Against Diogeiton
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/lysias" aria-label="More works by Lysias">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
Si las diferencias no fueran grandes, jueces, nunca habría permitido que estas personas comparecieran ante ustedes, pues considero que es algo vergonzoso estar en conflicto con los parientes, y sabiendo que no solo los que cometen injusticias les parecen a ustedes peores, sino también aquellos que, teniendo menos de lo que les corresponde por parte de sus allegados, no son capaces de soportarlo; sin embargo, puesto que, jueces, han sido privados de mucho dinero y han sufrido muchas y terribles cosas por parte de quienes menos debían, y han buscado refugio en mí, que soy su pariente político, me he visto en la necesidad de hablar en su favor.
2
Tengo una hermana de ellos, que es nieta de Diogeitón, y tras rogar mucho a ambos, al principio los convencí de que confiaran el arbitraje a sus amigos, considerando de gran importancia que nadie más supiera de sus asuntos; pero cuando Diogeitón fue desenmascarado por lo que poseía abiertamente, no se atrevió a confiar en ninguno de sus amigos respecto a esto, sino que prefirió tanto evitar juicios como entablar otros inexistentes y soportar los mayores peligros antes que, habiendo hecho justicia, quedar libre de las acusaciones contra ellos.
3
Les pido a ustedes que, si demuestro que han sido tutelados por su abuelo de una manera tan vergonzosa como nadie jamás lo ha sido por parte de quienes no tienen ningún parentesco en la ciudad, les ayuden con justicia; de lo contrario, crean todo a este hombre y considérennos a nosotros, de ahora en adelante, como personas inferiores. Intentaré explicarles todo desde el principio.
4
Eran hermanos, jueces, Diodoto y Diogeitón, hijos del mismo padre y de la misma madre, y repartieron los bienes no declarados, pero compartían los declarados. Tras haber ganado Diodoto mucho dinero mediante el comercio, Diogeitón lo convence de que tome a su hija, que era su única descendiente; y de ella le nacen dos hijos y una hija.
5
Tiempo después, al ser alistado Diodoto junto con Trasilo entre los hoplitas, llamó a su esposa, que era su sobrina, y al padre de ella, que era su suegro y hermano de padre, y abuelo y tío de los niños, considerando que, debido a estos vínculos, a nadie más le correspondía ser justo con sus hijos, le entrega un testamento y cinco talentos de plata en depósito;
6
declaró que tenía siete talentos y cuarenta minas invertidos en negocios marítimos, y dos mil adeudadas en el Quersoneso. Le encargó que, si le sucedía algo, entregara un talento a su esposa y le diera lo que había en la habitación, y un talento a su hija; dejó también veinte minas a su esposa y treinta estateros de Cícico.
7
Tras hacer esto y dejar copias en casa, se marchó a la expedición con Trasilo. Al morir aquel en Éfeso, Diogeitón ocultó durante un tiempo la muerte del marido a su hija, y tomó los documentos que él había dejado sellados, alegando que era necesario recuperar el dinero marítimo a partir de esos registros.
8
Cuando con el tiempo les reveló la muerte y realizaron los ritos funerarios, el primer año vivieron en el Pireo; pues todos los bienes de subsistencia habían quedado allí; al agotarse estos, envía a los niños a la ciudad y entrega a su madre, dándole cinco mil dracmas, mil menos de lo que su marido le había dado.
9
Ocho años después, tras haber sido examinado el mayor de los jóvenes, Diogeitón los llamó y les dijo que su padre les había dejado veinte minas de plata y treinta estateros. Yo, por tanto, he gastado mucho de lo mío en su manutención. Y mientras tuve, no me importaba; pero ahora yo mismo me encuentro en una situación precaria. Tú, pues, ya que has sido examinado y te has convertido en hombre, busca tú mismo de dónde obtendrás el sustento.
10
Al oír esto, consternados y llorando, fueron hacia su madre, y tras recogerla vinieron hacia mí, en un estado lastimoso por el sufrimiento y habiendo caído en la miseria, llorando y suplicándome que no los dejara despojados de su herencia ni reducidos a la mendicidad, ultrajados por quienes menos debían, sino que les ayudara tanto por causa de mi hermana como por ellos mismos.
11
Sería largo de contar cuánto duelo hubo en mi casa en aquel tiempo. Finalmente, su madre me suplicaba y me imploraba que reuniera a su padre y a sus amigos, diciendo que, aunque no estuviera acostumbrada a hablar ante hombres, la magnitud de sus desgracias la obligaría a revelar todo sobre sus males ante nosotros.
12
Al ir yo, me indigné ante Hegemón, que tenía a la hija de este, y hablé con los otros allegados, exigiendo que este se sometiera a una rendición de cuentas sobre el dinero. Diogeitón al principio no quería, pero finalmente fue obligado por los amigos. Cuando nos reunimos, la mujer le preguntó con qué ánimo se atrevía a actuar así con los niños, siendo hermano de su padre, padre mío, y tío y abuelo de ellos.
13
Y si no te avergonzabas de ningún hombre, debías temer a los dioses; tú que recibiste, cuando él partía, cinco talentos de él en depósito. Y sobre esto, estoy dispuesta a hacer que los niños, tanto estos como los que tuve después, juren donde tú mismo digas. Y sin embargo, no soy tan desgraciada, ni valoro tanto el dinero, como para dejar mi vida habiendo jurado en falso contra mis propios hijos, y habiendo arrebatado injustamente la fortuna de su padre.
14
Además, lo desenmascaró por haber recuperado siete talentos de negocios marítimos y cuatro mil dracmas, y presentó los documentos de esto; pues en la mudanza, cuando se trasladaba de Colito a la casa de Fedro, los niños, al encontrar el libro que había sido desechado, lo llevaron ante ella.
15
Reveló que él había recuperado cien minas prestadas a interés sobre bienes raíces, y otras dos mil dracmas y muebles de gran valor; y que además recibían grano de Quersoneso cada año.¿ Entonces tú te atreviste a decir, teniendo tanto dinero, que el padre de ellos dejó dos mil dracmas y treinta estateros, los mismos que yo te entregué cuando me fueron dejados a mí tras su muerte?
16
Y te atreviste a expulsar a estos, siendo tus nietos, de su propia casa con túnicas andrajosas, descalzos, sin acompañante, sin mantas, sin ropa, sin los muebles que su padre les dejó, ni con los depósitos que él te confió.
17
Y ahora educas a los hijos de mi madrastra en la abundancia, siendo afortunados; y en eso haces bien; pero a los míos los agravias, a quienes, tras expulsarlos deshonrados de la casa, te esfuerzas por mostrar como mendigos en lugar de ricos. Y ante tales actos, ni temes a los dioses, ni te avergüenzas de mí, que soy conocedora de la verdad, ni te acuerdas de tu hermano, sino que nos valoras a todos menos que al dinero.
18
En aquel momento, jueces, tras haber dicho la mujer muchas y terribles cosas, todos los presentes quedamos tan afectados por lo que este había hecho y por las palabras de ella, viendo a los niños, lo que habían sufrido, recordando al difunto, cómo dejó como tutor a alguien indigno de su fortuna, y reflexionando sobre lo difícil que es encontrar a alguien en quien confiar los propios asuntos, que, jueces, ninguno de los presentes podía articular palabra, sino que, llorando no menos que los afectados, se marchaban en silencio. Primero, pues, suban a testificar por esto.
19
Testigos. Les pido, jueces, que presten atención al cálculo, para que, por un lado, se compadezcan de los jóvenes debido a la magnitud de sus desgracias, y por otro, consideren a este hombre digno de la ira de todos los ciudadanos. Pues Diogeitón pone a todos los hombres en tal sospecha mutua, que ni vivos ni muertos confían más en sus allegados que en sus peores enemigos;
20
quien se atrevió, por una parte, a negarlo todo, y por otra, al final, tras admitir que lo tenía, a presentar como ingresos y gastos para dos niños y una hermana en ocho años siete talentos de plata y siete mil dracmas. Y llegó a tal punto de desvergüenza que, no teniendo dónde gastar el dinero, calculaba cinco óbolos al día para la comida de dos niños y una hermana, y para calzado, tintorería, ropa y barbero no tenía nada registrado ni por mes ni por año, sino que, en resumen, de todo el tiempo, más de un talento de plata.
21
Y para el monumento del padre, no habiendo gastado veinticinco minas de cinco mil dracmas, la mitad se la adjudica a sí mismo y la otra mitad la ha cargado a cuenta de ellos. Para las Dionisias, jueces( pues no me parece extraño mencionar también esto), presentó un cordero comprado por dieciséis dracmas, y cargó ocho de esas dracmas a los niños; por lo cual nosotros no nos indignamos menos. Así, hombres, en las grandes pérdidas, a veces las pequeñas no duelen menos a los agraviados; pues demuestra demasiado claramente la maldad de quienes cometen la injusticia.
22
Para las otras fiestas y sacrificios, calculó que habían gastado más de cuatro mil dracmas, y otras cosas innumerables, que sumaba al total, como si hubiera sido dejado como tutor de los niños para esto, para presentarles documentos en lugar de dinero y dejarlos pobrísimos en lugar de ricos, y para que, si tenían algún enemigo paterno, se olvidaran de él y lucharan contra el tutor, habiendo sido despojados de su herencia. Y sin embargo, si hubiera querido ser justo con los niños,
23
le era posible, según las leyes que existen sobre los huérfanos, tanto para los tutores incapaces como para los capaces, arrendar la propiedad, liberándose de muchos problemas, o comprar tierras para mantener a los niños con los ingresos; y cualquiera de estas dos cosas que hubiera hecho, no habrían sido menos ricos que ningún otro ateniense. Pero ahora me parece que nunca tuvo la intención de hacer pública la fortuna, sino de quedarse él mismo con lo de ellos, pensando que su propia maldad debía ser la heredera del dinero del difunto.
24
Y lo que es más terrible de todo, jueces: este, al compartir la trierarquía con Alexis, hijo de Aristódico, alegando haber contribuido con cuarenta y ocho minas, ha cargado la mitad a estos, siendo huérfanos, a quienes la ciudad no solo hizo exentos de impuestos por ser niños, sino que, una vez examinados, los liberó durante un año de todas las liturgias. Pero este, siendo abuelo, contra las leyes, cobra de sus nietos la mitad de su propia trierarquía.
25
Y tras enviar un barco mercante al Adriático por valor de dos talentos, cuando lo enviaba, decía a su madre que el riesgo era de los niños, pero cuando se salvó y duplicó el valor, decía que el negocio era suyo. Y sin embargo, si demuestra las pérdidas de ellos, pero él se queda con el dinero salvado, no le será difícil registrar en la cuenta dónde se ha gastado el dinero, y fácilmente se enriquecerá con lo ajeno.
26
Por tanto, jueces, sería una tarea ardua calcular ante ustedes cada cosa; pero como apenas pude obtener los documentos de él, con testigos pregunté a Aristódico, el hermano de Alexis( pues él mismo resultó haber fallecido), si la cuenta de la trierarquía era suya; y él dijo que sí, y al ir a casa encontramos que Diogeitón había contribuido con veinticuatro minas a la trierarquía.
27
Pero este demostró haber gastado cuarenta y ocho minas, de modo que ha cargado a estos tanto como todo el gasto que él mismo ha tenido. Y sin embargo,¿ qué creen que ha hecho con lo que nadie más sabe y que él mismo gestionaba, si, en lo que se hizo a través de otros y no era difícil de averiguar, se atrevió a mentir y perjudicar a sus propios nietos en veinticuatro minas? Suban a testificar por esto.
28
Testigos. Han escuchado a los testigos, jueces; yo, por mi parte, calculo a partir de lo que él mismo admitió al final tener, siete talentos y cuarenta minas, sin presentar ningún ingreso, gastando de los bienes existentes, y pondré lo que nadie jamás en la ciudad, mil dracmas cada año para dos niños, una hermana, un pedagogo y una sirvienta,
29
un poco menos de tres dracmas al día; en ocho años esto suma ocho mil dracmas, y se demuestra que sobran seis talentos y veinte minas de los siete talentos. Pues no podría demostrar ni que los perdió por piratas, ni que sufrió pérdidas, ni que los pagó a acreedores.