Against Philon
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Original / primary: Spanish Gemini
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Creía, oh Consejo, que Filón nunca llegaría a tal grado de audacia como para querer presentarse ante vosotros para ser examinado; pero puesto que no es audaz en una sola cosa, sino en muchas,
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y yo, tras haber jurado al entrar en el Consejo que deliberaría lo mejor para la ciudad, y estando contenido en el juramento el deber de denunciar si alguien sabe que alguno de los elegidos por sorteo no es apto para ser consejero, presentaré la acusación contra este Filón, no por perseguir ninguna enemistad privada, ni por sentirme envalentonado por mi capacidad y costumbre de hablar ante vosotros, sino confiando en la multitud de sus faltas y considerando que debo cumplir los juramentos que presté.
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Sabréis, pues, que no con igual preparación le demostraré yo cómo es él, y cómo él se ha esforzado por ser un malvado; sin embargo, si yo omitiera algo en el discurso de la acusación, no sería justo que él se beneficiara por ello, sino más bien, en la medida en que yo logre instruiros,
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que sea rechazado por ello. Pues, aunque haya hablado de manera incompleta debido a mi inexperiencia en todos los actos realizados por él, lo habré hecho suficientemente debido a la maldad que le rodea. Pido también a aquellos de vosotros que sois más capaces que yo para hablar, que demostréis que sus faltas son mayores, y que, sobre lo que yo deje de lado, vosotros mismos acuséis a Filón sobre lo que sepáis; pues no debéis considerar cómo es él basándoos solo en lo que yo diga.
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Pues yo afirmo que no es justo que otros distintos de los que son ciudadanos y desean serlo deliberen sobre nosotros. Pues para estos es de gran importancia que la ciudad prospere y que no esté en malas condiciones, debido a que consideran necesario participar ellos mismos en la parte de los peligros,
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al igual que participan de los bienes; pero cuantos son ciudadanos por naturaleza, pero actúan con el criterio de que toda tierra es su patria allí donde tengan lo necesario, estos son evidentes que, incluso abandonando el bien común de la ciudad, irían en busca de su propio beneficio personal, debido a que no consideran la ciudad, sino su patrimonio, como su patria.
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Yo, pues, demostraré que este Filón ha valorado más su propia seguridad que el peligro común de la ciudad, y que ha considerado mejor pasar la vida sin riesgos que salvar la ciudad arriesgándose igual que los demás ciudadanos.
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Pues este, oh Consejo, cuando ocurrió la desgracia a la ciudad( de la cual, en la medida en que me veo obligado, en esa misma medida hago memoria), habiendo sido desterrado de la ciudad por los Treinta junto con el resto de la multitud de los ciudadanos, mientras vivía en el campo, cuando los de Fila descendieron al Pireo, y no solo los del campo sino también los del extranjero se reunían unos en la ciudad y otros en el Pireo, y en la medida en que cada uno era capaz, en esa misma medida ayudaba a la patria, él hizo lo contrario a todos los demás ciudadanos;
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pues habiendo hecho sus equipajes, se marchó de aquí al extranjero, y en Oropos vivía pagando el impuesto de meteco bajo un protector, deseando vivir como meteco entre ellos antes que ser ciudadano con nosotros. Por tanto, ni siquiera cambió de actitud como algunos de los ciudadanos cuando vieron que los de Fila tenían éxito en lo que hacían, ni consideró digno participar en ninguno de esos éxitos, deseando más bien llegar cuando todo estaba ya hecho que descender junto con ellos habiendo realizado algo provechoso para la política común; pues no vino al Pireo, ni hay lugar donde se haya presentado para ponerse a vuestra disposición.
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Y, sin embargo, quien al vernos tener éxito se atrevía a traicionarnos,¿ qué habría hecho si las cosas no nos hubieran salido como queríamos? Pues cuantos, debido a desgracias personales, no participaron en los peligros que entonces le ocurrieron a la ciudad, son dignos de obtener cierto perdón; pues a nadie le ocurre ninguna desgracia voluntaria;
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pero cuantos hicieron esto por propia voluntad, no son dignos de ningún perdón; pues no lo hicieron por desdicha, sino por maquinación. Existe una costumbre justa para todos los hombres de irritarse más por las mismas injusticias contra los que son más capaces de no cometerlas, y tener perdón con los pobres o los incapaces físicamente, debido a que consideran que ellos delinquen contra su voluntad.
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Este, pues, no es digno de obtener ningún perdón; pues ni era físicamente incapaz de sufrir penalidades, como vosotros mismos veis, ni carecía de recursos para realizar liturgias, como yo demostraré. Quien, pues, en la medida en que era capaz de ayudar, en esa misma medida fue malvado,¿ cómo no iba a ser odiado razonablemente por todos vosotros?
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Es más, ni siquiera os enemistaréis con ninguno de los ciudadanos al rechazar a este, quien es evidente que no traicionó a unos, sino a ambos bandos, de modo que no le corresponde ser amigo ni de los que estuvieron en la ciudad( pues no consideró digno ir hacia ellos cuando estaban en peligro), ni de los que ocuparon el Pireo; pues ni siquiera quiso descender junto con estos, y eso que, según dice, también se hizo ciudadano.
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Si, no obstante, queda alguna parte de los ciudadanos que participó en los mismos asuntos que él, que pretenda deliberar con ellos si alguna vez( lo que no ocurra) toman la ciudad. Así pues, para que sepáis que digo la verdad sobre que vivía en Oropos bajo un protector, que poseía recursos suficientes y que no tomó las armas ni en el Pireo ni en la ciudad, escuchad a los testigos.
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Testigos. Le queda, pues, decir que, debido a cierta debilidad que le sobrevino, quedó incapacitado físicamente para ayudar en el Pireo, pero que, de sus propios bienes, se ofreció él mismo a aportar dinero a vuestra multitud o a armar a algunos de sus propios demotas, al igual que hicieron otros muchos ciudadanos que no podían realizar liturgias con sus cuerpos.
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Para que, pues, no pueda engañaros mintiendo, demostraré claramente también sobre esto, puesto que después no me será posible comparecer aquí para refutarle. Llámame a Diotimo de Acarnas y a los demotas elegidos junto con él para armar a la gente con el dinero aportado.
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Testimonio de los elegidos junto con Diotimo. Este, pues, no solo no pensó en cómo ayudar a la ciudad en tal momento y en tal situación, sino que se preparó para ver cómo sacar provecho de vuestras desgracias; pues, partiendo de Oropos, unas veces él solo, otras veces liderando a otros para quienes vuestras desdichas habían sido éxitos,
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recorriendo los campos y encontrándose con los ciudadanos más ancianos, que permanecieron en los demos teniendo pocas provisiones, pero necesarias, siendo benevolentes con la multitud, pero incapaces por su edad de ayudar, les arrebataba lo que tenían, valorando más él obtener pequeñas ganancias que no cometer injusticias contra ellos; quienes ahora, por esto mismo, no son capaces de perseguirle todos, por lo mismo que entonces eran incapaces de ayudar a la ciudad.
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Sin embargo, no es justo que este se beneficie dos veces por la incapacidad de aquellos, habiéndoles arrebatado entonces lo que tenían y siendo ahora examinado por vosotros; sino que, aunque comparezca cualquiera de los perjudicados, consideradlo algo importante y odiad profundamente a este, quien se atrevió a arrebatarles sus bienes a aquellos a quienes otros, por su pobreza, preferían darles algo de lo suyo compadeciéndose de ellos. Llámame a los testigos.
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Testigos. No sé, pues, qué más debéis saber sobre él de manera distinta a lo que saben sus allegados; pues las cosas son tales que, aunque no hubiera cometido ninguna otra falta, solo por esto sería justo que fuera rechazado. Lo que su madre, estando viva, acusaba, lo omitiré; pero por lo que hizo al final de su vida es fácil para vosotros conjeturar cómo era él con ella.
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Pues ella no confió en este para encomendarse al morir, y habiendo confiado en Antifanes, sin que tuviera parentesco alguno, le dio tres minas de plata para su propio entierro, dejando de lado a este, siendo su hijo.¿ Acaso es evidente que sabía bien que él ni siquiera por ser su pariente habría hecho lo necesario?
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Y, sin embargo, si una madre, que por naturaleza soporta ser perjudicada por sus propios hijos y considera tener mucho incluso siendo poco beneficiada, debido a que juzga lo que ocurre más por benevolencia que por examen, pensaba que este incluso le quitaría algo a ella estando muerta,¿ qué debéis pensar vosotros sobre él?
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Pues quien comete tales faltas contra sus propios allegados,¿ qué no haría contra los extraños? Para que veáis que también esto es verdad, escuchad al mismo que recibió el dinero y la enterró.
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Testimonio.¿ Qué querríais, pues, al examinar a este?¿ Acaso como si no hubiera delinquido? Pero ha cometido las mayores injusticias contra la patria;¿ o como si fuera a ser mejor? Por tanto, que primero se haga mejor con la ciudad y después pretenda deliberar, habiendo hecho algún bien evidente, igual que entonces hizo un mal. Pues es más sensato devolver las gracias por las obras después; pues me parece terrible que, por lo que ya ha delinquido, nunca sea castigado, y por lo que va a hacer bien, sea ya honrado.
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Pero,¿ acaso debe ser examinado para que los ciudadanos sean mejores al ver que todos son honrados por igual? Pero existe el peligro de que también los buenos, si se dan cuenta de que son honrados igual que los malvados, dejen de practicar las buenas costumbres, al considerar que es lo mismo honrar a los malos que no recordar a los buenos; es digno también reflexionar sobre esto,
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que si alguien traicionó una fortaleza, una nave o un campamento en el que se encontraba una parte de los ciudadanos, sería castigado con las penas máximas, y este, habiendo traicionado a toda la ciudad, no solo no será castigado, sino que se prepara para ser honrado. Y, sin embargo, justamente, quien traicionó abiertamente la libertad como este, no debería luchar por deliberar, sino por la esclavitud y por el mayor de los castigos.
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Oigo decir a este que, si el no haber estado presente en aquel momento fuera una falta, habría una ley establecida expresamente sobre ello, igual que sobre las demás injusticias. Pues no cree que vosotros sepáis que, debido a la magnitud de la injusticia, no se redactó ninguna ley sobre ella. Pues,¿ qué orador habría pensado o qué legislador habría esperado que alguno de los ciudadanos fuera a cometer una falta tan grande?
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Pues no es posible que, si alguien abandonaba su puesto sin que la ciudad misma estuviera en peligro, sino que otros la ponían en tal situación, se estableciera una ley como si cometiera una gran injusticia, y si alguien abandonaba la ciudad misma estando ella en peligro, no se hubiera establecido. Ciertamente se habría establecido, si alguien hubiera pensado que alguno de los ciudadanos fuera a cometer alguna vez algo así.
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Y,¿ quién no os reprocharía razonablemente si a los metecos, porque no ayudaron al pueblo como les correspondía, los honrasteis dignamente por la ciudad, y a este, porque traicionó a la ciudad contra lo que le correspondía, no lo castigáis, si no con otra cosa mayor, al menos con la atimia presente?
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Recordad por qué motivo honráis a los hombres que han sido buenos con la ciudad y deshonráis a los malos. Pues se demostró que ambas cosas no se hicieron tanto por lo que ya ha ocurrido como por lo que ocurrirá, para que los buenos se esfuercen por serlo por preparación, y los malos ni siquiera intenten serlo de ninguna manera.
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Reflexionad además:¿ de qué juramentos creéis que se preocupará este, que de hecho traicionó a los dioses patrios?¿ O cómo podría deliberar algo bueno sobre la política, él que ni siquiera quiso liberar a la patria?¿ O qué secretos guardaría, él que ni siquiera consideró digno hacer lo que se había ordenado?¿ Y cómo es razonable que este, que ni siquiera vino al final a los peligros, sea honrado ahora antes que los que los llevaron a cabo? Sería terrible si este no consideró a ninguno de los ciudadanos en nada, y vosotros, siendo uno solo, no lo rechazarais.
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Veo a algunos que ahora se preparan para ayudar a este y suplicaros, puesto que no pudieron convencerme a mí; pero entonces, cuando los peligros y las mayores luchas eran para vosotros, y los premios eran la política misma, y había que luchar no solo por deliberar sino también por la libertad, entonces no le pedían que ayudara a vosotros y a la ciudad en común, y que no traicionara ni a la patria ni al Consejo, del cual ahora pretende obtener el cargo sin que le corresponda, habiéndolo llevado a cabo otros.
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Él solo, oh Consejo, justamente no podría ni siquiera indignarse si no lo obtiene; pues no sois vosotros quienes ahora le deshonráis, sino que él mismo se privó entonces, cuando no consideró digno, igual que ahora vino con entusiasmo a sortearse, luchar entonces por ella y ponerse junto a vosotros.
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Considero que he dicho lo suficiente, aunque he omitido muchas cosas; pero confío en que vosotros, incluso sin esto, sabréis por vosotros mismos lo que es provechoso para la ciudad. Pues no debéis usar otros testimonios para deliberar sobre los que son dignos que vosotros mismos, qué clase de personas fuisteis vosotros mismos cuando fuisteis examinados ante la ciudad. Pues las costumbres de este son nuevos ejemplos y ajenos a toda democracia.