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Original / primary: Spanish Gemini
1
¿ Y qué te contaré primero, amigo mío, o qué al final, como dicen, de todas estas cosas que los que viven a sueldo y se ven examinados en las amistades de estos afortunados están obligados a sufrir o a hacer— si es que se debe llamar amistad a tal esclavitud suya? Pues conozco muchas, y casi la mayoría de las cosas que les suceden, no porque yo mismo, por Zeus, haya experimentado tal cosa, pues la experiencia no me ha ocurrido por necesidad, y que los dioses no lo permitan; sino que muchos de los que han caído en esta vida me lo confesaban, unos mientras aún estaban en el mal, lamentando cuántas y cuáles cosas sufrían, y otros, como si hubieran escapado de alguna prisión, recordaban no sin desagrado lo que habían padecido; pero, en realidad, se alegraban al reflexionar de qué cosas se habían librado. Y estos eran más dignos de crédito por haber pasado, por así decirlo, por toda la iniciación y haber contemplado todo desde el principio hasta el fin. No escuchaba, pues, de manera superficial ni descuidada sus relatos, como si narraran algún naufragio y su propia salvación paradójica, tal como son aquellos que, rapadas las cabezas junto a los templos, relatan todos juntos las olas triples, las tempestades, los promontorios, los naufragios, las roturas de mástiles y las roturas de timones, y sobre todo, los Dioscuros apareciendo— pues estos son familiares de tal tragedia— o algún otro dios ex machina sentado sobre la gavia o de pie junto a los timones y dirigiendo la nave hacia alguna orilla blanda, hacia la cual, al ser llevada, estaba destinada a deshacerse ella misma suave y tranquilamente, mientras ellos desembarcaban a salvo por gracia y benevolencia del dios. Aquellos, pues, dramatizan estas muchas cosas para la necesidad del momento, como si recibieran de muchos, pareciendo ser no solo desdichados, sino también amados por los dioses.
2
Pero los que relatan los inviernos en las casas y las olas triples y, por Zeus, las olas quíntuples y décuples, si es posible decirlo, y cómo al principio navegaron, con el mar mostrándose en calma, y cuántas dificultades soportaron durante todo el viaje, ya sea sedientos, mareados o achicando el agua salada, y finalmente cómo, al chocar contra alguna roca sumergida o un escollo escarpado, destrozaron la miserable barquichuela y, desdichados, nadaron malamente desnudos y faltos de todas las necesidades— en esto, y en el relato de estos, me parecía que ellos ocultaban muchas cosas por vergüenza y que querían olvidarlas. Pero yo, al componer también aquellas cosas y cualquier otra que encuentro que pertenece a tales convivencias, no dudaré en detallártelo todo, noble Timocles; pues me parece que hace tiempo que te he observado conspirando contra esta vida.
3
Y primero, cuando surgió el discurso sobre tales cosas, luego alguien de los presentes elogió tal salario, diciendo que son tres veces afortunados aquellos que, además de tener como amigos a los mejores de los romanos, cenan cenas lujosas y sin contribución, viven en un lugar hermoso y viajan con toda comodidad y placer en una yunta blanca, si se da el caso, recostados, y además reciben un salario no pequeño por la amistad y por los beneficios que reciben; pues, sencillamente, todo parece nacer para tales personas sin ser sembrado ni arado. Cuando, pues, escuchabas esto y cosas similares, veía cómo abrías la boca ante ellas y cómo ofrecías la boca muy abierta al cebo. Para que, pues, lo nuestro no sea culpable en el futuro ni tengas que decir que, al verte tragando un anzuelo tan grande con el camarón, no te detuvimos ni te apartamos antes de que cayera en la garganta, ni te advertimos, sino que, esperando a que, al ser arrastrado y ya clavado, te viéramos siendo arrastrado y llevado por la fuerza, cuando ya no hay remedio, nos quedamos llorando; para que nunca digas esto, que es muy razonable si se dice, y para nosotros ineludible, ya que no cometemos injusticia al no advertirte, escucha todo desde el principio, y examina la red misma y el callejón sin salida de las nasas desde fuera, con calma, y no desde dentro, desde el fondo, y toma en tus manos la curvatura del anzuelo y la inversión de la punta hacia el lado opuesto y las puntas del tridente, y probando contra la mandíbula hinchada, si no parecen muy afiladas, ineludibles o dolorosas en las heridas, tirando violentamente y agarrando de forma invencible, inscríbenos entre los cobardes y, por eso, hambrientos, y tú mismo, animándote a tener valor, intenta la caza, si quieres, como la gaviota que engulle todo el cebo.
4
Y todo el discurso se dirá quizás en su totalidad por ti, pero no solo sobre vosotros los que filosofáis, ni sobre cuantos eligieron una elección más seria en la vida, sino también sobre gramáticos, retóricos, músicos y, en general, sobre los que son considerados dignos de convivir y recibir un salario por sus conocimientos. Siendo, como es habitual, comunes y similares las cosas que suceden a todos, es evidente que, aunque no son exclusivas, las mismas cosas resultan más vergonzosas para los que filosofan, si son considerados dignos de lo mismo que los demás y los que pagan el salario no los tratan con más respeto. Sea lo que sea lo que el discurso mismo encuentre al avanzar, la causa de esto es justo que la tengan, sobre todo, los que lo hacen ellos mismos, y luego los que lo soportan; yo, en cambio, soy inocente, a menos que haya algún castigo por la verdad y la franqueza. Sin embargo, a los del resto de la multitud, como ciertos gimnastas o aduladores, personas privadas y pequeñas de mente y humildes desde el principio, no es digno ni disuadirlos de tales convivencias, pues ni siquiera se dejarían convencer, ni tampoco es correcto culparlos si no abandonan a los que pagan el salario, incluso si son insultados muy a menudo por ellos, pues son adecuados y no indignos de tal trato; por otra parte, tampoco tendrían otra cosa hacia la cual, inclinándose, pudieran mostrarse activos. Pero si alguien les quita esto, son inmediatamente ineptos, ociosos y superfluos. Por tanto, ni ellos sufrirían nada terrible, ni aquellos parecerían insultantes al orinar en el orinal, como dicen; pues para este insulto vienen desde el principio a las casas, y el arte es soportar y tolerar lo que sucede. Pero sobre los que mencioné antes, los educados, es digno indignarse e intentar, tanto como sea posible, apartarlos y liberarlos hacia la libertad.
5
Y me parece que haría bien si, tras examinar primero las causas por las que algunos llegan a tal vida, demostrara que no son del todo violentas ni necesarias; pues así se eliminaría de antemano su defensa y la primera premisa de la esclavitud voluntaria. La mayoría, al poner por delante la pobreza y la necesidad de lo indispensable, creen que esto es un pretexto suficiente para su deserción a esta vida, y consideran que es suficiente para ellos si dicen que hacen lo que es digno de perdón al buscar escapar de lo más difícil de la vida, la pobreza; luego, Teognis está a mano y mucho el" todo hombre dominado por la pobreza" y todos los demás temores que los más innobles de los poetas han expresado sobre la pobreza. Pero yo, si viera que ellos encuentran una verdadera huida de la pobreza a partir de tales convivencias, no sería mezquino con ellos respecto a la libertad excesiva; pero puesto que— como dijo el buen retórico en algún lugar— reciben alimentos parecidos a los de los enfermos,¿ qué otro mecanismo queda para no parecer que ellos también han tomado una mala decisión respecto a esto, permaneciendo siempre igual la premisa de la vida? Pues la pobreza es siempre, y el recibir es necesario, y no hay nada reservado ni superfluo para guardar, sino que lo dado, aunque se dé, aunque se reciba en conjunto, se consume todo exactamente y de manera insuficiente para la necesidad. Y hubiera sido bueno no idear tales medios que solo ayudan a la pobreza manteniéndola, sino otros que la eliminarán por completo, y por tal cosa, incluso lanzarse al mar de profundas cavidades, si es necesario, oh Teognis, y desde rocas, como dices, escarpadas. Pero si alguien, siendo siempre pobre, necesitado y asalariado, cree que ha escapado de la pobreza con esto mismo, no sé cómo tal persona no parecería engañarse a sí misma.
6
Otros dicen que no temerían ni se asustarían de la pobreza misma si pudieran, trabajando como los demás, procurarse el pan, pero ahora, habiéndose agotado sus cuerpos ya sea por la vejez o por enfermedades, han recurrido a este salario que es el más fácil. Vamos, pues, a ver si dicen la verdad y si, de lo más fácil, sin trabajar mucho ni más que los demás, les resulta lo que se les da; pues esto parecería una oración, recibir dinero listo sin trabajar ni esforzarse. Pero es imposible incluso decirlo según su valor; tanto trabajan y se esfuerzan en las convivencias, que aquí y para esto necesitan sobre todo salud, siendo innumerables cada día las cosas que desgastan el cuerpo y lo agotan hasta la desesperación extrema. Diremos esto en el momento oportuno, cuando pasemos a detallar también sus otras dificultades; pero por ahora era suficiente señalar que ni siquiera los que dicen que se venden por esta razón dirían la verdad.
7
Queda, pues, la razón más verdadera, aunque menos dicha por ellos, que es por placer y por las muchas y abundantes esperanzas que se lanzan a las casas, asombrados por la cantidad de oro y plata, sintiéndose afortunados por las cenas y el resto del lujo, y esperando beber el oro a bocanadas sin que nadie los detenga. Esto los atrae y los pone como esclavos en lugar de libres— no la necesidad de lo indispensable, que decían, sino el deseo de lo no necesario y el celo por aquellas muchas y lujosas cosas. Por tanto, como a amantes desdichados y desafortunados, ciertos amantes expertos y experimentados los toman y los tratan con desdén, para que siempre estén enamorados de ellos sirviéndoles, sin compartir el disfrute de los amados ni siquiera hasta un beso ligero; pues saben que al obtenerlo se producirá la disolución del amor. Esto, pues, lo excluyen y lo guardan celosamente; pero lo demás lo mantienen siempre al amante en la esperanza. Pues temen que la desesperación lo aleje del deseo excesivo y se vuelva desamorado para ellos; por eso sonríen, prometen y siempre harán el bien, serán amables y cuidarán lujosamente. Luego, sin darse cuenta, ambos envejecieron, habiéndose pasado de moda, y este de amar y aquel de compartir. Pero, en realidad, no se ha hecho nada en toda su vida más allá de la esperanza.
8
El soportar todo por el deseo de placer quizás no sea del todo culpable, sino que es un perdón si alguien disfruta del placer y cuida de esto por todos los medios para participar de él. Aunque quizás sea vergonzoso y servil venderse por esto; pues mucho más placentero es el placer que proviene de la libertad. Pero, aun así, que tenga algún perdón para ellos, si se logra; pero soportar muchas desagradabilidades solo por la esperanza de placer, creo que es ridículo y necio, y más viendo que los trabajos son claros, evidentes y necesarios, mientras que aquello que se espera, sea lo que sea lo placentero, ni ha sucedido en tanto tiempo, y además no parece que vaya a suceder, si alguien calcula desde la verdad. Los compañeros de Odiseo, al comer un loto dulce, descuidaban las otras cosas y despreciaban lo presente placentero de las cosas que estaban bien; de modo que no es del todo irracional su olvido de lo bueno, al estar el alma ocupada en aquel placer. Pero estar junto a alguien que se harta de loto sin compartir nada, estando atado solo por la esperanza de poder probarlo alguna vez, habiéndose olvidado de las cosas que están bien y correctamente,¡ por Heracles!, qué ridículo es y qué digno, en verdad, de algunos golpes homéricos.
9
Las cosas, pues, que los llevan a las convivencias y por las cuales, llevándose a sí mismos, se entregan a los ricos para que los usen para lo que quieran, son estas o lo más cercano a ellas, a menos que alguien quiera recordar también a aquellos que se enorgullecen solo por la gloria de convivir con hombres de buen linaje y bien vestidos; pues hay quienes consideran esto también como algo notable y por encima de la mayoría, como yo, por mi parte, ni siquiera al gran rey aceptaría solo convivir y ser visto conviviendo sin disfrutar nada bueno de la convivencia.
10
Siendo tal su premisa, vamos ahora a observar nosotros mismos qué soportan antes de ser admitidos y tener éxito, qué sufren ya estando en ello, y sobre todo, cuál es el desenlace del drama para ellos. Pues no es posible decir que, aunque estas cosas sean malas, al menos son fáciles de obtener y no requerirán mucho esfuerzo, sino que solo hace falta querer, y luego todo está hecho fácilmente para ti; sino que se requiere mucho recorrido, y una constante presencia en la puerta, levantándose desde el amanecer para esperar, siendo empujado y excluido, y pareciendo a veces desvergonzado y molesto, y siendo ordenado por un portero que silba mal y por un llamador de nombres libio, y pagando un salario por el recuerdo del nombre. Y además, es necesario cuidar la vestimenta por encima de la capacidad existente para la dignidad del que es atendido, y elegir colores que a él le gusten, para no desentonar ni chocar al ser visto, y seguir con esfuerzo, o mejor dicho, ir delante, siendo empujado por los sirvientes y cumpliendo como una procesión. Y él ni siquiera mira durante muchos días seguidos.
11
Y si alguna vez haces las cosas mejor, y te ve y, llamándote, te pregunta algo de lo que sea, entonces, sí, entonces mucho es el sudor, y repentino el mareo y el temblor inoportuno y la risa de los presentes ante la dificultad. Y a menudo, debiendo responder quién era el rey de los aqueos, dices que tenían mil naves. Esto los buenos lo llamaron modestia, los audaces cobardía, y los malintencionados ignorancia. Tú, pues, habiendo experimentado la más peligrosa de las primeras amabilidades, te fuiste habiendo condenado a ti mismo a una gran desesperación. Y cuando pases muchas noches sin dormir y días sangrientos, no, por Zeus, por Helena ni por los Pérgamos de Príamo, sino por los cinco óbolos esperados, y logres que algún dios trágico te presente, el examen es a partir de ahí si sabes las lecciones. Y para el rico, la convivencia no es desagradable al ser elogiado y considerado afortunado, pero para ti, la lucha por el alma y por toda la vida parece estar entonces ante ti; pues entra razonablemente el no ser aceptado por otro tras haber sido rechazado por el anterior y haber parecido ser indigno. Es necesario, pues, dividirse en mil entonces, envidiando a los que son examinados en contra— pues pon que hay otros que reclaman lo mismo— y pensando que tú mismo has dicho todo de manera insuficiente, temiendo y esperando y mirando fijamente al rostro de aquel, y si desprecia algo de lo dicho, pereciendo, y si escucha sonriendo, alegrándote y volviéndote esperanzado.
12
Y es probable que haya muchos que piensen lo contrario a ti y pongan a otros en tu lugar, cada uno de los cuales dispara oculto como desde una emboscada. Luego, piensa en un hombre con barba profunda y cabello canoso siendo examinado si sabe algo útil, y pareciendo a unos que sabe, y a otros que no. El tiempo intermedio es largo, y toda tu vida pasada es escudriñada, y si algún ciudadano por envidia o un vecino por alguna causa trivial habiendo chocado te interroga y dice que eres adúltero o pederasta, eso es, el testigo de las tablillas de Zeus, pero si todos a la vez te elogian, son sospechosos, dudosos y sobornados. Es necesario, pues, tener mucha suerte y no oponerse en absoluto; pues solo así podrías ganar. Bien; y ya has tenido suerte más allá de la oración; pues él mismo elogió los discursos y los más honorables de los amigos y aquellos en quienes más confía no lo disuadieron; además, la mujer también quiere, y no se opone ni el tutor ni el administrador; y nadie se quejó de tu vida, sino que todo es propicio y por todas partes los presagios son favorables.
13
Has ganado, pues, oh afortunado, y has sido coronado en los Juegos Olímpicos, o mejor dicho, has tomado Babilonia o has derribado la acrópolis de Sardes, y tendrás el cuerno de Amaltea y ordeñarás leche de aves. Es necesario, pues, que después de tantos trabajos los bienes sean muy grandes, para que la corona no sea solo de hojas, y que el salario no sea definido como despreciable y que este sea pagado en el momento de la necesidad sin problemas y que el otro honor esté por encima de la mayoría, y haber descansado de aquellos trabajos, del barro, de las carreras y de las vigilias, y esto, pues, lo de la oración, estirando las piernas, dormir, haciendo solo aquellas cosas por las cuales fuiste tomado al principio y por las cuales eres asalariado. Debía ser así, oh Timocles, y no sería ningún gran mal inclinar la cabeza para llevar el yugo, ligero y fácil de llevar y, lo más importante, siendo dorado. Pero falta mucho, o mejor dicho, falta todo; pues hay innumerables cosas insoportables para un hombre libre que suceden ya en las mismas convivencias. Observa tú mismo escuchando a continuación, si alguien podría soportarlas habiendo tenido contacto con la educación aunque sea mínimamente.
14
Comenzaré desde la primera cena, si te parece, la que es probable que cenes como los preliminares de la futura convivencia. Inmediatamente, pues, se acerca alguien ordenando venir a la cena, no un sirviente sin trato, al que es necesario primero hacer propicio, metiendo en su mano, para no parecer torpe, al menos cinco dracmas; él, fingiendo rechazo y diciendo:"¿ Lejos de mí, yo de ti?" y"¡ Por Heracles, que no suceda!", al final es convencido, y se va con una amplia sonrisa. Tú, habiendo preparado una vestimenta limpia y habiéndote arreglado lo más decentemente posible, habiéndote bañado, vienes, temiendo no llegar antes que los demás; pues es de mal gusto, al igual que llegar al final es cargante. Habiendo observado, pues, el punto medio del tiempo, has entrado, y te recibió muy honorablemente, y alguien, tomándote, te hizo recostar un poco por encima del rico junto a dos de los viejos amigos, aproximadamente.
15
Tú, pues, habiendo entrado como en la casa de Zeus, te has asombrado de todo y estás inquieto ante cada una de las cosas que se hacen; pues todo es extraño y desconocido para ti; y el servicio doméstico te mira y cada uno de los presentes observa lo que harás, y esto no es indiferente ni siquiera para el rico mismo, sino que incluso ordenó a algunos de los sirvientes observar si miras a menudo a los niños o a la mujer desde una posición elevada. Pues los acompañantes de los que cenan, al verte asombrado ante la inexperiencia de lo que se hace, se burlan, tomando como prueba de que no has cenado antes con otro el hecho de que la servilleta sea nueva para ti. Como es natural, pues, es necesario sudar por la dificultad y no atreverse a pedir de beber aunque tengas sed, para no parecer un borracho, ni saber, al ser presentados los platos variados y preparados según cierto orden, hacia qué primero o segundo llevar la mano; será necesario, pues, mirar de reojo al vecino y envidiarlo y aprender el orden de la cena.
16
En lo demás, eres variado y lleno de confusión en el alma, asombrado ante cada una de las cosas que se hacen, y a veces consideras afortunado al rico por el oro, el marfil y tanto lujo, y a veces te compadeces a ti mismo, como si no fueras nada y luego supusieras vivir. A veces también te entra aquello, que vivirás una vida envidiable disfrutando de todas esas cosas y participando de ellas en igualdad de condiciones; pues crees que celebrarás las Dionisias siempre. Y quizás también jóvenes hermosos sirviendo y sonriendo suavemente te dibujan una futura convivencia más elegante, de modo que continuamente pronuncias aquel verso homérico:" No es motivo de indignación que los troyanos y los aqueos de hermosas grebas sufran mucho y soporten por tal felicidad". Brindis de amistad es lo que sigue a esto, y habiendo pedido una copa bastante grande, te brindó a ti, el maestro, o lo que sea que haya dicho; tú, al tomarla, ignoraste que debías decir algo tú mismo por inexperiencia, y ganaste fama de rústico.
17
Pero, en cualquier caso, te has vuelto envidiable para muchos de los viejos amigos desde aquel brindis, y antes habías entristecido a algunos de ellos al recostarte, porque habiendo llegado hoy fuiste preferido a hombres que han soportado una esclavitud de muchos años. Inmediatamente, pues, hay un discurso así entre ellos sobre ti:" Esto nos faltaba además de los otros males, ser segundos de los que acaban de entrar en la casa, y solo a estos griegos se les ha abierto la ciudad de los romanos; aunque,¿ qué es por lo que son preferidos a nosotros?¿ Diciendo palabras miserables creen que ayudan en algo grandioso?". Otro dice:"¿ No viste cuánto bebió y cómo, habiendo tomado lo presentado, lo devoró? Hombre de mal gusto y lleno de hambre, que ni en sueños se ha hartado de pan blanco, ni mucho menos de ave nómada o fasiana, de las cuales apenas nos ha dejado los huesos". Un tercero dice:" Oh insensatos, no lo veréis aquí entre nosotros lamentándose de lo mismo ni siquiera cinco días enteros; pues ahora, como los zapatos nuevos, está en cierto honor y cuidado, pero cuando sea pisado muchas veces y cubierto de barro, será arrojado miserablemente bajo la cama, lleno de chinches como nosotros". Aquellos, pues, hacen girar muchas cosas así sobre ti, y quizás ya algunos de ellos se preparan para calumnias.
18
El banquete entero, pues, es tuyo y la mayoría de los discursos son sobre ti. Tú, por la falta de costumbre, habiendo bebido más de lo suficiente de vino fino y fuerte, desde hace tiempo la barriga te presiona, y te sientes mal, y no es bueno para ti levantarte antes ni es seguro quedarte. Al prolongarse, pues, la bebida y sucederse discursos sobre discursos y espectáculos sobre espectáculos— pues quiere mostrarte todas sus cosas— soportas un castigo no pequeño, sin ver lo que sucede ni escuchar si algún joven muy honrado canta o toca la cítara, sino que elogias por necesidad, y rezas para que o bien por un terremoto todo eso se derrumbe o se anuncie algún incendio, para que alguna vez se disuelva el banquete.
19
Esto, pues, es para ti lo primero, oh compañero, y aquella cena más dulce, no más dulce para mí que el tomillo y la sal blanca cuando quiero y tanto como cuando se come libremente. Para, al menos, omitirte la eructación ácida que sigue a esto y el vómito en la noche, al amanecer será necesario que os pongáis de acuerdo sobre el salario, cuánto y cuándo del año se debe recibir. Estando presentes, pues, dos o tres amigos, habiéndote llamado y ordenado sentarte, comienza a decir:" Lo que es lo nuestro ya lo has visto, y cómo no hay ni una pizca de arrogancia en ello, y todo es sin tragedia, sencillo y popular, y es necesario que estés así como si todo fuera a ser común para nosotros; pues sería ridículo si, siendo lo más importante, te confiara mi propia alma o, por Zeus, la de los niños— si tuviera hijos necesitados de educación—, no te considerara dueño en igualdad de condiciones que los demás. Puesto que también es necesario definir algo— veo lo moderado y autosuficiente de tu carácter y entiendo que no has venido a nuestra casa con la esperanza de un salario, sino por las otras cosas, por la benevolencia de nuestra parte y el honor que tendrás ante todos; sin embargo, que se defina algo—, tú mismo di lo que quieras, recordando, queridísimo, también aquellas cosas que es natural que te proporcionemos en las fiestas anuales; pues no descuidaremos ni siquiera tales cosas, aunque no las acordemos ahora; y sabes que son muchas las ocasiones así durante el año. Mirando, pues, hacia eso, es evidente que nos impondrás el salario con más moderación. Por otra parte, sería apropiado para vosotros, los educados, ser superiores al dinero".
20
Él, habiendo dicho esto y habiéndote sacudido por completo con las esperanzas, te ha hecho dócil para sí, y tú, que desde hace tiempo soñabas con talentos y miríadas y campos enteros y edificios, entiendes suavemente la mezquindad, pero aun así halagas la promesa y crees que el" todo será común para nosotros" será firme y verdadero, sin saber que" tales cosas mojaban los labios, pero no mojaban el paladar". Al final, por vergüenza, se lo dejaste a él. Él mismo dice que no lo dirá, pero ordena a uno de los amigos presentes que, viniendo al medio del asunto, diga lo que no sea pesado para él, que gasta en otras cosas más necesarias que estas, ni despreciable para el que va a recibir. Y un viejo crudo, criado desde niño en la adulación, dice:"¿ Cómo no eres el más afortunado de todos los que están en la ciudad, oh tú, para quien esto estaba disponible primero, lo que para muchos que lo desean mucho apenas podría suceder por parte de la Fortuna? Hablo de ser considerado digno de convivencia, de compartir el hogar y de ser admitido en la primera casa de los que están en el poder de los romanos; pues esto está por encima de los talentos de Creso y la riqueza de Midas, si sabes ser sensato. Y habiendo visto a muchos de los reputados que habrían querido, incluso si tuvieran que pagar, solo por la gloria de convivir con este y ser vistos a su alrededor como compañeros y amigos, no tengo cómo felicitarte por la buena fortuna, tú que incluso recibirás un salario por tal felicidad. Considero, pues, suficiente, si no eres del todo derrochador, tal cantidad"— diciendo lo mínimo y sobre todo hacia tus esperanzas.
21
Pero es necesario estar contento; pues ya no te es posible huir habiendo entrado en las redes. Aceptas, pues, el freno cerrando los ojos y al principio eres fácil de llevar, sin que él te tire mucho ni te pinche agudamente, hasta que sin darte cuenta te vuelvas completamente acostumbrado a él. Los hombres de fuera, pues, después de esto te envidian al verte pasar el tiempo dentro de la reja y entrar sin obstáculos y haberte convertido en alguien muy cercano dentro; pero tú mismo aún no ves por qué les pareces afortunado. Pero, sin embargo, te alegras y te engañas a ti mismo y siempre crees que las cosas futuras serán mejores. Pero sucede lo contrario de lo que esperabas y, como dice el proverbio, el asunto avanza como el de Mandróbolo, disminuyendo, por así decirlo, cada día y retrocediendo hacia atrás.
22
Suavemente, pues, y poco a poco, como viendo por primera vez en la luz tenue, comienzas a notar que aquellas esperanzas doradas no eran más que ciertas vejigas doradas, mientras que los trabajos son pesados, verdaderos, implacables y constantes.¿ Cuáles son estos? Quizás me preguntes; pues no veo qué es lo trabajoso en tales convivencias ni imagino cuáles decías que eran las cosas agotadoras e insoportables. Escucha, pues, noble, no examinando solo si hay trabajo en el asunto, sino también no dejando de lado en la escucha lo vergonzoso, lo humilde y, en general, lo servil.
23
Y, ante todo, recuerda que ya no debes considerarte libre ni de noble cuna a partir de ese momento. Pues has de saber que, al venderte a tal servidumbre, dejarás atrás en el camino todo esto: el linaje, la libertad y los antepasados; porque la Libertad no querrá entrar contigo en asuntos tan innobles y humildes. Por tanto, aunque te pese mucho el nombre, serás necesariamente esclavo, y no de uno solo, sino de muchos, y servirás con la mirada baja desde el alba hasta el ocaso por un salario vergonzoso. Y como no te has criado en la Esclavitud desde niño, sino que has aprendido tarde y te educas en ella a una edad avanzada, no serás muy apreciado ni de gran valor para tu amo; pues el recuerdo de la libertad te corrompe, te hace rebelarte a veces y, por ello, te va mal en la servidumbre. A menos que creas que para ser libre basta con no ser hijo de Pirrias o de Zopirión, ni haber sido vendido por un pregonero de voz potente como cualquier bitinio. Pero cuando, mi buen amigo, al llegar las calendas, te mezcles con Pirrias y Zopirión, extiendas la mano igual que los otros criados y recibas aquello que sea que se entregue, eso es la venta. Pues no hacía falta un pregonero para un hombre que se ha vendido a sí mismo y que durante mucho tiempo ha estado cortejando a su amo.
24
Entonces, diría yo,¡ oh, desecho!, y especialmente a quien pretende filosofar: si un pirata o un bandido te hubiera capturado navegando y te hubiera vendido, te habrías compadecido de ti mismo por sufrir una desgracia inmerecida; o si alguien te hubiera tomado y te hubiera llevado diciendo que eras esclavo, habrías invocado a las leyes, habrías hecho un escándalo, te habrías indignado y habrías gritado a grandes voces:«¡ Oh, tierra y dioses!». Pero tú, por unos pocos óbolos, a esta edad, cuando incluso si hubieras nacido esclavo sería el momento de aspirar a la libertad, te has vendido tú mismo, despreciando la virtud y la sabiduría, y sin sentir vergüenza por todos aquellos discursos que el noble Platón, Crisipo o Aristóteles han desarrollado, alabando lo que es propio de un hombre libre y denigrando lo que es servil.¿ Y no te avergüenzas de ser comparado con hombres aduladores, vulgares y bufones, y de ser el único en una multitud tan romana que desentona con su manto, balbuceando bárbaramente la lengua de los romanos, y luego cenando en banquetes ruidosos y concurridos de gente de toda clase, la mayoría de ellos despreciables? Y en medio de ellos alabas de forma grosera y bebes más de lo debido. Y al levantarte al alba con el toque de campana, sacudiéndote el dulcísimo sueño, vas de un lado a otro todavía con el barro de ayer en las piernas.¿ Acaso la escasez de altramuces o de hierbas silvestres te ha atenazado, o se han secado las fuentes de agua fría, para que por desesperación hayas llegado a esto? Pero es evidente que no te has dejado atrapar por el agua ni por los altramuces, sino por el deseo de pasteles, manjares y vino oloroso, como la lubina que, con toda justicia, se atraviesa la garganta por codiciar tales cosas. Por tanto, a tus pies tienes la recompensa de esta glotonería, y como los monos, atado con un collar al cuello, ofreces risa a los demás, mientras tú crees que te das la gran vida porque puedes comer higos secos en abundancia. Pero la libertad y la nobleza, para tus propios parientes y miembros de tu fratría, son ya cosas del pasado y ni siquiera queda memoria de ellas.
25
Y sería tolerable si solo lo vergonzoso acompañara al asunto, el parecer esclavo en lugar de libre, y que los trabajos no fueran como los de esos criados de verdad. Pero mira si se te ha ordenado algo más moderado que lo que se les ha ordenado a Dromón y a Tibio. Pues, en cuanto a los motivos por los que dijo que deseaba tus enseñanzas, poco le importa.¿ Qué tiene que ver, dicen, la lira con el asno? En efecto,¿ no ves cómo se deshacen de deseo por la sabiduría de Homero, la elocuencia de Demóstenes o la grandeza de espíritu de Platón, de los cuales, si uno quita de su alma el oro, la plata y las preocupaciones por ellos, lo que queda es vanidad, molicie, hedonismo, desenfreno, insolencia e ignorancia? No te necesita en absoluto para esas cosas, pero como tienes una barba poblada, eres de aspecto solemne, vistes con elegancia un manto griego y todos te conocen como gramático, retórico o filósofo, le parece bien que alguien así se mezcle con los que le preceden y le escoltan; pues parecerá, gracias a esto, que es un amante de las enseñanzas griegas y, en general, un amante de la cultura. De modo que corres el riesgo, noble amigo, de haber alquilado tu barba y tu manto a cambio de palabras admirables. Por tanto, debes ser visto siempre con él y nunca separarte, sino levantarte al alba, presentarte para ser visto en el servicio y no abandonar tu puesto. Y él, poniéndote la mano encima a veces, dice cualquier tontería, demostrando a los que se encuentra que, incluso caminando por la calle, no descuida a las Musas, sino que aprovecha bien el tiempo libre durante el paseo.
26
Tú, desgraciado, tras haber corrido por unos sitios y caminado a paso lento por muchas cuestas arriba y abajo— pues así es la ciudad, como sabes—, estás sudoroso y sin aliento, y mientras él está dentro hablando con alguno de los amigos a los que fue a visitar, sin tener siquiera dónde sentarte, permaneces de pie por la desesperación y te pones a leer el libro que llevas a mano. Y cuando la noche te sorprende sin haber comido ni bebido, tras bañarte malamente a deshoras, casi a medianoche, llegas a la cena, ya no tan honrado ni admirado por los presentes, sino que, si entra alguien más fresco, tú vas hacia atrás; y así, empujado al rincón más deshonroso, te quedas allí como testigo de lo que se sirve, comiendo como los perros los huesos, si es que llegan hasta ti, o la hoja dura de la malva con la que envuelven las otras cosas, si es que los que están sentados antes que tú la desprecian, comiéndola con gusto por el hambre. Tampoco falta la otra insolencia, pues ni siquiera tienes un huevo para ti solo— ya que no es necesario que tú reclames siempre lo mismo que los invitados y desconocidos; pues eso es una falta de tacto—, ni el ave es igual a la de los demás, sino que para el vecino es gorda y suculenta, y para ti un polluelo partido por la mitad o una paloma algo dura, una insolencia y deshonra directa. Y a menudo, si falta algo más por la llegada repentina de alguien, el criado toma lo que tienes delante y se lo sirve a aquel, murmurando:« Tú eres de los nuestros». Pues, al cortarse en medio un vientre de cerdo o un ciervo, es necesario tener propicio al que reparte o llevarse la parte de Prometeo: huesos cubiertos de grasa. Porque que el que está por encima de ti tenga la fuente delante hasta que se canse de hartarse, y que a ti te pasen por alto tan rápidamente,¿ para qué hombre libre es soportable, incluso si tuviera la bilis de los ciervos? Y eso que aún no he dicho que, mientras los demás beben el vino más dulce y antiguo, tú solo bebes uno malo y espeso, cuidándote siempre de beber en plata o en oro, para no ser desenmascarado por el color como un comensal tan deshonrado. Y ojalá al menos pudieras beber de ese hasta saciarte, pero ahora, muchas veces, aunque lo pidas, el criado parece ni siquiera oírte.
27
Muchas cosas te afligen a la vez y casi todas, especialmente cuando te supera un afeminado, un maestro de danza o un hombrecillo alejandrino que encadena frases jónicas. Pues,¿ de dónde vas a ser tú igual de honrado que los que sirven para estos asuntos eróticos y llevan cartitas bajo la túnica? Por tanto, al estar tumbado en un rincón del banquete y escondido por la vergüenza, gimes como es natural, te compadeces a ti mismo y culpas a la Fortuna por no haberte dejado caer ni siquiera un poco de sus gracias. Me parece que te gustaría incluso convertirte en poeta de canciones eróticas o, al menos, ser capaz de cantar las de otro dignamente; pues ves lo que significa ser preferido y tener éxito. Y te prestarías, incluso si hubiera que fingir ser mago o adivino de los que prometen fortunas de muchos talentos, cargos y riquezas a raudales; pues también ves que a estos les va bien en las amistades y son considerados dignos de mucho. Así que te gustaría ser cualquiera de estas cosas para no ser un desecho y un estorbo; pero ni siquiera para esto eres convincente, infeliz. Por tanto, es necesario disminuir y soportar en silencio, gimiendo por lo bajo y siendo descuidado.
28
Porque si algún criado murmurador te delata diciendo que fuiste el único que no elogió al joven de la señora mientras bailaba o tocaba la cítara, el peligro no es pequeño. Por tanto, debes gritar como una rana de tierra sedienta, para ser destacado entre los que elogian y ser el primero en mostrar preocupación; y a menudo, incluso cuando los demás han callado, añadir tú mismo un elogio meditado que muestre una gran adulación. Pues estar hambriento y, por Zeus, sediento, y a la vez ungirse con perfume y coronarse la cabeza, es algo tranquilo y ridículo; pues pareces entonces la estela de algún muerto reciente que recibe ofrendas; pues, tras verter perfume sobre ellas y ponerles la corona, ellos mismos beben y se dan un festín con lo preparado.
29
Porque si además es celoso y hay jóvenes hermosos o una mujer joven, y tú no estás del todo lejos de Afrodita y las Gracias, el asunto no está en paz ni el peligro es despreciable. Pues los oídos y los ojos del rey son muchos, no solo viendo la verdad, sino añadiendo siempre algo más, para no parecer que dormitan. Por tanto, debes estar tumbado mirando hacia abajo, como en los banquetes persas, temiendo que algún eunuco te vea mirando a una de las concubinas, ya que otro eunuco, que tiene el arco tensado desde hace tiempo, está listo para castigar al que mira lo que no es lícito, atravesándole la mandíbula con la flecha mientras bebe.
30
Luego, al salir de la cena, dormitaste un poco; pero al despertar con el canto de los gallos, dices:«¡ Ay de mí, desdichado y miserable!¿ Qué tipo de ocupaciones antiguas, compañeros, vida sin preocupaciones, sueño medido por el deseo y paseos libres he dejado atrás para arrojarme a tal abismo?¿ Por qué motivo, oh dioses, o cuál es este brillante salario? Pues,¿ no era posible para mí, de otro modo, conseguir más que esto y tener además la libertad y el poder sobre todo? Ahora, como dice el refrán, soy un león atado con un hilo, arrastrado de arriba abajo, lo más lastimoso de todo, sin saber tener éxito ni ser capaz de ser agradable. Pues yo soy un profano en tales cosas y sin arte, y especialmente comparado con hombres que han hecho de esto un oficio, de modo que soy desagradecido y nada sociable, sin ser capaz siquiera de provocar risa. Y comprendo que a menudo molesto al ser visto, y especialmente cuando él quiere estar más alegre de lo habitual; pues le parezco sombrío. Y, en general, no sé cómo adaptarme a él. Pues si me mantengo en la seriedad, parezco desagradable y casi alguien a quien evitar; pero si sonrío y ajusto el rostro a lo más dulce, me desprecia inmediatamente y me escupe, y el asunto parece como si alguien interpretara una comedia llevando una máscara trágica. En resumen,¿ qué otra vida voy a vivir, insensato, que no sea esta presente, habiendo vivido la mía para otro?
31
Mientras sigues reflexionando sobre esto, la campana ha sonado, y debes seguir con lo mismo, dar vueltas y estar de pie, habiéndote ungido antes las ingles y las corvas, si quieres resistir la prueba. Luego, una cena similar y llevada a la misma hora. Y tu régimen de vida es opuesto a tu vida anterior, y la vigilia, el sudor y el cansancio ya te están minando poco a poco, provocando tisis, neumonía, dolor de colon o la hermosa gota. Pero resistes, sin embargo, y aunque a menudo deberías estar tumbado, ni siquiera esto te está permitido; pues la enfermedad se considera una excusa y una huida de los deberes. De modo que, por todo ello, estás siempre pálido y pareces alguien que está a punto de morir.
32
Y esto es lo que ocurre en la ciudad. Pero si hay que viajar a algún lugar, dejo de lado lo demás: al llegar el último, muchas veces bajo la lluvia— pues tal es el carruaje que te ha tocado en suerte—, esperas hasta que, al no haber ya alojamiento, te metan a empujones con el cocinero o con el peluquero de la señora, sin siquiera haber puesto leña en abundancia.
33
No dudo en contarte lo que este estoico, Tesmópolis, me contó que le sucedió, algo muy ridículo y, por Zeus, no inesperado, como si a otro le pudiera pasar lo mismo. Pues estaba con una mujer rica y refinada, de las más ilustres de la ciudad. Al tener que viajar alguna vez, dijo que lo primero que le pasó fue lo más ridículo: que le habían entregado para sentarse con él, siendo filósofo, a un afeminado de los que se depilan las piernas y se afeitan la barba; y ella, como es natural, lo tenía en gran estima. Y recordaba incluso el nombre del afeminado: decía que se llamaba Quelidonio. Esto, pues, fue lo primero:¡ qué gran cosa para un hombre sombrío, viejo y de barba canosa— y sabes qué barba tan poblada y solemne tenía Tesmópolis— tener sentado al lado a alguien con colorete, los ojos pintados, la mirada lánguida y el cuello inclinado, no una golondrina, por Zeus, sino un buitre al que le han arrancado las plumas! Y si no le hubiera rogado mucho, incluso se habría sentado con la redecilla en la cabeza. Y, en cuanto a lo demás, durante todo el camino tuvo que soportar mil molestias mientras aquel canturreaba y gorjeaba, y si él mismo no lo hubiera detenido, quizás hasta habría bailado en el carruaje.
34
Y otra cosa parecida le fue ordenada. Pues la mujer, llamándolo, le dijo:« Tesmópolis, así prosperes, concédeme un favor no pequeño sin replicar ni esperar a que te lo pida más veces». Y habiendo prometido él, como era de esperar, que haría todo, dijo:« Te pido esto, viéndote bueno, diligente y cariñoso: toma a la perra que conoces, Mirrina, en el vehículo, guárdamela y cuida de que no le falte nada; pues la pobre está pesada de vientre y casi a punto de parir; y estos criados malditos y desobedientes no hacen mucho caso ni de ella ni de mí misma en los caminos. No creas, pues, que me harás un pequeño favor al cuidar de mi perrita, tan querida y dulce para mí». Tesmópolis prometió, mientras ella le suplicaba mucho y casi lloraba. Pero el asunto era ridículo: una perrita asomando por el manto, pequeña bajo la barba, que orinaba a menudo— incluso si Tesmópolis no añadía esto—, ladrando con voz fina— pues así son las de Malta— y lamiendo la barba del filósofo, especialmente si se le había mezclado algo del caldo de ayer. Y el afeminado, el compañero de asiento, que a veces se burlaba no sin ingenio de los demás presentes en el banquete, cuando lanzó la burla sobre Tesmópolis, dijo:« Sobre Tesmópolis, solo tengo que decir esto: que en lugar de estoico, ya se ha convertido en cínico para nosotros». Y me enteré de que la perrita incluso había parido en el manto de Tesmópolis.
35
Así se dan el gusto, o mejor dicho, se burlan de los que están con ellos, preparándolos poco a poco para ser dóciles ante la insolencia. Y yo conozco a un retórico de los de afilados dientes al que, en la cena, se le ordenó declamar,¡ por Zeus!, no sin educación, sino de forma muy precisa y bien estructurada; pues era elogiado mientras bebían, no con agua medida, sino hablando de ánforas de vino, y se decía que había aceptado este atrevimiento por doscientas dracmas. Esto, pues, es quizás moderado. Pero si el rico es poeta o escritor y recita sus propias obras durante la cena, entonces es cuando más hay que reventar elogiando, adulando e inventando formas más novedosas de alabanza. Y hay quienes quieren ser admirados por su belleza, y hay que llamarlos Adonis y Jacinto, aunque a veces tengan la nariz de un codo de largo. Y tú, si no elogias, irás directamente a las canteras de Dionisio como si le tuvieras envidia y conspiraras contra él. Y hay que pensar que ellos mismos son sabios y retóricos, y aunque cometan algún solecismo, hay que pensar que sus palabras están llenas de Ática y del Himeto, y que es ley hablar así en adelante.
36
Y, sin embargo, lo de los hombres es quizás soportable. Pero las mujeres— pues también esto es un afán de las mujeres, el tener a algunos instruidos a sueldo que las acompañen y sigan al palanquín; pues esto les parece uno de sus otros adornos, si se dice que son instruidas, filósofas y que hacen poemas que no distan mucho de los de Safo—, por esto mismo, ellas también llevan consigo a sueldo a retóricos, gramáticos y filósofos, y los escuchan...¿ cuándo? Pues esto también es ridículo: o mientras se peinan y se trenzan los cabellos, o durante la cena; pues en otro momento no tienen tiempo libre. Y a menudo, mientras el filósofo está exponiendo algo, la doncella se acerca y le entrega una nota del amante, y aquellos discursos sobre la templanza se quedan esperando hasta que ella, tras haber respondido al amante, vuelve a la escucha.
37
Y cuando, después de mucho tiempo, al llegar las Cronias o las Panateneas, se te envía algún miserable sobretodo o una túnica vieja, ahí es donde más grande y pomposa debe ser la procesión. Y el primero, al oírlo antes de que el amo termine de pensarlo, sale corriendo, anuncia la noticia y se va tras haber recibido un salario no pequeño por el anuncio. Y desde el alba llegan trece, trayendo cada uno lo que dijo, cómo recordó y cómo, al ser encargado, eligió lo mejor. Y todos se van tras haber recibido, incluso enfadándose porque no diste más.
38
Pues el salario en sí es de dos o cuatro óbolos, y tú pareces pesado y molesto al pedirlo. Pero para recibirlo, hay que adular al propio amo y suplicarle, y también hay que atender al administrador, este de otra manera de atención; y no hay que descuidar tampoco al consejero y amigo. Y lo recibido ya se debía al ropavejero, al médico o a algún zapatero. Así que tus regalos son sin regalo y sin provecho.
39
Y hay mucha envidia, y en algún lugar surge poco a poco alguna calumnia contra un hombre que ya acepta con gusto las palabras contra ti; pues ya ve que tú estás consumido por los continuos trabajos, que cojeas por el servicio y que estás agotado, mientras la gota empieza a aparecer. Pues, en general, tras haber florecido lo más jugoso de ti y haber agotado lo más fructífero de tu edad y lo más vigoroso de tu cuerpo, y haberte convertido en un harapo hecho jirones, ya mira a otro lado, para ver a dónde arrojarte al estiércol y cómo contratar a otro que pueda soportar los trabajos. Y ya sea porque alguna vez intentaste algo con un joven, o porque un hombre viejo corrompe a una doncella de la señora, o acusado de cualquier otra cosa similar, has salido de noche cubierto y empujado por el cuello, desamparado y sin recursos, habiendo recibido de él en la vejez la mejor gota, habiendo olvidado en tanto tiempo lo que antes sabías, y habiendo hecho tu vientre más grande que un zurrón, un mal insaciable e implacable. Pues también la garganta exige lo que es costumbre y se indigna al olvidarlo.
40
Y nadie más te recibiría, habiéndote vuelto ya fuera de tiempo y pareciéndote a los caballos envejecidos, de los cuales ni siquiera la piel es igual de útil. Además, la calumnia derivada de haber sido expulsado, al ser conjeturada hacia algo mayor, te hace parecer adúltero, envenenador o algo similar; pues el acusador es digno de crédito incluso callando, y tú eres griego, de carácter fácil y dispuesto a cualquier injusticia. Pues creen que todos nosotros somos así, y con mucha razón; pues me parece que he comprendido la causa de tal opinión que tienen sobre nosotros. Pues muchos, al entrar en las casas, por no saber nada más útil, prometieron adivinaciones, hechizos, favores en asuntos eróticos y encantamientos contra los enemigos, diciendo que estaban instruidos en esto, vistiendo mantos y dejándose barbas nada despreciables. Con razón, pues, tienen la misma sospecha sobre todos, al ver a tales personas que creían que eran los mejores, y especialmente observando su adulación en las cenas y en el trato, y su servilismo por el lucro.
41
Y al deshacerse de ellos, los odian, y con mucha razón, y buscan por todos los medios cómo destruirlos por completo, si pueden; pues calculan que revelarán muchos de esos secretos de su naturaleza, como si lo supieran todo con precisión y los hubieran visto desnudos. Esto, pues, los ahoga; pues todos son exactamente iguales a esos libros hermosísimos, cuyos ombligos son de oro y el cuero exterior de púrpura, pero por dentro son un Tiestes banqueteando con sus hijos, un Edipo conviviendo con su madre o un Tereo violando a dos hermanas a la vez. Tales son ellos mismos, brillantes y admirados, pero por dentro, bajo la púrpura, esconden una gran tragedia; pues si desenrollas a cada uno de ellos, encontrarás un drama no pequeño de algún Eurípides o Sófocles, mientras que por fuera es una púrpura floreciente y el ombligo de oro. Sabiendo esto sobre sí mismos, odian y conspiran si alguien, al apartarse y haberlos observado con precisión, los dramatiza y se lo cuenta a muchos.
42
Pero quiero, sin embargo, al igual que aquel Cebes, pintarte una imagen de tal vida, para que, mirando hacia ella, sepas si debes entrar en ella. Me habría gustado, pues, necesitar a un Apeles, un Parrasio, un Aeción o incluso un Eufránor para la pintura; pero como ahora es difícil encontrar a alguien tan noble y preciso en el arte, te mostraré la imagen lo más desnuda posible. Y, en efecto, que se pinten unos propileos altos y dorados, no abajo en el suelo, sino situados arriba de la tierra en una colina, y la subida sea larga, empinada y resbaladiza, de modo que muchos, esperando estar ya en la cima, se rompan el cuello al fallarles el pie. Y dentro, que esté sentado el propio Pluto, todo de oro, como parece, muy hermoso y deseable. Y el amante, tras haber subido apenas y acercarse a la puerta, que esté atónito mirando hacia el oro. Y la Esperanza, habiéndolo tomado, hermosa ella también y vestida de forma variada, que lo introduzca muy asombrado por la entrada. De ahí en adelante, que la Esperanza vaya siempre delante, y que otras mujeres, el Engaño y la Esclavitud, tras haberlo recibido, lo entreguen al Trabajo, y este, tras haber ejercitado mucho al desgraciado, que al final lo entregue a la Vejez, ya enfermo y con el color alterado. Y la última, la Insolencia, tomándolo, que lo arrastre hacia la Desesperación. Y que la Esperanza, a partir de esto, vuele invisible, y que ya no sea expulsado por las puertas doradas por las que entró, sino que sea empujado por alguna salida oculta y disimulada, desnudo, barrigón, pálido y viejo, cubriendo su vergüenza con una mano y ahorcándose a sí mismo con la derecha. Y que al salir le salga al encuentro el Arrepentimiento, llorando sin provecho alguno y destruyendo al desgraciado. Que este sea el final de la pintura. Y tú, mi excelente Timocles, tras observar ya con precisión cada cosa, reflexiona si te conviene entrar en la imagen por esas puertas y salir luego de forma tan vergonzosa. Y hagas lo que hagas, recuerda lo que dice el sabio: que el dios no tiene culpa, la culpa es del que elige.

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