For The Soldier
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Original / primary: Spanish Gemini
1
¿ Qué es lo que han pensado mis adversarios para descuidar el asunto en cuestión y, en cambio, intentar difamar mi carácter?¿ Acaso ignoran que es sobre el asunto sobre lo que corresponde hablar?¿ O es que lo saben, pero, creyendo que no se notará, se extienden en un discurso mayor de lo que es pertinente?
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Sé claramente que no es por menospreciarme a mí, sino al asunto, por lo que pronuncian sus discursos; sin embargo, me sorprendería si creen que ustedes, por ignorancia, se dejarán convencer por sus calumnias para votar en mi contra.
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Yo pensaba, jueces, que el juicio que se me planteaba era sobre la acusación y no sobre mi carácter; pero, dado que mis adversarios me difaman, es necesario que presente mi defensa sobre todo. Primero, pues, les informaré sobre el registro.
4
Al llegar a la ciudad anteayer, sin haber cumplido aún dos meses de estancia, fui alistado como soldado. Al darme cuenta de lo sucedido, sospeché de inmediato que había sido alistado sin ninguna razón legítima. Me acerqué, pues, al estratego y le aclaré que yo ya había servido, pero no obtuve ninguna consideración justa. Aunque me indignaba al ser ultrajado,
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mantuve la calma. Pero, al estar en apuros y consultar con uno de los ciudadanos sobre qué debía hacer con el asunto, me enteré de que incluso amenazaban con encarcelarme, diciendo que Polieno no había residido menos tiempo que Calícrates.
6
Yo había discutido lo anteriormente dicho en la mesa de Filio; pero ellos, junto con el arconte Ctesicles, tras haber informado alguien que yo los injuriaba— a pesar de que la ley prohíbe injuriar a una magistratura en sesión—, decidieron multarme contraviniendo la ley. Tras imponer la multa, no intentaron cobrarla, pero, al terminar su mandato, la escribieron en una tablilla y la entregaron a los tesoreros.
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Ellos hicieron esto. Pero los tesoreros, al no pensar nada parecido a ellos, tras llamar a quienes habían hecho la entrega y examinar la acusación, consideraron el pretexto de la denuncia. Al escuchar lo sucedido y reflexionar sobre lo que yo había sufrido, primero intentaron convencerlos de que desistieran, explicándoles que no era justo que algunos ciudadanos fueran registrados por enemistades; pero, al no poder persuadirlos, asumiendo el riesgo ante ustedes, declararon la multa nula.
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Que fui absuelto por los tesoreros, lo saben; y, considerando que corresponde quedar libre de la acusación también gracias a esta prueba, presentaré aún más leyes y otros argumentos legales. Y toma la ley para mí.
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Han escuchado que la ley prohíbe expresamente multar a quienes injurian en la sesión; yo, por mi parte, he presentado testigos de que no entré en la oficina, y, habiendo sido multado injustamente, ni debo nada ni es justo que pague.
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Pues si es evidente que no fui a la sesión, y la ley ordena que los que cometen faltas dentro deben pagar la multa, resulta que no he cometido ninguna injusticia, sino que he sido multado absurdamente por enemistad sin más.
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Ellos mismos reconocieron que habían cometido una injusticia; pues ni rindieron cuentas, ni al entrar en el tribunal ratificaron lo sucedido mediante votación. Y si, en todo caso, ellos multaron correctamente y ratificaron la imposición ante ustedes, habiendo absuelto los tesoreros, con razón debería estar libre de la acusación.
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Pues si no tuvieran autoridad para cobrar o absolver, razonablemente debería la multa si hubiera sido impuesta legalmente; pero si tienen permiso para absolver y rinden cuentas de lo que gestionan, si han cometido alguna injusticia, obtendrán fácilmente el castigo que merecen.
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Saben de qué manera fui entregado y multado; pero ustedes deben conocer no solo la causa de la acusación, sino también el pretexto de la enemistad. Pues fui amigo de Sóstrato antes de la enemistad de estos, sabiendo que había llegado a ser alguien digno de mención para la ciudad.
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Al ser conocido gracias a su influencia, ni castigué a un enemigo ni beneficié a un amigo; pues mientras vivía, por necesidad y por mi edad, permanecía inactivo, y al dejar él la vida, ni de palabra ni de obra perjudiqué a ninguno de los que me acusan, y tengo incluso cosas que decir por las cuales sería mucho más justo que fuera beneficiado por mis adversarios en lugar de ser perjudicado.
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Así pues, fraguaron su ira por lo anteriormente dicho, sin existir ningún pretexto para la enemistad. Tras haber jurado que alistarían a los que no habían servido, violaron sus juramentos y propusieron a la multitud deliberar sobre mi persona,
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multándome bajo el pretexto de que injuriaba a la magistratura, despreciando la justicia y forzando el daño con todo su discurso; habrían hecho cualquier cosa con tal de perjudicarme gravemente y beneficiarse ellos mismos, pues, sin existir ninguna de estas razones, anteponen todo a cometer una injusticia.
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Pero, en realidad, ellos menospreciaron a su multitud y ni siquiera consideraron necesario temer a los dioses, sino que actuaron con tal desprecio y contraviniendo la ley que ni siquiera intentaron defenderse de lo sucedido y, finalmente, creyendo que no me habían castigado lo suficiente, terminaron expulsándome de la ciudad.
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Habiendo actuado de manera tan ilegal y violenta, no consideraron importante ocultar la injusticia, y, al traerme de nuevo, no demuestran que yo haya cometido ninguna injusticia sobre los mismos asuntos, sino que me injurian, atribuyendo a mis costumbres calumnias que no les corresponden, y a sus propios modos, las suyas propias y habituales.
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Ellos, pues, se esfuerzan por todos los medios en que yo sea condenado en el juicio; pero ustedes no deben dejarse llevar por sus calumnias para votar en mi contra, ni invalidar a quienes deliberaron mejor y con justicia. Pues ellos hicieron todo conforme a las leyes y a lo razonable, y no parecen haber cometido ninguna injusticia, habiendo dado la mayor importancia a la justicia.
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Si ellos me perjudicaran, me indignaría moderadamente, pensando que está establecido hacer el mal a los enemigos y el bien a los amigos; pero, al ser privado de la justicia por ustedes, me sentiría mucho más dolido. Pues no parecerá que he sufrido el mal por enemistad, sino por la maldad de la ciudad.
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En teoría, pues, lucho por el registro, pero en la práctica, por mi ciudadanía. Pues si obtengo justicia( y confío en su criterio), podría permanecer en la ciudad; pero si, llevado por estos, fuera condenado injustamente, tendría que huir.¿ Pues con qué esperanza debería animarme a ser ciudadano, o qué debería pensar, conociendo el afán de mis adversarios y estando en apuros sobre de dónde debería obtener justicia?
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Habiendo dado, pues, la mayor importancia a la justicia, y reflexionando que incluso por injusticias evidentes conceden perdón, no permitan que quienes no han cometido ninguna injusticia, debido a enemistades, caigan injustamente en las mayores desgracias.