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Original / primary: Spanish Gemini
1
¿ Licino, Lexífanes el bello con un libro? Lexífanes:¡ Por Zeus, Licino!, es un escrito reciente, algo de lo mío, completamente novedoso. Licino:¿ Acaso ya escribes también sobre sequías para nosotros? Lexífanes: De ninguna manera, ni siquiera dije sequía, sino que es hora de que llames así a lo recién escrito. Pero parece que tienes los oídos tapados con cera. Licino: Perdona, amigo; pues lo novedoso participa mucho de la sequía. Pero dime,¿ cuál es el sentido del escrito? Lexífanes: En él, hago un banquete en contra del de Aristón. Licino: Muchos son los Aristones; pero, por lo que respecta al banquete, me pareció que hablabas de Platón. Lexífanes: Has leído correctamente. Lo que se dice, pues, habría sido ininteligible para cualquier otro. Licino: Entonces, léeme un poco de ese libro, para que no me quede del todo fuera del banquete; pues parece que nos vas a escanciar una especie de néctar de él. Lexífanes: Deja ya la ironía; prepara bien tus oídos y escucha ahora. Que se aleje la tapadera, la Cípsela. Licino: Habla con confianza, pues para mí no hay ningún Cípselo ni Periandro sentado en los oídos. Lexífanes: Observa, pues, mientras tanto, Licino, mientras recorro el discurso, si es de buen comienzo, y si muestra mucha elocuencia, y es de buen léxico, y además de buen nombre. Licino: Parece ser tal, ya que es tuyo. Pero empieza de una vez.
2
Lexífanes:« Luego cenaremos», dijo Calicles,« luego daremos vueltas por la tarde en el Liceo, pero ahora ya es hora de ungirse contra el sol abrasador y calentarse al calor, y después de bañarse, comer pan; y ya hay que irse. Tú, muchacho, lleva mi rascador, el cuero, los frascos y los detergentes al baño y trae el equipo de baño; tienes dos óbolos en el suelo junto al cofre».¿ Y tú qué harás, Lexífanes, vendrás o te quedarás descansando allí todavía? Y yo dije:« Yo me baño desde hace mucho tiempo; pues no estoy bien y me siento molesto por las partes de la entrepierna por haber ido montado en una mula. Pues el mulero se daba prisa, aunque él mismo iba cojeando. Pero ni siquiera en el campo estaba sin actividad; pues encontré a los trabajadores entonando la canción de verano, y a otros preparando una tumba para mi padre. Así que, habiendo excavado la tumba con ellos y con los que amontonaban la tierra, y habiendo trabajado yo mismo un poco, los dejé marchar tanto por el frío como porque hacía calor; y sabes cómo en el frío intenso se producen los calores. Yo, habiendo recorrido los cultivos, encontré ajos creciendo en ellos, y habiendo desenterrado algunos bulbos y habiendo recolectado cerrajas y hierbas, y además habiendo comprado granos tostados— aún no estaban los prados fragantes para caminar descalzo—, al subirme a la mula me despellejé el trasero; y ahora camino con dolor, sudo a menudo, me siento débil y necesito nadar en el agua durante mucho tiempo; y disfruto bañándome después del esfuerzo».
3
Lexífanes:« Saldré corriendo yo también hacia el muchacho, que es probable que me espere junto a la vendedora de gachas o junto al vendedor de cachivaches; aunque se le había ordenado encontrarse en el mercado. Pero llega a tiempo este mismo, habiendo comprado, como veo, un pan cocido bajo las cenizas, y panes de rescoldo, y puerros, y fócides, y este oibo, y papada, y el intestino muy plegado de la vaca, y fócidas. Bien hecho, Átiquion, que me has hecho intransitable gran parte del camino». Y él dijo:« Me he convertido en un bufón, señor, esperándote.¿ Tú dónde cenabas ayer?¿ Acaso en casa de Onomácrito?».« No, por Zeus», dije yo,« sino que me fui al campo a toda prisa; y sabes que soy amante del campo. Ustedes, quizás, pensaban que yo estaba haciendo sonar los cótabos. Pero entra para condimentar esto y lo demás, y limpia la artesa, para que nos amases lechugas».
4
Lexífanes:« Yo me iré a ungir en seco. Y nosotros», dijo Filino,« yo, Onomarco y este Helánico, seguiremos; pues el gnomon proyecta sombra en medio del polo, y hay miedo de que nos bañemos en el baño detrás de los Carimantes, empujándonos apretadamente con la chusma». Y Helánico dijo:« Yo también me siento mal; pues los ojos se me han nublado, parpadeo a menudo, estoy a punto de llorar, mis ojos me escuecen y necesito a algún médico de ojos, que, habiendo mezclado y vertido un fármaco, haga que mis ojos se pongan rojos y que ya no estén legañosos ni vean húmedo».
5
Lexífanes:« Tratando tales cosas, todos los presentes nos marchamos; y cuando llegamos al gimnasio, ya desvestidos, uno practicaba el combate de manos, otro el de cuello y la lucha de pie, otro, habiendo sido ungido con aceite, se retorcía, otro golpeaba el saco de arena, otro lanzaba piedras de plomo tomándolas a puñados. Luego, habiendo quedado agotados, habiéndonos dado la espalda unos a otros y habiendo jugado en el gimnasio, Filino y yo, habiéndonos duchado en la bañera caliente, salimos; los demás, habiendo sumergido la cabeza fría, nadaban maravillosamente bajo el agua. Habiendo regresado de nuevo, cada uno hacía cosas distintas en lugares distintos. Yo, habiéndome calzado, me rascaba la cabeza con el rascador dentado; pues no me había cortado el pelo como un jardín, sino como un cuenco, ya que no hacía mucho que me había cortado el mechón y la coronilla; otro comía caliente, otro vomitaba lo que tenía en ayunas, otro, haciendo finas las coles, mojaba pan en el caldo de pescado, otro comía habas, otro sorbía cebada».
6
Y cuando era el momento, cenábamos apoyados en el codo; y había también taburetes y catres. La cena era de contribución. Se habían preparado muchas y variadas cosas: patas de cerdo, costillas, pasteles de harina, el intestino que contiene el embrión de una cerda parida, un lóbulo de la sartén, una salsa de queso y hierbas, una salsa de granada y tales condimentos, trozos de pastel, hojas de parra rellenas y pasteles de miel; de los animales marinos, muchos pescados cartilaginosos y cuantos tienen la piel de concha, trozos de pescado del Ponto de los de la cesta, anguilas, un ave doméstica, un gallo ya sin voz y un pez parásito; y teníamos un buey entero asado en el horno y un pernil de un buey que no conocía el yugo. Los panes, sin embargo, eran de Sifnos, no malos, y otros de la luna nueva, pasados de la fiesta, y verduras tanto las subterráneas como las que crecen sobre la tierra; el vino no era viejo, sino de los de odre, ya sin dulzor, pero aún sin digerir.
7
Había copas de todo tipo sobre la mesa de delfín: la de frente oculta, la de Méntor con el asa cautelosa, la de vientre abombado, la de cuello largo y muchas de tierra cocidas por Tericles, de boca ancha y otras de boca estrecha, unas de Focea, otras de Cnido, todas, sin embargo, ligeras como el aire y de paredes finas. Había cuencos, platillos y copas con letras, de modo que el aparador estaba lleno.
8
El caldero del horno, sin embargo, hirviendo en exceso, nos arrojaba las brasas a la cabeza. Bebíamos de un trago y ya estábamos ligeramente embriagados; luego nos ungíamos con bacaris y alguien nos hizo entrar a la bailarina de pies y a la tañedora de trígono; después, uno, habiendo trepado a la viga, buscaba un postre, otro jugaba a la botella, otro se encogía de risa la cintura.
9
Y al mismo tiempo, habiéndose bañado, entraron a cenar con nosotros, por propia iniciativa, Megalónimo, el buscador de pleitos, Quereas, el orfebre, variado por la espalda, y Eudemo, el de las orejas rotas. Y yo les pregunté qué les había pasado para venir tarde. Quereas dijo:« Yo estaba martilleando una tontería, unos pendientes y unos grilletes para mi hija, y por eso he llegado a la cena».« Y yo», dijo Megalónimo,« estaba ocupado con otras cosas; pues el día era injusto, como saben, e irracional; como si hubiera secreto, no podía ni medir discursos ni ser regado diariamente; pero habiendo sabido que el general está asado, habiendo tomado ropas inútiles y calzado insoportable, me liberé».
10
Lexífanes:« Luego, inmediatamente, me encuentro con el portador de antorchas, el hierofante y los demás que realizan ritos inefables arrastrando a Deinias a la fuerza ante la autoridad, presentando una acusación de que los nombraba, y esto sabiendo bien que, desde que fueron consagrados, son anónimos y ya no nombrables, como si ya se hubieran convertido en nombres sagrados».« No sé», dije yo,« a quién llamas Deinias; pero el nombre me suena».« Es», dijo,« en las casas de juego, un hombre de los que se bastan a sí mismos, siempre queriendo cortarse el pelo, calzando sandalias o zapatillas, llevando una túnica de dos hombros».«¿ Qué, pues», dije yo,« dio alguna multa o se fue pateando a patadas?».« Y, sin embargo, aquel que antes se pavoneaba, ahora ya está firme; pues el general, aunque él se comportaba con desprecio, habiéndole puesto grilletes en los pies y un collar, hizo que estuviera en el cepo y en el torno. De modo que, estando encadenado, el desgraciado se cagaba de miedo y era flatulento, y quería dar dinero como rescate de su alma».
11
« A mí», dijo Eudemo,« al atardecer me envió a buscar Damasias, el que antaño fue atleta y muchas veces vencedor, pero ahora ya, por la vejez, está fuera de combate; conoces la estatua de bronce que está en el ágora. Y se pasó el tiempo untándose y depilándose, pues iba a casar a su hija hoy y ya la estaba embelleciendo. Luego, un mal de Termera, habiendo caído, interrumpió la fiesta; pues su hijo, Dión, no sé por qué motivo afligido, o más bien poseído por el odio de los dioses, se ahorcó, y sepan bien que habría muerto si yo, habiéndome presentado, no lo hubiera descolgado y liberado del lazo, y habiéndome sentado mucho tiempo en cuclillas, estuve reanimando al hombre, arrullándolo y comprobando si todavía tenía la garganta obstruida. Lo que más ayudó fue que, habiéndolo sujetado por ambos extremos, lo presioné».
12
«¿ Acaso dices aquel Dión, el catamita y el de culo de cisterna, el joven comedor de mirto y de lentisco, que se masturba y manosea si nota a alguien con miembro y verga? Aquel es un excremento y un lamedor. Pero, sin embargo, habiendo admirado a la diosa», dijo Eudemo,« pues es Artemisa la que está en medio del patio, obra de Escopas, habiéndose postrado ante ella tanto Damasias como su mujer, ya anciana y con la cabeza completamente blanca, suplicaban que se apiadara de ellos; ella inmediatamente asintió, y estaba a salvo, y ahora tienen al joven Teodoro, o más bien, manifiestamente, Artemidoro. Le dedicaron, pues, a ella, entre otras cosas, flechas y arcos, porque se alegra de esto; pues Artemisa es arquera, la que hiere de lejos y la que lucha desde lejos».
13
« Bebamos, pues», dijo Megalónimo,« pues también he venido a traerles este odre de vino que ha pasado su mejor momento, y quesos, y aceitunas caídas al suelo— las guardo bajo sellos llenos de carcoma— y otras aceitunas flotantes, y estas copas de barro, de borde afilado y fondo ancho, para que bebamos de ellas, y un pastel de entrañas con forma de nudo. Tú, muchacho, échame más agua, para que no empiece a dolerme la cabeza y luego te llame al cuidador de niños para ti; pues saben que me duele y tengo la cabeza como un colador».
14
Lexífanes:« Después de la bebida, charlaremos como solemos; pues no es inoportuno, por supuesto, desvariar en el vino».« Alabo esto», dije yo,« pues porque somos el colmo del ático».« Bien dices», dijo Calicles;« pues el burlarse unos de otros a menudo se convierte en una piedra de afilar de la charla».« Y yo», dijo Eudemo,« pues hace frío, preferiría beber un poco más puro; pues soy friolero, y habiéndome calentado, escucharía más a gusto a estos expertos en manos, al flautista y a la tañedora de bárbitos».
15
Lexífanes:«¿ Qué decías, Eudemo?», dije yo;«¿ nos ordenas el silencio como si fuéramos mudos y sin lengua? A mí la lengua ya me hormiguea y, en efecto, me disponía a hablarles en arcaico y a lavar a todos de la lengua. Pero tú me has hecho lo mismo que si alguien, a un barco de tres velas que navega con viento favorable, con la vela pequeña inflada, navegando bien y sobre las olas, le lanzara unos ganchos de dos bocas y unos higos de hierro y anclas, y detuviera el fragor de la carrera, por envidia de la buena brisa».« Entonces», dijo él,« tú, si quieres, navega, nada y corre contra el oleaje, yo, bebiendo desde tierra, como el Zeus de Homero, ya sea desde las cumbres o desde la altura del cielo, veré cómo tú y el barco son arrastrados desde la popa por el viento».
16
Basta, Lexífanes, de bebida y de lectura. Yo, al menos, ya estoy borracho contigo y mareado, y si no vomito rápidamente todo esto que has soltado, sabe bien que creo que me volveré coribante, zumbándome los oídos por los nombres que has derramado sobre mí. Aunque al principio me venía la risa por ellos, cuando fueron muchos y todos iguales, me compadecía de tu desgracia al verte caído en un laberinto ineludible y enfermo de la mayor enfermedad, o más bien, melancólico.
17
Busco, pues, para mí mismo de dónde reuniste tantos males y en cuánto tiempo y dónde tenías encerrado tal enjambre de nombres extraños y distorsionados, de los cuales unos los inventaste tú mismo, otros, desenterrándolos de algún lugar, según el yambo, ojalá mueras eligiendo las desgracias de los mortales; tanto barro reunido has vertido sobre mí sin que yo te hubiera hecho nada grave. Me pareces no tener ni un amigo, ni un pariente, ni alguien bienintencionado, ni haberte encontrado nunca con un hombre libre y que tenga franqueza, que, habiéndote dicho la verdad, te habría detenido, estando tú poseído por la hidropesía y en peligro de estallar por la enfermedad, creyendo tú mismo estar bien nutrido y pensando que la desgracia es robustez, y siendo alabado por los insensatos que ignoran lo que padeces, y siendo compadecido, como es natural, por los educados.
18
Pero, ya que veo venir a este Sópolis, el médico, vamos, habiéndote entregado a él y habiendo hablado sobre la enfermedad, encontremos alguna cura para ti; pues es un hombre sensato y ya ha tomado a muchos, como tú, medio locos y con catarro, y los ha liberado habiéndoles vertido un fármaco. Salve, Sópolis, y habiendo tomado a este Lexífanes, que es, como sabes, amigo nuestro, pero que ahora está con una enfermedad de tontería y extraña en cuanto a la voz, y en peligro de morir completamente, sálvalo de alguna manera.
19
No a mí, Sópolis, sino a este Licino, que manifiestamente desvaría y cree que los hombres que tienen juicio se deslizan en el juicio y, según el de Mnesarco, el samio, nos impone silencio y verborrea. Pero, por la desvergonzada Atenea y el gran luchador de fieras, Heracles, no nos preocuparemos ni un poco de su gruñido y de su voz; al menos, presiento que ni siquiera me encontraré con él. Parece que también voy a resoplar escuchando tales críticas. Y ya me voy a casa del amigo Cleinias, porque me entero de que hace tiempo que su mujer está impura y que ella también está enferma, porque no fluye. De modo que ya ni siquiera la monta, sino que es inaccesible e inarable.
20
Sópolis:¿ Qué enfermedad tiene, Licino, Lexífanes? Licino: Estas mismas cosas, Sópolis.¿ No escuchas cómo habla? Y habiéndonos dejado a nosotros, que conversamos ahora, habla con nosotros desde hace mil años, distorsionando la lengua y componiendo estas cosas extrañas y poniéndoles empeño, como si fuera algo grande, si algo fuera extraño y rompiera la moneda establecida de la voz. Sópolis:¡ Por Zeus!, no dices una enfermedad pequeña, Licino. Hay que ayudar al hombre, pues, con toda máquina y— pues, por un dios, me iba habiendo mezclado este fármaco para alguno de los que tienen bilis, para que, habiéndolo bebido, vomitara— vamos, bebe tú primero, Lexífanes, para que seas sano y puro para nosotros, vaciado de tal extrañeza de palabras. Pero obedéceme y bebe y estarás mejor. Lexífanes: No sé qué me van a hacer, Sópolis, tú y Licino, dándome a beber de este fármaco. Temo, al menos, que este sea para mí el trago de las palabras. Licino: Bebe y no dudes, para que ya pienses y hables como un humano. Lexífanes: Mira, obedezco y beberé.¡ Ay!,¿ qué es esto? Mucho es el borborigmo. Parece que he bebido a un ventrílocuo.
21
Sópolis: Empieza, pues, a vomitar.¡ Vaya! Primero este« món», luego después de él ha salido el« cáta», luego después de ellos el« dijo él» y« de alguna manera» y« el mejor» y« por supuesto» y el continuo« algunas cosas». Esfuérzate, sin embargo, y mete los dedos en la garganta. Todavía no has vomitado el« estornudo» ni el« bostezar» ni el« hurgar» ni el« atormentarse». Todavía quedan muchas cosas debajo y tu estómago está lleno de ellas. Sería mejor si algunas también salieran por abajo; al menos, el pedo sonoro producirá un gran ruido al salir junto con el aire. Pero este ya está limpio, excepto si ha quedado algo restante en los intestinos inferiores. Tú, después de esto, habiéndolo tomado, Licino, reeduca y enseña lo que hay que decir.
22
Así lo haremos, Sópolis, ya que nos ha sido allanado el camino por ti; y para ti, Lexífanes, queda el consejo. Si realmente deseas ser alabado por tus discursos y tener buena reputación entre las multitudes, huye y evita todas esas cosas, y habiendo comenzado por los mejores poetas y habiéndolos leído bajo maestros, pasa a los oradores, y habiéndote criado con la voz de aquellos, pasa a su debido tiempo a los de Tucídides y Platón, habiéndote ejercitado mucho en la bella comedia y en la solemne tragedia; pues habiendo recolectado de ellos todas las cosas más bellas, serás alguien en los discursos; como ahora, sin darte cuenta, te parecías a las figuras moldeadas por los fabricantes de muñecas para el mercado, coloreado con almagre y azul, pero por dentro siendo de barro y quebradizo.
23
Si haces esto, habiendo soportado por poco tiempo la prueba por la falta de educación y no habiéndote avergonzado de volver a aprender, hablarás con confianza a las multitudes y no serás ridiculizado como ahora, ni estarás en boca de los mejores por lo peor, llamándote griego y ático a ti, que no eres digno de ser contado ni siquiera entre los más claros de los bárbaros. Pero, antes que nada, recuerda esto: no imitar lo más vil de los sofistas que nacieron poco antes que nosotros ni devorar aquellas cosas como ahora, sino pisotear tales cosas y emular los antiguos modelos. Que no te encanten las anémonas de los discursos, sino que, según la ley de los atletas, el alimento sólido te sea habitual, y sobre todo sacrifica a las Gracias y a la Claridad, de las cuales ahora te has quedado muy lejos.
24
Licino: Y que se alejen la arrogancia, la jactancia, la malicia, el pavonearse y el gritar, y el burlarse de las cosas de los demás y pensar que tú serás el primero si calumnias a todos. Y, sin embargo, también cometes este error no pequeño, o más bien el mayor, que no preparas primero los pensamientos antes que las palabras y luego los adornas con los términos y los nombres, sino que, si encuentras en algún lugar un término salvaje o, habiéndolo inventado tú mismo, crees que es bello, buscas adaptarle un pensamiento y consideras una pérdida si no lo metes en algún lugar, aunque en lo que se dice ni siquiera sea necesario, como hace poco el« timálopa», sin saber siquiera qué significa, lo arrojaste sin parecerse en nada a lo que estaba debajo. Y todos los ignorantes se quedaban atónitos, golpeados en los oídos por lo extraño, pero los educados se reían de ambos, de ti y de los que te alababan.
25
Licino: Lo más ridículo de todo es que, pretendiendo ser un superático y habiendo precisado la voz hasta lo más antiguo, mezclas en los discursos algunas cosas, o más bien la mayoría, que ni siquiera un niño que acaba de aprender ignoraría; por ejemplo, cómo crees que me hundí bajo tierra escuchándote alardeando, cuando pensabas que« quitón» se decía de la prenda masculina, y llamabas« dularios» a los varones de los sirvientes,¿ qué es lo que no sabe que« quitón» es la vestimenta de una mujer y que llaman« dularias» a las hembras? Y otras cosas mucho más evidentes que estas, como el« volaba» y el« encontrándose» y el« sentado», ni siquiera son propias de la voz de los atenienses. Nosotros ni siquiera alabamos a los poetas que escriben poemas con la lengua. Pero los tuyos, como para comparar la prosa con los metros, serían como el Altar de Dosiadas y la Alejandra de Licofrón, y si alguien más es más desgraciado que estos en la voz. Si emulas esto y vuelves a aprender, habrás tomado la mejor decisión para ti; pero si vuelves a deslizarte de nuevo hacia la glotonería, por mi parte la advertencia ha sido cumplida, y tú te culparás a ti mismo, si es que te das cuenta de que te has vuelto peor.

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