Somnium sive vita Luciani
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Acababa de dejar de asistir a la escuela, pues ya era un adolescente, y mi padre deliberaba con sus amigos sobre qué debía enseñárseme. A la mayoría le pareció que la educación requiere mucho esfuerzo, mucho tiempo, no pocos gastos y una fortuna brillante, mientras que nuestros medios eran escasos y exigían un auxilio rápido; si aprendía alguno de estos oficios manuales, primero, yo mismo obtendría de inmediato lo suficiente para mis necesidades y ya no sería una carga para la casa a mi edad, y en poco tiempo alegraría también a mi padre aportando siempre lo que ganara.
2
Se planteó entonces una segunda cuestión: cuál de los oficios era el mejor, el más fácil de aprender, el más digno de un hombre libre, el que proporcionaba una ganancia inmediata y un ingreso duradero. Mientras cada uno elogiaba uno distinto, según su criterio o experiencia, mi padre, mirando a mi tío— pues estaba presente mi tío materno, que gozaba de fama de ser un excelente escultor—, dijo:« No es justo que otro oficio prevalezca estando tú presente; llévate a este»— señalándome—« y enséñale a ser un buen trabajador de la piedra, ensamblador y escultor; pues tiene capacidad para ello, ya que, como sabes, tiene una disposición natural para estas cosas». Lo deducía de mis juegos con cera; pues cuando los maestros me dejaban libre, raspando la cera, modelaba bueyes, caballos o, por Zeus, incluso hombres, con tal parecido que a mi padre le asombraba; por esto recibía golpes de mis maestros, pero entonces, en cambio, tales cosas eran motivo de elogio por mi talento natural, y tenían puestas en mí grandes esperanzas de que aprendería el oficio en poco tiempo, al menos aquel de modelado.
3
En cuanto pareció un día propicio para comenzar el oficio, fui entregado a mi tío, por Zeus, no muy disgustado por el asunto, sino que me parecía que tenía algo de juego no desagradable y de exhibición ante mis compañeros, si me veían esculpiendo dioses y fabricando pequeñas estatuillas para mí y para aquellos a quienes yo quisiera. Y sucedió lo primero, lo habitual para los principiantes. Mi tío me dio un cincel y me ordenó que golpeara suavemente una losa que estaba en medio, añadiendo el dicho común:« El comienzo es la mitad de todo». Pero como golpeé con demasiada fuerza por inexperiencia, la losa se rompió, y él, indignado, tomó un bastón que estaba cerca y no comenzó conmigo de manera suave ni alentadora, de modo que las lágrimas fueron el preludio de mi aprendizaje.
4
Huyendo de allí, llegué a casa sollozando continuamente y con los ojos llenos de lágrimas, conté lo del bastón y mostré los cardenales, y denuncié una gran crueldad, añadiendo que lo había hecho por envidia, para que yo no lo superara en el oficio. Mi madre me consoló y reprendió mucho a su hermano, y cuando llegó la noche, me dormí todavía llorando y pensando en el bastón.
5
Hasta aquí, lo dicho es risible y propio de un adolescente; pero lo que escucharéis a continuación, señores, ya no es despreciable, sino que requiere de oyentes muy atentos; pues, para decirlo con Homero, un sueño divino vino a mí en el sueño durante la noche ambrosíaca, tan vívido que no le faltaba nada de la realidad. Incluso ahora, después de tanto tiempo, las figuras de lo que apareció ante mis ojos permanecen y la voz de lo que escuché resuena; tan claro era todo.
6
Dos mujeres, tomándome de las manos, me arrastraban hacia sí, cada una con mucha violencia y firmeza; por poco me despedazan al disputarme; pues a veces una prevalecía y casi me tenía por completo, y otras veces era retenido de nuevo por la otra. Ambas gritaban, una diciendo que quería poseerme como suyo, y la otra que la primera reclamaba en vano lo que no era suyo. Una era trabajadora, varonil y de cabello descuidado, con las manos llenas de callos, la ropa ceñida y cubierta de yeso, tal como era mi tío cuando tallaba las piedras; la otra era muy hermosa, de porte elegante y vestimenta decorosa. Finalmente, me dejan decidir a cuál de ellas quería acompañar. La primera, aquella dura y varonil, habló:
7
« Yo, querido muchacho, soy el oficio de la Escultura, que empezaste a aprender ayer, familiar y pariente tuyo desde casa; pues tu abuelo»— dijo el nombre de mi abuelo materno—« era cantero, y tus dos tíos gozaban de gran reputación gracias a nosotros. Si quieres abstenerte de las tonterías y necedades de esta»— señalando a la otra—« y seguirme y convivir conmigo, primero, te alimentarás generosamente y tendrás hombros fuertes, y estarás libre de toda envidia; y nunca te irás al extranjero, abandonando tu patria y a tus allegados, ni por tus palabras... todos te elogiarán».
8
« No sientas asco por mi aspecto ni por mi ropa sucia; pues partiendo de tales cosas, aquel Fidias mostró al Zeus, Policleto realizó a la Hera, Mirón fue elogiado y Praxíteles fue admirado. Estos son venerados junto con los dioses. Si llegaras a ser uno de ellos,¿ cómo no vas a ser célebre ante todos los hombres, y harás que tu padre sea envidiado, y harás que tu patria sea admirada?». Estas cosas y muchas más dijo el Oficio, balbuceando y hablando en un lenguaje bárbaro, con mucho afán, hilando su discurso y tratando de persuadirme; pero ya no lo recuerdo; pues la mayor parte ya se ha escapado de mi memoria. Cuando terminó, la otra comenzó de esta manera:
9
« Yo, hijo mío, soy la Educación, ya conocida y familiar para ti, aunque todavía no me hayas probado hasta el final. Qué grandes bienes obtendrás siendo cantero, esta ya lo ha dicho: no serás más que un trabajador que se fatiga con el cuerpo y que ha puesto en ello toda la esperanza de su vida, siendo tú mismo un desconocido, recibiendo poco y de forma innoble, humilde en tu pensamiento, despreciable en tu progreso, ni digno de ser reclamado por amigos, ni temible para los enemigos, ni envidiado por los ciudadanos, sino solo un trabajador y uno más de la gran masa, temiendo siempre al que sobresale y adulando al que sabe hablar, viviendo una vida de liebre y siendo presa del más fuerte; y si llegaras a ser un Fidias o un Policleto y realizaras muchas obras maravillosas, todos elogiarán el oficio, pero no hay nadie de los que las vean, si tuviera juicio, que desearía ser como tú; pues seas como seas, serás considerado un artesano, un trabajador manual y alguien que vive de sus manos».
10
« Pero si me haces caso, primero te mostraré muchas obras y acciones maravillosas de hombres antiguos y te relataré sus discursos, y te haré experto en todo, por así decirlo, y adornaré tu alma, que es lo más importante para ti, con muchos y buenos adornos: templanza, justicia, piedad, mansedumbre, equidad, prudencia, fortaleza, el amor por lo bello, el impulso hacia lo más noble; pues estos son el adorno verdaderamente incorruptible del alma. No se te escapará nada antiguo ni nada que deba suceder ahora, sino que incluso verás de antemano lo futuro conmigo, y en general, todo lo que existe, tanto lo divino como lo humano, te lo enseñaré en poco tiempo».
11
« Y tú, que ahora eres pobre, el hijo de tal, el que deliberó sobre un oficio tan innoble, en poco tiempo serás envidiado y objeto de celos por todos, honrado y elogiado, gozando de buena reputación por tus mejores cualidades y siendo admirado por los que sobresalen en linaje y riqueza, vistiendo una ropa como esta»— señalando la suya; pues llevaba una muy brillante—« y siendo digno de cargos y de asientos de honor. Y si viajas a algún lugar, ni siquiera en el extranjero serás desconocido ni invisible; te pondré tales distintivos que cada uno de los que te vean, moviendo al vecino, te señalará con el dedo, diciendo:' Ese es aquel'».
12
« Y si algo digno de atención ocurre a tus amigos o a toda la ciudad, todos mirarán hacia ti; y si por casualidad dices algo, la mayoría escuchará boquiabierta, admirándote y felicitándote por el poder de tus palabras y a tu padre por tu buena fortuna. Y lo que dicen, que algunos hombres se vuelven inmortales, eso te lo proporcionaré; pues incluso si tú mismo te vas de la vida, nunca dejarás de estar con los educados y de conversar con los mejores.¿ Ves a aquel Demóstenes, de quién era hijo y en qué lo convertí?¿ Ves a Esquines, cómo era hijo de una tamborilera, pero aun así, gracias a mí, Filipo lo trataba con deferencia? Y Sócrates, él mismo, criado bajo esta Escultura, en cuanto comprendió lo mejor y, huyendo de ella, se pasó a mí, escuchas cómo es celebrado por todos».
13
« Pero si abandonas a hombres tan grandes y tales acciones, discursos nobles, porte elegante, honor, gloria, elogio, asientos de honor, poder, cargos, el ser elogiado por tus palabras y ser felicitado por tu prudencia, te pondrás una túnica sucia, adoptarás un porte servil y tendrás palancas, cinceles, escoplos y punzones en tus manos, inclinado hacia el trabajo, postrado en el suelo y humilde en todo sentido, sin levantar nunca la cabeza ni idear nada varonil ni libre, sino preocupándote de que tus obras sean armoniosas y bien formadas, pero sin preocuparte en absoluto de que tú mismo seas armonioso y decoroso, sino haciéndote más despreciable que las piedras».
14
Mientras ella aún decía esto, yo, sin esperar el final de sus palabras, me levanté y me declaré, y abandonando a aquella informe y trabajadora, me pasé a la Educación, muy alegre, y sobre todo porque me vino a la mente el bastón y que ayer, al empezar, me había propinado no pocos golpes. La que fue abandonada, al principio se indignó, aplaudió con las manos y rechinó los dientes; pero al final, como escuchamos de Níobe, se quedó rígida y se transformó en piedra. Si sufrió cosas paradójicas, no se sorprendan; pues los sueños son hacedores de prodigios.
15
La otra, mirándome, dijo:« Por tanto, te recompensaré por esta justicia, porque juzgaste bien el juicio, y ven ya, sube a este carro»— señalando un carro de unos caballos alados parecidos a Pegaso—« para que sepas qué cosas y cuán grandes habrías ignorado si no me hubieras seguido». Cuando subí, ella conducía y llevaba las riendas, y elevado a las alturas, yo observaba desde el oriente hasta el occidente ciudades, naciones y pueblos, tal como Triptólemo sembrando algo en la tierra. Sin embargo, ya no recuerdo qué era lo que se sembraba, salvo esto solo: que los hombres que miraban desde abajo me elogiaban y, con aclamaciones, me acompañaban en el vuelo por donde yo pasaba.
16
Después de mostrarme tantas cosas, me devolvió a aquellos que me elogiaban, ya no vistiendo la misma ropa que tenía al salir volando, sino que me parecía regresar con una vestimenta elegante. Al encontrar a mi padre de pie y esperando, le mostraba aquella ropa y a mí, tal como regresaba, y le recordó lo poco que faltó para que decidieran sobre mí. Recuerdo haber visto esto siendo todavía un niño, al parecer perturbado por el miedo a los golpes.
17
Mientras hablaba, alguien dijo:«¡ Por Heracles, qué sueño tan largo y judicial!». Luego otro interrumpió:« Un sueño invernal, cuando las noches son más largas, o quizás es de tres noches, como Heracles».¿ Por qué se le ocurrió desvariar sobre esto ante nosotros y recordar una noche de infancia y sueños antiguos y envejecidos? Pues la frialdad es rancia.¿ Acaso nos ha tomado por intérpretes de sueños? No, buen hombre; pues ni Jenofonte, cuando contaba el sueño, cómo le parecía que un rayo caía y quemaba la casa paterna y lo demás— pues lo sabéis—, no contaba la visión como una interpretación ni como si hubiera decidido decir tonterías, y esto en medio de la guerra y la desesperación de los asuntos, rodeado de enemigos, sino que el relato tenía algo útil.
18
Y, por tanto, yo también os he contado este sueño por esa razón, para que los jóvenes se inclinen hacia lo mejor y se dediquen a la educación, y especialmente si alguno de ellos, por pobreza, se desanima y se inclina hacia lo peor, corrompiendo una naturaleza no innoble. Se fortalecerá, sé bien que sí, también aquel al escuchar el relato, tomándome a mí como ejemplo suficiente, pensando en cómo, siendo lo que era, me lancé hacia lo más bello y deseé la educación, sin acobardarme ante la pobreza de entonces, y cómo he regresado ante vosotros, si no otra cosa, al menos no menos ilustre que ninguno de los escultores.