An vitiositas ad infelicitatem sufficia
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Soporta tener el cuerpo vendido, poseyendo la dote como dice Eurípides, cosas declaradas breves e inciertas; pero él, caminando a través de no mucha ceniza, sino de una especie de pira real, y ardiendo, lleno de jadeo, miedo y sudor marino, al haber añadido cierta riqueza de Tántalo, no puede disfrutarla por falta de tiempo. Pues aquel criador de caballos de Sición, siendo sensato, dio al rey de los aqueos una yegua corredora como regalo, para que no lo siguiera bajo la ventosa Ilión, sino que permaneciera allí deleitándose, entregándose a una profunda abundancia y a un ocio sin dolor; pero los de ahora, que parecen estar libres de dolor y ser prácticos, sin que nadie los llame, se precipitan por sí mismos de cabeza a cortes, procesiones y esperas ante las puertas, penosas, para conseguir algún caballo, un broche o alguna prosperidad semejante. Y a él le quedaba una esposa que se rasgaba las mejillas en Fílaca, y una casa a medio terminar; pero él es arrastrado y vaga, desgastado en ciertas esperanzas y ultrajado; y si llega a conseguir algo de lo que desea, tras haber sido llevado de un lado a otro y mareado ante el salto de la fortuna, busca una salida y felicita a los oscuros y a los que viven seguros, mientras que ellos, a su vez, miran hacia arriba a aquel que es llevado por encima de ellos.
2
De todas las maneras la maldad dispone a todos los hombres, siendo una artífice autosuficiente de la desdicha; pues no tiene necesidad ni de instrumentos ni de servidores. Otros tiranos, esforzándose por hacer miserables a quienes castigan, alimentan verdugos y torturadores, o idean cauterios y cuñas para un alma irracional; pero la maldad, al unirse al alma sin ninguna preparación, la aplastó y la abatió, llenó al hombre de dolor, lamentos, pesadumbre y arrepentimiento. Y he aquí la prueba: muchos, al ser cortados, callan, y al ser azotados, resisten, y al ser acuñados por amos o tiranos, no emitieron voz, cuando el alma, cerrándose, presiona y retiene el dolor con la razón como si fuera una mano; pero al arrebato no podrías ordenarle calma, ni al duelo silencio; no convencerías a quien teme que se detenga, ni a quien se aflige por arrepentimiento que no grite, ni que se arranque los cabellos o se golpee el muslo. Así, la maldad es más violenta que el fuego y el hierro.
3
Las ciudades, sin duda, cuando anuncian la licitación de templos o colosos, escuchan a los artesanos que compiten por el contrato y presentan discursos y modelos; luego eligen al que hace lo mismo con menos gasto, mejor y más rápido. Propongamos, pues, nosotros también una licitación de una vida y de un hombre desdichado, y luego que se acerquen a la licitación la Fortuna y la Maldad, disputando: la una, llena de instrumentos de todo tipo y de un equipo costoso para la elaboración de una vida desdichada y lastimosa, atrayendo ciertos robos, guerras, asesinatos de tiranos, tormentas del mar y rayos del aire, triturando cicuta, trayendo espadas, reclutando sicofantes, encendiendo fiebres, poniendo grilletes y construyendo prisiones alrededor; aunque la mayoría de estas cosas son más de la Maldad que de la Fortuna, pero que todo sea de la Fortuna. La Maldad, estando presente, desnuda y sin necesitar nada de lo externo, pregunte también a la Fortuna cómo hará al hombre desdichado y desanimado. Fortuna,¿ amenazas con la pobreza? Se ríe de ti Metrocles, quien durmiendo en invierno entre las ovejas y en verano en los propileos de los templos, desafiaba a un combate sobre la felicidad al rey de los persas, que pasaba el invierno en Babilonia y el verano en Media.¿ Traes esclavitud, cadenas y venta? Te desprecia Diógenes, quien, siendo vendido por los piratas, pregonaba:¿ quién quiere comprar un amo?¿ Mezclas una copa de veneno?¿ Acaso no se la ofreciste también a Sócrates, y él, sereno y amable, sin temblar ni alterar nada de su color ni de su aspecto, la bebió con mucha facilidad? Y los vivos lo felicitaban al morir, como si ni siquiera en el Hades fuera a estar sin una parte divina. Y, ciertamente, tu fuego lo anticipó Decio, el general de los romanos, cuando, tras apilar una pira en medio de los campamentos, se consagró a sí mismo a Crono según un voto por el mando. Las mujeres indias, amantes de sus esposos y sensatas, disputan y luchan entre sí por el fuego, y las demás cantan que la que vence es dichosa al ser quemada junto con su marido muerto. De los sabios de allí, ninguno es envidiable ni dichoso, a menos que, estando aún vivo, consciente y sano de cuerpo, separe su alma del cuerpo con fuego y salga puro de la carne, habiéndose lavado lo mortal.¿ Pero lo reducirás desde una hacienda brillante, casa, mesa y lujo a un manto, un zurrón y la mendicidad de alimento diario? Estos son para Diógenes principios de felicidad, estos para Crates de libertad y gloria.¿ Pero lo clavarás en una cruz o lo fijarás en una estaca?¿ Y qué le importa a Teodoro si se pudre sobre la tierra o bajo la tierra? Estas son las felices sepulturas de los escitas; los perros de los hircanios y las aves de los bactrianos devoran a los muertos según las leyes, cuando alcanzan un fin dichoso.
4
Entonces,¿ quiénes hacen desdichados a estos? Los cobardes y los insensatos, los no curtidos y los no entrenados, los que conservan desde niños las opiniones que tienen. Por tanto, la Fortuna no es la artífice de la desdicha, a menos que tenga a la maldad como colaboradora. Pues así como la fibra corta el hueso al estar empapada en ceniza y vinagre, y al elefante, al volverse blando con cerveza, lo doblan y le dan forma, y de otro modo no pueden; así la fortuna, al caer sobre lo que ha sufrido por sí mismo y está blando por la maldad, lo ahueca y lo hiere. Y al igual que el jugo parto, que no es dañino para ninguno de los otros ni causa dolor a quienes lo tocan y lo llevan, si se aplica solo a los heridos, destruye inmediatamente al que ha sufrido y recibe la emanación; así el que está a punto de ser aplastado por la fortuna tiene en sí mismo una herida propia y un mal de la carne, de modo que hace que lo que cae desde fuera sea lamentable.
5
¿ Acaso, pues, la maldad es tal que necesita de la fortuna para la elaboración de la desdicha?¿ De dónde? No se levanta un mar áspero y tormentoso, no cruza desiertos con emboscadas de ladrones en los caminos, no rompe nubes graniceras sobre campos fructíferos, no impulsa a un sicofante como Meleto, Ánito o Calíxeno, no arrebata la riqueza, no impide el mando, para hacer a los hombres desdichados; sino que los hace ricos, prósperos, herederos en la tierra, a través del mar, se ha introducido, se ha adherido, consumiéndolos con los deseos, quemándolos con los arrebatos, aplastándolos con las supersticiones, desgarrándolos con los ojos.