Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
Animine an corporis affectiones sint peiores
Plutarch (plutarch)Peio 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/plutarch" aria-label="More works by Plutarch (plutarch)"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
Homero, al observar los géneros mortales de los seres vivos y compararlos entre sí según sus vidas y modos de sustento, proclamó que no hay nada más miserable que el hombre, de entre todos los que respiran y se arrastran sobre la tierra, otorgándole al hombre el triste privilegio de la preeminencia en males. Nosotros, sin embargo, como si el hombre ya hubiera vencido en desdicha y fuera proclamado el más miserable de los seres vivos, comparémoslo consigo mismo, dividiendo cuerpo y alma en una contienda de males propios, no de manera inútil, sino muy necesaria, para aprender si vivimos más miserablemente por causa de la fortuna o por nosotros mismos. Pues la enfermedad en el cuerpo nace por naturaleza, pero la maldad y la depravación en el alma son, primero, una obra y, después, una afección de esta. Y no es pequeño el beneficio para la tranquilidad de ánimo si lo peor es curable, más leve y no pulsátil.
2
La zorra de Esopo, litigando sobre la variedad ante la pantera, mientras aquella mostraba su cuerpo y su superficie florida y moteada, y la de la zorra era de un color amarillento, áspero y poco agradable a la vista, dijo:« Pero si observas mi interior, juez, me verás más variada que ella, pues mi versatilidad en el carácter se adapta a muchas necesidades». Digamos, pues, entre nosotros:«¡ Oh hombre!, muchas enfermedades y afecciones te produce tu cuerpo por naturaleza y las recibe al caer sobre ti desde fuera; pero si te abrieras por dentro, hallarás un almacén y tesoro variado y lleno de afecciones de males, como dice Demócrito, que no fluyen desde fuera, sino que tienen fuentes como terrestres y autóctonas, que la maldad, al ser abundante y copiosa, libera para las afecciones». Y si las enfermedades en la carne se descubren al enrojecerse con pulsaciones y palideces, y el calor y los dolores repentinos las delatan, mientras que los males en el alma pasan inadvertidos para la mayoría por ser tales, es por esto que son peores, al privar al que los padece de la percepción de ellos. Pues la razón fortalecida percibe las enfermedades del cuerpo; pero el que padece junto con las del alma no tiene juicio sobre lo que sufre, pues sufre con aquello con lo que juzga; y es necesario contar la insensatez como la primera y mayor de las afecciones del alma, a través de la cual la maldad incurable convive, cohabita y muere con la mayoría. Pues el principio de la liberación de una enfermedad es la percepción que conduce a la necesidad de un auxiliar para lo que padece; pero el que, por desconfianza de estar enfermo, no sabe lo que necesita, incluso si el remedio está presente, lo rechaza. Pues también de las enfermedades del cuerpo, las que van acompañadas de insensibilidad son peores: letargos, cefaleas, epilepsias, apoplejías; y las fiebres mismas, al tensar hasta el delirio lo que está inflamado y perturbar la percepción como en un instrumento, mueven cuerdas que estaban inmóviles en la mente.
3
Por eso los hijos de los médicos desean que el hombre no enferme, pero, si enferma, que no ignore que está enfermo; lo cual sucede con todas las afecciones del alma. Pues ni los insensatos, ni los libertinos, ni los que obran injustamente parecen errar, sino que algunos incluso creen acertar. Pues nadie llamó salud a la fiebre, ni bienestar a la tisis, ni ligereza de pies a la podagra, ni rubor a la palidez, pero muchos llaman valentía a la ira, amistad al amor, rivalidad a la envidia y seguridad a la cobardía. Y luego, unos llaman a los médicos, pues perciben lo que necesitan para lo que padecen; otros huyen de los filósofos, pues creen acertar en aquello en lo que se equivocan. Pues, usando este argumento, decimos que es más leve la oftalmía que la locura y la podagra que la frenitis. Pues el uno percibe y llama al médico gritando, y al estar presente le permite ungir la vista, cortar la vena, tratar la cabeza; pero escuchas a la Agave enloquecida, por causa de la afección, ignorando lo más querido:« Traemos del monte un sarmiento recién cortado a los palacios, una presa dichosa». Pues el que enferma del cuerpo, al ceder inmediatamente y dejarse caer en la camilla, guarda reposo mientras es tratado; y si en algún lugar el cuerpo se agita un poco y salta al sobrevenir una inflamación, alguien de los que están sentados al lado dice:« Quédate tranquilo, desdichado, quieto en tu lecho», y lo detiene y contiene. Pero los que están en las afecciones del alma, entonces es cuando más actúan, entonces es cuando menos descansan; pues los impulsos son el principio de las acciones, y las afecciones son la intensidad de los impulsos. Por eso no permiten que el alma repose, sino que, cuando el hombre más necesita permanencia, silencio y contención, entonces lo arrastran al aire libre, entonces lo descubren las iras, las rivalidades, los amores, las penas, viéndose obligado a hacer muchas cosas contrarias a la ley y a hablar cosas inoportunas.
4
Pues así como es más peligroso el invierno que no permite navegar que el que impide fondear, así las tempestades del alma son más graves al no permitir que el hombre se recoja ni que detenga su razón perturbada; sino que, sin timón y sin lastre, en medio de la confusión y el extravío, siendo zarandeado en carreras funestas y descarriadas, cayó en un naufragio temible y destruyó su propia vida. De modo que, también por esto y en esto, es peor enfermar del alma que del cuerpo; pues a los unos les sucede solo padecer, mientras que a los otros les sucede padecer y obrar mal.¿ Y qué necesidad hay de decir mucho sobre las afecciones, de las cuales el momento mismo es un recordatorio?¿ Veis a esta multitud numerosa y mezclada, reunida aquí y agitándose alrededor de la tribuna y el ágora? No se han reunido para sacrificar a los dioses patrios ni para participar unos con otros de los ritos de los antepasados, ni para llevar a Zeus Ascraeo las primicias de los frutos de los lidios, ni para celebrar con Dioniso el tíaso bacante en noches sagradas y festines comunes; sino que, como en los periodos anuales, el punto álgido de la enfermedad, al irritar a Asia, la hace llegar aquí puntualmente para juicios y contiendas; y una multitud, como corrientes abundantes, ha caído en una sola ágora y se inflama y se ha desgarrado entre los que destruyen y los que son destruidos.¿ Qué obras de fiebres son estas, qué obras de escalofríos?¿ Qué obstrucciones, qué sobrevenidas, qué discrasia de calores o exceso de humores? Si examinas cada juicio como a un hombre, de dónde ha nacido, de dónde viene, uno lo ha engendrado la ira obstinada, otro la rivalidad maníaca, otro la injusta codicia.

Intertext edge

Open linked passage

Note