Juppiter Confutatus
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Original / primary: Spanish Gemini
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Cinisco: Yo, Zeus, no te molestaré con tales cosas, pidiéndote riqueza, oro o un reino, que son lo que la mayoría desea fervientemente, pero que para ti no es nada fácil conceder; pues veo que, en su mayoría, haces oídos sordos a sus plegarias. Pero deseaba una sola cosa de ti, y esta es facilísima. Zeus:¿ Qué es eso, Cinisco? Pues no te irás con las manos vacías, especialmente si, como dices, pides cosas moderadas. Cinisco: Respóndeme a una pregunta que no es difícil. Zeus: En verdad, la petición es pequeña y sencilla; así que pregunta todo lo que quieras. Cinisco: Aquí tienes, Zeus: pues es evidente que tú también has leído los poemas de Homero y Hesíodo; dime, pues, si es verdad lo que ellos han rapsodiado sobre el Destino y las Moiras, que es ineludible todo lo que ellas hilan para cada uno al nacer. Zeus: Es totalmente cierto; pues no hay nada que las Moiras no dispongan, sino que todo lo que sucede, girando bajo el huso de ellas, tiene desde el principio su desenlace ya hilado para cada uno, y no es lícito que suceda de otro modo.
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Cinisco: Entonces, cuando el mismo Homero dice en otra parte de su poesía:« no sea que incluso más allá del destino[ vaya] a la casa de Hades» y cosas por el estilo,¿ diremos entonces que desvaría? Zeus: Ciertamente; pues nada podría suceder fuera de la ley de las Moiras, ni más allá del hilo. Pero los poetas, cuando cantan poseídos por las Musas, estas cosas son verdaderas; pero cuando las diosas los abandonan y componen por sí mismos, entonces es cuando se equivocan y dicen cosas contrarias a lo anterior; y hay perdón si, siendo hombres, ignoran la verdad una vez que se ha ido aquella que, mientras estaba presente, rapsodiaba a través de ellos. Cinisco: Bueno, diremos que es así. Pero respóndeme también a esto:¿ no son tres las Moiras, Cloto y Láquesis, creo, y Átropos? Zeus: Así es, en efecto.
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Cinisco: El Destino, pues, y la Fortuna— ya que también son muy celebrados—,¿ quiénes son o qué poder tiene cada una de ellas?¿ Son iguales a las Moiras o algo incluso superior a ellas? Pues oigo a todos decir que no hay nada más poderoso que la Fortuna y el Destino. Zeus: No es lícito que lo sepas todo, Cinisco; pero,¿ por qué motivo preguntaste lo referente a las Moiras?
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Cinisco: Si antes me dices esto, Zeus, si también ellas mandan sobre vosotros y es necesario que estéis colgados de su hilo. Zeus: Es necesario, Cinisco.¿ Pero por qué sonreíste? Cinisco: Me acordé de aquellos versos de Homero, en los que te ha hecho arengar en la asamblea de los dioses, cuando los amenazabas con que colgarías todas las cosas de una especie de cadena de oro; pues decías que tú mismo dejarías caer la cadena desde el cielo, y que a todos los dioses juntos, si quisieran, los obligarías a quedar suspendidos y los arrastrarías, pero que no los arrastrarías, sino que tú, cuando quisieras, fácilmente los arrastrarías a todos junto con la tierra misma y el mar mismo. Entonces me parecías admirable por tu fuerza y me estremecía mientras escuchaba los versos; pero ahora te veo a ti mismo, junto con la cadena y las amenazas, colgado de un hilo delgado, como dices. Me parece, pues, que sería más justo que Cloto se jactara, al tenerte a ti mismo suspendido y levantado del huso, tal como los pescadores sacan a los pececillos del anzuelo.
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Zeus: No sé qué pretenden tus preguntas. Cinisco: Esto, Zeus; y por las Moiras y el Destino, no me escuches con aspereza ni con ira mientras digo la verdad con franqueza. Pues si las cosas son así y las Moiras dominan todo y nada de lo que una vez decidieron podría ser cambiado por nadie,¿ por qué motivo los hombres os sacrificamos y os ofrecemos hecatombes suplicando que nos concedáis bienes? Pues no veo qué provecho sacaríamos de este cuidado, si no es posible para nosotros encontrar mediante las plegarias remedios contra los males ni obtener algún bien concedido por los dioses.
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Zeus: Sé de dónde te vienen estas elegantes preguntas: de los malditos sofistas, que dicen que ni siquiera nos preocupamos por los hombres; ellos, en efecto, hacen tales preguntas por impiedad, disuadiendo también a los demás de sacrificar y orar como si fuera inútil; pues[ dicen que] nosotros ni nos preocupamos de lo que hacéis ni podemos nada en absoluto respecto a los asuntos de la tierra. Pero no se alegrarán de ir contando tales cosas. Cinisco: No, por el huso de Cloto, Zeus, no te he preguntado esto persuadido por ellos, sino que el discurso mismo, no sé cómo, al avanzar, terminó en esto, que los sacrificios son superfluos. Pero de nuevo, si te parece, te preguntaré brevemente, y tú no te resistas a responder, y procura responder con más seguridad. Zeus: Pregunta, si tienes tiempo para desvariar con tales cosas.
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Cinisco:¿ Dices que todo sucede por las Moiras? Zeus: Lo digo, en efecto. Cinisco:¿ Y es posible para vosotros cambiar estas cosas y volver a hilar? Zeus: De ninguna manera. Cinisco:¿ Quieres entonces que añada lo que sigue, o es evidente, aunque no lo diga? Zeus: Es evidente, ciertamente. Pero los que sacrifican no sacrifican por necesidad, haciendo una especie de contraprestación y como comprando los bienes de nosotros, sino honrando de otro modo a lo mejor. Cinisco: Basta también con esto, si tú mismo dices que los sacrificios no se hacen por ninguna utilidad, sino por cierta gratitud de los hombres que honran a lo mejor. Aunque si alguno de aquellos sofistas estuviera presente, te preguntaría por qué dices que los dioses son mejores, siendo además consiervos de los hombres y estando bajo las mismas amas, las Moiras. Pues no les bastará ser inmortales para parecer mejores por ello; puesto que esto es mucho peor, si a los hombres la muerte los liberó hacia la libertad, mientras que para vosotros el asunto se prolonga al infinito y la esclavitud se vuelve eterna, girando bajo el largo hilo.
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Zeus: Pero, Cinisco, este carácter eterno e infinito es dichoso para nosotros y vivimos en toda clase de bienes. Cinisco: No todos, Zeus, sino que el asunto está dividido también entre vosotros y hay mucha confusión; pues tú eres dichoso, porque eres rey, y puedes levantar la tierra y el mar habiendo dejado caer la soga como un cubo; pero Hefesto es cojo, un artesano y trabajador del fuego por oficio; y Prometeo fue incluso empalado alguna vez. Pues,¿ qué diría de tu padre, que sigue siendo un prisionero en el Tártaro? Y dicen que vosotros también amáis y sois heridos y servís a veces entre los hombres, como sin duda tu hermano ante Laomedonte y Apolo ante Admeto. Estas cosas no me parecen muy dichosas, sino que algunos de vosotros parecen ser afortunados y bienhadados, y otros al contrario; pues dejo de decir que también sois saqueados como nosotros y despojados por los sacrílegos y de riquísimos os volvéis pobrísimos en un instante; muchos incluso han sido fundidos ya siendo de oro o plata, a quienes esto estaba destinado, evidentemente.
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Zeus:¿ Ves? Dices cosas ya injuriosas, Cinisco; y quizás te arrepentirás alguna vez de ellas. Cinisco: Ahorra, Zeus, las amenazas, sabiendo que no me sucederá nada que no haya decidido la Moira antes que tú; puesto que tampoco veo que esos mismos sacrílegos sean castigados, sino que la mayoría os elude; pues no estaba destinado, creo, que fueran capturados. Zeus:¿ No decía yo que eras uno de los que destruyen la providencia con su discurso? Cinisco: Totalmente, Zeus, les temes, no sé por qué motivo; pues todo lo que digo, sospechas que son enseñanzas de ellos.
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Cinisco: Y yo— pues¿ de quién otro podría aprender la verdad sino de ti?—, me gustaría preguntarte también esto:¿ quién es esta Providencia vuestra, una Moira o incluso un dios superior a ellas, que manda incluso sobre ellas mismas? Zeus: Ya te dije antes que no es lícito que lo sepas todo. Y tú, habiendo dicho al principio que preguntarías una sola cosa, no cesas de sutilizar tanto conmigo; y veo que tu punto principal es demostrar que no nos preocupamos de nada de lo humano. Cinisco: Esto no es mío, sino que tú poco antes dijiste que las Moiras son las que realizan todas las cosas;¿ a menos que te arrepientas de aquello y te retractes de lo dicho y disputéis sobre el cuidado habiendo dejado de lado al Destino?
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Zeus: De ninguna manera, sino que la Moira realiza cada cosa a través de nosotros. Cinisco: Entiendo; decís que sois servidores y ministros de las Moiras. Pero aun así, ellas serían las que proveen, y vosotros sois como unos utensilios y herramientas de ellas. Zeus:¿ Cómo dices? Cinisco: Como, creo, el hacha para el carpintero y el taladro colaboran en algo con el oficio, pero nadie diría que estos son el artesano, ni que la nave es obra del hacha o del taladro, sino del constructor naval; por analogía, pues, la que construye cada cosa es el Destino, y vosotros, si acaso, sois los taladros y las hachas de las Moiras; y, al parecer, los hombres deberían sacrificar al Destino y pedirle a ella los bienes, pero acuden a vosotros honrándoos con ofrendas y sacrificios; o ni siquiera honrando al Destino lo harían como es debido; pues no creo que sea posible ni siquiera para las mismas Moiras cambiar algo y transformar lo que desde el principio decidieron sobre cada uno; pues Átropos no soportaría que alguien girara el huso hacia lo contrario deshaciendo la obra de Cloto.
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Zeus:¿ Y tú ya, Cinisco, no consideras digno que las Moiras sean honradas por los hombres? Pero pareces decidido a confundirlo todo. Nosotros, si no fuera por otra cosa, al menos por adivinar y anunciar cada una de las cosas ratificadas por la Moira, seríamos honrados justamente. Cinisco: En general, es inútil, Zeus, prever el futuro para aquellos a quienes es totalmente imposible evitarlo;¿ a menos que digas esto, que el que se entera de antemano de que morirá por una punta de hierro podría evitar la muerte encerrándose? Pero es imposible; pues la Moira lo sacará para que vaya de caza y lo entregará a la punta; y Adrasto, al lanzar la lanza contra el jabalí, fallará a este, pero matará al hijo de Creso, como si el dardo fuera llevado hacia el joven por un fuerte impulso de las Moiras.
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Lo de Layo es incluso ridículo:« No siembres el surco de los hijos contra la voluntad de los dioses; pues si engendras un hijo, el que engendró te matará». Pues es superflua, creo, la advertencia ante lo que de todos modos sucederá así. Por eso, después del oráculo, sembró y el engendrado lo mató. Así que no veo por qué exigís la recompensa por la adivinación.
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Cinisco: Dejo de decir que soléis dar oráculos ambiguos y equívocos a la mayoría, sin aclarar del todo si el que cruza el Halis destruirá su propio imperio o el de Ciro; pues el oráculo puede significar ambas cosas. Zeus: Había, Cinisco, un motivo de ira para Apolo contra Creso, porque aquel intentaba probarlo cociendo carne de cordero y tortuga en lo mismo. Cinisco: Debía no enfadarse siendo un dios; pero también el ser engañado por el oráculo estaba destinado para el lidio, creo, y en general el no escuchar claramente el futuro lo hiló el Destino; de modo que también vuestra adivinación es parte de aquel.
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Zeus:¿ Y no nos dejas nada, sino que somos dioses en vano, sin aportar ninguna providencia a los asuntos ni ser dignos de los sacrificios, como verdaderos taladros o hachas? Y me parece que con razón me desprecias, porque, como ves, teniendo el rayo en la mano, soporto que digas tantas cosas contra nosotros. Cinisco: Lánzalo, Zeus, si también está destinado que sea golpeado por el rayo, y no te culparé a ti por el golpe, sino a Cloto, que hiere a través de ti; pues tampoco diría que el rayo mismo es la causa de mi herida. Pero te preguntaré esto a ti y al Destino; y tú respóndeme también por ella; pues me lo recordaste al amenazarme.
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Cinisco:¿ Por qué motivo, dejando a los sacrílegos y ladrones y a tantos insolentes y violentos y perjuros, muchas veces fulmináis un roble o una piedra o el mástil de una nave que no ha hecho daño alguno, y a veces a un caminante bueno y santo?¿ Por qué callas, Zeus?¿ O es que tampoco esto es lícito que lo sepa? Zeus: Pues no, Cinisco. Tú eres un entrometido y no sé de dónde has venido a acumularme estas cosas. Cinisco: Entonces,¿ que no os pregunte tampoco esto, a ti y a la Providencia y al Destino, por qué motivo Foción, el bueno, murió en tanta pobreza y escasez de lo necesario, y Arístides antes que él, mientras que Calias y Alcibíades, jóvenes libertinos, eran riquísimos, y Midias el insolente y Carope de Egina, un hombre afeminado que mató a su madre por hambre, y de nuevo Sócrates fue entregado a los Once, mientras que Meleto no fue entregado, y Sardanápalo reinaba siendo afeminado, mientras que Giges, hombre virtuoso, fue empalado por él porque no le agradaban los acontecimientos?
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Cinisco: Para no ir contando ahora una por una las cosas, los malvados siendo dichosos y los codiciosos, mientras que los buenos son llevados y traídos, oprimidos por la pobreza y enfermedades y mil males. Zeus:¿ Es que no sabes, Cinisco, cuán grandes castigos soportan los malvados después de la vida, o en cuánta dicha viven los buenos? Cinisco: Me hablas del Hades y de Ticios y Tántalos. Yo, si hay algo de eso, sabré la verdad cuando muera; pero por ahora, preferiría vivir dichosamente este tiempo, el que sea, que ser devorado el hígado por dieciséis buitres después de muerto, y no estar aquí sediento como Tántalo, sino estar acostado en la pradera del Elíseo bebiendo con los héroes en la isla de los Bienaventurados.
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Zeus:¿ Qué dices?¿ Descrees que hay algunos castigos y honores, y un tribunal donde se examina la vida de cada uno? Cinisco: Oigo que un tal Minos, cretense, juzga abajo tales cosas; y respóndeme algo también sobre él; pues se dice que es hijo tuyo. Zeus:¿ Por qué preguntas también eso, Cinisco? Cinisco:¿ A quiénes castiga más? Zeus: A los malvados, evidentemente, como a los homicidas y sacrílegos. Cinisco:¿ A quiénes envía junto a los héroes? Zeus: A los buenos y santos y a los que han vivido según la virtud. Cinisco:¿ Por qué motivo, Zeus? Zeus: Porque unos son dignos de honor y otros de castigo. Cinisco: Y si alguien cometiera algún mal involuntariamente,¿ considera justo que también este sea castigado? Zeus: De ninguna manera. Cinisco:¿ Tampoco, pues, si alguien hiciera algún bien sin querer, consideraría digno de honrarlo? Zeus: Pues no, en efecto. Cinisco: A nadie, pues, Zeus, le corresponde ser honrado ni castigado por él. Zeus:¿ Cómo que a nadie? Cinisco: Porque nada hacemos los hombres voluntariamente, sino obligados por alguna necesidad ineludible, si es que son ciertas aquellas cosas admitidas antes, que la Moira es causa de todo; y si alguien mata, ella es la que ha matado, y si comete sacrilegio, lo hace por orden. De modo que si Minos fuera a juzgar con justicia, castigará al Destino en lugar de Sísifo y a la Moira en lugar de Tántalo. Pues,¿ qué mal hicieron aquellos al obedecer las órdenes?
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Zeus: Ya no es digno ni responderte a ti que preguntas tales cosas; pues eres audaz y un sofista. Y ya me voy dejándote. Cinisco: Deseaba todavía preguntar también esto, dónde pasan el tiempo las Moiras o cómo alcanzan a cuidar tantas cosas hasta el más mínimo detalle, siendo además tres. Pues me parecen vivir una vida trabajosa y nada dichosa teniendo tantos asuntos, y al parecer ni siquiera ellas nacieron bajo un Destino propicio. Yo, al menos, si se me diera a elegir, no cambiaría mi vida por la de ellas, sino que elegiría vivir todavía más pobre antes que estar sentado hilando un huso lleno de tantos asuntos, vigilando cada cosa. Pero si no te es fácil responder a esto, Zeus, nos conformaremos también con lo que respondiste; pues es suficiente para mostrar el discurso sobre el Destino y la Providencia; y lo demás, quizás, no estaba destinado que yo lo escuchara.