alguien dirá quizás:¿ Por qué, en absoluto, como me ha dado a mí el rico, no ha dado también al pobre de manera similar? Podía haber dado a ti igualmente, y al pobre, pero no quiso que tu riqueza fuera infructuosa, ni que la pobreza de aquel fuera sin recompensa. A ti, que eres rico, te ha dado enriquecerte con la limosna y esparcir en justicia; Pues esparció; dio a los pobres; su justicia permanece para siempre.¿ Ves que el rico atesora justicia eterna a partir de la limosna? Mira de nuevo también al pobre; puesto que no tiene riqueza con la cual obrar justicia, tiene pobreza, de la cual cosecha paciencia eterna; pues la paciencia de los pobres no perecerá para siempre; en Cristo nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. SOBRE EL ARREPENTIMIENTO. Homilía 8.
8
Basta con leer las palabras para limpiar toda la podredumbre del pecado. Pero perdonad; limpiamos heridas, y al que limpia las heridas, es necesario aplicarle también remedios amargos; cuanto más soportéis las palabras, tanto más se limpia el veneno. Pues así como la naturaleza del fuego, cuanto más tiempo convive con la naturaleza del oro, tanto más consume el veneno; así también el temor de estas palabras, cuanto más resuene en vuestra mente, tanto más limpiará todo el pecado de la incontinencia. Quemémoslo aquí con la palabra de la enseñanza, para no ser obligados a quemarlo allí con el fuego del infierno. Pues a la que partió de aquí limpia, nada le dañará aquel fuego; pero a la que partió de aquí con pecados, aquel fuego la recibirá. Pues de cada uno, dice, la obra, cual sea, el fuego la probará. Probémonos a nosotros mismos ahora sin dolor, para no ser probados entonces con dolor. Todo lo que digas, dice, la ley es penosa.¿ Qué entonces?¿ Dios nos ordena cosas imposibles? No lo digo; cierra la boca, no acuses al Soberano; pues no es un modo de defensa, sino un añadido al pecado más grave que el anterior. Y que es costumbre de muchos de los que pecan echar las culpas al Soberano, escúchalo. Se acercó aquel al que se le confiaron los cinco talentos y ofreció otros cinco; se acercó el que se le confiaron los dos talentos y ofreció otros dos; se acercó el que se le confió el talento y, puesto que no tenía otro talento que ofrecer, en lugar del talento ofreció una acusación.¿ Cómo dice? Supe que eres un hombre duro.¡ Oh, la insensatez del siervo! No se contenta con el pecado, sino que también introduce una acusación contra el soberano: Segando donde no sembraste y recogiendo de donde no esparciste. Así también en la vida presente, los que no obran ningún bien, hacen de la acusación al Soberano un añadido a sus males. No acuses, pues, al Soberano; no ordenó cosas imposibles.¿ Quieres saber que no ordenó cosas imposibles? Muchos superan los mandamientos, y no los habrían superado, si fueran imposibles, por propia elección. No ordenó la virginidad, y muchos la logran; no ordenó la pobreza, y muchos arrojan sus bienes, testificando con sus obras una gran facilidad para las leyes del mandato; pues no las habrían superado si los mandatos mismos no fueran fáciles. No ordenó la virginidad; pues el que ordena la virginidad lleva bajo la necesidad de la ley incluso al que no quiere; pero el que aconseja deja al oyente dueño de la elección. Por eso también Pablo dice: Sobre las vírgenes no tengo mandato del Señor, pero doy mi opinión.¿ Ves que no es mandato, sino consejo?¿ Ves que no es orden, sino exhortación? Y hay mucha diferencia; pues lo uno es de necesidad, lo otro de elección. No ordeno, dice, para no agobiar; aconsejo y sugiero para atraer. Así también Cristo; no dijo: Todos sed vírgenes; pues si hubiera ordenado que todos fueran vírgenes y hubiera hecho del mandato una ley, ni el que lo lograra habría disfrutado de tanta gloria como ahora, y el que desobedeciera habría pagado el castigo extremo.¿ Viste cómo nuestro legislador perdona?¿ Cómo cuida de nuestra salvación? Pues,¿ acaso no podía hacer esto también un mandato y decir que: Los que sean vírgenes sean honrados, y los que no sean vírgenes sean castigados? Pero agobiaba a la naturaleza; perdona a nuestra naturaleza. Dejó la virginidad fuera de los estadios, la dejó por encima de los combates, para que tanto los que lo logran muestren su propia magnanimidad, como los que no lo logran disfruten del perdón del Soberano. Así también sobre la pobreza no hizo del asunto un mandato. Pues no dijo simplemente: Vende tus bienes, sino: Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes. Que quede en tu voluntad, sé dueño de tu decisión; no obligo, ni agobio, sino que al que lo logra lo corono, y al que no lo logra no lo castigo. Pues las cosas que se hacen por mandato y por obligación no tienen tanta recompensa; pero las que se hacen por elección y por propia generosidad tienen brillantes coronas. Y de esto presento a Pablo como testigo: Si evangelizo, dice, no tengo de qué gloriarme.¿ Por qué? Porque necesidad me es impuesta. Y¡ ay de mí si no evangelizo!¿ Ves? En las leyes, el que lo logra no tiene mucha recompensa; pues es necesidad; pero el que no lo logra es responsable del castigo y la pena. Pues¡ ay de mí, dice, si no evangelizo! Pero en los otros no es así, en los de elección, sino¿ qué?¿ Cuál es, pues, mi recompensa? Que evangelizando, ponga gratuitamente el Evangelio de Dios, para no abusar de mi autoridad. Allí era ley, por eso no tenía mucha recompensa; esto, en cambio, era de elección, por lo cual tuvo mucha recompensa.
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Todo esto no lo he dicho sin más, sino por causa de la ley divina, para mostrar que no es pesada, ni gravosa, ni penosa, ni imposible. Vamos, pues, a hacer esto mismo evidente a partir de las propias palabras de Cristo:« El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón». Cristo también comprendió esto mismo, que muchos iban a acusar al νόμον de dificultad; por eso no lo introdujo desnudo, ni simple, ni por sí solo, sino que recuerda también la antigua ley, mostrando a partir de la comparación tanto la facilidad como su filantropía.¿ Cómo? Prestad atención. Pues no dijo simplemente:« El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón»— aquí prestad atención con precisión—, sino que primero recordó la antigua ley diciendo así:« Habéis oído que se dijo a los antiguos: No adulterarás; yo, en cambio, os digo: todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón».¿ Has visto los dos νόμον, el antiguo y el nuevo, el que estableció Moisés y el que introduce él mismo? O mejor dicho, también este lo estableció él; pues él mismo habló a través de Moisés.¿ Y de dónde es evidente que también aquel lo estableció él? No aportaré el testimonio de Juan ni de los apóstoles— pues mi lucha ahora es contra los judíos—, sino que a partir de los profetas en quienes parecen creer, a partir de ellos demostraré que tanto la Antigua como la Nueva tienen un solo legislador.¿ Qué dice, pues, Jeremías?« Estableceré con vosotros una alianza nueva».¿ Has visto también el nombre de la Nueva en la Antigua?¿ Has visto también la denominación brillando desde hace tantos tiempos?« Estableceré con vosotros una alianza nueva». Pero¿ de dónde es evidente que también la Antigua la dio él? Al decir:« Estableceré con vosotros una alianza nueva», añadió:« No según la alianza que establecí con vuestros padres». Sí, pero aún no hemos demostrado el asunto; pues es necesario traer al medio todas las cosas que se oponen y hacerlas claras, para que el discurso quede purificado por todas partes para nosotros, y no quede pretexto ni siquiera para los desvergonzados.« Estableceré con vosotros una alianza nueva, no según la alianza que establecí con vuestros padres». Estableció una alianza con Noé, cuando ocurrió el diluvio, queriendo librarnos de los temores, para que, al ver un diluvio y al contemplar siempre la lluvia, no esperáramos que fuera a ocurrir aquella destrucción total; por eso, dice:« Estableceré una alianza contigo y con toda carne». Estableció de nuevo con Abraham la alianza de la circuncisión; estableció una alianza a través de Moisés, la que es conocida por todos. Dijo Jeremías:« Estableceré con vosotros una alianza nueva, no según la alianza que establecí con vuestros padres». Dime,¿ con qué padres? Pues Noé era padre y Abraham era padre;¿ con qué padres, pues, dice? Pues lo indeterminado de la persona causa confusión. Aquí prestad atención:« No según la alianza que establecí con vuestros padres». Para que no digas que habla de la de Noé, para que no digas que habla de la de Abraham, mencionó entonces el tiempo mismo de las alianzas así: pues al decir:« Estableceré con vosotros una alianza, no según la alianza que establecí con vuestros padres», añadió también el tiempo:« En el día en que tomé de su mano para sacarlos de la tierra de Egipto».¿ Has visto cuánta claridad produjo la determinación del tiempo? Ya no contradice ni siquiera el judío; recuerda el tiempo y toma la legislación:« En el día en que tomé de su mano».¿ Y por qué dice también el modo de la salida?« Tomé de su mano para sacarlos de la tierra de Egipto». Para mostrar afecto paternal, no los sacó como a esclavos, sino que, como un padre que toma a su hijo, así los libró, no ordenándoles caminar detrás como a un siervo, sino como a un hijo noble y libre, tomándolo de la mano derecha, así los sacó.¿ Has visto a un solo legislador de dos alianzas? Por tanto, ya que nos hemos librado de las luchas, también a partir de la Nueva te mostraré esto, para que conozcas la concordancia de las alianzas.¿ Has visto la profecía a través de las palabras? Aprende la profecía también a través de los tipos, si es que por esto de nuevo es confuso qué es la profecía a través de tipo y qué es la profecía a través de palabra; por tanto, en breve haré claro también esto. La profecía a través del tipo es la profecía a través de hechos, mientras que la otra profecía es la profecía a través de las palabras; pues a los más inteligentes los convencía a través de las palabras, mientras que a los más insensibles los persuadía también a través de la visión de los hechos. Pues como iba a suceder un hecho grande, y Dios iba a asumir carne; como la tierra iba a ser cielo, y nuestra naturaleza iba a ser elevada a la nobleza de los ángeles; como el discurso de los bienes que iban a suceder superaba la esperanza y la expectativa, para que lo nuevo y paradójico, al aparecer de repente, no turbara a los que entonces veían y oían, prefiguró desde arriba a través de hechos y a través de palabras, habituando nuestro oído y nuestra vista, y preparando lo que iba a suceder. Esto era lo que decíamos, qué es la profecía a través de tipo y qué es la profecía a través de palabra; la una a través de hechos, la otra a través de palabras.¿ Te diré una profecía a través de hecho y a través de palabra sobre él?« Como oveja fue llevado al matadero, y como cordero ante el que lo esquila». Esta es una profecía a través de palabra. Pues cuando Abraham ofreció a Isaac, entonces, al ver un carnero colgado de los cuernos, lo llevó al sacrificio en acto, como pregonando para nosotros en tipo la pasión salvadora.
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Lo que decía, pues,¿ quieres que te muestre estas dos alianzas a través de los hechos? Así como viste la oveja en la palabra, aprende también en el hecho.« Decidme, los que queréis estar bajo la ley». Bien dijo:« que queréis estar»; pues no estaban; pues si estuvieran bajo la ley, no estarían bajo la ley. Quizás lo dicho es un enigma. Pues la ley remitía a Cristo a los que prestaban atención; el que deshonra al maestro, desconoce también al pedagogo. Por eso, dice:« Decidme, los que queréis estar bajo la ley,¿ no oís la ley, que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y uno de la libre, lo cual es alegoría?».¿ Has visto la profecía a través del hecho? Pues tener mujeres no es palabra, sino hecho; y te mostré a través de las palabras que de la esclava y de la libre hay un solo legislador de dos alianzas; aprende también a través de los tipos esto mismo. Abraham tuvo dos mujeres; estas son dos alianzas, y un legislador; así como allí oveja y oveja, la una en palabra, la otra en hecho, y mucha es la concordancia tanto de los hechos como de las palabras; así también aquí dos alianzas, y estas las predijo Jeremías a través de palabra, y Abraham las tipificó a través de los hechos al tener dos mujeres. Pues así como un hombre y dos mujeres, así un legislador y dos alianzas. Pero lo que decía, y por lo que todo esto se ha movido; pues no hay que caerse del tema:« El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón». Sí; pero, por lo que movimos todo esto,¿ por qué les lee la antigua ley? Pues les dice:« Habéis oído que se dijo a los antiguos: No adulterarás». Comprendió que el mandato es difícil, no por la propia naturaleza, sino por la desidia de los que escuchan. Pues muchas cosas que son fáciles por naturaleza se vuelven difíciles de lograr cuando somos desidiosos; así como, por el contrario, las que son difíciles se vuelven ligeras y facilísimas cuando nos esforzamos. Pues la dificultad no está en la naturaleza de las cosas, sino en la voluntad de los que las emprenden. Y que esto es verdad es evidente de aquí: la miel tiene una naturaleza dulce y dulcísima, pero para los enfermos es amarga y desagradable, pero no por su propia naturaleza, sino por la enfermedad de aquellos; así también la ley, si parece gravosa, no es por su propia naturaleza, sino por nuestra desidia. No me cuesta mucho mostrar que es fácil, para que sea lograda; pues lo que la hace difícil era decir lo otro. Pues ahora dice:« Huye de la vista de la mujer, apártate de la lascivia»; lo difícil era decir lo contrario:« Contempla a las mujeres, curiosea las bellezas ajenas, y así domina la codicia». Esto sí que era difícil; pero decirle:« Huye del horno, apártate del fuego, no te acerques a la llama, para que permanezcas incólume», tiene mucha facilidad; pues el mandato es conforme a la naturaleza.« Habéis oído que se dijo a los antiguos: No adulterarás».¿ Por qué, pues, nos recuerda la antigua ley, si va a introducir otra? Para que a partir de la comparación aprendas que no hay lucha entre esta y aquella; pues cuando hay comparación, entonces la sentencia se vuelve más clara. Pues como algunos iban a acusar de que dice esto contradiciendo la ley;« Mirad», dice,« pongo ambos νόμον en paralelo; examina y aprende la concordancia; no solo de esto, sino para mostrar que es fácil y que se introduce oportunamente». Por eso dice:« Habéis oído que se dijo a los antiguos: No adulterarás»; tanto tiempo habéis practicado la antigua ley. Como un maestro que dice a un niño perezoso que quiere entretenerse todavía en las lecciones antiguas, queriendo elevarlo a las más altas, dice:« Considera cuánto tiempo has retenido esta lección»; así también Cristo, recordando que durante mucho tiempo practicaron y retuvieron la antigua ley, y que ya es tiempo de ascender a la más alta, los elevó a la legislación de los padres diciendo:« Habéis oído que se dijo a los antiguos: No adulterarás». Aquello se dijo a los antiguos,« yo, en cambio, os digo». Pues si dijera a los antiguos, razonablemente te afligirías, cuando vuestra naturaleza estaba dispuesta de forma más imperfecta; pero cuando la naturaleza ha progresado, cuando se ha vuelto más perfecta, ya es tiempo de enseñanzas más perfectas. Por eso también, al comenzar la legislación, para que nadie, al ver la tensión de la filosofía, se acobarde y se retraiga, dice:« Si vuestra justicia no abundare más que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos».¿ Me exiges más esfuerzo?¿ Por qué?¿ No comparto la misma naturaleza que ellos, no soy hombre como ellos? Para que no digan esto,¿ por qué nos tensó los esfuerzos?¿ Por qué puso más altos los estadios? Previno la contradicción diciendo el reino de los cielos;« Traigo», dice,« mayores los premios; al decir los esfuerzos, al decir las luchas, al decir la tensión de la legislación, recordé también los premios». Pues no os he dado Palestina, dice, ni la tierra que mana leche y miel, sino que os traigo el cielo mismo. Y no solo tenemos ventaja en la recompensa de los logros, sino que también en la transgresión de los pecados soportamos mayor castigo. Pues así como los que están antes de la ley dan un castigo más suave que los que están en la ley;« Cuantos», dice,« pecaron sin ley, sin ley también perecerán», es decir, no tienen la ley como acusadora, sino que traeré la sentencia a partir de la naturaleza misma, dice, entre los pensamientos que acusan o también que se defienden; así, de los que pecaron en la ley, los que pecan en la gracia soportarán un castigo más insoportable. Y la diferencia de estos la mostró así Pablo al decir:« El que despreció la ley de Moisés, sin misericordia muere por dos o tres testigos;¿ cuánto peor castigo pensáis que merecerá el que pisoteó al Hijo de Dios, y tuvo por común la sangre de la alianza, y ultrajó al Espíritu de la gracia?».¿ Ves en la gracia mayor el castigo, así como también mayores los premios? Pero ya que os recordé los misterios más espantosos y espirituales, exhorto y suplico y ruego y pido con toda diligencia, que, habiendo depuesto todo pecado, así os acerquéis a esta mesa espantosa. Pues dice:« Seguid la paz con todos, y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor». El que no es digno de ver al Señor, tampoco es digno de la comunión del cuerpo del Señor. Por eso dice Pablo:« Que cada uno se examine a sí mismo, y así coma del pan y beba de la copa». No reveló la llaga, no llevó la acusación a teatro común, no puso testigos de las faltas; dentro, en la conciencia, sin que nadie esté presente excepto Dios que todo lo ve, haz el juicio, y el examen de los pecados, y considerando toda la vida, lleva los pecados ante el tribunal de la mente; corrige las faltas, y así, con la conciencia limpia, toca la mesa sagrada y participa del sacrificio santo. Teniendo esto en mente, y recordando lo que hemos dicho sobre la incontinencia, y cuánto castigo yace para los que miran simple e incontinentemente las vistas de las mujeres, y teniendo ante los ojos el temor de Dios antes que la gehenna, purificándonos por todas partes, así acerquémonos a los santos misterios, para que no recibamos para juicio y condenación, sino para salvación y salud del alma, para franqueza continua de esta salvación, en Cristo Jesús nuestro Señor, a quien la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén. DISCURSO SOBRE EL ARREPENTIMIENTO y la compunción, y que Dios es rápido para la salvación y lento para el castigo; en el cual también la historia paradójica sobre Rahab. Homilía VII.
8
Aunque ayer fui privado de vosotros, no fue voluntariamente, sino obligado; fui privado en cuerpo, no en intención; fui privado por ausencia de carne, no por disposición de la mente. Pues me abrazaba, en cuanto podía, a todos vosotros, y os llevaba en la mente. De nuevo, hermanos, dejando esta enfermedad temporal, nos hemos esforzado más de lo debido por ver vuestro rostro; pues todavía teniendo los restos de la enfermedad, corrí hacia vuestro amor. Pues los que enferman buscan baños y termas después de la enfermedad; yo, en cambio, consideré digno contemplar vuestros rostros deseados, y satisfacer el deseo debido de la escucha, este mar grande, y que no tiene sal, este mar libre de olas. Vine a ver vuestro campo purificado. Pues¿ qué mes es tal como la Iglesia?¿ Qué paraíso es tal como vuestra asamblea? No hay aquí serpiente que conspire, sino Cristo que inicia en los misterios; no hay Eva que ponga zancadilla, sino la Iglesia que endereza; no hay aquí hojas de árboles, sino el fruto del espíritu; no hay aquí vallado de espinas, sino vid que prospera. Y si encuentro espina, la traslado a olivo; pues no por carencia de naturaleza se honran las cosas de aquí, sino por libertad de voluntad; y si encuentro lobo, lo hago oveja, no cambiando la naturaleza, sino trasladando la voluntad. Por eso nadie se equivocaría al llamar a la Iglesia mayor que el arca. Pues el arca recibía a los animales, y guardaba animales, mientras que la Iglesia recibe a los animales y los cambia.¿ Qué digo? Entró allí un halcón, y salió halcón; entró lobo, y salió lobo; entró aquí un halcón, y sale paloma; entra lobo, y sale oveja; entra serpiente, y sale cordero, no cambiándose la naturaleza, sino siendo expulsada la maldad. Por eso muevo continuamente el discurso sobre el arrepentimiento. Pues el arrepentimiento, terrible y temible para el pecador, fármaco de las faltas, gasto de las ilegalidades, consumo de las lágrimas, franqueza ante Dios, arma contra el diablo, espada que corta su cabeza, esperanza de salvación, anulación de la desesperación; esta abre el cielo, esta introduce en el paraíso, esta vence al diablo; por eso muevo continuamente el discurso sobre esto, así como también el confiar hace que uno sea puesto zancadilla.¿ Eres pecador? No desesperes; no ceso de aplicar continuamente estos fármacos; pues sé qué arma tan grande es contra el diablo el que no desesperéis. Si tienes pecados, no desesperes; no ceso de decir esto continuamente; y si pecas cada día, arrepiéntete cada día; y lo que hacemos en las casas antiguas, cuando se pudren, retiramos lo podrido, y reparamos con nuevas, y nunca nos olvidamos del cuidado continuo; hagamos esto también en nosotros. Si envejeciste hoy por el pecado, renuévate por el arrepentimiento. Y¿ es posible, dice, arrepintiéndose salvarse? Y mucho es posible.¿ He pasado toda la vida en pecados, y si me arrepiento, me salvo? Mucho.¿ De dónde es evidente? De la filantropía de tu Señor.¿ Acaso confío en tu arrepentimiento?¿ Acaso tu arrepentimiento tiene fuerza para limpiar tantos males? Si el arrepentimiento fuera solo, razonablemente temerías; pero como con el arrepentimiento se mezcla la filantropía de Dios, confía; pues de la filantropía de Dios no hay medida, ni su bondad puede ser interpretada con palabras. Pues tu maldad tiene medida, mientras que el fármaco no tiene medida; tu maldad, sea cual sea, es maldad humana, mientras que la filantropía de Dios es inefable; y confía, porque vence a tu maldad. Considera una chispa que ha caído en un mar;¿ puede detenerse o aparecer? Cuanto una chispa respecto a un mar, tanto la maldad respecto a la filantropía de Dios; mejor dicho, ni siquiera tanto, sino mucho más. Pues el mar, aunque sea grande, tiene medida; mientras que la filantropía de Dios es ilimitada. Digo esto, no para haceros más desidiosos, sino para haceros más diligentes. Aconsejé muchas veces no subir al teatro; oíste, no te convenciste; subiste al teatro, desoíste mi palabra; no te avergüences de entrar de nuevo, y oír. Oí, y no guardé,¿ cómo puedo entrar de nuevo? Por lo pronto sabes esto mismo, que no guardaste; por lo pronto te avergüenzas, por lo pronto te sonrojas, por lo pronto, sin que nadie te reprenda, llevas el freno, por lo pronto tienes mi palabra arraigada, por lo pronto, al no aparecer, mi enseñanza te purifica.¿ No guardaste, te condenaste a ti mismo? En la mitad guardaste, y si no guardas, di:« No guardé»; pues el que se condena a sí mismo por no haber guardado, se esfuerza por guardar.¿ Contemplaste?¿ Cometiste ilegalidad?¿ Te hiciste cautivo de la ramera?¿ Bajaste del teatro?¿ De nuevo recordaste?¿ Te avergonzaste? Acércate.¿ Te afligiste? Exhorta a Dios; hasta aquí te levantaste.¡ Ay de mí, oí, y no guardé; cómo entraré en la iglesia?¿ Cómo oiré de nuevo? Más bien entra, ya que no guardaste, para que, al oír de nuevo, guardes. Si el médico te aplica un fármaco, y no te limpia,¿ no te lo aplica de nuevo otro día? Hay un leñador; quiere cortar una encina, toma un hacha, corta la raíz; si da un golpe, y no cae el árbol infructuoso,¿ no da otro golpe, ni el cuarto, ni el quinto, ni el décimo? Así haz también tú; la ramera es una encina, un árbol infructuoso, que produce bellotas, alimento de cerdos irracionales; en mucho tiempo se arraigó en tu mente, en el envoltorio de los árboles derribó tu conciencia; mi palabra es un hacha. Oíste un día;¿ cómo en un día cae la que está arraigada por tanto tiempo? Pues si dos veces, si tres veces, si cien veces, si diez mil veces, no es de extrañar; solo corta el hecho malvado y fuerte, la costumbre malvada. Maná comían los judíos, y buscaban los ajos que estaban en Egipto;« Bien estábamos en Egipto»; así de vergonzoso es el hecho de la costumbre y malísimo. Pues si en diez días logras, si en veinte, si en treinta, no amo, no tengo gracia, no te abrazo; solo no te canses, sino avergüénzate y condénate.
8
De nuevo hablé sobre el amor; oíste,¿ te fuiste y arrebataste?¿ No mostraste a través de los hechos la palabra? No te avergüences de entrar de nuevo en la iglesia; avergüénzate al pecar, no te avergüences al arrepentirte. Presta atención a lo que te hizo el diablo. Estas dos cosas son, pecado y arrepentimiento; pecado es herida, arrepentimiento es fármaco. Pues así como en el cuerpo heridas y fármacos; así también en el alma pecados y arrepentimiento; pero el pecado tiene la vergüenza, mientras que el arrepentimiento posee la franqueza. Préstame atención con precisión, te ruego, para que no confundas el orden y pierdas el beneficio. Hay herida y fármaco, pecado y arrepentimiento; la herida es el pecado, el fármaco es el arrepentimiento; en la herida podredumbre, en el fármaco purificación de podredumbre; en el pecado podredumbre, en el pecado oprobio, en el pecado risa; en el arrepentimiento franqueza, en el arrepentimiento libertad, en el arrepentimiento purificación de pecado. Presta atención con precisión. Al pecado sigue la vergüenza, al arrepentimiento sigue la franqueza.¿ Prestaste atención a lo que digo? Satanás invirtió el orden, y dio la franqueza al pecado, y la vergüenza al arrepentimiento. No me aparto hasta la tarde, hasta que lo resuelva; debo cumplir la promesa; es imposible que me aparte. Hay herida y fármaco; la herida tiene la podredumbre, el fármaco posee la purificación de la podredumbre.¿ No hay podredumbre en el fármaco?¿ No hay curación en la herida?¿ No tienen estas su propio orden, y aquellas el suyo?¿ No puede pasar esto a aquello, o aquello a esto? De ninguna manera. Vengamos, pues, a la mente de los pecados. El pecado tiene la vergüenza, el pecado tiene el oprobio, y la deshonra compartida; el arrepentimiento tiene la franqueza, el arrepentimiento tiene el ayuno, el arrepentimiento posee la justicia; pues di tus ilegalidades primero, para que seas justificado; y,« Justo es el acusador de sí mismo en el primer discurso». Sabiendo, pues, Satanás, que el pecado tiene la vergüenza, hecho capaz de rechazar al que peca, mientras que el arrepentimiento tiene la franqueza, hecho capaz de atraer al que se arrepiente, cambió el orden, y dio la vergüenza al arrepentimiento, y la franqueza al pecado.¿ De dónde esto? Yo lo digo. Alguien es atrapado por una codicia cruel hacia una ramera pública; sigue a la ramera como cautivo; entra en el prostíbulo; sin avergonzarse, sin sonrojarse se abraza a la ramera, comete el pecado; en ninguna parte hay vergüenza para él, en ninguna parte se sonroja; sale de allí después del fin del pecado, y para arrepentirse se avergüenza. Miserable, cuando te abrazabas a la ramera, no te avergonzabas,¿ pero cuando viniste a arrepentirte, entonces te avergüenzas? Se avergüenza,¿ dime?¿ Por qué cuando fornicaba no se avergonzaba? El hecho lo comete, y no se avergüenza,¿ y la palabra lo sonroja? Del diablo es esta maldad. En el pecado no le deja avergonzarse, sino publicarse; pues sabe que, si se avergüenza, huye del pecado; en el arrepentimiento le hace avergonzarse, sabe que avergonzándose no se arrepiente. Dos males hace, y arrastra al pecado, y detiene el arrepentimiento.¿ Por qué te avergüenzas, pues? Cuando fornicabas, no te avergonzabas; cuando aplicas el fármaco,¿ te avergüenzas? Cuando te libras a ti mismo del pecado,¿ te avergüenzas? Entonces debías avergonzarte, entonces debías avergonzarte, cuando pecabas. Cuando te hacías pecador, no te avergonzabas; cuando te haces justo,¿ te avergüenzas? Di tus ilegalidades primero, para que seas justificado.¡ Oh filantropía del Señor! No dijo:« Para que no seas castigado», sino« Para que seas justificado»;¿ no le bastaba que no lo castigas, todavía lo haces justo? Y mucho. Pero presta atención con precisión al discurso. Lo hago justo.¿ Y dónde hizo esto? En el ladrón, para que diga solo aquello:«¿ Ni siquiera temes tú a Dios?», a su compañero. Y nosotros, ciertamente, justamente; pues recibimos lo digno de lo que hicimos. Dice hacia él el Salvador:« Hoy estarás conmigo en el paraíso». No dijo:« Te libro de castigo y pena», sino que lo introduce justo en el paraíso.¿ Has visto que a partir de la confesión se hizo justo? Muy filántropo es Dios; no perdonó al Hijo, para perdonar al siervo; entregó al Unigénito, para comprar siervos ingratos; la sangre de su Hijo pagó como precio.¡ Oh filantropía del Señor! Y no me digas de nuevo:« Pequé mucho,¿ y cómo podré salvarme?». Tú no puedes, tu Señor puede, y así como borrar los pecados. Presta atención con precisión al discurso; así borra los pecados, que ni rastro de ellos queda. Pues en los cuerpos no es posible esto, sino aunque diez mil veces se esfuerce el médico, aunque aplique fármacos a la herida, la herida la hizo desaparecer; pero muchas veces alguien fue golpeado en la cara, y la herida la corrigió, pero la cicatriz permaneció, llevando la deformidad de la cara como prueba de la herida; y se esfuerza diez mil veces el médico por borrar también la cicatriz, pero no puede; pues se le opone la debilidad de la naturaleza, y la impotencia del arte, y lo vil de los fármacos. Dios, en cambio, cuando borra los pecados, ni cicatriz deja, ni rastro permite que quede, sino que junto con la salud regala también la belleza, junto con la liberación del castigo da también justicia, y hace al que pecó igual al que no pecó. Pues anula el pecado, y hace que no sea, ni haya sucedido; así lo anula por completo; ni cicatriz, ni rastro, ni prueba, ni muestra.
9
Debemos, al ser purificados de los pecados, tener los pecados mismos ante nuestros ojos; y aunque Dios, por su filantropía, te perdone el pecado, tú, para la seguridad de tu propia alma, ten el pecado ante tus ojos. Pues el recuerdo de lo pasado se convierte en un freno para lo futuro; y quien se siente mordido por lo anterior, muestra una mente más segura respecto a lo segundo. Por esto también David dice:« Y mi pecado está delante de mí continuamente»; para que, teniendo ante sus ojos lo pasado, no caiga en lo futuro. Y que Dios exige de nosotros esta disposición, escúchalo decir:« Yo soy quien borra tus pecados y no me acordaré; tú, en cambio, acuérdate, y seamos juzgados, dice el Señor; declara tú primero tus pecados para que seas justificado». Dios no espera el tiempo que sigue al arrepentimiento; dijiste tu pecado, fuiste justificado; te arrepentiste, fuiste compadecido. No es el tiempo el que se disculpa, sino que el modo del que se arrepiente extingue el pecado; es posible haber estado presente durante mucho tiempo y no alcanzar la salvación, y en poco tiempo, habiéndose confesado genuinamente, despojarse del pecado. El bienaventurado Samuel consumió mucho tiempo suplicando por Saúl, y pasó muchas noches en vela por la salvación del que había pecado; pero Dios, dejando pasar el tiempo— pues el arrepentimiento del que había pecado no acompañó a la súplica del profeta—, dice a su propio profeta:«¿ Hasta cuándo te lamentas tú por Saúl, cuando yo lo he rechazado?». El« hasta cuándo» muestra el tiempo y la persistencia del que suplica; y Dios despidió el tiempo de la súplica del profeta, pues el arrepentimiento del rey no acompañó a la intercesión del justo. Pero al bienaventurado David, que recibió la reprensión del pecado a través del santo profeta Natán, y que inmediatamente ante la amenaza mostró su genuina conversión, diciendo:« He pecado contra el Señor», inmediatamente una sola palabra, pronunciada en un instante con sinceridad, le trajo al que se arrepintió la salvación completa; pues la corrección alcanzó inmediatamente a la sentencia. Por lo tanto, Natán le dice:« Y el Señor ha quitado tu pecado». Mira conmigo a Dios, lento para el castigo y rápido para la salvación; y considera primero cómo el filántropo presentó la reprensión después de mucho tiempo. David pecó; la mujer quedó encinta, y ninguna reprensión siguió al pecado, sino que, después de haber nacido el niño fruto del pecado, es enviado el médico del pecado.¿ Y por qué no lo corrigió inmediatamente después de haber pecado? Porque sabe que en el apogeo de los pecados el alma de los que pecan se vuelve ciega, porque los oídos de los que están sumergidos en la profundidad del pecado se han vuelto sordos. Por tanto, pospone presentar la ayuda mientras la pasión está inflamada, y después de tanto tiempo llega la reprensión; y en un instante de tiempo, el arrepentimiento y el perdón.« Y el Señor ha quitado tu pecado».¡ Oh, la economía del que amenazó!¿ Ves que es rápido para la salvación? Esto mismo hace también con los demás, siendo lento para la destrucción, pero rápido para la ayuda.¿ Qué quiero decir? Entre nosotros los hombres, las obras se construyen a través de mucho tiempo, y en mucho tiempo construimos una casa; y el tiempo de la construcción es largo, pero el de la demolición es breve. Pero en el caso de Dios es al revés: cuando construye, construye rápidamente; cuando destruye, destruye lentamente. Dios es rápido al construir, lento al destruir; puesto que a Dios le convienen ambas cosas; pues aquello es de poder, y esto de bondad; por exceso de poder es rápido, por mucha bondad es lento; y la prueba de las palabras es la experiencia de los hechos. En seis días hizo Dios el cielo y la tierra, la magnitud de los montes, las llanuras, los barrancos, los valles, los bosques, los brotes, las fuentes, los ríos, el paraíso, toda la variedad visible, este mar grande y espacioso, las islas, las regiones costeras y las del interior; todo este mundo visible, y la belleza que hay en él, lo hizo Dios en seis días; los animales que hay en él, los racionales y los irracionales, y todo el adorno visible, lo hace en seis días. Este, pues, que es rápido para construir, cuando decidió destruir una sola ciudad, se encontró lento por bondad. Quiere destruir Jericó, y dice a Israel:« Rodéenla durante siete días; y al séptimo día caerá el muro».¿ Construyes el mundo entero en seis días y destruyes una sola ciudad en siete días?¿ Qué es lo que impide tu potestad?¿ Por qué no la destruyes de golpe?¿ No es sobre ti que el profeta clama diciendo:« Si abrieras el cielo, el temblor se apoderará de ti ante los montes, y se derretirán como cera ante el rostro del fuego»?¿ No es describiendo las obras de tu poder que David dice:« No temeremos cuando la tierra sea sacudida y los montes sean trasladados al corazón de los mares»? Puedes trasladar montes y arrojarlos al mar,¿ y no quieres destruir una ciudad que se te opone, sino que das siete días para la destrucción?¿ Por qué? No es que el poder flaquee, dice, sino que la filantropía es paciente. Doy siete días, como a Nínive tres días; quizás reciba la predicación del arrepentimiento y se salve.¿ Y quién es el que les predica el arrepentimiento? Los enemigos cercaron la ciudad con muros; el general rodeaba las murallas; mucho es el miedo, mucho el estruendo;¿ qué camino de arrepentimiento les abriste entonces?¿ Acaso enviaste un profeta?¿ Acaso enviaste un evangelista?¿ Acaso había alguien que les sugiriera lo conveniente? Sí, dice, tenían dentro como maestra del arrepentimiento a aquella admirable Rahab, a quien salvé mediante el arrepentimiento. Era de la misma masa; pero puesto que no era del mismo modo de pensar, no compartió el pecado la que no compartió la incredulidad.
9
Y mira conmigo la extraña predicación de la filantropía: el que dice en la Ley:« No cometerás adulterio, no fornicarás», habiendo dejado de lado la palabra por filantropía, clama a través del bienaventurado Jesús:« Que viva Rahab la ramera». Aquel Jesús, hijo de Navé, que decía:« Que viva la ramera», era imagen del Señor Jesús que dice:« Las rameras y los publicanos os precederán en el reino de los cielos». Si debe vivir,¿ por qué ramera? Si ramera,¿ por qué que viva? Digo, dice, la condición anterior, para que admires la segunda transformación.¿ Y qué hizo, dice, Rahab para ser causa de salvación?¿ Que recibió a los espías con paz? Esto lo hace también una posadera. Pero no cosecha la salvación solo por la palabra, sino principalmente por la fe y por la disposición hacia Dios. Y para que aprendas la excelencia de la fe que había en ella, escucha a la misma Escritura narrando las hazañas testificadas de ella. Estaba en un prostíbulo, como una perla mezclada en el lodo, oro esparcido en el barro, una flor de piedad oculta entre espinas, un alma piadosa estaba encerrada en un lugar de impiedad. Y presta atención a mi razonamiento con precisión. Recibió a los espías, y a quien Israel traicionó en el desierto, a este proclamó Rahab en el prostíbulo.¿ Qué quiero decir con« Israel en el desierto»? Cuando el monte estaba lleno de nubes, y tinieblas, y trompetas, y relámpagos, y los otros temores, escuchó de parte de Dios desde en medio del fuego:« Escucha, Israel; el Señor tu Dios, el Señor uno es; no tendrás otros dioses; yo estoy en el cielo arriba, y en la tierra abajo, y fuera de mí no hay Dios»; escuchando esto Israel, fundió un becerro y rechazó a Dios; ignoró al Señor, desesperó del benefactor, y dice a Aarón:« Haznos dioses». Si dioses,¿ por qué hazlos?¿ Cómo son dioses los que son hechos? Así la maldad, al cegar, lucha contra sí misma y se desvanece. Se hizo un becerro, y clama el ingrato Israel:« Estos son tus dioses, Israel, los que te sacaron de la tierra de Egipto». Estos son tus dioses; ve un solo becerro, un solo ídolo hecho,¿ por qué entonces« estos son tus dioses»? Para mostrar que no adora solo lo que ve, sino que imagina una politeísmo; interpreta la intención, no juzga lo que aparece. Pero para que volvamos a lo propuesto, lo que escuchó Israel, el que estaba rodeado de tantos milagros y era educado por tanta Ley, y lo negó, esto lo proclama Rahab encerrada en el prostíbulo; pues dice a los espías:« Hemos sabido todo lo que hizo vuestro Dios a los egipcios». El judío dice:« Estos son tus dioses que te sacaron de la tierra de Egipto», y la ramera, no a dioses, sino a Dios atribuye la salvación.« Hemos sabido todo lo que vuestro Dios hizo a los egipcios en el desierto, y hemos oído, y nuestro corazón se derritió, y no hay fuerza en nosotros». Hemos sabido todo lo que vuestro Dios hizo.¿ Ves cómo retoma la palabra del legislador mediante la fe?« Y sé que vuestro Dios está en el cielo arriba, y en la tierra abajo, y fuera de él no hay Dios». Rahab es imagen de la Iglesia, que alguna vez estuvo mezclada con la fornicación de los demonios, pero que ahora recibe a los espías de Cristo, no los de Jesús de Navé, sino a los apóstoles enviados por Jesús, el verdadero Salvador.« He sabido», dice,« que vuestro Dios está en el cielo arriba, y en la tierra abajo, y fuera de él no hay Dios». Esto recibieron los judíos y no lo guardaron; esto escuchó la Iglesia y lo conservó. Digna, pues, de toda alabanza es Rahab, la imagen de la Iglesia. Por esto también el noble Pablo, habiendo comprendido la dignidad de su fe, y no considerándola reprobable por su condición anterior, sino aprobada por su transformación divina, la enumera con todos los santos, y habiendo dicho:« Por la fe Abel ofreció sacrificio; por la fe Abraham hizo esto y aquello; por la fe Noé construyó el arca; por la fe Moisés hizo esto y aquello y triunfó»; y habiendo mencionado a muchos santos a continuación, al final añadió:« Por la fe Rahab la ramera no pereció con los desobedientes, habiendo recibido a los espías y habiéndolos sacado por otro camino». Y mira cómo con mucha sabiduría mezcló su propia prudencia. Pues cuando fueron enviados por el rey buscando a los espías, le dicen:«¿ Entraron hombres a ti?». Ella, en cambio, les dice:« Sí, entraron». Primero construye la verdad, y así añade la mentira. Pues nunca la mentira es creída por sí misma, si no ha mostrado antes la verdad; por eso los que mienten de manera convincente dicen primero las cosas verdaderas y admitidas por todos, y entonces añaden las falsas y cuestionables.«¿ Entraron a ti espías?». Dice:« Sí»; pues si hubiera dicho desde el principio« No», provocaba a los que llegaron a una búsqueda; pero« Sí, entraron», dice,« y salieron por este camino, persíganlos y los alcanzarán».¡ Oh, qué buena mentira!¡ Oh, qué buen engaño que no traiciona las cosas divinas, sino que guarda la piedad! Si, pues, a aquella Rahab el arrepentimiento la hizo digna de tal salvación, y es proclamada por boca de santos, gritando Jesús de Navé en el desierto:« Que viva Rahab la ramera», y diciendo Pablo:« Por la fe Rahab la ramera no pereció con los desobedientes»,¿ cuánto más nosotros, si ofrecemos el arrepentimiento, recibiremos la salvación? El tiempo presente es de arrepentimiento; pues mucho es el miedo a los pecados que nos acechan, si el arrepentimiento no se adelanta al castigo. Anticipémonos a su rostro en confesión; extingamos el incendio de los pecados, no con muchas aguas, sino con pequeñas lágrimas. Mucho es el fuego del pecado, y con una pequeña lágrima se extingue; pues la lágrima apaga el incendio de los pecados y lava la fetidez del pecado. Testifica David el bienaventurado diciendo, y mostrando la fuerza de las lágrimas, cuánto puede:« Lavaré, dice, cada noche mi lecho, con mis lágrimas mojaré mi cama». Y ciertamente, si quisiera mostrar la abundancia de las lágrimas, bastaba con decir:« Con mis lágrimas mojaré mi cama».¿ Por qué, pues, antepuso« lavaré»? Para mostrar que las lágrimas son un baño y una purificación de los pecados. 4. De todos los males son causa los pecados. Por los pecados hay tristezas, por los pecados hay turbaciones, por los pecados hay guerras, por los pecados hay enfermedades, y todo lo que nos sobreviene como pasiones difíciles de curar. Así pues, como los mejores médicos no examinan las pasiones que aparecen, sino que buscan la causa de lo que aparece; así también el Salvador, queriendo mostrar que la causa de todos los males que hay en los hombres es el pecado, dice al paralítico del cuerpo: puesto que el médico de las almas lo vio primero paralizado en el alma, y luego en el cuerpo, le dice:« Mira, has sido sanado, no peques más, para que no te suceda algo peor». Por tanto, también de la enfermedad anterior la causa es el pecado; esto se convierte también en causa de pérdida; esto se convierte en causa de tristeza, esto en motivo de toda calamidad. Sin embargo, admiro esto, cómo Dios, habiendo dado la tristeza al hombre desde el principio por el pecado, mediante la sentencia anula la sentencia, y mediante la condena expulsa la condena; y cómo, escúchalo. Se dio tristeza por el pecado, y mediante la tristeza se disuelve el pecado. Presta atención con precisión: Dios, amenazando a la mujer y trayendo el castigo por la transgresión, le dice:« Con tristezas darás a luz hijos»; y mostró el fruto del pecado, la tristeza; pero,¡ oh, el generoso! lo que dio para castigo, lo transformó para salvación. El pecado engendró tristeza; la tristeza consumió el pecado, y como el gusano que nace de la madera consume la misma madera; así también la tristeza nacida del pecado consume el pecado, al ser llevada mediante el arrepentimiento. Por esto dice Pablo:« La tristeza según Dios produce arrepentimiento para salvación sin arrepentimiento». Buena es la tristeza para los que se arrepienten genuinamente; conviene a los que pecan el duelo por el pecado:« Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados». Llora el pecado, para que no llores el castigo; discúlpate ante el juez antes de llegar al tribunal.¿ O no sabes que todos los que quieren ablandar al juez no lo tratan en el mismo momento del juicio, sino antes de entrar al tribunal, ya sea a través de amigos, o de protectores, o de algún otro modo, tratan al juez? Por tanto, también en el caso de Dios, en el tiempo del tribunal no es posible persuadir al juez; pero antes del tiempo del juicio es posible ablandar al juez. Por lo cual decía David:« Anticipémonos a su rostro en confesión». Allí al gran juez no lo engaña el arte de los oradores; no lo ablanda la potestad; no se deja persuadir por la dignidad; no se avergüenza por el rostro; no se corrompe con dinero, sino que el juicio justo es terrible e implacable. Aquí, pues, ablandemos al juez y supliquémosle; aquí con toda fuerza roguemos, pero no con dinero; más bien, si hay que decir la verdad, el filántropo se deja persuadir también por dinero, no recibiéndolo él mismo, sino a través de los pobres. Da dinero al necesitado y has ablandado al juez. Digo esto familiarizándolos, puesto que el arrepentimiento sin limosna está muerto y sin alas; el arrepentimiento no puede alarizarse si no tiene el ala de la limosna. Por esto, para Cornelio, que se arrepintió bien, la limosna se convirtió en ala de la piedad; pues« tus limosnas, dice, y tus oraciones subieron al cielo». Como si el arrepentimiento no tuviera el ala de la limosna, no habría llegado al cielo. Se ha abierto, pues, hoy un mercado de limosna; pues vemos a los cautivos y a los pobres; vemos a los que son llevados por el mercado, vemos a los que gritan, vemos a los que lloran, vemos a los que gimen; se nos propone una fiesta admirable, y de la fiesta no hay otro propósito, y para el comerciante no hay otro pensamiento, que comprar en las mercancías a poco precio y vender a mucho.¿ No es este el objetivo de cada uno de los comerciantes?¿ Acaso alguien se dedica al comercio por otra cosa que no sea comprar a poco precio y vender a mucho, y llevarse el comercio multiplicado para él? Tal fiesta, pues, nos ha propuesto Dios: compra las justicias a poco precio, para que las vendas a mucho en el futuro; si es que hay que llamar reventa a la retribución. Aquí se compra la justicia por poco, por un pedazo de pan sin valor, por un vestido sin valor, por una copa de agua fría;« Quien dé de beber una copa de agua fría, en verdad os digo, dice el maestro del comercio espiritual, no perderá su recompensa».¿ Una copa de agua fría tiene recompensa, y los vestidos y el dinero dados por beneficencia no tienen recompensa? Al contrario, tienen mucha recompensa.¿ Por qué, pues, mencionó una copa de agua fría? Dijo una limosna sin gasto; pues para el agua fría no gastas leña, ni gastas otra cosa. Y si donde la dádiva es sin gasto, tanta es la gracia de la beneficencia, donde hay abundancia de vestidos, provisión de dinero, la superabundancia de los otros bienes,¿ cuánta recompensa se debe esperar del juez justo? Mientras, pues, se proponen las virtudes vendiéndose a poco precio, tomemos, arrebatemos, compremos del generoso.« Los que tienen sed, dice, id al agua, y los que no tenéis dinero, id y comprad». Mientras se propone la fiesta, compremos limosnas, o más bien, mediante la limosna compremos la salvación. Vistes a Cristo al vestir a un pobre. Esto, dice, lo sé bien y con precisión; esto lo he aprendido de antemano, no tú lo enseñaste primero; no de ti hemos oído esto primero; no predicas cosas extrañas, sino lo que muchas veces muchos de los presentes nos enseñaron. Sé también yo, sé, que esto y cosas semejantes habéis aprendido muchas veces, pero ojalá que, habiéndolo aprendido muchas veces, hiciéramos el bien aunque fuera un poco. El que se compadece de un pobre presta a Dios. Prestemos a Dios la limosna, para que recibamos de él la retribución de la filantropía. Pero,¡ oh, la palabra más sabia! El que se compadece de un pobre presta a Dios.¿ Por qué, pues, no dijo:« El que se compadece de un pobre da a Dios», sino« presta»? La Escritura conoce nuestra codicia; se dio cuenta de que nuestra avidez, mirando hacia la codicia, busca el aumento. Y por esto no dijo simplemente:« El que se compadece de un pobre da a Dios», para que no pienses que la retribución es simple; sino« El que se compadece de un pobre presta a Dios». Si Dios toma prestado de nosotros, entonces es nuestro deudor.¿ Qué quieres, pues, que sea, juez o deudor? El deudor respeta al que le prestó; el juez no se deja ablandar por el que toma prestado.
9
¿ Y de dónde es evidente esto? Pues de lo que digo, también debo proporcionar las pruebas, para no afirmar solo, sino demostrar a partir de las Escrituras, para que la convicción permanezca segura. Introduzco, pues, ante vosotros a hombres heridos, a un pueblo entero, lleno de llagas, de putrefacción, de gusanos, siendo toda una herida, toda una llaga, y siendo capaces de ser sanados de tal manera que no quede cicatriz, que no quede rastro, que no quede señal; no teniendo una herida, ni dos, ni tres, ni cuatro, sino siendo una herida desde los pies hasta la cabeza. Prestad atención con precisión al discurso; pues este discurso nuestro es común y salvífico. Preparo medicinas mejores que las de los médicos, tales que ni los reyes pueden preparar.¿ Qué puede un rey? Sacar de la cárcel, pero no puede liberar del infierno; regalar dinero, pero no puede salvar el alma. Pero os entrego a la mano del arrepentimiento, para que aprendáis su poder, para que aprendáis su fuerza, para que aprendáis que ningún pecado la supera, ni hay transgresión capaz de superar su poder. Por ahora introduzco no a uno, ni a dos, ni a tres, sino a muchos miles heridos, llagados, llenos de innumerables pecados, capaces de ser salvados por el arrepentimiento, de modo que no tengan ni rastro, ni cicatriz de las llagas anteriores. Pero prestad atención con precisión al discurso, y no prestéis atención solo, sino entregad también a la memoria lo dicho, para que también a los que faltan los convenzáis, y así a los que están vacíos de la utilidad de lo dicho los hagáis más diligentes. Que esté presente, pues, Isaías, el contemplador de los serafines, el que escuchó aquel miembro místico, el que predijo innumerables cosas sobre Cristo; preguntémosle qué dice:« Visión que vio Isaías contra Judea y contra Jerusalén». Di la visión que viste.« Escucha, cielo, y presta atención, tierra, porque el Señor ha hablado». Prometiste otras cosas y dices otras.¿ Qué otras cosas prometí? Comenzando dices:« Visión contra Judea y contra Jerusalén», y dejando a Judea y a Jerusalén, dialogas con el cielo, y habiendo inclinado el discurso hacia la tierra, dejaste a los hombres racionales y dialogas con los elementos irracionales. Porque los racionales se volvieron más irracionales que los irracionales; pero no solo por esto, sino porque Moisés, al ir a introducirlos en la tierra de la promesa, y mirando lo que iba a suceder, que estaban a punto de pasar por alto lo entregado.« Escucha, cielo, dice, y que preste atención la tierra a las palabras de mi boca».« Os pongo por testigo al cielo y a la tierra», dice Moisés,« que si entráis en la tierra de la promesa y abandonáis al Señor vuestro Dios, seréis dispersados entre todas las naciones». Llegó Isaías, la amenaza estaba a punto de llevarse a la obra; no podía llamar a Moisés, que había muerto, y a los que entonces escucharon y murieron, y llama a los elementos, a los que Moisés ponía por testigos. He aquí que fuisteis expulsados de la promesa, oh judíos; he aquí que habéis abandonado a Dios;¿ cómo te llamaré, Moisés? Pues moriste y terminaste.¿ Cómo llamaré a Aarón? También aquel fue entregado a la muerte.¿ No tienes cómo llamar a un hombre? Llama a los elementos. Pues por esto también yo, estando vivo, no solo a Aarón, y a este y a aquel puse por testigos, puesto que estaban a punto de morir, sino que también a los elementos que permanecen os pongo por testigos, al cielo y a la tierra. Dice, pues, Isaías:« Escucha, cielo, y presta atención, tierra». Pues a vosotros os mandó Moisés llamar hoy. Pero no solo por esto llama a los elementos, sino porque dialogó con los judíos.« Escucha, cielo, pues tú trajiste el maná; presta atención, tierra, pues tú diste la codorniz».« Escucha, cielo, escucha; pues tú trajiste el maná, tú mostraste algo por encima de la naturaleza; estabas arriba e imitaste una era».« Presta atención, tierra; pues tú estabas abajo y preparaste una mesa improvisada». La naturaleza estaba ociosa, y trabajaba la gracia; ni trabajo de bueyes, y la espiga preparada; ni manos de cocineros, ni mandato, sino que el maná era todo, una fuente santificada; la naturaleza se olvidó de su propia debilidad.¿ Cómo sus vestidos no se desgastaron?¿ Cómo sus calzados no envejecieron? Todo se hizo para el servicio de estos.« Escucha, cielo, y presta atención, tierra». Con los recordatorios y aquellos beneficios, es ultrajado el Señor.¿ Con quién trato?¿ O con vosotros? No tengo hombre que escuche.« He aquí que vine y no había hombre; hablé y no había quien escuchara». Dialogo con los irracionales, puesto que los racionales fueron llevados a la bajeza de los irracionales. Por esto también otro profeta ve al rey enfurecido, al ídolo siendo adorado, a Dios siendo ultrajado, a todos los demás aterrorizados, y dice:« Escucha, altar, escúchame».¿ Dialogas con una piedra? Sí; puesto que el rey es más insensible que una piedra.« Escúchame, altar, escucha; esto dice el Señor». Y inmediatamente se partió el altar; y la piedra escuchó, la piedra se rompió y derramó el sacrificio.¿ Cómo no escuchó el hombre? Extendió su mano para arrebatar al profeta;¿ y qué hace Dios? Secó su mano. Mira lo que hizo, mira la filantropía del Señor y el pecado del siervo.¿ Por qué desde el principio no secó su mano? Para que por la pasión de la piedra se volviera más sensato. Pues si no se hubiera partido la piedra, te habría perdonado; pero puesto que se partió la piedra y tú no fuiste corregido, sobre ti traigo la ira. Extendió la mano para arrebatar al profeta y se secó la mano. Estaba en pie el trofeo; tantos guardaespaldas y generales y mucha ayuda, y no pudieron retraer su mano; sino que la mano estaba en pie emitiendo voz, señalando la derrota de la impiedad, y el trofeo de la impiedad, la filantropía de Dios y la insensatez de aquel. Y no pudieron retraerla.
10
Pero para no ir tejiendo un discurso tras otro y olvidarnos del tema, vamos a mostrar lo que prometimos.¿ Y qué prometí? Que si alguien tiene innumerables heridas, pero se arrepiente y hace el bien, Dios las borra de tal manera que no queda ni cicatriz, ni rastro, ni señal de los pecados anteriores; habiendo prometido esto, intentaré demostrarlo. Escucha, cielo, y presta atención, tierra, porque el Señor ha hablado. Dime,¿ qué ha hablado? Engendré hijos y los encumbré, pero ellos me rechazaron. El buey conoció a su dueño, más irracionales que los irracionales, y el asno el pesebre de su señor, más asnos que los asnos; pero Israel no me conoció, y el pueblo no me comprendió.¡ Ay, nación pecadora!¿ Por qué, dice, no hay esperanza de salvación?¡ Ay!,¿ por qué dices eso, dime? Porque no encuentro remedio.¡ Ay!,¿ por qué dices eso? Porque apliqué medicinas y la llaga no cedió; por eso me aparté.¿ Qué tengo, pues, que hacer? Ni siquiera me esfuerzo en curar.¡ Ay! Imita a una mujer que se lamenta; y hace bien. Os ruego que me prestéis atención con precisión.¡ Ay!,¿ por qué? Porque lo mismo sucede con los cuerpos. Pues cuando el médico ve que el enfermo no tiene esperanza de salvación, llora, y los familiares y allegados gimen lamentándose; pero allí es en vano y sin provecho. Pues cuando el que va a morir está a punto de expirar, aunque el mundo entero llore, no lo resucitará; de modo que el lamento es de duelo, no de corrección. Pero en el caso del alma no es así, sino que, si te lamentas, muchas veces resucitas al muerto en el alma.¿ Por qué? Porque el cuerpo, una vez muerto, no se resucita por poder humano, pero el alma, al morir, se resucita mediante la corrección. Mira a un fornicario y laméntate; y muchas veces lo resucitarás. Por eso también Pablo no solo escribía, ni solo aconsejaba, sino que también se lamentaba entre lágrimas, amonestando a cada uno. Sea, amonestas,¿ por qué además lloras? Para que, si la amonestación no tiene fuerza, las lágrimas ayuden. Así también el profeta se lamenta. Nuestro Señor, al ver a Jerusalén caída, dice: Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los enviados a ti. Llama a la ciudad caída y imita a un hombre que se lamenta. Y el profeta:¡ Ay, nación pecadora, pueblo lleno de pecados!¿ No tiene sano el cuerpo?¿ Los viste llagados? Simiente malvada, hijos sin ley.¿ Por qué te lamentas, dime? Abandonasteis al Señor y provocasteis a ira al Santo de Israel.¿ Por qué queréis ser golpeados aún más?¿ Qué tengo que golpearos?¿ Con hambre o con peste? Todo castigo llegó, y vuestra maldad no se consumió; añadiendo iniquidades. Toda cabeza para dolor, y todo corazón para tristeza. No hay herida, ni cardenal. Cosas nuevas. Hace poco decías: Simiente malvada, hijos sin ley, abandonasteis al Señor y provocasteis a ira al Santo de Israel; y,¡ Ay, nación pecadora!¿ Te lamentas, te golpeas, te afliges, enumeras las heridas, y volviendo atrás dices: Ni herida, ni cardenal? Presta atención: la herida se produce cuando una parte del cuerpo está sana y otra parte del cuerpo permanece insensible; pero aquí dice que todo es una herida. Ni herida, ni cardenal, ni golpe inflamado, sino que desde los pies hasta la cabeza no hay emplasto que aplicar, ni aceite, ni vendajes. Vuestra tierra está desolada, vuestras ciudades incendiadas, extranjeros devoran vuestro país. Todo esto hice, y vosotros no fuisteis corregidos; hice todo lo que el arte permite, pero el enfermo sigue muerto. Venid, escuchad la palabra del Señor, gobernantes de Sodoma y Gomorra.¿ Qué me importa la multitud de vuestros sacrificios?¿ Qué pues?¿ Habla con los sodomitas? No, sino que llama a los judíos sodomitas; pues como imitaron su modo de vida, les impone también el nombre. Venid, escuchad la palabra del Señor, gobernantes de Sodoma y Gomorra.¿ Qué me importa la multitud de vuestros sacrificios?, dice el Señor. Estoy harto de holocaustos de carneros, y no quiero grasa de corderos. Si me ofrecéis flor de harina, es vano; el incienso es abominación para mí; vuestras lunas nuevas y vuestros sábados los odia mi alma; no soporto el ayuno ni el gran día. Cuando extendáis vuestras manos hacia mí, apartaré mis ojos de vosotros.¿ Hay algo igual a esta ira? El profeta llama al cielo, se lamenta, se aflige, se duele, dice: No hay herida, no hay cardenal; Dios se irrita, no acepta sacrificio, ni luna nueva, ni sábado, ni flor de harina, ni oración, ni extensión de manos.¿ Viste la llaga?¿ Viste la enfermedad incurable, no de uno, ni de dos, ni de diez, sino de miles?¿ Qué pues después de esto? Lavaos, sed puros.¿ Hay pecado que tenga desesperación? Dios mismo dice: No os escucho; y dices: Lavaos.¿ Para qué dices aquello?¿ Para qué esto? Ambos son útiles; aquello, para que yo tema; esto, para que me atraiga. Si no escuchas sus oraciones, no tienen esperanza de salvación; si no tienen esperanza de salvación,¿ por qué dices: Lavaos? Pero es un padre lleno de afecto, el único bueno, y que se compadece más que un padre. Y para que sepas que es padre, les dice:¿ Qué haré contigo, Judá?¿ No sabes qué harás? Lo sé; pero no quiero; la naturaleza exige los pecados, y la magnitud de la filantropía los retiene.¿ Qué haré contigo?¿ Te perdonaré? Pero te vuelves más negligente.¿ Pero te atacaré? Pero la filantropía no lo soporta.¿ Qué haré contigo?¿ Te pondré como Sodoma y te destruiré como Gomorra? Mi corazón se ha conmovido. El impasible imita al hombre apasionado, o más bien a una madre llena de afecto. Mi corazón se ha conmovido; lo que diría una mujer por un hijo; mi corazón se ha conmovido por la madre. Pero no se contentó con la palabra anterior.
62
Me he turbado en mi arrepentimiento.¿ Dios se turba?¡ Lejos de mí!¡ No sea! Lo Divino es imperturbable; pero, como dije, imita nuestras palabras. Mi corazón se ha conmovido; Lavaos, sed puros.¿ Qué os prometí? Que a los pecadores, y a los que están llenos de innumerables pecados, y llagados, Dios, al tomarlos arrepentidos, los cura de tal manera que no les deja rastro de pecados, que no les deja cicatriz, que no les deja recuerdo. Lavaos, sed puros, quitad vuestras maldades de vuestras almas; aprended a hacer el bien.¿ Y qué bien ordenas? Juzgad al huérfano y haced justicia a la viuda. Ni siquiera son pesados los mandatos, sino que la naturaleza misma sabe que la misericordia conviene incluso a una mujer. Y venid, y razonemos, dice el Señor; haced un poco, y lo demás lo añado yo; dadme un poco, y yo os regalo el todo. Venid.¿ Y a dónde iremos? Hacia mí, a quien provocasteis, a quien irritasteis, hacia mí que dije: No os escucho, para que, temiendo la amenaza, disolváis la ira. Venid hacia el que no escucha, para que escuche.¿ Y qué haces? Que no dejo rastro, no dejo señal, no dejo cicatriz. Venid y razonemos, dice el Señor; y dice: Si vuestros pecados fueren como la grana, los blanquearé como la nieve.¿ Acaso hay cicatriz?¿ Acaso hay arruga incluso con el color de la pureza? Y si fueren como el carmesí, los blanquearé como la lana.¿ Acaso hay negruras?¿ Acaso hay mancha?¿ Y cómo sucede esto?¿ Acaso las promesas son otras? Pues la boca del Señor ha hablado esto. No solo viste la magnitud de lo prometido, sino también la dignidad del que lo ha otorgado. Pues para Dios todo es posible, para el que puede hacer puro lo que está sucio. Habiendo escuchado esto, pues, y conociendo la medicina del arrepentimiento, enviémosle gloria; porque suya es la gloria y el poder por los siglos. Amén. Sobre el arrepentimiento, y para los que faltaron a las asambleas, en lo cual también sobre la mesa sagrada y sobre el juicio. Homilía IX. Así como para los que siembran no hay provecho alguno cuando arrojan las semillas junto al camino; así tampoco para nosotros hay provecho de llamarnos cristianos, si no tenemos la denominación acorde con las obras. Y si queréis, os presentaré un testigo digno de crédito, el hermano del Señor, Santiago, que afirma: La fe sin las obras está muerta. Por tanto, es necesario en todas partes el ejercicio de las obras; pues estando esta ausente, ni siquiera la denominación de cristiano puede aprovecharnos. Y no te sorprendas. Pues, dime,¿ qué ganancia tiene el soldado por el hecho de serlo, si no es digno de la milicia y no lucha por el rey siendo alimentado por él? Y tal vez, aunque es temible lo que se dice, hubiera sido mejor que no se hubiera alistado, que alistado descuidar el honor del rey; pues,¿ cómo no será castigado el que es alimentado por el rey, pero no lucha por el rey?¿ Y qué digo por el rey? Ojalá nos preocupáramos al menos por nuestras propias almas.¿ Y cómo, dice, puedo estar en el mundo, y en medio de los asuntos, y salvarme?¿ Qué dices, hombre?¿ Quieres que te muestre brevemente que no es el lugar el que salva, sino el modo de vida y la disposición? Adán en el paraíso, como en un puerto, sufrió el naufragio; Lot en Sodoma, como en alta mar, se salvó; Job en el muladar fue justificado; Saúl, estando en los aposentos, cayó de la realeza tanto de aquí como de allá. No es una defensa decir: No puedo estar en el mundo, y en medio de los asuntos, y salvarme. Pero,¿ de dónde viene esto? De que unos no asistís continuamente a las oraciones, otros a las asambleas divinas.¿ O no veis a los que quieren obtener cargos del rey terrenal, cómo asisten, cómo mueven a otros a la intercesión, para no perder lo que buscan? Esto se ha dicho para los que se ausentan de las asambleas divinas, y para los que en la hora de la temible y mística mesa se ocupan en conversaciones y vaniloquios.¿ Qué haces, hombre?¿ No prometiste al sacerdote que decía: Tengamos arriba la mente y los corazones, y dijiste: Los tenemos hacia el Señor?¿ No temes, no te ruborizas al ser hallado mentiroso en esa misma hora temible?¡ Oh, qué maravilla! Estando preparada la mesa mística, siendo sacrificado el Cordero de Dios por ti, luchando el sacerdote por ti, brotando fuego espiritual de la mesa inmaculada, estando presentes los Querubines y volando los Serafines, cubriendo sus rostros los de seis alas, intercediendo todas las potencias incorpóreas junto con el sacerdote por ti, descendiendo el fuego espiritual, siendo derramada la sangre en el cáliz para tu purificación desde el costado inmaculado,¿ no temes, no te ruborizas al ser hallado mentiroso en esa misma hora temible? Teniendo la semana ciento sesenta y ocho horas, Dios se reservó una sola hora para sí;¿ y esta la gastas en asuntos mundanos, en ridiculeces y en conversaciones?¿ Con qué franqueza, pues, te acercas a los misterios?¿ Con qué conciencia contaminada? Si llevaras estiércol en tus manos,¿ te atreverías a tocar el borde del manto del rey terrenal? De ninguna manera. No veas que es pan, ni pienses que es vino; pues no va al vientre como los demás alimentos;¡ lejos de mí! No pienses eso; sino que, así como la cera al entrar en contacto con el fuego no disminuye nada, ni sobra nada; así también piensa que aquí los misterios se consumen con la sustancia del cuerpo. Por eso, al acercaros, no penséis que recibís el cuerpo divino de un hombre, sino pensad que recibís el cuerpo divino de los mismos Serafines con las tenazas de fuego que vio Isaías, y como tocando con los labios el costado divino e inmaculado, así recibamos la sangre salvadora. Por tanto, hermanos, no nos ausentemos de las iglesias, ni nos ocupemos en ellas en conversaciones; estemos temerosos y temblorosos, bajando la mirada, pero elevando el alma; gimiendo en silencio, clamemos con el corazón.¿ O no veis a los que están presentes ante el rey sensible, corruptible, temporal y terrenal, cómo están inmóviles, sin hablar, sin moverse, sin enviar los ojos aquí y allá, sino sombríos, abatidos, temerosos? De ellos, oh hombre, toma la prueba, y así os ruego que estéis ante Dios, como cuando entráis ante el rey terrenal; mucho más es necesario estar ante el rey celestial con temor. No dejaré de decir esto muchas veces, hasta que os vea corregidos. Al entrar en la iglesia, entremos como conviene a Dios, sin tener rencor en el alma, no sea que, al orar, oremos contra nosotros mismos, diciendo: Perdónanos, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Pues es temible lo que se dice, y casi se puede decir que el que dice esto clama así a Dios: He perdonado, Señor, perdona; he desatado, desata; he concedido, concede; si he retenido, retén; si no he desatado al prójimo, tampoco tú desates mis pecados; con la medida con que medí, que se me mida. Sabiendo esto, y recordando aquel día temible, y teniendo en mente aquel fuego y los temibles castigos, volvamos por fin de nuestro camino extraviado. Pues vendrá la hora en que el teatro de este mundo se disolverá; y así ya no es posible luchar; no es posible negociar después del paso de la vida, no es posible ser coronado después de la salida del teatro. Este es el tiempo del arrepentimiento, aquel del juicio; este es el tiempo de las luchas, aquel de las coronas; este del esfuerzo, aquel del descanso; este del trabajo, aquel de la retribución. Despertad, os ruego, despertad, y escuchemos con entusiasmo lo que se dice. Vivimos para la carne, vivamos por fin también para el espíritu; vivimos para los placeres, vivamos por fin también para las virtudes; vivimos para la negligencia, vivamos también para el arrepentimiento.¿ Por qué se enorgullece la tierra y la ceniza?¿ Por qué te inflas, oh hombre?¿ Por qué te jactas de ti mismo?¿ Qué esperas de la gloria y la riqueza del mundo? Salgamos a las tumbas, os ruego, y veamos los misterios de allí; veamos la naturaleza desgarrada, huesos roídos, cuerpos podridos; aunque seas sabio, examina, aunque seas prudente, dime,¿ quién es allí el rey y quién el plebeyo, quién el noble y quién el esclavo, quién el sabio y quién el necio?¿ Dónde está allí la belleza de la juventud?¿ Dónde el rostro alegre?¿ Dónde los ojos hermosos?¿ Dónde la nariz bien formada?¿ Dónde los labios que ardían?¿ Dónde las bellezas de las mejillas?¿ Dónde la frente brillante?¿ No es todo polvo?¿ No es todo ceniza?¿ No es ceniza?¿ No es todo gusano y hedor?¿ No es todo podredumbre? Pensando en esto, hermanos, y recordando nuestro último día, mientras tenemos tiempo, volvamos de nuestro camino extraviado. Fuimos comprados con sangre preciosa. Por eso Dios apareció en la tierra; por ti, oh hombre, Dios apareció en la tierra, no teniendo dónde reclinar la cabeza.¡ Oh, qué maravilla! El juez viene al tribunal por los condenados; la vida prueba la muerte; el creador es abofeteado por la criatura; el invisible para los Serafines es escupido por el esclavo, prueba el vinagre y la hiel, es atravesado por la lanza, es puesto en el sepulcro;¿ y tú descuidas, dime, y duermes, y desprecias, hombre?¿ No sabes que incluso si derramaras tu propia sangre por él, ni aun así habrías cumplido lo debido? Pues una es la sangre del Señor, y otra la sangre del esclavo. Anticípate con el arrepentimiento y la conversión a la salida del alma, no sea que, habiendo llegado la muerte, toda la medicina del arrepentimiento sea inútil; porque en la tierra el arrepentimiento tiene fuerza, y solo en el Hades esto no existe. Busquemos al Señor, mientras tenemos tiempo; trabajemos el bien, para que nos libremos de la futura gehenna sin fin, y seamos dignos del reino de los cielos, por la gracia y la filantropía de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.