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Original / primary: Spanish Gemini
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Zeus: Tú, prepara los estrados y acondiciona el lugar para los que llegan; tú, alinea y presenta las vidas, pero adórnalas primero para que parezcan atractivas y atraigan al mayor número posible; y tú, Hermes, pregona y convócalos. Hermes:¡ Con buena fortuna, que los compradores se presenten ya en el mercado! Vamos a subastar vidas filosóficas de todo tipo y de diversas tendencias. Si alguien no tiene el dinero para pagar al instante, lo abonará el año próximo presentando un fiador. Zeus: Muchos se reúnen; así que no hay que perder el tiempo ni retenerlos.¡ Subastemos, pues!
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Hermes:¿ A quién quieres que presentemos primero? Zeus: A este de la melena, el jonio, pues parece ser alguien solemne. Hermes:¡ Tú, el pitagórico, baja y preséntate para ser examinado por los reunidos! Zeus:¡ Pregona ya! Hermes: Subasto la mejor vida, la más solemne.¿ Quién la comprará?¿ Quién desea estar por encima de lo humano?¿ Quién quiere conocer la armonía del universo y volver a vivir? Comprador: Su aspecto no es innoble. Pero,¿ qué sabe principalmente? Hermes: Aritmética, astronomía, prodigios, geometría, música, artes mágicas. Ves a un adivino consumado. Comprador:¿ Se le puede interrogar? Hermes: Interrógale con buena fortuna.
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Comprador:¿ De dónde eres? Pitágoras: De Samos. Comprador:¿ Dónde te educaste? Pitágoras: En Egipto, con los sabios de allí. Comprador: Dime, si te compro,¿ qué me enseñarás? Pitágoras: No te enseñaré nada, sino que te haré recordar. Comprador:¿ Cómo me harás recordar? Pitágoras: Primero, purificando tu alma y lavando la suciedad que hay en ella. Comprador: Supongamos ya que estoy purificado;¿ cuál es el método de la rememoración? Pitágoras: Lo primero, un largo silencio y no hablar nada durante cinco años enteros. Comprador: Es hora de que eduques al hijo de Creso, pues yo soy hablador y no quiero ser una estatua. Pero,¿ qué sigue después del silencio y los cinco años? Pitágoras: Te ejercitarás en la música y la geometría. Comprador: Dices algo gracioso, si primero tengo que convertirme en citaredo para luego ser sabio.
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Pitágoras: Y después de esto, a contar. Comprador: Ya sé contar. Pitágoras:¿ Cómo cuentas? Comprador: Uno, dos, tres, cuatro. Pitágoras:¿ Ves? Lo que tú crees que son cuatro, eso es diez y un triángulo perfecto y nuestro juramento. Comprador:¡ Por el juramento más grande, pues, no por el cuatro!, nunca escuché palabras más divinas ni más sagradas. Pitágoras: Después, extranjero, conocerás sobre la tierra, el aire, el agua y el fuego, cuál es su movimiento y cómo, siendo lo que son, se mueven según su forma. Comprador:¿ Tiene forma el fuego, el aire o el agua? Pitágoras: Y muy evidente; pues no pueden moverse en la falta de forma y la fealdad. Y además de esto, conocerás al dios, que es número, intelecto y armonía. Comprador: Dices cosas maravillosas.
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Pitágoras: Y además de lo dicho, sabrás que tú, que crees ser uno, eres otro y has sido otro. Comprador:¿ Qué dices?¿ Soy otro y no este que ahora conversa contigo? Pitágoras: Ahora eres este, pero hace tiempo aparecías en otro cuerpo y con otro nombre; y con el tiempo volverás a cambiar a otro. Comprador:¿ Dices que seré inmortal cambiando a múltiples formas?
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Comprador: Pero esto es suficiente.¿ Cómo es tu régimen de vida? Pitágoras: No como nada que tenga alma, y de lo demás, nada excepto habas. Comprador:¿ Por qué motivo?¿ Acaso te dan asco las habas? Pitágoras: No, sino que son sagradas y su naturaleza es maravillosa; primero, porque son el principio de todo, y si pelas un haba cuando aún está verde, verás que su forma es parecida a los órganos viriles; y si, una vez cocidas, las dejas bajo la luz de la luna durante noches contadas, producirán sangre. Y lo más importante, es ley entre los atenienses elegir a los magistrados mediante habas. Comprador: Has dicho todo de forma bella y sagrada. Pero desnúdate, pues quiero verte desnudo.¡ Por Heracles!, su muslo es de oro. Parece ser un dios, no un mortal; así que lo compraré sin falta.¿ Por cuánto lo subastas? Hermes: Diez minas. Comprador: Las tengo, tómalo. Zeus: Escribe el nombre del comprador y de dónde es. Hermes: Es un italiota, Zeus, parece ser de los de Crotona, Tarento y la Hélade de por allí; aunque no es uno solo, sino que casi trescientos lo han comprado en común. Zeus: Que se lo lleven; presentemos a otro.
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Hermes:¿ Quieres a ese que está sucio, el póntico? Zeus: Por supuesto. Hermes: Tú, el que lleva el zurrón colgado, el de la exómide, ven y da una vuelta alrededor de la asamblea. Subasto una vida varonil, una vida excelente y noble, una vida libre;¿ quién la comprará? Comprador:¡ Oye, pregonero!¿ Qué dices?¿ Vendes a un hombre libre? Hermes: Así es. Comprador:¿ Y no temes que te demande por esclavitud o que te cite ante el Areópago? Hermes: No le importa nada la venta; pues cree ser completamente libre. Comprador:¿ Y qué uso podría darle a alguien tan sucio y que vive de forma tan desgraciada? A menos que haya que destinarlo a cavar o a cargar agua. Hermes: No solo eso, sino que si lo pones de portero, lo usarás mucho más fiel que a los perros. De hecho, Perro es su nombre. Comprador:¿ De dónde es o qué entrenamiento profesa? Hermes: Pregúntaselo tú mismo; pues es mejor hacerlo así. Comprador: Me da miedo su aspecto sombrío y abatido, no sea que me ladre al acercarme o, por Zeus, que me muerda.¿ No ves cómo tiene levantado el bastón, cómo ha fruncido el ceño y cómo mira de reojo de forma amenazante y biliosa? Hermes: No temas; es manso.
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Comprador: Lo primero, buen hombre,¿ de dónde eres? Diógenes: De todas partes. Comprador:¿ Qué quieres decir? Diógenes: Ves a un ciudadano del mundo. Comprador:¿ Y a quién emulas? Diógenes: A Heracles. Comprador:¿ Entonces por qué no llevas una piel de león? Pues el bastón se parece al suyo. Diógenes: Esta es mi piel de león, el tribón. Y hago campaña, igual que él, contra los placeres, no por orden, sino voluntariamente, proponiéndome limpiar la vida. Comprador: Bien por tu propósito. Pero,¿ qué debemos decir que sabes principalmente?¿ O qué arte posees? Diógenes: Soy libertador de los hombres y médico de las pasiones; en suma, quiero ser profeta de la verdad y la franqueza.
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Comprador: Bien, profeta; si te compro,¿ de qué modo me educarás? Diógenes: Primero, tomándote, desnudándote del lujo y encerrándote en la pobreza, te pondré un tribón; después, te obligaré a trabajar y esforzarte, durmiendo en el suelo, bebiendo agua y llenándote con lo que encuentres; y el dinero, si lo tienes, obedeciéndome, lo llevarás y lo arrojarás al mar; te despreocuparás del matrimonio, de los hijos y de la patria, y todo eso será para ti una tontería; dejando la casa paterna, habitarás en una tumba, en una torre desierta o incluso en una tinaja; y tu zurrón estará lleno de altramuces y de libros escritos por ambos lados; y así, teniéndolo, dirás ser más feliz que el gran rey. Y si alguien te azota o te tortura, no considerarás nada de esto como doloroso. Comprador:¿ Cómo dices eso de no sentir dolor al ser azotado? Pues no estoy revestido con la piel de una tortuga o de un cangrejo. Diógenes: Emularás aquel verso de Eurípides, cambiándolo un poco. Comprador:¿ Cuál? Diógenes: Tu mente sentirá dolor, pero tu lengua será insensible.
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Lo que más debes tener es esto: hay que ser insolente, audaz y maldecir a todos por igual, a reyes y a particulares; pues así se fijarán en ti y te considerarán valiente. Que tu voz sea bárbara, tu tono desagradable y, sencillamente, parecido al de un perro; tu rostro tenso y tu caminar acorde a tal rostro, y, en general, todo salvaje y feroz. Que la vergüenza, la afabilidad y la moderación estén lejos, y arranca el rubor de tu rostro por completo. Persigue los lugares más concurridos y, en ellos mismos, desea estar solo y sin trato con nadie, sin admitir amigos ni extranjeros; pues tales cosas son la ruina de tu autoridad. Y a la vista de todos, haz con audacia lo que nadie haría ni en privado, y de los placeres elige los más ridículos, y finalmente, si te parece, muere comiendo un pulpo crudo o una sepia. Esta es la felicidad que te procuramos.
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Comprador:¡ Vete! Pues dices cosas abominables y no humanas. Diógenes: Pero son facilísimas, amigo, y asequibles para todos; pues no necesitarás educación, discursos ni tonterías, sino que este es el camino directo a la gloria; y aunque seas un particular, ya sea curtidor, vendedor de salazones, carpintero o banquero, nada te impedirá ser admirable, si solo posees la desvergüenza y la audacia y aprendes bien a maldecir. Comprador: Para esto no te necesito. Quizás serías útil como marinero o jardinero, y eso, si este quisiera vendértelo por un máximo de dos óbolos. Hermes: Tómalo; pues nos desharemos gustosos de él, que molesta, grita e insulta a todos sin distinción y habla mal de ellos.
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Zeus: Llama a otro, al cirenaico, el de la púrpura, el coronado. Hermes:¡ Atención, todos! El objeto es costoso y requiere de ricos. Esta vida es la más dulce, una vida tres veces dichosa.¿ Quién desea lujo?¿ Quién compra al más delicado? Comprador: Ven tú y di lo que sabes; pues te compraré si eres útil. Hermes: No lo molestes, buen hombre, ni lo interrogues; pues está borracho. Así que no podría responderte, pues, como ves, se le traba la lengua. Comprador:¿ Y quién en su sano juicio compraría a un esclavo tan corrompido y libertino?¡ Cuánto apesta a perfumes, y qué tambaleante y desorientado camina! Pero, al menos tú, Hermes, di qué cualidades tiene y a qué se dedica. Hermes: En general, es hábil para convivir, capaz de beber en compañía y apto para ir de juerga con una flautista para un amo enamorado y disoluto; por lo demás, es experto en pasteles y un cocinero muy experimentado, y, en suma, un sofista de la vida placentera. Se educó en Atenas, sirvió en Sicilia a los tiranos y gozaba de gran reputación entre ellos. El resumen de su propósito es despreciar todo, usar todo y recolectar el placer de todas partes. Comprador: Es hora de que busques a otro entre estos ricos y adinerados; pues yo no soy apto para comprar una vida alegre. Hermes: Parece que este se nos queda sin vender, Zeus.
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Zeus: Quítalo; presenta a otro; o mejor, a estos dos, al que ríe, el de Abdera, y al que llora, el de Éfeso; pues quiero que se vendan juntos. Hermes: Bajad al centro. Subasto las dos mejores vidas, las dos más sabias de todas. Comprador:¡ Oh, Zeus, qué contraste! Uno no deja de reír, y el otro parece estar de luto; al menos llora constantemente.¿ Qué es esto, tú?¿ Por qué te ríes? Demócrito:¿ Preguntas? Porque todas vuestras cosas me parecen ridículas, y vosotros mismos también. Comprador:¿ Cómo dices?¿ Te ríes de todos nosotros y no valoras en nada nuestros asuntos? Demócrito: Es así; pues no hay nada serio en ellos, todo es vacío, movimiento de átomos e infinitud. Comprador:¡ Al contrario, tú eres el vacío en realidad y el infinito!
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Comprador:¡ Oh, qué insolencia!¿ No dejarás de reír?¿ Y tú por qué lloras, buen hombre? Pues creo que es mucho mejor hablar contigo. Heráclito: Porque considero, extranjero, que los asuntos humanos son miserables y dignos de llanto, y que no hay nada en ellos que no sea mortal; por eso me compadezco de ellos y me lamento, y no considero grandes las cosas presentes, y las que sucederán en el futuro son totalmente dolorosas, me refiero a las conflagraciones y a la destrucción del todo; me lamento de esto y de que nada es firme, sino que todo se mezcla como en un revoltijo, y lo mismo es placer y falta de placer, conocimiento e ignorancia, grande y pequeño, girando arriba y abajo y cambiando en el juego del tiempo. Comprador:¿ Qué es el tiempo? Heráclito: Un niño que juega, que mueve las piezas, que se pelea y se reconcilia. Comprador:¿ Y qué son los hombres? Heráclito: Dioses mortales. Comprador:¿ Y qué son los dioses? Heráclito: Hombres inmortales. Comprador: Dices acertijos, tú,¿ o compones enigmas? Pues, sencillamente, como Loxias, no aclaras nada. Heráclito: Pues no me importa nada de vosotros. Comprador: Por tanto, nadie en su sano juicio te comprará. Heráclito:¡ Yo ordeno a todos, jóvenes, que se lamenten, tanto a los que compran como a los que no compran! Comprador: Este mal no está lejos de la melancolía; pero, aun así, no compraré a ninguno de los dos. Hermes: Estos también se quedan sin vender. Zeus: Pregona a otro.
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Hermes:¿ Quieres a ese ateniense, el charlatán? Zeus: Por supuesto. Hermes: Ven aquí. Subastamos una vida buena y sensata.¿ Quién compra al más sagrado? Comprador: Dime,¿ qué sabes principalmente? Sócrates: Soy pederasta y sabio en las cosas del amor. Comprador:¿ Cómo voy a comprarte entonces? Pues necesitaba un pedagogo para mi hijo, que es hermoso. Sócrates:¿ Y quién podría ser más apto que yo para estar con alguien hermoso? Pues no soy amante de los cuerpos, sino que considero hermosa el alma. De hecho, aunque se acuesten conmigo bajo el mismo manto, escucharás que dicen no haber sufrido nada terrible por mi parte. Comprador: Dices cosas increíbles, que siendo pederasta no te ocupes de más allá del alma, y eso teniendo la oportunidad, acostado bajo el mismo manto.
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Sócrates: Y, sin embargo, te juro por el perro y por el plátano que esto es así. Comprador:¡ Heracles, qué extrañeza de dioses! Sócrates:¿ Qué dices?¿ No te parece que el perro es un dios?¿ No ves a Anubis en Egipto, qué grande es?¿ Y a Sirio en el cielo, y a Cerbero entre los de abajo?
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Comprador: Dices bien, yo me equivocaba. Pero,¿ qué modo de vida llevas? Sócrates: Habito en una ciudad que yo mismo he imaginado, uso una constitución extranjera y considero mis propias leyes. Comprador: Quería escuchar uno de tus dogmas. Sócrates: Escucha, pues, el más importante, el que me parece sobre las mujeres: que ninguna de ellas sea de nadie en particular, sino que todo el que quiera participe del matrimonio. Comprador:¿ Dices que se han abolido las leyes sobre el adulterio? Sócrates:¡ Por Zeus!, y sencillamente toda la pequeñez sobre tales asuntos. Comprador:¿ Y qué te parece sobre los niños en edad de merecer? Sócrates: Estos también serán un premio para los mejores, por haber realizado algo brillante y juvenil.
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Comprador:¡ Vaya con la generosidad!¿ Y cuál es el resumen de tu sabiduría? Sócrates: Las ideas y los modelos de los seres; pues todo lo que ves, la tierra, lo que hay sobre la tierra, el cielo, el mar, de todas estas cosas existen imágenes invisibles fuera del todo. Comprador:¿ Y dónde están? Sócrates: En ninguna parte; pues si estuvieran en algún lugar, no existirían. Comprador: No veo esos modelos que dices. Sócrates: Es natural; pues eres ciego del ojo del alma. Yo, en cambio, veo imágenes de todo, y a ti invisible, y a mí otro, y en general todo doble. Comprador: Por tanto, hay que comprarte, siendo sabio y perspicaz. Vamos, veré qué harás tú por él. Hermes: Da dos talentos. Comprador: Lo he comprado por lo que dices. Aunque el dinero lo pagaré después.
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Hermes:¿ Cuál es tu nombre? Comprador: Dión de Siracusa. Hermes: Tómalo con buena fortuna. Te llamo ahora al epicúreo.¿ Quién lo comprará? Es discípulo de aquel que ríe y del que está borracho, a quienes subastábamos hace poco. Pero sabe una cosa más que ellos, en cuanto que es más impío; por lo demás, es agradable y amigo de la glotonería. Comprador:¿ Cuál es el precio? Hermes: Dos minas. Comprador: Tómalo; pero, una cosa, para que lo sepa,¿ qué le gusta comer? Hermes: Come cosas dulces y melosas, y sobre todo higos secos. Comprador: No es difícil; pues le compraremos pasteles de higos de Caria.
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Zeus: Llama a otro, a ese que está rapado al cero, el sombrío, el de la Estoa. Hermes: Dices bien; pues parece que una gran multitud de los que han venido al mercado lo espera. Subasto la virtud misma, la más perfecta de las vidas.¿ Quién quiere saberlo todo por sí mismo? Comprador:¿ Cómo dices eso? Hermes: Porque este es el único sabio, el único hermoso, el único justo, valiente, rey, orador, rico, legislador y todo lo demás que existe. Comprador:¿ Entonces también es el único cocinero, y, por Zeus, curtidor o carpintero y cosas así? Hermes: Eso parece.
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Comprador: Ven, buen hombre, y dile al comprador, que soy yo, cómo eres, y primero si no te molesta ser vendido y ser esclavo. Crisipo: De ninguna manera; pues estas cosas no dependen de nosotros. Y lo que no depende de nosotros, resulta ser indiferente. Comprador: No entiendo cómo lo dices. Crisipo:¿ Qué dices?¿ No entiendes que de tales cosas unas son preferidas y otras, al contrario, despreferidas? Comprador: Ni ahora entiendo. Crisipo: Es natural; pues no estás acostumbrado a nuestros términos ni tienes la representación comprensiva, pero el hombre serio, el que ha aprendido la teoría lógica, no solo sabe esto, sino también qué es el suceso y el parasuceso, y cuánto difieren entre sí. Comprador: Por tu sabiduría, no seas envidioso y dime también esto, qué es el suceso y el parasuceso; pues no sé cómo me ha golpeado el ritmo de los términos. Crisipo: No hay envidia; pues si alguien, siendo cojo, tropieza con esa misma piedra coja y recibe una herida de forma imprevista, tal persona tenía, por supuesto, como suceso la cojera, y recibió la herida como parasuceso.
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Comprador:¡ Oh, qué agudeza!¿ Qué otra cosa dices saber principalmente? Crisipo: Los nudos de los argumentos con los que inmovilizo a los que conversan conmigo y los bloqueo y los hago callar, poniéndoles sencillamente un bozal; el nombre de esta facultad es el célebre silogismo. Comprador:¡ Heracles!, dices algo invencible y violento. Crisipo: Mira, pues:¿ tienes un hijo? Comprador:¿ Cómo no? Crisipo: Si un cocodrilo lo atrapa, habiéndolo encontrado vagando cerca del río, y luego te promete devolvértelo si dices la verdad sobre lo que él ha decidido acerca de la devolución del bebé,¿ qué dirás que ha decidido? Comprador: Preguntas algo difícil de responder. Pues me encuentro en un aprieto sobre qué decir para recuperarlo. Pero tú, por Zeus, responde y sálvame al niño, no sea que se lo trague antes. Crisipo: Ten confianza; pues te enseñaré otras cosas más maravillosas. Comprador:¿ Cuáles? Crisipo: El segador, el soberano y, sobre todo, a Electra y al encubierto. Comprador:¿ A quién llamas ese encubierto o a quién a Electra? Crisipo: Electra es aquella tan famosa, la de Agamenón, que sabe y no sabe las mismas cosas al mismo tiempo; pues estando Orestes a su lado, aún desconocido, sabe que es Orestes, que es su hermano, pero ignora que este es Orestes. Y el argumento del encubierto lo escucharás como algo muy maravilloso; pues respóndeme:¿ conoces a tu padre? Comprador: Sí. Crisipo:¿ Entonces qué? Si te presento a alguien encubierto y te pregunto:¿ conoces a este?,¿ qué dirás? Comprador: Evidentemente, que no lo conozco.
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Crisipo: Pero, sin embargo, este mismo era tu padre; así que si no conoces a este, está claro que no conoces a tu padre. Comprador:¡ Al contrario! Pero al descubrirlo conoceré la verdad. Pero, en fin,¿ cuál es el fin de tu sabiduría, o qué harás al llegar a lo más alto de la virtud? Crisipo: Entonces estaré en las cosas primeras según la naturaleza, me refiero a la riqueza, la salud y cosas así. Pero antes es necesario esforzarse mucho en libros de letra pequeña, agudizando la vista, reuniendo comentarios y llenándose de solecismos y palabras extrañas; y el resumen: no es posible llegar a ser sabio si no bebes tres veces seguidas el eléboro. Comprador: Son cosas nobles y terriblemente varoniles. Pero,¿ qué diremos de que seas un tacaño y un usurero— pues veo que también tienes esto—, siendo un hombre que ya ha bebido el eléboro y es perfecto en la virtud? Crisipo: Sí; pues solo al sabio le convendría prestar; ya que, siendo propio de él silogizar, y prestar y calcular los intereses parece estar cerca de silogizar, solo sería propio del hombre serio, como aquello, también esto, y no solo cobrar intereses simples, como los demás, sino también cobrar otros intereses de estos;¿ o acaso ignoras que de los intereses unos son primeros y otros segundos, como descendientes de aquellos mismos? Y ves también lo que dice el silogismo: si cobrará el primer interés, cobrará también el segundo; pero, en efecto, cobrará el primero, luego cobrará también el segundo.
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Comprador:¿ Entonces diremos lo mismo sobre los honorarios que tú recibes por tu sabiduría de los jóvenes, y está claro que solo el hombre serio cobrará honorarios por la virtud? Crisipo: Entiendes; pues no los cobro por mi causa, sino por causa del que los da; pues, ya que uno es un recipiente y otro un contenedor, me entreno a mí mismo para ser contenedor, y al alumno para ser recipiente. Comprador:¡ Y, sin embargo, debería ser al revés, que el joven fuera el contenedor y tú, el único rico, el recipiente! Crisipo: Te burlas, tú. Pero mira no sea que te dispare con el silogismo indemostrable. Comprador:¿ Y qué terrible es la flecha? Crisipo: Apuro, silencio y que se te trastorne la mente.
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Crisipo: Y lo más importante, si quiero, te demostraré rápidamente que eres una piedra. Comprador:¿ Cómo una piedra? Pues no me pareces Perseo, buen hombre. Crisipo: De esta manera:¿ la piedra es un cuerpo? Comprador: Sí. Crisipo:¿ Y qué?¿ El ser vivo no es un cuerpo? Comprador: Sí. Crisipo:¿ Y tú eres un ser vivo? Comprador: Eso parece. Crisipo: Luego eres una piedra, siendo un cuerpo. Comprador: De ninguna manera. Pero, por Zeus, desátame y hazme hombre desde el principio. Crisipo: No es difícil; pero vuelve a ser hombre. Pues dime:¿ todo cuerpo es un ser vivo? Comprador: No. Crisipo:¿ Y qué?¿ La piedra es un ser vivo? Comprador: No. Crisipo:¿ Y tú eres un cuerpo? Comprador: Sí. Crisipo:¿ Y siendo cuerpo eres un ser vivo? Comprador: Sí. Crisipo: Luego no eres una piedra, siendo un ser vivo. Comprador: Has hecho bien, pues ya mis piernas se estaban enfriando como las de Níobe y estaban rígidas. Pero te compraré.¿ Cuánto pagaré por él? Hermes: Doce minas. Comprador: Tómalo. Hermes:¿ Lo has comprado tú solo? Comprador:¡ Por Zeus, no!, sino todos estos que ves. Hermes: Muchos, y de hombros fuertes, dignos del segador.
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Zeus: No pierdas el tiempo; llama a otro, al peripatético. Hermes: A ti te digo, al bueno, al rico. Vamos, comprad al más sensato, al que lo sabe todo absolutamente. Comprador:¿ Cómo es? Hermes: Moderado, afable, adecuado para la vida, y lo más importante, doble. Comprador:¿ Cómo dices? Hermes: Uno es el que aparece por fuera, y otro el que parece ser por dentro; así que si lo compras, recuerda llamar al uno externo y al otro interno. Comprador:¿ Qué sabe principalmente? Hermes: Que hay tres tipos de bienes: en el alma, en el cuerpo y en los externos. Comprador: Piensa como un humano.¿ Cuánto cuesta? Hermes: Veinte minas. Comprador: Dices mucho. Hermes: No, dichoso; pues él mismo parece tener algo de dinero, así que no te arrepentirás de comprarlo. Y además sabrás enseguida por él cuánto tiempo vive el mosquito, a qué profundidad ilumina el sol el mar y cuál es el alma de las ostras. Comprador:¡ Heracles, qué precisión! Hermes:¿ Qué dirías si escucharas otras cosas mucho más agudas que estas, sobre la semilla, la generación y la formación de los embriones en el útero, y cómo el hombre es un ser que ríe, mientras que el asno no ríe, ni construye, ni navega? Comprador: Dices enseñanzas muy solemnes y provechosas, así que lo compro por las veinte.
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Hermes: Está bien. Zeus:¿ Quién nos queda? Hermes: Queda el escéptico. Tú, Pirrias, acércate y pregónalo rápidamente. Ya se está yendo la mayoría y la venta será en poco tiempo. Pero,¿ quién comprará a este? Comprador: Yo. Pero primero dime,¿ qué sabes? Pirrón: Nada. Comprador:¿ Cómo dices eso? Pirrón: Porque me parece que no hay nada en absoluto. Comprador:¿ Entonces nosotros tampoco somos nada? Pirrón: Tampoco sé eso. Comprador:¿ Ni que tú eres alguien? Pirrón: Mucho menos aún ignoro esto. Comprador:¡ Oh, qué apuro!¿ Qué significan para ti estas pesas? Pirrón: Peso en ellas los argumentos y los dirijo hacia la igualdad, y cuando veo que son exactamente iguales y de igual peso, entonces, solo entonces, ignoro cuál es el más verdadero. Comprador:¿ Y qué harías con destreza de las demás cosas? Pirrón: Todo, excepto perseguir a un fugitivo. Comprador:¿ Y por qué esto te es imposible? Pirrón: Porque, buen hombre, no lo comprendo. Comprador: Es natural; pues pareces ser lento y torpe. Pero,¿ cuál es el fin de tu conocimiento? Pirrón: La ignorancia y el no oír ni ver. Comprador:¿ Entonces dices que eres ciego y sordo a la vez? Pirrón: Y además, sin juicio, insensible y, en suma, no diferente de un gusano. Comprador: Hay que comprarte por esto.¿ Cuánto hay que decir que vale? Hermes: Una mina ática. Comprador: Tómala.¿ Qué dices, tú?¿ Te he comprado? Pirrón: Es incierto. Comprador: De ninguna manera; pues te he comprado y he pagado el dinero. Pirrón: Suspendó el juicio sobre esto y lo examino. Comprador: Pues sígueme, como debe hacer mi esclavo. Pirrón:¿ Quién sabe si dices la verdad? Comprador: El pregonero, la mina y los presentes. Pirrón:¿ Es que hay alguien con nosotros? Comprador:¡ Pues yo ya te convenceré de que soy tu amo al meterte en el molino, según el peor de los argumentos! Pirrón: Suspende el juicio sobre esto. Comprador:¡ Por Zeus, que ya me he pronunciado! Hermes: Tú, deja de oponerte y sigue al que te ha comprado, y a vosotros os convoco para mañana; pues tenemos la intención de subastar las vidas de los particulares, los artesanos y los comerciantes.