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Plutarch (plutarch)Amat 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
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Original / primary: Spanish Gemini
1
FLAVIANO. Dices, Autóbulo, que los discursos sobre el Amor tuvieron lugar en el Helicón, los cuales, ya sea porque los escribiste o porque los retuviste en la memoria al preguntarle muchas veces a tu padre, ahora te dispones a relatárnoslos, ya que te lo hemos pedido. AUTÓBULO. En el Helicón, junto a las Musas, Flaviano, mientras los tespianos celebraban las Eróticas; pues celebran un certamen quinquenal, al igual que a las Musas, también al Amor, con mucho entusiasmo y esplendor. FLAVIANO.¿ Sabes, pues, cuánto vamos a pedirte todos los que hemos venido a escucharte? AUTÓBULO. No, pero lo sabré cuando habléis. FLAVIANO. Elimina del relato, por el momento, los prados y sombras de los poetas épicos, y al mismo tiempo los recorridos de la hiedra y las esmiláceas, y todo lo demás que otros, al apoderarse de tales lugares, se esfuerzan por inscribir con más entusiasmo que belleza en el Iliso de Platón, en aquel agno y en la hierba que crece suavemente en la pendiente. AUTÓBULO.¿ Y qué necesidad tiene la narración de tales preámbulos, excelente Flaviano? La causa misma, a partir de la cual se originaron los discursos, exige un coro para la pasión y necesita un escenario, y no le falta nada de lo propio de un drama; solo roguemos a la madre de las Musas que esté propicia y nos ayude a preservar el mito.
2
AUTÓBULO. Pues mi padre, hace tiempo, antes de que nosotros naciéramos, habiendo traído recientemente a mi madre tras la disputa y sedición que se produjo entre sus padres, llegó para sacrificar al Amor y llevó a mi madre a la fiesta; pues de ella era el voto y el sacrificio. De sus amigos, estaban presentes los habituales de casa, pero en Tespias encontró a Dafneo, hijo de Arquidamo, y a Lisandro, que amaba a Lisandra, la hija de Simón, y que era el que más éxito tenía entre los que la pretendían; a Sóclaro, que venía de Tifora, y a Aristión, y a Protógenes de Tarso, y a Zeuxipo el lacedemonio, como extranjeros; y de los beocios, mi padre dijo que estaban presentes la mayoría de sus conocidos. Durante dos o tres días, al parecer, filosofaban tranquilamente por la ciudad, reuniéndose en las palestras y a través de los teatros; luego, huyendo de un penoso certamen de citaredos, ocupado por encuentros y afanes, la mayoría partió como de un territorio enemigo hacia el Helicón y se alojaron junto a las Musas. Al amanecer, llegaron a ellos Antemión y Pisias, hombres ilustres, parientes del llamado Baco el Hermoso, y de alguna manera, por benevolencia hacia él, ambos estaban enfrentados entre sí. Pues había en Tespias una mujer llamada Ismenodora, brillante por su riqueza y linaje y, por Zeus, ordenada en su vida cotidiana. Había enviudado hacía no poco tiempo sin reproche, a pesar de ser joven y capaz en su aspecto. Al gestionar ella el matrimonio de una joven pariente de Baco, por el hecho de estar presente y conversar a menudo, ella misma se sintió afectada por el joven; y al escuchar y decir palabras amables sobre él, y al ver la multitud de nobles pretendientes, fue inducida a amar y decidió no hacer nada innoble, sino casarse abiertamente para vivir con Baco. Como el asunto mismo parecía paradójico, su madre sospechaba del peso de la casa y de la magnitud como algo no adecuado para el amante; algunos, incluso, compañeros de caza, asustando a Baco por la diferencia de edad con Ismenodora y burlándose, eran antagonistas más difíciles para el matrimonio que los que se oponían seriamente. Pues el efebo se avergonzaba de convivir con una viuda; sin embargo, dejando a los otros, cedió a Pisias y a Antemión para que deliberaran sobre lo conveniente, de los cuales uno era su primo mayor, y Pisias el más austero de los amantes; por eso también se oponía al matrimonio y atacaba a Antemión por entregar el joven a Ismenodora; este decía que aquel no obraba correctamente, sino que, siendo por lo demás un hombre de bien, imitaba a los amantes viles, privando al amigo de casa, matrimonio y grandes asuntos, para que permaneciera intacto y joven para él, desnudándose durante mucho tiempo en las palestras.
3
AUTÓBULO. Para que, pues, no se irritaran mutuamente y se dejaran llevar por la ira, eligieron como árbitros y jueces a mi padre y a los que estaban con él, y se presentaron; y de los otros amigos, como si fuera por preparación, Dafneo estaba presente para uno y Protógenes para el otro. Pero este último hablaba abiertamente mal de Ismenodora; Dafneo dijo:¡ Por Heracles!,¿ qué no podría esperar uno, si incluso Protógenes está presente para combatir el amor, él para quien todo juego y afán gira en torno al Amor y a través del Amor, olvido de discursos y olvido de la patria, no como Layo, que solo estaba a cinco días de su patria? Pues el suyo es un amor lento y terrestre, mientras que el tuyo, desde Cilicia hasta Atenas, tras haber recorrido veloces alas, vuela a través del mar, observando a los bellos y errando con ellos. Sin duda, desde el principio, tal había sido la causa de la estancia de Protógenes.
4
AUTÓBULO. Tras producirse risas, Protógenes dijo:¿ Te parece que ahora estoy combatiendo el amor, y no luchando a favor del Amor contra la incontinencia y la insolencia, que con hechos y pasiones vergonzosas se abre paso a la fuerza hacia los nombres más bellos y venerables? Y Dafneo dijo:¿ Llamas vergonzosos al matrimonio y a la unión de hombre y mujer, de la cual no ha habido ni existe unión más sagrada? Pero esto, dijo Protógenes, los legisladores lo enaltecen y lo elogian ante la multitud, por ser necesario para la procreación; pero del verdadero Amor no hay parte alguna en el gineceo, ni digo yo que améis a los que se han sentido afectados por mujeres o vírgenes, al igual que las moscas no aman la leche ni las abejas los panales, ni los cebadores y cocineros sienten afecto al engordar en la oscuridad becerros y aves. Pero así como la naturaleza conduce la apetencia hacia el alimento y el condimento de manera moderada y suficiente, y el exceso, al producir una pasión, se llama glotonería o afición a los manjares; así, existe en la naturaleza la necesidad de las mujeres y los hombres de disfrutar el uno del otro, pero al impulso que mueve a esto, que se vuelve grande y difícil de contener por su vehemencia, no lo llaman Amor adecuadamente. Pues el amor que toca a un alma bien dotada y joven termina en la virtud a través de la amistad; pero en estos deseos hacia las mujeres, si resultan de la mejor manera, lo que queda es cosechar placer y disfrute de la belleza y del cuerpo, como testificó Aristipo, respondiendo al que le reprochaba que Lais no lo amaba, que él también cree que el vino y el pescado no lo aman, pero que usa ambos con agrado; pues el fin del deseo es el placer y el disfrute. Pero el amor, al perder la expectativa de amistad, no quiere permanecer ni cuidar lo que duele y está en su apogeo, si no devuelve un fruto de carácter propio hacia la amistad y la virtud.¿ Escuchas a algún marido trágico decir a su mujer: me odias? Yo seré odiado fácilmente, arrastrando mi deshonra hacia el lucro. Pues de esto no hay nada más erótico que el que, no por lucro sino por placeres y unión, soporta a una mujer malvada y sin afecto, como hizo Filípides el cómico burlándose de Estratocles el orador, cuando ella le daba la espalda:¿ la amas apenas? Y si, en efecto, hay que llamar a esta pasión Amor, es femenino y bastardo, como si el gineceo contribuyera al Cinosargo; o más bien, como dicen que hay un águila genuina y montañesa, a la que Homero llamó negra y cazadora, y hay otros géneros de bastardas que capturan peces en los pantanos y aves perezosas, y al estar en apuros a menudo emiten un sonido hambriento y lastimero; así, un solo Amor es el genuino, el de los muchachos, no brillante por el deseo, como dijo Anacreonte sobre el virginal, ni lleno de perfumes y ungido, sino que lo verás sencillo y no afeminado en las escuelas de los filósofos, o tal vez en los gimnasios y palestras, en la caza de jóvenes, muy agudo y noble, exhortando a la virtud a los que son dignos de cuidado. Pero a este, fluido y casero, que pasa el tiempo en los senos y lechos de las mujeres, persiguiendo siempre lo blando y afeminándose con placeres varoniles, sin amigos y sin entusiasmo, es digno de derribar, como también Solón derribó; pues prohibió a los esclavos amar a los muchachos libres y ungirse, pero no prohibió usar las uniones con mujeres; pues la amistad es algo bello y urbano, pero el placer es común y servil. De donde no es libre ni urbano amar a los muchachos esclavos, pues este amor no es de unión, como el de las mujeres.
5
AUTÓBULO. Como Protógenes se disponía a decir aún más, Dafneo lo interrumpió y dijo:¡ Bien, por Zeus!,¿ te acordaste de Solón? Y hay que usarlo como criterio del hombre erótico: cuando en la flor de la juventud ames a un muchacho, deseando sus muslos y su dulce boca. Añade a Solón también a Esquilo diciendo: no respetaste el respeto puro de los muslos,¡ oh, ingrato! Pues otros se ríen de ellos, si ordenan a los amantes mirar hacia los muslos y la cintura como si fueran sacrificadores y adivinos; yo, en cambio, considero esto una señal muy grande a favor de las mujeres; pues si la relación contra natura con los varones no anula la benevolencia erótica ni la daña, mucho más probable es que el amor a las mujeres o a los hombres, usando la naturaleza, llegue a la amistad a través de la gracia. Pues la gracia, oh Protógenes, es como los antiguos llamaban a la sumisión de lo femenino ante lo masculino; como también Píndaro dijo que Hefesto nació de Hera sin gracias, y Safo, al dirigirse a la que aún no tiene edad de matrimonio, dice: porque me parecías una niña pequeña y sin gracia. Y Heracles es preguntado por alguien:¿ lograste las gracias por la fuerza o persuadiendo a la joven? Pero la que se produce de los varones contra su voluntad mediante la fuerza y el saqueo, y si es voluntariamente, con blandura y feminidad, siendo montados según Platón por ley de cuadrúpedo y engendrando hijos contra natura al ceder, es una gracia sin gracia en absoluto, indecorosa y sin Afrodita. De donde, creo, Solón escribió aquellas cosas siendo aún joven y lleno de mucho esperma, como dice Platón; pero estas, al hacerse anciano: ahora me son gratas las obras de la nacida en Chipre, de Dioniso y de las Musas, que ponen alegrías a los hombres; como si, tras la tempestad y el invierno y los amores de muchachos, hubiera puesto su vida en una calma, la que rodea al matrimonio y a la filosofía. Si, pues, examinamos la verdad, oh Protógenes, una y la misma es la pasión de los Amores hacia muchachos y mujeres; pero si quisieras, por afán de disputa, dividirla, no parecería hacer cosas moderadas este amor de muchachos, sino que, como si hubiera ocurrido tarde y fuera de tiempo para la vida, bastardo y oscuro, expulsa al Amor genuino y más antiguo. Pues ayer, compañero, y anteayer, tras los desnudamientos y despojos de los jóvenes, al deslizarse hacia los gimnasios y frotarse suavemente y al introducirse, luego poco a poco al haber echado alas en las palestras, ya no es contenible, sino que insulta y ultraja a aquel conyugal y colaborador de la inmortalidad para el género mortal, que reaviva nuestra naturaleza que se extingue inmediatamente a través de las generaciones. Pero este niega el placer; pues se avergüenza y teme. Y se necesita cierta apariencia al tocar cosas bellas y hermosas; por tanto, la excusa es la amistad y la virtud. Y se llena de polvo y se baña en agua fría y levanta las cejas y dice filosofar y ser moderado externamente por la ley; luego, de noche y en silencio, dulce fruta cuando el guardián se ha ido. Y si, como dice Protógenes, no hay unión de placeres de muchachos,¿ cómo hay Amor sin que esté presente Afrodita, a quien le ha tocado servir de entre los dioses y cuidar, y participar de su honor y poder tanto como ella da? Y si hay algún Amor sin Afrodita, como una embriaguez sin vino ante una bebida de higos y cebada, su carácter perturbador, saciante y pronto a hastiarse es infructuoso e incompleto.
6
AUTÓBULO. Al decirse esto, Pisias estaba visiblemente indignado y provocado contra Dafneo; y al dejar este un poco de hablar, dijo:¡ Por Heracles!, qué facilidad y audacia; transformar y trasladar al dios de los gimnasios y paseos y de la vida pura y abierta bajo el sol a burdeles, cuchillos, fármacos y hechizos encerrado por mujeres incontinentes; pues a las moderadas, por supuesto, no les corresponde ni amar ni ser amadas. Aquí, sin embargo, mi padre dijo que el padre de Protógenes intervino y dijo: este discurso arma al pueblo argivo, y, por Zeus, añade a Dafneo como abogado nuestro, no siendo moderado Pisias, sino introduciendo en los matrimonios una unión sin amor y sin parte de amistad divina, la cual, al faltarle la persuasión y gracia erótica, vemos que apenas se mantiene unida por la vergüenza y el miedo, casi con yugos y riendas. Y Pisias dijo: a mí me importa poco el discurso; pero veo a Dafneo sufriendo lo mismo que el bronce; pues aquel no se derrite tanto por el fuego como por el bronce encendido y fluido, si alguien lo vierte, y fluye humedeciéndose, y a este no le molesta la belleza de Lisandra, sino que, al acercarse y tocar a alguien que ya lleva mucho tiempo ardiendo y lleno de fuego, se contagia; y es evidente que, si no huye rápidamente hacia nosotros, se derretirá con él. Pero veo, dijo, que sucede lo que más desearía Antemión, chocando con los jueces y conmigo mismo, así que me detengo. Y Antemión dijo: has ayudado, como debías desde el principio, diciendo algo sobre la hipótesis.
7
AUTÓBULO. Digo, pues, dijo Pisias, habiendo proclamado por mi parte: para todas las mujeres habría un amante, porque la riqueza de la mujer debe ser guardada por el joven, no sea que al mezclarlo con tal magnitud y peso, nos olvidemos, como el estaño en el bronce, de hacerlo desaparecer; pues sería grande si, al unirse una mujer ligera y sencilla con un joven, la mezcla, a modo de vino, prevaleciera; pero vemos que esta manda y parece dominar, pues de otro modo, al haber desechado opiniones y linajes tan grandes y riquezas, no pretendería a un joven con clámide, que aún necesita ser educado. De donde los que tienen sentido común ellos mismos se adelantan y cortan, como alas veloces de las mujeres, los bienes superfluos, que producen lujos y vanidades inseguras y vacías, por las cuales, al ser levantadas, a menudo salen volando; y si permanecen, es mejor estar atado con cadenas de oro, como en Etiopía, que con la riqueza de una mujer.
8
AUTÓBULO.¿ Y eso no lo dices?, dijo Protógenes, que corremos el riesgo de invertir de manera absurda y ridícula a Hesíodo, si, diciendo él: ni dejando mucho de los treinta años ni añadiendo mucho, este es el matrimonio oportuno; y la mujer que tenga cuatro años de pubertad, y al quinto se case; nosotros casi con tantos años más que la mujer, como si injertáramos higos silvestres en palmeras, atamos a un hombre verde y fuera de tiempo. Pues ella lo ama, por Zeus, y arde;¿ quién es, pues, el que impide ir a las puertas, cantar el canto ante la puerta cerrada, coronar las imágenes, practicar el pancracio contra los rivales? Pues esto es erótico; y que baje las cejas y deje de ser lujosa, tomando la forma de lo propio de la pasión. Y si se avergüenza y es moderada, que se siente decorosamente en casa esperando a los pretendientes y a los que se afanan. Pero a una mujer que dice amar, uno podría huir y sentir asco, y mucho menos tomarla habiendo hecho de tal incontinencia el comienzo del matrimonio.
9
AUTÓBULO. Al terminar Protógenes, mi padre dijo:¿ Ves, Antemión, que de nuevo hacen común la hipótesis y el discurso necesario para nosotros que no negamos?¿ Ni huyen de ser bailarines del amor matrimonial? Y, sí, por Zeus, dijo Antemión; defiende, pues, con más argumentos ahora tú mismo, que amas; y además ayuda con la riqueza, con la que Pisias nos asusta más.¿ Y qué, dijo mi padre, no podría ser una acusación contra la mujer, si por amor y riqueza rechazaremos a Ismenodora? Pues es pesada y rica;¿ y qué si es bella y joven?¿ Y qué si es altiva por su linaje e ilustre?¿ Y las moderadas no tienen algo austero y cargado de reproches, y las llaman castigos y se enfadan con los hombres porque son moderados?¿ Es, pues, lo mejor casarse en el mercado con una Abrotón tracia o una Báquide milesia, traída sin garantía mediante compra y libaciones? Pero también de estas sabemos que no pocos han sido esclavizados de manera vergonzosa. Y las flautistas de Samos y las bailarinas, Aristónica y Oenante, que llevaba un tambor, y Agatoclea, subieron a las diademas de los reyes. Y la siria Semíramis era una esclava doméstica de un siervo real, siendo concubina; pero al encontrarla Nino, el gran rey, y amarla, de tal manera dominó y despreció, que exigió que incluso un día la dejara sentada en el trono llevando la diadema y despachando asuntos. Y al dar él y ordenar a todos servir como a él y obedecer, ella usaba moderadamente las primeras órdenes, probando a los guardaespaldas; y cuando vio que nadie contradecía ni dudaba, ordenó capturar a Nino, luego atarlo, y finalmente matarlo; y tras hacerse todo, reinó sobre Asia brillantemente durante mucho tiempo.¿ Y Belestiche, por Zeus, no era una mujer bárbara del mercado, de la cual los alejandrinos tienen templos y santuarios, al haberla inscrito el rey por amor como Afrodita Belestiche?¿ Y ella, que está en el mismo templo aquí y es cosagrada del Amor, y en Delfos, de pie, dorada junto a los reyes y reinas, con qué dote dominó a los amantes? Pero así como aquellos, por su propia debilidad y blandura, se olvidaron de sí mismos convirtiéndose en presa de mujeres, así, por otra parte,¿ otros, sin gloria y pobres, al unirse con mujeres ricas e ilustres, no fueron corrompidos ni cedieron nada de su orgullo, sino que, siendo honrados y dominando, convivieron con benevolencia? El que restringe a la mujer y la encoge hacia lo pequeño, como un anillo que, siendo delgado, teme que se caiga de los dedos, es semejante a los que esquilan a los caballos y luego los llevan a un río o lago; pues al ver cada uno la imagen de su aspecto fea y deforme, se dice que sueltan los resoplidos y aceptan las montas de los asnos. Elegir la riqueza de una mujer antes que la virtud o el linaje es poco ambicioso y servil, pero huir de la que tiene virtud y linaje es más insensato. Pues Antígono, escribiendo al que custodiaba la fortificada Munichia, ordenaba hacer no solo el collar fuerte sino también al perro delgado, para que sustrajera los recursos de los atenienses; pero al hombre de una mujer rica o bella no le corresponde ni hacer a la mujer deforme o pobre, sino proporcionarse a sí mismo, mediante la templanza y la prudencia y el no estar asombrado por nada de lo que rodea a aquella, un igual y no esclavizado, como añadiendo en una balanza el peso del carácter, por el cual es dominado y conducido justa y provechosamente. Y, ciertamente, la edad para el matrimonio y la época que tiene para engendrar y procrear es bien armoniosa; y me entero de que la mujer está en su apogeo, y al mismo tiempo, sonriendo a Pisias, dijo: pues no es mayor que ninguno de los rivales ni tiene canas, como algunos de los que se rozan con Baco. Y si estos se relacionan en su época,¿ qué impide que ella también cuide del joven mejor que cualquier joven? Pues las cosas jóvenes son difíciles de mezclar y difíciles de combinar, y apenas en mucho tiempo sueltan el resoplido y la insolencia, y al principio se agitan y luchan contra el yugo, y más si el Amor se genera, y como un viento sin timonel, perturbó y confundió el matrimonio, no pudiendo mandar ni queriendo ser mandados. Y si manda la nodriza del bebé, y el maestro del niño, y el gimnasiarca del efebo, y el amante del joven, y al llegar a la edad la ley y el general, y nadie está sin mando ni es autosuficiente,¿ qué hay de terrible si una mujer con sentido común, mayor, gobernará la vida de un hombre joven, siendo útil por su prudencia y agradable por su amor y afabilidad? Y en general, dijo, que los beocios debían respetar a Heracles y no disgustarse por la diferencia de edad en el matrimonio, sabiendo que también él casó a su propia mujer, Mégara, con Yolao, que tenía entonces dieciséis años, habiendo ella cumplido treinta y tres.
10
AUTÓBULO. Mientras tales discursos, dijo mi padre, estaban presentes entre ellos, llegó un compañero de Pisias desde la ciudad corriendo a caballo, anunciando un asunto asombroso que se había atrevido. Pues Ismenodora, al parecer, creyendo que Baco no estaba disgustado con el matrimonio, pero que se avergonzaba de los que lo disuadían, decidió no dejar escapar al joven. Así pues, tras enviar a buscar a los amigos que eran más jóvenes en su vida y que amaban con ella, y a las mujeres conocidas, y tras reunirlos, vigiló la hora que Baco tenía por costumbre, al salir hacia las palestras, pasar junto a su casa decorosamente. Así pues, cuando entonces se acercaba con dos o tres compañeros ungido, la misma Ismenodora salió a su encuentro a las puertas y solo tocó su clámide, y los amigos, con un bello gesto, lo arrebataron bellamente en la clámide y la túnica, y lo llevaron todos juntos a la casa y cerraron las puertas inmediatamente; al mismo tiempo, las mujeres dentro le arrebataron la clámide y le pusieron un manto nupcial; y los criados, corriendo en círculo, coronaron con olivo y laurel las puertas, no solo las de Ismenodora sino también las de Baco; y la flautistia, tocando, recorrió el callejón. De los tespianos y los extranjeros, unos se reían, otros se indignaban y provocaban a los gimnasiarcas; pues mandan fuertemente a los efebos y prestan mucha atención a lo que hacen. Y no hubo discurso alguno de los que competían, sino que, dejando el teatro, estaban en las puertas de Ismenodora en discursos y disputas entre ellos.
11
AUTÓBULO. Así pues, cuando el amigo de Pisias, como en la guerra, tras haber hecho correr al caballo, dijo esto mismo perturbado, que Ismenodora había raptado a Baco, mi padre dijo que Zeuxipo se rió y dijo, siendo también filoeuripideo: te jactas de riqueza, pero piensas cosas mortales, mujer; y que Pisias, saltando, gritaba:¡ Oh dioses!,¿ qué fin tendrá la libertad que derriba nuestra ciudad? Pues ya los asuntos caminan hacia la anarquía a través de la autonomía; aunque quizás sea ridículo indignarse por las leyes y los derechos, pues la naturaleza es violada al ser gobernada por mujeres.¿ Qué hay de tal en Lemnos? Vamos, vamos, dijo, para que entreguemos también el gimnasio a las mujeres y el consejo, si la ciudad se ha afeminado por completo. Al avanzar Pisias, Protógenes no se quedaba atrás, en parte indignándose con él y en parte calmándolo; pero Antemión dijo que el atrevimiento era juvenil y verdaderamente lemnio, pues nosotros mismos somos, de una mujer que ama mucho, y Sóclaro, sonriendo, dijo:¿ crees que ha ocurrido un rapto y una violación, y no una apología y una estrategia del joven que tiene sentido común, porque al escapar de los brazos de los amantes se ha pasado al bando de una mujer bella y rica? No digas eso, dijo Sóclaro, ni sospeches eso de Baco, Antemión; pues incluso si no fuera sencillo y cándido por naturaleza, a mí no me habría ocultado, compartiendo todas las demás cosas, viendo en estos que era el más entusiasta ayudante de Ismenodora; pero es difícil luchar contra el amor, no con ira según Heráclito; pues lo que quiera, lo compra tanto con el alma como con el dinero y la gloria. Pues,¿ qué hay más decoroso que Ismenodora en la ciudad?¿ Cuándo entró o un discurso vergonzoso o una sospecha de acción vil tocó la casa? Pero parece que una inspiración verdaderamente divina ha tomado a la mujer y es superior al cálculo humano.
12
AUTÓBULO. Y Pemptides, riéndose, dijo: sin duda hay una enfermedad del cuerpo que llaman sagrada; no es, pues, nada extraño si algunos llaman sagrada y divina a la pasión más maníaca y grande del alma. Luego, como en Egipto una vez veía a dos vecinos disputando, al haberse arrastrado una serpiente al camino, ambos llamándola buen demonio, y cada uno pretendiendo tenerla como propia; así, al veros hace poco a unos arrastrando al Amor hacia el andronitis y a otros hacia el gineceo, como un bien sobrenatural y divino, no me extrañaba si la pasión tenía tal poder y honor, siendo aumentada y enaltecida por aquellos a quienes correspondía expulsarla de todas partes y cortarla. Hace poco, pues, guardaban silencio; pues veía que la disputa estaba más en lo privado que en lo común; pero ahora, liberado de Pisias, escucharía con agrado de vosotros hacia qué miraron los primeros que dijeron esto al declarar al Amor un dios.
13
AUTÓBULO. Cuando Pemptides terminó y su padre comenzó a decir algo al respecto, llegó otro desde la ciudad, pues Ismenodora enviaba a buscar a Antemión; la confusión aumentaba y había una disputa entre los gimnasiarcas, pues uno pensaba que debían reclamar a Bacón, mientras que el otro no permitía que se entrometiera. Antemión, pues, se levantó y se marchó; pero el padre, llamando a Pemptides por su nombre, dijo:« Me parece, Pemptides, que te ocupas de un asunto grande y arriesgado, o más bien, que en general mueves lo inamovible de la opinión que tenemos sobre los dioses, al exigir una explicación y una prueba para cada uno. Pues basta la fe ancestral y antigua, de la cual no es posible decir ni hallar un testimonio más evidente, ni siquiera si se ha encontrado el saber a través de una mente superior; sino que esta es una sede y una base que subyace como común para la piedad, y si se perturba y se tambalea lo que es firme y establecido sobre uno solo, se vuelve inseguro y sospechoso para todos. Y seguramente escuchas a Eurípides, cómo fue alborotado al hacer el comienzo de aquella Melanipa:' Zeus, quienquiera que sea Zeus, pues no lo sé sino de oídas', pero al cambiar a otro coro, confiando, al parecer, en el drama escrito de manera festiva y superflua, cambió el verso como está escrito ahora:' Zeus, como se ha dicho por la verdad'.¿ Qué diferencia hay, pues, en poner en duda o incluso en incertidumbre la opinión sobre Zeus, o sobre Atenea, o sobre Eros? Pues Eros no pide ahora por primera vez un altar y un sacrificio, ni es un advenedizo de alguna superstición bárbara, como los llamados Atis y Adonios, que se introducen a escondidas a través de andróginos y mujeres cosechando honores que no les corresponden, de modo que huyen como si fuera un caso de intrusión y bastardía entre los dioses. Pero cuando escuches a Empédocles decir:' Oh amigo, y el Amor en ellos es igual en longitud y anchura, al cual mira con la mente, y no te quedes atónito con los ojos', debes pensar que esto se dice sobre Eros; pues este dios no es visible, sino concebible para nosotros desde los tiempos muy antiguos; de los cuales, si exiges testimonio sobre cada uno, tocando todo templo y llevando una prueba sofística a todo altar, no dejarás a nadie sin calumnia ni sin examen. Pues no me alejaré lejos:¿ no ves a Afrodita, qué gran diosa es? Ella es la que siembra y da el deseo, del cual todos los que estamos sobre la tierra somos descendientes'. Pues Empédocles la llamó' nutricia' y Sófocles' de buenos frutos', muy armoniosa y apropiadamente. Pero, sin embargo, esta gran y maravillosa obra de Afrodita es una obra secundaria de Eros, que acompaña a Afrodita; pero si no acompaña, lo que sucede queda totalmente sin deseo, sin honor y sin amor. Pues la relación sin amor, al igual que el hambre y la sed que tienen saciedad, no llega a ningún fin hermoso; sino que la diosa, al quitarle a Eros la saciedad del placer, crea amistad y mezcla. Por eso Parménides declara que Eros es el más antiguo de las obras de Afrodita, escribiendo en la cosmogonía:' Primero de todos los dioses ideó a Eros'. Y Hesíodo me parece que hace algo más natural al poner a Eros como el más antiguo de todos, para que todo participe de la generación a través de él. Si, pues, expulsamos a Eros de los honores establecidos, ni los de Afrodita permanecerán en su lugar. Pues tampoco se puede decir que algunos injurian a Eros pero se abstienen de ella, sino que desde una misma escena escuchamos:' Pues el amor nació ocioso y para tales cosas'; y de nuevo:' Oh hijos, la Chipriota no es solo Chipriota, sino que es llamada por muchos nombres. Es Hades, es fuerza imperecedera, es locura frenética'; como casi ninguno de los otros dioses ha escapado a la ignorancia que merece ser injuriada. Y observa a Ares, como en una tabla de bronce, ocupando el lugar opuesto diametralmente a Eros, qué grandes honores ha recibido de los hombres y, a su vez, cuánto mal se dice de él:' Pues ciego, oh mujeres, Ares, que ni siquiera ve, con rostro de jabalí lo revuelve todo con males'. Y Homero lo llama homicida y voluble; y Crisipo, al explicar el nombre del dios, hace una acusación y una calumnia; pues dice que Ares es el aniquilador, dando principios a quienes piensan que lo combativo, lo conflictivo y lo irascible en nosotros es llamado Ares. Otros, a su vez, dirán que Afrodita es el deseo, Hermes la razón, las Musas las artes y Atenea la prudencia.¿ Ves, seguramente, al que nos supone en un abismo de ateísmo, si dividimos a cada uno de los dioses en pasiones, facultades y virtudes?
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AUTÓBULO.« Veo», dijo Pemptides,« pero no es piadoso hacer que los dioses sean pasiones, ni tampoco considerar que las pasiones sean dioses». Y el padre:«¿ Entonces qué?», dijo,«¿ consideras que Ares es un dios o una pasión nuestra?». Y al responder Pemptides que consideraba a Ares un dios que ordena lo irascible y varonil en nosotros, el padre exclamó:«¿ Entonces», dijo,« lo pasional, guerrero y antagonista tiene un dios, pero lo amoroso, social y congregador es ateo?¿ Y acaso hay un dios Enialio y Estratio que observa y arbitra a los hombres que matan y son matados, armas, proyectiles, asedios y saqueos; pero de la pasión del matrimonio y la amistad que termina en concordia y comunidad, ningún dios ha sido testigo, supervisor, guía o colaborador nuestro? Pero a los corzos, liebres y ciervos que cazan, algún dios agreste los anima y los incita, y rezan a Aristeo al engañar con fosas y lazos a lobos y osos, quien primero fijó cepos para las fieras; y Heracles invoca a otro dios cuando está a punto de levantar el arco contra el ave, como dice Esquilo:' Que Apolo cazador dirija la flecha recta';¿ pero al hombre que emprende la presa más hermosa, la de capturar la amistad, ni dios ni demonio lo dirige y colabora en su impulso? Pues yo no considero al hombre un brote más feo ni más vil que una encina, ni que un olivo, ni que el vástago que Homero, enalteciéndolo, llamó vid, oh querido Dafneo, pues tiene un impulso de crecimiento que manifiesta a la vez la sazón y la belleza del cuerpo y del alma».
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AUTÓBULO. Y Dafneo dijo:«¿ Quién diría lo contrario, por los dioses?».« Estos, por Zeus», dijo el padre,« todos los que piensan que el cuidado del arado, la siembra y la plantación corresponde a los dioses. Pues,¿ acaso no hay ninfas dríades para ellos, que han obtenido el signo de una vida igual a la del árbol? Y que Dioniso, lleno de alegría, haga crecer el pasto de los árboles, la' luz pura de la cosecha' según Píndaro;¿ pero acaso las crianzas y crecimientos de los jóvenes y niños, que se forman y regulan en su sazón y flor, no corresponden a ninguno de los dioses o demonios, y no hay nadie a quien le importe que el hombre que crece llegue recto a la virtud y no se desvíe ni se quiebre su nobleza por la falta de un tutor o por la maldad de quienes se encuentran con él?¿ O es que decir esto es terrible e ingrato, disfrutando nosotros de lo divino, que es filántropo y está distribuido por todas partes y no nos abandona en las necesidades, de las cuales algunas tienen un fin más necesario o más hermoso? Como, por ejemplo, nuestra generación, que no siendo decorosa a través de la sangre y los dolores, tiene sin embargo un supervisor divino, Ilitía y Loqueia; y sería mejor no nacer que nacer mal, errando por falta de un buen tutor y guardián. Ciertamente, tampoco cuando un hombre enferma se ausenta el dios que ha obtenido la necesidad y el poder sobre esto, ni siquiera cuando muere; pues hay allí un conductor desde aquí y un auxiliar para los que llegan al final, un calmante y psicopompo, como el Sueño:' Pues la Noche no me engendró señor de la lira, ni adivino ni médico, sino mortal junto con las almas'. Y tales cosas tienen muchas dificultades. Pero de aquel no es posible decir que haya una obra más sagrada, ni otra contienda, ni un certamen que sea más apropiado para un dios observar y arbitrar que el cuidado y la persecución de los amantes por los bellos y hermosos; pues nada es vergonzoso ni necesario, sino que la persuasión y la gracia, al ceder un esfuerzo dulce, como un verdadero' trabajo fácil', guía hacia la virtud y la amistad, sin tomar el fin apropiado sin un dios, ni teniendo otro guía y señor dios que no sea Eros, el compañero de las Musas, las Gracias y Afrodita. Pues' sembrando un dulce verano de deseo en la mente del hombre', según Melanípides, mezcla lo más dulce con lo más hermoso.¿ O cómo decimos, oh Zeuxipo?
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AUTÓBULO. Y aquel dijo:« Así es, por Zeus, más que nada; pues sería absurdo, ciertamente, lo contrario». Y el padre dijo:«¿ No es absurdo si, teniendo la amistad cuatro géneros, como definieron los antiguos, el natural primero, luego el de parentesco, después de este el de camaradería y finalmente el erótico, cada uno de estos tiene un dios supervisor, ya sea amistoso, hospitalario, de la misma estirpe o paterno, pero solo el erótico, como si fuera impío, sin ley y sin dueño, es dejado de lado, y esto necesitando el mayor cuidado y gobierno?».« Esto también», dijo Zeuxipo,« tiene una no pequeña irracionalidad».« Pero ciertamente», dijo el padre,« los argumentos de Platón podrían captar el discurso que se desvía. Pues la locura, la que se retrae del cuerpo al alma por ciertas discrasias, mezclas o por un espíritu dañino que circula, es áspera, difícil y enfermiza; pero la otra no es sin divinidad ni doméstica, sino una inspiración advenediza y una desviación del que razona y piensa, teniendo el principio de una fuerza superior y un movimiento, cuyo común se llama pasión entusiástica; pues así como se dice que está' inspirado' el que se ha llenado de espíritu, y' sensato' el que tiene prudencia, así tal agitación del alma ha sido llamada entusiasmo por la participación y comunión de una fuerza más divina; y del entusiasmo, lo adivinatorio proviene de la inspiración y posesión de Apolo, lo báquico de Dioniso,' y bailad ante los Coribantes', dice Sófocles; pues los ritos maternos y los pánicos participan de los orgiásticos báquicos. La tercera, al tomar un alma tierna e inexplorada de las Musas, impulsó y avivó lo poético y musical. Y esta llamada areimania y guerrera, es evidente para cualquiera de qué dioses se libera y se vuelve báquica, preparando un Ares sin coro, sin cítara, que provoca lágrimas y un grito interno. Queda de la alteración y desviación en el hombre una parte no oscura ni silenciosa, oh Dafneo, sobre la cual quiero preguntar a este Pemptides:¿ quién agita el tirso de buenos frutos de los dioses, este entusiasmo amoroso por los niños buenos y sensatos?¿ O acaso no ves cómo el soldado, al dejar las armas, cesa de la locura guerrera,' luego sus alegres servidores le quitaron las armas de los hombros' y se sienta como espectador sin guerra de los demás, mientras que estos saltos báquicos y coribánticos, al cambiar el ritmo del trocaico y la melodía del frigio, se suavizan y cesan, y de la misma manera la Pitia, al bajar del trípode y del espíritu, permanece en calma y silencio? Pero la locura erótica, al tocar verdaderamente al hombre y quemarlo, ninguna musa, ningún encantamiento seductor, ningún cambio de lugar lo calma, sino que incluso presentes aman, ausentes anhelan, de día persiguen y de noche rondan las puertas, y sobrios llaman a los bellos y bebiendo cantan. Y no es como alguien dijo, que las fantasías poéticas son sueños de los que están despiertos debido a la evidencia, sino más bien las de los amantes, que conversan como si estuvieran presentes, saludando, reclamando. Pues la vista parece pintar las otras fantasías sobre superficies húmedas, que se marchitan rápidamente y abandonan la mente; pero las imágenes de los amados, grabadas por ella como en encáustica a través del fuego, dejan en los recuerdos ídolos que se mueven, viven, hablan y permanecen el resto del tiempo. Pues el romano Catón decía que el alma del amante habita en la del amado; y la forma, el carácter, la vida y las acciones, por las cuales, siendo guiado, recorre rápidamente un largo camino, como dicen los cínicos que han encontrado un camino a la vez intenso y corto hacia la virtud; pues también hacia la amistad, como si fuera llevada sobre la ola de la pasión junto con el dios; digo, en resumen, que el entusiasmo de los amantes no es sin divinidad ni tiene otro dios supervisor y auriga que este, al que ahora celebramos y sacrificamos. Sin embargo, dado que por poder y utilidad es sobre todo un dios, en cuanto que de los bienes humanos estos dos, la realeza y la virtud, los consideramos y llamamos los más divinos, es hora de observar primero si Eros cede poder a alguno de los dioses. Y aunque' la Chipriota despliega una gran fuerza de victorias', como dice Sófocles, y grande es la fuerza de Ares; y de cierta manera vemos la fuerza de los otros dioses distribuida en dos partes en estos; pues la que es de apropiación hacia lo bello y la que es de resistencia hacia lo vergonzoso han estado desde el principio en las almas, como quizás también Platón las ideas. Observemos, pues, inmediatamente, que la obra de Afrodita de Eros es vendible por un dracma, y nadie que no ame ha soportado ni esfuerzo ni peligro por causa de los placeres afrodísicos. Y para que no nombremos aquí a Friné, oh amigo, o a alguna Lais o Gnaténion que, encendiendo la luz de la lámpara al atardecer, espera y llama, es pasada por alto muchas veces; pero al llegar de repente un viento con mucho amor y deseo, hizo que esto mismo fuera digno de los llamados talentos de Tántalo y de su propio poder. Tan débil y voluble es la gracia de Afrodita, si Eros no insufla. Y aún más podrías comprenderlo desde allí; pues muchos han compartido los placeres afrodísicos con otros, no solo proxenetas de cortesanas sino también de esposas; como aquel romano, oh amigo, Galba, que agasajaba a Mecenas, al parecer, y luego, al verlo forcejeando con señas hacia la mujer, inclinó silenciosamente la cabeza como si durmiera; en esto, al acercarse uno de los sirvientes desde fuera a la mesa y llevarse el vino, al mirar fijamente dijo:'¿ Desdichado, no sabes que solo duermo para Mecenas?'. Esto, pues, quizás no sea terrible; pues Galba era un bufón; pero en Argos, Nicóstrato se opuso políticamente a Faulo; al llegar el rey Filipo, Faulo esperaba, a través de su mujer, que era distinguida, si se unía a Filipo, lograr para sí alguna potestad y poder. Al darse cuenta de esto los de Nicóstrato y pasear ante las puertas de la casa, Faulo, al calzar a su mujer con coturnos y ponerle una clámide y un sombrero macedonio, la introdujo a escondidas como uno de los jóvenes reales.¿ Acaso, pues, habiendo tantos amantes y existiendo, sabes de alguien que se haya convertido en proxeneta de un amado por los honores de Zeus? Yo no lo creo; pues,¿ de dónde, donde ni siquiera hay nadie que contradiga a los tiranos ni se oponga políticamente, pero sí muchos que aman y compiten por los bellos y hermosos? Pues escucháis que Aristogitón el ateniense, Antileón el metapontino y Melanipo el acragantino no se diferenciaban de los tiranos, viendo que arruinaban todos los asuntos y se excedían en la embriaguez; pero cuando intentaban a sus amados, como si defendieran templos sagrados e intocables, no se perdonaron a sí mismos. Se dice también que Alejandro escribió a Teodoro, hermano de Proteo:' Envíame a la música, tomando diez talentos, si no la amas'; y al llegar otro de los compañeros, Antipátrida, con una tañedora de lira, al estar bien dispuesto hacia la persona, al preguntar a Antipátrida:'¿ Acaso no resulta que amas a esta?'; y al decir él que sí, dijo:' Entonces perece malamente, oh malvado, abstente y no toques a la mujer'.
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AUTÓBULO.« Observa, pues, de nuevo», dijo,« cuánto supera Eros a las obras de Ares, no siendo ocioso, como decía Eurípides, ni sin servir en el ejército, ni durmiendo en las mejillas suaves de las jóvenes. Pues el hombre lleno de Eros no necesita a Ares para luchar contra los enemigos, sino que, teniendo a su propio dios acompañándolo, está dispuesto a cruzar fuego, mar y los vientos del éter por el amigo, dondequiera que ordene. Pues de los Nióbidas de Sófocles, al ser golpeados y morir, uno no invoca a ningún otro ayudante ni aliado que no sea el amante:' Oh, prepárate para mí'. Y a Cleómaco el farsalio sabéis seguramente por qué causa murió luchando».« Nosotros, al menos, los de Pemptides», dijeron,« no, pero nos gustaría saberlo».« Pues es digno», dijo el padre;« llegó como auxiliar de los calcidios en la guerra tesalia, que estaba en su apogeo contra los eretrios; y la infantería parecía fuerte a los calcidios, pero era una gran tarea rechazar a los jinetes de los enemigos; los aliados exhortaban a Cleómaco, que era un hombre brillante en el alma, a atacar primero a los jinetes. Él preguntó al amado presente si iba a ver el certamen; al decir el joven que sí y saludarlo afectuosamente y ponerle el casco, Cleómaco, enorgullecido y reuniendo a los mejores de los tesalios a su alrededor, salió brillantemente y cayó sobre los enemigos, de modo que desordenó y puso en fuga a la caballería; y a partir de esto, al huir también los hoplitas, los calcidios vencieron por la fuerza. Sin embargo, sucedió que Cleómaco murió; y los calcidios muestran su tumba en el ágora, sobre la cual hasta ahora está la gran columna; y el amar a los niños, que antes ponían en reproche, entonces lo amaron y honraron más que otros. Aristóteles dice que Cleómaco murió de otra manera, habiendo vencido a los eretrios en la batalla; y que el que fue amado por el amado era de los calcidios de Tracia, enviado como auxiliar a los calcidios en Eubea; de donde se canta entre los calcidios:' Oh niños, que habéis obtenido gracias y padres nobles, no envidiéis la compañía de los buenos en la sazón; pues junto con la valentía, también Eros, que desata los miembros, florece en las ciudades de los calcidios'. El nombre del amante era Antón y el del amado Filisto, como relató el poeta Dionisio en los' Aitia'.¿ Y entre vosotros, oh Pemptides, los tebanos, el amante no regalaba una panoplia al amado al ser inscrito entre los hombres? Y Pammenes, un hombre erótico, cambió y alteró el orden de los hoplitas, reprochando a Homero como alguien sin amor, porque agrupaba a los aqueos por tribus y fratrías, y no ordenaba al amado junto al amante, para que así sucediera que' escudo apoyaba escudo y casco a casco', como siendo Eros el único invencible de los generales. Pues abandonan a los miembros de la tribu, a los parientes y, por Zeus, a los padres e hijos; pero entre el amante y el amado nunca pasó ningún enemigo ni atravesó, donde incluso sin necesidad se apresuran a mostrar el amor al peligro y el desprecio por la vida, como Terón el tesalio, al poner la mano izquierda contra el muro y desenvainar la espada, se cortó el pulgar desafiando al rival. Y otro, al caer en batalla de cara, cuando el enemigo iba a golpearlo, pidió esperar un poco, para que el amado no viera que estaba herido por la espalda. No solo, pues, las naciones más guerreras son las más eróticas, beocios, lacedemonios y cretenses, sino también de los antiguos Meleagro, Aquiles, Aristómenes, Cimón, Epaminondas; pues también este tuvo amados, Asópico y Cafisodoro, quien murió con él en Mantinea y está enterrado cerca. Y al que se volvió el más temible para los enemigos y el más terrible, el primero que lo enfrentó y golpeó, Eucnamo de Anfisa, tuvo honores heroicos entre los focenses. Y de Heracles es una tarea decir los otros amores por la multitud; pero creyendo que Yolao fue su amado, hasta ahora lo veneran y honran, tomando juramentos y promesas de amor sobre la tumba de parte de los amados. Se dice también que, siendo médico, salvó a Alcestis, que estaba desahuciada, favoreciendo a Admeto, que amaba a su mujer, y siendo él mismo su amado; pues también mitifican que Apolo, al ser amante, sirvió como siervo a Admeto durante un gran año. Y bien, de alguna manera, Alcestis vino a nuestra memoria. Pues Ares no tiene mucho que ver con la mujer, pero la posesión de Eros induce a atreverse contra la naturaleza y a morir. Y si en algún lugar hay alguna utilidad de los mitos para la fe, lo demuestran los asuntos sobre Alcestis, Protesilao y Eurídice, la de Orfeo, que Hades, solo de los dioses, hace lo ordenado por Eros; aunque hacia los demás, como dice Sófocles,' no conoce ni la equidad ni la gracia, sino que amó solo la justicia simple'; pero respeta a los amantes y solo para estos no es indomable ni implacable. De donde es bueno, oh amigo, participar de la iniciación en Eleusis; pero yo veo que para los iniciados y místicos de Eros hay una mejor suerte en el Hades, no creyendo en los mitos, pero tampoco desconfiando del todo; pues dicen bien, y con alguna suerte divina tocan la verdad los que dicen que existe un ascenso desde el Hades para los amantes hacia la luz, pero dónde y cómo lo ignoran, como si hubieran errado el camino que Platón, el primero de los hombres, vio a través de la filosofía. Aunque hay algunas emanaciones delgadas y tenues de la verdad esparcidas en las mitologías de los egipcios, pero necesitan un rastreador hábil y capaz de captar lo grande con lo pequeño. Por lo cual dejemos esto, y después de la fuerza de Eros, siendo tan grande, observemos ya la benevolencia y gracia hacia los hombres, no si procura muchos bienes a los que los usan— pues esto es evidente para todos—, sino si beneficia más y mayormente a los amantes mismos; pues, aunque Eurípides era erótico, se maravilló de lo más pequeño al decir:' Eros enseña a ser poeta, incluso si antes no tenía musas'. Pues hace sensato, incluso si antes era perezoso; y valiente, se ha dicho, al que no se atrevía, como los que calientan la madera al fuego la hacen fuerte de blanda. Y todo amante se vuelve generoso, sencillo y magnánimo, incluso si antes era tacaño, al liberarse la mezquindad y la avaricia como el hierro a través del fuego; de modo que se alegran de dar a los amados, como no se alegran ellos mismos de recibir de otros; pues sabéis seguramente cómo, a Anito, el de Antemión, que amaba a Alcibíades y agasajaba a extranjeros de manera ambiciosa y brillante, Alcibíades se presentó y, tomando de la mesa, se llevó la mitad de las copas. Y al molestarse los extranjeros y decir:' El joven te ha tratado de manera insultante y arrogante', Anito dijo filantrópicamente:' Al contrario, pues le era permitido tomar todo, y él me ha dejado tanto'.
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AUTÓBULO. Zeuxipo, complacido, dijo:«¡ Por Heracles, cómo casi disolvió la enemistad paterna hacia Anito desde Sócrates! Y la enemistad de la filosofía, si era tan manso respecto al amor y noble».« Sea», dijo el padre;«¿ y de los difíciles y sombríos no hace a los que conviven con ellos más filántropos y agradables? Pues al arder el fuego, es más venerable ver la casa y el hombre, al parecer, más radiante por el calor erótico. Pero la mayoría ha sufrido algo irracional: si ven una luz en la casa de noche, la consideran divina y se maravillan; pero al ver un alma pequeña, humilde y innoble llenándose de repente de orgullo, libertad, ambición, gracia, desprendimiento,¿ no se ven obligados a decir como Telémaco:' Ciertamente algún dios está dentro'?».«¿ Y eso», dijo Dafneo,« no es demoníaco, por las Gracias?».« Que el erótico, despreciando casi todas las demás cosas, no solo a compañeros y parientes, sino también a leyes, magistrados y reyes, y no temiendo nada, ni maravillándose, ni sirviendo, sino siendo capaz de soportar incluso el rayo guerrero, al ver al bello:' se encogió como un gallo, inclinando el ala como un esclavo', y la audacia se ha quebrado y cortado, la que era el orgullo del alma. Es digno de mencionar a Safo ante las Musas; pues los romanos cuentan que Caco, el hijo de Hefesto, lanzaba fuego y llamas que fluían fuera de su boca; pero ella, verdaderamente, habla mezclada con fuego y a través de los miembros trae el calor del corazón, curando el amor con las Musas de buena voz, según Filóxeno. Pero si no has olvidado, oh Dafneo, de los antiguos amados por causa de Lisandro, recuérdanos en los que la bella Safo dice que, al aparecer la amada, la voz se detiene y el cuerpo se quema y la palidez y el extravío y el vértigo la atrapan». Al decir Dafneo aquellos versos, el padre, al tomar la palabra, dijo:« Esto, por Zeus,¿ no es una posesión divina evidente?¿ No es este un movimiento demoníaco del alma?¿ Qué ha sufrido tanto la Pitia al tocar el trípode?¿ A quién de los que están poseídos la flauta, los ritos maternos y el tambor lo sacan de sí de tal manera? Muchos vemos el mismo cuerpo y la misma belleza, pero uno solo, el erótico, ha sido tomado;¿ por qué causa? Pues no aprendemos, supongo, de lo que dice Menandro, ni entendemos:' El tiempo es la enfermedad del alma, y el golpeado es herido por dentro'. Pero el dios es el causante, al tocar a uno y dejar al otro. Lo que, pues, tenía ocasión de ser dicho al principio, ni ahora— porque ahora vino a la boca—, según Esquilo, creo que lo dejaré sin decir; pues es demasiado grande. Quizás, pues, oh amigo, también de todas las demás cosas, cuantas no llegan a nuestra noción a través de la sensación, unas han tenido fe desde el principio por el mito, otras por la ley, otras por la razón; pero de la opinión sobre los dioses, en absoluto, han sido nuestros guías y maestros los poetas, los legisladores y, tercero, los filósofos, estableciendo que existen dioses por igual, pero difiriendo grandemente entre sí sobre la multitud, el orden, la esencia y el poder de ellos. Pues aquellos, los de los filósofos, son sin enfermedad, sin vejez y sin trabajos,' habiendo huido del estrecho de gran rugido de Aqueronte'; de donde no admiten las Eridis poéticas, ni las Súplicas, ni el Terror, ni el Miedo, queriendo que sean dioses e hijos de Ares; y luchan sobre muchas cosas también con los legisladores, como Jenófanes ordenó a los egipcios que, si consideran a Osiris mortal, no lo honren como dios, y si lo consideran dios, no lo lloren. A su vez, los poetas y legisladores no soportan escuchar ni pueden entender a los filósofos que hacen dioses de ciertas ideas, números, mónadas y espíritus. Y en general, las opiniones tienen mucha anomalía y diferencia. Como, pues, hubo una vez tres facciones en Atenas, los de la costa, los de la montaña y los de la llanura, estando mal y difiriendo entre sí; luego, al reunirse todos en el mismo lugar y tomar los votos, los llevaron todos a Solón, y eligieron a este en común como conciliador, magistrado y legislador, quien pareció tener el primer lugar de la virtud sin disputa; así, las tres facciones que disienten sobre los dioses y llevan un voto distinto una de otra, y no aceptan fácilmente al que es de otra sobre uno, convienen firmemente, y en común inscriben a Eros entre los dioses, los más capaces de los poetas, legisladores y filósofos, alabándolo grandemente con voz unánime, como dijo Alceo que los mitilenios eligieron a Pítaco como tirano. Y para nosotros, Eros, rey, magistrado y armonizador, es traído desde el Helicón a la Academia, coronado por Hesíodo, Platón y Solón, y entra adornado con muchas yuntas de amistad y comunidad, no como dice Eurípides que está' uncido con cadenas no forjadas', pues este, al arrojar una fría y pesada necesidad en la necesidad por vergüenza, sino llevada por alas hacia lo más bello y divino de los seres, sobre lo cual se ha dicho mejor a otros».
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AUTÓBULO. Tras decir esto mi padre, Sóclaro dijo:«¿ Ves, Sóclaro, que al caer por segunda vez en lo mismo, no sé cómo te fuerzas y te apartas, sin que sea justo que te declares en quiebra, si es que hay que decir lo que parece, siendo el discurso sagrado? Pues hace poco, al tocar a Platón y a los egipcios como a tu pesar, pasaste de largo, y ahora haces lo mismo. Por tanto, lo que Platón ha dicho con claridad, o mejor dicho, lo que estas diosas han dicho a través de Platón,¡ oh buen amigo!, no lo digas ni aunque te lo pidamos; pero en cuanto a lo que insinuaste sobre que el mito de los egipcios coincide con los platónicos respecto a Eros, no es posible que no nos lo reveles ni nos lo expongas; nos daremos por satisfechos, aunque escuchemos poco sobre grandes temas». Como los demás también lo pedían, dijo el padre que los egipcios conocen dos Eros, de forma similar a los griegos, el popular y el celestial, pero que consideran un tercer Eros al sol, y tienen a Afrodita en gran veneración.« Nosotros, en cambio, vemos una gran semejanza de Eros con el sol, pero ninguna de Afrodita con la tierra; pues el fuego no es ninguno de los dos, como algunos piensan, sino un resplandor y un calor dulce y fecundo, y el que proviene de aquel proporciona al cuerpo alimento, luz y crecimiento, mientras que el que proviene de este lo hace a las almas. Y así como el sol es más cálido tras las nubes y después de la niebla, así Eros es más dulce y penetrante tras la ira y los celos de un amado reconciliado; además, así como algunos creen que el sol se toca y se apaga, así piensan también sobre Eros, como si fuera mortal e inestable. Y, ciertamente, ni una disposición corporal sin entrenamiento puede soportar al sol, ni el carácter de un alma inculta puede soportar a Eros sin dolor; ambos se desvían y enferman de igual modo, culpando al poder del dios y no a su propia debilidad. Salvo que en esto parecería diferir, en que el sol muestra a los que ven lo bello y lo feo sobre la tierra, mientras que Eros es el resplandor solo de lo bello y solo hacia esto persuade a los amantes a mirar y volverse, despreciando todo lo demás. Al llamar a la tierra Afrodita, en nada, pero al llamar a la luna Afrodita, tocan alguna semejanza; pues es divina y celestial y un lugar de mezcla de lo inmortal con lo mortal, pero inerte por sí misma y oscura si el sol no la ilumina, tal como Afrodita si Eros no está presente. Por tanto, es más probable que Afrodita se parezca a la luna y Eros al sol más que a los otros dioses, aunque no es que sean totalmente los mismos; pues el cuerpo no es lo mismo que el alma, sino algo distinto, como el sol es visible y Eros inteligible. Y si no parece demasiado amargo decirlo, alguien podría decir que el sol hace lo contrario a Eros; pues aparta el pensamiento de lo inteligible hacia lo sensible, hechizando con la gracia y el brillo de la vista y persuadiendo a pedir en él y alrededor de él las demás cosas y la verdad, y nada en otra parte; parecemos ser amantes difíciles de esto, de lo que brilla sobre la tierra, como dice Eurípides, por ignorancia de otra vida, o más bien por olvido de aquello de lo que Eros es recuerdo. Pues así como al despertar hacia una luz grande y brillante, todo lo que apareció en sueños se aleja y escapa del alma, así el sol parece aturdir la memoria y embriagar el pensamiento de lo que sucedió allí y cambió, olvidándose de aquello por placer y asombro. Y, sin embargo, la vigilia está verdaderamente allí y alrededor de aquello para el alma, y aquí abajo abraza y admira lo más bello y divino de los sueños. Y alrededor de ella vertió sueños engañosos y amistosos, persuadiéndola de que todo lo bello y valioso está aquí, si no encuentra a un Eros divino y sensato, médico, salvador y guía, que, habiendo llegado a través de los cuerpos, como conductor hacia la verdad desde el Hades y la llanura de la verdad, donde está establecida la belleza abundante, pura y sin engaños, la hace subir y enviar de nuevo, deseosa de abrazar y unirse tras mucho tiempo, como un mistagogo presente en una iniciación. Pero aquí, al ser enviada de nuevo, no se acerca al alma por sí misma, sino a través del cuerpo. Y como los geómetras, para los niños que aún no pueden ser iniciados por sí mismos en lo inteligible, moldean formas tangibles y visibles de la esencia incorpórea e impasible, esferas, cubos y dodecaedros, así el Eros celestial nos prepara espejos de lo bello, bellos, aunque mortales, pasibles de los dioses y sensibles de los inteligibles, y en formas, colores y aspectos de jóvenes que brillan en su plenitud, los muestra y mueve la memoria, que se inflama poco a poco a través de ellos. De donde, por la torpeza de algunos amigos y familiares, que intentan apagar la pasión por la fuerza y sin razón, no disfrutaron de nada bueno de ella, sino que se llenaron de humo y confusión, o fluyendo hacia placeres oscuros e ilegales, se marchitaron sin gloria. Pero cuantos con razonamiento sensato y con pudor, por así decirlo, quitaron lo maníaco del fuego, pero dejaron el resplandor y la luz al alma con calor, no moviendo, como dijo alguien, un terremoto hacia la semilla y el deslizamiento de átomos oprimidos por la suavidad y el cosquilleo, sino una difusión maravillosa y fecunda, como en una planta que brota y se nutre, y abriendo los poros de la docilidad y la benevolencia, no pasaría mucho tiempo en el que, superando el cuerpo de los amados, se llevan hacia adentro y tocan el carácter, llamando a las miradas, se ven y se unen a través de palabras y acciones la mayoría de las veces, si tienen un fragmento de lo bello y una imagen en sus pensamientos; si no, los dejan ir y se vuelven hacia otros, como las abejas que dejan muchas flores verdes y florecientes que no tienen miel; pero dondequiera que tengan algún rastro de lo divino, una emanación y una semejanza que los atrae, entusiasmados por el placer y el asombro, y distrayéndose, se deleitan con la memoria y se iluminan hacia aquello que es verdaderamente amable, bienaventurado y amistoso para todos y digno de ser amado».
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AUTÓBULO.« La mayoría de las cosas, pues, los poetas, bromeando, parecen escribir sobre el dios y cantar celebrándolo, pero pocas cosas han sido dichas por ellos con seriedad, ya sea por intelecto y razonamiento o porque, con la ayuda de un dios, han tocado la verdad; de las cuales una es la más terrible sobre el nacimiento:' a la que engendró Iris de hermosas sandalias, mezclándose con el Céfiro de cabellos dorados'; a menos que los gramáticos también los hayan convencido a ustedes, diciendo que la conjetura se hizo por la variedad y la floridez de la pasión». Y Dafneo dijo:«¿ Pues hacia qué otra cosa?».« Escuchad», dijo el padre,« pues así obliga a decir el fenómeno. La reflexión es, sin duda, una afección de la vista respecto al arco iris, cuando, al caer suavemente sobre una nube húmeda, lisa y de grosor moderado, toca el sol por reflexión, y al ver el resplandor alrededor de él, nos produce la luz del fantasma como si estuviera en la nube. Este mecanismo y sofisma erótico respecto a las almas bien dotadas y amantes de lo bello hace una reflexión de la memoria desde los bellos que aparecen y son llamados así aquí, hacia lo divino, amable y bienaventurado, aquel belleza verdaderamente allí y maravillosa. Pero la mayoría, persiguiendo y palpando en niños y mujeres, como en espejos, una imagen de él que aparece, no pueden obtener nada más firme que el placer mezclado con dolor; sino que este parece ser el vértigo y el error de Ixión, persiguiendo en las nubes, como en sombras, lo deseado; como los niños que se esfuerzan por atrapar el arco iris con las manos, siendo arrastrados hacia lo que aparece. Pero el modo de un amante bien dotado y sensato es otro; pues allí se refleja hacia lo divino y lo bello inteligible; al encontrar la belleza de un cuerpo visible y usarla como un instrumento de la memoria, la abraza y la ama, y al estar juntos y regocijarse, se inflama aún más en su pensamiento. Y ni estando aquí con los cuerpos se sientan deseando esta luz y admirándola, ni al llegar allí tras la muerte, volviéndose de nuevo hacia aquí y huyendo, se revuelcan en las puertas de los recién casados y en las alcobas, fantasmas de mal sueño de hombres y mujeres amantes del placer y del cuerpo, que no son llamados justamente eróticos. Pues el que es verdaderamente erótico, habiendo llegado allí y habiendo convivido con lo bello, como es debido, ha sido alado y ha celebrado sus misterios, y continúa bailando y circulando alrededor de su propio dios, hasta que, llegando de nuevo a los prados de la Luna y Afrodita y durmiendo, comienza otra generación. Pero esto», dijo,« tiene temas de discurso mayores que los presentes, pero en Eros, como en los otros dioses, está, como dice Eurípides, el alegrarse de ser honrado por los hombres y lo contrario; pues es muy benevolente con los que lo reciben armoniosamente, pero pesado con los que se han mostrado arrogantes. Pues ni el dios de los extranjeros y suplicantes persigue y castiga las injusticias de los extranjeros, ni el dios de los nacimientos las maldiciones de los padres, tan rápidamente como Eros responde a los amantes que han sido tratados sin sentido, castigador de los incultos y soberbios.¿ Pues qué podría decir uno de Euxínteto y Leucómantis, la que en Chipre todavía hoy es llamada la que mira desde la ventana? Pero quizás no han oído el castigo de Gorgó, la cretense, que sufrió cosas similares a la que mira desde la ventana, excepto que aquella se convirtió en piedra al mirar para ver a su amante siendo llevado fuera; pero de Gorgó se enamoró un tal Asandro, joven decente y de familia brillante, que había llegado de cosas brillantes a asuntos humildes y baratos, sin embargo, no se consideraba indigno de nada, sino que pedía a Gorgó, que al parecer era muy disputada por su riqueza y muy pretendida, como esposa, siendo pariente, teniendo muchos y buenos amigos que lo amaban, y habiendo convencido a todos los tutores y familiares de la joven».
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AUTÓBULO.« Además, pues, las causas y nacimientos del amor que dicen, no son propias de ningún género, sino comunes a ambos; pues,¿ acaso imágenes que entran en los amantes y, al correr, mueven y hacen cosquillas en la masa, deslizándose junto con las otras formaciones hacia la semilla, no son posibles desde niños, pero imposibles desde mujeres? Y esas bellas y sagradas memorias que llamamos hacia lo divino, verdadero y olímpico, aquella belleza, con las que el alma se alza,¿ qué impediría que ocurrieran desde niños y jóvenes, y que ocurrieran desde vírgenes y mujeres, cuando un carácter puro y ordenado en la plenitud y gracia de la forma se vuelve transparente, tal como un calzado erguido muestra la buena disposición del pie, como decía Aristón, cuando en formas bellas y cuerpos puros, los expertos en sentir tales cosas ven rastros brillantes y rectos y no quebrados del alma? Pues no es que el amante del placer, al ser preguntado si se inclina más hacia lo femenino o hacia lo masculino y respondiendo que donde esté la belleza, parezca haber respondido de forma ambidiestra a su deseo; sino que el amante de lo bello y noble no hace los amores hacia lo bello ni hacia la buena disposición, sino hacia las diferencias de las partes. Y un hombre amante de los caballos no abraza menos la buena disposición de Podargo que la de Etea de Agamenón; y un cazador no se alegra solo con los machos, sino que también cría perras cretenses y laconas; pero el amante de lo bello y filántropo no es uniforme ni igual hacia ambos géneros, sino que, como si pensara que hay diferencias de amores de mujeres y hombres, como de vestidos. Y, sin embargo, dicen que la plenitud es la flor de la virtud, y decir que lo femenino no florece ni produce una manifestación de buena disposición hacia la virtud es absurdo; pues también Esquilo hizo correctamente:' no se me escapará el ojo ardiente de una joven mujer, que ya ha probado a un hombre'.¿ Acaso, pues, signos de un carácter audaz, libertino y corrompido corren hacia las formas de las mujeres, pero ningún resplandor acompaña a la forma de una modesta y sensata?¿ O es que hay mucho que acompaña y aparece, pero no mueve ni llama al amor? Pues ninguna de las dos cosas es razonable ni verdadera, sino que, como se ha demostrado, al ser comunes a los géneros todas las cosas, como si se hubiera formado un combate común,¡ oh Dafneo!, luchemos contra esos discursos que Zeuxipo expuso hace poco, haciendo que Eros sea lo mismo que el deseo inestable y que lleva el alma hacia lo libertino, no estando él mismo convencido de ello, sino habiendo escuchado muchas veces a hombres difíciles y sin amor; de los cuales unos, arrastrando a mujeres miserables con pequeñas dotes, las arrojan a la economía y a cálculos innobles, luchando cada día, las tienen bajo su mano; otros, necesitando niños más que mujeres, como las cigarras que sueltan su semilla en una cebolla o algo así, así, habiendo engendrado rápidamente en los cuerpos que les tocó y habiendo recogido el fruto, dejan que el matrimonio se alegre, o si permanece, no se preocupan ni consideran amar ni ser amados. Pero ser amado y amar, me parece que difiere en una sola letra de' contener', mostrando inmediatamente la benevolencia mezclada por necesidad por el tiempo y la costumbre. Y a quien Eros visite y sople, primero, de la ciudad platónica, no tendrá lo mío y lo no mío; pues no son simplemente comunes las cosas de los amigos, ni de todos, sino los que, definiendo las almas con los cuerpos por la fuerza, reúnen y funden, sin querer ser dos ni pensándolo. Después, la templanza entre ellos, de la que más necesita el matrimonio, la que viene de afuera y de las leyes, teniendo más de forzado por la vergüenza y los miedos que de voluntario, obra de muchos frenos y timones a la vez, está siempre bajo la mano para los que conviven; pero Eros tiene tanto de dominio propio, orden y fe, que, incluso si alguna vez toca un alma libertina, la apartó de los otros amantes, y habiendo cortado la audacia y roto la arrogancia y lo indomable, habiendo introducido pudor, silencio, tranquilidad y habiendo puesto un aspecto ordenado, la hizo obediente a uno. Sabéis, sin duda, de oídas a aquella famosa y muy amada Lais, cómo inflamaba de deseo a Grecia, o mejor dicho, era disputada por los dos mares; pero cuando Eros la tocó, a Hipóloco el tesalio, dejando el Acrocorinto inundado de agua verde y huyendo de los otros amantes, se fue en secreto con un gran ejército de forma ordenada; allí, las mujeres, por envidia y celos debido a su belleza, la llevaron al templo de Afrodita y la lapidaron y destruyeron, de donde, al parecer, todavía hoy llaman al templo de Afrodita' la asesina de hombres'. Sabemos también de criadas que huyen de las relaciones con sus amos y de mujeres privadas que desprecian a las reinas, cuando adquieren a Eros como amo en su alma. Pues así como dicen en Roma que, al ser nombrado el llamado dictador, los que tienen los otros cargos los deponen, así, a quienes Eros se les vuelve señor, libres de los otros amos y gobernantes, continúan como siervos sagrados. Y la mujer noble, mezclada con un marido legítimo a través de Eros, soportaría los abrazos de osos y dragones antes que el toque y la unión con un hombre ajeno».
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AUTÓBULO.« Habiendo abundancia de ejemplos para ustedes, los coristas y compañeros del dios, sin embargo, el caso de Camma, la gálata, no es digno de pasarlo por alto; pues habiendo sido esta muy destacada en su aspecto, y habiéndose casado con Sinato, el tetrarca, un hombre muy poderoso de los gálatas, enamorado de Camma, mató a Sinato, como no pudiendo forzar ni persuadir a la mujer, estando aquel vivo. Y había para Camma un refugio y consuelo de la pasión, el sacerdocio paterno de Ártemis; y pasaba la mayor parte del tiempo junto a la diosa, no admitiendo a nadie, aunque muchos reyes y poderosos la pretendían. Sin embargo, habiendo osado Sinórix acercarse para pedir matrimonio, ella no huyó de la prueba ni se quejó de lo sucedido, como si Sinórix hubiera sido llevado a ello por benevolencia hacia ella y deseo, y no por otra maldad. Vino, pues, aquel confiado y pidió el matrimonio; ella salió a su encuentro y, habiéndolo saludado y llevado al altar de la diosa, vertió de una copa una mezcla de miel, al parecer, envenenada; luego, habiendo bebido ella misma la mitad, entregó el resto al gálata; y cuando vio que lo había bebido, lanzó un grito brillante y, pronunciando el nombre del difunto, dijo:'¿ Esperaba yo este día, oh amadísimo esposo? Vivía penosamente sin ti; ahora recíbeme alegre; pues me vengé por ti del peor de los hombres, habiendo sido gustosamente partícipe de la vida para ti y de la muerte para este'. Sinórix, pues, siendo llevado en una litera, murió al poco tiempo, y se dice que Camma, habiendo sobrevivido el día y la noche, murió muy valiente y alegremente».
23
AUTÓBULO.« Habiendo sucedido muchas cosas así tanto entre nosotros como entre los bárbaros,¿ quién podría soportar a los que insultan a Afrodita, como si, uniéndose a Eros y estando presente, impidiera que se formara la amistad? La relación hacia un varón, de un varón, o mejor dicho, la incontinencia y el asalto, alguien podría decir, habiéndolo pensado, que esto es insolencia y no Cipris lo que lo produce. Por lo cual, a los que se complacen en padecer, poniéndolos en el peor género de maldad, no les otorgamos parte de fe, ni de pudor, ni de amistad, sino que, verdaderamente, según Sófocles, de tales amigos unos se alegran de estar privados, y los que los tienen desean huir. Pero cuantos, no siendo malos por naturaleza, fueron engañados o forzados a ceder y entregarse, no dejan de sospechar y odiar a nadie más que a los que los dispusieron, y se vengan amargamente cuando la ocasión lo permite. Pues Arquelao fue matado por Crateas, que había sido su amado, y Alejandro de Feras por Pitolao. Y Periandro, el tirano de los ambraciotas, preguntaba al amado si aún no estaba encinta, y aquel, irritado, lo mató. Pero para las mujeres casadas, estos son principios de amistad, como participaciones de grandes misterios. Y el placer es pequeño, pero el honor, la gracia, el amor mutuo y la fe que brotan de esto cada día no refutan a los delfios que dicen tonterías, porque llaman a Afrodita' Carro', ni a Homero que llama a tal unión' amistad'; y testifica que Solón fue el legislador más experimentado en asuntos matrimoniales, al ordenar no acercarse a la esposa menos de tres veces al mes,¿ no por placer, de dónde? Sino que, así como las ciudades renuevan treguas entre sí tras un tiempo, así, al querer renovar el matrimonio de las molestias que se acumulan cada vez en tal benevolencia. Pero muchas cosas son viles y maníacas en los amores de las mujeres.¿ Y por qué no más en los de los niños?' Al mirar la familiaridad, resbalaba un joven sin barba, tierno y bello, morir abrazado y obtener un epigrama'. Pero así como esto es manía por los niños, así aquello es manía por las mujeres, y ninguna de las dos es Eros. Es absurdo, pues, decir que las mujeres no participan de la virtud ni de otra cosa;¿ y qué necesidad hay de hablar de su templanza y prudencia, y además de su fe y justicia, donde también lo valiente, lo audaz y lo magnánimo ha sido evidente en muchas? Pero el que su naturaleza sea bella para las demás cosas, pero al criticar, mostrarla inadecuada solo para la amistad, es totalmente terrible. Pues también son amantes de los hijos, amantes de los maridos y el afecto en general está en ellas, como una tierra bien dotada y receptiva a la amistad, no está privada ni de persuasión ni de gracias. Y así como la poesía, al aplicar a un discurso adornos, melodías, metros y ritmos, hizo que lo que educa de él fuera más movilizador y lo que daña más difícil de vigilar, así la naturaleza, al poner a la mujer gracia de aspecto, persuasión de voz y una forma atractiva, ayudó mucho a la libertina hacia el placer y el engaño, y a la sensata hacia la benevolencia del marido y la amistad. Platón, pues, exhortaba a Jenócrates, que era noble en lo demás y grande, pero muy austero en su carácter, a sacrificar a las Gracias. Pero alguien aconsejaría a una mujer buena y sensata sacrificar a Eros, para que sea benevolente y conviva con el matrimonio y sea dulce para los asuntos femeninos, y que el marido, al no fluir hacia otra, se vea obligado a decir las voces de la comedia:'¡ qué injusticia le hago a mi mujer, el desdichado que soy!'. Pues amar en el matrimonio es un bien mayor que ser amado; pues libera de muchos errores, o mejor dicho, de todos los que corrompen y dañan el matrimonio».
24
AUTÓBULO.« Lo apasionado al principio y que muerde,¡ oh bienaventurado Zeuxipo!, no lo temas como una herida o un picor; aunque quizás incluso con herida no sea nada terrible, como los árboles, llegar a ser unidos con una mujer buena. Y la ulceración es también el principio de la gestación; pues no hay mezcla de los que no han padecido el uno por el otro. Y también las lecciones confunden a los niños que comienzan, y la filosofía a los jóvenes; pero ni a estos les permanece siempre lo que muerde, ni a los que aman, sino que, como si líquidos que han caído el uno sobre el otro parecen producir un hervor y confusión al principio, luego, con el tiempo, habiéndose establecido y calmado, proporcionó la disposición más firme. Pues esta es, verdaderamente, la llamada mezcla a través de todo, la de los que aman; pero la de los que conviven de otra manera se parece a los toques y abrazos según Epicuro, recibiendo choques y rebotes, y no haciendo una unidad tal como la que hace Eros al apoderarse de la comunión matrimonial. Pues ni los placeres son mayores de otros, ni las necesidades más continuas hacia otros, ni lo bello de la amistad es tan glorioso y envidiable como cuando' con pensamientos armoniosos tienen una casa, marido y mujer'; pues también la ley ayuda, y la naturaleza demuestra que los dioses necesitan de la unión común y de Eros. Pues así, los poetas dicen que la tierra ama la lluvia y el cielo la tierra, y los físicos que la luna ama al sol y se une y es fecundada; y¿ no es necesario que la tierra, madre de los hombres y de todos los animales y plantas, perezca alguna vez y se apague totalmente, cuando el terrible amor o deseo del dios abandone la materia y deje de desear y perseguir el principio y movimiento de allí? Pero para que no parezcamos desviarnos lejos o decir tonterías, sabes cómo dicen muchas cosas sobre la inestabilidad de los amores de los niños y se burlan diciendo que, como un huevo, dividen la amistad con un pelo, y ellos, como nómadas, pasando la primavera en los florecientes y brillantes, luego, como de una tierra enemiga, levantan el campamento; y aún más vulgarmente, el sofista Bión llamaba a los cabellos de los bellos' Harmodios y Aristogitones', como si los amantes fueran liberados de una bella tiranía por ellos. Estas cosas no son justamente acusadas de los amantes genuinos; pero lo dicho por Eurípides es elegante; pues decía, abrazando y besando a Agatón, el bello, que ya tenía barba, que el otoño de los bellos también espera, no envejeciendo ni con arrugas, sino que permanece hasta las tumbas y monumentos; y es posible enumerar pocas uniones de amores de niños, pero miles de amores de mujeres, compartiendo fiel y prontamente la comunión de toda fe; quiero exponer una de las cosas que sucedieron en nuestros tiempos bajo el César Vespasiano».
25
AUTÓBULO.« Pues Julio, el que provocó la rebelión en Galacia, tuvo, como es natural, otros muchos cómplices y a Sabino, un hombre joven no innoble, pero en riqueza y gloria el más destacado de todos los hombres. Habiendo tocado grandes asuntos, fracasaron y, esperando pagar la pena, unos se mataban a sí mismos, otros, huyendo, eran capturados. A Sabino, los demás asuntos le permitían fácilmente apartarse y refugiarse entre los bárbaros; pero a la mujer que había tomado, la mejor de todas— allí la llamaban Empona, y en griego alguien la llamaría Heroína—, no podía dejarla ni llevarla consigo. Teniendo, pues, en el campo almacenes de dinero subterráneos, que solo dos de sus libertos conocían, despidió a los otros sirvientes, como si fuera a matarse con veneno, y habiendo tomado a dos fieles, bajó a los subterráneos; y envió a Marcial, un liberto, a la mujer para anunciar que había muerto por venenos y que la casa se había quemado junto con el cuerpo; pues quería usar el duelo de la mujer, verdadero, para la fe de la supuesta muerte, lo cual sucedió; pues habiendo arrojado el cuerpo, como pudo, con lamentos y gemidos, soportó tres días y noches sin comer. Sabino, al enterarse de esto y temiendo que se destruyera totalmente, ordenó a Marcial que le dijera en secreto que vivía y se escondía, y que le pedía que soportara un poco el duelo y que no se volviera convincente en la simulación. Las otras cosas, pues, eran actuadas con angustia por la mujer con la fama de la pasión; pero deseando verlo, se iba de noche y volvía de nuevo; y de esto, ocultándose de los demás, estuvo poco de vivir en el Hades con su marido más de siete meses seguidos, en los cuales, habiendo preparado a Sabino con ropa, corte de pelo y vendaje de la cabeza, lo llevó a Roma consigo, habiendo dado algunas esperanzas. Pero al no haber hecho nada, volvió de nuevo, y la mayor parte del tiempo convivía con él bajo tierra, y con el tiempo iba a la ciudad, siendo vista por sus amigas y mujeres conocidas. Pero lo más increíble de todo, ocultó que estaba encinta bañándose con las mujeres; pues el veneno con el que las mujeres se ungen el cabello y lo hacen dorado y pelirrojo, tiene una grasa que crea carne o que afloja la carne, de modo que produce una especie de difusión o hinchazón; usando, pues, esto en abundancia en las otras partes del cuerpo, ocultaba la hinchazón del vientre, que se levantaba y llenaba. Y los dolores del parto los soportó ella misma por sí sola, como una leona que se mete en una guarida junto al marido, y crió a los cachorros que nacieron, varones; pues dio a luz a dos. De los hijos, uno murió al caer en Egipto, y el otro hace poco y recientemente ha estado en Delfos con nosotros, de nombre Sabino. El César, pues, la mata; y al matarla, paga la pena, habiendo sido destruido todo el linaje en poco tiempo. Pues el gobierno de entonces no trajo nada más sombrío ni más probable que los dioses y demonios apartaran la vista; aunque la compasión la quitaba de los espectadores su valentía y su hablar en grande, con lo que irritó más a Vespasiano, al pedirle el cambio de su salvación, pues decía que había vivido bajo la oscuridad y bajo tierra más dulcemente que él reinando».
26
AUTÓBULO.« Aquí, pues, el padre dijo que el discurso sobre Eros terminó para ellos, estando cerca de Tespias; y que fue visto acercándose más rápido que caminando hacia ellos uno de los compañeros de Pisias, Diógenes; y habiendo dicho Sóclaro hacia él todavía desde lejos:' No una guerra,¡ oh Diógenes!, anuncias', que aquel dijo:'¿ No hablaréis bien, habiendo bodas, y os adelantaréis más rápido, como si el sacrificio os estuviera esperando?'. Todos, pues, se alegraron, y Zeuxipo preguntó si todavía está enfadado.' Primero, pues', dijo,' cedió a Ismenodora; y ahora, voluntariamente, habiendo tomado una corona y un vestido blanco, tal como es, se dispone a guiar a través del ágora hacia el dios. Pero vayamos, sí, por Zeus', dijo el padre,' vayamos, para que nos riamos del hombre y adoremos al dios; pues es evidente que se alegra y está presente, benevolente con lo que se hace'».

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