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Bis accusatus sive tribunalia
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Original / primary: Spanish Gemini
1
¡ Que perezcan todos aquellos filósofos que dicen que la felicidad es exclusiva de los dioses! Si supieran, en efecto, cuántas cosas sufrimos por causa de los hombres, no nos considerarían dichosos por el néctar o la ambrosía, creyendo a Homero, hombre ciego y embaucador, que nos llama bienaventurados y narra lo que sucede en el cielo, él que ni siquiera podía ver lo que sucedía en la tierra. Sin ir más lejos, este mismo Helios, tras uncir el carro, recorre el cielo durante todo el día vestido de fuego y resplandeciendo con sus rayos, sin tener tiempo, como dicen, ni siquiera para rascarse la oreja; pues si se descuida aunque sea un poco, los caballos, al desbocarse y desviarse del camino, lo incendiarían todo. La Luna, por su parte, también recorre el cielo sin dormir, alumbrando a los que celebran fiestas y a los que regresan tarde de los banquetes. Apolo, a su vez, al asumir una profesión tan llena de ocupaciones, casi se ha quedado sordo por culpa de quienes lo molestan con las necesidades de la adivinación; y ahora le es necesario estar en Delfos, poco después corre a Colofón, de allí se traslada a Janto y, veloz, de nuevo a Delos o a las Bránquidas; y, en suma, dondequiera que la pitonisa, tras beber del agua sagrada, masticar el laurel y sacudir el trípode, ordene que esté presente, debe comparecer sin demora para encadenar los oráculos, so pena de perder la reputación de su arte. Pues omito decir cuántas cosas traman para poner a prueba su adivinación, cociendo carnes de cordero y tortugas en el mismo recipiente, de modo que, si no fuera por su agudo olfato, el lidio se habría marchado burlándose de él. Asclepio, por su parte, molestado por los enfermos, ve cosas terribles, toca cosas desagradables y cosecha penas propias de las desgracias ajenas.¿ Qué decir de los Vientos, que engendran, escoltan los barcos y soplan sobre los que avientan el grano, o del Sueño, que vuela sobre todos, o del Sueño, que pasa la noche con el Sueño y le sirve de intérprete? Pues todas estas cosas las realizan los dioses por filantropía, contribuyendo cada uno a la vida en la tierra.
2
Zeus: Y, sin embargo, lo de los demás es moderado; pero yo mismo, el rey y padre de todos,¡ cuántas molestias soporto y cuántos asuntos tengo al estar dividido en tantas preocupaciones! A mí, en primer lugar, me es necesario supervisar las obras de los demás dioses, de todos los que colaboran con nosotros en el gobierno, para que no se vuelvan perezosos en ellas; y, después, realizar yo mismo innumerables tareas, casi inalcanzables por su sutileza. Pues no solo he terminado de gestionar y ordenar estos asuntos principales de la administración— lluvias, granizos, vientos y rayos—, liberándome de las preocupaciones particulares, sino que debo hacer esto y, al mismo tiempo, mirar a todas partes y supervisarlo todo, como el boyero en Nemea: a los que roban, a los que perjuran, a los que sacrifican, si alguien ha hecho una libación, de dónde sube el olor de la grasa y el humo, quién, enfermo o navegando, me ha invocado; y lo más trabajoso de todo: estar al mismo tiempo en Olimpia para la hecatombe, en Babilonia para observar a los que guerrean, en el país de los getas para granizar y en el de los etíopes para banquear. Y ni siquiera así es fácil escapar de la queja, sino que a menudo los demás dioses y los hombres domadores de caballos duermen toda la noche, pero a mí, Zeus, no me posee el dulce sueño; pues si dormito aunque sea un poco, Epicuro tiene razón al instante, demostrando que no nos preocupamos por los asuntos de la tierra. Y el peligro no es despreciable si los hombres le creen: nuestros templos estarán sin guirnaldas, las calles sin el olor de la grasa, las cráteras sin libaciones, los altares fríos y, en suma, todo sin sacrificios ni ritos propiciatorios, y el hambre será grande. Por tanto, al igual que los timoneles, estoy solo en lo alto de la popa con el timón en las manos, y los pasajeros, si se da el caso, duermen borrachos, mientras yo, sin dormir y sin comer, cavilo por todos en mi mente y en mi corazón, honrado solo por la apariencia de ser el señor.
3
Zeus: De modo que preguntaría con gusto a los filósofos, que consideran felices solo a los dioses, cuándo creen que tenemos tiempo para el néctar y la ambrosía, teniendo tantos asuntos.¡ Mira cómo, por tantas ocupaciones, guardamos juicios antiguos, ya corrompidos por el moho y las telarañas, y especialmente todos aquellos que se han entablado por las ciencias y las artes contra algunos hombres, algunos de ellos muy antiguos! Ellos, en cambio, gritan desde todas partes, se indignan, invocan a la justicia y me culpan de la lentitud, ignorando que no fue por desprecio que los juicios se retrasaron, sino por la felicidad en la que suponen que vivimos. Pues a esto llaman ocupación.
4
Hermes: Yo también, Zeus, al escuchar muchas cosas así en la tierra de los que se quejan, no me atrevía a decírtelo. Pero ya que tú has sacado el tema, lo diré. Están muy indignados, padre, y se lamentan; y aunque no se atreven a decirlo abiertamente, murmuran agachados, culpando al tiempo; a ellos, que deberían haber estado contentos desde hace mucho tiempo con lo sentenciado, conociendo sus propios asuntos. Zeus:¿ Qué te parece, pues, Hermes?¿ Convocamos para ellos una asamblea de juicios o quieres que lo anunciemos para el año que viene? Hermes: De ninguna manera, sino convoquémosla ya. Zeus: Hazlo así: tú, volando, proclama que habrá una asamblea de juicios bajo estas condiciones: todos los que hayan presentado demandas, que vengan hoy al Areópago, y allí la Justicia sorteará para ellos los tribunales según la cuantía de las reclamaciones de entre todos los atenienses; y si alguien creyera que el juicio ha sido injusto, que se le permita apelar y ser juzgado ante mí desde el principio, como si no se hubiera juzgado en absoluto. Y tú, hija, sentada junto a las diosas venerables, sortea los juicios y supervisa a los jueces.
5
Justicia:¿ De nuevo a la tierra, para que, siendo expulsada por ellos, huya otra vez de la vida al no soportar a la Injusticia que se ríe? Zeus: Debes esperar cosas buenas; pues los filósofos ya los han convencido por completo de que te prefieran a ti sobre la Injusticia, y especialmente el hijo de Sofronisco, que elogió sobremanera lo justo y lo declaró el mayor de los bienes. Justicia:¡ Vaya! Mucho le aprovecharon a aquel mismo de quien hablas los discursos sobre mí, quien, entregado a los Once y arrojado a la cárcel, bebió el veneno, el infeliz, sin haber devuelto siquiera el gallo a Asclepio; tanto superaron los acusadores, filosofando lo contrario sobre la Injusticia.
6
Justicia: Entonces, las cosas de la filosofía eran aún extrañas para la mayoría, y pocos eran los que filosofaban, de modo que, naturalmente, los tribunales se inclinaban hacia Ánito y Meleto. Pero en la actualidad,¿ no ves cuántos mantos, bastones y zurrones hay? Y por todas partes una barba profunda y un libro en la mano izquierda, y todos filosofan sobre ti, y los paseos están llenos de gente que se encuentra en grupos y falanges, y no hay nadie que no quiera parecer un discípulo de la virtud. Muchos, en efecto, abandonando los oficios que tenían hasta entonces, se lanzaron al zurrón y al manto, y tiñendo su cuerpo al sol hasta el color etíope, filósofos improvisados, de zapateros o carpinteros, deambulan elogiándote a ti y a tu virtud. De modo que, según el proverbio, uno fallaría antes al golpear un madero en un barco que, dondequiera que mire el ojo, no encontraría a un filósofo.
7
Justicia: Y, sin embargo, estos me asustan, Zeus, disputando entre ellos y siendo insensatos en lo mismo que exponen sobre mí. Dicen, además, que la mayoría de ellos, en sus discursos, me fingen, pero en la práctica no me admiten en absoluto en su casa, sino que es evidente que me cerrarían la puerta si alguna vez llegara a ella; pues hace tiempo que la Injusticia se ha hospedado con ellos. Zeus: No todos, hija, son malvados; basta con que encuentres a algunos buenos. Pero id ya, para que al menos se juzguen hoy algunos juicios.
8
Hermes: Sigamos, Justicia, por aquí, directamente hacia Sunio, un poco por debajo del Himeto, hacia la izquierda del Parnés, donde están aquellas dos cumbres; pues parece que hace tiempo que olvidaste el camino. Pero,¿ por qué lloras y te lamentas? No temas; las cosas en la vida ya no son iguales; han muerto todos aquellos Escirones, Pitiocamptes, Busiris y Fálaris a los que temías entonces, y ahora la Sabiduría, la Academia y la Estoa lo ocupan todo y te buscan por todas partes y hablan de ti, boquiabiertos por si pudieras volver a caer entre ellos. Justicia: Tú, al menos, Hermes, podrías decirme la verdad, ya que estás con ellos la mayor parte del tiempo y pasas el rato tanto en los gimnasios como en el ágora— pues también eres ágora y proclamas en las asambleas—, cómo han llegado a ser y si es posible mi estancia entre ellos. Hermes: Por Zeus, te estaría haciendo una injusticia siendo tu hermano si no te lo dijera. No poco se han beneficiado la mayoría de ellos gracias a la filosofía; pues, aunque no sea por otra cosa, al menos por respeto a la apariencia, cometen errores más moderados. Sin embargo, también encontrarás a algunos malvados entre ellos— pues hay que decir la verdad, creo—, y a algunos semisabios y semiviles. Pues, dado que la sabiduría los volvió a teñir al tomarlos, los que bebieron hasta la saciedad del tinte se convirtieron en verdaderamente buenos, sin mezcla de otros colores, y estos son los más dispuestos a tu acogida; los que, por la suciedad antigua, no admitieron en profundidad la cantidad de fármaco que tiñe, son mejores que los otros, pero aun así imperfectos, blanquecinos, manchados y de color de leopardo. Hay algunos que, habiendo tocado solo el exterior del caldero con la punta del dedo y habiéndose untado con el hollín, creen que también ellos han sido teñidos de nuevo. Sin embargo, es evidente que tu estancia será con los mejores.
9
Hermes: Pero, entre palabras, ya nos acercamos al Ática; así que dejemos Sunio a la derecha y desviémonos ya hacia la acrópolis. Y puesto que hemos bajado, siéntate tú misma aquí, en el Areópago, mirando hacia la Pnyx y esperando hasta que yo proclame las órdenes de Zeus, y yo, subiendo a la acrópolis, llamaré más fácilmente a todos desde donde puedan oír. Justicia: No te vayas antes, Hermes, sin decirme quién es este que se acerca, el de los cuernos, el de la siringa, el velludo de las piernas. Hermes:¿ Qué dices?¿ No conoces a Pan, el más báquico de los servidores de Dioniso? Este vivía antes por el Partenio, pero durante la expedición de Datis y el desembarco de los bárbaros en Maratón, vino sin ser llamado como aliado de los atenienses, y desde entonces, ocupando esta cueva bajo la acrópolis, vive un poco por encima del Pelásgico, contribuyendo al metoikion. Y ahora, como es natural, al vernos, se acerca desde el vecindario para saludarnos.
10
Pan: Saludos, Hermes y Justicia. Hermes: Y tú también, Pan, el más musical y saltarín de todos los sátiros, y en Atenas también el más guerrero. Pan:¿ Qué necesidad os ha traído aquí, Hermes? Hermes: Ella te contará todo; yo me voy a la acrópolis y al pregón. Justicia: Zeus, Pan, me ha enviado para sortear los juicios.¿ Y a ti cómo te va en Atenas? Pan: En general, no me va como merezco entre ellos, sino mucho menos de lo que esperaba, y eso que rechacé un gran tumulto, el de los bárbaros. Sin embargo, dos o tres veces al año suben, eligen un macho cabrío entero y me lo sacrifican, que apesta mucho a cinabrio, y luego banquetean con la carne, haciéndome testigo de su alegría y honrándome con un simple aplauso. Pero, sin embargo, su risa y sus juegos me proporcionan cierto entretenimiento.
11
Justicia: Y lo demás, Pan,¿ se han vuelto mejores en cuanto a la virtud gracias a los filósofos? Pan:¿ A quiénes llamas filósofos?¿ A aquellos sombríos, a los que van en grupo, a los que tienen la barba parecida a la mía, a los charlatanes? Justicia: Precisamente. Pan: No sé en absoluto qué dicen ni entiendo su sabiduría; pues yo soy montañés y no he aprendido esas palabras elegantes y urbanas, Justicia.¿ De dónde iba a haber un sofista o un filósofo en Arcadia? Soy sabio hasta la flauta oblicua y la siringa; lo demás, cabrero, bailarín y guerrero, si hace falta. Pero, sin embargo, los oigo siempre gritando y hablando de una tal virtud, de ideas, de naturaleza y de incorpóreos, nombres desconocidos y extraños para mí. Y al principio comienzan pacíficamente sus discursos entre ellos, pero al avanzar la reunión, tensan la voz hasta el tono agudo, de modo que, al esforzarse demasiado y querer hablar al mismo tiempo, el rostro se les enrojece, el cuello se les hincha y las venas les sobresalen como a los flautistas cuando se esfuerzan por soplar en la flauta estrecha. Al desordenar los discursos y confundir lo que se examinaba desde el principio, la mayoría se marcha insultándose, limpiándose el sudor de la frente con el dedo curvo, y parece que ha ganado aquel que es más vociferante y descarado y que se marcha el último cuando se disuelven. Pero, sin embargo, la gran masa los admira, especialmente a aquellos a quienes no ocupa nada de lo más necesario, y permanecen allí hechizados por su descaro y sus gritos. A mí, pues, me parecían unos fanfarrones y me molestaba la semejanza de la barba. Pero si había algo útil para el pueblo en sus gritos y si nacía algún bien de aquellas palabras, no sabría decirlo. Pero, sin embargo, si hay que contar la verdad sin ocultar nada— pues vivo en un puesto de observación, como ves—, a muchos de ellos los he visto a menudo al atardecer...
12
Justicia: Detente, Pan.¿ No te pareció que Hermes te proclamaba? Pan: Ciertamente. Hermes:¡ Escuchad, ciudadanos! Con buena fortuna, estableceremos hoy, día siete del mes de Elafebolión, una asamblea de juicios. Todos los que hayan presentado demandas, que vengan al Areópago, donde la Justicia sorteará los tribunales y ella misma estará presente para los jueces; los jueces serán de entre todos los atenienses; el salario es de tres óbolos por cada juicio; el número de jueces será proporcional a la gravedad de la acusación. Y a todos los que murieron tras presentar una demanda antes de que entrara en juicio, que Éaco los envíe también. Y si alguien creyera que se ha juzgado injustamente, litigará el juicio en apelación; y la apelación será ante Zeus. Pan:¡ Vaya alboroto! Qué fuerte han gritado, Justicia, y con qué prisa corren arrastrándose unos a otros hacia la cuesta, directamente hacia el Areópago. Y Hermes ya está allí. Así que vosotros ocupaos de los juicios, sortead y juzgad como es vuestra ley, y yo, volviendo a la cueva, tocaré con la siringa alguna melodía de las eróticas con la que suelo burlarme de Eco; pues ya tengo suficiente de audiencias y discursos judiciales escuchando todos los días a los que son juzgados en el Areópago.
13
Hermes: Vamos, Justicia, llamémoslos. Justicia: Dices bien. En masa, como ves, se acercan alborotando, como las avispas zumbando alrededor de la acrópolis. Ateniense: Te he atrapado, maldito. Otro:¡ Eres un sicofante! Otro:¡ Pagarás por fin la pena! Otro: Demostraré que has hecho cosas terribles. Otro:¡ Sortea primero para mí! Otro: Sígueme, impuro, al tribunal. Otro:¡ No me ahorques! Justicia:¿ Sabes lo que haremos, Hermes? Dejemos los otros juicios para mañana, y hoy sorteemos aquellos que han sido presentados por artes, vidas o ciencias contra hombres. Y dame las demandas. Hermes: Embriaguez contra la Academia por el secuestro de Polemón. Justicia: Sortea siete. Hermes: La Estoa contra el Placer por injusticia, porque engañó a su amante Dionisio. Justicia: Cinco son suficientes. Hermes: Sobre Aristipo, Lujo contra Virtud. Justicia: Que juzguen cinco también a estos. Hermes: Cambio de moneda por deserción contra Diógenes. Justicia: Sortea solo tres. Hermes: Pintura contra Pirrón por deserción. Justicia: Que juzguen nueve.
14
Hermes:¿ Quieres que sorteemos también estas dos, las presentadas hace poco contra el orador? Justicia: Terminemos primero con las antiguas; estas se juzgarán más tarde. Hermes: Y, sin embargo, son parecidas, y la acusación, aunque reciente, es similar a las ya sorteadas; de modo que es digno que se juzguen en estas. Justicia: Pareces, Hermes, complacer la petición. Sorteemos, sin embargo, si te parece, pero solo estas; pues las ya sorteadas son suficientes. Dame las demandas. Hermes: Retórica por maltrato contra el Sirio; Diálogo contra el mismo por ultraje. Justicia:¿ Quién es este? Pues no está escrito el nombre. Hermes: Sortea así, contra el orador sirio; pues nada impedirá juzgarlo incluso sin el nombre. Justicia: Mira,¿ sortearemos también en Atenas, en el Areópago, las demandas del extranjero, que hubiera sido mejor juzgar más allá del Éufrates? Pero sortea once, los mismos, para cada uno de los juicios. Hermes: Bien hecho, Justicia, cuida de no gastar mucho el presupuesto judicial.
15
Justicia: Que se sienten los primeros para el juicio contra la Academia y la Embriaguez; y tú vierte el agua. Habla tú primero, Embriaguez.¿ Por qué callas y haces señas? Entérate, Hermes, acercándote. Hermes: No puedo, dice, decir el alegato, con la lengua trabada por el vino puro, no sea que me gane la burla en el tribunal. Y apenas se mantiene en pie, como ves. Justicia: Entonces, que haga subir a un abogado de estos comunes; pues muchos son los que están dispuestos a reventar incluso por tres óbolos. Hermes: Pero ni uno solo querrá defender abiertamente a la Embriaguez. Sin embargo, parece pedir cosas razonables. Justicia:¿ Cuáles? Hermes: La Academia siempre está preparada para ambos discursos y practica esto, poder decir bien lo contrario. Esta, pues, dice, que hable primero por mí, y luego hablará por sí misma. Justicia: Son cosas nuevas, pero habla, Academia, el discurso de cada una, ya que te es fácil.
16
Academia: Escuchad, jueces, primero los argumentos a favor de la Embriaguez; pues lo que fluye ahora es de ella. La infeliz ha sido gravemente perjudicada por la Academia, por mí, al ser privada de un esclavo que era el único que le era afectuoso y fiel, sin pensar que nada de lo que ella ordenara fuera vergonzoso, al quitarle a aquel Polemón, que durante el día celebraba fiestas por medio del ágora, con una tañedora de lira y cantando desde la mañana hasta la tarde, siempre borracho y con resaca, y con la cabeza adornada con guirnaldas. Y que esto es verdad, son testigos todos los atenienses, que nunca vieron a Polemón sobrio. Pero cuando el desdichado llegó de fiesta a las puertas de la Academia, como solía hacer con todos, al secuestrarlo y arrebatárselo de las manos a la Embriaguez por la fuerza y llevarlo consigo, lo obligó a beber agua, le enseñó a estar sobrio, le arrancó las guirnaldas y, debiendo beber tumbado, le enseñó palabras retorcidas, miserables y llenas de mucha preocupación; de modo que, en lugar del rubor que antes florecía en él, el infeliz se ha vuelto pálido y encogido de cuerpo, y habiendo olvidado todas las canciones, a veces sin comer y sediento, se sienta hasta media tarde desvariando cosas que la Academia, yo, enseño a desvariar. Y lo más importante,¡ que incluso insulta a la Embriaguez, incitado por mí, y cuenta innumerables males sobre ella! Se han dicho casi los argumentos a favor de la Embriaguez. Ahora hablaré también a favor de mí misma, y que a partir de aquí fluya para mí. Justicia:¿ Qué dirá entonces a esto? Pero vierte la misma cantidad por turno.
17
Academia: De esta manera, jueces, la abogada ha dicho cosas muy razonables a favor de la Embriaguez, pero si me escucháis también a mí con benevolencia, sabréis que no la he perjudicado en nada. Pues a este Polemón, a quien dice que es su siervo, siendo por naturaleza no despreciable ni según la Embriaguez, sino afín a mí por naturaleza, al habérselo arrebatado siendo aún joven y tierno, con la ayuda del Placer, que es quien le sirve en la mayoría de las cosas, corrompió al desdichado entregándolo a las fiestas y a las cortesanas, de modo que no le quedaba ni un poco de pudor. Y lo que ella pensaba que se decía a favor de sí misma hace un momento, considerad que se ha dicho más bien a favor de mí; pues el desdichado andaba desde la mañana coronado, con resaca, a través del ágora, acompañado por la flauta, nunca sobrio, celebrando fiestas ante todos, ultraje de sus antepasados y de toda la ciudad y burla para los extranjeros. Sin embargo, cuando llegó a mí, yo estaba, como suelo hacer, con las puertas abiertas a los presentes, exponiendo algunos discursos sobre la virtud y la templanza; él, al detenerse con la flauta y las guirnaldas, al principio gritaba e intentaba confundir nuestra reunión, perturbándola con sus gritos; pero como nosotros no le prestamos atención, poco a poco— pues no estaba completamente empapado por la Embriaguez— se fue serenando ante los discursos, se quitó las guirnaldas, hizo callar a la flautista y se avergonzó de su túnica de púrpura, y como si despertara de un sueño profundo, se vio a sí mismo cómo estaba y condenó su vida pasada. Y el rubor que provenía de la Embriaguez se marchitó y desapareció, y se sonrojó por pudor de lo que hacía; y finalmente, huyendo tal como estaba, se pasó a mi bando, sin que yo lo llamara ni lo obligara, como ella dice, sino que él mismo, por su propia voluntad, supuso que esto era mejor. Y llámalo ya, para que comprendáis cómo está respecto a mí. A este, jueces, al tomarlo cuando estaba en un estado ridículo, sin poder ni emitir voz ni mantenerse en pie por el vino puro, lo transformé, lo hice sobrio y, en lugar de un esclavo, lo mostré como un hombre ordenado, templado y de gran valor para los griegos; y él mismo me está agradecido por esto, y sus allegados por él. He hablado; vosotros, pues, considerad ya con cuál de nosotras era mejor que estuviera.
18
Justicia: Vamos, no os demoréis, votad, levantaos; hay que juzgar a otros. Hermes: La Academia gana en todos los puntos menos en uno. Justicia: Nada extraño, que haya alguien que también se posicione a favor de la Embriaguez.
19
Justicia: Sentaos los que habéis sido sorteados para juzgar a la Estoa contra el Placer sobre el amante; el agua ha sido vertida. Tú, la de los muchos colores, habla ya.
20
Estoa: No ignoro, jueces, que mi discurso será frente a una adversaria de buen aspecto, pero también veo que la mayoría de vosotros la mira a ella y le sonríe, mientras me despreciáis a mí porque llevo el pelo corto, tengo mirada varonil y parezco sombría. Sin embargo, si queréis escucharme, me atrevo a decir cosas mucho más justas que ella. Pues esta es la acusación actual: que ella, vestida de forma tan cortesana con el atractivo de su aspecto, engañó a mi amante, un hombre entonces templado, Dionisio, y lo arrastró hacia sí; y el juicio que los que os precedieron juzgaron contra la Academia y la Embriaguez es hermano del presente juicio; pues se examina en el presente si hay que vivir como cerdos, mirando hacia abajo y disfrutando sin pensar en nada grande, o si, considerando el placer en segundo lugar respecto a lo que es correcto, hay que filosofar libremente de forma libre, sin temer lo doloroso como algo invencible ni elegir lo agradable de forma servil, buscando la felicidad en la miel y los higos secos. Pues ella, ofreciendo tales cebos a los insensatos y asustándolos con el esfuerzo, atrae a la mayoría de ellos, entre los cuales ha hecho que aquel desdichado se desbocara, aprovechando que estaba enfermo; pues si hubiera estado sano, nunca habría aceptado los discursos de ella. Y, sin embargo,¿ por qué habría de indignarme contra ella, cuando ni siquiera perdona a los dioses, sino que calumnia su cuidado? De modo que, si fuerais sensatos, podríais incluso presentar una demanda por impiedad contra ella. Y yo oigo que ni siquiera ella está preparada para exponer los discursos, sino que hará subir a Epicuro para que la defienda; así se burla del tribunal. Pero, sin embargo, preguntadle a ella qué clase de hombres cree que habrían sido Heracles y vuestro Teseo si, convencidos por el placer, hubieran huido de los esfuerzos; pues nada habría impedido que la tierra estuviera llena de injusticia si ellos no se hubieran esforzado. He dicho esto sin disfrutar mucho de los discursos largos. Pero si quisiera responderme poco a poco a mis preguntas, se conocería rápidamente que no es nada. Pero vosotros, recordando el juramento, votad ya lo que es conforme al juramento, sin creer a Epicuro cuando dice que los dioses no supervisan nada de lo que sucede entre nosotros. Justicia: Apártate. Epicuro, habla a favor del Placer.
21
Epicuro: No hablaré mucho ante vosotros, jueces; pues tampoco necesito muchos discursos. Pero si el Placer hubiera obligado a Dionisio, a quien la Estoa llama su amante, a abstenerse de ella y a mirar hacia ella mediante algún encantamiento o fármaco, parecería con razón una hechicera y habría sido condenada por injusticia al practicar artes mágicas contra los amantes ajenos. Pero si un hombre libre, en una ciudad libre, sin que las leyes lo prohíban, al sentir asco por la desagradabilidad de ella y al considerar una tontería que la felicidad provenga de los esfuerzos, evitó aquellos discursos retorcidos y parecidos a laberintos, y huyó alegremente hacia el Placer como si hubiera roto unas cadenas, las tramas de los discursos, pensando de forma humana y no estúpida, y considerando el esfuerzo como lo que es, un mal, y el placer como algo agradable,¿ había que excluirlo, empujándolo de cabeza hacia el esfuerzo como si estuviera nadando hacia un puerto tras un naufragio y deseando la calma, y entregar al desdichado a las dificultades, y eso cuando, como un suplicante, se refugiaba en el altar de la Misericordia, en el Placer, para ver, supongo, la tan celebrada virtud tras subir con mucho sudor hacia lo alto y luego, tras esforzarse durante toda la vida, ser feliz después de la vida? Y, sin embargo,¿ qué juez parecería más justo que aquel mismo que, conociendo las cosas de la Estoa, si es que alguien más las conoce, y considerando hasta entonces que solo lo bello era un bien, al aprender de nuevo que el esfuerzo era un mal, eligió lo mejor tras probar ambos? Pues veía, creo, a estos hablando mucho sobre resistir y soportar los esfuerzos, pero en privado cuidando el Placer, y siendo valientes hasta el discurso, pero en casa viviendo según las leyes del Placer, avergonzándose si parecían aflojar la tensión y traicionar el dogma, pero sufriendo miserablemente lo de Tántalo, y dondequiera que esperaran pasar desapercibidos y transgredir sin peligro, llenándose a manos llenas de lo agradable. Si alguien les hubiera dado el anillo de Giges, para no ser vistos al ponérselo, o el casco de Hades, sé bien que, diciendo adiós a los esfuerzos, se habrían lanzado hacia el Placer y todos habrían imitado a Dionisio, quien hasta la enfermedad esperaba que los discursos sobre la resistencia le sirvieran de algo; pero cuando sintió dolor y enfermó y el esfuerzo lo alcanzó de forma más verdadera, al ver que su propio cuerpo filosofaba contra la Estoa y dictaminaba lo contrario, creyó más en él que en ellos y supo que era un hombre y que tenía un cuerpo de hombre, y continuó sin usarlo como si fuera una estatua, sabiendo que quien dice lo contrario y acusa al Placer, disfruta con los discursos, pero tiene la mente puesta allí. He hablado; vosotros votad sobre esto.
22
Estoa: De ninguna manera, sino permitidme hacerle unas pocas preguntas. Epicuro: Pregunta; pues responderé. Estoa:¿ Consideras el esfuerzo como un mal? Epicuro: Sí. Estoa:¿ Y el placer como un bien? Epicuro: Ciertamente. Estoa:¿ Qué más?¿ Sabes qué es lo diferente, lo indiferente, lo preferido y lo no preferido? Epicuro: Muchísimo. Hermes: Dicen, Estoa, que los jueces no entienden estas preguntas de dos sílabas; así que guardad silencio. Pues están votando. Estoa: Y, sin embargo, habría ganado si hubiera preguntado en la tercera figura de los indemostrables. Justicia:¿ Quién ha ganado? Hermes: El Placer en todos los puntos. Estoa: Apelo ante Zeus. Justicia: Con buena fortuna. Y tú, llama a otros.
23
Hermes: Sobre Aristipo, la Virtud y el Lujo; que se presente también el propio Aristipo. Virtud: Me corresponde a mí, la Virtud, hablar primero; pues Aristipo es mío, como demuestran sus palabras y sus actos. Lujo: De ninguna manera, sino a mí, el Lujo; pues el hombre es mío, como se puede ver por sus coronas, su púrpura y sus perfumes. Justicia: No disputéis; pues este juicio también quedará pospuesto hasta que Zeus dicte sentencia sobre Dionisio; pues esto parece ser algo parecido. Así que, si el Placer vence, el Lujo tendrá a Aristipo; pero si, por el contrario, gana la Estoa, este será adjudicado a la Virtud. Por tanto, que se presenten otros. Eso sí, que no cobren estos el estipendio judicial; pues el juicio ha quedado sin resolver para ellos. Hermes:¿ Entonces han subido en vano estos ancianos desde tan lejos? Justicia: Basta con que reciban un tercio. Marchaos, no os indignéis, ya juzgaréis en otra ocasión.
24
Hermes: Es hora de que se presente Diógenes de Sinope, y tú, la Cambista, habla. Diógenes: Pues bien, si no deja de molestarme, oh Justicia, ya no será juzgada por huida, sino por muchas y profundas heridas; pues yo, en un momento, la golpearé con mi bastón... Justicia:¿ Qué es esto? La Cambista ha huido y él la persigue con el bastón en alto. Parece que la infeliz va a recibir un castigo nada moderado. Llama a Pirrón.
25
Hermes: Pero la Pintura está presente, oh Justicia, mientras que Pirrón ni siquiera ha subido, y parece que no lo hará. Justicia:¿ Por qué, Hermes? Hermes: Porque no considera que exista ningún criterio de verdad. Justicia: Entonces, que lo condenen en rebeldía. Llama ya al logógrafo sirio. Aunque las acusaciones contra él se presentaron hace poco, nada urgía a que fuera juzgado ya. Pero, puesto que así se ha decidido, presenta el juicio antes que el de la Retórica.¡ Vaya, cuántos se han reunido para la audiencia! Hermes: Es natural, oh Justicia; pues el hecho de que el juicio no sea algo rancio, sino nuevo y extraño, anunciado ayer, como decías, y la esperanza de escuchar a la Retórica y al Diálogo acusando por turnos, y al sirio defendiéndose de ambos, esto es lo que ha atraído a muchos al tribunal. Pero empieza ya, oh Retórica, tu discurso.
26
En primer lugar, oh hombres atenienses, ruego a todos los dioses y diosas que, cuanta benevolencia he mantenido siempre hacia la ciudad y hacia todos vosotros, tanta sea la que reciba de vuestra parte en este litigio; en segundo lugar, lo que es más justo, que los dioses os inspiren a ordenar al adversario que guarde silencio y a permitirme realizar la acusación tal como he decidido y deseado. No me vienen a la mente los mismos pensamientos cuando miro lo que he sufrido y cuando escucho los discursos; pues él os dirá discursos muy parecidos a los míos, pero veréis que los hechos han llegado a tal punto que es necesario considerar cómo no sufrir algún daño mayor por su parte. Pero, para no alargar el preámbulo mientras el agua fluye inútilmente desde hace tiempo, comenzaré la acusación.
27
Retórica: Pues yo, oh jueces, encontré a este hombre cuando era apenas un muchacho, con la voz aún bárbara y vistiendo casi al modo asirio, vagando todavía por Jonia y sin saber qué hacer consigo mismo, y lo tomé y lo eduqué. Y puesto que me pareció que tenía facilidad para aprender y que me miraba fijamente— pues entonces me temía, me servía y solo me admiraba a mí—, abandonando a todos los demás que me pretendían, ricos, hermosos y brillantes por su linaje, me entregué a este ingrato, pobre, desconocido y joven, aportando una dote nada pequeña: muchos y maravillosos discursos. Luego, llevándolo ante mis conciudadanos, lo inscribí y lo hice ciudadano, de modo que quienes perdieron la apuesta se ahogaban de rabia. Y cuando decidió viajar para mostrar la buena fortuna de nuestro matrimonio, ni siquiera entonces lo abandoné, sino que, siguiéndolo a todas partes, lo acompañé arriba y abajo; y lo hice célebre y famoso, adornándolo y cuidándolo. Y lo de Grecia y Jonia fue moderado, pero cuando quiso viajar a Italia, crucé con él el Jónico y, finalmente, hasta la Céltica lo acompañé y le hice prosperar. Y durante mucho tiempo me obedeció en todo y estuvo siempre conmigo, sin pasar ni una sola noche fuera de mi lado.
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Pero cuando se hubo saciado lo suficiente y supuso que sus asuntos de reputación iban bien, levantando las cejas y creyéndose mucho, me descuidó, o más bien me abandonó por completo, y él mismo, enamorado apasionadamente de aquel barbudo, el del porte, el Diálogo, al que llaman hijo de la Filosofía, aunque es mayor que él, vive con este. Y no se avergüenza de haber cortado la libertad y la soltura de los discursos que estaban en mí, encerrándose en preguntas pequeñas y fragmentarias, y en lugar de decir lo que quiere con voz potente, entrelazando y deletreando unos breves discursos, ante los cuales no le llegaría un aplauso unánime o un gran estruendo, sino una sonrisa de los oyentes y el agitar la mano dentro de los límites, y un pequeño asentimiento con la cabeza y un suspiro ante lo que se dice. De tales cosas se enamoró el noble, despreciándome a mí. Y dicen que ni siquiera con este amante suyo vive en paz, sino que también a él lo insulta de forma similar.
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Retórica:¿ Cómo, pues, no es este un ingrato y culpable ante las leyes sobre el maltrato, él que abandonó tan indignamente a su esposa legítima por ley, de quien tanto recibió y gracias a quien es tan célebre, y codició cosas nuevas, y esto ahora, cuando todos me admiran solo a mí y me inscriben como su protectora? Pero yo resisto a tantos pretendientes, y aunque golpean mi puerta y gritan mi nombre a grandes voces, no quiero ni abrir ni responder; pues veo que no aportan nada más que ruido. Pero él ni siquiera así se vuelve hacia mí, sino que mira a su amante,¿ qué, oh dioses, espera recibir de bueno de él, a quien sabe que no tiene nada más que su manto? He hablado, oh jueces, y vosotros, si él desea defenderse al estilo de mis discursos, no se lo permitáis— pues es injusto afilar mi propia espada contra mí—, sino que se defienda según su amante, el Diálogo, si puede. Hermes: Eso es inverosímil; pues no es posible, oh Retórica, que él se defienda solo al estilo del Diálogo, sino que él también debe decir un discurso.
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Puesto que también por esto, oh jueces, la adversaria se ha indignado, si voy a usar un discurso largo, y eso habiendo recibido de ella la capacidad de hablar, no diré muchas cosas ante vosotros, sino que, resolviendo los puntos principales de lo que se me ha acusado, os dejaré reflexionar sobre todo. Pues todo lo que narró sobre mí, lo narró siendo verdad; pues me educó, me acompañó en mis viajes y me inscribió entre los griegos, y al menos por esto debería estar agradecido al matrimonio. Pero escuchad, oh jueces, las razones por las que, abandonándola, me volqué hacia este Diálogo, y no supongáis que miento por ninguna utilidad.
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Pues yo, al ver que ella ya no era sensata ni se mantenía en el porte decoroso con el que aquel peaniense la llevó una vez, sino que se adornaba y se arreglaba el cabello al estilo de las cortesanas, se frotaba el rostro con afeites y se pintaba los ojos, sospeché de inmediato y vigilaba hacia dónde dirigía la mirada. Y dejo de lado otras cosas; pero cada noche nuestro callejón se llenaba de amantes borrachos que venían a ella y golpeaban la puerta, y algunos incluso se atrevían a entrar por la fuerza sin ningún decoro. Ella se reía y se complacía con lo que sucedía, y la mayoría de las veces se asomaba desde el techo escuchando con voz áspera algunas canciones eróticas de los que cantaban, o abriendo un poco las ventanas, creyendo que no me daba cuenta, se entregaba al libertinaje y me era infiel con ellos. Lo cual, al no poder soportarlo, no consideré oportuno acusarla de adulterio, sino que, acercándome al Diálogo, que vivía en la casa de al lado, le pedí que me acogiera.
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Sirio: Estas son las grandes ofensas que he cometido contra la Retórica. Aunque, incluso si ella no hubiera hecho nada de eso, me habría venido bien, a un hombre que ya tiene casi cuarenta años, haberme librado de aquellos tumultos y juicios, y dejar tranquilos a los jueces, habiendo escapado de las acusaciones contra tiranos y los elogios a héroes, y habiendo ido a la Academia o al Liceo, pasear con este excelente Diálogo conversando tranquilamente, sin necesidad de elogios ni aplausos. Teniendo mucho que decir, terminaré ya. Vosotros, emitid un voto conforme a vuestro juramento. Justicia:¿ Quién gana? Hermes: El Sirio por todos menos uno. Justicia: Parece que quien ha votado en contra es algún retórico.
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Justicia: Diálogo, habla sobre lo mismo. Vosotros, esperad, pues recibiréis el doble de salario por ambos juicios. Diálogo: Yo, oh jueces, no habría querido extender discursos largos ante vosotros, sino poco a poco, como acostumbro. Sin embargo, como es ley en los tribunales, haré la acusación siendo un profano absoluto y sin arte en tales cosas; y que este sea mi preámbulo ante vosotros. Lo que he sufrido y cómo he sido ultrajado por este, es que, siendo yo antes solemne y ocupándome de los dioses, de la naturaleza y del ciclo del universo, elevándome alto sobre las nubes, donde el gran Zeus en el cielo es llevado conduciendo su carro alado, él, habiéndome arrastrado cuando ya volaba por la bóveda y subía por encima de las espaldas del cielo, y habiéndome roto las alas, me hizo de vida igual a la de la mayoría, y me quitó aquella máscara trágica y sensata, y me puso otra cómica y satírica, y poco le faltó para hacerme ridículo. Luego, trayéndome al mismo lugar, me encerró con la burla, el yambo, el cinismo, Eupolis y Aristófanes, hombres terribles para escarnecer lo solemne y ridiculizar lo que está bien. Finalmente, desenterró a un tal Menipo, uno de los antiguos cínicos, muy ladrador según parece y mordaz, y lo introdujo contra mí, un perro verdaderamente temible y de mordedura oculta, en la medida en que mordía mientras se reía.¿ Cómo, pues, no he sido terriblemente ultrajado al no estar ya en mi lugar, al no permanecer en mi porte, sino actuando como comediante y bufón y representando tramas extrañas para él? Pues lo más extraño de todo es que he sido mezclado en una mezcla paradójica y no soy ni prosaico ni he caminado sobre metros, sino que, a la manera de un hipocentauro, parezco a los oyentes un espectro compuesto y extraño.
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Hermes:¿ Qué dirás, pues, a esto, Sirio? Sirio: Un juicio inesperado, oh jueces, estoy librando ante vosotros; pues habría esperado cualquier cosa antes que el Diálogo dijera tales cosas sobre mí, a quien yo tomé cuando todavía parecía sombrío para la mayoría y consumido por las continuas preguntas, y por ello parecía respetable, pero no del todo agradable ni grato a las multitudes, primero lo acostumbré a caminar sobre la tierra a este modo humano, y después de lavar su mucha sequedad y obligarlo a sonreír, lo hice más agradable a quienes lo ven, y sobre todo le uní la comedia, y por ello le procuré mucha benevolencia por parte de los oyentes, quienes antes, temiendo las espinas que había en él, se guardaban de tomarlo en sus manos como a un erizo. Pero yo sé lo que más le duele, que no me siento con él a discutir minuciosamente sobre si el alma es inmortal, y cuántas cotilas vertió el dios en la crátera en la que se mezclaba todo cuando creó el mundo, de la sustancia inmezclable y que permanece igual, y si la Retórica es una imagen de una parte de la política, la cuarta parte de la adulación. Pues se deleita no sé cómo discutiendo minuciosamente tales cosas, como los que se rascan con placer la sarna, y el pensamiento le parece agradable y se cree grande si se dice que no es de cualquiera comprender lo que él ve con agudeza sobre las ideas. Esto es, evidentemente, lo que me reclama y busca aquellas alas y mira hacia arriba, sin ver lo que tiene ante los pies. Pues, por lo demás, no creo que me reprocharía que, habiéndole quitado este manto griego, le puse uno bárbaro, y eso pareciendo yo mismo ser bárbaro; pues habría cometido una injusticia al violar tales cosas contra él y al robarle su vestimenta patria. Me he defendido como me ha sido posible; vosotros, emitid un voto igual al de antes.
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¡ Vaya, ganas por diez votos enteros! Pues aquel mismo de antes ni siquiera ahora vota igual. Sin duda, esta es su costumbre, y para todos este trae el voto perforado; y que no deje de envidiar a los mejores. Pero vosotros, marchaos con buena suerte, y mañana juzgaremos los restantes.

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