Jerome

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Original / primary: Spanish Gemini
1
Puesto que, Cratón, has formulado desde hace mucho tiempo, según creo, esta terrible acusación contra la danza y contra la danza misma, y además contra nosotros, los que disfrutamos de tal espectáculo, como si dedicáramos gran esfuerzo a algo trivial y femenino, escucha cuánto te has alejado de la verdad y cómo sin darte cuenta estás acusando al mayor de los bienes de la vida. Y te disculpo si, al vivir desde el principio una vida austera y considerar que solo lo duro es bueno, por ignorancia has creído que son dignas de acusación.
2
¿ Pero qué clase de hombre, y además alguien formado en la educación y que ha tratado moderadamente con la filosofía, abandona, Licino, el esforzarse por lo mejor y el estar con los antiguos, y se sienta a escuchar música, viendo a un hombre afeminado engreírse con ropas suaves y cantos licenciosos e imitando a mujeres eróticas, a las más lujuriosas de la antigüedad, a Fedras, Partenópeas y algunas Rodopes, y todo esto bajo el son de instrumentos, trinos y el golpe de los pies, cosas verdaderamente ridículas y que en absoluto convienen a un hombre libre y como tú? De modo que yo, al enterarme de que pasabas el tiempo en tal espectáculo, no solo me avergoncé por ti, sino que también me afligí de que, olvidándote de Platón, Crisipo y Aristóteles, te sientes a sufrir lo mismo que los que se rascan los oídos con una pluma, y esto habiendo innumerables otras audiciones y espectáculos serios, si alguien necesitara de ellos, como los flautistas cíclicos y los que cantan con la cítara las leyes, y sobre todo la solemne tragedia y la más alegre comedia, que incluso han sido consideradas dignas de ser competitivas.
3
Mucha, pues, noble amigo, será la apología que necesites ante los instruidos, si quieres no ser excluido por completo y expulsado del rebaño de los hombres serios. Aunque lo mejor, creo, es remediarlo todo con una negación y no admitir ni desde el principio que hayas cometido tal transgresión. Pero, en adelante, cuida de no convertirte sin que nos demos cuenta, de hombre que eras antes, en una lidia o una bacante, lo cual no sería un reproche solo tuyo, sino también nuestro, si no te arrancamos, como a Odiseo del loto, para devolverte a tus ocupaciones habituales antes de que te veas completamente atrapado por las sirenas del teatro. Aunque aquellas conspiraban solo contra los oídos y por eso hizo falta cera para pasar junto a ellas; tú, en cambio, pareces haber sido esclavizado por completo también a través de los ojos.
4
Licino:¡ Vaya, Cratón, qué perro feroz has soltado contra nosotros! Sin embargo, el ejemplo, la imagen de los lotófagos y las sirenas, me parece muy poco semejante a lo que he experimentado, puesto que para aquellos que probaron el loto y escucharon a las sirenas, la ruina de la comida y de la audición era el castigo, mientras que para mí, además de que el placer ha resultado ser mucho más dulce, el fin también ha resultado ser bueno; pues no me pierdo en el olvido de lo que dejé en casa ni en el desconocimiento de mis asuntos, sino que, si debo decirlo sin vacilar, he regresado del teatro mucho más sensato y con mayor capacidad de discernimiento en la vida. O mejor aún, es bueno decir lo de Homero, que quien ha visto este espectáculo regresa deleitado y sabiendo más. Cratón:¡ Por Heracles, Licino, qué te ha pasado, que ni siquiera te avergüenzas de ello, sino que pareces incluso enorgullecerte! Lo más terrible es, al menos, que no nos ofreces ninguna esperanza de curación, al atreverte a elogiar cosas tan vergonzosas y despreciables.
5
Licino: Dime, Cratón,¿ acaso tú mismo criticas esto sobre la danza y lo que sucede en el teatro después de haberlo visto muchas veces, o, sin haber experimentado el espectáculo, lo consideras aun así vergonzoso y despreciable, como dices? Pues si lo viste, te has vuelto igual que nosotros; pero si no, cuida de que tu crítica no parezca irracional y temeraria, al acusar lo que desconoces. Cratón: Pues esto es lo que me quedaba, sentarme en medio de esas mujeres y de esos espectadores enloquecidos con esta barba espesa y este cabello canoso, aplaudiendo además y gritando elogios inapropiados a un hombre perdido que se retuerce sin necesidad alguna. Licino: Es comprensible eso que dices, Cratón. Pero si alguna vez me hicieras caso y te prestaras, aunque fuera por probar, abriendo los ojos, sé bien que no soportarías no ocupar antes que los demás un lugar adecuado desde donde verás con precisión y escucharás todo. Cratón:¡ Ojalá no llegue nunca el momento en que soporte tal cosa, mientras tenga las piernas velludas y la barba sin depilar! Como ahora, ya me das lástima por haberte vuelto completamente un bacante para nosotros.
6
Licino:¿ Quieres entonces, amigo, dejar estas blasfemias y escucharme decir algo sobre la danza y sus bondades, y cómo no solo es placentera sino también útil para los espectadores, y cuánto educa y cuánto enseña, y cómo regula las almas de quienes la ven, ejercitándolas con los más bellos espectáculos, entreteniéndolas con las mejores audiciones y mostrando una belleza común del alma y del cuerpo? Pues el hacer todo esto con música y ritmo no sería un reproche para ella, sino más bien un elogio. Cratón: Yo no tengo mucho tiempo para escuchar a un hombre enloquecido elogiando su propia enfermedad; pero si quieres derramar alguna tontería sobre mí, estoy dispuesto a soportar este servicio amistoso y prestarte los oídos, pudiendo incluso sin cera desoír las cosas triviales. Así que ya me callaré para ti, y di todo lo que quieras como si nadie te escuchara.
7
Bien, Cratón, y esto era lo que más necesitaba; pues sabrás en poco tiempo si lo que se dirá te parecerá una tontería. Y, en primer lugar, me parece que desconoces por completo que esta práctica de la danza no es algo nuevo ni que comenzó ayer o anteayer, como en tiempos de nuestros antepasados o de los de ellos, sino que quienes cuentan la genealogía de la danza con mayor veracidad te dirían que junto con el primer nacimiento de todas las cosas surgió también la danza, apareciendo junto con aquel antiguo Eros. La danza de los astros, la conjunción de los planetas con las estrellas fijas, su comunión rítmica y su armonía ordenada son muestras de la danza primigenia. Y creciendo poco a poco y obteniendo siempre una mejora hacia lo mejor, ahora parece haber llegado a su culminación y haberse convertido en un bien variado, panarmónico y lleno de música.
8
Licino: Primero dicen que Rea, complacida con el arte, ordenó bailar a los coribantes en Frigia y a los curetes en Creta, y no poco se benefició de su arte, pues al bailar a su alrededor salvaron a Zeus, de modo que Zeus podría admitir con razón que les debe su salvación, al haber escapado gracias a la danza de ellos de los dientes paternos. La danza de ellos era en armas, chocando las espadas entre sí contra los escudos y saltando con algo divino y guerrero. Después, los más poderosos de los cretenses, practicándola activamente, se convirtieron en excelentes bailarines, no solo los particulares, sino también los más reales y los que aspiraban a ser los primeros. Homero, al menos, llamó a Meríones bailarín, no queriendo insultarlo sino honrarlo, y era tan distinguido y conocido por todos por la danza que no solo los griegos sabían esto de él, sino también los mismos troyanos, a pesar de ser enemigos; pues veían, creo, también su ligereza y euritmia al combatir, que había adquirido de la danza. Los versos dicen más o menos así: Meríones, pronto, aunque seas bailarín, mi lanza te detendrá. Y, sin embargo, no lo detuvo; pues, como estaba ejercitado en la danza, fácilmente, creo, esquivaba los lanzamientos de las jabalinas contra él.
9
Licino: Y pudiendo mencionar a muchos otros héroes ejercitados en lo mismo y que hicieron del asunto un arte, considero suficiente a Neoptólemo, hijo de Aquiles, quien destacó mucho en la danza y le añadió la forma más bella, llamada por él Pírrica; y Aquiles, al enterarse de esto sobre su hijo, se alegraba más, creo, que por su belleza y su otra fuerza. Por tanto, la danza de aquel derribó y arrojó al suelo a Ilión, que hasta entonces era inexpugnable.
10
Licino: Los lacedemonios, que parecen ser los mejores de los griegos, habiendo aprendido de Pólux y Cástor a bailar la cariátide( que es también un tipo de danza, enseñada en Carías de Laconia), hacen todo con las Musas, hasta el punto de combatir al son de la flauta, el ritmo y el paso ordenado del pie; y la flauta da a los lacedemonios la primera señal para la batalla. Por eso también vencían a todos, guiados por la música y la euritmia. Y podrías ver incluso ahora que sus efebos aprenden a bailar no menos que a combatir con armas; pues cuando, tras haber luchado cuerpo a cuerpo y golpeado y sido golpeados por turnos, terminan, su competición termina en danza, y un flautista se sienta en medio tocando y marcando el ritmo con el pie, mientras ellos, siguiendo a los demás en fila, muestran todo tipo de figuras entrando al ritmo, a veces guerreras, poco después danzantes, que son queridas por Dioniso y Afrodita.
11
Licino: Por tanto, también el canto que cantan mientras bailan es una invocación a Afrodita y a los Erotes, para que se unan a ellos en la fiesta y en la danza. Y el otro de los cantos— pues se cantan dos— contiene la enseñanza de cómo se debe bailar. Pues dicen:«¡ Adelante, muchachos, cambiad el paso y bailad!», es decir, bailad mejor. Lo mismo hacen los que bailan el llamado hormos.
12
El hormos es una danza común de efebos y doncellas, que bailan uno tras otro y que verdaderamente parecen un collar; el efebo guía bailando los movimientos juveniles y los que usará después en la guerra, mientras la doncella le sigue decorosamente enseñando a bailar lo femenino, de modo que el hormos está tejido de templanza y valentía. Y las gimnopedias también son para ellos, de igual modo, una danza.
13
Lo que Homero ha compuesto sobre Ariadna en el escudo y sobre el coro que Dédalo le preparó, lo omito por haberlo leído tú, así como a los dos bailarines que el poeta llama allí acróbatas, que guían el coro, y de nuevo lo que dice en el mismo escudo:« los jóvenes bailarines giraban», siendo esto algo bellísimo que Hefesto añadió al escudo. Pues era muy natural que los feacios disfrutaran de la danza, siendo refinados y viviendo en toda felicidad. Homero, al menos, ha hecho que Odiseo admire esto sobre todo en ellos y contemple el centelleo de sus pies.
14
En Tesalia, el ejercicio de la danza progresó tanto que a sus jefes y principales combatientes los llamaban prebailarines; y esto lo demuestran las inscripciones de las estatuas que erigían a los que se distinguían:« La ciudad eligió a este como prebailarín», dicen. Y de nuevo:« El pueblo a Elatión por haber bailado bien la batalla».
15
Dejo de decir que no es posible encontrar ninguna iniciación antigua sin danza, habiéndolas establecido Orfeo, Museo y los mejores bailarines de entonces, como algo bellísimo también esto, el ser iniciado con ritmo y danza. Y que esto es así, los misterios es mejor callarlos por los no iniciados, pero todos escuchan esto, que la mayoría dice que los que revelan los misterios« bailan fuera».
16
En Delos, ni siquiera los sacrificios se hacían sin danza, sino con ella y con música. Coros de niños reunidos al son de la flauta y la cítara bailaban, y los mejores elegidos de entre ellos bailaban debajo. Los cantos compuestos para los coros se llamaban hiporremas y la lira estaba llena de tales cosas.
17
Y¿ por qué te hablo de los griegos, cuando incluso los indios, cuando se levantan al amanecer y rezan al Sol, no consideramos nosotros que nuestra oración es completa besando la mano, sino que ellos, de pie hacia el oriente, saludan al Sol con la danza, configurándose en silencio e imitando la danza del dios; y esto es para los indios oración, coros y sacrificio. Por eso también aplacan al dios dos veces, al comenzar y al ponerse el día.
18
Los etíopes, incluso cuando guerrean, lo hacen con danza, y un hombre etíope no lanzaría la flecha tras quitarla de su cabeza— pues usan esta en lugar de carcaj, atándose las flechas alrededor como rayos— si no bailara primero y amenazara con la figura y aterrorizara de antemano al enemigo con la danza.
19
Es digno, ya que hemos recorrido la India y Etiopía, descender también con el discurso a su vecina Egipto. Pues me parece que el antiguo mito dice que Proteo el egipcio no fue otra cosa que un bailarín, un hombre imitativo capaz de configurarse y transformarse para todo, de modo que imitaba la fluidez del agua y la agudeza del fuego en la vehemencia del movimiento, la ferocidad del león, el ardor del leopardo, el balanceo de un árbol y, en general, lo que quisiera. El mito, al tomar su naturaleza hacia lo más paradójico, narró que se convertía en aquello que imitaba. Lo cual también está presente en los que bailan ahora, y podrías verlos cambiar rápidamente según la ocasión e imitando al mismo Proteo. Hay que conjeturar también que la Empusa, que se transformaba en diez mil formas, fue transmitida por el mito como una persona de este tipo.
20
Tras esto, es justo no olvidar tampoco la danza de los romanos, que los más nobles de ellos bailan para el más guerrero de los dioses, Ares, los llamados salios( este es un nombre de sacerdocio), siendo a la vez muy solemne y muy sagrada.
21
Un mito bitinio, y este no muy ajeno a los itálicos, dice que Príapo, un demonio guerrero, uno de los Titanes creo o de los Dáctilos del Ida, habiendo hecho de esto su tarea, enseñar las artes de armas, tomó de Hera a Ares, siendo aún niño, pero duro y varonil más allá de lo normal, y no le enseñó a combatir con armas antes de haberlo convertido en un bailarín perfecto. Y por esto recibió también una recompensa de Hera, recibir siempre de Ares el diezmo de lo que resultaba de la guerra.
22
Pues las cosas dionisíacas y báquicas creo que no esperas escucharlas de mí, ya que todo aquello era danza. Siendo, pues, tres las danzas más generales, el cordax, la sicinnis y la emmelia, los servidores de Dioniso, los sátiros, al inventarlas, nombraron cada una por sí mismos, y usando este arte, dicen, Dioniso sometió a los tirrenos, indios y lidios, y bailó sobre un pueblo tan guerrero con sus propios tíasos.
23
Licino: De modo que, admirable amigo, cuida de que no sea impío acusar una práctica a la vez divina y mística, y practicada por tantos dioses y hecha en honor a ellos, y que proporciona tanto deleite como educación útil. Me asombra también eso de ti, sabiendo que eres amante sobre todo de Homero y Hesíodo( pues volveré de nuevo a los poetas), cómo te atreves a contradecir a aquellos que elogian la danza por encima de todo. Homero, al enumerar las cosas más dulces y bellas, el sueño, el amor, el canto y la danza, llamó a esta sola irreprochable, testificando por Zeus también lo dulce al canto, cosas que ambas están presentes en la danza, tanto el canto dulce como el baile irreprochable, que tú ahora intentas censurar. Y de nuevo en otra parte de la poesía:« A uno le dio el dios obras de guerra, a otro la danza y el canto deseable». Pues deseable es verdaderamente el canto con danza y este es el regalo más bello de los dioses. Y parece que Homero, al haber dividido todas las cosas en dos, guerra y paz, ha contrapuesto solo estas cosas a las de la guerra como las más bellas.
24
Licino: Hesíodo, en cambio, no habiendo escuchado de otro sino viendo él mismo a las Musas bailar desde el amanecer, al principio de los poemas relata este mayor elogio sobre ellas, que« alrededor de la fuente de color violeta bailan con pies delicados», danzando alrededor del altar del padre. Pero tú, noble amigo, casi luchando contra los dioses, injurias a la danza.
25
Sócrates, hombre sapientísimo, si es que hay que creer al Pitio sobre lo que dice de él, no solo elogiaba la danza sino que consideraba digno aprenderla, otorgando gran importancia a la euritmia, a la buena música, al movimiento armonioso y a la elegancia del que se mueve; y no se avergonzaba siendo un hombre anciano de considerar esto también como una de las enseñanzas más serias. Y aquel iba a esforzarse no poco en la danza, él que no vacilaba en aprender incluso las cosas pequeñas, sino que frecuentaba las escuelas de las flautistas y no desdeñaba escuchar algo serio de una mujer cortesana, Aspasia. Aunque él veía entonces el arte apenas comenzando y todavía no articulado en tanta belleza. Pero si viera a los que ahora la han llevado a su mayor esplendor, sé bien que, abandonándolo todo, prestaría su atención solo a este espectáculo y no habría enseñado a sus hijos otra cosa antes que esta.
26
Me parece que, cuando elogias la comedia y la tragedia, has olvidado que también en cada una de ellas hay un tipo propio de danza, como la emmelia en la tragedia, el cordax en la comedia, y a veces también se añade una tercera, la sicinnis. Y puesto que al principio preferiste a la danza la tragedia, la comedia, los flautistas cíclicos y la citarodia, llamándolas competitivas y por eso solemnes, vamos ahora a comparar cada una de ellas con la danza. Aunque, si te parece, dejemos de lado la flauta y la cítara; pues estas son también partes del servicio del bailarín.
27
Aprendamos, pues, la tragedia desde la figura misma, qué clase de espectáculo es, un hombre ejercitado en una longitud sin ritmo, montado sobre coturnos altos, con una máscara que se eleva sobre la cabeza y una boca abierta inmensa como si fuera a tragarse a los espectadores. Dejo de hablar de los rellenos de pecho y vientre, fingiendo una gordura añadida y artificial, para que la falta de ritmo de la longitud no se delate más en la delgadez; luego, gritando él mismo desde dentro, doblándose y contorsionándose, a veces incluso cantando los yambos y, lo que es más vergonzoso, cantando las desgracias, y ofreciéndose responsable solo de la voz; pues de lo demás se ocuparon los poetas que vivieron hace mucho tiempo. Y mientras es una Andrómaca o una Hécuba, el canto es soportable; pero cuando el mismo Heracles entra y canta un monólogo, olvidándose de sí mismo y sin respetar ni la piel de león ni la maza que lleva puesta, uno podría decir con razón que el asunto es una falta de sentido común.
28
Pues, además, lo que reprochabas a la danza, que siendo hombres imiten a mujeres, este sería un reproche común también para la tragedia y la comedia; pues hay más mujeres en ellas que hombres.
29
Licino: La comedia, en cambio, ha considerado parte de su deleite lo ridículo de las mismas máscaras, como las máscaras de Daón, Tibión y los cocineros. Pero la figura del bailarín, cómo es decorosa y apropiada, no hace falta que yo lo diga, pues es evidente para los que no son ciegos; y la máscara misma es bellísima y semejante al drama representado, no abierta como aquellas, sino cerrada; pues tiene muchos que gritan por él.
30
Antiguamente, ellos mismos cantaban y bailaban; luego, como el aliento de los que se movían perturbaba el canto, pareció mejor que otros cantaran por ellos.
31
Los temas son comunes a ambos, y los de la danza no se distinguen en nada de los trágicos, salvo que estos son más variados, más eruditos y tienen diez mil cambios.
32
Y si la danza no es competitiva, digo que la causa es que a los organizadores de los juegos les pareció el asunto más grande y solemne que para ser llamado a examen. Dejo de decir que una ciudad en Italia, la mejor del linaje calcídico, ha añadido esto como un adorno al certamen que tienen allí.
33
Quiero ya aquí disculparme por las muchísimas cosas omitidas en el discurso, para no dar la impresión de ignorancia o falta de instrucción. Pues no se me escapa que muchos de los que han escrito sobre la danza antes que nosotros dedicaron la mayor parte del escrito a recorrer todos los tipos de danza y enumerar sus nombres y cuál es cada una y por quién fue inventada, creyendo que esto proporcionaría una muestra de erudición. Yo, en cambio, creo que la ambición por estas cosas es de mal gusto, tardía y para mí inoportuna, y por eso la omito.
34
Licino: Además, te pido que consideres y recuerdes que no me propongo ahora genealogizar toda danza, ni me he fijado este objetivo en el discurso, enumerar los nombres de las danzas, salvo las pocas que mencioné al principio al elegir las más generales; pero el capítulo principal del discurso para mí en el presente es este: elogiar la danza tal como está establecida ahora y mostrar cuántas cosas placenteras y útiles contiene, no habiendo comenzado hace mucho a progresar hacia tanta belleza, sino sobre todo bajo el Augusto. Pues aquellas primeras eran como raíces y cimientos de la danza, pero su flor y su fruto más perfecto, que ahora sobre todo ha llegado a su culminación, este es el que nuestro discurso recorre, omitiendo el bailar el« termustris» y la grulla y las demás cosas como si ya no pertenecieran a esta de ahora. Pues ni siquiera ese tipo frigio de danza, el de las borracheras y banquetes, que ocurre con embriaguez, con gente rústica bailando a menudo al son de una flauta femenina con saltos violentos y agotadores, y que todavía hoy prevalece en las rusticidades, lo omití por ignorancia, sino porque estas cosas no tienen nada en común con la danza actual. Pues incluso Platón en las Leyes elogia algunos tipos de esta, mientras que otros los desprecia por completo, dividiéndolos en lo placentero y lo útil, y expulsando de ellos los más indecorosos, prefiriendo y admirando los otros.
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Y sobre la danza misma, hasta aquí; pues alargar el discurso recorriéndolo todo es de mal gusto. Lo que el bailarín mismo debe tener y cómo debe estar ejercitado y qué debe haber aprendido y con qué debe fortalecer la obra, te lo expondré ahora, para que aprendas que el arte no es de las cosas fáciles y manejables, sino que llega a la culminación de toda educación, no solo musical sino también rítmica y métrica, y sobre todo de tu filosofía, tanto la física como la ética; pues la curiosidad dialéctica la ha considerado inoportuna para sí. No obstante, tampoco se aparta de la retórica, sino que participa también de ella, en la medida en que es demostrativa de carácter y pasión, cosas que también los retóricos codician. No está exenta tampoco de la pintura y la escultura, sino que parece imitar sobre todo la euritmia en estas, de modo que no parece que ni Fidias ni Apeles sean mejores que ella.
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Ante todo, se propone tener propicias a Mnemósine y a su hija Polimnia, e intenta recordar todo. Pues, según el Calcante homérico, el bailarín debe saber« lo que es, lo que será y lo que fue antes», de modo que nada se le escape, sino que la memoria de estas cosas esté a mano. Y el capítulo de la promesa es que es una ciencia imitativa, demostrativa, reveladora de lo pensado y clarificadora de lo invisible, y lo que Tucídides dijo sobre Pericles elogiando al hombre, esto sería también el mayor elogio del bailarín: conocer lo necesario y explicarlo; y por explicación entiendo ahora la claridad de las figuras. Y todo el suministro para la obra es la historia antigua, como dije antes, y su memoria a mano y su demostración con decoro.
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Licino: Pues debe saberlo todo, comenzando desde el caos mismo y el primer nacimiento del mundo hasta los tiempos de Cleopatra la egipcia. Que en este intervalo quede limitada para nosotros la erudición del bailarín y que sepa sobre todo lo que hay en medio: la castración de Urano, los nacimientos de Afrodita, la batalla de los Titanes, el nacimiento de Zeus, el engaño de Rea, la sustitución de la piedra, las cadenas de Crono, el sorteo de los tres hermanos.
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Luego, a continuación, la rebelión de los Gigantes, el robo del fuego, la creación de los hombres, el castigo de Prometeo, el poder de Eros de ambos, y después de esto el vagar de Delos y los dolores de parto de Leto y la eliminación de Pitón y la conspiración de Ticio y el centro de la tierra encontrado por el vuelo de las águilas.
39
Deucalión después de esto, y el gran naufragio de aquella vida, y el único cofre que guardaba el resto del género humano, y los hombres de nuevo a partir de piedras. Luego el desmembramiento de Yaco y el engaño de Hera y la incineración de Sémele y ambos nacimientos de Dioniso, y lo que concierne a Atenea y lo que concierne a Hefesto y Erictonio, y la disputa por el Ática, y Halirrotio y el primer juicio en el Areópago, y en general toda la mitología ática.
40
Licino: Y especialmente el vagar de Deméter y el hallazgo de Core y la hospitalidad de Céleo y la agricultura de Triptólemo y la viticultura de Icario y la desgracia de Erígone, y lo que concierne a Bóreas y lo que concierne a Oritía y Teseo y Egeo. Además, la acogida de Medea y de nuevo la huida a los persas y las hijas de Erecteo y las de Pandión, y lo que sufrieron e hicieron en Tracia. Luego Acamante y Filis y el rapto anterior de Helena y la expedición de los Dioscuros contra la ciudad y el sufrimiento de Hipólito y el regreso de los Heráclidas; pues esto también podría considerarse justamente ático. Estos pocos asuntos de los atenienses los he recorrido solo como muestra de los muchos omitidos.
41
A continuación, Mégara y Niso y Escila y el mechón púrpura y el viaje de Minos y la ingratitud hacia la benefactora. A los cuales siguen el Citerón y los sufrimientos de los tebanos y de los Labdácidas y la llegada de Cadmo y la flexión de la vaca y los dientes de serpiente y el surgimiento de los Espartos y de nuevo la transformación de Cadmo en dragón y la construcción de los muros al son de la lira y la locura del constructor de muros y la jactancia de su mujer Níobe y el silencio ante el duelo y las cosas de Penteo y Acteón y las de Edipo y Heracles junto con todos sus trabajos y la matanza de sus hijos.
42
Luego Corinto, llena también ella de mitos, que tiene a Glauca y a Creonte, y antes de ellos a Belerofonte y a Estenebea y la batalla de Helios y la de Poseidón, y después de esto la locura de Atamante y la huida aérea de los hijos de Néfele sobre el carnero, la acogida de Ino y Melicertes.
43
Tras esto, los Pelópidas y Micenas y lo que hay en ellas y antes de ellas, Ínaco e Ío y su guardián Argos y Atreo y Tiestes y Aérope, y el cordero de oro y la boda de Pelopea y la matanza de Agamenón y el castigo de Clitemnestra; y aún antes de esto la expedición de los siete jefes y la acogida de los yernos fugitivos de Adrasto y el oráculo sobre ellos y la falta de sepultura de los caídos y la pérdida de Antígona y Meneceo por esto.
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Y también lo de Nemea, Hipsípila y Arquémoro, recuerdos muy necesarios para el bailarín. Y antes de ellos conocerá la virginidad de Dánae y el nacimiento de Perseo y el trabajo emprendido por él contra las Gorgonas, al cual es propia también la narración etiópica, Casiopea y Andrómeda y Cefeo, a quienes la fe de los que vinieron después incluyó también entre los astros. Y conocerá también aquellas cosas antiguas de Egipto y Dánao y la conspiración nupcial.
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Tampoco Lacedemonia ofrece pocos temas de este tipo: Jacinto, Céfiro, el rival de Apolo, la muerte del joven bajo el disco, la flor nacida de su sangre y la inscripción que en ella se lamenta; la resurrección de Tindáreo y la cólera de Zeus contra Asclepio por ello; y, además, la hospitalidad de Paris y el rapto de Helena tras el juicio de la manzana.
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Licino: Pues hay que considerar que la historia iliaca está unida a la espartana, siendo esta vasta y de múltiples facetas; en efecto, cada uno de los que allí cayeron constituye un drama para la escena. Es necesario recordar estos temas, sobre todo desde el rapto mismo hasta los sucesos de los regresos, las andanzas de Eneas y los amores de Dido. No son ajenos a esto los dramas sobre Orestes y las hazañas del héroe en Escitia. Tampoco son discordantes los sucesos anteriores, sino afines a los iliacos: la vida de Aquiles como doncella en Esciro, la locura de Odiseo, la soledad de Filoctetes y, en general, toda la errancia de la Odisea, Circe, Telégono, el dominio de los vientos por Eolo y el resto hasta el castigo de los pretendientes; y antes de esto, la conjura contra Palamedes, la ira de Nauplio, la locura de Áyax y la muerte del otro en las rocas.
47
Élide también posee muchos recursos para quienes intentan bailar: Enómao, Mirtilo, Crono, Zeus y los primeros atletas de los Juegos Olímpicos.
48
Es abundante también la mitología de Arcadia: la huida de Dafne, la transformación de Calisto en fiera, la embriaguez de los centauros, el nacimiento de Pan, el amor de Alfeo y su viaje bajo el mar.
49
Pero incluso si llegas con el discurso a Creta, la danza toma de allí muchísimos temas: Europa, Pasífae, ambos toros, el laberinto, Ariadna, Fedra, Androgeo, Dédalo, Ícaro, Glauco, la adivinación de Polido y Talos, el vigilante de bronce de Creta.
50
Y si pasas a Etolia, también allí la danza encuentra mucho: Altea, Meleagro, Atalanta, el tizón, la lucha entre el río y Heracles, el origen de las Sirenas, la formación de las Equínades y la residencia de Alcmeón tras su locura; luego Neso y los celos de Deyanira, a causa de los cuales ocurrió la pira en el Eta.
51
Tracia también tiene mucho necesario para quien va a bailar: Orfeo, su desmembramiento y su cabeza parlante flotando con la lira, además de Hemo, Ródope y el castigo de Licurgo.
52
Tesalia ofrece aún más: Pelias, Jasón, Alcestis, la expedición de los cincuenta jóvenes, el Argo, su quilla parlante,
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los sucesos en Lemnos, Eetes, el sueño de Medea, el desmembramiento de Apsirto y lo ocurrido durante la navegación, y después de esto, Protesilao y Laodamía.
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Y si cruzas de nuevo a Asia, hay muchos dramas allí también: Samos, inmediatamente, con el infortunio de Polícrates y la errancia de su hija hasta los persas, y temas aún más antiguos: la charlatanería de Tántalo, el banquete de los dioses en su casa, el descuartizamiento de Pélope y su hombro de marfil.
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En Italia, el Erídano, Faetón y las hermanas álamos que lloran y derraman lágrimas de ámbar.
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Tal persona conocerá también a las Hespérides, el dragón guardián de la fruta de oro, el esfuerzo de Atlas, Geriones y el arreo de las vacas desde Eritía.
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No ignorará tampoco todas las metamorfosis míticas, cuántos se transformaron en árboles, fieras o aves, y cuántas mujeres se convirtieron en hombres; me refiero a Ceneo, Tiresias y otros similares.
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En Fenicia, Mirra y aquel duelo asirio que se comparte; conocerá esto, y también los sucesos más recientes que se atrevieron tras el imperio de los macedonios, tanto por parte de Antípatro como en la corte de Seleuco por el amor de Estratonice.
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Licino: Pues conocerá los temas egipcios, que son más místicos, aunque los representará de forma más simbólica; me refiero a Épafo, Osiris y las transformaciones de los dioses en animales. Y, sobre todo, conocerá los asuntos relativos a sus amores, incluso los del propio Zeus y en cuántas formas se transformó,
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y toda la tragedia en el Hades, los castigos, las causas de cada uno y la camaradería de Pirítoo y Teseo hasta el Hades.
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Licino: En resumen, no ignorará nada de lo que dicen Homero, Hesíodo, los mejores poetas y, sobre todo, la tragedia. He enumerado estos temas, que son muy pocos de entre muchos, o mejor dicho, infinitos en cantidad, tras haber seleccionado los más importantes, dejando los demás para que los canten los poetas, para que los muestren los propios bailarines y para que tú los descubras por analogía con los ya mencionados, los cuales es necesario que estén todos a mano y preparados para cada ocasión para el bailarín.
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Puesto que es imitativo y promete mostrar lo cantado mediante movimientos, es necesario para él, al igual que para los oradores, cultivar la claridad, de modo que cada una de las cosas mostradas por él sea evidente sin necesidad de intérprete, sino que, como dijo el oráculo pítico, el espectador de la danza debe entender incluso al sordo y escuchar al bailarín sin que este hable.
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Esto es lo que dicen que le ocurrió a Demetrio el Cínico. Pues, como él también te acusaba a ti de lo mismo respecto a la danza, diciendo que el bailarín era algo accesorio a la flauta, las siringas y los golpes, que no contribuía en nada al drama, sino que se movía de forma irracional y vana, sin que hubiera inteligencia alguna en ello, y que los hombres eran hechizados por el asunto, por el vestido de seda, la máscara hermosa, la flauta, los trinos y la buena voz de los cantantes, con los cuales el arte del bailarín no tenía nada que ver, el bailarín que gozaba de fama en tiempos de Nerón, que no era falto de inteligencia, según dicen, sino que, si alguien más, destacaba tanto en el conocimiento de la historia como en la belleza del movimiento, le pidió a Demetrio— una petición muy razonable, creo yo— que lo viera bailar y luego lo acusara. Y, en efecto, prometió mostrarle su arte sin flauta ni cantos. Y así lo hizo: tras ordenar silencio a los que golpeaban, a los flautistas y al propio coro, bailó por sí mismo el adulterio de Afrodita y Ares, indicando a Helios, a Hefesto tramando la emboscada y atrapando a ambos, tanto a Afrodita como a Ares, con sus redes, y a cada uno de los dioses presentes, a Afrodita avergonzada, a Ares temeroso y suplicante, y todo lo que acompaña a esta historia, de modo que Demetrio, encantado con lo que sucedía, le otorgó este gran elogio al bailarín: gritó y exclamó con gran voz:¡ Escucho, hombre, lo que haces; no solo lo veo, sino que me parece que hablas con las manos mismas!
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Y ya que estamos en el discurso sobre Nerón, quiero contar también lo que le ocurrió a un hombre bárbaro con el mismo bailarín, lo cual podría ser el mayor elogio de la danza. Pues un hombre de rango real de los bárbaros del Ponto, que había venido a ver a Nerón por algún asunto, observaba entre los demás a aquel bailarín, que bailaba con tanta claridad que, aunque no entendía lo que se cantaba— pues resultaba ser medio griego—, comprendía todo. Y así, al partir ya hacia su tierra, cuando Nerón lo despedía y le ordenaba pedir lo que quisiera, prometiendo dárselo, dijo: Si me das al bailarín, me harás el hombre más feliz. Cuando Nerón le preguntó para qué le sería útil allí, respondió: Tengo bárbaros vecinos que no hablan mi lengua, y no es fácil encontrar intérpretes para ellos. Si necesito algo, este me lo explicará todo mediante gestos. Hasta tal punto le llegó la imitación de la danza, al parecer tan distinguida y clara.
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La mayor ocupación y el objetivo de la danza es la representación, como dije, practicada de la misma manera que por los oradores, y sobre todo por aquellos que realizan estos llamados ejercicios retóricos; en efecto, en ellos no elogiamos nada más que el parecerse a los personajes propuestos y que lo dicho no sea discordante con los héroes, tiranicidas, pobres o campesinos introducidos, sino que en cada uno de ellos se muestre lo propio y distintivo.
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Quiero, pues, contarte también la ocurrencia de otro bárbaro sobre esto. Al ver cinco máscaras preparadas para el bailarín— pues de tantas partes constaba el drama—, preguntaba, al ver a un solo bailarín, quiénes serían los que bailarían e interpretarían las demás máscaras; cuando supo que él mismo interpretaría y bailaría todo, dijo: Me habías pasado inadvertido, excelente hombre, siendo este un solo cuerpo, pero teniendo muchas almas.
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Licino: Esto dijo el bárbaro. No sin razón los italianos llaman al bailarín pantomimo, casi por lo que hace. Pues es hermosa aquella exhortación poética: Oh hijo, teniendo la mente de una fiera marina de roca, relaciónate con todas las ciudades, y es necesaria también para el bailarín; y debe, aferrándose a los hechos, identificarse con cada uno de los personajes representados. La danza promete mostrar y representar caracteres y pasiones, introduciendo a veces a alguien enamorado, otras a alguien enfadado, a otro loco y a otro afligido, y todo esto con mesura. Lo más paradójico, en efecto, es que en el mismo día se muestra a un Átamas loco y a una Ino temerosa, y en otro momento al mismo Atreo, y poco después a Tiestes, luego a Egisto o a Erope; y todo esto es un solo hombre.
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Los otros espectáculos y audiciones tienen la demostración de una sola obra; pues es o flauta, o cítara, o melodía vocal, o dramaturgia trágica, o bufonería cómica; pero el bailarín lo tiene todo reunido, y es posible ver su preparación variada y mezclada: flauta, siringa, golpe de pies, sonido de címbalo, buena voz de actor, armonía de cantantes.
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Además, las otras cosas son obras de una de las partes del hombre, unas del alma y otras del cuerpo; pero en la danza ambas están mezcladas. Pues lo que sucede tiene demostración de inteligencia y energía de ejercicio corporal, y lo más importante es la sabiduría de los hechos y que nada sea fuera de razón. Lesbónax de Mitilene, en efecto, hombre noble y bueno, llamaba a los bailarines expertos en el manejo de las manos e iba a verlos para regresar mejor del teatro. Timócrates, su maestro, al ver una vez, sin haber ido a propósito, a un bailarín haciendo lo suyo, dijo:¡ De qué espectáculo me ha privado el respeto por la filosofía!
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Si son ciertas las cosas que Platón dice sobre el alma, el bailarín muestra bien sus tres partes: la irascible cuando muestra a alguien enfadado, la concupiscible cuando interpreta a los enamorados, la racional cuando refrena cada una de las pasiones; esto, ciertamente, está esparcido en cada parte de la danza como el tacto en los sentidos. Y al cuidar la belleza y la armonía en los bailes,¿ qué otra cosa hace sino confirmar lo de Aristóteles, quien elogia la belleza y considera que es también la tercera parte del bien? Escuché a alguien jactarse de algo más extravagante sobre el silencio de las máscaras de los bailarines, que esto también insinúa algún dogma pitagórico.
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Además, mientras que las otras ocupaciones prometen unas lo placentero y otras lo útil, solo la danza tiene ambas cosas, y lo útil es mucho más provechoso en cuanto que ocurre junto con lo placentero. Pues,¿ cuánto más agradable es ver esto que a jóvenes boxeando y sangrando, o a otros luchando en el polvo, a quienes la danza muestra a menudo de forma más segura, más hermosa y más placentera? El movimiento intenso de la danza, sus giros, vueltas, saltos y posturas, resulta placentero para los demás al verlos, pero para quienes los ejecutan, es muy saludable; pues yo diría que este es el ejercicio más hermoso y a la vez más rítmico, que ablanda el cuerpo, lo flexibiliza, lo aligera, enseña a ser ágil para el cambio y proporciona no poca fuerza a los cuerpos.
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Entonces,¿ cómo no va a ser la danza algo perfectamente armónico, que agudiza el alma, ejercita el cuerpo, deleita a los espectadores y enseña muchas cosas de antaño mediante flautas, címbalos y la euritmia de las melodías, encantando a través de los ojos y el oído? Si buscas riqueza de voz,¿ dónde podrías encontrarla en otro lugar, o qué audición es más polifónica o más melodiosa? Si buscas la mayor claridad de flauta y siringa, también puedes disfrutar de esto en la danza. Dejo de decir cómo te volverás mejor en tu carácter al relacionarte con tal espectáculo, cuando ves al teatro odiando lo que se hace mal, llorando con los que son tratados injustamente y, en general, educando el carácter de los espectadores.
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Lo que más se puede elogiar de los bailarines es lo que diré ahora: pues practicar a la vez la fuerza y la flexibilidad de los miembros me parece tan paradójico como si alguien mostrara en el mismo cuerpo la firmeza de Heracles y la delicadeza de Afrodita.
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Quiero ahora indicarte con el discurso cómo debe ser el mejor bailarín en alma y cuerpo. Aunque ya he dicho la mayor parte sobre el alma: pues digo que debe ser memorioso, talentoso, inteligente, agudo para concebir y, sobre todo, acertar con el momento oportuno, y además crítico de poemas, canciones y melodías, capaz de distinguir las mejores y refutar las mal compuestas.
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El cuerpo, me parece, lo mostraré según el canon de Policleto: pues no debe ser demasiado alto ni excesivamente largo más allá de la medida, ni bajo y de naturaleza enana, sino exactamente proporcionado, ni muy carnoso— pues es poco convincente—, ni delgado hasta el exceso; esto es esquelético y cadavérico.
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Quiero, pues, contarte los gritos de un pueblo no despreciable que señala tales cosas: los antioquenos, ciudad muy talentosa y que honra sobremanera la danza, vigila de tal modo cada una de las cosas dichas y hechas que a nadie se le escapa nada. Pues, al entrar un bailarín pequeño y bailar a Héctor, todos gritaron a una voz:¡ Oh Astianacte, pero Héctor,¿ dónde está?! Y en otra ocasión, cuando alguien muy alto, más allá de la medida, intentaba bailar a Capaneo y atacar los muros de los tebanos, dijeron:¡ Salta el muro, no necesitas escalera! Y ante un bailarín gordo y obeso que intentaba dar grandes saltos, dijeron: Te lo pedimos, perdona la tarima. Por el contrario, al muy delgado le gritaron:¡ Cuídate, que pareces enfermo! No mencioné esto por lo cómico, sino para que veas que pueblos enteros han puesto gran empeño en la danza, de modo que son capaces de regular lo que es hermoso y lo que es vergonzoso en ella.
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Después de esto, que sea absolutamente ágil y que su cuerpo sea a la vez flexible y firme, de modo que pueda doblarse cuando sea el momento y mantenerse firme si fuera necesario.
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Licino: Que la danza no está exenta de la gesticulación competitiva, sino que participa de las virtudes de Hermes, Pólux y Heracles en el atletismo, lo verías si te detuvieras en cada una de las imitaciones. A Heródoto le parece que lo que se ve por los ojos es más creíble que lo de los oídos; pero en la danza están presentes tanto lo de los oídos como lo de los ojos.
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La danza hechiza de tal modo que, si alguien enamorado entrara en el teatro, saldría curado al ver los malos fines del amor; y quien está dominado por la tristeza sale del teatro más alegre, como si hubiera bebido algún fármaco que hace olvidar y, según el poeta, sin dolor ni hiel. Señal de la afinidad con lo que sucede y de que cada uno de los espectadores reconoce lo que se muestra es que los espectadores lloran a menudo cuando aparece algo lastimero y digno de compasión. La danza báquica, practicada sobre todo en Jonia y el Ponto, aunque es satírica, ha cautivado de tal modo a la gente de allí que, en el momento señalado, olvidándose de todo lo demás, se sientan durante el día viendo a titanes, coribantes, sátiros y pastores. Y bailan esto los más nobles y principales de cada una de las ciudades, no solo sin avergonzarse, sino incluso sintiéndose orgullosos del asunto, más que de sus noblezas, liturgias y dignidades ancestrales.
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Puesto que he dicho las virtudes de la danza, escucha también sus vicios. Ya he mostrado los del cuerpo, y creo que podrías observar los del intelecto de esta manera. Pues muchos de ellos, por ignorancia— ya que es imposible que todos sean sabios—, muestran terribles solecismos en la danza: unos moviéndose de forma irracional y sin seguir, como dicen, la cuerda, pues el pie dice una cosa y el ritmo otra; otros, aunque con ritmo, hacen las cosas a destiempo, antes o después, como recuerdo haber visto una vez. Pues alguien que bailaba el nacimiento de Zeus y la ingestión de los hijos por Crono, bailaba los infortunios de Tiestes, llevado por la semejanza. Y otro, interpretando a Sémele siendo alcanzada por el rayo, la comparaba con Glauca, que era posterior. Pero no creo que deba condenarse la danza misma por tales bailarines, ni odiarse el arte, sino que a aquellos hay que considerarlos ignorantes, como lo son, y elogiar a los que realizan cada cosa de forma legal y rítmica, según el arte.
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En general, el bailarín debe estar perfeccionado por todas partes, de modo que el conjunto sea rítmico, hermoso, proporcionado, semejante a sí mismo, libre de calumnias, irreprochable, de ninguna manera incompleto, mezclado de lo mejor, agudo en sus pensamientos, profundo en su educación, y sobre todo humano en sus conceptos. El elogio para él sería completo por parte de los espectadores cuando cada uno de los que ven reconoce lo suyo, o mejor aún, cuando se ve a sí mismo en el bailarín como en un espejo, y lo que él mismo suele sufrir y hacer; pues entonces los hombres no pueden contenerse de placer, sino que se desbordan en elogios, viendo cada uno las imágenes de su propia alma y reconociéndose a sí mismos. Pues, sencillamente, aquel precepto délfico del Conócete a ti mismo les resulta de la visión, y se van del teatro habiendo aprendido lo que deben elegir y lo que deben evitar, y enseñados sobre lo que antes ignoraban.
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Ocurre, como en los discursos, así también en la danza lo que muchos llaman afectación, cuando superan la medida de la imitación y tensan más de lo debido, y si hay que mostrar algo grande, lo muestran desmesurado, y si algo tierno, lo afeminan en exceso, y llevan lo varonil hasta lo salvaje y bestial.
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Licino: Como recuerdo haber visto una vez a un bailarín que antes gozaba de buena fama, inteligente en lo demás y verdaderamente digno de admiración, pero que no sé por qué azar se desvió hacia una interpretación indecente por exceso de imitación. Pues, bailando a Áyax loco inmediatamente después de la derrota, se excedió tanto que a cualquiera le habría parecido que no interpretaba la locura, sino que él mismo estaba loco. Pues, con uno de los que golpeaban con el calzado de hierro, rasgó el vestido, y arrebató la flauta a uno de los flautistas, y al estar Odiseo cerca y jactarse de la victoria, le partió la cabeza al golpearlo, y si el gorro no hubiera resistido y absorbido gran parte del golpe, el desdichado Odiseo habría muerto al encontrarse con un bailarín fuera de sí. Pero todo el teatro se volvió loco junto con Áyax y saltaban, gritaban y arrojaban sus vestidos; los vulgares y simples, sin haber apuntado a lo decoroso ni viendo lo peor o lo mejor, creían que tales cosas eran la máxima imitación de la pasión; los más refinados, aunque entendían y se avergonzaban de lo que sucedía, no refutaban el asunto en silencio, sino que con sus elogios ellos mismos encubrían la insensatez de la danza, viendo claramente que lo que sucedía no era la locura de Áyax, sino la del bailarín. Pues el noble, no satisfecho con esto, hizo algo mucho más ridículo que esto: bajó al centro y se sentó en medio de dos cónsules, que temían mucho que también a alguno de ellos lo azotara tras atraparlo como a un carnero. Y el asunto, unos lo admiraban, otros se reían y otros sospechaban si acaso, por la excesiva imitación, no se habría dejado llevar a la realidad de la pasión.
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Y dicen que él mismo, al volver en sí, se arrepintió tanto de lo que hizo que incluso enfermó de pena, como si realmente hubiera sido condenado por locura. Y él mismo lo dejó claro: cuando sus partidarios le pidieron de nuevo que bailara a Áyax para ellos, se excusó y dijo al teatro: Es suficiente con estar loco una vez. Pero lo que más le molestó fue su competidor y rival: pues, habiendo sido representado el mismo Áyax por él, interpretó la locura de forma tan decorosa y sensata que fue elogiado, manteniéndose dentro de los límites de la danza y sin desvariar en la interpretación.
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Licino: Esto te he mostrado, amigo, como pocos de entre muchísimos trabajos y ocupaciones de la danza, para que no te enfades conmigo por verlos con tanto entusiasmo. Si quisieras compartir conmigo la visión, sé bien que quedarás totalmente cautivado y, además, te volverás un fanático de la danza. De modo que no necesitaré decirte aquello de Circe: Me asombra cómo, al beber estos fármacos, no fuiste hechizado; pues serás hechizado, y por Zeus, no tendrás cabeza de asno ni corazón de cerdo, sino que tu mente estará más firme, y tú, por el placer, no darás ni un poco del brebaje a otro para beber. Pues lo que Homero dice sobre la vara de oro de Hermes, que con ella hechiza los ojos de los hombres que quiere y despierta a los que duermen, eso hace exactamente la danza, hechizando los ojos, haciendo que estén despiertos y despertando el intelecto hacia cada uno de los hechos. Cratón: Pues ya, Licino, me convenzo y tengo abiertos tanto los oídos como los ojos. Y recuerda, amigo, cuando vayas al teatro, reservarme un lugar a tu lado, para que no regreses de allí más sabio que nosotros solo tú.

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