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Original / primary: Spanish Gemini
1
Vale la pena observar lo que la mayoría hace y dice durante los duelos, así como lo que dicen a su vez aquellos que supuestamente los consuelan, y cómo los que lloran consideran insoportable lo que les sucede tanto a ellos mismos como a aquellos por quienes lloran, sin saber absolutamente nada—¡ por Plutón y Perséfone!— ni si estas cosas son malas y dignas de dolor, ni si, por el contrario, son agradables y mejores para quienes las han sufrido, dejando el dolor al arbitrio de la costumbre y la convención. Por tanto, cuando alguien muere, actúan de esta manera— o mejor dicho, prefiero decir primero qué opiniones tienen sobre la muerte misma; pues así quedará claro por qué motivo practican esas cosas superfluas.
2
La gran masa, a quienes los sabios llaman vulgo, creyendo en Homero, Hesíodo y los demás mitógrafos sobre estos asuntos y tomando su poesía como ley, han supuesto que existe un lugar profundo bajo la tierra, el Hades, y que este es grande, espacioso, sombrío y sin sol, aunque no sé cómo les parece que está iluminado de tal modo que permite ver cada una de las cosas que hay en él; y que este abismo está gobernado por el hermano de Zeus, llamado Plutón, quien, según me contaba alguien versado en tales horrores, fue honrado con ese nombre por su riqueza en muertos. Y que este Plutón ha organizado su gobierno y la vida de abajo de tal manera: que le ha tocado en suerte reinar sobre los difuntos y, tras recibirlos y acogerlos, los retiene con cadenas ineludibles, sin permitir en absoluto a nadie el camino de regreso hacia arriba, salvo a muy pocos en todo el transcurso del tiempo y por causas de suma importancia.
3
Su territorio está rodeado por ríos grandes y temibles, ya solo por sus nombres; pues se llaman Cocito, Piriflegetonte y otros similares. Pero lo más importante es que la laguna Aquerusia se encuentra al frente, recibiendo primero a los que llegan, la cual no es posible cruzar ni pasar sin el barquero; pues es demasiado profunda para atravesarla a pie y demasiado extensa para nadar, y, en suma, ni siquiera las aves muertas podrían cruzarla volando.
4
Junto a la entrada misma, que es una puerta de diamante, está de pie Éaco, sobrino del rey, encargado de la vigilancia, y junto a él un perro de tres cabezas, muy feroz, que mira a los que llegan con un aspecto amistoso y pacífico, pero que ladra y asusta con sus fauces a los que intentan escapar.
5
Una vez cruzada la laguna, los recibe en el interior un gran prado cubierto de asfódelos y una bebida enemiga de la memoria; por eso, en efecto, ha sido llamado Lete. Pues, sin duda, esto es lo que contaron a los antiguos quienes llegaron de allí: Alcestis y Protesilao los tesalios, Teseo el hijo de Egeo y el Odiseo de Homero, testigos muy solemnes y dignos de crédito, a mi parecer, por no haber bebido de la fuente; pues de lo contrario no se acordarían de ellos.
6
Plutón, pues, como ellos decían, y Perséfone ejercen el poder y tienen el dominio de todas las cosas, y les sirven y colaboran en el gobierno una gran multitud: las Erinias, las Penas, los Miedos y Hermes, aunque este último no está siempre presente.
7
Como lugartenientes, sátrapas y jueces están sentados dos, Minos y Radamantis los cretenses, que son hijos de Zeus. Estos, cuando se reúnen muchos, envían a los hombres buenos, justos y que han vivido conforme a la virtud, como a una especie de colonia, al campo Elíseo para que vivan la mejor de las vidas.
8
Pero si atrapan a algunos de los malvados, entregándolos a las Erinias, los envían al lugar de los impíos para que sean castigados en proporción a su injusticia.¡ Qué males no sufren allí, siendo torturados, quemados, devorados por buitres, girando en una rueda y haciendo rodar piedras! Pues Tántalo, junto a la laguna misma, permanece seco, en peligro de morir de sed, el desdichado.
9
Los de vida intermedia, que son muchos, vagan por el prado convertidos en sombras sin cuerpo y desvaneciéndose al tacto como el humo. Se alimentan, al parecer, de las libaciones que hacemos aquí y de lo que se consagra sobre las tumbas; de modo que, si alguien no tiene un amigo o pariente dejado sobre la tierra, este muerto vive allí sin comer y pasando hambre.
10
Estas ideas han calado tan profundamente en la mayoría que, cuando muere alguno de sus allegados, primero traen un óbolo y se lo colocan en la boca, para que sirva de pago al barquero por la travesía, sin examinar antes qué moneda es la que se considera válida y circula entre los de abajo, ni si allí puede servir un óbolo ático, macedonio o egineta, ni que hubiera sido mucho mejor no tener que pagar el pasaje; pues así, al no aceptarlo el barquero, regresarían de nuevo a la vida sin ser enviados.
11
Después de esto, los lavan— como si la laguna de abajo no fuera suficiente baño para los que están allí—, ungen el cuerpo con el mejor perfume para combatir la fetidez que ya empieza a aparecer, los coronan con flores de temporada y los exponen vestidos con esplendor, para que, evidentemente, no pasen frío en el camino ni sean vistos desnudos por Cerbero.
12
A esto siguen lamentos, el llanto de las mujeres, lágrimas de todos, pechos golpeados, cabellos arrancados y mejillas ensangrentadas; y a veces hasta se rasgan las vestiduras y se esparce ceniza sobre la cabeza, y los vivos resultan más lastimeros que el muerto; pues aquellos a menudo se revuelcan por el suelo y se golpean la cabeza contra la tierra, mientras que él, elegante, hermoso y coronado en exceso, yace alto y elevado, adornado como para una procesión.
13
Luego, la madre o, por Zeus, el padre, saliendo de entre los parientes y echándose sobre él— supongamos que está expuesto un joven hermoso, para que el drama sea más intenso—, profiere voces extrañas y vanas, a las que el propio muerto respondería si tuviera voz; pues el padre dirá, emitiendo un sonido lastimero y alargando cada uno de los nombres:« Hijo queridísimo, te has ido y has muerto, y fuiste arrebatado antes de tiempo, dejándome solo a mí, el desdichado, sin casarte, sin tener hijos, sin haber hecho campaña, sin haber cultivado la tierra, sin haber llegado a la vejez; no volverás a ir de fiesta ni te enamorarás, hijo, ni te emborracharás en los banquetes con tus compañeros».
14
Dirá esto y cosas similares, pensando que el hijo todavía necesita estas cosas y las desea incluso después de la muerte, pero que no puede participar de ellas. Y, sin embargo,¿ qué digo con esto? Pues,¿ cuántos han degollado caballos, concubinas e incluso escanciadores, y han quemado o enterrado con ellos vestiduras y el resto de sus pertenencias, como si fueran a usarlas allí y a disfrutarlas abajo?
15
El anciano que llora, pues, de esta manera, todo lo que he dicho y aún más, no parece hacer esta tragedia por el hijo— pues sabe que no lo escuchará, aunque grite más fuerte que Esténtor—, ni tampoco por sí mismo; pues era capaz de pensar y comprender esto incluso sin los gritos; pues nadie necesita gritar ante sí mismo. Por tanto, queda que dice estas tonterías por los presentes, sin saber qué le ha pasado al hijo ni a dónde ha ido, o mejor dicho, sin haber examinado siquiera cómo es la vida misma; pues de lo contrario no se lamentaría de la partida de ella como si fuera algo terrible.
16
El hijo, por su parte, podría decirle, tras pedir a Éaco y a Aidoneo que le permitan asomarse un poco por la abertura y detener a su padre en sus desvaríos:« Hombre desdichado,¿ por qué gritas?¿ Por qué me causas molestias? Deja de arrancarte el cabello y de rasguñarte el rostro superficialmente.¿ Por qué me insultas y me llamas desdichado y malhadado, cuando me he vuelto mucho mejor y más feliz que tú?¿ O qué crees que sufro de terrible?¿ O es porque no me hice un anciano como tú, calvo de cabeza, con el rostro arrugado, encorvado y con las rodillas débiles, y en suma, podrido por el tiempo tras haber cumplido muchas décadas y olimpiadas, y finalmente desvariando ante tantos testigos?¡ Oh, insensato!¿ Qué crees que hay de bueno en la vida de lo que ya no participaremos?¿ O dirás, evidentemente, que los banquetes, las cenas, las vestiduras y los placeres, y temes que yo perezca por carecer de ellos?¿ No comprendes que no tener sed es mucho mejor que beber, no tener hambre que comer y no pasar frío que tener ropa? Vamos, pues, ya que pareces ignorarlo, te enseñaré a llorar con más verdad».
17
« Y ahora, empieza de nuevo y grita: Hijo desdichado, ya no tendrás sed, ya no tendrás hambre ni pasarás frío. Te has ido, desdichado, habiendo escapado de las enfermedades, sin temer ya la fiebre, ni al enemigo, ni al tirano; ningún amor te atormentará ni la unión sexual te trastornará, ni te afanarás por ello dos o tres veces al día,¡ oh, qué desgracia! No serás despreciado por haber envejecido ni serás molesto al ser visto por los jóvenes».
18
« Si dices esto, padre,¿ no crees que dirás cosas mucho más verdaderas y nobles que aquellas? Pero,¿ acaso te aflige esto y piensas en la penumbra y la gran oscuridad que hay entre nosotros, y temes que me asfixie al ser encerrado en la tumba? Debes considerar ante esto que, una vez que los ojos se hayan podrido o, por Zeus, quemado al poco tiempo— si es que habéis decidido quemarme—, no necesitaremos ver ni oscuridad ni luz».
19
« Y esto quizás sea moderado; pero¿ en qué me beneficia vuestro lamento, este golpearse el pecho al son de la flauta y la desmesura de las mujeres en el duelo?¿ Y qué significa la piedra coronada sobre la tumba?¿ O qué valor tiene para vosotros derramar el vino puro?¿ O creéis que goteará hasta nosotros y llegará hasta el Hades? Pues, en cuanto a las ofrendas, vosotros mismos veis, creo, cómo el humo se lleva lo más sabroso de lo preparado hacia el cielo sin beneficiarnos en nada a los de abajo, y lo que queda, la ceniza, es inútil, a menos que creáis que nos alimentamos de polvo. No es tan estéril ni improductivo el reino de Plutón, ni nos falta el asfódelo para que tengamos que pedirles comida a ustedes. De modo que, por Tisífone, hace tiempo que me daban ganas de soltar una carcajada por lo que hacían y decían, pero me lo impidieron la mortaja y las lanas con las que me apretasteis las mandíbulas».
20
« Así habló, y el fin de la muerte lo cubrió». Por Zeus, si el muerto dijera esto al darse la vuelta, apoyándose sobre el codo,¿ no creeríamos que diría lo más justo? Pero, sin embargo, los insensatos gritan y, tras haber llamado a algún sofista de lamentos que ha reunido muchas desgracias antiguas, se sirven de él como colaborador y director de su locura, gritando al son de lo que él entona.
21
Y hasta los lamentos, la ley de la necedad es la misma para todos; pero a partir de ahí, dividiendo los entierros según las naciones, el griego quema, el persa entierra, el indio recubre con vidrio, el escita devora y el egipcio embalsama; este último, al menos— y hablo porque lo he visto—, tras secar al muerto, lo hizo compañero de mesa y de bebida. Y a menudo, a un egipcio que necesitaba dinero, el hermano o el padre le sirvió de garantía en el momento oportuno.
22
Pues los túmulos, las pirámides, las estelas y los epígrafes que duran poco,¿ cómo no van a ser superfluos y parecidos a juegos de niños?
23
Y, sin embargo, algunos organizaron certámenes y pronunciaron discursos fúnebres sobre las tumbas, como si estuvieran defendiendo o testificando a favor del muerto ante los jueces de abajo.
24
Sobre todo esto, el banquete fúnebre, y están presentes los allegados y consuelan a los padres del difunto y los convencen de probar bocado, no sin gusto,¡ por Zeus!, ni obligados, sino ya agotados por el hambre de tres días seguidos.« Y,¿ hasta cuándo, amigo mío, lloraremos? Deja descansar a los espíritus del bienaventurado; pero si has decidido llorar del todo, precisamente por eso no debes estar sin comer, para que puedas resistir la magnitud del duelo». Entonces, sí, entonces todos recitan los dos versos de Homero:« Pues también la de hermosos cabellos, Níobe, se acordó de comer; y no hay forma de que los aqueos lloren al muerto con el vientre vacío». Ellos prueban, pero avergonzados al principio y temiendo parecer, tras la muerte de sus seres más queridos, aferrados a las pasiones humanas. Uno podría encontrar estas cosas y otras mucho más ridículas observando lo que sucede en los duelos, debido a que la mayoría cree que la muerte es el mayor de los males.

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