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Original / primary: Spanish Gemini
1
¡ Oh Zeus, dios de la amistad, de la hospitalidad, de la camaradería, del hogar, del rayo, de los juramentos y de las nubes, Zeus que haces retumbar el cielo y cualquier otro nombre con el que te llamen esos poetas aturdidos— especialmente cuando se ven apurados por la métrica; pues entonces, al volverte polónimo, sostienes lo que cae del verso y rellenas el vacío del ritmo—,¿ dónde está ahora tu rayo de estruendoso fragor, tu trueno de grave retumbar y tu centella ardiente, brillante y terrible? Pues todo esto ha resultado ser ya una necedad y un humo puramente poético, más allá del estrépito de los nombres. Y tu arma, tan celebrada y de largo alcance, no sé cómo se ha extinguido por completo y está fría, sin conservar ni una pequeña chispa de ira contra los que cometen injusticias.
2
Timón, desde luego, alguien que intente perjurarse temería más a una mecha vieja que a la llama de tu rayo, el que todo lo domina; parece que les amenazas con un tizón, de modo que no temen ni el fuego ni el humo que sale de él, y solo creen que el daño que sufren es que se llenarán de hollín. Por eso, incluso Salmoneo se atrevía a tronar contra ti, y no sin cierta verosimilitud, siendo un hombre emprendedor que se jactaba frente a un Zeus tan frío en su ira.¿ Y cómo no iba a hacerlo, si duermes como bajo los efectos de la mandrágora, sin escuchar a los que se perjuran ni vigilar a los que cometen injusticias, con los ojos legañosos y nublados ante lo que sucede, y con los oídos sordos como los de los ancianos?
3
Pues cuando eras joven, irascible y vigoroso en tu ira, hacías muchas cosas contra los injustos y violentos, y nunca declarabas una tregua con ellos; el rayo estaba siempre activo, la égida se agitaba, el trueno retumbaba y el rayo se lanzaba continuamente como en una escaramuza. Los terremotos eran como un cedazo, la nieve caía en montones y el granizo como piedras— por hablarte de forma vulgar—, y las lluvias eran torrenciales y violentas, cada gota un río; de modo que en el tiempo de Deucalión hubo un naufragio tan grande que, al hundirse todo bajo el agua, apenas se salvó un pequeño cofre que encalló en el Licoreo, conservando una chispa de la semilla humana para la descendencia de una maldad mayor.
4
Timón, por tanto, recibes de ellos las recompensas que corresponden a tu indolencia, pues ya nadie te sacrifica ni te corona, a menos que sea algo secundario en los Juegos Olímpicos, y aun esto parece que no lo hacen por necesidad, sino por cumplir con una costumbre antigua; y poco a poco te están despojando de tu honor, oh el más noble de los dioses, y te están convirtiendo en un Crono. Ni hablar de cuántas veces han saqueado ya tu templo; algunos incluso te han puesto las manos encima en Olimpia, y tú, el que truena en las alturas, has dudado de levantar a los perros o de llamar a los vecinos para que, acudiendo en tu ayuda, los atraparan mientras aún se preparaban para huir. Pero tú, el noble, el que derrotó a los Gigantes y a los Titanes, te quedaste sentado mientras te cortaban los rizos, teniendo un rayo de diez codos en la mano derecha.¿ Cuándo, pues, oh admirable dios, cesará esto de ser pasado por alto con tanta negligencia?¿ O cuándo castigarás tanta injusticia?¿ Cuántos Faetontes o Deucaliones bastarán para una insolencia de la vida tan desbordante?
5
Para dejar de lado los asuntos comunes y hablar de los míos: habiendo elevado a tantos atenienses a la cima, habiéndolos hecho ricos desde la pobreza extrema y habiendo ayudado a todos los necesitados— o mejor dicho, habiendo derrochado mi riqueza de golpe para el beneficio de mis amigos—, una vez que me hice pobre por esto, ya ni siquiera me reconocen ni me miran los que antes se arrastraban ante mí, me adoraban y dependían de mi voluntad. Si me encuentro con alguno de ellos caminando por la calle, pasan de largo como si fuera una estela de un antiguo muerto, volcada boca abajo por el tiempo, sin siquiera leerme. Algunos, al verme desde lejos, se desvían por otro camino, suponiendo que verán un espectáculo insoportable y funesto: aquel que no hace mucho fue su salvador y benefactor.
6
Timón, así que, debido a mis desgracias, me he retirado a este rincón, me he puesto una piel de cuero y trabajo la tierra por cuatro óbolos, filosofando con la soledad y la azada. Aquí, al menos, creo que gano esto: no volver a ver a muchos prosperando más de lo que merecen, pues eso es lo más doloroso.¡ Vamos, pues, hijo de Crono y Rea, sacúdete ese sueño profundo y dulce— pues has dormido más que Epiménides—, aviva el rayo o enciéndelo en el Etna, haz una gran llama y muestra algo de la bilis de un Zeus varonil y joven, a menos que sean ciertas las historias que cuentan los cretenses sobre ti y tu sepultura allí!
7
Zeus:¿ Quién es ese, Hermes, que grita desde el Ática, cerca del Himeto, en las estribaciones, todo sucio, descuidado y vestido con pieles? Está cavando, creo, inclinado; es un hombre charlatán y audaz. Seguramente es un filósofo, pues de otro modo no diría palabras tan impías contra nosotros. Hermes:¿ Qué dices, padre?¿ No conoces a Timón, hijo de Eque- crátides, el de Colito? Este es el que a menudo nos ha agasajado con víctimas perfectas, el recién enriquecido, el de las hecatombes completas, con quien solíamos celebrar espléndidamente las Diasias. Zeus:¡ Ay del cambio!¿ Aquel hombre tan noble, el rico, rodeado de tantos amigos?¿ Qué le ha pasado para estar así, descuidado, miserable, un cavador y un jornalero, al parecer, blandiendo tan pesadamente la azada?
8
Por decirlo así, su bondad y filantropía y su compasión por todos los necesitados lo arruinaron; pero, en verdad, fue su insensatez, su ingenuidad y su falta de juicio respecto a sus amigos, pues no comprendía que estaba favoreciendo a cuervos y lobos. El desdichado, siendo devorado el hígado por tantos buitres, pensaba que eran sus amigos y compañeros, que se alegraban de su banquete por el afecto que le tenían. Ellos, tras dejar los huesos al descubierto y roerlos bien, y si quedaba algo de médula, tras succionarla también con mucho esmero, se fueron, dejándolo seco y con las raíces cortadas, sin siquiera reconocerlo ni mirarlo—¡ pues, de dónde!— ni ayudarlo ni devolverle el favor. Por eso, como ves, se ha convertido en un cavador y un hombre de pieles, dejando la ciudad por vergüenza, y trabaja por un salario, enloquecido por sus desgracias, porque los que se enriquecieron gracias a él pasan a su lado con mucha arrogancia, sin saber siquiera su nombre, si es que se llama Timón.
9
Y, sin embargo, no hay que pasar por alto a este hombre ni descuidarlo; pues con razón se indignaba al ser desgraciado. Si no, haremos lo mismo que esos malditos aduladores, olvidándonos de un hombre que quemó para nosotros tantos muslos de toros y cabras, los más grasos, sobre los altares; todavía tengo en la nariz el olor de su grasa. Pero por la falta de tiempo y el gran alboroto de los que se perjuran, cometen actos violentos y roban, y además por el miedo a los sacrílegos— pues son muchos, difíciles de vigilar y no nos dejan cerrar los ojos ni un momento—, hace mucho tiempo que ni siquiera he mirado hacia el Ática, especialmente desde que la filosofía y las disputas de palabras se han extendido entre ellos. Pues, al pelear entre ellos y gritar, ni siquiera se pueden escuchar las plegarias; de modo que hay que sentarse con los oídos tapados o ser destruido por ellos, que con gran voz entrelazan algo sobre la virtud, lo incorpóreo y necedades. Por eso ha sucedido que este hombre, que no es despreciable, ha sido descuidado por nosotros.
10
Sin embargo, toma a Pluto, Hermes, y vete a verlo rápidamente; que Pluto lleve también el Tesoro consigo, y que ambos se queden con Timón y no se alejen tan fácilmente, aunque por su bondad intente expulsarlos de nuevo de la casa. Sobre esos aduladores y la ingratitud que mostraron hacia él, ya me ocuparé después y pagarán la pena, cuando repare el rayo; pues tiene rotas y melladas las dos puntas más grandes, cuando disparé con demasiada ambición el otro día contra el sofista Anaxágoras, que convencía a sus discípulos de que nosotros, los dioses, no existíamos en absoluto. Pero fallé contra él— pues Pericles puso su mano sobre él—, y el rayo, al caer sobre el Anaceo, lo incendió y casi se rompe él mismo contra la roca. Pero, mientras tanto, esta será suficiente castigo para ellos, ver a Timón inmensamente rico.
11
Hermes:¡ Qué gran cosa es gritar, ser molesto y audaz! Esto es útil no solo para los que defienden sus causas, sino también para los que rezan; mira cómo Timón se volverá rico de repente, tras haber sido el más pobre, por haber gritado, hablado con franqueza en su oración y haber hecho que Zeus se volviera hacia él. Si hubiera estado cavando en silencio e inclinado, seguiría cavando sin ser atendido. Pluto: Pero yo no iría, Zeus, a verlo. Zeus:¿ Por qué, mi querido Pluto, y eso que yo te lo ordeno?
12
Porque, por Zeus, me insultaba, me malgastaba y me repartía en muchas cosas, y eso que yo era un amigo heredado de su padre, y casi me expulsaba de la casa con horcas, como los que arrojan el fuego de sus manos.¿ Debo ir de nuevo a ser entregado a parásitos, aduladores y cortesanas? Envíame, Zeus, a aquellos que se alegrarán con el regalo, a los que me cuidan, para quienes soy valioso y muy deseado. Que estos buitres se queden con la pobreza, a la que prefieren antes que a nosotros, y que se conformen con la piel de cuero y la azada que ella les da, los miserables que se llevan cuatro óbolos, ellos que despreocupadamente desperdiciaban regalos de diez talentos.
13
Timón ya no hará nada parecido contigo; pues la azada lo ha educado muy bien, a menos que sea completamente insensible de la espalda, para que debas elegirlo a él en lugar de a la pobreza. Tú, sin embargo, me pareces muy quejumbroso, pues ahora culpas a Timón porque te abría las puertas y te dejaba vagar libremente, sin encerrarte ni tener celos; en otras ocasiones, por el contrario, te indignabas contra los ricos, diciendo que te tenían encerrado bajo cerrojos, llaves y sellos, de modo que ni siquiera podías asomarte a la luz. De esto te lamentabas ante mí, diciendo que te asfixiabas en tanta oscuridad; y por eso parecías pálido y lleno de preocupación, con los dedos contraídos por la costumbre de los cálculos, y amenazando con huir de ellos si tuvieras la oportunidad; y, en general, el asunto te parecía terrible, estar encerrado en una cámara de bronce o hierro como Dánae, criado por pedagogos estrictos y malvados, el Interés y el Cálculo.
14
Decías que hacían cosas absurdas, pues amándote hasta el exceso, pudiendo disfrutar, no se atrevían, ni usaban su amor con libertad siendo dueños, sino que vigilaban despiertos, mirando sin parpadear el sello y el cerrojo, creyendo que el disfrute suficiente no era disfrutar ellos mismos, sino no compartir con nadie el disfrute, como el perro en el pesebre que ni come la cebada ni permite que el caballo hambriento la coma. Y además, te burlabas de ellos porque ahorraban, vigilaban y, lo más extraño, se tenían celos a sí mismos, ignorando que un esclavo maldito o un administrador, un azotado, entraría a escondidas y se daría un festín, dejando al miserable y poco amado dueño velar por los intereses ante una lámpara tenue, de boca pequeña y una mecha sedienta.¿ Cómo, pues, no es injusto esto tuyo, culpar antes a aquellos y ahora reprochar a Timón lo contrario?
15
Y, sin embargo, si examinaras la verdad, ambos me parecerán razonables; pues el descuido tan absoluto de Timón, que no es favorable hacia mí, con razón podría parecerlo; y a los que me mantienen encerrado tras puertas y en la oscuridad, para que me vuelva más grueso, gordo y voluminoso mientras me cuidan, sin tocarme ellos mismos ni sacarme a la luz, para que nadie me vea, los consideraba insensatos y arrogantes, que me pudren bajo tantos grilletes sin que yo les haga nada, sin saber que dentro de poco se irán y me dejarán a otro de los afortunados.
16
Pluto: No alabo ni a aquellos ni a estos que son tan prontos conmigo, sino a los que, lo cual es lo mejor, pondrán medida al asunto y no se abstendrán por completo ni lo entregarán todo. Pues considera, Zeus, por Zeus. Si alguien, habiendo casado por ley a una mujer joven y hermosa, luego no la vigilara ni tuviera celos en absoluto, dejándola ir a donde quisiera de noche y de día y estar con quien quisiera, o mejor aún, él mismo la llevara a ser adúltera, abriendo las puertas, haciendo de alcahuete y llamando a todos hacia ella,¿ acaso tal hombre parecería amar? Tú no dirías esto, Zeus, habiendo amado tantas veces.
17
Pero si alguien, por el contrario, habiendo tomado por ley a una mujer libre en su casa para la siembra de hijos legítimos, no la tocara él mismo siendo una virgen joven y hermosa, ni permitiera que otro la mirara, y la encerrara siendo infértil y estéril, y aun diciendo que ama y siendo evidente por su tez y su carne consumida y sus ojos hundidos,¿ es posible que tal hombre no parezca estar loco, debiendo tener hijos y disfrutar del matrimonio, marchitando a una joven tan hermosa y deseable como si la criara como sacerdotisa para la Tesmoforia durante toda su vida? De esto mismo me indigno yo, siendo pateado, devorado y agotado indignamente por algunos, y por otros encadenado como un esclavo fugitivo marcado.
18
Zeus:¿ Por qué, pues, te indignas contra ellos? Pues ambos reciben el castigo merecido: unos, como Tántalo, sin beber ni probar nada y con la boca seca, solo con la boca abierta ante el oro; otros, como Fineo, siendo arrebatado su alimento de la garganta por las Harpías. Pero vete ya a encontrarte con Timón, que es mucho más sensato. Pluto:¿ Acaso dejará él de vaciarme con prisa, como de un cesto agujereado, antes de que yo fluya por completo, queriendo adelantarse al flujo, no sea que, al caer en exceso, lo inunde? De modo que creo que voy a llevar agua al tonel de las Danaides y a verterla en vano, pues el recipiente no retiene, sino que, antes de entrar, casi se derramará lo que fluye; tan ancha es la boca del tonel hacia la salida y tan libre el escape.
19
Por tanto, si no se tapa esa boca y queda abierta de una vez, al derramarse en poco tiempo, encontrará fácilmente la piel de cuero y la azada de nuevo en los posos del tonel. Pero váyanse ya y enriquézcanlo; y tú, Hermes, recuerda, al volver hacia nosotros, traer a los Cíclopes del Etna, para que, afilando el rayo, lo reparen; pues pronto necesitaremos que esté afilado.
20
Hermes: Sigamos adelante, Pluto.¿ Qué es esto?¿ Cojeras? Me habías engañado, noble amigo, no solo siendo ciego sino también cojo. Pluto: No siempre es así, Hermes, sino que cuando voy enviado por Zeus a alguien, no sé cómo soy lento y cojo de ambos pies, de modo que apenas llego a la meta, habiendo envejecido a veces el que espera; pero cuando hay que irse, me verás alado, mucho más rápido que los sueños; en cuanto cayó la cuerda de salida, ya soy proclamado vencedor, habiendo saltado el estadio sin que a veces los espectadores lo vieran. Hermes: No dices la verdad; yo podría decirte muchos que ayer no tenían ni un óbolo para comprar una soga, y de repente hoy son ricos y lujosos, saliendo en un tiro de caballos blancos, a quienes nunca les perteneció ni un asno. Y, sin embargo, andan con ropas de púrpura y manos de oro, sin creer ellos mismos, creo, que no sueñan que son ricos.
21
Eso es algo distinto, Hermes, y entonces no camino con mis propios pies, ni Zeus, sino que Plutón me envía a ellos, siendo él mismo dador de riqueza y generoso; así lo indica su nombre. Por tanto, cuando hay que trasladarme de uno a otro, me meten en una tablilla, me sellan con esmero, me levantan en hombros y me trasladan; y el muerto yace en algún lugar oscuro de la casa, cubierto por encima de las rodillas con una sábana vieja, disputado por los gatos, mientras los que han puesto sus esperanzas en mí me esperan en el ágora, con la boca abierta como los polluelos que gorjean ante la golondrina que se acerca.
22
Cuando se quita el sello, se corta el hilo, se abre la tablilla y se proclama a mi nuevo dueño, ya sea un pariente, un adulador o un esclavo afeminado, querido desde su juventud, con la mejilla aún afeitada, tras haber recibido un gran salario por los placeres variados y de todo tipo que prestó cuando ya estaba fuera de edad, aquel, sea quien sea, me arrebata con la tablilla y se va, habiendo cambiado su nombre de Pirrias, Dromón o Tibio a Megacles, Megabizo o Protarco, dejando a aquellos que abrían la boca en vano mirándose unos a otros, llevando un duelo verdadero, como el atún que escapó del fondo de la red habiendo tragado el cebo no poco.
23
El hombre que cae de golpe en mí, sin educación y de piel dura, que aún tiembla ante el grillete y que, si alguien pasaba y lo azotaba, levantaba la oreja y adoraba el molino como el Anactoron, ya no es soportable para los que se encuentran con él, sino que insulta a los libres y azota a sus compañeros de esclavitud, probando si a él también le está permitido hacer tales cosas, hasta que, o bien cayendo en algún prostíbulo, o deseando la cría de caballos, o entregándose a aduladores que juran que es más hermoso que Nireo, más noble que Cécrope o Codro, más sabio que Odiseo y más rico que dieciséis Cresos juntos, en un instante de tiempo, el miserable derrocha lo que poco a poco había reunido de muchas perjurios, robos y fechorías.
24
Hermes: Dices casi lo que sucede; pero cuando caminas con tus propios pies,¿ cómo, siendo tan ciego, encuentras el camino?¿ O cómo distingues a aquellos a quienes Zeus te envía, juzgándolos dignos de ser ricos? Pluto:¿ Crees que encuentro a quienes son dignos?¡ Por Zeus, no! Pues no habría dejado a Arístides para ir hacia Hipónico y Calias y muchos otros atenienses que no valen ni un óbolo. Hermes: Pero,¿ qué haces cuando eres enviado? Pluto: Vago arriba y abajo, vagando hasta que sin querer caigo en alguien; y él, quienquiera que sea el primero que me encuentre, me lleva y me tiene, adorándote a ti, Hermes, por lo inesperado de la ganancia.
25
Hermes:¿ Entonces Zeus ha sido engañado al pensar que tú, según su criterio, enriqueces a quienes él cree dignos de ser ricos? Pluto: Y con mucha razón, buen amigo, pues sabiendo que soy ciego, me enviaba a buscar algo tan difícil de encontrar y que hace mucho tiempo ha desaparecido de la vida, algo que ni siquiera Linceo encontraría fácilmente, siendo tan tenue y pequeño. Por tanto, como los buenos son pocos y los malvados son la mayoría y ocupan todo en las ciudades, es más fácil que caiga en ellos al vagar y que sea atrapado por ellos. Hermes: Entonces,¿ cómo es que cuando los dejas, huyes fácilmente, sin saber el camino? Pluto: Me vuelvo de vista aguda y pies ligeros solo para el momento de la huida.
26
Responde también a esto:¿ cómo, siendo ciego— pues se dirá— y además pálido y pesado de piernas, tienes tantos amantes, de modo que todos te miran, y si te consiguen creen ser felices, y si fallan no soportan vivir? Conozco a no pocos de ellos que están tan enamorados de ti que se han arrojado al mar profundo y desde rocas escarpadas, pensando que eres despreciado por ti cuando ni siquiera los veías al principio. Pero también tú, sé bien que lo admitirías, si te conocieras a ti mismo, que ellos están fuera de sí, enloquecidos por un amante así.
27
Pluto:¿ Crees que soy visto por ellos tal como soy, cojo o ciego o todo lo demás que tengo? Hermes:¿ Pero cómo, Pluto, si no son todos ciegos ellos también? Pluto: No son ciegos, excelente amigo, sino que la ignorancia y el engaño, que ahora ocupan todo, los nublan; además, yo mismo, para no ser completamente deforme, poniéndome una máscara muy encantadora, dorada y con piedras incrustadas, y vistiéndome con ropas variadas, me encuentro con ellos; y ellos, creyendo ver la belleza en persona, aman y se pierden si no me consiguen. Pues si alguien los desnudara por completo y me mostrara, es evidente que se condenarían a sí mismos por ver nublado ante cosas tan grandes y amar cosas poco amables y deformes.
28
Hermes:¿ Por qué, entonces, incluso cuando ya están en la riqueza y ellos mismos se ponen la máscara, siguen siendo engañados, y si alguien se la quita, preferirían perder la cabeza antes que la máscara? Pues no es razonable que ni siquiera entonces ignoren que la belleza es un barniz, viendo todo desde dentro. Pluto: No pocas cosas, Hermes, compiten conmigo en esto. Hermes:¿ Cuáles? Pluto: Cuando alguien, al encontrarme por primera vez, abre la puerta y me recibe, entra conmigo a escondidas la soberbia, la insensatez, la jactancia, la molicie, la insolencia, el engaño y otras mil cosas; al ser capturada su alma por todas estas, admira lo que no es admirable, desea lo que debe evitarse y me venera a mí, el padre de todos esos males que han entrado, escoltado por ellos, y preferiría sufrir cualquier cosa antes que soportar dejarme ir.
29
Hermes:¡ Qué suave y resbaladizo eres, Pluto, difícil de retener y evasivo, sin ofrecer ningún agarre firme, sino que, como las anguilas o las serpientes, escapas por entre los dedos, no sé cómo! La Pobreza, en cambio, es pegajosa, cautelosa y tiene mil anzuelos que le brotan de todo el cuerpo, de modo que los que se acercan quedan atrapados inmediatamente y no pueden liberarse fácilmente. Pero, mientras charlábamos, un asunto no pequeño se nos ha escapado. Pluto:¿ Cuál? Hermes: Que no hemos traído el Tesoro, que era lo que más necesitábamos.
30
Pluto: No te preocupes por eso; siempre lo dejo en la tierra cuando subo hacia ustedes, ordenándole que se quede dentro cerrando la puerta, y que no abra a nadie, a menos que me oiga gritar. Hermes: Entonces, subamos ya al Ática; sígueme agarrado de mi clámide, hasta que llegue al rincón. Pluto: Haces bien, Hermes, guiándome; pues si me dejas, vagando caeré pronto en Hipérbolo o Cleón. Pero,¿ qué es este ruido como de hierro contra piedra?
31
Hermes: Este Timón está cavando cerca un terreno montañoso y pedregoso.¡ Vaya, también está presente la Pobreza y ese Esfuerzo, la Resistencia, la Sabiduría, la Valentía y tal multitud de todos los que están bajo el Hambre, mucho mejores que tus escoltas! Pluto:¿ Por qué no nos vamos, Hermes, lo más rápido posible? Pues no podríamos hacer nada digno de mención ante un hombre rodeado por tal ejército. Hermes: Así le pareció a Zeus; no seamos cobardes, pues.
32
Pobreza:¿ A dónde llevas a este, Argicida, guiándolo? Hermes: Fuimos enviados por Zeus a este Timón. Pobreza:¿ Ahora Pluto a Timón, cuando yo, habiéndolo tomado en mal estado por el Lujo, entregándoselo a estos, a la Sabiduría y al Esfuerzo, lo hice un hombre noble y de gran valor?¿ Tan despreciable y fácil de agraviar te parezco, Pobreza, que me quitas el único bien que tenía, trabajado con precisión hacia la virtud, para que Pluto, tomándolo de nuevo y entregándolo a la Insolencia y a la Soberbia, lo devuelva, habiéndolo hecho blando, innoble y necio como antes, convertido ya en un harapo? Hermes: Así le pareció a Zeus, Pobreza.
33
Pobreza: Me voy; y ustedes, Esfuerzo, Sabiduría y los demás, síganme. Este pronto sabrá qué clase de compañera y maestra de las mejores cosas me dejará, con quien, al convivir, permaneció sano de cuerpo y fuerte de mente, viviendo una vida de hombre y mirando hacia sí mismo, considerando que estas cosas superfluas y muchas, como son, son ajenas. Hermes: Se van; acerquémonos a él.
34
Timón:¿ Quiénes son, malditos?¿ O qué quieren al venir aquí a molestar a un hombre trabajador y jornalero?¡ No se vayan contentos, siendo todos unos impuros! Pues yo, enseguida, lanzándoles terrones y piedras, los destrozaré. Hermes: De ninguna manera, Timón, no lances; pues no lanzarás a hombres, sino que yo soy Hermes, y este es Pluto; Zeus nos envió al escuchar tus oraciones, así que, con buena suerte, recibe la riqueza y deja los esfuerzos. Timón:¡ Y ustedes sufrirán pronto, aunque sean dioses, como dicen! Pues odio a todos a la vez, hombres y dioses, y a este ciego, quienquiera que sea, creo que lo destrozaré con la azada. Pluto: Vámonos, Hermes, ante Zeus, pues el hombre me parece que está bastante loco, no sea que me vaya habiendo ganado algún mal.
35
Hermes: Nada de asperezas, Timón, sino que, dejando a un lado esa ferocidad y rudeza, extiende las manos, recibe la buena suerte, enriquece de nuevo, sé el primero de los atenienses y desprecia a esos ingratos, siendo tú el único afortunado. Timón: No necesito nada de ustedes; no me molesten; para mí la azada es riqueza suficiente, y en lo demás soy muy afortunado sin que nadie se me acerque. Hermes:¿ Así, amigo, inhumanamente?¿ Llevo a Zeus este mensaje, duro y fuerte? Y, sin embargo, era razonable que fueras misántropo habiendo sufrido tantas cosas terribles de ellos, pero de ninguna manera misoteísta, siendo que los dioses te cuidan tanto.
36
Timón: Pero a ti, Hermes, y a Zeus, muchas gracias por el cuidado, pero a este Pluto no lo aceptaría. Hermes:¿ Por qué? Timón: Porque hace mucho tiempo este se convirtió en causa de innumerables males para mí, entregándome a aduladores, atrayendo a intrigantes, despertando el odio, corrompiéndome con la molicie y haciéndome envidiable, y al final, de repente, abandonándome de forma tan infiel y traicionera. La mejor Pobreza, habiéndome ejercitado con los esfuerzos más varoniles y conviviendo conmigo con verdad y franqueza, me proporcionaba lo necesario cuando estaba cansado y me enseñaba a despreciar esas muchas cosas, haciendo que mis esperanzas de vida dependieran de mí mismo y mostrándome cuál era mi riqueza, que ni un adulador halagando, ni un sicofante amenazando, ni un pueblo irritado, ni un asambleísta votando, ni un tirano intrigando podrían quitarme.
37
Timón: Fuerte, por tanto, gracias a los esfuerzos, trabajando laboriosamente este campo, sin ver ninguno de los males de la ciudad, tengo suficiente y bastante cebada gracias a la azada. Así que vete de vuelta, Hermes, llevando a Pluto ante Zeus; para mí, esto era suficiente, hacer que todos los hombres sufrieran en la flor de la juventud. Hermes: De ninguna manera, buen amigo; pues no todos son aptos para el sufrimiento. Pero deja esas cosas iracundas y juveniles y toma a Pluto. No son despreciables los regalos de Zeus. Pluto:¿ Quieres, Timón, que defienda mi causa ante ti?¿ O te enfadarás conmigo al hablar? Timón: Habla, pero no largo, ni con preámbulos, como esos oradores destructores; pues te soportaré hablando poco por este Hermes.
38
Quizás debería haber hablado largo ante tantas cosas acusadas por ti; sin embargo, mira si te he hecho algún daño, como dices, yo que fui causa de todos los placeres más dulces para ti, honor, precedencia, coronas y el resto del lujo; eras visto y celebrado por mí y muy buscado. Si has sufrido algo difícil de los aduladores, soy inocente ante ti; más bien, yo mismo he sido agraviado por ti, porque me entregaste tan indignamente a hombres malditos que me alababan, me embaucaban y me intrigaban de todas formas. Y al final dijiste que te había traicionado, cuando yo mismo podría acusarte de haberme expulsado de todas formas y haberme echado de la casa. Por tanto, en lugar de una túnica suave, la Pobreza, que tanto valoras, te ha puesto esta piel de cuero. Así que, testigo es este Hermes, cómo suplicaba a Zeus no volver más ante ti, que me habías tratado con tanta hostilidad.
39
Hermes: Pero ahora, Pluto,¿ ves en qué se ha convertido? Así que, ten confianza y convive con él. Tú, sigue cavando como estás; tú, saca el tesoro con el azadón, pues te obedecerá cuando le grites. Timón: Hay que obedecer, Hermes, y volver a enriquecerse. Pues,¿ qué otra cosa podría hacer uno cuando los dioses lo fuerzan? Pero mira en qué asuntos me metes, a mí, el desdichado, que hasta ahora vivía muy felizmente y de repente voy a recibir tanto oro sin haber hecho daño a nadie, y voy a cargar con tantas preocupaciones.
40
Hermes: Resiste, Timón, por mí, aunque esto sea difícil e insoportable, para que esos aduladores revienten de envidia. Yo volaré al cielo por encima del Etna. Pluto ya se ha ido, al parecer, pues lo deduzco por el batir de sus alas. Tú espera aquí, pues al irme te enviaré el Tesoro; o mejor, golpea. Te hablo a ti, Tesoro de oro, obedece a este Timón y entrégate para ser recogido. Cava, Timón, hundiendo el azadón profundamente. Yo me apartaré de vosotros.
41
Vamos, azadón, ahora fortalécete para mí y no te canses de sacar el Tesoro desde la profundidad a la luz.¡ Oh, Zeus prodigioso, queridos Coribantes y Hermes, dios de las ganancias,¿ de dónde tanto oro?¿ Acaso es esto un sueño? Temo, al menos, encontrar carbones al despertar. Pero no, es oro acuñado, rojizo, pesado y de aspecto sumamente delicioso.¡ Oh, oro, el regalo más hermoso para los mortales! Pues brillas como fuego encendido tanto de noche como de día. Ven, el más querido y deseado. Ahora sí creo que Zeus se convirtió alguna vez en oro; pues,¿ qué doncella no habría recibido con el regazo abierto a un amante tan hermoso fluyendo a través del techo?
42
Timón:¡ Oh, Midas, Creso y ofrendas de Delfos, qué poco eran en comparación con Timón y la riqueza de Timón, a la cual ni siquiera el rey de los persas es igual!¡ Oh, azadón y queridísima pelliza, es bueno consagraros a este Pan! Yo mismo, habiendo comprado ya todo este terreno apartado, habiendo construido una pequeña torre sobre el tesoro, suficiente para vivir yo solo, creo que tendré en ella también mi tumba al morir. Que esto quede decidido y legislado para el resto de mi vida: falta de trato con todos, desconocimiento y desprecio. Amigo, huésped, compañero o altar de la Piedad son pura palabrería; y compadecer a quien llora o ayudar al necesitado es una transgresión y una disolución de las costumbres. Mi modo de vida será solitario, como el de los lobos, y un solo amigo: Timón.
43
Todos los demás son enemigos y traidores; y tratar con cualquiera de ellos es una mancha; y si veo a alguien, el día es aciago; y, en suma, que no se diferencien para nosotros de las estatuas de piedra o bronce; y no recibamos heraldo de ellos ni hagamos treguas; que la soledad sea el límite frente a ellos. Los miembros de la misma tribu, los de la misma fratría, los ciudadanos y la patria misma son nombres fríos e inútiles, vanidades de hombres insensatos. Que Timón sea rico solo, que desprecie a todos y viva con lujo solo para sí mismo, libre de adulaciones y elogios vulgares; y que sacrifique a los dioses y banquete solo, siendo vecino y colindante de sí mismo, sacudiéndose a los demás. Y que quede decidido que, si fuera necesario morir, me agasajaré a mí mismo y me pondré una corona.
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Timón: Y que mi nombre sea el Misántropo, el más dulce, y las señales de mi carácter sean la aspereza, la rudeza, la torpeza, la ira y la inhumanidad. Y si viera a alguien pereciendo en el fuego y suplicando que lo apaguen, apagarlo con pez y aceite; y si alguien fuera arrastrado por el río en invierno y, extendiendo las manos, pidiera ser agarrado, empujarlo hundiéndolo de cabeza para que ni siquiera pueda salir a flote; así recibirían lo que merecen. Introdujo la ley Timón, hijo de Equefrátides, del demo de Colito; la aprobó en la asamblea el mismo Timón. Bien, que esto quede decidido para nosotros y mantengámonos firmes en ello con valentía.
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Sin embargo, me habría importado mucho que esto fuera conocido por todos, porque soy inmensamente rico; pues el asunto sería un tormento para ellos. Aunque,¿ qué es esto?¡ Vaya rapidez! Corren desde todas partes, polvorientos y jadeantes, no sé de dónde olfateando el oro.¿ Debo, pues, subir a este montículo y rechazarlos arrojándoles piedras desde una posición elevada, o cometeremos tal transgresión al tratarlos una vez, para que sufran más al ser despreciados? Creo que esto es mejor. Así que recibámoslos ya, manteniéndonos firmes. A ver,¿ quién es este primero de ellos? Gnatónides el adulador, quien hace poco, cuando le pedí una contribución, me ofreció una soga, después de haber vomitado muchas veces en mi casa barriles enteros. Pero hizo bien en venir; pues se lamentará antes que los demás.
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Gnatónides:¿ No decía yo que los dioses no descuidarían a Timón, un hombre bueno? Salve, Timón, el más hermoso, el más dulce y el más sociable. Timón: Y tú también, Gnatónides, el más voraz de todos los buitres y el más perverso de los hombres. Gnatónides: Siempre tan bromista. Pero,¿ dónde está el banquete? Pues vengo trayéndote un canto nuevo de los ditirambos recién enseñados. Timón: Pues cantarás elegías muy conmovedoras bajo este azadón. Gnatónides:¿ Qué es esto?¿ Me golpeas, Timón?¡ Soy testigo!¡ Oh, Heracles, ay, ay, te desafío por lesiones ante el Areópago! Timón: Pues si te demoras un poco, pronto te desafiaré por homicidio. Gnatónides: De ninguna manera; pero tú, cura la herida espolvoreando un poco de oro; pues el remedio es terriblemente hemostático. Timón:¿ Aún te quedas? Gnatónides: Me voy; pero no te alegrarás de haberte vuelto tan rudo después de ser bueno.
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Timón:¿ Quién es este que se acerca, el calvo? Filiades, el más repugnante de todos los aduladores. Este, habiendo recibido de mí todo un campo y dos talentos para la dote de su hija, como recompensa por el elogio, cuando, habiendo cantado yo mientras todos callaban, él solo me elogió exageradamente jurando que era más melodioso que los cisnes, cuando hace poco me vio enfermo y me acerqué necesitando ayuda, el noble me propinó golpes.
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Filiades:¡ Oh, qué desvergüenza!¿ Ahora reconocéis a Timón?¿ Ahora Gnatónides es amigo y compañero de copas? Por lo tanto, ha sufrido lo justo por ser tan desagradecido. Nosotros, que somos antiguos conocidos, compañeros de efebía y ciudadanos, sin embargo, somos moderados para no parecer que nos abalanzamos. Salve, señor, y cuídate de esos aduladores inmundos, los que solo están en la mesa y en lo demás no se diferencian de los cuervos. Ya no hay que confiar en ninguno de los de ahora; todos son desagradecidos y malvados. Yo, trayéndote un talento para que tengas con qué usarlo para las urgencias, escuché ya en el camino que poseías una riqueza inmensa. Vengo, pues, a aconsejarte esto; aunque tú, siendo tan sabio, quizás no necesites mis palabras, tú que podrías aconsejar incluso a Néstor lo que es necesario. Timón: Así será, Filiades. Pero acércate, para que también a ti te agasaje con el azadón. Filiades:¡ Hombres, me han roto el cráneo por culpa del desagradecido, porque le aconsejaba lo que le convenía!
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Timón: Mira, este tercero, el orador Demeas, se acerca con un decreto en la mano derecha y diciendo que es pariente nuestro. Este, habiendo pagado yo por él dieciséis talentos en un solo día a la ciudad— pues había sido condenado y estaba encarcelado por no pagar, y yo, compadecido, lo liberé—, cuando hace poco le tocó a la tribu Erecteida repartir el fondo para espectáculos y me acerqué pidiendo lo que me correspondía, dijo que no me reconocía como ciudadano.
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Demeas: Salve, Timón, el gran beneficio del linaje, el apoyo de Atenas, el problema de Grecia; y de hecho, hace tiempo que el pueblo reunido y ambos consejos te esperan. Pero primero escucha el decreto que he escrito por ti: Puesto que Timón, hijo de Equefrátides, del demo de Colito, hombre no solo noble y bueno, sino también sabio como ningún otro en Grecia, durante todo el tiempo continúa haciendo lo mejor para la ciudad, y ha vencido en boxeo, lucha y carrera en Olimpia en un solo día, y con carro completo y yunta de potros... Timón: Pero si yo nunca he asistido a Olimpia. Demeas:¿ Y qué? Asistirás después; es mejor que tales cosas se añadan. Y se distinguió por la ciudad el año pasado cerca de Acarnas y masacró a dos divisiones de los peloponesios...
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Timón:¿ Cómo? Pues por no tener armas ni siquiera fui inscrito en la lista. Demeas: Dices cosas modestas sobre ti mismo, pero nosotros seríamos desagradecidos si no lo recordáramos. Además, escribiendo decretos, aconsejando y siendo estratega, ha beneficiado no poco a la ciudad; por todo esto, que quede decidido por el consejo, el pueblo, la Heliea, las tribus y los demos, privada y públicamente, erigir a Timón de oro junto a Atenea en la acrópolis, teniendo un rayo en la mano derecha y rayos en la cabeza, y coronarlo con siete coronas de oro, y que las coronas sean proclamadas hoy en las Dionisias ante los nuevos tragediógrafos; pues por él deben celebrarse hoy las Dionisias. Ha expresado su opinión Demeas el orador, siendo su pariente cercano y discípulo; pues Timón es también un orador excelente y todo lo demás que desee.
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Demeas: Este es, pues, el decreto para ti. Yo quería también traer ante ti a mi hijo, a quien he llamado Timón en tu honor. Timón:¿ Cómo, Demeas, si ni siquiera te has casado, al menos que nosotros sepamos? Demeas: Pero me casaré, si Dios quiere, el año que viene y tendré hijos, y al que nazca— pues será varón— ya lo llamo Timón. Timón: No sé si querrás casarte todavía, tú, recibiendo tal golpe de mi parte. Demeas:¡ Ay de mí!¿ Qué es esto?¿ Timón, intentas una tiranía y golpeas a los libres sin ser tú mismo libre? Pero pagarás pronto la pena, entre otras cosas, por haber incendiado la acrópolis.
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Timón: Pero no se ha incendiado, inmundo, la acrópolis; así que es evidente que calumnias. Demeas: Pero también eres rico por haber excavado el Opistodomo. Timón: Tampoco ha sido excavado este, así que también esto es increíble. Demeas: Será excavado después; pero ya tienes todo lo que había en él. Timón: Entonces recibe también otro. Demeas:¡ Ay, mi espalda! Timón: No grites; pues te daré también un tercero; ya que sería ridículo que, habiendo masacrado a dos divisiones de lacedemonios sin armas, no destruyera a un hombrecillo inmundo; pues en vano habría vencido en Olimpia en boxeo y lucha.
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Pero,¿ qué es esto?¿ No es este Trasicles el filósofo? Ciertamente no es otro; pues, extendiendo la barba, levantando las cejas y fanfarroneando algo para sí mismo, viene con mirada titánica, con el cabello de la frente alborotado, un Autóreas o Tritón, como los que pintó Zeuxis. Este, de porte elegante, de caminar comedido y de manto sobrio, desde la mañana discutiendo mil cosas sobre la virtud, condenando a los que se complacen en el placer y alabando la frugalidad, cuando llega bañado a la cena y el criado le ofrece la copa grande— pues le gusta el vino más puro—, como si hubiera bebido el agua del Leteo, muestra lo más opuesto a aquellos discursos matutinos, arrebatando como un milano los manjares, empujando al vecino, con la barba llena de salsa, comiendo como un perro, inclinado como si esperara encontrar la virtud en los platos, limpiando minuciosamente los cuencos con el dedo índice para que no quede ni un poco de la salsa de ajo,
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siempre descontento, incluso si toma el pastel entero o el cerdo solo, más que cualquier otro, por pura glotonería y codicia, borracho y pendenciero, no solo hasta el canto y la danza, sino también hasta el insulto y la ira. Además, muchos discursos sobre la templanza y la decencia durante la copa, y precisamente entonces, y dice esto estando ya mal por el vino puro y balbuceando ridículamente; luego, vómitos tras esto; y, por último, algunos lo sacan del banquete agarrado por ambos lados de la flautista. Pero incluso sobrio, no cedería el primer puesto a nadie en cuanto a mentira, audacia o avaricia; sino que es el primero de los aduladores y perjura con suma facilidad, y la impostura lo guía y la desvergüenza lo acompaña, y, en suma, es un ser sapientísimo, preciso en todo y completo en su maldad. Por lo tanto, se lamentará en poco tiempo por ser un hombre bueno.¿ Qué es esto?¡ Vaya, Trasicles llega tarde a nosotros!
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Trasicles: No he venido, Timón, por las mismas razones que esta multitud, que, asombrada por tu riqueza, ha corrido con la esperanza de plata, oro y banquetes lujosos, para mostrar mucha adulación ante un hombre como tú, sencillo y sociable con lo que tiene; pues sabes que para mí una hogaza es una cena suficiente, y el manjar más dulce es el tomillo o el berro o, si alguna vez me doy un capricho, un poco de sal; y mi bebida es la de la fuente de los Nueve Caños; y este manto es mejor que cualquier púrpura que quieras. Pues el oro no me parece más valioso que las piedrecitas de las orillas. Pero he venido por tu propio bien, para que no te corrompa esta posesión tan mala y traicionera, la riqueza, que muchas veces ha sido causa de desgracias irreparables para muchos; pues si me hicieras caso, lo mejor sería arrojarlo todo al mar, ya que no es necesario para un hombre bueno y capaz de ver la riqueza de la filosofía; pero no a mucha profundidad, buen hombre, sino solo entrando hasta las ingles, un poco antes de la rompiente, viéndolo solo yo;
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Trasicles: Si no quieres esto, sácalo de la casa de otra manera mejor y rápidamente, sin dejarte ni un óbolo, repartiéndolo entre todos los necesitados, a uno cinco dracmas, a otro una mina, a otro medio talento; y si alguien fuera filósofo, es justo que se lleve una doble o triple porción; y a mí— aunque no pido por mi propio bien, sino para repartir entre los compañeros necesitados— me basta con que llenes esta alforja y me la des, que no cabe ni dos medimnos eginetas enteros. El que filosofa debe ser frugal y moderado y no pensar en nada por encima de la alforja. Timón: Alabo esto de ti, Trasicles; pero antes de la alforja, si te parece, deja que te llene la cabeza de chichones midiendo con el azadón. Trasicles:¡ Oh, democracia y leyes, somos golpeados por el maldito en una ciudad libre! Timón:¿ Por qué te indignas, buen hombre?¿ Acaso te he engañado? Pues te añadiré cuatro cuartillos más de la medida.
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Timón: Pero,¿ qué es esto? Muchos se acercan; ese Blepsias, Laques, Grifón y todo el grupo de los que van a sufrir. Así que,¿ por qué no subo a esta roca, descanso un poco el azadón que ya está cansado, y yo mismo, habiendo reunido tantas piedras como pueda, los granizo desde lejos? Blepsias: No tires, Timón; pues nos vamos. Timón: Pero no sin sangre ni sin heridas, vosotros.

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