Aquane an ignis sit utilior
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Original / primary: Spanish Gemini
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« Lo mejor es el agua, pero el oro es como fuego que arde», dice Píndaro; de modo que este otorgó al fuego un lugar inmediatamente secundario respecto al agua. También coincide Hesíodo al decir:« En verdad, lo primero que nació fue el Caos», pues a la mayoría le parece que el agua recibió este nombre por su fluidez. Pero el testimonio de los testigos es igual para ambos; puesto que también hay quienes declaran que el fuego es el principio del todo, y que este es como una semilla que hace todas las cosas a partir de sí misma y las reabsorbe en sí misma durante la conflagración. Dejando a un lado a los hombres, examinemos hacia dónde nos conducen más bien los argumentos a favor de cada uno.
2
¿ Acaso no es más útil aquello de lo que siempre y continuamente tenemos necesidad y en mayor cantidad, como si fuera una herramienta y un instrumento, y, por Zeus, un amigo presente y dispuesto en toda estación y en todo momento? Y, ciertamente, el fuego no siempre es útil, y hay ocasiones en que nos resulta gravoso y nos apartamos de él; pero del agua hay necesidad tanto en invierno como en verano, tanto para los enfermos como para los sanos, de noche y de día, y no hay momento en que el hombre no la necesite. Sin duda, a los muertos los llaman« alibantes», como necesitados de« libas», es decir, de humedad, y por esto a los privados de la vida. Y sin fuego hubo muchas cosas, pero sin agua el hombre nunca. Además, lo que es desde el principio y junto con la primera constitución de los hombres es más útil que lo descubierto después; pues es evidente que la naturaleza otorgó lo verdaderamente necesario, mientras que la técnica y algún artificio descubrieron lo que es por exceso de uso. Por tanto, no es posible decir cuándo el agua no existió para los hombres, ni se menciona a ningún dios o héroe como su descubridor; pues casi desde que nacieron ya existía y proporcionaba el haber nacido. Pero el uso del fuego, dicen, fue ayer y anteayer por Prometeo; la vida existía con fuego, pero no sin agua. Y que esta invención no es indispensable lo demuestra la vida entre nosotros; pues hay algunos linajes de hombres que realizan su modo de vida sin fuego, sin casa, sin hogar y al aire libre; y Diógenes el perro apenas usaba el fuego, de modo que, al tragar un pulpo crudo, dijo:« Por vosotros, hombres, me arriesgo». Pero sin agua, nadie consideró que fuera bueno ni posible vivir.
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¿ Y por qué me detengo en pequeñeces al examinar la naturaleza de los hombres? Pues siendo muchos, o más bien infinitos, los linajes, casi solo el de los hombres conoce el uso del fuego, mientras que los demás utilizan modos de vida y alimentos sin fuego, y su vida consiste en pastar, volar o reptar, a partir de raíces, frutos y carnes sin fuego; pero sin agua no hay ser marino, ni terrestre, ni aéreo, pues incluso los animales carnívoros, de los cuales Aristóteles dice que algunos no beben, sobreviven utilizando la humedad interna. Por tanto, es más útil aquello sin lo cual ninguna naturaleza de vida se sostiene ni permanece.
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Pasemos de los que usan a aquello que usamos: las plantas y los frutos. De estos, algunos no han participado en absoluto del calor, y otros lo han hecho mínimamente y de forma imperceptible; pero la naturaleza húmeda proporciona todo lo que brota, crece y da fruto.¿ Y qué necesidad hay de enumerar el vino, el aceite y todo lo demás que cosechamos, ordeñamos y extraemos, que se encuentra a la vista, cuando incluso el fuego, que parece ser propio del alimento seco, surge por la transformación, putrefacción y disolución de lo húmedo?
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Y, ciertamente, es más útil lo que nunca daña. El fuego, al fluir, es sumamente destructivo, pero la naturaleza del agua nunca es dañina. Además, de dos cosas, es más útil la más sencilla y la que proporciona su beneficio por sí misma sin necesidad de preparación alguna. La provisión del fuego requiere de materia; por esto, los ricos participan de él más que los pobres, y los reyes más que los particulares. Pero el agua tiene también esto de filantrópico: la igualdad, la semejanza; pues no necesita instrumentos ni herramientas, es un bien autosuficiente y que no necesita nada.
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Además, lo que al multiplicarse destruye el beneficio es más inútil; tal es el fuego, como una fiera omnívora que consume lo que tiene cerca, y es útil más por método, técnica y moderación que por su propia naturaleza; pero el agua nunca es temible. Y, ciertamente, de dos cosas, es más útil la que es compatible con la otra. El fuego no admite lo húmedo ni es útil en su comunión, pero el agua es útil junto con el fuego; al menos, las aguas termales son curativas y sensibles para el tratamiento. Y no se podría encontrar un fuego húmedo, pero el agua, tanto fría como caliente, es útil para el hombre.
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Y, ciertamente, siendo cuatro los elementos, el agua ha hecho de sí misma un quinto elemento, por así decirlo: el mar, no menos útil que aquellos, tanto por otras razones como, sobre todo, por la interacción. Siendo nuestra vida salvaje y sin intercambio, este elemento la unió y la hizo perfecta, corrigiéndola con los auxilios y contraprestaciones mutuas, y produciendo comunión y amistad. Heráclito dice que, si no hubiera sol, sería de noche; pero se puede decir que, si no hubiera mar, el hombre sería el animal más salvaje y necesitado de todos. Pero ahora, este ha dado a los griegos la vid de los indios, y a los que están más allá del mar el uso de los frutos de Grecia, y trajo de Fenicia las letras, recuerdos contra el olvido, y evitó que la mayor parte del género humano fuera sin vino, sin frutos y sin educación.¿ Cómo, pues, no es el agua más útil que un elemento superfluo?
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¿ O acaso alguien podría decir lo contrario a partir de esto? Que, habiendo cuatro elementos sometidos a Dios como a un artesano para la elaboración del todo, hay a su vez diferencia entre ellos; excepto que la tierra y el agua están supeditadas a modo de materia, siendo moldeadas y participando del orden y la disposición, y, dicen, del brotar y engendrar, en la medida en que participan de otros, mientras que el espíritu y el fuego actúan y crean, levantando hacia la génesis lo que antes yacía muerto. Y de estos dos, a su vez, el fuego manda y gobierna. Es evidente por la inducción: pues la tierra sin la sustancia caliente es estéril e infructífera; pero el fuego, al ser activo y disolvente, los dispone hacia la génesis, pues nadie podría encontrar una causa por la cual las rocas estériles y las partes más áridas de las montañas no participan en absoluto o participan poco del fuego.
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En conjunto, el agua está tan lejos de ser autosuficiente para la salvación o la génesis de otros, que incluso para ella misma la carencia de fuego es corrupción; pues el calor mantiene a cada cosa en su ser y la preserva en su propia sustancia, al igual que a las demás, también al agua; al faltar y carecer de él, se pudre, y la muerte y destrucción para el agua es la falta de calor. Sin duda, las aguas estancadas y las que permanecen en cavidades sin salida son nocivas, y al final se pudren por participar mínimamente del movimiento, el cual, al avivar el calor en cada una, lo mantiene en las aguas que más se mueven y fluyen, manteniéndose el calor por el movimiento, y así es como lo llamamos, diciendo que vive.¿ Cómo, pues, de dos cosas no es más útil la que ha proporcionado al otro la causa de ser, como el fuego al agua? Y, ciertamente, aquello de lo que, al privarse por completo, el animal perece, es más útil; pues es evidente que aquello de lo que, al ser privado, no es posible existir, eso mismo ha proporcionado la causa cuando existía. La humedad, pues, está presente incluso en los muertos y no ha sido eliminada por completo, puesto que si no, los cuerpos muertos no se pudrirían, siendo la putrefacción una transformación de lo seco a lo húmedo, o más bien una corrupción de los humedales en la carne. La muerte no es otra cosa que la falta total de calor; por tanto, los muertos son sumamente fríos; y, si alguien lo intentara, embotan el filo de las navajas por el exceso de frialdad. E incluso en el animal mismo, las partes que menos participan del fuego son las más insensibles, como los huesos, los pelos y las partes alejadas del corazón; pues casi es mayor la diferencia que resulta de la ausencia que la que resulta de la presencia del fuego. Pues la humedad no hace brotar las plantas y los frutos, sino la humedad caliente; sin duda, las aguas frías son menos o nada fértiles. Y, sin embargo, si el agua fuera fructífera por su propia naturaleza, debería producir frutos siempre y por sí misma; pero ocurre lo contrario y es incluso dañino.
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Desde otro principio: para el uso del fuego como fuego no necesitamos agua, sino que, al contrario, se convierte en un obstáculo, pues la apaga y destruye. Pero para la mayoría, el uso del agua no es posible sin fuego; pues al calentarse es más útil, mientras que de otro modo es dañina. De modo que, de dos cosas, es mejor la que proporciona utilidad por sí misma, sin necesitar de la otra. Además, el agua es útil de una sola manera al tacto, al bañarse o lavarse, mientras que el fuego lo es a través de toda sensación; pues tanto a través del tacto como al ser visto desde lejos, de modo que a las otras necesidades de él se añade también la suntuosidad.
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Pues decir que el hombre puede existir alguna vez sin fuego es imposible. Pero hay diferencias en el género, al igual que en otras cosas. Y el calor hizo al mar más útil, al ser más cálido que las aguas, puesto que por sí mismo no difería en nada de las demás. Y los que no necesitan del fuego externo no sufren esto por no necesitarlo, sino por el exceso y abundancia del calor que hay en ellos; de modo que también en esto supera la necesidad del fuego, como es natural. El agua nunca es tal que no necesite de lo externo, mientras que el fuego, por su gran virtud, es autosuficiente; así pues, como es mejor el general que ha preparado a la ciudad para no necesitar aliados externos, así también el elemento que proporciona el auxilio externo y a menudo no lo necesita es superior. Esto debe decirse también sobre los otros animales que no necesitan fuego. Y, sin embargo, alguien podría tomarlo en sentido contrario, que es más útil aquello que usamos solo nosotros, los que también podemos obtener lo mejor mediante el razonamiento; pues¿ qué es más útil para la razón o más provechoso para los hombres? Pero no está presente en los irracionales.¿ Qué entonces?¿ Por eso es menos útil, al haber sido descubierto por la providencia de lo mejor?
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Y puesto que hemos llegado a este punto del argumento,¿ qué es más provechoso para la vida que la técnica? Y el fuego descubrió y conserva todas las técnicas, por lo cual hacen a Hefesto su jefe. Y, ciertamente, habiéndose dado a los hombres poco tiempo y vida, Aristón dice que el sueño, como un recaudador, nos quita la mitad de ella; yo diría que por eso la oscuridad siempre está despierta durante la noche, pero no hay beneficio alguno de la vigilia si el fuego no nos proporcionara los bienes del día, y eliminara la diferencia entre el día y la noche. Si, pues, nada es más provechoso para los hombres que vivir y el fuego multiplica esto,¿ cómo no habría de ser el más útil de todos?
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Y, ciertamente, aquello que ha participado en mayor medida de la mezcla de las sensaciones,¿ no sería lo más provechoso?¿ No ves, pues, que ninguna de las sensaciones utiliza por sí misma la naturaleza húmeda sin que esté mezclado el espíritu o el fuego, mientras que toda sensación ha participado del fuego, como si produjera lo vital, y especialmente la vista, que es la más aguda de las sensaciones a través del cuerpo, al ser una emanación de fuego y porque ha proporcionado la fe en los dioses? Además, dice Platón,¿ podemos configurar el alma hacia los movimientos de los astros en el cielo a través de la vista?