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Original / primary: Spanish Gemini
1
Que ignorabas el nombre de« día aciago» es algo que a todo el mundo le resulta evidente.¿ Cómo podrías haberme reprochado que mi lenguaje fuera bárbaro al respecto, al decir yo de ti que eras semejante a un día aciago( pues, por Zeus, recuerdo haber comparado tu carácter con un día así), si no fuera porque desconocías por completo el término? Yo te enseñaré lo que significa« día aciago» un poco más adelante; pero ya te digo aquello de Arquíloco: que has cogido a la cigarra por el ala, si es que has oído hablar de algún poeta de yambos llamado Arquíloco, natural de Paros, un hombre absolutamente libre y que vivía con franqueza, que no vacilaba en injuriar, aunque fuera a causar el mayor dolor a quienes iban a verse afectados por la hiel de sus yambos. Aquel, pues, al ser maltratado por uno de esos individuos, dijo que había cogido a la cigarra por el ala, comparándose a sí mismo con la cigarra, que es por naturaleza habladora y sin necesidad alguna, pero que, cuando es cogida por el ala, grita con más fuerza. Y tú, dijo,¡ oh, hombre desgraciado!,¿ qué pretendes al provocar a un poeta hablador que busca contra ti motivos y temas para sus yambos?
2
Estas mismas amenazas te dirijo yo, no por Zeus comparándome con Arquíloco—¡ ni mucho menos, estoy muy lejos de ello!—, sino porque soy conocedor de innumerables actos de tu vida dignos de yambos, ante los cuales me parece que ni el propio Arquíloco habría bastado, aun llamando en su auxilio a Simónides e Hiponacte para componer contigo, incluso uno solo de los males que te acompañan; de tal modo has dejado en mantillas, en cuanto a toda vileza, a Orodócides, a Licambes y a Búpalo, los yambos de aquellos. Y parece que algún dios te puso entonces la risa en los labios por lo del« día aciago» dicho, para que tú mismo resultaras más evidente que los escitas, siendo absolutamente inculto y desconociendo estas cosas comunes y que están al alcance de la mano, y proporcionaras un principio razonable para los discursos contra ti a un hombre libre que te conoce con exactitud desde casa y que no se recata en absoluto de contarlo todo, o mejor dicho, de pregonar lo que haces de noche y de día, incluso ahora, además de todos aquellos actos anteriores.
3
Aunque tal vez sea vano y superfluo hablar con franqueza según la ley de la educación ante ti. Pues ni tú mismo podrías mejorar nunca ante la censura, no más de lo que un escarabajo podría ser persuadido de no seguir rodando tales cosas, una vez que se ha acostumbrado a ellas, ni creo que haya nadie que ignore ya lo que te atreves a hacer y las ilegalidades que, siendo un hombre viejo, cometes contra ti mismo. No eres tan seguro ni tan oculto en tu vileza; ni hace falta nadie que te quite la piel de león para que resulte evidente que eres un asno, a menos que alguien acabe de llegar a nosotros desde los hiperbóreos o sea tan de Cumas que, sin verlo, no sepa inmediatamente que eres el más insolente de todos los asnos, sin esperar a oírte rebuznar además. Así, desde hace mucho, antes que yo y ante todos, se han pregonado tus actos muchas veces, y tienes una fama no pequeña por ellos, por encima de Arifrades, por encima del sibarita Hemitheón, por encima de aquel Bástas de Quíos, el sabio en cosas semejantes. Sin embargo, hay que decirlo, aunque parezca que digo cosas pasadas de moda, para no tener la culpa de ser el único que las ignora.
4
Más bien, debemos invocar a uno de los prólogos de Menandro, el Elenchos( la Refutación), un dios amigo de la Verdad y la Franqueza, no el menos distinguido de los que suben a escena, enemigo solo de vosotros, los que teméis su lengua, que lo sabe todo y expone claramente todo lo que sabe de vosotros. Sería, pues, elegante que este, entrando antes, quisiera narrar a los espectadores todo el argumento del drama. Vamos, pues,¡ oh, el mejor de los prólogos y de los demonios, Elenchos!, mira cómo expones claramente a los oyentes que no en vano, ni por espíritu de contradicción, ni con los pies sin lavar, según el proverbio, hemos acudido a este discurso, sino defendiéndonos de algo propio y de lo común, odiando al hombre por su vileza. Habiendo dicho solo esto y habiendo expuesto claramente el prólogo, vete propicio y apártate, y déjanos el resto; pues te imitaremos y refutaremos la mayor parte, de modo que, por causa de la franqueza y la verdad, nadie pueda culparte de nada. Pero no me alabes ante ellos, oh, queridísimo Elenchos, ni expongas sin más lo que le acompaña; pues no es digno de un dios que lleguen a tus labios los discursos sobre seres tan despreciables.
5
Pues este sofista, al decir que lo es( el prólogo ya dice esto), llegó una vez a Olimpia para mostrar a los asistentes un discurso escrito desde hacía mucho tiempo. El tema del escrito era Pitágoras, impedido por alguien de los atenienses, creo, de participar en los misterios de Eleusis por ser bárbaro, porque el propio Pitágoras decía haber sido antes, en otro tiempo, Euforbo. El discurso le resultaba, según la corneja de Esopo, un conjunto de plumas ajenas y variadas. Queriendo, pues, no parecer que decía cosas pasadas de moda, sino improvisar lo del libro, pide a uno de sus conocidos( aquel era de Patras, ocupado la mayor parte del tiempo en pleitos) que, cuando pida algunos temas para sus discursos, elija para él el de Pitágoras. Y así lo hizo el hombre, y convenció al teatro para escuchar aquel discurso en favor de Pitágoras.
6
Lo que ocurrió a continuación fue que él resultó absolutamente inverosímil en la interpretación, hilvanando como es natural cosas pensadas y estudiadas desde hacía mucho, aunque la desvergüenza, al estar presente, le ayudaba, le tendía la mano y competía con él. Hubo muchas risas por parte de los oyentes; y unos, mirando de vez en cuando a aquel de Patras, daban a entender que no se les ocultaba que había colaborado con él en la chapucería, mientras que otros, reconociendo las cosas mismas que se decían, pasaron toda la audición teniendo solo esta tarea: probándose unos a otros cómo tenían la memoria para distinguir de quién era cada una de las cosas de los sofistas que poco antes de nosotros habían gozado de fama en las llamadas« ejercitaciones».
7
En medio de todo esto, también el que escribió este discurso estaba entre los que se reían.¿ Y cómo no iba a reírse ante un intento tan evidente, inverosímil y desvergonzado? Y de alguna manera( pues es incapaz de contener la risa), uno, al convertir la voz en canto, como creía, entonaba una especie de lamento por Pitágoras, mientras que el otro, esto es lo del dicho, al ver a un asno intentando tocar la cítara, soltó una carcajada muy agradable, este poeta mío; y el otro lo vio al volverse. Esto los enemistó, y lo ocurrido hace poco viene de ahí.
8
Era el principio del año, o mejor dicho, el tercero desde la gran luna nueva, en el que los romanos, según una costumbre antigua, hacen ellos mismos ciertas plegarias por todo el año y sacrifican, habiendo establecido el rey Numa las ceremonias sagradas para ellos, y han creído que los dioses en ese día sobre todo responden a los que rezan. En tal fiesta y día sagrado, pues, aquel que entonces se rió en Olimpia ante el Pitágoras suplantado, al ver acercarse al despreciable y arrogante, al intérprete de discursos ajenos( y daba la casualidad de que conocía con exactitud su carácter y la otra lascivia y suciedad de su vida y lo que se decía que hacía y lo que se le había sorprendido haciendo), dijo a uno de sus compañeros:« Es hora de que nos apartemos de este espectáculo insoportable, que al aparecer parece que va a convertir para nosotros el día más dulce en un día aciago». Al oír esto, el sofista se rió inmediatamente de« día aciago» como de un nombre extraño y ajeno a los griegos, y se vengaba del hombre por aquella risa de antaño, como al menos creía, y decía a todos:« Día aciago,¿ qué es esto?¿ Algún fruto, alguna hierba o algún utensilio?¿ Acaso es algo de lo que se come o se bebe el día aciago? Yo ni lo he oído nunca ni podría entender nunca qué es lo que dice».
9
Esto creía él que lo exponía contra aquel y provocaba muchas risas sobre el« día aciago»; pero se le había pasado por alto que estaba sacando contra sí mismo la prueba definitiva de incultura. Sobre esto escribió este discurso el que me envió a mí antes ante vosotros, para mostrar que el célebre sofista desconoce las cosas comunes de los griegos y cuantas cosas sabrían incluso los que están en los talleres y en las tabernas.
10
Esto es lo que dice el Elenchos, y yo— pues ya he tomado yo mismo el resto del drama— sería justo que dijera ya las cosas del trípode délfico: cómo son tus actos en la patria, cómo los de Palestina, cómo los de Egipto, cómo los de Fenicia y Siria, y luego, a continuación, los de Grecia e Italia, y sobre todo los de Éfeso ahora, que son el compendio más importante de tu locura y la cima y el remate de tu carácter. Pues, como dice el proverbio, siendo de Ilión, alquilaste actores trágicos; es hora ya de que escuches tus propios males.
11
O mejor, esto todavía no, sino primero sobre el« día aciago». Pues dime, por la diosa del pueblo, por las Genetílides y por Cibeles,¿ en qué te pareció censurable y digno de risa el nombre de« día aciago»?¡ Por Zeus!, porque no era propio de los griegos, sino que de algún lugar se les coló de la mezcla con los celtas, los tracios o los escitas, y tú— pues lo sabes todo sobre los atenienses— lo excluiste inmediatamente y lo declaraste fuera de lo griego, y la risa por esto, porque yo barbarizo, uso términos extranjeros y sobrepaso los límites áticos. Y, sin embargo,¿ qué otra cosa es tan propia de los atenienses como este nombre?, dirían los que saben de estas cosas mejor que tú; de modo que antes declararías a Erecteo y a Cécrope extranjeros y advenedizos de Atenas que demostrarías que el« día aciago» no es propio y autóctono del Ática.
12
Pues muchas son las cosas que ellos mismos llaman igual que todos los hombres, pero« día aciago» llaman solo ellos al día impuro, detestable, funesto, inactivo y semejante a ti. Mira, ya has aprendido de paso qué es lo que significa para ellos el día aciago. Cuando ni las magistraturas despachan asuntos, ni hay juicios, ni se realizan los sacrificios sagrados, ni se lleva a cabo en absoluto nada de lo propicio, este es el día aciago.
13
Esto se consideró así por diferentes motivos; pues o bien, derrotados en grandes batallas, ordenaron entonces que aquellos días en los que habían sufrido tales cosas fueran inactivos y nulos para las acciones legales, o bien,¡ por Zeus!— aunque quizás sea inoportuno y fuera de tiempo ya, reeducar a un hombre viejo y volver a enseñarle tales cosas, sin saber ni siquiera las anteriores. En fin, esto es lo que queda, y si lo aprendes, lo sabrás todo para nosotros.¿ De dónde, oh, tú? Pues otras cosas, incluso ignorarlas, tiene perdón, cuantas están fuera del camino trillado y son oscuras para los profanos, pero el« día aciago» ni queriendo podrías decirlo de otra manera; pues este es un nombre único y solo entre todos.
14
Sea, dice alguien, pero de los nombres antiguos unos deben decirse y otros no, cuantos de ellos no son habituales para la mayoría, para no perturbar los oídos y herir los oídos de los presentes. Pero yo, oh, excelente, al decir esto sobre ti ante ti, tal vez me equivoqué; pues debí hablarte según las costumbres de los paflagonios, los capadocios o los bactrianos, para que aprendieras lo que se dice y te resultara agradable de oír. Pero a los demás griegos creo que les es útil entender la lengua de Grecia. Además, incluso habiendo cambiado los áticos muchas cosas de su propia lengua según los tiempos, este nombre ha permanecido entre los que más, dicho así siempre y por todos ellos.
15
Habría dicho también quiénes antes de nosotros han usado el nombre, si no fuera porque también con esto iba a perturbarte, exponiendo nombres extraños y desconocidos de poetas, oradores y escritores. Más bien, ni yo te diré quiénes lo dijeron, pues todos lo saben, pero si tú me muestras a uno de los antiguos que no haya usado el nombre, quédate, como dicen, con el oro en Olimpia. Aunque quien, siendo viejo y anciano, ignora tales cosas, me parece que tampoco sabe que Atenas es una ciudad en el Ática, Corinto en el istmo y Esparta en el Peloponeso.
16
Quizás te quede decir eso, que conocías el nombre, pero que reprochaste su uso inoportuno. Vamos, pues, también sobre esto me defenderé ante ti con lo razonable, y tú presta atención, si es que te importa muy poco no saber nada. Los antiguos lanzaron muchas cosas así antes de nosotros contra los que eran como tú, cada uno contra los de entonces— pues había también entonces, como es natural, algunos viles en sus costumbres, impuros y malintencionados en su carácter—, y uno dijo« coturno», comparando su vida, que era ambigua, con tales calzados; otro,« ruina», porque siendo un orador alborotador, perturbaba las asambleas; otro,« séptimo», porque, como los niños en los días séptimos, también él en las asambleas jugaba, se reía y hacía un juego de la seriedad del pueblo.¿ No me permitirás, pues, por Adonis, comparar a un hombre absolutamente malvado, criado en toda maldad, con un día de mal agüero y funesto?
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Nosotros incluso evitamos a los cojos con el pie derecho, y sobre todo si los vemos desde la mañana; y si alguien ve a un afeminado, a un eunuco o a un mono nada más salir de casa, se da la vuelta y regresa, no augurando que esas acciones cotidianas vayan a ser buenas para él bajo un primer presagio malvado y funesto. Y al principio, en las puertas, en la primera salida y desde la mañana de todo el año, si alguien ve a un cinaedo que hace y sufre cosas inconfesables, señalado por esto, corrompido y casi llamado por el nombre mismo de sus actos, embaucador, embustero, perjuro, ruina, cepo, abismo,¿ no debería huir y compararlo con un día aciago?
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Pero,¿ no eres tú así? No podrías negarlo, si yo conozco tu valentía, tú que incluso me parece que te enorgulleces de esto, de que no se pierde tu fama de los actos, sino que eres evidente para todos y notorio. Pero si incluso te enfrentaras y negaras ser así,¿ ante quiénes dirás cosas creíbles?¿ Ante tus conciudadanos( pues es justo empezar por ahí)? Pero ellos conocen tus primeros pasos, y cómo, entregándote a aquel soldado ruina, te corrompías sirviéndole en todo, hasta que, esto es lo del dicho, habiéndote convertido en un harapo hecho jirones, te expulsó.
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Y recuerdan, como es natural, lo que hacías el valiente ante el teatro, interpretando a los bailarines y pretendiendo ser comandante. Nadie, pues, antes que tú habría entrado en el teatro ni habría anunciado cuál era el nombre del drama, sino que tú, muy decorosamente, llevando sandalias de oro y vestimenta tiránica, eras enviado antes para pedir benevolencia al teatro, llevando coronas y saliendo entre aplausos, ya honrado por ellos. Pero ahora, orador y sofista; y por eso, si alguna vez se enteran de tales cosas sobre ti, esto es lo de la tragedia, creen ver dos soles y dos Tebas, y es inmediato para todos aquel«¿ aquel de entonces, y después de aquello?». Por tanto, tú mismo, haciendo bien, no pisas en absoluto ni frecuentas sus lugares, sino que huyes voluntariamente de la patria, ni en invierno mala ni en verano penosa, sino la más bella y grande de todas las de Fenicia; pues el ser refutado y estar con los que saben y recuerdan aquellas cosas de antaño es, en verdad, una soga para ti. Aunque,¿ qué tonterías digo? Pues,¿ a quién podrías respetar tú?¿ Y qué considerarías vergonzoso de lo último? Me entero de que tienes grandes posesiones allí, aquel desgraciado torreón, de modo que la tinaja del de Sinope es el palacio de Zeus comparado con él. A los ciudadanos, pues, de ninguna manera podrías convencerlos de que no te consideren el más vil de todos, una vergüenza común para toda la ciudad;
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Quizás podrías atraer a los demás de Siria a tu favor, si dijeras que no has vivido nada malvado ni censurable.¡ Heracles!, Antioquía vio el hecho mismo, cuando te llevaste a aquel joven que venía de Tarso— pero incluso desollarlo es vergonzoso para mí. Sin embargo, lo saben y recuerdan los que estaban entonces sobre vosotros y, al veros a ti sentado sobre las rodillas, y a aquel haciendo lo que sabes, si es que no eres alguien absolutamente olvidadizo.
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Pero los de Egipto quizás te ignoren, los que te recibieron después de aquellas maravillosas hazañas de Siria, huyendo por lo que dije, perseguido por los vendedores de ropa, de quienes habías comprado vestimentas lujosas que tenías como provisiones. Pero Alejandría no sabe menos de ti, ni, por Zeus, debía haber sido juzgada segunda después de Antioquía, sino que allí la incontinencia fue más desnuda y tu conducta vergonzosa más frenética, y el nombre por esto mayor, y sobre todo, la cabeza descubierta. Uno solo habría creído que, al negarlo, no habías hecho nada semejante y se habría convertido en tu defensor, el último pagador, un hombre entre los mejores de los romanos. El nombre mismo me permitirás silenciarlo, y esto ante todos los que saben a quién me refiero. Aquel, pues, las demás cosas que sufrió en la relación cometidas por ti,¿ qué hace falta decirlas? Pero cuando te sorprendió sobre las rodillas del joven copero de Enopión,¿ qué crees?¿ Habría creído que no eras así, viendo el hecho mismo? No, si es que no era absolutamente ciego. Pero manifestó su opinión inmediatamente expulsándote de la casa y, además, como dicen, haciendo pasar un rito de purificación a tu salida.
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Pues Acaya e Italia entera están llenas de tus actos y de la fama por ellos; y disfruta de la gloria. De modo que, ante los que se maravillan de lo que haces ahora en Éfeso, yo digo lo que es más verdadero, que no se maravillarían si supieran tus primeros pasos. Aunque aquí has aprendido también algo nuevo respecto a las mujeres.
23
¿ No es, pues, al pie de la letra, dime, para que a tal ser se le llame« día aciago»? Pero,¿ qué, por Zeus, pretenderás además besarnos con la boca después de aquellos actos? Esto, pues, es lo más insolente que haces, y sobre todo ante quienes menos debías, y ante los compañeros, para quienes bastaba con disfrutar solo de aquellos males de tu boca, lo bárbaro de los nombres, lo áspero de la voz, lo confuso, lo desordenado, lo absolutamente falto de musas, y tales cosas; pero que me beses después de esto, que no ocurra, oh, protector contra el mal. Mejor besar a una áspid que a una víbora. Allí el peligro es la mordedura, y el dolor, y el médico llamado acudió en ayuda; pero de tu beso y de aquel veneno,¿ quién podría acercarse a templos o altares?¿ Qué dios podría escuchar aún a quien reza?¿ Cuántas pilas de agua bendita, cuántos ríos hacen falta?
24
Y siendo tú mismo así, te reías de los demás por nombres y palabras, haciendo actos tales y tan grandes. Aunque yo, sin conocer« día aciago», me habría avergonzado más, no digamos ya negarlo tras haberlo dicho; pero a ti nadie de nosotros te reprochó decir« comedor de inmundicias»,« luchador de costumbres»,« medir discursos»,« ateniarse»,« florecer»,« esfendiquizar» y« manosear».¡ Que el elocuente Hermes te destruya malamente por esos mismos discursos! Pues,¿ dónde encuentras esto en los libros? Quizás enterrado en algún rincón de algún poeta de lamentos, lleno de moho y telarañas, o tal vez de las tablillas de Filénide, que tienes en tus manos. Sin embargo, dignas de ti y de tu boca.
25
Y ya que mencioné la boca,¿ qué dirías si la lengua te citara ante un tribunal— supongamos que así— y te acusara de un delito, y lo más moderado, de injuria, diciendo:« Yo, oh, ingrato, tomándote pobre y necesitado, necesitado de vida, primero hice que tuvieras éxito en los teatros, poniéndote unas veces a Ninón, otras a Metíoco, luego al poco tiempo a Aquiles; después de esto, te alimenté durante mucho tiempo enseñando a los niños a deletrear; y ya, interpretando estos discursos ajenos, hice que parecieras sofista y te puse una fama que no te correspondía.¿ Qué tienes, pues, tan grande para quejarte, para tratarme así y ordenarme órdenes vergonzosas y servicios despreciables?¿ No me bastan los actos del día, mentir, perjurar y aguantar tantas tonterías y necedades, o mejor dicho, vomitar el fango de aquellos discursos, sino que ni de noche me dejas tener el desgraciado descanso, sino que solo para ti lo hago todo, soy pisoteada y manchada, y en lugar de lengua has decidido usarme como mano y, como si fuera ajena, me injurias y me inundas con tantos males? Mi tarea es solo hablar, pero hacer y sufrir tales cosas está ordenado a otras partes. Ojalá alguien me hubiera cortado a mí también como a la de Filomela. Más felices, pues, me parecen las lenguas de las que se comieron a sus hijos».
26
Por los dioses, si la lengua dice esto, tomando ella una voz propia y llamando a la barba como defensora,¿ qué le responderías? Aquello, es evidente, que también le has dicho hace poco a Glauco, reprochándole el hecho ya realizado, que por esto te has hecho famoso en poco tiempo y conocido por todos,¿ de dónde ibas a ser tan notorio por los discursos? Pero es de agradecer ser célebre y nombrado de cualquier modo. Luego le enumerarás tus muchos nombres, cuantos has recibido según los pueblos. Lo cual también me maravilla, que te disgustaras al oír« día aciago», pero que no te indignaras ante aquellos nombres,
27
en Siria llamado Rododafne, por lo cual, por Atenea, me avergüenzo de contarlo, de modo que, por mi parte, que siga siendo oscuro; en Palestina,« Seto», por las espinas de la barba, creo, porque pinchaba mientras tanto; pues todavía te la afeitabas; en Egipto,« Sinanques», esto es evidente; dicen que casi te ahogas al encontrarte con un marinero de los que estaban allí, que al caer te obstruyó la boca. Los atenienses, pues, los mejores, nada de enigmas, sino que, honrándote con la adición de una letra, te llamaban« Atimarco»; pues hacía falta que también algo más de eso te acompañara. En Italia,¡ vaya!, fuiste llamado con aquel nombre heroico, el Cíclope, puesto que una vez también deseaste rapsodiar la conducta vergonzosa ante los mismos versos de Homero. Y tú mismo yacías ya borracho, teniendo un cuenco en la mano, un Polifemo deseoso de coito, y un joven a sueldo, teniendo el palo recto y muy bien afilado, se te acercaba como un Odiseo para sacarte el ojo; y falló a aquel, y su lanza se desvió, y la punta salió junto a la mandíbula inferior.( Pues no hay nada extraño en decir tonterías hablando de ti). Y tú, el Cíclope, abriendo la boca y bostezando lo más ampliamente posible, aguantabas siendo cegado por él en la mandíbula, o mejor dicho, como Caribdis, intentando tragar a todo el Nadie con los mismos marineros, timones y velas. Y esto lo veían otros presentes. Luego, para el día siguiente, tu única defensa era la borrachera y te refugiabas en el vino puro.
28
Siendo rico en tales y tantos nombres,¿ te avergüenzas del« día aciago»? Por los dioses, dime,¿ qué te pasa cuando la mayoría dice también eso, que eres un lesbiano y un feniciano?¿ Acaso también esto, como el« día aciago», lo ignoras y crees tal vez que te alaban?¿ O esto lo sabes por ser algo natural, pero el« día aciago» lo desprecias como desconocido y lo excluyes del catálogo de nombres? Por tanto, no nos pagas penas censurables, sino que eres notorio hasta en el gineceo. Hace poco, pues, cuando te atreviste a pretender un matrimonio en Cícico, habiéndose enterado muy bien de todo aquella excelente mujer, dijo:« No aceptaría a un hombre que él mismo necesita de un hombre».
29
Luego, estando en tales circunstancias, te preocupas por los nombres, te ríes y desprecias a los demás, como es natural; pues no todos podríamos decir cosas semejantes a ti.¿ De dónde?¿ Quién es tan audaz en los discursos como para pedir un tridente en lugar de una espada contra los tres adúlteros?¿ Y decir que Teopompo, juzgando sobre el Tricarano, lo había derribado con un discurso de tres puntas sobre las ciudades que sobresalían? Y de nuevo,¿ tridentear a Grecia y ser un Cerbero en los discursos? Hace poco, pues, encendiste una lámpara y buscabas a un hermano, creo, que se había perdido; y otras diez mil cosas, de las que ni siquiera merece la pena acordarse, o solo de aquella que los que escucharon recordaban. Un rico, creo, y dos pobres eran enemigos; luego, hablando entre medias sobre el rico, dijiste:« Mató a uno de los pobres». Y riéndose, como es natural, los presentes, corrigiéndote tú y rectificando el error, dijiste:« No, al contrario, mató a uno de ellos». Dejo las cosas antiguas, lo de los tres meses, lo de la calma, lo de« vuelo» y« derramar» y cuantas otras cosas bellas florecen en tus discursos.
30
Pues lo que haces impulsado por la pobreza,¡ oh, Adrastea querida!, no se lo reprocharía a nadie. Es perdonable, pues, si alguien, presionado por el hambre, habiendo recibido depósitos de un ciudadano, luego perjura que no los ha recibido, o si alguien pide desvergonzadamente, o mejor dicho, mendiga, roba y cobra impuestos. No digo esto; pues no hay envidia en defenderse de la necesidad por todos los medios. Pero aquello ya no es soportable, que siendo pobre, derroches en tales placeres lo que proviene de la desvergüenza. Salvo que me permitirás alabar al menos una cosa, hecha muy elegantemente por ti, cuando sabes cómo hiciste tú mismo el trabajo del cuervo, arrebatando a aquel anciano insensato treinta monedas de oro, y él, por Tisias, pagó setecientas cincuenta en lugar del libro, engañado.
31
Teniendo aún muchas cosas que decir, las demás te las perdono voluntariamente, pero solo te digo esto: haz estas cosas como te plazca y no ceses de cometer tales excesos contra ti mismo, pero aquello ya no, déjalo; pues no es santo llamar al mismo hogar a los que hacen tales cosas, brindar con copas de amistad y tocar los mismos manjares. Pero que tampoco sea aquello de los discursos, los besos, y esto ante los que no hace mucho te hicieron el« día aciago» en la boca. Y ya que he empezado una vez con un consejo amistoso, quita también, si te parece, lo de ungirse las canas con perfume y lo de depilarse, solo eso. Pues si una enfermedad te apremia, hay que curar todo el cuerpo, pero si no padeces tal enfermedad,¿ qué quieres al hacer limpias, lisas y resbaladizas las partes que ni siquiera es lícito ver? Eso es lo único sabio para ti, las canas y no teñirse más, para que sean un velo de tu vileza. Ahorra, pues, de ellas por Zeus también en esto, y sobre todo de la barba misma, no la manches más ni la injuries; si no, al menos de noche y en la oscuridad, pero de día, déjalo, es absolutamente salvaje y bestial.
32
¿ Ves cómo era mejor para ti dejar tranquila a Camarina y no reírte del« día aciago», que te hará toda la vida un día aciago?¿ O hace falta todavía algo más? Pues lo mío nunca faltará. Todavía no sabes, pues, que has arrastrado todo el carro, debiendo, oh, bribón y zorro, agacharte si algún hombre velludo y, esto es lo antiguo, de nalgas negras, te mirara fijamente. Quizás ya te rías también de esto, de« bribón» y« zorro», como si oyeras enigmas y acertijos; pues te son desconocidos los nombres de tus propios actos. De modo que es hora ya de calumniar también esto, si es que el« día aciago» no te ha pagado triple o cuádruple. Pero, en fin, cúlpate a ti mismo de todo; pues, como suele decir el buen Eurípides, el fin de las bocas sin freno, de la insensatez y de la ilegalidad, resulta en desgracia.