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Against The Subversion of the Ancestral Constitution
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Cuando pensábamos, atenienses, que las desgracias ocurridas habían dejado suficientes monumentos a la ciudad, de modo que ni siquiera los venideros desearían otros regímenes, entonces es cuando estos hombres buscan engañar a quienes han sufrido y han experimentado ambas situaciones con los mismos decretos que ya antes, en dos ocasiones, han utilizado.
2
Y de ellos no me asombro, pero sí de vosotros, los que escucháis, por ser los más olvidadizos de todo o los más dispuestos a sufrir daños por parte de tales hombres, que por azar participaron en los asuntos del Pireo, pero por convicción en los de la ciudad. Y, sin embargo,¿ qué necesidad había de regresar del exilio si, al votar, os vais a esclavizar a vosotros mismos?
3
Yo, por mi parte, atenienses, sin ser inferior ni en patrimonio ni en linaje, sino superando a quienes me contradicen en ambos aspectos, considero que esta es la única salvación para la ciudad: que todos los atenienses participen de la ciudadanía, puesto que incluso cuando adquirimos las murallas, las naves, la riqueza y los aliados, no pensábamos en cómo rechazar a ningún ateniense, sino que incluso establecíamos el derecho de matrimonio con los eubeos;¿ y ahora vamos a expulsar a los ciudadanos que ya existen?
4
No, si me hacéis caso, no nos despojaremos de esto junto con las murallas, ni de nosotros mismos, de los muchos hoplitas, jinetes y arqueros, con los cuales, si os aferráis a ellos, mantendréis firmemente la democracia, dominaréis más a vuestros enemigos y seréis más útiles a vuestros aliados; pues sabéis que en las oligarquías que han ocurrido entre nosotros, no fueron los que poseían tierras quienes mantuvieron la ciudad, sino que muchos de ellos murieron y muchos fueron expulsados de la ciudad,
5
a quienes el pueblo, al hacerlos regresar, os devolvió lo que era vuestro, mientras que él mismo no se atrevió a participar de ello. De modo que, si me hacéis caso, no privaréis a la patria de sus bienhechores en la medida de vuestras posibilidades, ni consideraréis las palabras más fiables que los hechos, ni el futuro más que lo ocurrido, sobre todo recordando a los que luchan por la oligarquía, quienes de palabra combaten al pueblo, pero de hecho codician vuestros bienes; los cuales obtendrán cuando os encuentren desprovistos de aliados.
6
Luego, existiendo tales cosas, nos preguntan qué salvación habrá para la ciudad si no hacemos lo que los lacedemonios ordenan. Yo, en cambio, exijo que estos digan qué ventaja obtendrá la mayoría si hacemos lo que ellos mandan. Y si no, es mucho más noble morir luchando que condenarnos abiertamente a nosotros mismos a la muerte.
7
Pues considero que, si convenzo, el peligro es común para ambos; y veo que tanto los argivos como los mantineenses, teniendo la misma opinión, habitan su propio territorio, siendo los unos vecinos de los lacedemonios y los otros viviendo cerca, y los unos no siendo más numerosos que nosotros, y los otros ni siquiera tres mil.
8
Pues ellos saben que, aunque muchas veces invadan el territorio de estos, muchas veces se encontrarán con ellos tomando las armas, de modo que el peligro no les parece bueno, pues si vencen, no logran esclavizarlos, y si son derrotados, se privan a sí mismos de los bienes que poseen. Y cuanto mejor les va, menos desean arriesgarse.
9
Y nosotros también, atenienses, teníamos esta opinión cuando gobernábamos a los griegos, y nos parecía que deliberábamos bien al pasar por alto que el territorio fuera devastado, sin considerar necesario luchar por él; pues valía la pena, descuidando lo poco, preservar muchos bienes. Pero ahora, puesto que hemos sido privados de todo aquello en la batalla y solo nos queda la patria, sabemos que este peligro es el único que contiene las esperanzas de salvación.
10
Pero es necesario, recordando que ya antes, ayudando a otros que eran víctimas de injusticias en tierra ajena, erigimos muchos trofeos sobre los enemigos, que nos convirtamos en hombres valientes por la patria y por nosotros mismos, confiando en los dioses y esperando que la justicia esté todavía con los que sufren injusticias.
11
Pues sería terrible, atenienses, si, cuando estábamos en el exilio, luchábamos contra los lacedemonios para poder regresar, y al regresar, nos exiliáramos para no luchar.¿ No es vergonzoso, pues, que lleguemos a tal grado de cobardía que nuestros antepasados se arriesgaran incluso por la libertad de los demás, y vosotros ni siquiera os atreváis a luchar por la vuestra?

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