De Defectu Oraculorum
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/plutarch" aria-label="More works by Plutarch (plutarch)">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
Cuentan los mitos, Terencio Prisco, que ciertas águilas o cisnes, al ser llevados desde los confines de la tierra hacia el centro, coincidieron en el mismo punto en Pitón, alrededor de lo que se llama el ónfalo. Más tarde, Epiménides de Festo, al poner a prueba el mito ante el dios y recibir un oráculo oscuro y ambiguo, dijo:« Pues no era el ónfalo el centro de la tierra ni del mar; pero si existe alguno, es manifiesto para los dioses, mas oculto para los mortales». El dios, por tanto, se vengó de él con razón, como si estuviera examinando un mito antiguo como quien toca una pintura.
2
Poco antes de los Píticos bajo el arcontado de Calístrato, coincidieron en Delfos dos hombres sagrados que venían de los confines opuestos del mundo habitado: Demetrio el gramático, que regresaba a casa desde Britania hacia Tarso, y Cleómbroto el lacedemonio, quien, tras haber vagado mucho por Egipto y alrededor de la tierra troglodita, y haber navegado lejos del mar Eritreo, no por comercio, sino como un hombre amante de los espectáculos y del saber, poseyendo una fortuna suficiente y sin considerar de gran valor el tener más de lo necesario, dedicaba su tiempo libre a tales asuntos, reuniendo historia como materia prima de la filosofía, la cual él mismo llamaba teología, por tener un fin. Habiendo estado recientemente ante Amón, era evidente que no se había maravillado mucho de las otras cosas de allí, pero contaba una historia digna de atención sobre la lámpara inextinguible, narrada por los sacerdotes. Pues decían que cada año consumía menos aceite, y que ellos tomaban esto como prueba de la irregularidad de los años, haciendo que el siguiente sea siempre más corto que el anterior en el tiempo; pues es natural que en menos tiempo el gasto sea menor.
3
Ante el asombro de los presentes, Demetrio dijo que era ridículo buscar cosas tan grandes a partir de hechos tan pequeños, no como Alceo, que dibuja al león a partir de la garra, sino que con una mecha y una lámpara casi desplazan todo el cielo y destruyen por completo la matemática. Cleómbroto dijo que nada de esto perturbaría a los hombres, sino que no cederán en la precisión a los matemáticos, pues es más probable que el tiempo se les escape a ellos en movimientos y periodos tan distantes, a que ellos, al observar la medida del aceite, se equivoquen siempre por lo absurdo y lo paradójico. Pero el no admitir que pequeñas señales sean origen de grandes cosas, Demetrio, es un obstáculo para muchas artes; pues resultará que se eliminan las demostraciones de muchas cosas y las predicciones de otras tantas. Y sin embargo, ustedes mismos demuestran un asunto no pequeño, que los héroes se afeitaban el cuerpo con navaja, al encontrar en Homero que menciona una navaja, y que prestaban con intereses, porque dice que« una deuda no es nueva ni pequeña», como si el verbo« aumentar» indicara el crecimiento. Y de nuevo, al decir que la noche es« veloz», se aferran con gusto a la palabra y dicen que eso es precisamente lo que significa, que la sombra de la tierra es cónica, al ser esférica. Y la medicina, al predecir un verano pestilente por la abundancia de telarañas, y por las hojas primaverales cuando se vuelven semejantes a la pata de una corneja,¿ quién dejará que los que consideran que las pequeñas señales no son origen de las grandes?¿ Y quién soportará que el tamaño del sol se mida con un puñado y un cotilo de agua, o que el ladrillo de aquí, que forma un ángulo agudo inclinado hacia el plano, sea llamado medida de la elevación que el polo siempre visible tiene sobre el horizonte? Pues esto era lo que se oía de los profetas de allí. Así que digamos otra cosa ante ellos, si queremos hacer que el sol mantenga el orden establecido e inviolable según las tradiciones.
4
Entonces, el filósofo Amonio, que estaba presente, exclamó:« No solo al sol, sino a todo el cielo». Pues es necesario que su paso de un trópico a otro se contraiga y que no permanezca siendo una parte del horizonte tan grande como dicen los matemáticos, sino que se vuelva menor, al tomar siempre una convergencia hacia el norte desde el sur, y que el verano sea para nosotros más corto y la temperatura más fría, al curvarse él más hacia el interior y tocar paralelos mayores en los puntos tropicales; además, que los gnomones en Siena ya no parecen sin sombra en los solsticios de verano, y que muchos de los astros fijos han pasado por debajo, y algunos se tocan y se han confundido entre sí, al haber desaparecido el intervalo. Y si, por otra parte, dicen que, estando los demás igual, el sol se desordena en sus movimientos, no podrán decir que esta es la única causa que acelera entre tantas, y perturbarán la mayoría de los fenómenos, y los relativos a la luna por completo, de modo que no necesiten medidas de aceite para comprobar la diferencia. Pues los eclipses demostrarán que él mismo incide más a menudo sobre la luna y la luna sobre la sombra de la tierra, y las demás cosas son claras y no hay necesidad de seguir desenredando la arrogancia del argumento. Pero, sin duda, Cleómbroto dijo que él mismo vio la medida; pues mostraban muchas cosas, y la anual demostraba que la de los más antiguos no era pequeña. Amonio, tomando la palabra de nuevo, dijo:«¿ Entonces se les escapó a los otros hombres entre quienes se cuidan fuegos inextinguibles y se conservan por un tiempo de años, por así decirlo, infinito? Y si, en todo caso, alguien supusiera que lo que se dice es verdad,¿ no es mejor culpar a ciertas frialdades y humedades de los aires, por las cuales es natural que el fuego, al marchitarse, no prevalezca ni necesite mucho alimento, que a lo contrario, a sequedades y calores? Pues ya he oído a algunos decir sobre el fuego que en invierno arde mejor al contraerse en sí mismo por la frialdad y condensarse, mientras que en las sequías se debilita y se vuelve ralo y sin fuerza, y si arde bajo el sol, funciona peor, y se prende de la materia suavemente y la consume más lentamente. Y sobre todo, uno podría atribuir la causa al aceite; pues no es inverosímil que antiguamente fuera sin alimento y acuoso, al nacer de una planta joven, y más tarde, al cocerse en plantas maduras y consolidarse, a partir de una cantidad igual, tenga más fuerza y alimente mejor, si es que hay que salvar las hipótesis de Amonio, aunque sea absurda y extraña».
5
Al cesar Amonio, dije:« Habla más sobre el oráculo para nosotros, Cleómbroto; pues grande es la antigua gloria de la divinidad de allí, pero ahora parece marchitarse». Como Cleómbroto callaba y miraba hacia abajo, Demetrio dijo que no hay necesidad de preguntar sobre los de allí y cuestionar el oscurecimiento de los oráculos de aquí, sino más bien ver que todos, excepto uno o dos, han desaparecido; sino que hay que observar aquello, por qué causa se ha debilitado tanto. Pues¿ qué necesidad hay de hablar de las otras cosas, donde Beocia, que era polifónica debido a los oráculos en los tiempos anteriores, ahora los ha perdido por completo como manantiales, y una gran sequía de adivinación ha ocupado la tierra? Pues en ninguna otra parte ahora, sino alrededor de Lebadea, Beocia ofrece a los necesitados beber de la adivinación, mientras que de los otros, el silencio o la total desolación se han apoderado. Y sin embargo, en la época de las Guerras Médicas, gozó de buena fama no menos que el de Anfiarao, y Mís, al parecer, puso a prueba a ambos. El profeta del oráculo de Ptoo, usando el dialecto eolio, emitió el oráculo antes de aquel tiempo en la lengua de los bárbaros, de modo que ninguno de los santos presentes entendió lo que él, como si no hubiera en los bárbaros algo de entusiasmo ni se les hubiera dado recibir una voz griega que sirviera a lo ordenado. Y el esclavo enviado a Anfiarao pareció, durante los sueños, que el servidor del dios aparecía, primero expulsándolo por la voz, como si el dios no lo admitiera, luego, al persistir, tomando una piedra de buen tamaño, golpearle la cabeza. Estas cosas eran como respuestas de lo que iba a suceder; pues Mardonio fue derrotado, no por el rey, sino por el gobernador y servidor del rey que dirigía a los griegos, y cayó golpeado por una piedra, tal como el lidio pareció ser golpeado durante los sueños. Florecía entonces también el oráculo de Tegira, donde cuentan que nació el dios, y fluyendo dos manantiales, uno llamado Fénix y el otro Elaya hasta ahora, como dicen algunos. Pues bien, en las Guerras Médicas, siendo Echécrates profeta, el dios anunció victoria y poder de guerra a los griegos; y en la Guerra del Peloponeso, dicen que a los delios expulsados de la isla se les trajo un oráculo de Delfos, ordenándoles encontrar el lugar donde nació Apolo y realizar allí ciertos sacrificios. Al asombrarse y dudar si el dios no había nacido entre ellos sino en otro lugar, la Pitia añadió que una corneja les indicaría el lugar. Al irse, llegaron a Queronea y oyeron a la posadera hablar con unos extranjeros que iban a Tegira sobre el oráculo; y los extranjeros, al irse, saludaban y llamaban a la mujer, que se llamaba Corone, entendieron el oráculo y, tras sacrificar en Tegira, lograron el regreso al poco tiempo. Han ocurrido apariciones más recientes que estas alrededor de estos oráculos, pero ahora han desaparecido, de modo que la causa es digna de ser cuestionada ante el Pitio sobre el cambio.
6
Ya de alguna manera, al avanzar desde el templo, habíamos llegado a las puertas de la lesque de los cnidios; al entrar, vimos a los amigos a quienes íbamos a visitar sentados y esperándonos; había silencio de los demás debido a la hora, pues se ungían o miraban a los atletas. Y Demetrio, sonriendo, dijo:«¿ Mentiré o diré la verdad? Me parece que no tienen entre manos ningún tema de estudio digno; pues los veo sentados muy relajados y con el rostro distendido». Heracleón de Megara, tomando la palabra, dijo:« Pues no buscamos si el verbo' lanzar' pierde la lambda en el tiempo futuro, ni a partir de qué nombres simples se han formado lo peor y lo mejor y lo pésimo y lo óptimo. Pues esto y tales cosas quizás tensan y componen el rostro; pero de lo demás es posible filosofar y buscar manteniendo las cejas en su lugar, sin mirar con severidad ni enfadarse con los presentes». Demetrio dijo:« Recíbannos, pues, y con nosotros un discurso que nos ha sobrevenido, siendo propio del lugar y, por el dios, conveniente para todos; y cómo no fruncirán el ceño al intentarlo».
7
Así pues, cuando nos mezclamos sentándonos y Demetrio puso el tema sobre la mesa, el cínico Dídimo, apodado Planitiades, saltó de inmediato y, golpeando dos o tres veces con su bastón, gritó:«¡ Ay, ay! Un asunto difícil de juzgar y que necesita mucha investigación es el que traen para nosotros. Pues es maravilloso si, habiendo tanta maldad subyacente, no solo, como predijo Hesíodo, la Vergüenza y la Némesis han abandonado la vida humana, sino que también la providencia de los dioses, habiendo preparado los oráculos, se va de todas partes. Yo, por el contrario, les propongo cuestionar cómo es que ni siquiera entonces desistió, ni Heracles de nuevo u otro de los dioses ha retirado el trípode, que se llena de preguntas vergonzosas e impías, que los hombres plantean al dios, unos como si pusieran a prueba a un sofista, otros preguntando sobre tesoros o herencias o matrimonios ilegales; de modo que Pitágoras queda refutado por completo al decir que los hombres se vuelven mejores cuando van hacia los dioses; así pues, lo que estaba bien, estando presente un hombre mayor, ocultar y esconder las enfermedades del alma y las pasiones, esto lo traen desnudo y manifiesto ante el dios». Y mientras él quería seguir hablando, Heracleón lo tomó del manto, y yo, siendo el más familiar para él de casi todos, dije:« Detente, amigo Planitiades, provocando al dios; pues es fácil de irritar y manso, y fue juzgado como el más amable para los mortales, como dice Píndaro. Y ya sea el sol o el señor del sol y padre y más allá de todo lo visible, no es natural que desprecie la voz de los hombres actuales, de quienes es causa de nacimiento y alimento y de ser y pensar; ni que a la vez la providencia, como una madre sensata y buena, que hace todo por nosotros y nos protege, sea rencorosa solo en la adivinación, y que esta sea arrebatada habiéndola dado desde el principio; como si no hubiera entonces, habiendo más hombres malvados en más lugares, cuando desde muchas partes del mundo habitado se habían establecido oráculos. Vuelve, pues, a sentarte y, contra la maldad que sueles castigar siempre con el discurso, habiendo hecho treguas píticas, busca con nosotros otra causa de la llamada desaparición de los oráculos. Y mantén al dios benevolente y sin ira». Yo, al decir esto, logré al menos que Planitiades saliera por las puertas en silencio.
8
Habiendo habido silencio por un poco, Amonio, dirigiéndose a mí, dijo:« Mira lo que hacemos, Lamprías, y presta atención al discurso, para que no hagamos al dios sin causa. Pues el que piensa que lo que ha cesado de los oráculos ha desaparecido por otra cosa y no por el juicio del dios, da sospecha de que no sucede ni existe por el dios, sino que piensa que es de otra manera. Pues no hay otra fuerza mayor ni mejor, de modo que destruya y haga desaparecer la obra del dios, siendo la adivinación. El discurso de Planitiades no es grato para mí, tanto por otras cosas como por la irregularidad que hace alrededor del dios, que por una parte se aparta y desprecia la maldad, y por otra parte, de nuevo, la admite, como algún rey o tirano que, cerrando las puertas a los malvados por unas, los admitiera y tratara por otras. Pero de la obra moderada y suficiente y en nada superflua, sino en todo autosuficiente, que es lo más apropiado para los dioses, si alguien tomara este principio y dijera que, de la escasez común de hombres, que las anteriores sediciones y guerras causaron en casi todo el mundo habitado, Grecia ha participado en la mayor parte, y apenas ahora toda ella podría ofrecer tres mil hoplitas, tantos como una sola ciudad de los megarenses envió a Platea,' no había, pues, otra cosa que el dios dejara muchos oráculos que comprobar la desolación de Grecia', le proporcionaría con precisión su ingenio. Pues¿ de quién era bueno si en Tegira, como antes, había un oráculo, o alrededor del Ptoo, donde durante el día es posible encontrarse con un hombre pastoreando? Pues también esto, siendo el más antiguo de aquí, tanto en tiempo como en gloria, cuentan que por una fiera cruel, una serpiente, se volvió desierto e inaccesible por mucho tiempo, no tomando correctamente la ociosidad, sino al revés; pues la desolación atrajo a la fiera más que la fiera causó la desolación. Y cuando al dios le pareció así, Grecia se fortaleció con ciudades y el lugar se llenó de hombres, usaban dos profetisas que se turnaban, y una tercera estaba designada como reserva. Pero ahora hay una profetisa, y no nos quejamos, pues esta basta para los necesitados. Por tanto, no hay que culpar tampoco al dios; pues la adivinación que existe y permanece es suficiente para todos y despide a todos logrando lo que necesitan. Así pues, como Agamenón usaba nueve heraldos y apenas contenía la asamblea debido a la multitud, y aquí verán dentro de pocos días en el teatro una sola voz llegando a todos; así entonces la adivinación usaba más voces para más personas, pero ahora, al contrario, habría que admirar al dios si pasara por alto la adivinación fluyendo inútilmente como agua o resonando como las rocas en la desolación de los pastores y las voces de los rebaños».
9
Habiendo dicho esto Amonio y callando yo, Cleómbroto, dirigiéndose a mí, dijo:«¿ Ya has concedido esto, que estos oráculos hacen y destruyen al dios?».« Yo no», dije;« pues no digo que ningún oráculo o lugar de consulta sea destruido por causa del dios; sino que, como él hace y prepara muchas otras cosas para nosotros, la naturaleza, o más bien la materia, siendo privación, a menudo huye y disuelve lo que es generado por la causa superior, así creo que hay oscurecimientos y destrucciones de las fuerzas adivinatorias, dando el dios muchas cosas buenas a los hombres, pero nada inmortal; de modo que mueren también las cosas de los dioses, pero los dioses no, según Sófocles. Pero dicen que hay que buscar su esencia y fuerza en la naturaleza y en la materia, guardándose la causa para el dios, como es justo. Pues es necio y completamente infantil pensar que el dios mismo, como los ventrílocuos, llamados antiguamente Euricles y ahora Pitones, entrando en los cuerpos de los profetas, habla por debajo, usando sus bocas y voces como instrumentos. Pues el que mezcla al dios en las necesidades humanas no perdona la solemnidad ni guarda la dignidad y la grandeza de la virtud para él».
10
Y Cleómbroto dijo:« Dices bien, pero puesto que es difícil tomar y definir cómo hay que usar la providencia y hasta dónde, los que hacen al dios causa de nada en absoluto y los que lo hacen causa de casi todo, fallan en lo moderado y apropiado. Pues dicen bien también los que dicen que Platón, al descubrir el elemento subyacente a las cualidades generadas, que ahora llaman materia y naturaleza, liberó a los filósofos de muchas y grandes dificultades; pero a mí me parecen haber resuelto más y mayores dificultades los que pusieron el género de los demonios en medio de dioses y hombres, y descubrieron lo que de alguna manera une nuestra comunicación en lo mismo y la conecta; ya sea que este discurso sea de los magos de alrededor de Zoroastro, o tracio de Orfeo, o egipcio o frigio, como conjeturamos al ver en ambos lados en los ritos muchas cosas mortales y fúnebres de los misterios y actos sagrados. De los griegos, Homero parece usar todavía comúnmente ambos nombres y llamar a veces a los dioses demonios; pero Hesíodo fue el primero en exponer clara y distintamente cuatro géneros de seres racionales: dioses, luego demonios, luego héroes, y sobre todos los hombres, de los cuales parece hacer la transformación, al separarse el género de oro en muchos demonios buenos y los semidioses en héroes. Otros hacen la transformación para los cuerpos de manera similar y para las almas; pues así como se ve que de la tierra nace agua, del agua aire, y del aire fuego, al llevarse la esencia hacia arriba; así, de los hombres a héroes y de héroes a demonios, las almas mejores reciben la transformación. Y de los demonios, pocas, en mucho tiempo, purificadas por la virtud, participaron por completo de la divinidad; pero a algunas les sucede no dominarse a sí mismas, sino al ceder y entrar de nuevo en cuerpos mortales, tener una vida sin luz y tenue como una exhalación».
11
Hesíodo piensa también que en ciertos periodos de tiempo ocurren los finales para los demonios; pues dice en el personaje de la Náyade, aludiendo también al tiempo:« Nueve generaciones de hombres vive la corneja graznadora, el ciervo vive cuatro veces la vida de la corneja, el cuervo envejece tres ciervos, el fénix nueve cuervos, y nosotras, las ninfas de hermosos rizos, hijas de Zeus que lleva la égida, diez fénix». Este tiempo lo reúnen en una gran multitud de números los que no aceptan bien la generación. Pues es un año, de modo que el total de la vida de los demonios resulta ser nueve mil setecientos veinte años. Por tanto, la mayoría de los matemáticos piensan que es menos, pero ni siquiera Píndaro ha dicho más al decir que las ninfas viven habiendo obtenido el límite de una vida igual a la de un árbol, por lo cual también se llaman a sí mismas hamadríades. Y mientras él seguía hablando, Demetrio, tomando la palabra, dijo:«¿ Cómo dices, Cleómbroto, que el año ha sido llamado generación de hombre? Pues ni el que está en la flor de la juventud ni el que envejece, como leen algunos, es tal el tiempo de la vida humana. Pero los que leen' de los que están en la flor de la juventud' hacen la generación de treinta años según Heráclito, en cuyo tiempo el que engendra hace que el engendrado de sí mismo sea engendrador. Los que escriben de nuevo' de los que envejecen', no' de los que están en la flor de la juventud', asignan ciento ocho años a la generación; pues los cincuenta y cuatro son el límite de la vida humana media, compuesto de la unidad y de los dos primeros planos y de dos cuadrados y de dos cubos, números que también Platón tomó en la generación del alma. Y el discurso en general parece haber sido aludido por Hesíodo hacia la conflagración, cuando es natural que las Ninfas, que habitan hermosos bosques y fuentes de ríos y prados herbosos, perezcan junto con los líquidos».
12
Y Cleómbroto dijo:« Oigo esto de muchos y veo que la conflagración estoica, al igual que los versos de Heráclito y Orfeo, se extiende también a los de Hesíodo y los quema junto con ellos; pero no soporto que se diga la destrucción del mundo, ni las cosas imposibles y de las cuales la mención de las palabras es sobre todo alrededor de la corneja y el ciervo despojándose ante los que sobrepasan. No es un año el que tiene en sí mismo el principio y el fin de casi todas las cosas que traen las estaciones y la tierra que hace crecer, ni la generación de los hombres ha sido llamada así por casualidad. Pues también ustedes admiten, supongo, que Hesíodo llama generación a la vida humana.¿ O no es así?». Demetrio estuvo de acuerdo.« Pero, sin duda, también aquello es claro», dijo Cleómbroto,« que a menudo lo que mide y lo medido se llaman con los mismos nombres, cotilo y fénice y ánfora y medimno. De la manera, pues, que al uno de todo número, siendo medida mínima y principio, lo llamamos número; así al año, con el que primero medimos la vida del hombre, lo llamó homónimamente generación al medido. Pues los números que ellos hacen no tienen nada de los convencionales manifiestos y brillantes como en los números; pero el de los nueve mil setecientos veinte ha tenido su generación por composición a partir de los cuatro desde la unidad, hechos sucesivamente cuatro veces; pues cuarenta resulta de ambos lados. Y estos, triangulados cinco veces, proporcionaron el número expuesto. Pero sobre esto no es necesario que discrepemos con Demetrio. Pues incluso si el tiempo es mayor o menor, ordenado o desordenado, en el que cambia el alma de un demonio y la vida de un héroe, no menos se demostrará, ante testigos sabios y antiguos, que hay ciertas naturalezas, como en una frontera de dioses y hombres, que reciben pasiones mortales y cambios necesarios, a quienes es correcto que, según la ley de los padres, los hombres consideren y llamen demonios y veneren».
13
Jenócrates, el compañero de Platón, hizo un ejemplo para el discurso el de los triángulos, comparando el equilátero con lo divino, el escaleno con lo mortal y el isósceles con lo demoníaco; pues el uno es igual en todo, el otro desigual en todo, y el otro igual en parte y desigual en parte, tal como la naturaleza de los demonios, que tiene tanto la pasión de lo mortal como la fuerza de lo divino. La naturaleza expuso imágenes sensibles y semejanzas visibles, de los dioses el sol y los astros, de los mortales el resplandor y los cometas y los meteoros, como Eurípides comparó en lo que dijo:« El que florecía apenas en carne, como estrella caída del cielo se apagó, soltando el aliento hacia el éter». Y la luna es un cuerpo mixto y una imitación verdaderamente demoníaca, al concordar con la revolución de este género, al ver que recibe menguas y crecimientos y cambios manifiestos, unos la llamaron astro terrestre, otros tierra olímpica, otros suerte de Hécate, a la vez ctónica y celeste. Así pues, si alguien eliminara el aire y retirara el que está entre la tierra y la luna, al quedar en medio un espacio vacío y sin conexión, disolvería la unidad y la comunicación del todo; así los que no dejan el género de los demonios hacen que las cosas de los dioses y de los hombres sean inmezclables e intransigentes, eliminando la naturaleza interpretativa y servicial, como decía Platón, o nos obligan a mezclar y perturbar todo a la vez, al hacer que el dios se embarque en las pasiones y asuntos humanos y arrastrarlo hacia las necesidades, como se dice que las tesalias hacen con la luna. Pero en aquellas mujeres, la astucia tuvo crédito, siendo Aglaónice, hija de Hegétor, una mujer astróloga, que siempre fingía hechizar y hacer descender la luna en el eclipse. Nosotros, ni digamos que hay adivinaciones sin divinidad o ritos y misterios descuidados por los dioses, ni supongamos de nuevo que el dios se mueve en estos y está presente y coopera, sino que, atribuyendo estas cosas a quienes es justo, como servidores de los dioses, como ayudantes y secretarios, consideremos a los demonios como supervisores de los ritos divinos y celebrantes de misterios; y a otros, como vengadores de las injusticias soberbias y grandes, vagando. Y a los muy solemnes, Hesíodo los llamó puros dadores de riqueza, y que tienen este honor real, siendo real el hacer el bien. Pues hay, como para los hombres, también para los demonios diferencias de virtud, y de lo pasional e irracional, en unos hay un resto débil y tenue todavía como residuo, en otros hay mucho y difícil de extinguir, cuyas huellas y símbolos conservan y guardan por todas partes sacrificios y ritos y mitologías dispersos.
14
Sobre los misterios, en los cuales es posible tomar las mayores impresiones y manifestaciones de la verdad sobre los demonios, que se mantenga mi boca cerrada según Heródoto; pero las fiestas y sacrificios, como los días nefastos y sombríos, en los cuales hay comidas de carne cruda y desmembramientos y ayunos y lamentos, y en muchas partes de nuevo obscenidades ante los templos y locuras y gritos agitados con movimiento de cabeza, diría que no se celebran para ningún dios, sino para demonios viles, como expiaciones y consuelos. Y los sacrificios humanos que se hacían antiguamente no es creíble que los dioses los pidieran o aceptaran, ni que reyes y generales los aceptaran en vano entregando a sus propios hijos y comenzando y degollándolos, sino que expiaban y satisfacían las iras y pesadumbres de ciertos seres vengadores y los amores locos y tiránicos de algunos, que no podían ni querían tratar con cuerpos y a través de cuerpos. Pero así como Heracles sitiaba Ecalia por una doncella, así demonios fuertes y violentos, al exigir un alma humana contenida en un cuerpo, traen pestes a las ciudades y esterilidades a la tierra y perturban guerras y sediciones, hasta que toman y logran lo que aman. Algunos sufrieron lo contrario, como en Creta, pasando mucho tiempo, conocí una fiesta extraña que se celebraba, en la que también muestran un ídolo de hombre sin cabeza y dicen que este era Molo, el padre de Meríones, y que al unirse por la fuerza con una ninfa, fue encontrado sin cabeza.
15
Y, ciertamente, todas las cosas que cuentan y cantan tanto en mitos como en himnos— ya sean raptos, ya errancias de dioses, ocultamientos, huidas o servidumbres— no son padecimientos ni azares de dioses, sino de demonios, recordados por su virtud y poder; y ni Esquilo dijo que Apolo fuera un dios puro desterrado del cielo, ni el Admeto de Sófocles dijo que mi gallo lo condujo al molino. Pero quienes más se alejan de la verdad son los teólogos de Delfos, al creer que allí tuvo lugar alguna vez una lucha del dios contra una serpiente por el oráculo, y permiten que poetas y logógrafos digan esto mientras compiten en los teatros, como si fuera a propósito para dar testimonio contra los ritos más sagrados que ellos mismos celebran. Como Filipo se maravillara— pues el autor estaba presente— y preguntara contra qué cosas divinas cree que dan testimonio los que compiten, dijo: contra aquellas relativas al oráculo, por las cuales la ciudad, celebrando los ritos de todos los griegos que están fuera de las Termópilas, los ha expulsado hasta Tempe. Pues la cabaña que se erige allí alrededor de la era cada nueve años no es la guarida de un dragón, sino una imitación de una morada tiránica o real; y la incursión en silencio hacia ella a través de la llamada Dolonia, y el hecho de que no lleven antorchas encendidas al joven de padres vivos, y que, tras prender fuego a la cabaña y volcar la mesa, huyan sin mirar atrás a través de las puertas del santuario; y, finalmente, las errancias y la servidumbre del niño y las purificaciones que se realizan en torno a Tempe, tienen la sospecha de una gran mancha y audacia. Pues es ridículo, amigo mío, que Apolo, tras matar a una bestia, huya hasta los confines de Grecia necesitado de purificación, y luego allí se viertan libaciones y se haga lo que hacen los hombres para expiar y aplacar los resentimientos de los demonios, a quienes llaman vengadores y asesinos, como si persiguieran recuerdos de ciertas manchas olvidadas y antiguas. El relato que he oído ya sobre esta huida y traslado es terriblemente extraño y paradójico; pero si participa en algo de verdad, no pensemos que lo ocurrido en aquellos tiempos en torno al oráculo sea algo pequeño ni común. Pero para no parecer que hago lo de Empédocles, uniendo cumbres a otras cumbres de mitos, ni decir un solo camino, permitidme poner el fin apropiado a los primeros— pues ya hemos llegado a él—; y que se atreva a decirse, tras muchos, también por nosotros, que cuando los demonios encargados de los oráculos y adivinatorios desaparecen por completo, tales cosas desaparecen con ellos, y al huir o trasladarse pierden su poder, y luego, cuando están presentes después de mucho tiempo, resuenan como instrumentos cuando los que los usan se detienen y están presentes.
16
Tras exponer esto Cleombroto, Heracleón dijo: Ninguno de los profanos e iniciados, que tienen opiniones sobre los dioses incompatibles con las nuestras, está presente; pero nosotros mismos, Filipo, vigilemos no sea que, sin darnos cuenta, estemos dando premisas absurdas y grandes al discurso. Filipo dijo: Hablas bien, pero¿ qué es lo que más te molesta de lo que propone Cleombroto? Y Heracleón: El hecho de que no sean dioses, a quienes corresponde estar libres de las cosas terrenales, los que presiden los oráculos, sino demonios servidores de los dioses, no me parece que se proponga mal; pero el hecho de que, tomando casi a puñados de los versos de Empédocles, se atribuyan a estos demonios faltas, desgracias y errancias enviadas por los dioses, y finalmente se supongan incluso muertes como las de los hombres, lo considero más temerario y más bárbaro. Cleombroto preguntó entonces a Filipo quién era el joven y de dónde; y al saber el nombre y la ciudad, dijo: Ni nosotros mismos, Heracleón, nos damos cuenta de que hemos caído en discursos absurdos; pero no es posible, en asuntos grandes, avanzar hacia lo verosímil en la opinión sin recurrir a principios grandes. Tú mismo no te has dado cuenta de lo que das al quitarlo; pues admites que hay demonios, pero al no querer que sean viles ni mortales, ya no los mantienes como demonios; pues¿ en qué se diferencian de los dioses, si poseen por esencia lo incorruptible y por virtud lo impasible e irreprochable?
17
Ante esto, Heracleón pensaba en silencio algo para sí mismo. Pero dijo: No solo Empédocles, Heracleón, dejó demonios viles, sino también Platón, Jenócrates y Crisipo; y además Demócrito, al orar por obtener imágenes de buen augurio, dejaba claro que conocía otras que tenían inclinaciones y deseos contrarios y malvados. Sobre la muerte de tales seres, he oído un relato de un hombre que no era insensato ni fanfarrón. Pues Emiliano el retórico, a quien algunos de vosotros habéis escuchado, era padre de Epiterses, mi conciudadano y maestro de gramática. Este decía que una vez, navegando hacia Italia, subió a una nave que transportaba mercancías comerciales y muchos pasajeros; al atardecer, cerca de las islas Equínadas, el viento se calmó y la nave, a la deriva, llegó cerca de Paxos; la mayoría estaba despierta, y muchos seguían bebiendo después de haber cenado; de repente, se escuchó una voz desde la isla de Paxos llamando a alguien llamado Thamus con un grito, de modo que se maravillaron. Este Thamus era un piloto egipcio, ni siquiera conocido por muchos de los que navegaban por su nombre. Tras ser llamado dos veces, guardó silencio, pero a la tercera respondió al que llamaba; y aquel, elevando la voz, dijo: Cuando llegues frente a Palodes, anuncia que el gran Pan ha muerto. Al oír esto, dijo Epiterses, todos se quedaron estupefactos y, deliberando entre sí si sería mejor hacer lo ordenado o no investigar y dejarlo pasar, Thamus decidió que, si había viento, navegaría en silencio, pero si se producía calma y serenidad en el lugar, proclamaría lo que había oído. Así pues, cuando llegó frente a Palodes, sin viento ni oleaje, Thamus, mirando desde la popa hacia tierra, dijo, tal como había oído, que el gran Pan ha muerto. No había terminado de decirlo cuando se produjo un gran lamento, no de uno, sino de muchos, mezclado con asombro. Y como había muchos hombres presentes, el relato se difundió rápidamente en Roma, y Thamus fue llamado por Tiberio César. Tiberio creyó tanto en el relato que indagó y buscó sobre Pan; y los filólogos que lo rodeaban, que eran muchos, conjeturaban que era el nacido de Hermes y Penélope. Filipo, por su parte, tenía incluso testigos entre los presentes que habían escuchado al anciano Emiliano.
18
Demetrio dijo que de las islas alrededor de Britania hay muchas desiertas y dispersas, de las cuales algunas se llaman de demonios y héroes; y que él mismo, por encargo del rey, navegó por curiosidad y para ver a la más cercana de las desiertas, que no tenía muchos habitantes, pero todos eran sagrados e inviolables para los britanos. Al llegar él recientemente, se produjo una gran confusión en el aire y muchos presagios, y se desencadenaron vientos y cayeron trombas; cuando amainó, los isleños dijeron que se había producido una desaparición de uno de los seres superiores. Pues, como una lámpara al encenderse no tiene nada de terrible, pero al apagarse es penosa para muchos, así las grandes almas tienen sus resplandores benignos y sin dolor, pero sus extinciones y corrupciones a menudo, como ahora, alimentan vientos y tormentas, y a menudo envenenan el aire con enfermedades pestilentes. Allí, sin embargo, hay una isla en la que Crono está confinado, custodiado por Briareo mientras duerme; pues se ha ideado el sueño como una atadura para él, y hay muchos demonios a su alrededor como seguidores y servidores.
19
Cleombroto, tomando la palabra, dijo: Yo también tengo cosas así que contar, pero basta para la hipótesis que nada se oponga ni impida que esto sea así. Y sin embargo, sabemos que los estoicos no solo tienen la opinión que digo sobre los demonios, sino que, siendo tantos los dioses, usan a uno solo eterno e incorruptible; mientras que consideran que los demás han nacido y perecerán. No hay que temer las burlas y risas de los epicúreos, a quienes se atreven a usar incluso contra la providencia, llamándola mito. Nosotros decimos que el mito es la infinitud en tantos mundos que no tienen ninguno gobernado por una razón divina, sino que todos han nacido y se han formado por azar. Y si hay que reír en filosofía, hay que reírse de las imágenes sordas, ciegas e inanimadas que ellos pastorean, apareciendo y vagando por todas partes en períodos de años inmensos, desprendiéndose unas de los que aún viven y otras de los que hace tiempo se quemaron o pudrieron, arrastrando delirios y sombras a la fisiología, y enfadándose si alguien dice que hay demonios que no solo por naturaleza, sino también por razones, tienen la capacidad de salvarse y permanecer por mucho tiempo.
20
Dichas estas cosas, Amonio dijo: Me parece que Teofrasto se pronunció correctamente; pues¿ qué impide aceptar una voz solemne y muy filosófica? Pues, al ser rechazada, elimina muchas de las cosas posibles que no pueden demostrarse, y al ser aceptada, arrastra muchas de las imposibles e inexistentes. Lo que, sin embargo, he oído decir a los epicúreos contra los demonios introducidos por Empédocles, que no es posible que siendo viles y propensos a faltas sean felices y longevos, teniendo la maldad mucha ceguera y lo que es accidental para los destructivos, es una necedad. Pues así, Epicuro parecerá peor que el sofista Gorgias, y Metrodoro peor que el comediógrafo Alexis. Pues este vivió el doble que Metrodoro, y aquel más de un tercio más que Epicuro. Pues de otro modo decimos que la virtud es fuerte y la maldad débil, no respecto a la permanencia y disolución del cuerpo; puesto que también de las bestias, muchas son de movimiento difícil y perezosas en sus almas, y muchas son desenfrenadas y desordenadas, y viven tiempos más largos que las inteligentes y astutas. De donde no hacen bien al dios al crear la eternidad a partir de la vigilancia y el rechazo de las cosas destructivas. Pues era necesario que en la naturaleza del ser feliz estuviera lo impasible e incorruptible, sin necesitar ninguna gestión. Pero quizás hablar ante los que no están presentes no parece sensato. Por tanto, es justo que Cleombroto retome el discurso que acaba de dejar sobre el traslado y la huida de los demonios.
21
Y Cleombroto dijo: Me maravillaría si no parece mucho más extraño que lo que hemos dicho. Y sin embargo, parece tener relación con la fisiología, y Platón le dio el impulso no pronunciándose simplemente, sino introduciendo una sospecha enigmática con cautela a partir de una opinión oscura; pero, aun así, hubo mucha crítica contra él por parte de los otros filósofos. Y puesto que hay una crátera de mitos y discursos mezclados ante nosotros— y¿ dónde podría uno, encontrando oyentes más benévolos, probar estos discursos como monedas extranjeras?—, no dudo en complacer con el relato de un hombre bárbaro, a quien, tras haber realizado grandes servicios con muchas errancias, apenas encontré, después de mucho buscar, dispuesto a hablar y ser amable, pues se encontraba con los hombres una vez al año en el mar Eritreo y el resto del tiempo vivía con ninfas nómadas y demonios, como decía. Era el más hermoso de los hombres que he visto, y permanecía libre de toda enfermedad, consumiendo una fruta de hierba venenosa y amarga una vez al mes; estaba entrenado para usar muchas lenguas, y conmigo hablaba la mayor parte en un dialecto no lejos de los versos. Cuando hablaba, una fragancia ocupaba el lugar, exhalando su boca lo más dulce. Su aprendizaje e historia le acompañaban todo el tiempo; pero en la adivinación era inspirado un día de cada año y profetizaba bajando al mar, y acudían también potentados y secretarios de reyes, y luego se iban. Él, pues, atribuía la adivinación a los demonios; tenía en gran estima a los delfios, y no desconocía ninguno de los ritos sagrados que se dicen y hacen allí en torno a Dioniso, sino que decía que también aquellos eran grandes padecimientos de demonios, y precisamente estos sobre Pitón. Y que para el que lo mató no hubo huida ni de nueve años ni a Tempe, sino que, tras caer, fue a otro mundo; y más tarde, desde allí, tras nueve grandes períodos de años, habiéndose vuelto puro y habiendo bajado verdaderamente como Febo, tomó el oráculo, que hasta entonces era custodiado por Temis. Y que así ocurre también con las cosas tifónicas y titánicas; que han ocurrido luchas de demonios contra demonios, y luego huidas de los vencidos o castigos por parte de un dios a los que cometieron faltas, como se dice que Tifón cometió una falta contra Osiris y Crono contra Urano, cuyos honores se han vuelto más oscuros o han desaparecido por completo, al trasladarse a otro mundo. Pues también me entero de que los sólimos, vecinos de los licios, honran sobremanera a Crono; y cuando, tras matar a sus gobernantes, Ársalo, Drío y Trosobio, huyó y se trasladó a donde fuera— pues esto no pueden decirlo—, aquel fue descuidado, mientras que los que rodeaban a Ársalo son llamados dioses duros, y los licios hacen las maldiciones sobre ellos pública y privadamente. De estos, pues, se pueden tomar muchas cosas similares de las teologías. Pero si llamamos demonios a algunos de los nombres de los dioses establecidos, no hay que maravillarse, dijo el extranjero; pues con el dios con el que cada uno está asignado y del cual ha obtenido poder y honor, de este suele ser llamado. Pues también de nosotros, uno es de Zeus, otro de Atenea, otro de Apolo, Dioniso o Hermes; pero algunos fueron llamados correctamente por azar, mientras que la mayoría adquirió sobrenombres de dioses que no les correspondían, sino que estaban cambiados.
22
Cuando Cleombroto guardó silencio, el discurso pareció maravilloso a todos. Y cuando Heracleón preguntó cómo esto corresponde a Platón y cómo él dio el impulso a este discurso, Cleombroto dijo: Recuerdas bien que él rechazó de plano la infinitud de los mundos, pero dudó sobre un número determinado, y habiendo concedido lo verosímil a los que suponen un mundo por elemento hasta cinco, él mismo se mantuvo en uno. Y esto parece ser propio de Platón, habiendo temido mucho los otros la multitud, como si los que no limitan la materia a uno, sino que salen inmediatamente, cayeran en una infinitud indefinida y difícil. El extranjero, dije yo,¿ Platón definía sobre la multitud de mundos o, cuando te reuniste con este hombre, ni siquiera lo pusiste a prueba? Y Cleombroto dijo: No iba a dejar de ser, si nada más, un oyente persistente y entusiasta de los que se ocupan de esto, entregándose él mismo amable y dispuesto. Decía que no hay mundos infinitos, ni uno, ni cinco, sino que hay ciento ochenta y tres dispuestos en forma triangular, de los cuales cada lado tiene sesenta mundos; y que cada uno de los tres restantes está establecido en un ángulo, y que los contiguos se tocan entre sí moviéndose suavemente como en una danza; y que el plano interior del triángulo es el hogar común de todos, y se llama campo de la verdad, en el que las razones, las formas y los modelos de las cosas que han sucedido y sucederán yacen inmóviles, y alrededor de ellos, siendo el tiempo como una emanación, se mueve hacia los mundos. Y que la visión y contemplación de estos existe para las almas humanas una vez cada diez mil años, si es que viven; y que los mejores de los ritos de aquí son un sueño de aquella visión y rito; y que los discursos se filosofan por causa del recuerdo de los bienes de allí o se realizan en vano. Esto, dijo, escuché contar sobre estos temas, sencillamente como en un rito e iniciación, sin aportar ninguna prueba del discurso ni fe.
23
Y yo, dirigiendo la palabra a Demetrio, dije:¿ Cómo están los versos de los pretendientes, cuando se maravillaron de Odiseo manejando el arco? Y habiendo recordado Demetrio, dije: Esto me viene también a mí al decir sobre el extranjero:¿ quién fue este admirador y ladrón de dogmas y discursos de todo tipo, y muy errante en escritos, y no era bárbaro sino griego de linaje, lleno de mucha musa griega? Lo refuta el número de los mundos, que no es egipcio ni indio, sino dorio de Sicilia, de un hombre de Hímera llamado Petron. No he leído un librito de aquel mismo ni sé si se conserva, pero Hipis de Regio, a quien menciona Fanias de Ereso, registra que esta es la opinión y el discurso de Petron, que hay ciento ochenta y tres mundos que se tocan entre sí por elemento; qué es esto, tocarse por elemento, sin aclarar más ni añadir otra probabilidad. Demetrio, tomando la palabra, dijo:¿ Y qué probabilidad podría haber en tales asuntos, donde incluso Platón, sin decir nada razonable ni verosímil, expuso así el discurso? Y Heracleón dijo: Pero ciertamente escuchamos a vosotros los gramáticos que lleváis la opinión a Homero, como si él distribuyera el todo en cinco mundos: cielo, agua, aire, tierra, olimpo. De los cuales deja dos comunes, siendo la tierra de todo lo de abajo y el olimpo de todo lo de arriba; los tres que están en medio fueron entregados a los tres dioses. Y así también Platón parece, distribuyendo las formas y figuras más bellas y primeras de los cuerpos a las diferencias del todo, llamar cinco mundos: el de la tierra, el del agua, el del aire, el del fuego; y el último que los contiene, el del dodecaedro, muy abundante y muy cambiante, al cual entregó la figura más apropiada y ajustada a las revoluciones y movimientos anímicos. Y Demetrio dijo:¿ Qué movemos a Homero en el presente? Pues basta de mitos. Platón está lejos de llamar cinco mundos a las cinco diferencias del mundo, en los cuales lucha contra los que suponen mundos infinitos, diciendo que a él le parece que este es uno, engendrado, amado por el dios, habiendo nacido de todo lo corpóreo, entero, perfecto y autosuficiente. De donde uno podría maravillarse de que, habiendo dicho la verdad, él mismo proporcionó a otros el principio de una opinión inverosímil y sin razón. Pues no mantener un mundo tenía de alguna manera la hipótesis de la infinitud del todo, pero hacer tantos de forma definida y ni más ni menos que cinco es completamente absurdo y despojado de toda probabilidad, a menos que tú digas algo, dijo mirándome. Y yo dije: Pues parece que así, habiendo dejado ya el discurso sobre los oráculos por tener fin, tomamos otro tanto. Demetrio dijo: No dejando aquel, sino que este, al tomarnos, no nos ha hecho pasar. Pues no nos detendremos, sino que, habiendo tocado su probabilidad tanto como para registrarla, pasaremos a la hipótesis desde el principio.
24
Primero, pues, dije: Las cosas que impiden hacer mundos infinitos no impiden hacer más de uno. Pues es posible que haya tanto adivinación como providencia en más mundos, y que el azar más pequeño intervenga, mientras que la mayoría y las cosas más grandes toman orden hacia la generación y el cambio, cosas que la infinitud no está hecha para recibir. Después, al discurso le sigue más que el mundo no sea para el dios único ni solitario. Pues siendo bueno perfectamente, no carece de ninguna virtud, y menos de las relativas a la justicia y la amistad; pues estas son las más bellas y apropiadas para los dioses. Y el dios no está hecho para tener nada en vano ni inútil. Por tanto, hay otros dioses y mundos fuera, hacia los cuales usa las virtudes sociales; pues no es hacia sí mismo ni hacia una parte de sí mismo el uso de la justicia, la gracia o la bondad, sino hacia otros. De modo que no es verosímil que este mundo se balancee en un vacío infinito sin amigos, sin vecinos ni mezclado; puesto que también vemos que la naturaleza contiene las cosas particulares en generaciones y formas como en recipientes o frutos de semillas. Pues no hay nada en el número de las cosas que existen de lo cual no exista una razón común, ni obtiene tal denominación lo que no es común o específicamente cualificado. Pero el mundo no se dice que sea cualificado en común; por tanto, es cualificado específicamente, habiendo llegado a ser tal por la diferencia respecto a otras cosas afines y del mismo tipo. Pues si en la naturaleza no ha nacido ni un solo hombre, ni un caballo, ni un astro, ni un dios, ni un demonio,¿ qué impide que la naturaleza no tenga un solo mundo, sino más? Pues el que dice que también tiene una sola tierra y un solo mar, pasa por alto algo evidente de las cosas homogéneas; pues dividimos la tierra en partes homónimas y el mar de la misma manera; pero una parte del mundo ya no es un mundo, sino que está compuesto de naturalezas diferentes.
25
Y, ciertamente, los que temen sobremanera consumen toda la materia en el mundo, de modo que no quede nada fuera que, por colisiones o golpes, perturbe la constitución de este, no temieron correctamente. Pues siendo más los mundos y habiendo obtenido cada uno por separado una esencia y materia que tiene una medida definida y un límite, no quedará nada desordenado ni sin adornar como residuo que caiga desde fuera. Pues la razón en torno a cada uno, siendo dueña de la materia distribuida, no permitirá que nada salga y caiga errante desde otro, ni hacia sí mismo desde otro, debido a que la naturaleza no tiene una multitud indefinida e infinita ni un movimiento irracional y desordenado. Y si también alguna emanación se mueve hacia otros desde otros, es de la misma naturaleza y agradable, mezclándose suavemente con todos como los rayos de los astros y las mezclas, y ellos mismos se alegran al verse unos a otros benignamente, y proporcionan a muchos y buenos dioses que existen en cada uno mezclas y amabilidades. Pues nada de esto es imposible ni mítico ni irracional, a menos que, por Zeus, algunos sospechen que las cosas de Aristóteles tienen causas físicas. Pues teniendo cada uno de los cuerpos un lugar propio, como dice, es necesario que la tierra se mueva desde todas partes hacia el centro y el agua se asiente sobre ella por peso ante los más ligeros. Si, pues, hay más mundos, sucederá que la tierra en muchos lugares esté sobre el fuego y el aire, y en muchos debajo; y el aire y el agua igualmente, en parte en los lugares según la naturaleza y en parte en los lugares contra la naturaleza. Siendo estas cosas imposibles, como él cree, no hay ni dos ni más mundos, sino este único compuesto de toda la esencia, establecido según la naturaleza, como corresponde a las diferencias de los cuerpos.
26
Pero también estas cosas se han dicho más verosímilmente que verdaderamente. Mira de esta manera, dije, amigo Demetrio. Pues al decir que unos cuerpos se mueven hacia el centro y abajo, otros desde el centro y arriba, y otros alrededor del centro y en círculo,¿ hacia qué toma el centro? No, ciertamente, hacia el vacío; pues no existe según él. Y según los que existe, no tiene centro, como tampoco principio ni fin; pues estos son límites, y lo infinito es sin límites. Y si alguien se forzara a sí mismo por la fuerza del discurso a concebir algún centro de un vacío infinito,¿ cuál es la diferencia de los movimientos que se produce hacia esto para los cuerpos? Pues ni en el vacío hay poder de los cuerpos ni los cuerpos tienen elección y deseo, que anhele el centro y tienda hacia esto desde todas partes. Pero es igualmente difícil concebir, de cuerpos inanimados hacia un espacio incorpóreo e indiferente, una traslación desde sí mismos o una atracción por parte de aquel. Queda, pues, que el centro no se diga localmente, sino corporalmente. Pues teniendo este mundo una unidad y orden de muchos cuerpos y diferentes, las diferencias hacen los movimientos de unos hacia otros por necesidad; y es evidente por el hecho de que cada cosa, al ser trasladada en sus esencias, cambia también los lugares al mismo tiempo; pues las separaciones levantan la materia desde el centro y la distribuyen arriba en círculo, mientras que las concentraciones y condensaciones presionan abajo hacia el centro y la reúnen.
27
Sobre lo cual no es necesario usar más discursos aquí. Pues cualquier causa que uno suponga que es el creador de estos padecimientos y cambios, esta mantendrá cada uno de los mundos en sí mismo. Pues también cada mundo tiene tierra y mar; pues cada uno tiene también un centro propio, y padecimientos de cuerpos, cambios, naturaleza y poder, que salva y guarda a cada uno en su lugar. Pues lo de fuera, sea nada o vacío infinito, no proporciona centro, como se ha dicho; pero siendo más los mundos, en cada uno hay un centro propio; de modo que el movimiento es propio para unos hacia este, para otros desde este y para otros alrededor de este, tal como ellos mismos dividen. Y el que exige, habiendo muchos centros, que los pesos sean empujados desde todas partes hacia uno solo, no se diferencia en nada del que, habiendo muchos hombres, exige que la sangre de todas partes fluya hacia una sola vena y que los cerebros de todos estén contenidos en una sola membrana, considerando terrible si todos los cuerpos físicos no ocupan un solo lugar los sólidos y otro los porosos. Pues también este será absurdo y aquel se indignará si el todo usa sus propias partes, teniendo la posición y el orden según la naturaleza en cada uno. Pues aquello era absurdo, si alguien decía que el mundo tiene la luna en sí mismo como un hombre que lleva el cerebro en los talones y el corazón en las sienes. Pero hacer más mundos separados unos de otros, delimitando y dividiendo al mismo tiempo las partes con los todos, no es absurdo; pues la tierra, el mar y el cielo en cada uno estarán situados según la naturaleza como corresponde, y el arriba, abajo, en círculo y centro no lo tiene cada uno de los mundos hacia otro ni fuera, sino en sí mismo y hacia sí mismo.
28
Pues la piedra que algunos suponen fuera del mundo no proporciona fácilmente una noción ni de permanencia ni de movimiento. Pues¿ cómo permanecerá teniendo peso o se moverá hacia el mundo, como los demás pesos, no siendo parte de él ni estando ordenado en su esencia? Y no se debería dudar sobre cómo la tierra contenida y unida en otro mundo no se traslada aquí por peso, habiéndose desprendido del todo, viendo la naturaleza y la tensión por la cual se mantiene cada una de las partes. Puesto que, tomando el abajo y arriba no hacia el mundo sino fuera de él, estaremos en las mismas dificultades que Epicuro, moviendo todos los átomos hacia los lugares bajo los pies, como si el vacío tuviera pies o la infinitud permitiera concebir en sí misma abajo y arriba, por lo cual también se puede admirar a Crisipo, o más bien dudar en general, qué le pasó para decir que el mundo está establecido en el centro, y que su esencia ha ocupado eternamente el lugar central, no menos por esto se mantiene hacia la permanencia y como una incorruptibilidad. Pues esto dice en el cuarto libro Sobre los Posibles, soñando incorrectamente un lugar central del infinito y suponiendo la causa de la permanencia del mundo en el centro inexistente; y esto habiendo dicho muchas veces a otros, que la esencia se administra y mantiene por los movimientos hacia su propio centro y desde su propio centro.
29
Y, ciertamente,¿ quién temería las otras cosas de los estoicos, preguntando cómo permanecerá una sola fatalidad y providencia, y no habrá muchos Zeus, siendo más los mundos? Primero, pues, si es absurdo que haya muchos Zeus, mucho más absurdos serán los de ellos; pues hacen infinitos soles, lunas, Apolos, Ártemides y Poseidones en infinitos períodos de mundos. Después,¿ qué necesidad hay de que haya muchos Zeus si hay más mundos, y no tener en cada uno un dios gobernante primero y líder del todo, y mente y razón, como el que está entre nosotros, llamado señor de todo y padre?¿ O qué impedirá que todos sean súbditos de la fatalidad y providencia de Zeus, y que este vigile en parte y dirija, dando a todos principios, semillas y razones de las cosas que se realizan? Pues no es que aquí se constituya un cuerpo muchas veces a partir de cuerpos distantes, como una asamblea, un ejército y un coro; a cada uno de los cuales le sucede vivir, pensar y aprender, como cree Crisipo; y en el todo, siendo diez, cincuenta o cien mundos, es imposible usar una sola razón y estar ordenado hacia un solo principio. Pero también es muy apropiado para los dioses tal disposición; pues no hay que hacerlos como líderes de un enjambre sin salida, ni custodiarlos encerrándolos con la materia, o más bien cercándolos, como estos, que hacen a los dioses estados de aires, fuerzas de aguas y fuego mezcladas, los hacen nacer con el mundo y quemarse de nuevo con él, no siendo absolutos ni libres como aurigas o pilotos, sino, como las estatuas están clavadas y fundidas a las bases, así encerrados en lo corporal y clavados juntos, participando de él hasta la corrupción, disolución total y cambio.
30
Aquel discurso, en mi opinión, es más solemne y grandioso: al ser los dioses soberanos y dueños de sí mismos, tal como los Tindáridas acuden en auxilio de los náufragos, acercándose y calmando por la fuerza el mar y las rápidas ráfagas de los vientos, no embarcándose ellos mismos ni compartiendo el peligro, sino apareciendo desde arriba y salvándolos; así también se acercan a los mundos, uno tras otro, movidos por el placer de la contemplación y dirigiendo cada uno según su naturaleza. Pues el Zeus homérico no apartó su mirada muy lejos de Troya hacia los tracios y los nómadas que viven en torno al Istro, pero el verdadero Zeus posee cambios hermosos y apropiados en múltiples mundos, no mirando hacia un vacío infinito fuera ni hacia sí mismo y nada más— como pensaron algunos—, sino contemplando las obras de dioses y hombres, y los movimientos y traslaciones de los astros en sus períodos. Pues la divinidad no aborrece los cambios, sino que se alegra mucho de ellos, si es que debemos conjeturar a partir de los fenómenos sobre las transformaciones y períodos celestiales. Por tanto, el infinito es totalmente ignorante, irracional y de ninguna manera admite a un dios, sino que utiliza el azar y la espontaneidad para todo; pero el cuidado y la providencia en un número y cantidad definidos de mundos, que se sumergen en un solo cuerpo y están unidos a uno solo, transformándolo y remodelándolo infinitas veces, me parece a mí que no tiene nada de menos solemne ni de más laborioso.
31
Yo, tras decir esto, hice una pausa. Filipo, tras dejar pasar poco tiempo, dijo:« Que la verdad sobre estos asuntos sea así o de otra manera, yo no me atrevería a asegurarlo; pero si sacamos al dios de un solo mundo,¿ por qué lo hacemos creador de cinco y no de más, y qué razón hay en este número respecto a la multitud? Me gustaría aprenderlo más que el significado de la consagración de la E aquí. Pues no parece ser ni triángulo ni cuadrado, ni perfecto ni cúbico, ni ofrecer ninguna otra elegancia a quienes aman y admiran tales cosas. El enfoque a partir de los elementos, que él mismo insinuó, es difícil de captar en todo sentido y no ofrece nada de la persuasión que lo atrajo, al decir que es verosímil que, al generarse en la materia cinco cuerpos de ángulos iguales, lados iguales y contenidos por planos iguales, se completen inmediatamente tantos mundos a partir de ellos».
32
« Y sin embargo», dije yo,« me parece que Teodoro de Solos no sigue un mal camino al explicar las matemáticas de Platón. Y lo sigue así: la pirámide, el octaedro, el icosaedro y el dodecaedro, que Platón establece como primeros, son todos hermosos por las simetrías de sus razones y sus igualdades, y no queda nada mejor ni semejante que la naturaleza pueda componer y armonizar. Sin embargo, no todos han obtenido una sola constitución ni tienen una génesis semejante, sino que la pirámide es lo más fino y pequeño, mientras que el dodecaedro es lo más grande y compuesto de más partes; de los dos restantes, el icosaedro es mayor que el octaedro, más del doble en cantidad de triángulos, por lo que es imposible que todos obtengan su génesis de la materia al mismo tiempo. Pues es necesario que lo fino, pequeño y más simple en sus construcciones obedezca primero al que mueve y moldea la materia, y que se complete y preexista a lo que es de partes gruesas, de muchos cuerpos y que tiene una constitución más laboriosa, de los cuales es el dodecaedro. De esto se sigue que solo la pirámide es el cuerpo primero, y ninguno de los otros, al quedar la naturaleza de la génesis atrás. Existe, pues, un remedio para esta extrañeza: la división y separación de la materia en cinco mundos. Pues donde hay una pirámide— ya que la estableció primero—, allí hay un octaedro, y allí un icosaedro. Y a partir de lo preexistente en cada uno, los demás tendrán su génesis, mediante la composición y descomposición de partes, ocurriendo el cambio para todos en todos, como el mismo Platón indica al recorrer casi todo; pero para nosotros bastará aprenderlo brevemente. Pues dado que el aire subsiste al extinguirse el fuego, y al afinarse a su vez da fuego de sí mismo, en las semillas de ambos es necesario observar las afecciones y los cambios. Las semillas del fuego son la pirámide, de veinticuatro triángulos primeros; el octaedro del aire se genera de cuarenta y ocho de los mismos. Se genera, pues, un elemento de aire a partir de dos de fuego mezclados y constituidos, y el de aire, al fragmentarse a su vez, se divide en dos cuerpos de fuego, y al comprimirse de nuevo sobre sí mismo y colapsar, pasa a la idea de agua. De modo que en todas partes lo preexistente siempre proporciona fácilmente la génesis a todos los demás a partir del cambio; y no solo hay uno primero, sino que, al tener otro en otro sistema un movimiento iniciador y previo a la génesis, se mantiene para todos la homonimia».
33
Y Amonio dijo:« Varonilmente y con ambición se han trabajado estas cosas para Teodoro, pero me asombraría si no pareciera usar premisas que se destruyen entre sí. Pues pretende que la constitución no ocurra al mismo tiempo para los cinco, sino que lo más fino y lo que se constituye mediante menos trabajo siempre se adelante a la génesis. Luego, como consecuencia que no lucha con esto, establece que no toda la materia introduce primero lo más fino y simple, sino que en algunos lugares lo pesado y compuesto se adelanta surgiendo primero de la materia. Además de esto, al estar supuestos cinco cuerpos primeros y por eso decirse que hay tantos mundos, utiliza la persuasión solo para cuatro, y ha eliminado el cubo como en un juego de fichas, al no ser natural que él se transforme en aquellos ni que proporcione a aquellos un cambio hacia sí mismo, ya que los triángulos no son del mismo género. Pues para aquellos subyace como común en todos el semitriángulo, pero en este solo es propio el isósceles, que no hace inclinación ni mezcla unitiva hacia aquel. Si, pues, habiendo cinco cuerpos y cinco mundos, uno tiene en cada uno la hegemonía de la génesis, donde el cubo se ha generado primero, no habrá nada de los otros, pues no es natural que se transforme en ninguno de aquellos. Pues omito que también hacen otro elemento del llamado dodecaedro, no aquel escaleno del cual Platón compone la pirámide, el octaedro y el icosaedro. De modo que Amonio dijo riendo: o debes resolver esto o decir algo propio sobre la aporía común».
34
Y yo:« No tengo nada más persuasivo que decir en el presente; pero quizás es mejor rendir cuentas de la propia opinión que de la ajena. Digo, pues, de nuevo desde el principio, que habiendo dos naturalezas supuestas, una sensible en génesis y corrupción, cambiante y movible de una manera u otra, y otra inteligible en esencia, que siempre se mantiene igual de la misma manera, es terrible, amigo mío, que la inteligible esté definida y tenga diferencia en sí misma, y que la corporal y pasible, si uno no deja una sola que esté unida a sí misma e inclinada, sino que la separa y divide, se indigne y se moleste. Pues los seres permanentes y divinos, supongo, es más apropiado que se mantengan unidos y huyan, en la medida de lo posible, de toda división y separación. Pero también de estos, la potencia del otro, al tocar, ha causado en los inteligibles mayores desigualdades según la razón y la idea que las separaciones según el lugar. De donde, al oponerse a los que declaran que el todo es uno, Platón dice que el ser es, y lo mismo, y lo otro, y sobre todos, el movimiento y el reposo. Siendo, pues, estos cinco,¿ no sería sorprendente si cada uno de aquellos cinco elementos corporales fuera una imitación de cada uno por naturaleza? Y es una imagen que ha llegado a ser, no inmezclable ni pura, sino por participar cada uno más de cada potencia. El cubo es manifiestamente un cuerpo propio del reposo por la seguridad y firmeza de sus planos; de la pirámide, cualquiera podría comprender lo ígneo y cinético en la finura de sus lados y la agudeza de sus ángulos; la naturaleza del dodecaedro, al ser abarcadora de las otras figuras, parecería haber llegado a ser una imagen del ser para todo lo corporal; de los dos restantes, el icosaedro ha participado más de la idea de lo otro, y el octaedro de la de lo mismo. Por eso este proporcionaba aire relativo a toda esencia en una sola forma, y el otro agua, al volverse hacia cualidades que se mezclan en la mayoría de los géneros. Si, pues, la naturaleza exige la isonomía en todo, es verosímil que los mundos no hayan llegado a ser ni más ni menos que los paradigmas, para que cada uno tenga en cada uno un orden hegemónico y una potencia, tal como la ha tenido en las constituciones de los cuerpos».
35
« No obstante, que esto sea un consuelo para quien se admira de que dividamos la naturaleza que está en génesis y cambio en tantos géneros. Pero consideren ya esto prestando atención en común, que de los principios supremos, digo del uno y la díada indefinida, la una, al ser elemento de toda falta de forma y desorden, es llamada infinitud, mientras que la naturaleza del uno, al definir y captar lo vacío, irracional e indefinido de la infinitud, lo hace dotado de forma, y mostrará la acusación siguiente sobre los sensibles, soportándolo y recibiéndolo de alguna manera. Estas son las primeras causas que aparecen en torno al número, o más bien, en absoluto, el número no es la multitud, a menos que el uno, habiéndose convertido en una especie de materia a partir de la infinitud de lo indefinido, se corte en parte más y en parte menos. Entonces, en efecto, se convierte en número, siendo cada una de las multitudes definida por el uno; pero si el uno es eliminado, la díada indefinida, al confundirlo todo, lo hizo sin ritmo, infinito y sin medida. Y puesto que la especie no es eliminación de la materia, sino forma y orden de lo que subyace, es necesario que ambos principios existan también en el número, de donde ha surgido la primera y mayor diferencia y desigualdad. Pues el principio indefinido es creador de lo par, y el mejor, de lo impar; y los primeros de los pares son los dos, y los tres de los impares, de los cuales el cinco, al ser un número común a ambos por composición, se ha convertido en impar por potencia. Pues era necesario, al dividirse el sensible y corporal en más partes debido a la necesidad innata de la alteridad, que no se generara ni el primer par ni el primer impar, sino el tercero que se completa a partir de estos, para que surja de ambos principios, tanto del que crea lo par como del que crea lo impar; pues no era posible que el uno se librara del otro; pues cada uno tiene naturaleza y potencia de principio. Al combinarse ambos, pues, el mejor, al prevalecer sobre la indefinición que divide lo corporal, se estableció, y al dividirse la materia en ambos, al poner la mónada en medio, no permitió que el todo se repartiera en dos, sino que surgió una multitud de mundos por la alteridad de lo indefinido y la diferencia, y la potencia de lo mismo y lo definido ha producido una multitud impar, y es impar tal, porque no permitió que la naturaleza avanzara más allá de lo que es mejor. Pues si el uno fuera inmezclado y puro, la materia no tendría en absoluto separación; pero puesto que se ha mezclado con lo divisivo de la díada, recibió corte y división, pero se detuvo allí al ser vencido lo par por lo impar».
36
« Por eso también era costumbre entre los antiguos llamar al contar' hacer cinco'. Y creo que todas las cosas de los cinco se han vuelto homónimas según la razón, ya que la péntada consiste en los primeros números. Pues los otros, al multiplicarse hacia otros, salen hacia otro número de ellos mismos, pero la péntada, si se toma un número par de veces, hace diez, que es perfecto; si un número impar de veces, se devuelve a sí misma. Omito que la péntada es la primera que consiste en los dos primeros cuadrados, el de la mónada y el de la tétrada, y la primera que, teniendo igual potencia a los dos anteriores a ella, constituye el más hermoso de los triángulos rectángulos, y la primera que hace la razón hemiolia. Pues quizás esto no sea propio de los asuntos supuestos; sino más bien aquello, lo que es por naturaleza divisivo del número y lo que distribuye la naturaleza en la mayoría de las cosas a este. Pues nos distribuyó a nosotros mismos cinco sentidos y partes del alma: vegetativa, sensible, apetitiva, irascible y racional; y tantos dedos en cada mano, y la semilla más fértil que se divide en cinco. Pues no se ha registrado que una mujer haya dado a luz más de cinco hijos en los mismos dolores de parto. Y los egipcios mitologizan que Rea dio a luz a cinco dioses, aludiendo a la génesis de los cinco mundos a partir de una sola materia. Y en el todo, el lugar en torno a la tierra está definido por cinco zonas, y el cielo por cinco círculos, dos árticos, dos trópicos y el ecuador en medio; y cinco han llegado a ser los períodos de los astros errantes, al correr juntos el sol, el Fósforo y el Estilbón. Armónica es también la constitución del mundo, como sin duda también lo que está armonizado entre nosotros se ve en cinco posiciones de tetracordios: los graves, los medios, los conjuntos, los disjuntos y los hiperbólicos; y los intervalos que se cantan son cinco: diesis, semitono, tono, trihemitono y ditono. Así, la naturaleza parece alegrarse de hacer todas las cosas con el cinco más que con el ser esférico, tal como decía Aristóteles».
37
«¿ Qué entonces», diría alguien,« Platón trasladó el número de los cinco mundos a las cinco figuras, diciendo que el dios utilizó la quinta constitución para el todo al dibujarlo? Luego, al plantear la aporía sobre la multitud de los mundos, si es apropiado decir que son uno o cinco por naturaleza, es evidente que desde allí cree que ha comenzado la sospecha. Si, pues, debemos llevar lo verosímil a su pensamiento, consideremos que a las diferencias de aquellos cuerpos y figuras es necesario que sigan inmediatamente diferencias de movimientos, tal como él mismo enseña, al declarar que lo que se divide o se compone cambia también de lugar con la alteración de la esencia. Pues si de aire se hace fuego, al disolverse el octaedro y fragmentarse en pirámides, o de nuevo aire de fuego, al comprimirse y apretarse en un octaedro, no es posible que permanezca donde estaba antes, sino que huye y es llevado hacia otra región, siendo forzado y luchando contra los que se oponen y presionan. Aún más, lo que sucede se muestra con una imagen, al decir que los elementos, al ser sacudidos y aventados por los trenzados y los instrumentos que están en torno a la limpieza del grano, sacuden la materia y son sacudidos por ella, y que los semejantes se acercan siempre a los semejantes, y que unos ocupan una región y otros otra antes de que el todo se ordene a partir de ellos. Así, pues, al estar la materia como es verosímil que esté el todo, donde el dios está ausente, inmediatamente las cinco primeras cualidades, al tener sus propias inclinaciones, eran llevadas por separado, no separándose del todo ni puramente, debido a que, al estar todo mezclado siempre, lo dominado sigue a lo que domina contra la naturaleza. Por eso, al ser llevados los géneros de los cuerpos unos a otros lugares, hicieron porciones y distancias de igual número, una no de fuego puro sino ígnea, otra no de éter inmezclado sino etérea, otra no de tierra misma por sí misma sino terrestre; y sobre todo la mezcla de aire y la de agua, debido a que, como se ha dicho, se fueron llenas de muchos otros géneros. Pues el dios no separó ni administró la esencia, sino que, al recibirla separada por sí misma y llevada por separado en tales desórdenes, la ordenó y armonizó mediante analogía y medianía; luego, al establecer en cada una una razón como armonizador y guardián, hizo tantos mundos como géneros de los cuerpos primeros existían. Que esto, pues, quede consagrado a la gracia de Platón por Amonio; yo, en cuanto al número de mundos, nunca aseguraría que son tantos, pero la opinión que establece que son más de uno, no infinitos sino definidos en multitud, no la considero más irracional que la de aquellos, al ver lo dispersable y divisible de la materia por naturaleza, que no permanece en uno ni se permite avanzar al infinito por la razón. Y si en otro lugar y aquí en la Academia, al recordarnos a nosotros mismos, eliminamos el exceso de fe, y salvaguardamos la seguridad, como en un lugar peligroso, solo con el discurso sobre la infinitud».
38
Dicho esto por mí, Demetrio dijo:« Lamprias aconseja correctamente. Pues los dioses nos hacen tropezar con muchas formas, no de sofismas como dice Eurípides, sino de hechos, cuando nos atrevemos a declarar como si supiéramos sobre cosas tan grandes. Pero el discurso debe ser llevado, como dice el mismo hombre, a la hipótesis desde el principio. Pues lo dicho sobre que los demonios, al alejarse y abandonar los oráculos, yacen como instrumentos de artesanos ociosos y mudos, levanta otro discurso sobre la causa, mayor, y sobre la potencia con la que, al usarla, hacen que los profetas y las profetisas estén poseídos por los entusiasmos y sean imaginativos. Pues no es posible culpar al eclipse de que los oráculos callen, sin haber sido persuadidos de qué manera los demonios, al estar sobre ellos y presentes, hacen que sean activos y den oráculos». Amonio, al intervenir, dijo:«¿ Crees que los demonios son algo distinto a almas que vagan, según Hesíodo, habiéndose vestido de aire? Pues a mí me parece que la diferencia que tiene un hombre respecto a un hombre que interpreta una tragedia o una comedia, esa la tiene un alma respecto a un alma equipada con un cuerpo adecuado para la vida presente. Nada, pues, es irracional ni sorprendente si las almas, al encontrarse con almas, producen fantasías de lo futuro, tal como nosotros nos comunicamos muchas cosas de las sucedidas y presagiamos las futuras, no todo mediante la voz, sino también con letras y solo al tocar y mirar. A menos que tú digas otra cosa, Lamprias; pues hace poco llegó a nosotros una voz de que tú discutiste mucho sobre esto en Lebadea con extranjeros, de lo cual el que lo contaba no recordó nada con precisión».« No te sorprendas», dije yo,« pues muchas acciones y ocupaciones que ocurren en medio debido a que es oráculo y sacrificio, hicieron que los discursos estuvieran dispersos y esporádicos para nosotros; pero ahora», dijo Amonio,« tienes oyentes que están ociosos y dispuestos, unos a investigar y otros a aprender, estando la disputa y toda rivalidad fuera del camino. Y como ves, se ha dado perdón y franqueza a todo discurso».
39
Al exhortar también los demás a esto, tras guardar silencio un poco, dije:« Y sin embargo, por azar, Amonio, tú mismo has dado un principio y un paso a los discursos de entonces. Pues si las almas que se han separado o que no han participado en absoluto del cuerpo son demonios, según tú y el divino Hesíodo, guardianes puros de los hombres mortales sobre la tierra,¿ por qué privamos a las almas que están en los cuerpos de aquella potencia con la que los demonios son naturales para conocer de antemano y mostrar lo futuro? Pues no es verosímil que ninguna potencia ni parte se añada a las almas cuando abandonan el cuerpo, si no la poseían antes; sino que siempre la tienen, pero la tienen más débil al estar mezcladas con el cuerpo, y unas cosas totalmente ocultas y escondidas, otras débiles y oscuras, y como para los que ven a través de la niebla o se mueven en el agua, trabajosas y lentas, y que anhelan mucha curación de lo propio y recuperación, y eliminación y purificación de lo que cubre. Pues así como el sol no se vuelve brillante cuando escapa de las nubes, sino que siempre es, pero nos aparece en la niebla difícil de ver y oscuro; así el alma no adquiere la potencia adivinatoria al salir del cuerpo como de una nube, sino que, al tenerla incluso ahora, se ciega debido a su mezcla y confusión con lo mortal. Y no hay que sorprenderse ni desconfiar al ver, si nada más, la potencia del alma inversa a la adivinatoria, que llamamos memoria, qué gran obra demuestra al salvar lo pasado y guardar, o más bien, lo que ni siquiera es; pues de lo sucedido nada es ni subsiste, sino que todo se genera y se corrompe al mismo tiempo, acciones, discursos y afecciones, al llevarse el tiempo cada cosa como una corriente; pero esta potencia del alma, no sé de qué manera, al captar lo que no está presente, le añade fantasía y esencia. Pues el oráculo dado a los tesalios sobre Arne ordenaba decir el oído del sordo y la vista del ciego, y la memoria es para nosotros oído de cosas sordas y vista de ciegas. De donde, como dije, no es sorprendente si, al dominar lo que ya no es, se adelanta a muchas de las que aún no han sucedido; pues esto le conviene más y es compasiva con esto; pues se aplica y se propone hacia lo futuro y está libre de lo pasado y de lo que tiene fin, excepto de recordar».
40
« Al tener, pues, esta potencia las almas, innata pero tenue y difícil de imaginar, sin embargo florecen a menudo y la recuperan tanto en los sueños como en torno a los finales, algunas, al volverse puro el cuerpo o al recibir una mezcla propia para esto, o al relajarse y liberarse lo racional y reflexivo de lo presente, volviéndose hacia lo irracional y fantástico de lo futuro. Pues no, como dice Eurípides,' el mejor adivino es el que conjetura bien', sino que este es un hombre sensato y que sigue el camino con el que tiene la mente del alma y guía con lo verosímil. Pero lo adivinatorio, como un registro no escrito, irracional e indefinido por sí mismo, pero receptivo de fantasías por afecciones y prepercepciones, toca lo futuro sin razonamiento, cuando se aleja más de lo presente. Y se aleja por mezcla y disposición del cuerpo, al volverse en cambio, lo que llamamos entusiasmo. El cuerpo mismo, pues, por sí mismo, a menudo tiene tal disposición; pero la tierra emite fuentes de muchas otras potencias para los hombres, unas extáticas, enfermizas y mortales, otras buenas, suaves y útiles, como se hacen evidentes al encontrarse con ellas por experiencia. Pero el flujo y aliento adivinatorio es lo más divino y sagrado, ya sea que se lleve a través del aire o con un flujo húmedo. Pues al mezclarse en el cuerpo, produce en las almas una mezcla inusual y extraña, cuya peculiaridad es difícil de decir claramente, pero el discurso da para conjeturar de muchas maneras. Pues es verosímil que por calor y difusión abra ciertos poros fantásticos de lo futuro, como el vino al evaporarse revela otros muchos movimientos y discursos almacenados y ocultos; pues lo báquico y lo maníaco tiene mucha adivinación según Eurípides, cuando el alma, al volverse caliente y ígnea, rechaza la precaución que la prudencia mortal, al introducirla, a menudo aparta y extingue el entusiasmo».
41
« Y al mismo tiempo alguien no diría irracionalmente que la sequedad, junto con el calor, al generarse, afina el aliento y lo hace etéreo y puro; pues esta es el alma según Heráclito. Pero la humedad no solo nubla la vista y el oído, sino que también, al tocar espejos y mezclarse con el aire, quita el brillo y la luz. Por el contrario, de nuevo, por cierto enfriamiento y condensación del aliento, como en el temple del hierro, no es imposible que la parte pronosticadora del alma se tense y se afile. Y ciertamente, como el estaño, al ser poroso y de muchos poros el bronce, al fundirse, a la vez lo apretó y condensó, y a la vez lo mostró más brillante y puro, así nada impide que la exhalación adivinatoria, al tener algo propio y afín a las almas, llene los poros y los mantenga al ajustarlos. Pues otras cosas son propias y adecuadas para otras, tal como para la púrpura el haba, y para el azafrán el nitro parece llevar el tinte mezclado, y para el lino glauco se mezcla el grano, como ha dicho Empédocles. Sobre el Cidno y la espada sagrada de Apolo en Tarso, amigo Demetrio, te escuchábamos decir que el Cidno limpia otro hierro, y que ninguna otra agua limpia la espada que aquella; tal como en Olimpia aplican la ceniza al altar y la solidifican vertiendo agua del Alfeo, y al probar otros ríos no pueden reunir ni pegar la ceniza».
42
« No hay que sorprenderse, pues, si de muchos flujos que la tierra emite hacia arriba, solo estos disponen a las almas entusiásticamente y fantásticamente hacia lo futuro. Sin duda, también los relatos de la fama concuerdan con el discurso; pues también aquí cuentan que la potencia en torno al lugar se hizo evidente primero, al caer un pastor por cierto azar, y luego emitir voces entusiásticas, de las cuales al principio los que estaban presentes despreciaban, pero después, al suceder lo que el hombre predijo, se admiraron. Los más doctos de los delfios, al recordar también el nombre del hombre, dicen que era Coritas. A mí me parece que el alma recibe tal mezcla y cohesión hacia el aliento adivinatorio, como la vista hacia la luz al volverse de afección semejante; pues teniendo el ojo la potencia visual, no hay obra sin luz, y el alma necesita lo adivinatorio como un ojo de lo que enciende lo propio y lo afila conjuntamente. De donde muchos de los anteriores pensaban que uno y el mismo dios era Apolo y el sol; pero los que conocen y honran la hermosa y sabia analogía, lo que el cuerpo es para el alma, y la vista para la mente, y la luz para la verdad, esto conjeturaban que era la potencia del sol respecto a la naturaleza de Apolo, al declarar que este es vástago de aquel y engendro, siempre generándose siempre. Pues este enciende, avanza y mueve conjuntamente la potencia visual de la sensación, como aquel la adivinatoria del alma».
43
« Los que, sin embargo, opinan que es uno y el mismo dios, razonablemente atribuyeron el oráculo a Apolo y a la tierra en común, al pensar que el sol produce en la tierra la disposición y mezcla, de la cual se emiten las exhalaciones adivinatorias. A la tierra misma, pues, tal como Hesíodo, al pensar mejor que algunos filósofos, la llamó asiento seguro de todas las cosas, así también nosotros la consideramos eterna e incorruptible; pero de las potencias en torno a ella, es verosímil que en parte eclipses, en parte génesis, y en otros lugares traslaciones y cambios de flujo ocurran desde otros lugares, y que tales períodos circulen en ella muchas veces en todo el tiempo, como se puede conjeturar por los fenómenos. Pues han ocurrido de lagos y ríos, y aún más de fuentes calientes, donde eclipses y corrupciones totalmente, donde como huidas y hundimientos; luego de nuevo llega a través de los tiempos, apareciendo en los mismos lugares o fluyendo cerca; y sabemos que han ocurrido oscurecimientos nuevos de metales, como de las minas de plata en torno a Ática y del cobre en Eubea, del cual se fabricaban las espadas de temple frío, como ha dicho Esquilo al tomar la espada euboica de afilado propio; y de la piedra en Caristo no hace mucho tiempo que ha cesado de emitir hilos de piedra suaves y filamentosos. Pues creo que ustedes han visto algunos pañuelos, redes y redecillas de allí que no se queman; sino que, cuantas cosas se ensucian al usarlas, al echarlas al fuego brillante y transparente, las recuperan; pero ahora ha desaparecido y apenas como fibras o pelos raros corren en los metales».
44
« Y sin embargo, todos estos, los que están en torno a Aristóteles, declaran que la exhalación es creadora en la tierra, con la cual es necesario que tales naturalezas también se eclipsen, se trasladen y florezcan de nuevo. Lo mismo, pues, hay que pensar sobre los alientos adivinatorios, como que no tienen la potencia eterna ni sin envejecer, sino supuesta a cambios. Pues es verosímil que lluvias excesivas las extingan y que, al caer rayos, se dispersen, pero sobre todo, al volverse la tierra sacudida y recibir hundimientos y confusión en profundidad, que las exhalaciones se trasladen o se cieguen totalmente, tal como dicen que aquí permanecen las cosas en torno al gran terremoto, que también volcó la ciudad. En Orcómeno dicen que, al ocurrir una peste, muchos hombres murieron y el oráculo de Tiresias desapareció totalmente y hasta el presente permanece ocioso y mudo. Y si también a los que están en torno a Cilicia les ha sucedido sufrir cosas semejantes, como escuchamos, nadie nos lo diría, Demetrio, más claramente que tú».
45
En cuanto a Demetrio, no lo sé, pues, como sabéis, llevo ya muchísimo tiempo fuera; pero, mientras yo estaba allí, el oráculo de Mopso y el de Anfíloco aún estaban en su apogeo. Puedo contar un hecho asombrosísimo del que fui testigo en el de Mopso. El gobernador de Cilicia, que aún se mostraba escéptico respecto a las cosas divinas— debido, supongo, a la debilidad de su incredulidad, pues en lo demás era un hombre insolente y despreciable—, y que tenía a su alrededor a ciertos epicúreos de esos que se llaman a sí mismos« fisiólogos» y que se burlan, como ellos dicen, de tales asuntos, envió a un liberto, tras haberlo preparado como si fuera un espía en territorio enemigo, con una tablilla sellada en la que estaba escrita una pregunta que nadie conocía. El hombre, tras pasar la noche en el santuario, como es costumbre, y haber dormido allí, anunció al día siguiente un sueño de este tipo: le pareció que un hombre hermoso se le acercaba y le decía solo« negro» y nada más, y que luego se marchaba inmediatamente. A nosotros esto nos pareció absurdo y nos causó mucha perplejidad, pero aquel gobernador quedó estupefacto, hizo una reverencia y, al abrir la tablilla, mostró la pregunta que estaba escrita:«¿ Debo sacrificarle un toro blanco o negro?». De modo que incluso los epicúreos quedaron confundidos, y él mismo realizó el sacrificio y veneró a Mopso hasta el final.
46
Demetrio guardó silencio tras decir esto; yo, queriendo poner como un broche a la conversación, miré de nuevo a Filipo y a Amonio, que estaban sentados juntos. Me pareció que querían decir algo, pero me contuve de nuevo. Amonio dijo:« También Filipo, Lamprias, tiene algo que decir sobre lo que se ha expuesto; pues él, al igual que la mayoría, cree que Apolo no es un dios distinto, sino el mismo que el sol. Pero mi perplejidad es mayor y sobre asuntos más importantes; pues hace un momento, no sé cómo, cedimos en la conversación al relegar la adivinación de los dioses a los demonios, y ahora me parece que los estamos expulsando y alejando de nuevo de aquí, del oráculo y del trípode, al disolver el principio de la adivinación— o mejor dicho, su esencia y su poder— en espíritus, vapores y exhalaciones. Pues estas mezclas, calores y aperturas de las que se habla, cuanto más alejan la opinión de los dioses y añaden un razonamiento de la causa como el que Eurípides hace usar al Cíclope:' La tierra, por necesidad, quiera o no, al producir hierba, alimenta a mis rebaños', aunque aquel dice que no sacrifica a los dioses, sino a sí mismo y a su vientre, que es el mayor de los demonios; nosotros, en cambio, sacrificamos y rezamos,¿ qué nos pasa en los oráculos si las almas poseen en sí mismas el poder adivinatorio, pero lo que lo mueve es una mezcla de aire o de espíritu?¿ Y qué significan las aspersiones de las víctimas y el hecho de que no profeticen si la víctima no se estremece y tiembla por completo desde la punta de las pezuñas al ser rociada? Pues no basta con sacudir la cabeza como en los otros sacrificios, sino que es necesario que el vaivén y el temblor se produzcan en todas las partes del cuerpo junto con un ruido tembloroso; pues si esto no ocurre, dicen que el oráculo no responde y no introducen a la Pitia. Y, sin embargo, es razonable que quienes atribuyen la mayor parte de la causa a un dios o a un demonio hagan y crean esto; pero, como tú dices, no es razonable; pues la exhalación, tanto si la víctima se estremece como si no, al estar presente, producirá el entusiasmo y dispondrá el alma de la misma manera, no solo la de la Pitia, sino incluso la de cualquier cuerpo que toque. De donde resulta una necedad utilizar a una sola mujer para los oráculos y causarle molestias manteniéndola pura y limpia durante toda su vida. Pues aquel Coretas, de quien los delfios dicen que fue el primero en caer y dar a conocer la percepción del poder del lugar, no creo que se diferenciara en nada de los otros cabreros y pastores, si es que esto no es un mito o una invención vacía, como yo creo. Y al considerar de cuántos bienes ha sido causa este oráculo para los griegos, tanto en guerras como en fundaciones de ciudades, pestes y carestías de frutos, considero terrible que su hallazgo y origen no se atribuyan a un dios y a la providencia, sino al azar y a la espontaneidad. Sobre esto quiero que hables, Lamprias;¿ esperarás?».« Por supuesto», dijo Filipo,« y todos nosotros; pues el discurso nos ha conmovido a todos».
47
Y yo le dije:« A mí, Filipo, no solo me ha conmovido, sino que me ha confundido, si entre tantos y tan grandes como sois, os parezco alguien que, por vanidad y por el atractivo del discurso, intenta destruir y remover algo de lo que se ha creído verdadera y piadosamente sobre lo divino, más allá de lo que corresponde a mi edad. Me defenderé presentando a Platón como testigo y defensor a la vez. Pues aquel hombre reprochó al antiguo Anaxágoras porque, al estar demasiado atado a las causas físicas y al perseguir y buscar siempre lo que se produce por necesidad mediante las afecciones de los cuerpos, dejó de lado las causas mejores y los principios, es decir, el' por qué' y el' por quién'. Él mismo, en cambio, fue el primero o el principal de los filósofos en abordar ambas, atribuyendo al dios el principio de las cosas que tienen razón, pero sin privar a la materia de las causas necesarias para lo que sucede, sino viendo que de esta manera el todo sensible está ordenado, y no es puro ni sin mezcla, sino que la materia, al entrelazarse con la razón, recibe su génesis. Mira primero el caso de los artesanos: por ejemplo, la famosa base y pedestal del cráter que hay aquí, que Heródoto llamó' hipocrateridio', tuvo causas materiales: fuego, hierro, el ablandamiento mediante el fuego y el temple mediante el agua, sin los cuales no hay forma de que la obra se realice; pero el principio más importante, el que mueve esto y actúa a través de ello, lo proporcionó a la obra el arte y la razón. Y, además, de estas imitaciones y figuras, el poeta y creador se ha inscrito:' Polignoto, de linaje tasio, hijo de Aglaofonte, pintó la toma de la acrópolis de Ilión, como se ve'. Pero sin pigmentos triturados y mezclados entre sí, no era posible obtener tal disposición y aspecto.¿ Acaso el que quiere tocar el principio material, buscando y enseñando las afecciones y los cambios que adquiere la sinopia al mezclarse con ocre y la manzana con negro, elimina la gloria del artesano?¿ Y el que examina el temple y el ablandamiento del hierro, cómo al ser relajado por el fuego cede y se somete a los que lo golpean y martillean, y al caer de nuevo en agua pura, por la frialdad y debido a la blandura y porosidad generadas por el fuego, se comprime y se densifica, adquiriendo la firmeza y rigidez que Homero llamó' fuerza del hierro',¿ acaso resta importancia al artesano en la causa de la génesis de la obra? Yo creo que no; pues algunos de los poderes médicos examinan las cualidades, pero no eliminan la medicina. Del mismo modo que, sin duda, Platón, al declarar que vemos mediante la luz que se mezcla desde los ojos con la luz del sol, y que oímos por el golpe del aire, no eliminaba el hecho de que, según la razón y la providencia, hayamos sido hechos seres capaces de ver y oír».
48
« Pues, en general, como digo, teniendo toda génesis dos causas, los teólogos y poetas muy antiguos eligieron prestar atención a la superior, pronunciando ese dicho común para todas las cosas:' Zeus es el principio, Zeus el medio, y de Zeus provienen todas las cosas', y ya no recurrían a las causas necesarias y físicas. Los más recientes que ellos, llamados físicos, por el contrario, al desviarse de aquel principio bello y divino, sitúan el todo en los cuerpos, en las afecciones de los cuerpos, en golpes, cambios y mezclas. De ahí que el discurso de ambos sea deficiente en lo que corresponde: unos ignoran o pasan por alto el' por medio de qué' y el' por quién', y otros el' de qué' y' a través de qué'. Pero el primero que abordó claramente ambas cosas, y al añadir al que hace y mueve según la razón, necesariamente, lo que subyace y padece, nos libera de toda sospecha y calumnia. Pues no hacemos que la adivinación sea atea ni irracional, al asignar como materia el alma del hombre y como instrumento o plectro el espíritu entusiástico y la exhalación; pues, en primer lugar, la tierra que engendró las exhalaciones y el sol que otorga a la tierra toda la fuerza de mezcla y cambio es, por ley de nuestros padres, un dios para nosotros; después, dejamos a los demonios supervisores, patrulleros y guardianes, como si fueran los que tensan y aflojan la armonía de esta mezcla en el momento oportuno, eliminando lo excesivamente extático y perturbador de ella, y mezclando lo que mueve sin dolor y sin daño para quienes la usan, de modo que no pareceremos hacer nada irracional ni imposible».
49
« Tampoco al sacrificar, coronar a las víctimas y hacer libaciones actuamos en contra de este discurso. Pues los sacerdotes y los hombres santos dicen que sacrificar a la víctima, hacer libaciones y observar su movimiento y temblor,¿ qué otra cosa es sino tomarlo como señal de que el dios está dando su dictamen? Pues la víctima debe ser pura, sana e incorrupta tanto en cuerpo como en alma. Ciertamente, no es muy difícil observar las señales relativas al cuerpo; pero prueban el alma poniendo cebada a los toros y garbanzos a los verracos; pues no creen que esté sana si no los prueba. Y el agua fría pone a prueba a la cabra; pues no es propio de un alma que está en su estado natural el permanecer impasible e inmóvil ante la aspersión. Y yo, aunque sea seguro que el temblor es señal de que el dios va a dar su dictamen y lo contrario de que no, no veo qué dificultad se deriva de ello para lo que se ha dicho. Pues todo poder, lo que es natural que haga, lo hace mejor o peor según el momento; y como el momento se nos escapa, es razonable que el dios dé señales».
50
« Creo, pues, que la exhalación no es siempre igual en todo momento, sino que tiene ciertos momentos de relajación y otros de intensidad; y como prueba de ello, tengo como testigos a muchos extranjeros y a todos los que sirven en el santuario. Pues la estancia en la que sientan a quienes consultan al dios no se llena de fragancias y de espíritu ni a menudo ni de forma regular, sino como sucede de vez en cuando, como si desde el manantial del ádyton brotaran emanaciones de los perfumes más dulces y costosos; pues es razonable que florezcan debido al calor o a algún otro poder que se genera. Y si esto no parece convincente, al menos admitiréis que la propia Pitia, en sus afecciones y diferencias, tiene en momentos distintos esa parte del alma a la que se acerca el espíritu, y que no mantiene siempre una misma mezcla, como una armonía inmutable en todo momento. Pues muchas dificultades y movimientos, unas perceptibles y otras ocultas, se apoderan del cuerpo y se filtran en el alma; al estar llena de ellas, no es mejor ir allí ni entregarse al dios sin estar completamente pura, como un instrumento afinado y bien sonante, sino apasionada e inestable. Pues ni el vino dispone siempre igual al borracho, ni la flauta al entusiasta, sino que a veces los mismos se vuelven menos y otras veces más bacantes y embriagados, al haberse producido en ellos una mezcla diferente. Y, sobre todo, parece que la facultad imaginativa del alma es dominada y cambia junto con el cuerpo, como es evidente por los sueños; pues a veces nos encontramos en muchas y variadas visiones oníricas, y otras veces, en cambio, todo se vuelve calma y tranquilidad de tales cosas. Y conocemos nosotros mismos a Cleón, el de Daulia, que en los muchos años que ha vivido afirma no haber visto nunca un sueño; y de los más ancianos se dice lo mismo de Trasimedes de Herea. La causa es la mezcla del cuerpo, al igual que, por el contrario, la de los melancólicos es rica en sueños y fantasías, y parece que tienen sueños certeros; pues al dirigirse a cosas distintas en momentos distintos con su facultad imaginativa, como los que lanzan muchas veces, aciertan a menudo».
51
« Cuando, pues, la facultad imaginativa y adivinatoria está en armonía con la mezcla del espíritu, como si fuera un fármaco, es necesario que el entusiasmo se produzca en los profetas; cuando no es así, que no se produzca, o que se produzca de forma desordenada, no íntegra y perturbadora, como sabemos que ocurrió con la Pitia que murió hace poco. Pues, habiendo llegado unos consultores de fuera, se dice que la víctima soportó las primeras aspersiones inmóvil e impasible; pero, al insistir los sacerdotes por ambición y rogarle, apenas se humedeció y se inundó, cedió.¿ Qué ocurrió entonces con la Pitia? Bajó al oráculo, según dicen, a regañadientes y sin ganas, y desde las primeras respuestas fue evidente por la aspereza de su voz que no se recuperaba, como una nave que se apresura, estando llena de un espíritu mudo y maligno; finalmente, totalmente perturbada y llevada hacia la salida con un grito terrible, se arrojó, de modo que huyeron no solo los consultores, sino también el profeta Nicandro y los presentes de los hombres santos. Sin embargo, la levantaron poco después, consciente, y vivió unos pocos días. Por estas razones, mantienen el cuerpo de la Pitia puro de relaciones y su vida totalmente ajena a tratos con extranjeros e intocable, y toman las señales antes del oráculo, creyendo que para el dios es evidente cuándo, al tener la mezcla y disposición adecuadas, soportará el entusiasmo sin daño; pues el poder del espíritu no dispone a todos ni a los mismos siempre de la misma manera, sino que proporciona un combustible y un principio, como se ha dicho, a los que tienen una disposición adecuada para padecer y cambiar. Y es verdaderamente divina y demoníaca, pero no inagotable, ni incorruptible, ni exenta de vejez, ni duradera por tiempo infinito, por el cual todo lo que está entre la tierra y la luna se fatiga, según nuestra teoría. Y hay quienes dicen que ni siquiera las cosas de arriba permanecen, sino que, al desfallecer ante lo eterno e infinito, utilizan cambios rápidos y renacimientos».
52
« Esto es lo que dije que yo mismo reflexiono a menudo y os invito a vosotros, pues tengo muchas objeciones y sospechas en contra, que el tiempo no permite exponer todas; de modo que esto quede también pospuesto, así como lo que Filipo plantea sobre el sol y Apolo».