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Against Ergocles
LysiasErgo 1 · spanish-geminiMore by Lysias
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Original / primary: Spanish Gemini
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Las acusaciones son tan numerosas y graves, ciudadanos atenienses, que no me parece que Ergocles, aunque muriera muchas veces por cada uno de sus actos, pudiera dar una satisfacción digna a vuestra mayoría. Pues resulta evidente que ha traicionado ciudades, que ha perjudicado a vuestros procónsules y ciudadanos, y que, de ser pobre, se ha enriquecido a costa de vuestros bienes.
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Y, sin embargo,¿ cómo es posible tenerles compasión cuando veis que las naves que ellos comandaban se desmantelaban por falta de fondos y de muchas pasaban a ser pocas, mientras que ellos, que zarparon pobres y sin recursos, han acumulado tan rápidamente la mayor parte de la fortuna de los ciudadanos? Es, pues, vuestra tarea, ciudadanos atenienses,
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indignaros ante tales hechos; pues sería terrible que ahora, estando vosotros mismos tan oprimidos por las contribuciones, tuvierais compasión de quienes roban y aceptan sobornos, cuando en el pasado, incluso cuando vuestras casas eran grandes y los ingresos públicos cuantiosos, castigabais con la muerte a quienes codiciaban lo vuestro.
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Creo, por mi parte, que todos estaríais de acuerdo en que, si Trasíbulo os hubiera anunciado que zarparía con trirremes y que entregaría naves viejas en lugar de nuevas, que los riesgos serían vuestros pero los beneficios para sus amigos, y que os dejaría más pobres debido a las contribuciones mientras haría a Ergocles y a sus aduladores los más ricos de los ciudadanos, ninguno de vosotros le habría permitido zarpar con esas naves,
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sobre todo porque, tan pronto como votasteis registrar los fondos obtenidos de las ciudades y que los magistrados que estaban con él regresaran para rendir cuentas, Ergocles decía que ya estabais practicando la sicofancia y que anhelabais las antiguas leyes, y aconsejaba a Trasíbulo tomar Bizancio, quedarse con las naves y casarse con la hija de Seutes;
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« para que les cortes», decía,« sus sicofancias; pues harás que no se sienten a conspirar contra ti y contra tus amigos, sino a temer por sí mismos». Así, ciudadanos atenienses, tan pronto como se saciaron y disfrutaron de vuestros bienes, se consideraron ajenos a la ciudad.
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Pues al mismo tiempo que se enriquecen, os odian, y ya no se preparan como quienes van a ser gobernados, sino como quienes van a gobernaros, y, temiendo por lo que han usurpado, están dispuestos a ocupar plazas, a instaurar una oligarquía y a hacer cualquier cosa para que vosotros estéis cada día en los peligros más graves; pues creen que así ya no prestaréis atención a sus propios errores, sino que, temiendo por vosotros mismos y por la ciudad, guardaréis silencio ante ellos.
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Trasíbulo, pues, ciudadanos atenienses( ya que no hay necesidad de decir más sobre él), hizo bien en terminar así su vida; pues no debía vivir conspirando con tales actos, ni morir a manos vuestras cuando ya parecía haber hecho algún bien, sino apartarse de la ciudad de tal manera.
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Veo, sin embargo, que debido a la asamblea de hace poco ya no escatiman en gastos, sino que compran sus propias vidas tanto a los oradores como a los enemigos y a los prítanes, y corrompen con dinero a muchos atenienses. Por esto es digno que os defendáis tomando ahora justicia de este hombre, y demostréis a todos los hombres que no hay tanto dinero como para que vosotros seáis vencidos hasta el punto de no castigar a los que delinquen.
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Pues considerad, ciudadanos atenienses, que no es solo Ergocles quien es juzgado, sino toda la ciudad. Porque ahora demostraréis a vuestros magistrados si deben ser justos o si, habiendo sustraído la mayor cantidad posible de vuestros bienes, deben asegurarse la salvación de la misma manera que estos intentan ahora. Y, sin embargo, debéis saber bien,
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ciudadanos atenienses, que quien, en medio de tanta penuria de vuestros asuntos, traiciona ciudades o considera justo robar dinero o aceptar sobornos, ese mismo entrega también las murallas y las naves a los enemigos e instaura una oligarquía en lugar de una democracia; de modo que no es digno que seáis vencidos por las maquinaciones de estos, sino que debéis dar ejemplo a todos los hombres y no anteponer ni ganancia, ni compasión, ni ninguna otra cosa al castigo de estos.
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Creo que Ergocles, ciudadanos atenienses, no intentará defenderse respecto a Halicarnaso, ni respecto al mando, ni respecto a sus propios actos, sino que dirá que regresó desde Fila, que es un demócrata y que participó en vuestros peligros. Pero yo, ciudadanos atenienses, no
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tengo tal opinión sobre tales personas; sino que, cuantos participaron en vuestros peligros deseando la libertad y la justicia, queriendo que las leyes tuvieran fuerza y odiando a los que delinquen, no digo que sean malos ciudadanos, ni que su exilio fuera injustamente un cargo contra ellos; pero a cuantos, habiendo regresado en democracia, perjudican a vuestra mayoría y hacen grandes sus propias casas a costa de vuestros bienes, les corresponde mucho más que os indignéis que con los Treinta.
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Pues aquellos fueron elegidos para esto, para haceros daño si pudieran; a estos, en cambio, os entregasteis vosotros mismos para que hicieran la ciudad grande y libre; de lo cual nada os ha resultado, sino que, por su culpa, os encontráis en los peligros más graves, de modo que sería mucho más justo que os compadecierais de vosotros mismos que de ellos, y de vuestros hijos y mujeres, porque sois ultrajados por tales hombres.
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Pues cuando creemos haber alcanzado la salvación, sufrimos cosas más terribles por parte de nuestros propios magistrados que por parte de los enemigos. Y, sin embargo, todos sabéis que no hay esperanza de salvación para vosotros si fracasáis. Por tanto, es digno que, exhortándoos a vosotros mismos, toméis ahora de estos el mayor castigo, y demostréis a los demás griegos que castigáis a los que delinquen, y haréis mejores a vuestros magistrados.
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Yo, por mi parte, os exhorto a esto; pero vosotros debéis saber que, si me hacéis caso, decidiréis bien sobre vosotros mismos, y si no, tendréis ciudadanos peores. Además, ciudadanos atenienses, si los absolvéis, no os estarán agradecidos, sino a lo que han gastado y al dinero que han sustraído; de modo que os quedaréis con la enemistad para vosotros mismos, y ellos estarán agradecidos a aquellos.
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Y, ciertamente, ciudadanos atenienses, tanto los halicarnaseos como los demás que han sido perjudicados por estos, si tomáis de ellos el mayor castigo, considerarán que han perecido a manos de estos, pero que vosotros les habéis ayudado; si, en cambio, los salváis, pensarán que también vosotros os habéis vuelto de la misma opinión que quienes los traicionaron. Por tanto, es digno que, reflexionando sobre todo esto, al mismo tiempo devolváis el favor a vuestros amigos y toméis justicia de los que delinquen.

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