Against Theomnestus 1
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Original / primary: Spanish Gemini
1
No creo que me falten testigos, señores jueces; pues veo a muchos de ustedes juzgando que estuvieron presentes en aquel entonces, cuando Lisiteo denunció a Teomnesto por haber arrojado las armas, sin tener derecho a hablar ante la asamblea; pues en aquel juicio afirmaba que yo había matado a mi propio padre. Y yo,
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si me hubiera acusado de haber matado al suyo, le habría perdonado lo dicho( pues lo consideraba un hombre vil y sin valor alguno); ni aunque hubiera oído cualquier otra de las cosas prohibidas, le habría demandado( pues considero que es propio de un hombre innoble y excesivamente litigioso pleitear por injurias);
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pero ahora me parece vergonzoso no castigar a quien ha dicho tales cosas de mi padre, habiendo sido él tan valioso tanto para ustedes como para la ciudad, y deseo saber de ustedes si pagará la pena, o si es un privilegio exclusivo de este ateniense hacer y decir lo que quiera contra las leyes.
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Pues yo, señores jueces, tengo treinta y dos años, y desde que ustedes regresaron, este es el vigésimo. Resulta, pues, que tenía trece años cuando mi padre moría a manos de los Treinta. A esa edad, ni sabía qué era la oligarquía, ni habría podido ayudar a aquel cuando era víctima de una injusticia.
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Y, por cierto, no habría conspirado contra él por causa de dinero; pues mi hermano mayor, Pantaleón, recibió todo y, tras administrar nuestros bienes, nos privó de la herencia paterna, de modo que, por muchas razones, señores jueces, me conviene que él viva. Es necesario, pues, hacer mención de esto, pero no hay necesidad de muchas palabras; pues casi todos ustedes saben que digo la verdad. Sin embargo, presentaré testigos de ello.
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Quizás, pues, señores jueces, no se defenderá de esto, sino que les dirá a ustedes lo mismo que se atrevió a decir ante el árbitro: que no es de las cosas prohibidas decir que alguien ha matado a su padre; pues la ley no prohíbe esto, sino que no permite decir' homicida'.
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Pero yo creo, señores jueces, que ustedes no discuten sobre los nombres, sino sobre el sentido de estos, y que todos saben que cuantos han matado a alguien son también homicidas, y cuantos son homicidas han matado a alguien. Pues habría sido una tarea ardua para el legislador escribir todos los nombres que tienen el mismo significado; pero al mencionar uno, dejó claro el sentido de todos.
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Pues no creo, Teomnesto, que si alguien te llamara parricida o matricida, exigirías que te pagara una indemnización, pero si alguien dijera que golpeaste a quien te dio la vida o a quien te engendró, pensarías que debe quedar impune por no haber dicho nada de lo prohibido.
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Pues me gustaría preguntarte( ya que en esto eres hábil y te has ejercitado tanto en hacer como en decir): si alguien dijera que arrojaste el escudo( y en la ley se dice que, si alguien afirma que uno lo ha arrojado, es procesable),¿ no lo demandarías, sino que te bastaría con que quien dijo que arrojaste el escudo te dijera que no le importa nada?
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Pues ni siquiera es lo mismo arrojar que haber arrojado; pero tampoco, si fueras uno de los Once, aceptarías que alguien trajera a otro diciendo que le han quitado el manto o la túnica, sino que lo dejarías libre de la misma manera, porque no se le llama' ladrón de ropa'. Ni si alguien fuera sorprendido sacando a un niño, dirías que no es un traficante de esclavos, si es que vas a luchar por los nombres y no vas a prestar atención a los hechos, por cuya causa todos establecen los nombres.
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Además, consideren esto, señores jueces; pues este me parece que, por indolencia y cobardía, ni siquiera ha subido al Areópago. Pues todos saben que en aquel lugar, cuando se juzgan los juicios por homicidio, no se hacen las declaraciones juradas mediante este nombre, sino mediante aquel por el que yo he sido injuriado; pues el acusador jura que mató, y el acusado que no mató.
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¿ No sería absurdo, pues, absolver al que cometió el acto diciendo que es homicida, porque el acusador juró que el acusado mató?¿ En qué difiere esto de lo que dirá este? Y tú mismo demandaste a Lisiteo por injurias cuando dijo que habías arrojado el escudo. Y, sin embargo, sobre el arrojar no se dice nada en la ley, pero si alguien dice que ha arrojado el escudo, ordena pagar quinientas dracmas.
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¿ No es terrible, pues, que cuando te toca castigar a tus enemigos por haberte injuriado, interpretes las leyes tal como yo lo hago ahora, pero cuando injurias a otro contra las leyes, no consideres justo pagar la pena?¿ Eres tan hábil que puedes usar las leyes como quieras, o tienes tanto poder que crees que quienes son víctimas de tus injusticias nunca obtendrán castigo?¿ Y no te avergüenzas de estar tan falto de juicio,
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que crees que debes sacar ventaja no por lo que has hecho bien a la ciudad, sino por lo que, cometiendo injusticias, no has pagado la pena? Léeme la ley.
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Ley. Yo, pues, señores jueces, creo que todos ustedes saben que yo hablo correctamente, y que este es tan obtuso que no puede comprender lo que se dice. Deseo, pues, instruirlo también mediante otras leyes sobre estos asuntos, por si acaso ahora, en la tribuna, aprende y en el futuro no nos causa problemas. Léeme estas leyes antiguas de Solón.
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Ley. Que se ate el pie en el cepo durante cinco días, a menos que la Heliea imponga una pena mayor. Este cepo, Teomnesto, es lo que ahora se llama estar atado en el madero. Si, pues, el que fue atado, al salir, acusara ante los Once en la rendición de cuentas que no fue atado en el cepo sino en el madero,¿ no lo considerarían un necio? Lee otra ley.
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Ley. Que se exija fianza al que ha jurado en falso ante Apolo. Y al que teme por causa de un juicio, que huya. Esto es lo que significa' haber jurado en falso' y' huir', lo que ahora llamamos' escapar'. Y quien cierra la puerta cuando el ladrón está dentro. Este' cerrar' se considera' excluir', y no hay diferencia por ello.
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Que el dinero sea estable por el tiempo que quiera el prestamista. Este' estable', mi buen amigo, no significa poner en una balanza, sino cobrar el interés que quiera. Lee también la última parte de esta ley.
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Ley. Cuantos se venden manifiestamente, tanto del esclavo como del daño, que se deba pagar el doble. Presten atención.' Manifiestamente' es claramente,' venderse' es caminar, y' esclavo' es sirviente.
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Y hay muchas otras cosas así, señores jueces. Pero si no es de hierro, creo que se habrá dado cuenta de que los hechos son los mismos ahora que antaño, pero que para algunos nombres no usamos los mismos que antes. Y lo demostrará; pues se irá de la tribuna en silencio.
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Si no, les pido, señores jueces, que voten lo justo, considerando que es un mal mucho mayor oír que alguien ha matado a su padre que haber arrojado el escudo. Yo, al menos, preferiría haber arrojado todos los escudos antes que tener tal opinión sobre mi padre.
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Este, pues, siendo culpable de la acusación, y siendo menor su desgracia, no solo fue compadecido por ustedes, sino que también inhabilitó al que testificó. Yo, en cambio, habiendo visto a este hacer lo que ustedes saben, habiendo salvado yo el escudo, habiendo oído un asunto tan impío y terrible, y siendo para mí la desgracia mayor si él es absuelto, y para este de ningún valor si es condenado por injurias,¿ acaso no obtendré justicia de él?¿ Qué reproche tengo yo ante ustedes?
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¿ Acaso porque me han injuriado justamente? Pero ni ustedes mismos lo dirían.¿ Acaso porque el acusado es mejor y de mejores padres que yo? Pero ni él mismo lo pretendería.¿ Acaso porque, habiendo arrojado las armas, demando por injurias al que las salvó? Pero ese no es el discurso que se ha difundido en la ciudad.
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Recuerden que le han dado aquella gran y hermosa recompensa; en la cual,¿ quién no compadecería a Dionisio, habiendo caído en tal desgracia, siendo un hombre excelente que se ha distinguido en los peligros,
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y que al salir del tribunal decía que habíamos realizado aquella expedición tan desafortunada, en la que muchos de nosotros murieron, mientras que los que salvaron las armas han sido condenados por los falsos testimonios de quienes las arrojaron, y que le habría sido mejor morir entonces que, al volver a casa, sufrir tal suerte?
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No compadezcan, pues, a Teomnesto por haber sido injuriado como corresponde, y tengan indulgencia con quien ultraja y habla contra las leyes. Pues,¿ qué mayor desgracia podría sobrevenirme que haber oído acusaciones tan vergonzosas sobre tal padre?
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Quien muchas veces fue estratego y corrió muchos otros peligros junto con ustedes; y ni su cuerpo cayó en manos de los enemigos, ni jamás tuvo que rendir cuentas ante los ciudadanos, y a los sesenta y siete años murió en la oligarquía por su benevolencia hacia la mayoría de ustedes.
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¿ Es digno, pues, indignarse con quien ha dicho tales cosas y ayudar a mi padre, como si él también hubiera sido injuriado? Pues,¿ qué podría ser más doloroso para él que haber muerto a manos de los enemigos y tener la acusación de haber sido asesinado por sus hijos? De quien, incluso ahora, señores jueces, los monumentos a su virtud están consagrados en sus templos, mientras que los de este y los de su padre, los de su cobardía, están en los de los enemigos; tan innata es en ellos la cobardía.
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Y, por cierto, señores jueces, cuanto más grandes son y más jóvenes parecen, tanto más dignos de indignación son. Pues es evidente que tienen fuerza en sus cuerpos, pero no tienen bien dispuestas sus almas.
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Y oigo, señores jueces, que él recurre a este argumento: que dijo esto indignado porque yo testifiqué el mismo testimonio que Dionisio. Pero ustedes consideren, señores jueces, que el legislador no da ninguna indulgencia a la ira, sino que castiga al que habla, a menos que demuestre que lo dicho es verdad. Yo ya he testificado dos veces sobre esto; pues aún no sabía que ustedes castigan a los que ven, pero tienen indulgencia con los que arrojaron las armas.
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Sobre esto, pues, no sé qué más decir; pero les pido que condenen a Teomnesto, considerando que no podría haber para mí un juicio mayor. Pues ahora demando por injurias, pero con el mismo voto me defiendo de la acusación de haber matado a mi padre, a quien, tan pronto como fui examinado, fui el único que procesó a los Treinta en el Areópago.
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Recordando esto, ayúdenme a mí y a mi padre, y a las leyes establecidas y a los juramentos que han prestado.