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Original / primary: Spanish Gemini
1
No me parece que debáis indignaros por el nombre de los Cuatrocientos, sino por las acciones de algunos de ellos. Pues, en efecto, algunos de ellos fueron quienes conspiraron, mientras que otros entraron en el consejo para que ni la ciudad sufriera daño alguno ni ninguno de vosotros, sino por ser benévolos, entre los cuales se encuentra este Polístrato.
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Pues este fue elegido por los miembros de su tribu por ser un hombre honrado, tanto respecto a sus conciudadanos como respecto a vuestra mayoría; pero lo acusan de no haber sido benévolo con vuestra mayoría, habiendo sido elegido por los miembros de su tribu, quienes mejor podrían juzgar sobre sí mismos qué clase de personas son.
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¿ Y por qué motivo habría deseado él una oligarquía?¿ Acaso porque tenía la edad para lograr algo entre vosotros mediante la palabra, o confiando en su fuerza física, para ultrajar a alguno de los vuestros? Pero observad su edad, con la cual es capaz incluso de disuadir a los demás de tales cosas.
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Quien, por tanto, siendo privado de sus derechos, habiendo cometido algún mal en el tiempo anterior, deseó otro régimen político, lo habría hecho por causa de sus errores anteriores; pero a este no se le había cometido error alguno tal, como para que por su propia causa odiara a vuestra mayoría, o por la de sus hijos. Pues uno estaba en Sicilia y los otros en Beocia; de modo que ni siquiera por causa de ellos deseó otro régimen político debido a errores anteriores.
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Y lo acusan de haber ejercido muchas magistraturas, pero nadie es capaz de demostrar que no las ejerció bien. Yo, por mi parte, considero que no delinquen quienes actuaron en aquellos asuntos, sino si alguien, habiendo ejercido pocas magistraturas, no las ejerció de la mejor manera para la ciudad. Pues no fueron los que gobernaban bien quienes traicionaron a la ciudad,
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sino los que no lo hicieron con justicia. Este, en primer lugar, habiendo ejercido el cargo en Oropo, no traicionó ni instauró otro régimen político, mientras que todos los demás que ejercían cargos traicionaron los asuntos. Aquellos no se quedaron, habiéndose condenado a sí mismos por delinquir; pero él, considerando que no ha delinquido en nada, rinde cuentas.
7
Y los acusadores dejan escapar a los que delinquen, recibiendo dinero; pero de aquellos de quienes no pueden obtener ganancia, los denuncian como delincuentes. Y hacen acusaciones similares tanto de los que expresaron alguna opinión en el consejo como de los que no. Pero este ni siquiera expresó opinión alguna sobre vuestra mayoría.
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Yo, por mi parte, considero que estos merecen no sufrir ningún mal de vuestra parte, si eran benévolos con vosotros y no se mostraban hostiles con aquellos. Pues de los que hablaban en contra de ellos, unos huían y otros morían, de modo que si alguien incluso quería oponerse en favor vuestro, el miedo y el asesinato de los que habían sufrido tales cosas disuadían a todos.
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De modo que la mayoría desaprobaba todo lo que hacían; pues a unos los expulsaban y a otros los mataban. Pero a quienes iban a escuchar a aquellos y no conspirar ni denunciar nada, a esos los instalaban. De modo que no habría cambiado fácilmente para vosotros el régimen político. Por tanto, no es justo que, por las cosas en las que eran benévolos con vosotros,
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rindan cuentas por ellas. Y me parece terrible que, si el que no dijo nada sufrirá lo mismo que los que no dijeron lo mejor sobre vuestra mayoría, y en setenta años no cometió error alguno contra vosotros, y en ocho días sí; y los que fueron malvados toda su vida se han vuelto honrados en el tribunal, habiendo convencido a los acusadores, mientras que los que siempre fueron honrados con vosotros, estos son malvados.
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Y, sin embargo, en las acusaciones anteriores, además de otras cosas, acusaron falsamente a mi padre y dijeron que Frínico era pariente suyo. Y, sin embargo, si alguien quiere, que testifique en mi discurso que era pariente de Frínico. Pero es que acusaban falsamente. Pero, además, ni siquiera por educación era amigo suyo; pues el uno, siendo pobre, pastoreaba en el campo, mientras que mi padre se educaba en la ciudad.
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Y cuando se hizo hombre, el uno cultivaba la tierra, y el otro, habiendo venido a la ciudad, se dedicaba a la sicofantía, de modo que no coincidían en nada en su carácter. Y cuando pagaba al erario, no le entregó el dinero; y, sin embargo, en tales casos es cuando más se demuestra quiénes son amigos. Y si era conciudadano, no es justo que por ello mi padre sea perjudicado,
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a menos que también vosotros delinquéis, porque es ciudadano vuestro.¿ Y cómo podría ser más democrático, o quién, habiendo votado vosotros entregar los asuntos a los cinco mil, siendo registrador, registró a nueve mil, para que nadie de los conciudadanos estuviera en desacuerdo con él, sino para inscribir al que quisiera, y si a alguien no le era posible, hacerle el favor? Y, sin embargo, no son los que hacen más ciudadanos los que derriban al pueblo, sino los que de más hacen menos. Pero este ni quería jurar ni registrar,
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sino que lo obligaban, imponiéndole multas y castigándolo; y cuando fue obligado y prestó el juramento, habiendo entrado ocho días en el consejo, zarpó hacia Eretria, y parecía allí no ser malvado de espíritu en las batallas navales, y vino aquí herido, y ya habían cambiado los asuntos. Y este, sin haber expresado opinión alguna, ni haber ido al consejo más de ocho días, fue condenado a pagar tanto dinero; mientras que muchos de los que dijeron lo contrario a vosotros y estuvieron hasta el final en el consejo han escapado.
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Y no hablo por envidia hacia ellos, sino compadeciéndonos a nosotros; pues los que parecen delinquir han sido solicitados por los que se mostraron entusiastas con vosotros en los asuntos, mientras que los que han delinquido, habiendo comprado a los acusadores, ni siquiera parecieron delinquir.¿ Cómo, pues, no habríamos de sufrir cosas terribles?
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Y acusan a los Cuatrocientos de que fueron malvados; y, sin embargo, vosotros mismos, convencidos por estos, se los entregasteis a los cinco mil, y si vosotros, siendo tantos, fuisteis convencidos,¿ no debía ser convencido cada uno de los Cuatrocientos? Pero no son estos los que delinquen, sino los que os engañaban y os hacían daño. Pero este demuestra en muchas cosas que os es benévolo y que, si hubiera querido innovar algo contra vuestra mayoría, nunca, en ocho días, habiendo entrado en el consejo,
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se habría marchado zarpando. Pero alguien podría decir que zarpó deseando ganar dinero, tal como algunos saqueaban y robaban. Nadie, por tanto, podría decir nada sobre cómo posee vuestros bienes, sino que acusan de todo más que de la magistratura. Y los acusadores entonces no parecían en absoluto benévolos con el pueblo ni ayudaban; pero ahora, cuando el pueblo es muy benévolo consigo mismo, ayudan a vosotros de nombre,
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pero de hecho a sí mismos. Y no os sorprendáis, señores jueces, de que fuera condenado a pagar tanto dinero. Pues, habiéndolo tomado desamparado, lo condenaron acusándolo tanto a él como a nosotros. Pues a él, ni siquiera si alguien tenía un testimonio, podía testificar debido al miedo a los acusadores, mientras que a ellos, incluso los que tenían testimonios falsos, temiendo, testificaban.¡ Qué cosas tan terribles sufriríamos, señores jueces,
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si a los que no son capaces de negar que tienen dinero vuestro, a esos los soltáis por un hombre que los solicita, mientras que a nosotros, que nos hemos mostrado entusiastas respecto a vuestra mayoría, y no habiendo mi padre delinquido en nada contra vosotros, no nos haréis el favor! Y si algún extranjero hubiera venido y os pidiera dinero o pretendiera ser inscrito como benefactor, se lo habríais dado;¿ y a nosotros no nos daréis que nosotros mismos seamos ciudadanos con plenos derechos entre vosotros?
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Y si algunos fueron malintencionados respecto a vuestros asuntos o expresaron una opinión poco adecuada, los ausentes no son responsables de ello, puesto que también habéis absuelto a los presentes. Pues ni siquiera si alguno de los que están aquí, no diciendo lo mejor, os convence, no sois vosotros los responsables,
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sino el que os engaña. Aquellos, habiéndose condenado a sí mismos por delinquir, se han ido para no rendir cuentas; y si otros delinquen, menos que aquellos, pero delinquen, el miedo a vosotros y a los acusadores hace que no residan, sino que hagan campaña, para o bien haceros más suaves o convencer a estos.
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Pero este os ha rendido cuentas, sin delinquir en nada contra vosotros, inmediatamente después de los asuntos, cuando vosotros recordabais mejor lo sucedido y él iba a ser puesto a prueba, confiando en sí mismo en que no había cometido error alguno, sino que lucharía bien con la justicia. Y cómo era democrático, yo os lo demostraré.
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En primer lugar, pues, de cuántas campañas no se ausentó, sino que hacía campaña, como sabiendo podrían decirlo los conciudadanos; y pudiendo él haber ocultado su patrimonio para no beneficiaros en nada, eligió más bien que lo supierais, para que, si incluso quisiera ser malvado, no le fuera posible, sino que aportara las contribuciones y realizara liturgias. Y nos preparó para que fuéramos lo más útiles posible a la ciudad.
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Y a mí me envió a Sicilia, y no os era posible conocer a los caballeros, cómo era de espíritu, mientras el campamento estaba a salvo; pero cuando fue destruido y me salvé en Catania, saqueaba partiendo de allí y hacía daño a los enemigos, de modo que se separaron para la diosa los diezmos por más de treinta minas y para los soldados para su salvación cuantos estaban entre los enemigos.
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Y cuando los cataneos obligaban a cabalgar, cabalgaba y no me ausentaba de ningún peligro ni siquiera allí, de modo que todos conocían cómo era de espíritu cabalgando y sirviendo como hoplita. De lo cual os presentaré los testigos.
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Testigos: habéis escuchado a los testigos, señores jueces; y cómo soy respecto a vuestra mayoría, yo os lo demostraré. Pues habiendo llegado allí un siracusano que tenía un juramento y estaba dispuesto a hacer jurar y se acercaba a cada uno de los que estaban allí, le contradije inmediatamente, y habiendo ido a Tudea relataba estas cosas, y convocaba una asamblea, y hubo discursos no pocos. Y de lo que yo dije, llamo a testigos.
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Testigos: considerad también la carta de mi padre, que me dio para entregar, si contenía cosas buenas para vuestra mayoría o no. Pues estaban escritas las cosas familiares, y además, cuando las cosas en Sicilia fueran bien, que viniera. Y, sin embargo, las mismas cosas os convenían a vosotros y a los de allí; de modo que si no fuera benévolo con la ciudad y con vosotros, nunca habría enviado tales cosas.
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Pero, además, también al hermano más joven, cómo es para con vosotros, yo lo demostraré. Pues habiéndose producido una incursión de los fugitivos, que no solo aquí hacían todo el mal que podían, sino que también desde la muralla os robaban y saqueaban, habiendo expulsado a uno de los otros caballeros, lo mató. De lo cual os presentaré como testigos a los que estuvieron presentes.
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Testigos: al hermano mayor lo conocen los mismos que hacían campaña con él, quienes estaban en el Helesponto, de modo que consideran que no es inferior a nadie en espíritu. Y subid aquí conmigo.
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Testigos:¿ cómo, pues, no es necesario recibir gratitud de vuestra parte, si somos tales? Pero,¿ es necesario que por las cosas por las que mi padre ha sido calumniado ante vosotros, debamos perecer, y por las cosas en las que nos hemos mostrado entusiastas con la ciudad, no obtener beneficio alguno? Pero no es justo. Pero si por la calumnia de este debemos sufrir algo, es justo que por nuestro entusiasmo salvemos a este y a nosotros.
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Pues no es que hiciéramos bien a vosotros por causa de dinero, para recibirlo, sino para que, si alguna vez hubiera peligro para nosotros, solicitándolo de vosotros, recibiéramos la gratitud merecida. Y es necesario que vosotros también por causa de los demás seáis tales, reconociendo que, si alguien es entusiasta con vosotros, no solo a nosotros beneficiaréis; pues de nosotros, incluso antes de pedirlo, habéis experimentado cómo somos con vosotros; pero a los demás los haréis más entusiastas, agradeciendo según el mérito, cuanto alguien os haga bien.
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Y de ninguna manera confirméis a los que hablan el discurso más malvado de todos; pues se dice que los que han sufrido mal recuerdan más que los que han recibido bien.¿ Pues quién querrá aún ser honrado, si serán derrotados por los que os hacen mal los que hacen bien? Y os sucede, señores jueces, de esta manera.
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Pues es sobre nosotros sobre lo que tenéis que votar, y no sobre dinero. Pues mientras había paz, teníamos un patrimonio manifiesto, y mi padre era un buen agricultor; pero cuando invadieron los enemigos, fuimos privados de todo esto. De modo que por estas mismas cosas éramos entusiastas con vosotros, sabiendo que no teníamos dinero de donde pagar, pero nosotros mismos, siendo entusiastas con vosotros, pretendemos encontrar gratitud.
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Y, sin embargo, os vemos, señores jueces, si alguien, habiendo hecho subir a sus hijos, llora y se lamenta, compadecer a los hijos si por su causa van a ser privados de sus derechos, y perdonar las faltas de los padres por causa de los hijos, a quienes aún no sabéis si al crecer serán buenos o malos; pero a nosotros sabéis que nos hemos mostrado entusiastas con vosotros, y que mi padre no ha delinquido en nada. De modo que sois mucho más justos agradeciendo a quienes habéis experimentado, que a quienes no sabéis qué clase de personas serán.
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Y hemos sufrido lo contrario que los demás hombres. Pues los demás, habiendo hecho comparecer a sus hijos, os solicitan, mientras que nosotros solicitamos a este padre y a nosotros mismos, que no nos hagáis, en lugar de ciudadanos con plenos derechos, privados de ellos, y en lugar de ciudadanos, apátridas; sino compadeced tanto al padre, siendo anciano, como a nosotros. Y si nos destruís injustamente,¿ cómo este convivirá con nosotros alegremente o nosotros unos con otros en el mismo lugar, siendo indignos de vosotros y de la ciudad? Pero os pedimos, siendo tres, que nos permitáis ser aún más entusiastas.
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Os pedimos, pues, por los bienes que cada uno posee, quien tiene hijos, por ellos compadecer, y quien resulta ser de nuestra edad o de la de mi padre, compadeciendo, absolver; y no impidáis que nosotros, queriendo hacer bien a la ciudad, lo hagamos. Y sufriríamos cosas terribles si nos salvamos de los enemigos, a quienes era natural que impidieran que nos salváramos, y de vosotros no encontraremos ni siquiera el salvarnos.