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De amicorum multitudine
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Sócrates preguntó a Menón el tesalio, quien creía estar suficientemente ejercitado en la dialéctica y frecuentar, como dice Empédocles, las cumbres de la sabiduría, qué era la virtud. Como aquel respondió con insolencia y ligereza que la virtud de un niño es una, la de un anciano otra, y así la del hombre, la de la mujer, la del gobernante, la del particular, la del amo y la del siervo, Sócrates le dijo con acierto que, al pedirle una sola virtud, había despertado un enjambre de virtudes, infiriendo correctamente que el hombre, al no conocer ninguna virtud, nombraba muchas.¿ Acaso no podría alguien burlarse también de nosotros, diciendo que, sin haber adquirido aún una sola amistad de manera firme, tememos caer inadvertidamente en la polifilia? Pues apenas nos diferenciamos de un hombre mutilado y ciego que teme convertirse en Briareo el de los cien brazos o en Argos el panóptico. Y, sin embargo, elogiamos extraordinariamente al joven de Menandro por decir que cada uno considera un bien maravilloso el tener la sombra de un amigo.
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Frente a esto, entre muchas otras cosas, el deseo de la polifilia no contribuye en nada a la adquisición de la amistad, siendo como el amor de las mujeres libertinas que, por unirse a menudo y con muchos, no pueden dominar a los principales, que son descuidados y se escapan. Más bien, como el pupilo de Hipsípila que, sentado en el prado, recogía una tras otra las flores con alma gozosa, teniendo una avidez infantil e insaciable, así cada uno de nosotros, debido a nuestra afición por lo nuevo y nuestra inconstancia, es atraído por lo que siempre es reciente y floreciente, y abandona muchas amistades y relaciones iniciadas a la vez e incompletas, pasando por alto lo que ya se tiene por amor a lo que se persigue. Por tanto, comenzando como desde el hogar por la reputación de vida que nos han dejado los amigos firmes, tomemos el largo y antiguo tiempo como testigo y consejero de este discurso, en el cual se habla de amistades por parejas: Teseo y Pirítoo, Aquiles y Patroclo, Orestes y Pílades, Fintias y Damón, Epaminondas y Pelópidas. Pues la amistad es un ser gregario, no de rebaño ni de grajos, y considerar al amigo como otro yo y llamarlo compañero no es otra cosa que usar la dualidad como medida de la amistad. Pues no es posible adquirir muchos esclavos ni muchos amigos con poco dinero.¿ Cuál es, pues, la moneda de la amistad? La benevolencia y la gracia junto con la virtud, de las cuales la naturaleza no posee nada más escaso. De ahí que el amar intensamente y ser amado por muchos no sea posible, sino que, al igual que los ríos que, al tomar muchas derivaciones y cortes, fluyen débiles y delgados, así el amar, que por naturaleza es intenso en el alma, al dividirse entre muchos se debilita. Por eso, el instinto maternal de los animales es más fuerte en los que tienen una sola cría, y Homero llama al hijo amado único y tardío, es decir, el nacido de padres que no tienen ni tendrán otro.
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Nosotros, en cambio, no consideramos que el amigo deba ser único, pero que, junto con otro, sea alguien tardío y nacido en la vejez, habiendo consumido con el tiempo aquel famoso medimno de sal, no como muchos hoy llamados amigos que, tras beber una vez juntos, o alojarse, o jugar a los dados, o convivir, recogen la amistad de la posada, la palestra y el mercado. En las casas de los ricos y poderosos, al ver una gran multitud y alboroto de personas que saludan, reciben y escoltan, los consideran afortunados por tener muchos amigos. Sin embargo, ven más moscas en sus cocinas. Pero ni estas permanecen cuando falta la golosina, ni aquellos cuando falta la utilidad. Dado que la verdadera amistad busca sobre todo tres cosas: la virtud como algo noble, la relación como algo placentero y la utilidad como algo necesario— pues es preciso aceptar tras juzgar, alegrarse al convivir y usar al necesitar—, y todo esto se opone a la polifilia, y sobre todo lo más importante, que es el juicio, hay que considerar primero si es posible en poco tiempo poner a prueba a quienes serán compañeros de danza, remeros que remarán al unísono, sirvientes que serán administradores de bienes o pedagogos de hijos, y mucho menos a muchos amigos que se despojarán para luchar en cualquier suerte, de los cuales cada uno, al actuar bien, se pone a sí mismo en juego y no se aflige al compartir la desgracia. Pues ni una nave se arrastra hacia tantas tormentas en el mar, ni se levantan muros y terraplenes en los puertos esperando tantos y tan grandes peligros, de los cuales la amistad, examinada correcta y firmemente, promete refugio y ayuda. Pero los que se deslizan sin ser examinados, al ser probados como monedas falsas, los que los pierden se alegran, y los que los tienen desean huir. Y esto es difícil y no sencillo: huir o desprenderse de una amistad que causa descontento. Pero, al igual que un alimento perjudicial y desagradable que no se puede retener sin causar dolor y daño, ni expulsar como entró, sino que es repulsivo, mezclado y extraño, así un amigo malvado o convive causando dolor y daño, o es expulsado por la fuerza con enemistad y mala voluntad, como una bilis.
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Por eso no hay que aceptar fácilmente ni adherirse a quienes se encuentran, ni amar a los que nos persiguen, sino perseguir a los dignos de amistad. Pues no hay que elegir en absoluto lo que se captura fácilmente. Pues, tras superar y apartar la aliaria y la zarza que se agarran, caminamos hacia el olivo y la vid. Así, no hay que hacer noble relación con quien se enreda fácilmente, sino probar y adherirse a los dignos de esfuerzo y útiles.
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Así pues, como Zeuxis, cuando algunos lo criticaban por pintar lentamente, dijo: admito que pinto en mucho tiempo, pues también pinto para mucho tiempo, así hay que conservar la amistad y la relación tras haberlas tomado después de ser juzgadas en mucho tiempo.¿ Acaso no es fácil juzgar a muchos amigos, pero es fácil convivir con muchos a la vez, o es esto también imposible? Y, sin embargo, la relación es el disfrute de la amistad, y lo más dulce está en convivir y pasar el día juntos. Pues no viviremos sentados lejos de los amigos y compañeros deliberando, y sobre Odiseo, Menelao dijo: ni otra cosa nos habría separado, amándonos y deleitándonos, hasta que la negra nube de la muerte nos cubrió. Lo contrario, pues, parece hacer la llamada polifilia. Pues aquella reúne, constituye y mantiene, condensando con las conversaciones y muestras de afecto, como cuando el cuajo cuajó y unió la blanca leche, según Empédocles— pues tal unidad y cohesión quiere hacer la amistad—, mientras que la polifilia divide, arranca y aparta, al llamar y trasladar de uno a otro, no permitiendo que se produzca una mezcla o unión de benevolencia en la relación derramada y solidificada. Esto sugiere inmediatamente también la irregularidad y la vergüenza en los servicios; pues lo útil de la amistad se vuelve difícil de usar debido a la polifilia. Pues el cuidado de diferentes personas despierta de otra manera; pues ni nuestras naturalezas se inclinan hacia lo mismo con los impulsos, ni convivimos siempre con fortunas similares, y los momentos de las acciones, como los vientos, a unos llevan y a otros se oponen.
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Y, sin embargo, aunque todos los amigos necesiten lo mismo a la vez, es difícil satisfacer a todos los que deliberan, o participan en política, o compiten por honores, o reciben visitas. Y si en un mismo momento, al encontrarse con asuntos y sufrimientos diferentes, llaman a la vez— uno que navega para que lo acompañe, otro que es juzgado para que lo defienda, otro que juzga para que sea juez, otro que vende o compra para que administre, otro que se casa para que sacrifique, otro que entierra para que se lamente—, y la ciudad está llena a la vez de incienso, y a la vez de peanes y lamentos, la polifilia hace imposible estar presente para todos, y no es extraño no estarlo para nadie, y servir a uno y ofender a muchos es doloroso; pues nadie que ama es descuidado de buen grado. Y, sin embargo, soportan más suavemente los descuidos y la pereza de los amigos, y aceptan sin ira tales excusas de ellos: me olvidé, no lo sabía. Pero el que dice: no estuve contigo cuando tenías un juicio, pues estaba con otro amigo, y no te vi cuando tenías fiebre, pues estaba ocupado agasajando a tal amigo, al dar como causa del descuido la atención a otros, no disuelve la queja, sino que añade celos. Pero la mayoría, al parecer, solo mira lo que pueden proporcionar las polifilias, y pasan por alto lo que exigen a cambio, y no recuerdan que quien usa a muchos para lo que necesita debe corresponder a muchos que necesitan. Así pues, como Briareo con cien manos para cincuenta vientres no tenía nada más que nosotros que administramos un vientre con dos manos, así en los amigos es útil tanto el servir a muchos como el sufrir juntos, estar ocupado juntos y esforzarse juntos. Pues no hay que creer a Eurípides cuando dice: pues los mortales deberían mezclar amistades moderadas entre sí y no hasta la médula del alma, y que los afectos de la mente sean fáciles de soltar, para empujar y tensar, como el pie de una nave, cediendo y acercando la amistad a las necesidades. Pero esto, Eurípides, trasladémoslo a las enemistades, y ordenemos hacer moderadas las diferencias y no hasta la médula del alma, y que sean fáciles de soltar los odios, las iras, las quejas y las sospechas; pero aquello nos aconseja más el precepto pitagórico: no dar la mano derecha a muchos, es decir, no hacer muchos amigos ni abrazar una amistad muy común y pública, y que entra con sentimientos contrarios o con muchas pasiones, de las cuales el sufrir juntos, el dolerse juntos, el esforzarse juntos y el arriesgarse juntos es muy difícil de soportar para los libres y nobles; y es verdadero lo del sabio Quilón, quien, al que decía que no tenía ningún enemigo, dijo: parece que tampoco tienes ningún amigo. Pues las enemistades siguen inmediatamente a las amistades y se entrelazan, puesto que
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no es posible tener un amigo sin ser injusto junto con él, ni tener la misma opinión, ni compartir el odio; pues los enemigos inmediatamente sospechan y odian al amigo, y los amigos a menudo envidian, tienen celos y distraen. Así pues, como el oráculo dado a Timesias sobre la colonia predijo:¿ acaso un enjambre de abejas y pronto habrá avispas?, así los que buscan un enjambre de amigos cayeron inadvertidamente en avisperos de enemigos. Y no tiene el mismo peso el rencor de un enemigo y la gracia de un amigo. Mira lo que Alejandro hizo a los amigos y familiares de Filotas y Parmenión, lo que Dionisio a los de Dión, Nerón a los de Plauto y Tiberio a los de Seyano, torturándolos y matándolos. Pues como a Creonte el oro y el manto no le sirvieron de nada para su hija, sino que el fuego encendido repentinamente se acercó, la envolvió, la quemó y la destruyó, así algunos de los amigos, sin haber disfrutado de los afortunados, perecen junto con los desafortunados. Y esto lo sufren sobre todo los filósofos y los hombres refinados, como Teseo, que está unido a Pirítoo, cuando es castigado y encadenado, con cadenas de respeto no forjadas, y en la peste, dice Tucídides, los que más aspiraban a la virtud perecían junto con sus amigos enfermos; pues no se ahorraban a sí mismos al ir a ver a sus allegados.
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De ahí que no sea apropiado ser tan despreocupado con la virtud, uniéndola y mezclándola con unos y otros, sino guardar su comunión para los dignos, es decir, para los que son capaces de amar y compartir de la misma manera. Pues, en efecto, este es el mayor impedimento de todos contra la polifilia: que la amistad nace a través de la semejanza. Pues donde incluso las cosas inanimadas hacen sus mezclas con las que no son semejantes siendo forzadas por la violencia, y se resisten y se indignan huyendo unas de otras, mientras que con las afines y familiares se mezclan con sentimientos similares y aceptan la comunión suavemente y con benevolencia,¿ cómo es posible que la amistad nazca con caracteres diferentes, pasiones desemejantes y vidas que tienen otras elecciones? Pues la armonía en torno a las liras y cítaras tiene la consonancia a través de los antifonos, produciéndose de alguna manera la semejanza en las agudezas y las gravedades; pero de esta consonancia y armonía amistosa no debe haber ninguna parte desemejante, ni irregular, ni desigual, sino que, a partir de todas las partes que están de la misma manera, deben estar de acuerdo, deliberar lo mismo, opinar lo mismo y sentir lo mismo, como si una sola alma estuviera dividida en varios cuerpos.
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¿ Quién es, pues, un hombre tan laborioso, cambiante y de toda clase, como para igualarse y adaptarse a muchos y no burlarse de Teognis, que aconseja: ten la mente de un pulpo de muchos colores, que, ante la roca con la que se encuentre, parece tal a la vista? Y, sin embargo, los cambios del pulpo no tienen profundidad, sino que ocurren en la superficie misma, absorbiendo por astringencia y porosidad las emanaciones de los que se acercan; pero las amistades buscan igualar los caracteres, las pasiones, los discursos, las ocupaciones y las disposiciones. La obra de un Proteo no es afortunada ni muy buena, sino que, por encantamiento, se cambia a sí mismo de una forma a otra muchas veces en el mismo lugar, leyendo con los amantes de las letras, cubriéndose de polvo con los luchadores, cazando con los amantes de la caza, emborrachándose con los amantes de la bebida y participando en las elecciones con los políticos, sin tener un hogar propio de carácter. Como los físicos dicen que la sustancia y materia sin forma y sin color es subyacente y, al ser cambiada por sí misma, ahora se inflama, ahora se humedece, a veces se convierte en aire y otras se solidifica, así, pues, para la polifilia será necesario que subyazca un alma llena de pasiones, cambiante, fluida y fácil de transformar. Pero la amistad busca un carácter estable, firme e inmutable en un solo lugar y relación; por eso es raro y difícil de encontrar un amigo firme.

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