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Adversus Coloten
Plutarch (plutarch)Colo 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Colotes, a quien Epicuro solía llamar cariñosamente, Saturnino, Colotaras y Colotario, publicó un libro titulado Sobre la imposibilidad de vivir según las doctrinas de los otros filósofos. Aquella obra está dedicada al rey Ptolomeo; pero creo que leerías con gusto lo que se me ha ocurrido decir contra Colotes, pues eres amante de la belleza y de la antigüedad, y consideras que recordar y tener siempre a mano las palabras de los antiguos es la ocupación más propia de un rey.
2
Así pues, mientras se leía el escrito hace poco, uno de los compañeros, Aristodemo de Egio— pues conoces al hombre, no un simple portador de tirso de la Academia, sino un iniciador de los misterios de Platón de lo más entusiasta—, tras haber permanecido en silencio contra su costumbre y haberse mostrado como un oyente comedido hasta el final, dijo al terminar la lectura:« Bien,¿ a quién levantamos para luchar contra este hombre en defensa de los filósofos? Pues no admiro la actitud de Néstor, quien, debiendo elegir al mejor de los nueve, lo dejó al azar y al sorteo; pero ves— dije yo— que incluso aquel se sometió al sorteo, de modo que el juicio del más prudente decidiera la lista; y de la urna saltó el sorteo que ellos mismos deseaban, el de Áyax. Sin embargo, si tú ordenas elegir,¿ cómo podría yo olvidar al divino Odiseo? Mira, pues, y considera cómo vas a defenderte del hombre, Aristodemo». Y él dijo:« Conoces la máxima de Platón: que, al enfadarse con su esclavo, no le propinó él mismo los golpes, sino que ordenó a Espeusipo que lo hiciera, diciendo que él mismo estaba enfadado; pues tú también, toma el relevo y castiga al hombre como quieras, porque yo estoy enfadado». Ante esto, instándome los demás a hablar, dije:« Habría que hablar, pero temo parecer yo mismo más serio de lo debido ante el libro por la ira, dado que el hombre, por su rusticidad, bufonería e insolencia, nos arroja una especie de forraje». Al preguntar Sócrates:«¿ Y cómo es que no se mete la comida en la boca, sino en el oído?». Pero quizás alguien se reiría de esto al pensar en la mansedumbre y gracia de Sócrates; sin embargo, en defensa de todo el ejército de los filósofos griegos, entre los cuales están Demócrito, Platón, Estilpón, Empédocles, Parménides y Meliso, que han sido maltratados, no solo es vergonzoso callar, sino que ni siquiera es piadoso ceder o retirar algo de la máxima franqueza en su favor, pues ellos elevaron la filosofía a tal grado de gloria. Y aunque nuestros padres nos dieron la vida junto con los dioses, de los filósofos recibimos, al tomar la razón como colaboradora de la justicia y la ley y castigadora de los deseos, el vivir bien; y el vivir bien es vivir social, amistosa, sensata y justamente. De esto no dejan nada quienes gritan que el bien está en el vientre, y que no comprarían todas las virtudes juntas por una moneda agujereada si el placer fuera expulsado de todas partes; y que les falta el discurso sobre los dioses y el alma, pues esta perece al disolverse, y a aquellos no les importa nada de lo nuestro. Pues estos acusan a los otros filósofos de destruir el vivir sensatamente, y aquellos a estos de enseñar a vivir de forma innoble y bestial.
3
Aunque estas cosas están mezcladas en los discursos de Epicuro y han impregnado su filosofía, el hecho de que Colotes componga su libro extrayendo voces aisladas de las cosas y partes de discursos y fragmentos mudos, arrancándolos de lo que confirma y colabora para la comprensión y la convicción, como si fuera un mercado o un cuadro de monstruos, lo sabéis vosotros mejor que nadie, dije, al tener los escritos de los antiguos en vuestras manos. A mí me parece que, al igual que el lidio, no abre una sola puerta, sino que envuelve a Epicuro en la mayoría de las mayores aporías. Pues comienza por Demócrito, de quien toma enseñanzas bellas y apropiadas; aunque durante mucho tiempo el propio Epicuro se proclamó democriteo, como dicen otros y Leonteo, uno de los discípulos más destacados de Epicuro, quien, escribiendo a Licofrón, dice que Demócrito es honrado por Epicuro por haber sido el primero en alcanzar el conocimiento correcto, y que, en general, el tratado se llama democriteo porque él se encontró primero con los principios sobre la naturaleza; y Metrodoro ha dicho abiertamente sobre la filosofía que, si Demócrito no hubiera sido su precursor, Epicuro no habría avanzado hacia la sabiduría. Pero si no es posible vivir según las doctrinas de Demócrito, como cree Colotes, Epicuro era ridículo al seguir a Demócrito, quien conducía a no vivir.
4
Le reprocha primero que, al decir que cada una de las cosas no es más esto que aquello, ha confundido la vida. Pero Demócrito está tan lejos de pensar que cada una de las cosas no es más esto que aquello, que ha luchado contra Protágoras el sofista por haber dicho esto y ha escrito muchas cosas convincentes contra él; Colotes, sin haber encontrado esto ni en sueños, se equivocó sobre la expresión del hombre, en la que distingue que no es más el« ser» que el« no ser», llamando« ser» al cuerpo y« no ser» al vacío, como si este también tuviera una naturaleza y una existencia propia. El que pensó que el« no ser» no es más esto que aquello ha utilizado la doctrina epicúrea de que todas las representaciones a través de la sensación son verdaderas. Pues si, al decir dos personas, una que el vino es austero y otra que es dulce, ninguna de las dos miente según la sensación,¿ por qué el vino es más austero que dulce? Y, de hecho, en el mismo baño se puede ver a unos usándolo como caliente y a otros como frío; pues unos piden que se añada frío y otros caliente. Dicen que Berenice, la de Deyótaro, llegó a una de las mujeres de los lacedemonios. Y al acercarse, al instante una se apartó, al parecer la una disgustada por el perfume y la otra por la mantequilla. Si, pues, la una sensación no es más verdadera que la otra, es lógico que el agua no sea más fría que caliente y que el perfume y la mantequilla no sean más fragantes que fétidos. Pues si alguien dice que lo mismo que aparece es diferente para uno y para otro, sin darse cuenta dice que ambas cosas son.
5
Y las tan celebradas simetrías y armonías de los poros alrededor de los órganos sensoriales y las múltiples mezclas de las semillas, que dicen que están dispersas en todos los sabores, olores y colores para mover una sensación de cualidad diferente en uno y en otro,¿ no los conducen directamente a ellos al« no más»? Pues a los que creen que la sensación miente porque ven que de las mismas cosas surgen afecciones contrarias a quienes las usan, los consuelan enseñándoles que, al estar casi todo mezclado y confundido, y al estar adaptado que una cosa encaje con otra, no es el contacto y la percepción de la misma cualidad, ni el sustrato mueve a todos de la misma manera con todas sus partes; sino que, al encontrarse cada uno solo con aquellas cosas para las que tiene una sensación simétrica, no luchan correctamente sobre si la cosa es buena o mala, blanca o no blanca, creyendo confirmar sus propias sensaciones al anular las de los demás; pero que no hay que luchar contra ninguna sensación, pues todas tocan algo, tomando cada una lo apropiado y familiar como de una fuente de la mezcla múltiple; y no hay que acusar al todo, tocando las partes, ni creer que todos sufren lo mismo, sufriendo otros según otra cualidad y potencia de la cosa. Es hora, pues, de considerar qué hombres introducen más el« no más» en las cosas que aquellos que declaran que todo lo sensible es una mezcla de cualidades de todo tipo, de modo que el mosto es flautista, y confiesan que los cánones se les escapan y que el criterio desaparece por completo, si dejaran cualquier cosa sensible pura y no muchas cosas cada una.
6
Mira lo que Epicuro ha hecho decir a Polieno en el Simposio sobre la calidez del vino, pues al decir:«¿ No dices, Epicuro, que las calenturas producidas por el vino...?», respondió:«¿ Quién no declara que el vino no es calentador en general?», y poco después:« Pues parece que el vino no es calentador en general, sino que de este en particular se diría que es calentador en tal medida», y de nuevo, al aducir como causa presiones y dispersiones de átomos, y al culpar a las mezclas y acoplamientos de otros en la mezcla del vino con el cuerpo, añade:« Por eso no hay que decir que el vino es calentador en general, sino que tal cantidad es calentadora de tal naturaleza y de tal disposición, o que tal cantidad es enfriadora de esta otra; pues existen en tal conjunto naturalezas tales que, de ellas, podría formarse frío, y, al acoplarse a otras, podrían producir la naturaleza de la frialdad; de donde, engañándose, unos dicen que el vino es enfriador en general y otros que es calentador». El que dice que la mayoría se ha engañado, al suponer que lo que calienta es calentador o lo que enfría es enfriador, si no cree que el« no más» sigue a lo que ha dicho, él mismo se ha engañado. Y añade que a menudo el vino ni siquiera llegó al cuerpo aportando una potencia calentadora o enfriadora, sino que, al moverse la masa y producirse el desplazamiento de los cuerpos, los átomos que producen el calor se reunieron ahora en lo mismo y proporcionaron al cuerpo calor y ardor por su multitud, y ahora, al salir, lo enfriaron.
7
Que esto se puede usar para todo lo que se llama y se considera amargo, dulce, purgante, somnífero, luminoso, como si nada tuviera una cualidad y potencia autosuficiente ni actuara más que sufriera cuando se produce en los cuerpos, sino que recibe una diferencia y mezcla distinta en unos y otros, no es oscuro. Pues el propio Epicuro, en el segundo libro de los dirigidos a Teofrasto, al decir que los colores no son connaturales a los cuerpos, sino que nacen según ciertos órdenes y posiciones respecto a la vista, dice que, según este discurso, el cuerpo no es más incoloro que con color. Y más arriba ha escrito textualmente:« Pero incluso sin esta parte, no sé cómo hay que decir que estas cosas que están en la oscuridad tienen colores; aunque a menudo, estando el aire igualmente oscuro, unos perciben la diferencia de colores y otros no, debido a la debilidad de la vista; además, al entrar en una habitación oscura no vemos ninguna visión de color, pero al esperar un poco, vemos; por tanto, no se dirá que cada uno de los cuerpos tiene más o menos color». Y si el color es relativo a algo, también lo blanco será relativo a algo, y lo azul; y si esto es así, también lo dulce y lo amargo; de modo que, respecto a toda cualidad, se puede decir verdaderamente que no es más o no es. Pues para los que sufren así será tal, pero no será para los que no sufren. Por tanto, el fango y el lodo en el que dice que caen los que pronuncian el« no más» sobre las cosas, se lo derrama Colotes sobre sí mismo y sobre su maestro.
8
¿ Acaso, pues, solo aquí el noble médico de otros ha resultado estar lleno de llagas él mismo? De ninguna manera; sino que aún más, en el segundo libro de las censuras, Epicuro se ha delatado al expulsar a Demócrito de la vida. Pues dice que lo dicho por Demócrito de que« por convención el color, por convención lo dulce, por convención la mezcla, pero en realidad el vacío y los átomos» lucha contra las sensaciones, y que el que persiste en este discurso y lo usa ni siquiera podría pensar en sí mismo si está muerto o vivo. No tengo nada que responder a este discurso, sino decir que estas cosas son tan inseparables de las doctrinas de Epicuro como ellos mismos dicen que la forma y el peso lo son del átomo.¿ Pues qué dice Demócrito? Que sustancias infinitas en multitud, átomos e indestructibles, y además sin cualidades e impasibles, se mueven en el vacío; y cuando se acercan entre sí o chocan o se entrelazan, aparecen de los que se reúnen el agua, el fuego, la planta, el hombre; y que todo son los átomos, llamados así propiamente por él, y nada más; pues del no ser no hay generación, y de los seres nada podría nacer al no sufrir ni cambiar los átomos por su solidez; de donde no existe ni color de cosas sin color, ni naturaleza o alma de cosas sin cualidades e impasibles. Hay que acusar, pues, a Demócrito no por estar de acuerdo con lo que se sigue de los principios, sino por tomar principios de los que se siguen estas cosas. Pues no debía haber establecido que los primeros elementos son inmutables, y al establecerlo, ver que toda generación de cualidad desaparece; pero negar, al verlo, la absurdidad es lo más desvergonzado; lo que dice que Epicuro establece los mismos principios, pero no dice que por convención el color, lo dulce, lo blanco y las otras cualidades. Si, pues, el no decir es tal como el no estar de acuerdo, hace algo de lo acostumbrado; pues al anular la providencia, dice que deja la piedad; y al elegir la amistad por el placer, asumir los mayores dolores por los amigos; y establecer que el todo es infinito, pero no anular lo de arriba y lo de abajo. Y hay quienes, al tomar una copa y beber cuanto quieren y devolver lo que sobra, en el discurso deben recordar sobre todo este apotegma del sabio:« Cuyos principios no son necesarios, los fines no son necesarios». Por tanto, no es necesario establecer, o más bien retirar de Demócrito, que los átomos son los principios del todo; pero al establecer la doctrina y adornarla con sus primeras verosimilitudes, hay que beber lo difícil, o mostrar cómo cuerpos sin cualidades le proporcionaron todas las cualidades solo por reunirse. Por ejemplo, de inmediato,¿ de dónde ha llegado lo que llamáis calor y cómo se ha añadido a los átomos, si ni llegaron teniendo calor ni se hicieron calientes al reunirse? Pues lo que tiene cualidad y lo que es natural que sufra, decís que no es apropiado que pertenezca a los átomos debido a su indestructibilidad.
9
¿ Qué, pues?¿ Acaso no le sucedía también a Platón, a Aristóteles y a Jenócrates generar oro de lo que no es oro, piedra de lo que no es piedra, y las demás cosas de cuatro elementos simples y primeros? Ciertamente. Pero para aquellos los principios se reúnen de inmediato para la generación de cada cosa, como aportando grandes contribuciones las cualidades que hay en ellos, y cuando se reúnen en lo mismo y chocan secos con húmedos y fríos con calientes y sólidos con blandos, cuerpos movidos pasivamente unos por otros y cambiando a través de todo, engendran otra generación de otra mezcla. Pero el átomo, por sí mismo, está desierto y desnudo de toda potencia generadora, y al chocar contra otro no tuvo ni hizo ninguna afección por su dureza y resistencia, sino que golpean y son golpeados todo el tiempo, sin poder proporcionar, no ya un ser vivo o alma o naturaleza, sino ni siquiera una multitud común de ellos mismos ni un solo montón, al estar siempre agitándose y separándose.
10
Colotes, como si hablara con un rey iletrado, se irrita de nuevo contra Empédocles, que respira lo mismo:« Te diré otra cosa: no hay naturaleza de ninguna de las cosas mortales, ni tampoco un fin de muerte funesta; sino solo mezcla y cambio de lo mezclado, y naturaleza es lo que se llama entre los hombres». Yo no veo en qué se opone esto al vivir para los que suponen que no hay generación del no ser ni corrupción del ser, sino que la generación es por la reunión de ciertos seres entre sí, y que la muerte se llama así por la disolución de unos de otros; pues que ha dicho naturaleza en lugar de generación, al oponerle la muerte, lo ha dejado claro Empédocles. Y si los que establecen que las generaciones son mezclas y las corrupciones disoluciones no viven ni pueden vivir,¿ qué otra cosa hacen estos? Aunque Empédocles, al pegar y ajustar los elementos con calores, blanduras y humedades, les da de alguna manera una mezcla y una unión unitiva; pero ellos, al reunir en lo mismo átomos inmutables e impasibles, no hacen nada de ellos, sino que hacen de ellos muchas y continuas heridas; pues el entrelazamiento, al impedir la disolución, intensifica más el choque, de modo que no hay mezcla ni unión, sino perturbación y lucha, según ellos, la llamada generación; y ellos, por un instante, se alejan por la resistencia, y ahora se acercan, al liberarse el golpe, y pasan más o el doble de tiempo separados unos de otros, sin tocarse ni acercarse, de modo que nada se realiza de ellos ni siquiera inanimado. Y la sensación, el alma, la mente y la prudencia no dan ni siquiera a los que quieren una idea de cómo podrían surgir en el vacío y los átomos; de los cuales no hay cualidad por sí mismos ni afección o cambio al reunirse, sino ni siquiera una reunión que haga una mezcla y unión, sino golpes y rebotes. De modo que, con las doctrinas de estos, se anula el vivir y el ser un ser vivo, al establecer principios vacíos, impasibles, ateos e inanimados, y además inmezclables e inasimilables.
11
¿ Cómo, pues, dejan naturaleza, alma y ser vivo? Como un juramento, como una oración, como un sacrificio, como una adoración, con palabra, discurso y con el decir, pretender y nombrar, cosas que anulan con sus principios y doctrinas. Y si llaman naturaleza a lo que ha nacido y generación a lo que ha ocurrido, como los que llaman madera a los leños y armonía a las cosas que armonizan,¿ de dónde se le ocurrió a él proponer tales preguntas a Empédocles?«¿ Por qué nos golpeamos— dice—, esforzándonos por nosotros mismos y deseando ciertas cosas y guardándonos de ciertas cosas?». Pues ni somos nosotros ni vivimos usando a otros; pero« ánimo», diría alguien,« querido Colotario, nadie te impide esforzarte por ti mismo», enseñando que la naturaleza de Colotes es el propio Colotes y nada más, ni usar las cosas, y las cosas son para vosotros placeres, señalando que no hay naturaleza de pasteles ni de olores ni de acercamiento, sino que los pasteles, los perfumes y las mujeres son el gramático, que« la fuerza hercúlea» es el propio Heracles, anula a Heracles; ni los que dicen que las armonías y las apariencias son solo expresiones no dicen que también existen sonidos y vigas; donde incluso algunos, al anular el alma y la prudencia, no parecen anular el vivir ni el pensar. Y al decir Epicuro que la naturaleza de los seres son cuerpos y lugar,¿ cómo escuchamos esto, como si quisiera decir otra cosa la naturaleza aparte de los seres, o como si declarara los seres y nada más? Como, sin duda, suele llamar naturaleza del vacío al propio vacío, y, por Zeus, naturaleza del todo a todo. Y si alguien preguntara:«¿ Qué dices, Epicuro, que una cosa es el vacío y otra la naturaleza del vacío?».«¡ Por Zeus!», dirá,« pero se ha considerado de alguna manera tal trato de los nombres, y por convención lo digo yo también».¿ Qué otra cosa, pues, ha hecho Empédocles, por Zeus, al enseñar que la naturaleza no es nada aparte de lo que nace ni la muerte aparte de lo que muere? Pero, como los poetas a menudo, al crear ídolos, dicen:« Y allí la Discordia, allí el Tumor se mezclaban, allí la funesta Parca», así llaman generación y corrupción la mayoría a lo que se reúne y se disuelve. Tanto le faltó para mover los seres y luchar contra los fenómenos, que ni siquiera expulsó la voz de la costumbre, sino que, al quitar lo que proporcionaba engaño a las cosas, devolvió de nuevo a los nombres lo acostumbrado en ellos:« Y cuando, mezclado entre los hombres, llega la luz del éter, o entre el género de las fieras salvajes o de los arbustos o de las aves, entonces dicen que ha nacido; y cuando se separan, lo llaman de nuevo destino funesto, y yo lo digo por convención». Lo que Colotes, al citar, no comprendió, que Empédocles no ha anulado a los hombres, fieras, arbustos y aves, que dice que se realizan al mezclarse los elementos, sino que se equivocan los que, al añadir a esta reunión y separación una naturaleza y un destino funesto y una muerte errante, no quitó el usar las voces acostumbradas sobre ellos.
12
A mí, sin embargo, me parece que Empédocles no mueve esto que es expresivo, sino que, como se ha dicho antes, discute fácticamente sobre la generación de lo que no es, a la que algunos llaman naturaleza; y lo muestra sobre todo a través de estos versos:«¡ Insensatos! Pues no tienen pensamientos de largo alcance, los que esperan que nazca lo que antes no era, o que algo muera y perezca por completo». Pues estos versos son de alguien que grita mucho a los que tienen oídos, que no anula la generación, sino la del no ser, ni la corrupción, sino la de todo, es decir, la que perece hacia el no ser. Pues para el que quiera calumniar no tan salvajemente ni tan estúpidamente, sino más suavemente, lo que sigue podría ofrecer una acusación hacia lo contrario, al decir Empédocles:« Un hombre sabio no adivinaría tales cosas en su mente, que mientras viven, lo que llaman vida, mientras tanto existen y tienen cosas terribles y buenas, pero antes de que los mortales se unieran y después de que se disolvieran, no son nada». Pues esto no es de alguien que niega que los que han nacido y viven existen, sino que cree que existen más incluso los que aún no han nacido y los que ya han muerto. Pero, en general, Colotes no ha reprochado esto, sino que dice que según él ni siquiera enfermaremos ni seremos heridos.¿ Y cómo el que está antes de la vida y después no deja el sufrir a los que viven?¿ A quiénes, pues, sigue verdaderamente el no ser herido ni enfermar, Colota? A vosotros, los que habéis surgido de átomo y vacío, a ninguno de los cuales pertenece la sensación. Y esto no es lo terrible, sino que ni siquiera hay placer que os lo produzca, al no recibir el átomo las cosas que producen y no sufrir el vacío por ellas.
13
Y puesto que Colotes quería enterrar a Parménides a continuación de Demócrito, y yo, al pasar por alto los suyos, me adelanté a los de Empédocles por seguir más sus primeros reproches, retomemos a Parménides. Lo que Colotes dice que él dice como sofismas vergonzosos, aquel hombre no hizo la amistad más despreciable, ni la búsqueda del placer más audaz, ni quitó lo que atrae hacia sí y por sí mismo al bien, ni perturbó las opiniones sobre los dioses; y al decir que el todo es uno, no sé cómo nos ha impedido vivir. Pues incluso Epicuro, cuando dice que el todo es infinito, ingénito e indestructible, y que no aumenta ni disminuye, habla como sobre una sola cosa, el todo; y al decir al principio del tratado que la naturaleza de los seres son cuerpos y vacío, ha hecho la división en dos, de los cuales uno no es nada realmente, pero es llamado por vosotros intocable, vacío e incorpóreo, de modo que también para vosotros el todo es uno, si no queréis usar voces vacías sobre el vacío, luchando contra las sombras de los antiguos. Pero, por Zeus, los cuerpos son infinitos en multitud según Epicuro, y cada uno de los fenómenos nace de ellos. Mira qué principios estableces para la generación, infinitud y vacío, de los cuales uno es inactivo, impasible, incorpóreo, y el otro desordenado, irracional, inabarcable, disolviéndose y perturbándose a sí mismo por no ser dominado ni definido por la multitud. Pero Parménides no ha anulado ni fuego ni agua ni precipicio ni ciudades, como dice Colotes, habitadas en Europa y Asia; quien incluso ha hecho un ordenamiento, y al mezclar elementos, lo brillante y lo oscuro, realiza de ellos y a través de ellos todos los fenómenos; pues ha dicho muchas cosas sobre la tierra y sobre el cielo y el sol y la luna y los astros, y narra la generación de los hombres y nada inefable, como hombre antiguo en fisiología, y al componer un escrito propio, no dejó pasar la corrupción de los ajenos. Y puesto que incluso antes de Platón y Sócrates vio que la naturaleza tiene algo opinable, y tiene también algo inteligible; y lo opinable es incierto y errante en muchas afecciones y cambios al disminuir y aumentar y estar de otra manera respecto a otro y no estar siempre de la misma manera respecto al mismo para la sensación; pero del inteligible hay otro tipo, pues es íntegro, inmutable e ingénito, como él mismo ha dicho, y semejante a sí mismo y permanente en el ser. Colotes, al calumniar esto desde la voz y al perseguir el discurso con el nombre, no con la cosa, dice simplemente que todo lo anula al establecer Parménides que el ser es uno. Pero él no anula ninguna de las dos naturalezas, sino que, al dar a cada una lo apropiado, pone en la idea de lo uno y el ser lo inteligible, llamándolo ser como eterno e indestructible, y uno por semejanza consigo mismo y por no recibir diferencia, y en lo desordenado y movido pone lo sensible; de los cuales también se puede ver el criterio:« El corazón inquebrantable de la verdad persuasiva», tocando lo inteligible y lo que está siempre de la misma manera,« y las opiniones de los mortales, en las que no hay fe verdadera», por tratar con cosas que reciben todo tipo de cambios, afecciones y desemejanzas. Aunque cómo podría haber dejado la sensación y la opinión, sin haber dejado lo sensible ni lo opinable, no se puede decir. Pero que al ser que realmente es le conviene permanecer en el ser, y estas cosas ahora son y ahora no son, y siempre se apartan y cambian la naturaleza, pensó que necesitaban más otra denominación que la de aquel ser. El discurso sobre que el ser es uno no era, pues, una anulación de los muchos y sensibles, sino una declaración de su diferencia respecto a lo inteligible; lo cual, al mostrarlo aún más Platón con el tratado sobre las formas, también él proporcionó una toma a Colotes.
14
Por eso también lo dicho contra este me parece que debe tomarse a continuación. Y primero consideremos el cuidado y la erudición del filósofo, al decir que a estas doctrinas de Platón han seguido Aristóteles, Jenócrates, Teofrasto y todos los peripatéticos.¿ Dónde, en qué parte de lo inhabitable, escribías el libro, para que, al componer estos reproches, no te encontraras con los tratados de aquellos ni tomaras en tus manos los libros de Aristóteles Sobre el cielo y Sobre el alma, los de Teofrasto contra los físicos, el Zoroastro de Heráclides, el Sobre los que están en el Hades, el Sobre las aporías físicas, los de Dicearco Sobre el alma, en los cuales, al oponerse a las cosas más importantes y mayores de los físicos, continúan luchando contra Platón? Y, de hecho, el más destacado de los otros peripatéticos, Estratón, no está de acuerdo con Aristóteles en muchas cosas y ha tenido doctrinas contrarias a Platón sobre el movimiento, sobre la mente, sobre el alma y sobre la generación; y al final dice que el mundo mismo no es un ser vivo, y que lo que es según la naturaleza sigue a lo que es según el azar; pues el automatismo da el principio, y luego así se termina cada una de las afecciones físicas. Las ideas, sobre las cuales reprocha a Platón, al moverlas Aristóteles por todas partes y al aplicarles toda aporía en los comentarios éticos, en los metafísicos, en los físicos, a través de los diálogos externos, pareció a algunos más contencioso que filosófico, de modo que, al proponerse refutar la filosofía de Platón, estaba tan lejos de seguirla.¿ De qué facilidad es, pues, sin haber aprendido lo que parece a los hombres, mentir sobre lo que no parece?¿ Y al estar convencido de refutar a otros, sacar a la luz una prueba autógrafa de ignorancia contra sí mismo y de audacia, al decir que están de acuerdo con Platón los que discrepan y que siguen los que contradicen?
15
Pero, en efecto, Platón dice que los caballos son caballos por nosotros en vano, y lo mismo los hombres.¿ Y dónde encontró Colotes esto oculto en los escritos de Platón? Pues nosotros leemos en todos ellos que tanto el hombre es considerado por él como hombre, el caballo como caballo y el fuego como fuego; y a cada una de estas cosas la llama opinable. Pero él, como si no estuviera ni un ápice alejado de la sabiduría, tomó como una misma cosa el no ser el hombre y el ser el hombre un no- ente. A Platón, en cambio, le parecía que difería admirablemente el no ser del ser no- ente; pues con lo primero se indica la supresión de toda esencia, y con lo segundo la alteridad entre lo participable y lo que participa. Esto, los que vinieron después, lo establecieron solo como una diferencia de género y especie, y de lo que se llama comúnmente y de lo propio, pero no avanzaron más allá, al caer en aporías más lógicas. Existe, pues, una relación de lo participable respecto a lo que participa, la cual tiene la causa respecto a la materia, el modelo respecto a la imagen y la potencia respecto a la afección. En esto es en lo que más difiere lo que es por sí mismo y lo mismo siempre de lo que es por otro y nunca se mantiene igual: porque lo primero ni será nunca no- ente ni ha llegado a serlo, y por esto es total y verdaderamente ente; mientras que de lo segundo ni siquiera es seguro que participe del ser en la medida en que le ha sobrevenido de otro, sino que se aparta por debilidad, dado que la materia resbala en torno a la forma y la imagen de la esencia es muchas afecciones y cambios, de modo que se mueve y se agita al recibirlos. Así pues, como quien dice que Platón no es la imagen de Platón no suprime la percepción y existencia de ella como imagen, sino que señala la diferencia entre algo que es por sí mismo y lo que ha llegado a ser otro respecto a aquello; así tampoco suprimen la naturaleza, el uso o la percepción de los hombres quienes, por la participación en una esencia común y por la idea, llaman a cada uno de nosotros imagen del que proporcionó la semejanza en la génesis. Pues ni siquiera quien dice que el hierro candente no es fuego, o que la luna no es el sol, sino, según Parménides, una luz ajena que vaga de noche alrededor de la tierra, suprime el uso del hierro o la naturaleza de la luna; sino que, si no dijera que es un cuerpo ni que está iluminado, entonces sí lucharía contra las percepciones, al igual que quien no deja cuerpo, ni ser vivo, ni génesis, ni percepción. Pero quien sospecha que estas cosas existen por haber participado y en la medida en que se apartan del ente que siempre les proporciona el ser, no pasa por alto lo sensible, sino que pasa por alto lo inteligible, ni suprime las afecciones que llegan a ser y aparecen en torno a nosotros, sino que señala a sus seguidores que hay otras cosas más firmes y permanentes respecto a la esencia por no llegar a ser, ni perecer, ni padecer nada, y enseña a quienes se ocupan de la diferencia de manera más pura a llamar a unas cosas entes y a otras cosas que llegan a ser. Y esto es lo que les ha sucedido a los más modernos; pues privan de la denominación de ente a muchas y grandes cosas: el vacío, el tiempo, el lugar, simplemente el género de los enunciables, en el cual están contenidas todas las verdades; pues dicen que estas cosas, siendo, no son, pero continúan usándolas como si subsistieran y existieran en la vida y en la filosofía.
16
Pero me gustaría preguntar al propio acusador si no ven en sus propios asuntos esta diferencia, según la cual unas cosas son permanentes e inmutables en sus esencias, como dicen ellos que los átomos, por su impasibilidad y solidez, se mantienen siempre igual durante todo el tiempo, mientras que todos los compuestos son fluidos, cambiantes, y llegan a ser y perecen, al alejarse y fluir siempre miríadas de imágenes, y al afluir, como es natural, otras miríadas desde el entorno y rellenar el agregado, el cual se diversifica y se mezcla de nuevo por este cambio, dado que incluso los átomos en la profundidad del compuesto no pueden cesar nunca de movimiento ni de vibraciones entre sí, como ellos mismos dicen. Pero existe en las cosas tal diferencia de esencia;¿ es Epicuro más sabio que Platón al llamar a todas las cosas entes por igual, el vacío que no se toca, el cuerpo que resiste, los principios, los compuestos, creyendo,¡ por Zeus!, que participan de una esencia común lo eterno con lo que llega a ser, lo imperecedero con lo que perece, las naturalezas impasibles, duraderas, inmutables y que nunca pueden caer fuera del ser con aquellas que, al padecer y cambiar, tienen el ser, las que no se mantienen igual en ningún tiempo? Y si, en efecto, Platón se equivocó en esto tanto como es posible, debería haber rendido cuentas de la confusión de nombres ante estos que hablan griego con mayor precisión y pureza, no tener la culpa de suprimir las cosas y sacarnos de la vida porque llamó a las cosas que llegan a ser no- entes, tal como hacen ellos.
17
Pero puesto que pasamos por alto a Sócrates después de Parménides, hay que retomar inmediatamente lo que Colotes ha movido desde el altar. Y tras relatar que Querefonte trajo un oráculo de Delfos sobre Sócrates, que todos conocemos, ha dicho esto. Por tanto, omitiremos el relato de Querefonte por ser completamente sofístico y vulgar.¿ Es entonces vulgar Platón, el que registró este oráculo, por no mencionar a los otros? Pero más vulgares son los lacedemonios, que tienen el oráculo sobre Licurgo en los registros más antiguos. Y era un relato sofístico el de Temístocles, con el cual, al persuadir a los atenienses de abandonar la ciudad, derrotó al bárbaro. Y vulgares son los legisladores de Grecia, que establecieron la mayoría y las más importantes de las cosas sagradas por oráculo de Pitia. Si, pues, el oráculo traído sobre Sócrates, un hombre que llegó a estar poseído por la divinidad en cuanto a la virtud, como si fuera sabio, era vulgar y sofístico,¿ con qué nombre llamemos dignamente a vuestros bramidos, aullidos, aplausos, veneraciones y divinizaciones con los que os dirigís y celebráis al que exhorta a placeres continuos y frecuentes? Quien en la carta a Anaxarco ha escrito esto: Yo os exhorto a placeres continuos y no a virtudes, que tienen esperanzas de frutos vacías, vanas y turbulentas. Pero, sin embargo, Metrodoro, al exhortar a Timarco, dice: hagamos algo bello sobre lo bello, casi sumergiéndonos en las mismas afecciones y apartándonos de la vida terrenal hacia los verdaderamente teofánicos misterios de Epicuro. Y el propio Colotes, escuchando a Epicuro filosofar sobre la naturaleza, de repente cayó ante sus rodillas, y esto lo escribe el propio Epicuro vanagloriándose: pues al venerar tú lo que entonces decíamos, te sobrevino un deseo no fisiológico de abrazarnos, tocando las rodillas y llegando a ser de toda la habitual aprehensión, honrando según las veneraciones y súplicas. Hacías, pues, dice, que nosotros también te consagráramos a ti y te veneráramos a cambio.¡ Cosas perdonables, por Zeus, para quienes dicen que comprarían todo por ver una imagen pintada de aquella visión, del que cae a las rodillas y abraza, y del otro que suplica y adora a cambio! Sin embargo, este tratamiento, aunque bien compuesto por Colotes, no tuvo un fruto digno; pues no fue proclamado sabio, sino solo: camina incorruptible conmigo, dice, y piensa que nosotros también somos incorruptibles.
18
Tales palabras, movimientos y afecciones, sin embargo, conociéndolos en sí mismos, llaman a otros vulgares. Y, en efecto, Colotes, tras exponer estas cosas sabias y bellas sobre las percepciones, que tomamos alimentos y no hierba, y que los ríos, cuando son grandes, los cruzamos en barcos, y cuando son fáciles de cruzar, a pie, ha exclamado: Pero, en verdad, practicaste discursos de charlatán, oh Sócrates, y decías unas cosas a los que te encontrabas y hacías otras.¿ Pues cómo no son charlatanes los discursos de Sócrates, que afirmaba no saber nada, sino aprender siempre y buscar la verdad? Pero si, oh Colotes, te encontraste con tales voces de Sócrates, como las que Epicuro escribe a Idomeneo: Envía, pues, primicias para nosotros para el cuidado del cuerpo sagrado, tanto por ti como por tus hijos; pues así me viene a decir:¿ con qué palabras más rústicas te habrías servido? Y ciertamente, que Sócrates decía unas cosas y hacía otras, te lo atestiguan admirablemente los hechos en Delio, en Potidea, bajo los Treinta, ante Arquelao, ante el pueblo, la pobreza, la muerte; pues no son dignas estas cosas de los discursos socráticos. Aquel era, oh bienaventurado, un examen contra Sócrates, que decía unas cosas y hacía otras, si habiéndose propuesto el vivir placenteramente, vivió así.
19
Estas cosas, pues, contra las blasfemias. Pero que él mismo es culpable de aquello de lo que acusa sobre las cosas evidentes, no se dio cuenta. Pues uno de los dogmas de Epicuro es que nadie está persuadido inalterablemente de nada, excepto el sabio. Puesto que, por tanto, Colotes no era sabio ni siquiera después de aquellas veneraciones, que pregunte primero aquellas preguntas:¿ cómo toma alimentos y no hierba, siendo sensato, y se pone el manto en el cuerpo y no en la columna, no estando persuadido inalterablemente de que el manto sea manto ni el alimento alimento? Y si hace estas cosas y no cruza los ríos a pie cuando son grandes, y huye de las serpientes y de los lobos, estando persuadido inalterablemente de que nada de esto es como parece, sino haciendo cada cosa según lo que parece; tampoco a Sócrates, supongo, le impedía la opinión sobre las percepciones usar las cosas que parecen de igual manera. Pues no es que a Colotes el pan le pareciera pan y la hierba hierba porque había leído los Cánones caídos del cielo; y Sócrates, por charlatanería, tomara la representación del pan como hierba y la de la hierba como pan. Pues estos sabios usan nuestros dogmas y discursos mejores; pero el percibir y ser impresionado por lo que parece es una afección común que se cumple por causas irracionales. Pero el discurso que introduce las percepciones, como no siendo precisas ni seguras para la creencia, no suprime el que cada una de las cosas nos parezca, sino que, al usar nosotros las percepciones para las acciones según lo que parece, no les da el creer que son verdaderas en todo y sin error; pues basta de ellas lo necesario y útil, porque no hay otra cosa mejor; pero la ciencia y el conocimiento sobre cada cosa que el alma filósofa desea obtener, no las tienen.
20
Sobre estas cosas, pues, Colotes dará ocasión de hablar de nuevo, habiendo acusado de lo mismo a muchos. Pero en lo que se burla completamente y desprecia a Sócrates buscando qué es el hombre y jactándose, como dice, de que ni él mismo lo sabe, es evidente que él mismo nunca se ha ocupado de esto; pero Heráclito, como si hubiera logrado algo grande y solemne, dice: me busqué a mí mismo, y de las letras en Delfos parecía la más divina el conócete a ti mismo, lo cual también dio a Sócrates el comienzo de esta aporía y búsqueda, como ha dicho Aristóteles en los Platónicos; pero a Colotes le parece ridículo.¿ Por qué, pues, no se burla también de su maestro, que hace esto mismo, cuantas veces escribe y diserta sobre la esencia del alma y sobre el conjunto del principio? Pues si el hombre es lo que resulta de ambos, como ellos mismos pretenden, de tal cuerpo y alma, quien busca la naturaleza del alma busca la naturaleza del hombre desde el principio más soberano. Y que esto es difícil de contemplar con el discurso e inalcanzable con la percepción, no lo tomemos de Sócrates, hombre sofista y charlatán, sino de estos sabios, que, al componer la esencia del alma hasta las potencias de la carne, con las cuales proporciona calor, blandura y tensión al cuerpo, desde algo caliente, espiritual y aéreo, no llegan a lo más soberano, sino que desisten. Pues dice que aquello con lo que juzga, recuerda, ama y odia, y en general lo prudente y racional, proviene de una cualidad innombrable. Y que esto es una confesión de ignorancia avergonzada, al decir que no tienen nombre para lo que no pueden comprender, lo sabemos; pero que tenga perdón también esto, como dicen. Pues parece que no es algo trivial, ni fácil, ni de cualquiera el comprenderlo, sino que está metido en un lugar aporético y terriblemente oculto, para el cual no hay nombre alguno entre tantos que sea propio para su manifestación. No es, pues, Sócrates un necio por buscarse a sí mismo, sino todos aquellos a quienes se les ocurre buscar cualquier otra cosa antes que esto, porque, siendo el conocimiento necesario, es difícil de encontrar así; pues no podría esperar obtener ciencia de otra cosa, habiendo huido de comprender lo más soberano de sí mismo.
21
Pero concediéndole que nada es tan inútil ni vulgar como buscarse a sí mismo, preguntemos qué confusión de la vida es esta o cómo no puede un hombre permanecer en el vivir cuando, por casualidad, reflexiona consigo mismo: vamos,¿ quién soy yo que resulto ser?¿ Acaso como una mezcla compuesta tanto del alma como del cuerpo?¿ O más bien el alma usando el cuerpo, como un jinete usando un caballo, no lo que resulta del caballo y del hombre?¿ O es cada uno de nosotros lo más soberano del alma, con lo que pensamos, razonamos y actuamos, y el resto son todas partes del alma e instrumentos del cuerpo de esta potencia?¿ O no hay en absoluto esencia del alma, sino que el propio cuerpo mezclado ha tenido la potencia de pensar y vivir? Pero con estas cosas Sócrates no suprime la vida, que es lo que todos los físicos buscan; pero aquellas eran las cosas terribles y perturbadoras de los asuntos en el Fedro, al creer que debía reconsiderarse a sí mismo, si es una bestia más complicada y más deseosa que Tifón o si participa por naturaleza de una suerte divina y sin soberbia. Pero con estos razonamientos no suprimía la vida, sino que expulsaba de la vida el aturdimiento, la soberbia, las pesadas y enormes presunciones y jactancias; pues esto es Tifón, a quien vuestro maestro os ha infundido en gran medida, luchando tanto contra los dioses como contra los hombres divinos.
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Después de Sócrates y Platón, lucha contra Estilpón, y no ha escrito los verdaderos dogmas y los discursos del hombre, con los cuales se adornaba a sí mismo, a su patria, a sus amigos y a los reyes que se interesaron por él, ni cuánto era el orgullo en su alma junto con la mansedumbre y la moderación; pero de las cosas que, jugando y usando la risa, proponía a los sofistas como pequeños discursos, mencionando uno y sin decir nada sobre esto ni resolver la probabilidad, le aplica una tragedia a Estilpón y dice que la vida es suprimida por él, al decir que una cosa no se predica de otra. Pues¿ cómo viviremos, no diciendo hombre bueno ni hombre estratega, sino hombre hombre por separado y bueno bueno y estratega estratega, ni diez mil jinetes ni ciudad fortificada, sino jinetes jinetes, y diez mil diez mil, y las otras cosas de igual manera?¿ Y quién vivió peor de los hombres por estas cosas?¿ Y quién, al oír el discurso, no comprendió que es de alguien que juega con elegancia o que propone esto como ejercicio dialéctico para otros? No es terrible, oh Colotes, no decir hombre bueno ni diez mil jinetes; sino no decir que el dios es dios ni creerlo, lo cual hacéis vosotros al no querer admitir que Zeus sea genetliaco, ni Deméter legisladora, ni Poseidón nutridor; esta separación de los nombres es perversa y llena la vida de una negligencia impía y de audacia, cuando, al arrancar las denominaciones unidas a los dioses, suprimís a la vez sacrificios, misterios, procesiones, fiestas. Pues¿ a quién sacrificaremos las primicias?¿ A quién las salvaciones?¿ Cómo celebraremos las fiestas de la luz, las bacanales, los ritos nupciales, no dejando ni bacantes, ni portadores de luz, ni primicias, ni salvadores? Pues estas cosas tocan lo más soberano y lo más grande, teniendo el engaño en los asuntos, no en algunas voces ni en la sintaxis de los enunciables ni en la costumbre de los nombres. Pues si también estas cosas trastornan la vida,¿ quiénes más que vosotros cometen faltas contra el discurso, vosotros que suprimís por completo el género de los enunciables que proporciona esencia al discurso, dejando solo las voces y las cosas que ocurren, pero diciendo que las cosas significadas intermedias, a través de las cuales llegan a ser aprendizajes, enseñanzas, prenociones, intelecciones, impulsos, asentimientos, no son en absoluto?
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No obstante, lo de Estilpón es de tal tipo. Si predicamos el correr sobre el caballo, no dice que lo que se predica sea lo mismo que aquello sobre lo que se predica, sino otro; ni si lo bueno sobre el hombre, sino que es otro el discurso del qué era ser para el hombre, y otro para lo bueno; y de nuevo que el ser caballo difiere del ser corredor; pues al ser exigidos el discurso de cada uno, no devolvemos el mismo sobre ambos. De donde se equivocan los que predican una cosa de otra. Pues si lo bueno es lo mismo que el hombre y el correr lo mismo que el caballo,¿ cómo predicamos lo bueno tanto del alimento como del fármaco, y, por Zeus, de nuevo el correr tanto del león como del perro? Y si es otro, no decimos correctamente hombre bueno y caballo corredor. Si, pues, en estas cosas Estilpón desangra amargamente, no dejando ninguna unión de las cosas dichas en el sujeto y sobre el sujeto respecto al sujeto, sino que cada una de ellas, si no se dice que es completamente lo mismo que aquello a lo que le ha sobrevenido, ni pensando que deba decirse sobre él como un accidente, enfadándose con algunas voces y oponiéndose a la costumbre, no es evidente que suprima la vida ni las cosas.
24
Pero Colotes, habiendo terminado con los antiguos, se vuelve hacia los filósofos de su tiempo, sin poner el nombre de ninguno; aunque hubiera estado bien también examinar a estos por su nombre o no examinar a los antiguos. Pero el haber puesto tantas veces a Sócrates, a Platón y a Parménides bajo la pluma, es evidente que se acobardó ante los vivos, no moderándose por el respeto que no concedió a los mejores. Quiere, supongo, examinar primero a los cirenaicos, y en segundo lugar a los académicos de Arcesilao. Pues estos eran los que suspendían el juicio sobre todas las cosas, y aquellos, al poner las afecciones y las representaciones en sí mismos, no creían que la creencia proveniente de estas fuera suficiente para las confirmaciones sobre las cosas; sino que, como en un asedio, al apartarse de las cosas externas, se encerraron en las afecciones, poniendo lo que parece y no declarándose más sobre las cosas externas. Por eso dice Colotes que ellos no pueden vivir ni usar las cosas. Luego, haciendo comedia, dice: estos no dicen que el hombre, el caballo y la pared sean, sino que ellos mismos son emparedados, encaballados y enhombrados, usando mal los nombres, como los sicofantes. Pues, sin duda, esto sigue a los hombres; pero debía, como ellos enseñan, manifestar lo que llega a ser; pues dicen que se endulzan, se amargan, se enfrían, se calientan, se iluminan y se oscurecen, teniendo cada una de estas afecciones la energía propia en sí misma e indivisible; pero si la miel es dulce, el brote amargo, el granizo frío, el vino puro caliente y el aire de la noche oscuro, ser contradichos por muchos, tanto por bestias como por cosas y hombres, unos disgustándose de la miel, otros aceptando el brote, quemándose por el granizo, enfriándose por el vino y viendo borroso ante el sol y viendo de noche. De donde la opinión, al permanecer en las afecciones, mantiene lo que no yerra, pero al salir y ser curiosa al juzgar y declarar sobre las cosas externas, se perturba a sí misma muchas veces y lucha contra otros que, desde las mismas cosas, toman afecciones contrarias y representaciones diferentes.
25
Pero Colotes parece padecer lo mismo que los niños que aprenden las letras recientemente, quienes, acostumbrándose a decir los caracteres en las tablillas, cuando los ven escritos fuera en otras, dudan y se perturban; pues también este, los discursos que abraza y ama en los escritos de Epicuro, no los comprende ni los reconoce cuando son dichos por otros. Pues ellos, si al caernos una imagen redonda y otra quebrada, dicen que la percepción es impresa verdaderamente, pero no permitiendo declarar además que la torre es redonda y el remo está quebrado, confirman sus propias afecciones y representaciones, pero no quieren admitir que las cosas externas sean así; sino que, como para aquellos hay que decir el encaballarse y el emparedarse, no caballo ni pared, así, por tanto, el redondearse y el quebrarse la vista, no es necesario decir que el remo y la torre sean quebrados ni redondos; pues la imagen, por la cual ha padecido la vista, está quebrada; pero el remo, del cual es la imagen, no está quebrado. Teniendo, pues, diferencia la afección respecto al sujeto externo, o hay que permanecer en la afección con la creencia o ser examinada la que declara además el ser por el parecer. Pero el gritar ellos y enfadarse por la percepción, como que no dicen que lo externo sea caliente sino que la afección en ella ha llegado a ser tal;¿ acaso no es lo mismo que lo dicho sobre el gusto, que dicen que lo externo no es dulce, sino que una afección y un movimiento en ella ha llegado a ser tal? Pero quien dice que toma una representación con forma humana, si es hombre, no percibir,¿ de dónde ha tomado los principios?¿ No de los que dicen que toma una representación con forma curva, y si es curva, no declarar además la vista ni que es redonda, sino que un fantasma en ella y una impresión redonda ha llegado a ser?¡ Por Zeus!, dirá alguien, pero yo, acercándome a la torre y tocando el remo, declararé que la una es recta y el otro poligonal; pero aquel, incluso si se acerca, admitirá el parecer y el aparecer, pero nada más.¡ Por Zeus!, más que tú, oh excelente, viendo y guardando lo consecuente, que toda representación es igualmente digna de crédito sobre sí misma, pero sobre otra ninguna, sino que se mantienen por igual. A ti se te va el que todas sean verdaderas, y ninguna increíble ni falsa, si crees que debes declarar además sobre las cosas externas, mientras que de aquellas no creías nada más que el padecer. Pues si se mantienen por igual al estar cerca y al estar lejos respecto a la creencia, o es justo seguir a todas o no seguir ni a estas el juicio que declara además el ser; pero si llega a ser diferencia de la afección al apartarse y al acercarse, es falso que ni representación ni percepción sea más evidente que otra, como las que llaman testimonios y contradicciones no son nada contra la percepción sino contra la opinión; de modo que si mandan declarar sobre las cosas externas siguiendo a estas, haciendo el ser juicio de la opinión y lo que parece afección de la percepción, trasladan el juicio desde lo absolutamente verdadero a lo que muchas veces falla.
26
Pero estas cosas, de cuánta perturbación y lucha contra sí mismas están llenas,¿ qué necesidad hay de decir en el presente? Pero la opinión de Arcesilao parece molestar no moderadamente a Epicuro, siendo amado en aquellos tiempos sobre todo de los filósofos; pues dice que, no diciendo nada propio, infunde suposición y opinión a hombres iletrados, siendo él mismo muy instruido y culto. Pero Arcesilao estaba tan lejos de amar una opinión de novedad y de suponer algo de los antiguos, que acusaba a los sofistas de entonces, porque restriega a Sócrates, a Platón, a Parménides y a Heráclito los dogmas sobre la suspensión del juicio y la incomprensibilidad, no necesitándolos, sino haciendo como una derivación y confirmación de ellos hacia hombres ilustres. Sobre esto, pues, gracias a Colotes y a todo el que declara que el discurso académico viene desde arriba hacia Arcesilao. Pero la suspensión sobre todas las cosas no la movieron ni los que trabajaron mucho y tensaron hacia esto escritos y discursos; sino que, terminando desde la propia Estoa, como una Gorgona, al traer la inacción, desistieron, como a ellos, que intentan y giran todo, no les obedeció el impulso de llegar a ser asentimiento ni aceptó la percepción como principio de la inclinación, sino que desde sí misma apareció conductora hacia las acciones, no necesitando ser añadida. Pues legítimos son los combates contra aquellos, y cualquier palabra que dijeras, tal podrías escuchar. Pero para Colotes, creo, las cosas sobre el impulso y el asentimiento son como la escucha de la lira para un asno. Se dice a los que siguen y escuchan, que, siendo tres los movimientos en torno al alma, el representativo, el impulsivo y el asentidor, el representativo ni queriendo es posible suprimirlo, sino que es necesario, al encontrarse con las cosas, ser impresionado y padecer por ellas; el impulsivo, despertado por el representativo hacia lo propio, mueve al hombre prácticamente, como si llegara a ser una inclinación en el dirigente y una inclinación; tampoco esto, pues, suprimen los que suspenden sobre todas las cosas, sino que usan el impulso que conduce naturalmente hacia lo que parece propio.¿ Qué es, pues, lo que huyen solo? Aquello en lo que solo se infunde falsedad y engaño, el opinar y precipitar el asentimiento, siendo una cesión por debilidad a lo que parece, no teniendo nada útil. Pues la acción necesita de dos cosas, de la representación de lo propio y del impulso hacia lo que parece propio, de las cuales ninguna lucha contra la suspensión; pues el discurso no aparta de la opinión, no del impulso ni de la representación. Cuando, pues, parece lo dulce propio, no hay necesidad de opinión para el movimiento y la tendencia hacia ello, sino que vino inmediatamente el impulso, siendo movimiento y tendencia del alma.
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Y, en efecto, de estas mismas cosas, como que es necesario tener percepción y ser de carne, aparecerá que el placer es un bien. Por tanto, también al que suspende le parecerá un bien; pues participa de la percepción y es de carne; y al tomar la representación de un bien, desea e impulsa, haciendo todo para no dejarlo escapar, sino que, como es posible, siempre estará con lo propio, siendo arrastrado por necesidades naturales, no geométricas; pues sin maestro, estas cosas bellas, suaves y agradables movimientos de la carne lo provocan, como dicen estos mismos, incluso al que dice que no y no admite ser doblado y ablandado por estas cosas. Pero¿ cómo el que suspende no se va corriendo a la montaña sino al baño, ni camina hacia la pared sino hacia las puertas, queriendo salir a la plaza?¿ Preguntas esto, diciendo que los sentidos son precisos y las representaciones verdaderas? Porque le parece, supongo, baño y no la montaña, sino el baño, y puerta y no la pared, sino la puerta; y de las otras cosas cada una de igual manera. Pues el discurso de la suspensión no desvía la percepción, ni produce alteración en sus afecciones irracionales y movimientos que perturbe lo representativo, sino que suprime solo las opiniones, usa las otras como han nacido. Pero es imposible no asentir a las cosas evidentes, el negar las cosas creídas es más irracional que ni negar ni poner.¿ Quién, pues, mueve las cosas creídas y lucha contra las evidentes? Los que suprimen la adivinación y dicen que existe providencia de los dioses, ni que el sol sea animado ni la luna, a quienes todos los hombres sacrifican, rezan y veneran.¿ No suprimís lo que parece a todos que lo que engendra contiene por naturaleza a los engendrados?¿ Y no declaráis que no hay nada intermedio entre el dolor y el placer, no diciendo que el placer es el no doler y el padecer el no decir?
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Pero, por no mencionar otras cosas,¿ qué hay tan evidente y digno de crédito como el pasar por alto y no oír nada estando en estados extáticos y melancólicos, cuando la mente sufre y se perturba de tal modo que«¡ las portadoras de antorchas, vestidas de negro, me queman los ojos y me tienen!»? Sin embargo, estas cosas y muchas otras más trágicas que estas, semejantes a los prodigios de Empédocles de los que se burlan—« de pies tortuosos»,« de manos indistintas»,« nacidos de buey y de rostro humano»—, y, en fin,¿ qué aspecto o naturaleza monstruosa no han reunido en un mismo lugar a partir de los sueños y los delirios, diciendo que nada de esto es una ilusión, ni una falsedad, ni algo inconsistente, sino que todas son fantasías verdaderas, cuerpos y formas que llegan desde el entorno? Entonces,¿ hay algo de lo que existe que sea imposible de creer, si es posible creer esto? Pues lo que ningún artesano, ni hacedor de prodigios, ni pintor hábil se atrevió a mezclar para engañar con simulacros y juegos, ellos lo postulan como existente por seriedad; o más bien, en absoluto, al afirmar que si esto no existiera, la fe, la certeza y el juicio de la verdad desaparecerían, ellos mismos arrojan todas las cosas a la oscuridad e introducen temores en los juicios y sospechas en las acciones, si lo que hacemos, lo que consideramos, lo que es habitual y lo que tenemos entre manos se mueve sobre la misma fantasía y fe que esos fantasmas maníacos, absurdos e ilegales. Pues la igualdad que suponen para todo, más que añadir fe a lo irracional, aleja de lo establecido. De ahí que sepamos que no pocos filósofos habrían preferido establecer que ninguna fantasía es verdadera a que todas lo sean, y habrían desconfiado más de los hombres, las cosas y los discursos en general que no encuentran, que haberse convencido de que una sola de aquellas fantasías que reciben mientras están delirando, coribantizando o durmiendo es verdadera y existente. Por tanto, lo que es posible refutar, y lo que es posible suspender el juicio sobre ello— si no otra cosa, al menos tomando esta discrepancia como causa suficiente de sospecha hacia las cosas—, ni siquiera así es nada sano, sino que tiene toda la oscuridad y confusión. Pues en las infinitudes de mundos, en las naturalezas de los átomos, en las partes indivisibles y en las desviaciones, aunque perturben a muchísimos, hay, sin embargo, un consuelo: que nada está cerca, o más bien, que cada una de las cosas buscadas está alejada más allá de la percepción; pero esta desconfianza, ignorancia y confusión en los ojos, los oídos y las manos respecto a lo sensible y a las fantasías, sean verdaderas o falsas,¿ qué opinión no sacude?¿ Qué asentimiento y juicio no pone patas arriba? Pues si no son hombres embriagados, ni drogados, ni delirantes, sino sobrios, sanos y que escriben sobre la verdad, las normas y los criterios, quienes en los estados y movimientos más evidentes de la percepción consideran que lo inexistente es verdadero o que lo verdadero es falso e inexistente, no es digno de asombro si guardan silencio sobre todo, sino si asienten a algunos hombres en absoluto; ni es increíble si no tienen juicio sobre los fenómenos, sino si tienen los contrarios. Pues, respecto a decir cosas contrarias entre sí y opuestas, el no establecer ninguna de las dos, sino suspender el juicio sobre los opuestos, uno lo admiraría menos; pues el que no establece ni niega, sino que guarda silencio, lucha menos contra el que establece la opinión que el que niega, y contra el que niega menos que el que establece. Y si es posible suspender el juicio sobre estas cosas, tampoco es imposible sobre las otras, según vosotros, que consideráis que la percepción de la percepción y la fantasía de la fantasía no difieren en absoluto.
29
Por tanto, el discurso sobre la suspensión del juicio no es un mito ni una caza de jóvenes petulantes y precipitados, como cree Colotes, sino un hábito y una disposición de hombres que preserva lo infalible y no entrega el juicio a las percepciones tan calumniadas y vacilantes, ni se deja engañar junto con aquellos que afirman que los fenómenos tienen fe de lo invisible, viendo tanta desconfianza y oscuridad en los fenómenos. Pero el mito es la infinitud y los ídolos, y la precipitación y la petulancia las infunde a los jóvenes el que escribe sobre Pitocles, que aún no tiene dieciocho años, que no hay naturaleza en toda Grecia mejor y que él mismo lo anuncia bien de forma prodigiosa, y que él mismo padece lo de las mujeres, deseando que todo sea irreprochable y libre de envidia por la exageración del joven.¿ Y acaso no son sofistas y fanfarrones los que escriben de manera tan licenciosa y arrogante contra hombres ilustres? Aunque Platón, Aristóteles, Teofrasto y Demócrito han refutado a los anteriores; pero ningún otro se atrevió a publicar un libro con tal inscripción contra todos a la vez.
30
De ahí que, como los que han cometido una falta contra lo divino, al final del libro, confesando sus propios males, dice que quienes ordenaron las leyes, las costumbres y el que las ciudades sean gobernadas por reyes y magistrados, las establecieron para gran seguridad y tranquilidad y las libraron de disturbios; y si alguien destruye esto, viviremos una vida de fieras y el primero que pase se comerá casi al que encuentre. Pues esto es lo que Colotes ha proclamado con sus propias palabras, no de manera justa ni verdadera. Pues si alguien, al eliminar las leyes, dejara los dogmas de Parménides, Sócrates, Heráclito y Platón, estaremos muy lejos de comernos unos a otros y de vivir una vida de fieras; pues temeremos las cosas vergonzosas y honraremos la justicia por el bien, considerando que tenemos a dioses gobernantes buenos y demonios como guardianes de la vida, y no poniendo el oro sobre la tierra y bajo la tierra como equivalente a la virtud, y haciendo voluntariamente por la razón, dice Jenócrates, lo que ahora hacemos involuntariamente por la ley.¿ Cuándo, pues, será nuestra vida bestial, salvaje e insociable? Cuando se eliminen las leyes, pero permanezcan los discursos que invitan al placer, no se crea en la providencia de los dioses, se considere sabios a los que escupen sobre lo bello si el placer no está presente, y se burlen y rían de esto:« Existe un ojo de la Justicia que todo lo ve», pues« el dios, estando cerca, mira desde el lado». Y el dios, como dice el antiguo discurso, teniendo principio, medios y fin de todo, lo recorre todo en línea recta según la naturaleza; y a él le sigue la Justicia, vengadora de los que abandonan la ley divina. Pues los que desprecian esto como mitos y consideran que el bien está en el vientre y en los otros medios a través de los cuales llega el placer, necesitan ley, miedo, golpe y algún rey y gobernante que tenga la justicia en la mano, para que no se coman a sus vecinos por una glotonería envalentonada por la impiedad. Pues también la vida de las fieras es tal, porque no conoce nada más bello que el placer, ni conoce la justicia de los dioses, ni respeta la belleza, sino que, si hay algo audaz, astuto o activo en ellas por naturaleza, lo usa para el placer de la carne y la satisfacción del deseo; tal como cree que debe hacer el sabio Metrodoro, diciendo que todos los descubrimientos bellos, sabios y extraordinarios del alma existen por causa del placer según la carne y de la esperanza sobre este, y que toda obra es vana si no tiende a esto. Con estos razonamientos y filosofemas, al ser eliminadas las leyes, faltan las garras de los lobos, los dogmas de los leones, los vientres de los bueyes y los cuellos de los camellos, y estos padecimientos y dogmas, por falta de discursos y escritos, las fieras[ los expresan] con rugidos y relinchos, y toda voz es para ellos vientre y placer de la carne, halagando lo presente o lo futuro, a menos que algo sea por naturaleza amante del sonido y charlatán.
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Por tanto, ningún elogio sería digno de los que establecieron leyes, constituciones, magistraturas y la ordenación de leyes para estos padecimientos bestiales. Pero,¿ quiénes son los que confunden, disuelven y destruyen esto de raíz?¿ No son los que se apartan a sí mismos y a los que se acercan a ellos de la vida política?¿ No son los que dicen que la corona de la ataraxia es incomparable con los grandes gobiernos?¿ No son los que declaran que reinar es un error y una caída, y escriben con sus propias palabras que hay que decir cómo uno conservará mejor el fin de la naturaleza y cómo uno, queriendo, no se acercará desde el principio a las magistraturas de las multitudes? Y además de esto,¿ ya no hay necesidad de salvar a los griegos ni de obtener de ellos una corona por sabiduría, sino de comer y beber, oh Timócrates, de forma inofensiva para la carne y placentera? Pero, ciertamente, de la ordenación de las leyes que incluso Colotes elogia, lo primero y más importante es la opinión sobre los dioses, y Licurgo a los lacedemonios, Numa a los romanos, el antiguo Ion a los atenienses y Deucalión a los griegos, casi a todos, los consagraron, estableciéndolos apasionados hacia lo divino mediante esperanzas y miedos a la vez, con oraciones, juramentos, oráculos y rumores. Y encontrarías, recorriendo, ciudades sin murallas, sin letras, sin reyes, sin casas, sin riquezas, que no necesitan moneda, ignorantes de teatros y gimnasios, pero de una ciudad sin templos y sin dios, que no use oraciones, ni juramentos, ni oráculos, ni sacrificios por los bienes ni para alejar los males, no hay ni habrá espectador; sino que una ciudad me parece que podría obtener una constitución sin suelo antes que sin la opinión sobre los dioses, o, habiéndola obtenido, conservarla. Sin embargo, este fundamento y base que mantiene toda sociedad y legislación, no rodeándolo en círculo ni en secreto y a través de enigmas, sino atacando la primera de las opiniones más importantes, la derriban inmediatamente. Entonces, como si fueran impulsados por un castigo, confiesan hacer cosas terribles, confundiendo las costumbres y destruyendo las ordenaciones de las leyes, para que ni siquiera obtengan perdón. Pues errar sobre una opinión, aunque no sea de sabios, es, sin embargo, humano; pero acusar a otros de lo que ellos mismos hacen,¿ cómo podría uno decirlo, ahorrando los nombres dignos?
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Pues si, escribiendo a Antidoro o a Bión el sofista, hubiera mencionado leyes, constitución y ordenación,¿ no le habría dicho alguien:« Quédate, oh desdichado, tranquilo en tu lecho envolviendo tu cuerpecito, y que los que han vivido de manera económica y política me acusen sobre esto»? Y estos son todos aquellos a quienes Colotes ha insultado. De los cuales Demócrito exhorta a aprender el arte político, siendo el más grande, y a perseguir los trabajos de los que provienen las cosas grandes y brillantes para los hombres. Parménides adornó su propia patria con leyes excelentes, de modo que las magistraturas cada año juran a los ciudadanos que permanecerán en las leyes de Parménides. Empédocles expulsó a los primeros de los ciudadanos que ultrajaban y malversaban los bienes comunes, tras haberlos desenmascarado, y libró a la tierra de la esterilidad y la peste, cortando montañas y levantando muros, a través de los cuales el viento del sur pasaba al llano. Sócrates, tras la condena de exilio que sus amigos le habían preparado, no la usó, confirmando las leyes, sino que eligió morir injustamente antes que salvarse ilegalmente. Meliso, siendo estratega de su patria, derrotó a los atenienses en una batalla naval. Platón dejó bellos discursos en escritos sobre leyes y constitución, pero hizo otros mucho mejores a sus compañeros, de los cuales Sicilia fue liberada por Dión, y Tracia por Pitón y Heráclides al matar a Cotis, y los estrategas atenienses Cabrias y Fociones ascendían desde la Academia. Epicuro, en efecto, enviaba a Asia a los que iban a insultar a Timócrates y a expulsar al hombre de la corte real, porque chocó con Metrodoro siendo hermano; y esto está escrito en los libros de ellos. Platón envió a sus compañeros: a Aristónimo a los arcadios para que ordenara la constitución, a Formión a los eleos, y a Menedemo a los pirreos. Eudoxo escribió leyes para los cnidios y Aristóteles para los estagiritas, siendo conocidos de Platón; y Alejandro pidió a Jenócrates consejos sobre la realeza; y el enviado a Alejandro por los griegos que habitaban en Asia, y que sobre todo encendió y provocó a emprender la guerra contra los bárbaros, fue Delio de Éfeso, compañero de Platón. Zenón, pues, el conocido de Parménides, atacando al tirano Demilo y fracasando en la acción, ofreció el discurso de Parménides en el fuego como oro puro y probado, y demostró con hechos que lo vergonzoso es temible para un hombre grande, mientras que los niños, las mujeres y los hombres que tienen almas de mujeres temen el dolor; pues, habiéndose arrancado la lengua, se la escupió al tirano.
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De los discursos y dogmas de Epicuro no digo quién es tiranicida, o quién es un hombre valiente, o quién es legislador, o quién es magistrado, o consejero de un rey, o jefe de un pueblo, o quién ha sido torturado por la justicia o ha muerto; sino¿ quién de los sabios navegó por su patria, fue embajador, gastó?¿ Dónde está escrita una acción política vuestra? Aunque, que Metrodoro bajó al Pireo cuarenta estadios para ayudar a un tal Mitra, sirio, que había sido detenido por los reales, se escribía a todos y a todas, con Epicuro jactándose en todas las cartas y enalteciendo aquel viaje.¿ Qué, pues, si hubieran hecho algo tal como Aristóteles, fundar la patria destruida por Filipo, o Teofrasto, liberarla dos veces estando bajo tiranía?¿ No habría tenido que agotarse el Nilo llevando papiros antes de que estos se cansaran de escribir sobre sí mismos? Y esto no es lo terrible, que siendo tantos filósofos, casi solo ellos no contribuyen a los bienes comunes en las ciudades, sino que también los poetas de tragedias y comedias siempre intentan ofrecer algo útil y hablar a favor de las leyes y la constitución; pero estos, incluso si escriben, escriben sobre la constitución para que no participemos en la política, y sobre retórica para que no seamos retóricos, y sobre realeza para que evitemos convivir con reyes. Y a los hombres políticos los llaman para reírse y para destruir la opinión, diciendo que Epaminondas tenía algo bueno, y esto pequeño, expresándolo así con la palabra, llamándolo a él mismo« corazón de hierro» y preguntando qué le pasaba para caminar por medio del Peloponeso y no estar sentado en casa teniendo un gorrito, evidentemente estando totalmente dedicado al cuidado del vientre. Y lo que Metrodoro escribió en el libro sobre la Filosofía, bailando sobre la constitución, no creí que debiera pasarlo por alto; dice que algunos de los sabios, por abundancia de soberbia, comprendieron tan bien la obra de ella, que se van llevados hacia los mismos deseos que Licurgo y Solón, según los discursos sobre las vidas y la virtud.¿ Era, pues, soberbia y abundancia de soberbia que Atenas fuera libre, que Esparta fuera bien gobernada, que los jóvenes no fueran insolentes, que no se engendraran hijos de cortesanas, que no reinaran la riqueza, el lujo y la lascivia, sino la ley y la justicia en las ciudades? Pues estos eran los deseos de Solón. Y, insultando, Metrodoro añade a lo dicho:« Por lo cual también está bien reír la risa verdaderamente libre sobre todos los hombres y sobre estos Licurgos y Solones». Pero este no es libre, oh Metrodoro, sino servil y mal educado, y que no necesita ni siquiera un látigo libre, sino aquel de astrágalos con el que castigan a los galos que cometen faltas en los Metros.
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Y que no luchaban contra los legisladores sino contra las leyes, es posible escucharlo de Epicuro; pues se pregunta a sí mismo en las Dificultades si el sabio hará algo de lo que las leyes prohíben, sabiendo que no será descubierto; y responde:« El argumento simple no es fácil de seguir», es decir, lo haré, pero no quiero confesarlo. De nuevo, creo, escribiendo a Idomeneo, exhorta a no vivir esclavizado a las leyes y a las opiniones, en la medida en que no preparen la molestia a través del prójimo por un golpe. Si, pues, los que destruyen las leyes y las constituciones destruyen la vida humana, y Epicuro y Metrodoro hacen esto, disuadiendo a los habituales de hacer las cosas comunes, odiando a los que las hacen, hablando mal de los primeros y más sabios de los legisladores, y exhortando a despreciar las leyes si no está presente el miedo al golpe y al castigo, no sé qué cosa tan grande ha mentido Colotes sobre los otros, como la que ha acusado verdaderamente de los discursos y dogmas de Epicuro.

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