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De Fato
Plutarch (plutarch)Fato 0 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
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Original / primary: Spanish Gemini
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Intentaré exponerte, mi queridísimo Pisón, de la manera más clara y concisa posible, lo que pensamos acerca del destino, ya que tú lo has solicitado, no sin conocer la cautela que tengo al escribir.
1
En primer lugar, pues, has de saber que el destino se dice y se entiende de dos maneras: una es como actividad y la otra como esencia. En primer lugar, Platón esbozó la actividad a grandes rasgos, diciendo en el Fedro:« Este es el decreto de Adrastea: cualquier alma que, habiéndose convertido en compañera de un dios...»; en el Timeo, habla de las leyes que el dios estableció para las almas inmortales sobre la naturaleza del todo; y en la República, afirma que el destino es el discurso de Láquesis, la hija de la Necesidad, expresando lo que le parece no de forma trágica, sino teológica. Si alguien quisiera interpretar esto de manera más común, el destino en el Fedro podría decirse que es un discurso divino inviolable por una causa no impedida; y en el Timeo, una ley conforme a la naturaleza del todo, según la cual se desarrollan los acontecimientos. Pues esto es lo que allí realiza Láquesis, la verdadera hija de la Necesidad, como ya hemos recibido anteriormente y conoceremos aún mejor en los discursos que trataremos con calma. Esta es, pues, la concepción del destino como actividad.
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La concepción del destino como esencia parece ser la totalidad del alma del mundo distribuida en tres partes: en la porción de las estrellas fijas, en la que se considera errante y, en tercer lugar, la subceleste que existe alrededor de la tierra. De estas, la más elevada es llamada Cloto, la que le sigue es Átropos y la más baja es, a su vez, Láquesis, que recibe las actividades celestiales de sus hermanas y las entrelaza y distribuye hacia los asuntos terrenales ordenados bajo ella. Por tanto, se ha dicho en potencia qué es lo que debe decirse sobre el destino como esencia; pues qué es, qué magnitud tiene, cómo es, cómo está ordenado y cómo se relaciona tanto consigo mismo como con nosotros, se ha dicho de manera resumida; los detalles sobre esto los insinúa moderadamente el otro mito en la República, y nosotros hemos intentado explicártelos según nuestras posibilidades.
3
Retomemos de nuevo el destino como actividad y hablemos de él, pues en torno a esto giran muchas cuestiones físicas, éticas y dialécticas. Qué es, pues, ha quedado razonablemente definido; qué clase de cosa es, debe decirse a continuación, aunque a muchos les parezca extraño. Pues siendo infinitos los acontecimientos que surgen de lo infinito y hacia lo infinito,¿ no es acaso infinito el destino que envuelve todo en un círculo? No, es finito; pues ni la ley, ni el discurso, ni nada divino podría ser infinito. Además, podrías comprender lo que se dice al concebir el periodo completo y todo el tiempo, cuando las ocho revoluciones, como dice el Timeo, alcanzan su meta al concluir sus velocidades relativas, medidas por el círculo de lo Mismo y de lo que se mueve de manera uniforme. Pues en este discurso, que es definido y contemplado, todo lo que sucede tanto en el cielo como en la tierra se constituye necesariamente desde arriba, volverá a establecerse en lo mismo y, de nuevo, desde el principio, todo se restituirá de la misma manera y en el mismo orden. Solo la relación celeste, ordenada en todo consigo misma y con la tierra y con todos los asuntos terrenales, regresará alguna vez tras largos periodos; y las que le siguen sucesivamente y están unidas entre sí, estarán presentes de manera continua, llevando cada una lo suyo por necesidad. Pero, para aclarar lo que nos concierne ahora, que no sucede a partir de los cuerpos celestes, como si fueran las causas de todo, el que yo escriba esto ahora y de esta manera, y que tú hagas lo que haces y cómo lo haces; pues bien, cuando llegue la misma causa, los mismos seres, al existir, haremos lo mismo y de la misma manera. Así también todos los hombres y lo que sigue sucederá y se hará según la causa siguiente, y todo, en su totalidad, se restituirá de la misma manera tanto en un periodo completo como en cada uno de los periodos totales. Es evidente, pues, lo que dijimos: que el destino, siendo infinito en cierto modo, no es infinito; y lo que se dijo, que es una especie de círculo, ha sido visto moderadamente; pues así como el movimiento del círculo y el tiempo que lo mide es un círculo, así también el discurso de lo que sucede según el círculo podría considerarse un círculo.
4
Casi esto aclara qué clase de cosa es el destino, excepto la parte que es particular o individual.¿ Qué clase de cosa es, pues, esta según este tipo de discurso? Es, como uno podría conjeturar, como la ley política que, en primer lugar, ordena la mayoría de las cosas, si no todas, bajo una hipótesis; luego, abarca en la medida de lo posible lo que corresponde a la ciudad en términos generales. Debemos considerar qué es cada una de estas cosas. En consecuencia, la ley política trata sobre el hombre valiente y el desertor, y sobre los demás de la misma manera; pero no es una ley sobre este o aquel individuo, sino que trata lo general de forma prioritaria y lo que cae bajo esto de forma consecuente. Pues diríamos que honrar a alguien que ha sido valiente y castigar a alguien que ha desertado es legal, como si la ley hubiera dispuesto también sobre esto en potencia; del mismo modo que la ley médica y la gimnástica, por así decirlo, incluyen en potencia lo particular en lo general; así también la ley de la naturaleza trata lo general de forma prioritaria y lo particular de forma consecuente. Y estas cosas son, en cierto modo, destinadas, al estar co- destinadas con aquellas; aunque quizás alguien de los que son demasiado precisos diría que lo contrario, que lo particular está ordenado de forma prioritaria y que el todo existe por causa de esto, y que lo que es por causa de algo es anterior a aquello por lo que existe. Pero sobre esto debemos reflexionar en otro lugar. Que el destino no contiene todo de forma pura ni explícita, sino solo lo que es general, esto, dicho en el presente, tiene cabida tanto para el discurso siguiente como para el que se mencionó hace poco. Pues lo definido, propio de la inteligencia divina, se contempla más en lo general; tal es también la ley divina, mientras que la política, lo infinito, se contempla en lo particular. Después de esto, considera qué es lo que es por hipótesis; y que el destino es tal, piénsalo. Dijimos que es por hipótesis lo que no se establece por sí mismo, sino que está de alguna manera supeditado a otra cosa como verdadero, lo cual significa una consecuencia.« Este es el decreto de Adrastea: cualquier alma que, habiéndose convertido en compañera de un dios, vea algo de la verdad, estará libre de daño hasta el siguiente periodo; y si siempre puede hacer esto, estará siempre a salvo». Tal es lo que es por hipótesis y a la vez general. Que el destino también es tal, es evidente tanto por su esencia como por su nombre. Pues se le llama destino( heimarmene) como si fuera algo que se entrelaza( eiromene); y el decreto y la ley existen para que lo que sigue a los acontecimientos esté ordenado políticamente.
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A continuación, debemos considerar también lo relativo a la relación, cómo se relaciona el destino con la providencia, y cómo con la fortuna, con lo que depende de nosotros, con lo posible y todo lo semejante; además de esto, debe definirse dónde es verdadero y dónde es falso que todo sucede según el destino. Si significa que todo está contenido en el destino, debe concederse que es verdadero; ya sea que uno quiera poner en el destino todo lo que sucede respecto a los hombres, a la tierra o al cielo, que esto también se conceda respecto al presente. Pero si, como más bien parece,« según el destino» no significa todo, sino solo lo que le sigue, no debe decirse que todo es según el destino. Pues ni todo lo que la ley abarca es legal ni conforme a la ley; pues incluye la traición, la deserción, el adulterio y muchas otras cosas semejantes, de las cuales nadie diría que son legales; puesto que yo mismo no diría que ser valiente, tiranizar o lograr cualquier otra cosa sea legal. Pues lo legal es un mandato de la ley; pero si la ley lo ordena,¿ cómo no desobedecerían y violarían la ley aquellos que no son valientes, que no tiranizan y todos los que no logran tales cosas?¿ O cómo, si estos son transgresores, no es justo castigar a tales personas? Si, en efecto, esto no tiene sentido, solo deben llamarse legales y conformes a la ley aquellas cosas que han sido definidas por la ley sobre lo que se hace de cualquier manera; y solo deben llamarse destinadas y según el destino aquellas cosas que siguen a lo que ha precedido en el orden divino. De modo que el destino abarca todo lo que sucede, pero no es correcto decir que muchas de las cosas que están en él, y casi todas las que preceden, son« según el destino».
6
Estando así las cosas, debemos decir a continuación cómo lo que depende de nosotros, la fortuna, lo posible, lo contingente y sus afines, al estar ordenados en lo que precede, se salvarían a sí mismos y salvarían al destino. Pues el destino abarca todo, como parece; pero las cosas no sucederán por necesidad, sino que cada una de ellas será tal como es por naturaleza. Y lo posible es por naturaleza anterior al contingente como género; lo contingente, como materia de lo que depende de nosotros, subyace; lo que depende de nosotros, como señor, utiliza lo contingente; y la fortuna interviene en lo que depende de nosotros debido a la inclinación del contingente hacia ambos lados. Podrías aprender lo que se dice claramente al concebir que todo lo que sucede y la génesis misma no es sin potencia, y la potencia no es sin esencia; por ejemplo, la génesis o lo engendrado de un hombre no es sin la potencia, y esta está en el hombre, y la esencia es el hombre. Pero a partir de la potencia que está en medio, la esencia es lo que puede, y la génesis y lo que sucede son ambos posibles. De estos tres, pues, potencia, lo que puede y lo posible, lo que puede subyace a la potencia como su existencia, y la potencia preexiste a lo posible. Es claro, pues, incluso así lo posible; y podría definirse a grandes rasgos: lo que por potencia es natural que suceda, y más propiamente, esto mismo, cuando no tiene nada externo que impida que suceda. De las cosas posibles, unas nunca podrían ser impedidas, como las celestes, los ortos, los ocasos y cosas semejantes; otras son tales que pueden ser impedidas, como muchas de las humanas y muchas de las atmosféricas. Las primeras, como suceden por necesidad, se llaman necesarias, y las que admiten de alguna manera lo contrario, contingentes. Y estas también podrían definirse: lo necesario es lo posible cuyo opuesto es imposible, y lo contingente es lo posible cuyo opuesto también es posible. Pues que el sol se ponga es necesario y a la vez posible, y se le opone como imposible el que no se ponga; pero que, al ponerse el sol, llueva o no llueva, ambos son posibles y contingentes. De nuevo, también en el caso de lo contingente, una cosa es como sucede en la mayoría de los casos, otra como en la minoría, y otra como sucede por igual o como quiera que suceda; esto último es evidente que se opone a sí mismo, y lo que es como en la mayoría y en la minoría, se oponen entre sí; y estas cosas dependen en su mayor parte de la naturaleza, y lo que es por igual, depende de nosotros. Pues el calor o el frío bajo el can, de los cuales uno es como en la mayoría y el otro como en la minoría, ambos están supeditados a la naturaleza; pero caminar o no, y todas las cosas semejantes, de las cuales cada una está supeditada al impulso humano, es lo que se dice que depende de nosotros y es según la elección. Más genéricamente es lo que depende de nosotros; pues hay dos tipos: el que proviene de la pasión, el ánimo o el deseo, y el que proviene del razonamiento o la inteligencia, lo cual uno podría llamar ya según la elección. Tiene sentido que lo posible y lo contingente, esto que se ha dicho según el impulso y lo que depende de nosotros, no se diga lo mismo de otra manera. Pues según lo más, es posible y contingente, pero según el presente, depende de nosotros y es según el impulso. Podría definirse así: lo contingente es aquello que es tanto él mismo como su opuesto, y lo que depende de nosotros es la otra parte de lo contingente que sucede ya según nuestro impulso. Que lo posible es anterior por naturaleza a lo contingente, y lo contingente preexiste a lo que depende de nosotros, y qué es cada uno de ellos y de dónde se nombra y las cosas que les son adyacentes, casi se ha dicho.
7
Sobre la fortuna y lo espontáneo, y si se contempla algo más allá de esto, debemos hablar ahora. La fortuna es, ciertamente, una causa. De las causas, unas son por sí mismas y otras por accidente; por ejemplo, de una casa o de un barco, la causa por sí misma es el arte de la construcción o la arquitectura naval, pero por accidente es la música o la geometría, y todo lo que pueda haberle ocurrido al tipo de construcción o arquitectura naval, ya sea en el cuerpo, en el alma o en los bienes externos. De donde es evidente que lo que es por sí mismo es definido y uno, mientras que lo que es por accidente no es uno y es indefinido; pues muchas e infinitas cosas pertenecen a lo uno, difiriendo totalmente entre sí. Sin embargo, lo que es por accidente, cuando no sucede solo en las cosas que son por causa de algo, sino también en aquellas en las que interviene la elección, entonces se llama« por fortuna»; por ejemplo, encontrar oro mientras se cava para plantar, o sufrir o hacer algo fuera de la costumbre mientras se huye, se persigue, se camina de otra manera o simplemente se gira, no por causa de esto, lo cual sucedió, sino por causa de otra cosa. Por eso, algunos de los antiguos atribuyeron a la fortuna una causa no prevista y desconocida para el razonamiento humano. Según los seguidores de Platón, que se acercan aún más a ella en el discurso, la fortuna se define así: causa por accidente de las cosas que son por causa de algo en lo que depende de la elección; luego añaden también lo no previsto y lo desconocido para el razonamiento humano; aunque, de la misma manera, lo raro y lo irracional aparece en lo que es por accidente; qué clase de cosa es esto, si no por lo que se acaba de decir, al menos por lo que está escrito en el Fedón, se presenta muy claramente. Está escrito así:«¿ Acaso no se enteraron de lo relativo al juicio, cómo sucedió? Sí; alguien nos informó de esto; y nos maravillábamos de que, habiendo ocurrido hace tiempo, parece que murió después.¿ Qué era esto, Fedón? Una fortuna, oh Equécrates, le sucedió; pues sucedió que en la víspera del juicio la popa del barco que los atenienses envían a Delos estaba coronada...». Pues en estos casos,« sucedió» no debe entenderse como« ocurrió», sino mucho más como que resultó de una concurrencia de causas, al haber ocurrido una cosa junto a otra. Pues el sacerdote coronaba el barco por otra causa y no por Sócrates; y los otros lo condenaron por otra razón; pero el resultado mismo fue irracional y sucedió de tal manera como si hubiera ocurrido por providencia, ya sea humana o de seres aún superiores. Y sobre la fortuna, esto es suficiente para entender cómo es necesario que coexista, lo que se dijo como derivado de ella y lo que preexiste a lo que depende de nosotros. Lo espontáneo es más amplio que la fortuna; pues abarca incluso a esta y muchas de las cosas que por naturaleza suceden de una manera u otra. Y es por nombre, lo que se llama espontáneo, lo que por naturaleza es por causa de otra cosa, cuando no sucede aquello para lo que había nacido; por ejemplo, parece que el frío bajo el can. Pues a veces el frío no es en vano, ni tampoco, en general, como la parte de lo que depende de nosotros es parte de lo contingente, así la fortuna es parte de lo espontáneo. Y de cada uno hay un accidente: lo espontáneo de lo contingente, y la fortuna de lo que depende de nosotros, y no de todo esto, sino de lo que puede ser según la elección, como se ha dicho antes. Por eso, lo espontáneo es común a los seres animados e inanimados; pero la fortuna es ya propia del hombre capaz de actuar. Prueba de ello es que se considera que tener fortuna y ser feliz son lo mismo; y la felicidad es una especie de buena acción, y la buena acción solo concierne al hombre perfecto.
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Y las cosas dentro del destino son tales: lo contingente y lo posible, la elección y lo que depende de nosotros, la fortuna y lo espontáneo, y las cosas adyacentes a ellos, entre las cuales están el« quizás» y el« tal vez»; todas las cuales, ciertamente, las abarca el destino, pero ninguna de ellas es« según el destino». Quedaría por decir también sobre la providencia, cómo ella misma ha abarcado el destino.
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La providencia es, pues, la inteligencia más elevada y primera del primer dios, o incluso su voluntad bienhechora hacia todos, según la cual, primeramente, cada una de las cosas divinas ha sido adornada de la mejor y más bella manera a través de todo. La segunda es la de los segundos dioses que se mueven por el cielo, según la cual las cosas mortales suceden de manera ordenada y todo lo que es para la permanencia y salvación de cada uno de los géneros. Una tercera providencia y previsión podría decirse con razón que es la de aquellos demonios que, situados alrededor de la tierra, son guardianes y supervisores de las acciones humanas. Siendo contemplada, pues, una triple providencia, y siendo la más importante y principal la primera, no dudaríamos en decir, aunque parezca que decimos lo contrario a los filósofos, que todo es según el destino y según la providencia, pero no todo según la naturaleza; sino que algunas cosas son según la providencia y otras según otra, y algunas según el destino; y el destino es totalmente según la providencia, pero la providencia no es de ninguna manera según el destino. Sea el discurso ahora sobre la primera y más elevada. Lo que es« según algo» es posterior a aquello según lo cual se dice; por ejemplo, lo que es según la ley es posterior a la ley, y lo que es según la naturaleza es posterior a la naturaleza; así también lo que es según el destino sería más reciente que el destino. Pero la providencia más elevada es la más antigua de todas, excepto de aquello de lo que es, ya sea voluntad, inteligencia o ambas. Y es, como se ha dicho antes, del padre y creador de todas las cosas. Pues digamos, dice el Timeo, por qué causa el que compone la génesis y todo esto lo compuso. Era bueno; y para el bueno nunca surge envidia por nada; estando libre de esto, quiso que todas las cosas fueran lo más posible semejantes a sí mismo. Esta, pues, es la causa más importante de la génesis y del mundo que uno, al aceptarla de hombres prudentes, aceptaría muy correctamente. Pues queriendo el dios que todas las cosas fueran buenas y nada malo en la medida de lo posible, tomó todo lo que era visible, que no estaba en reposo sino moviéndose de forma desordenada y caótica, y lo llevó al orden desde el caos, considerando que aquello era absolutamente mejor que esto. Y no era ni es lícito para el mejor hacer otra cosa que lo más bello. Estas cosas, pues, y las que les siguen hasta las almas humanas, deben considerarse constituidas según la primera providencia; pero lo que se dice a partir de ahí:« habiendo compuesto el todo, lo ordenó en número igual al de las estrellas, distribuyó las almas, una para cada una, y habiéndolas subido como a un carro, mostró la naturaleza del todo y les dijo las leyes destinadas»;¿ quién no pensaría que esto declara explícita y claramente el destino, como una especie de base y legislación política apropiada para las almas humanas, de la cual, además, expone la causa a continuación? Y la segunda providencia la señala de alguna manera diciendo:« habiendo establecido todas las leyes para ellos, para que él fuera inocente de la maldad de cada uno en el futuro, sembró a unos en la tierra, a otros en la luna y a otros en los demás instrumentos del tiempo». Y después de la siembra, entregó a los dioses jóvenes la tarea de moldear cuerpos mortales y el resto de lo que es necesario que se añada al alma humana, y habiendo realizado todo lo que sigue a aquello, gobernar y dirigir el animal mortal de la manera más bella y mejor posible, en la medida en que no se convierta en causa de males para sí mismo. Pues en esto,« para que él fuera inocente de la maldad de cada uno en el futuro» significa la causa más clara del destino; y el orden y la creación de los dioses jóvenes declara la segunda providencia; y de alguna manera parece tocar también una tercera, si es que la legislación es por esta causa, para que él sea inocente de la maldad de cada uno en el futuro;¿ y el dios, libre de maldad, necesitaría leyes o destino? Sino que, arrastrado por la providencia del que lo engendró, cada uno de ellos hace lo suyo; estas cosas, verdaderas y que complacen a Platón, me parecen ser testimonios claros de lo que dice el legislador en las Leyes; pues si algún hombre fuera capaz por naturaleza, habiendo nacido por destino divino, de recibir esto, no necesitaría leyes que lo gobernaran; pues ninguna ley ni orden es superior a la ciencia, ni es lícito que la inteligencia sea súbdita o esclava de nadie, sino que sea gobernante de todo, si es que es un verdadero libre por naturaleza.
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Yo, pues, tomo lo de Platón con este proverbio. Pues siendo triple la providencia, la primera, como la que engendró el destino, lo abarca de alguna manera; la que fue engendrada junto con el destino está totalmente comprendida en él; y la que, como posterior al destino, se ha convertido en tal, está contenida por él, según lo que se ha dicho sobre lo que depende de nosotros y la fortuna. Pues aquellos a quienes la potencia del demonio ayuda en la unión, como dice Sócrates, casi exponiendo un decreto de Adrastea a Teages, estos son aquellos de los que tú también te has dado cuenta; pues rápidamente y al instante progresan. Por tanto, en esto, el que el demonio ayude a algunos debe atribuirse a la tercera providencia, el que progresen rápidamente y al instante, al destino, y el todo no es desconocido, que esto mismo es una especie de destino. Y quizás así parecería mucho más convincente que la segunda providencia también está contenida por el destino y, simplemente, todas las cosas que suceden; si es que el destino como esencia ha sido correctamente distribuido por nosotros en las tres partes, y el discurso de la cadena incluye las revoluciones celestes con las cosas que resultan por hipótesis. Pero sobre esto yo no me extendería más de lo que se dijo antes por hipótesis, o como si fuera más bien un destino que comienza con el destino.
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Nuestro discurso, pues, para decirlo en resumen, sería de este tipo; pero el contrario a estos no solo pone todo en el destino, sino también« según el destino». Y todo concuerda con el uno; y lo que concuerda con el otro, es evidente que también lo hace con el primero. Según este discurso, pues, se ha dicho lo contingente; y lo que depende de nosotros, en segundo lugar; y en tercer lugar, la fortuna, lo espontáneo y todo lo que es según ellos; el elogio, el reproche y sus afines, en cuarto lugar; y en quinto lugar y sobre todo, que se digan las oraciones y los cuidados de los dioses; pero los discursos ociosos y los que cosechan, y lo que se llama« sofismas contra el destino», resultan ser, en verdad, según este discurso. Pero según el contrario, parecería que lo primero y principal es que nada sucede sin causa, sino según causas precedentes; en segundo lugar, que este mundo está gobernado por naturaleza, siendo un todo que respira y siente consigo mismo; y en tercer lugar, lo que parece ser más bien testimonios además de esto: la adivinación, que es verdaderamente estimada por todos los hombres como de los dioses; y la satisfacción de los sabios ante lo que sucede, como que todo sucede según el destino, en segundo lugar. Y en tercer lugar, esto tan trillado, que todo axioma es verdadero o falso. De estas cosas, pues, hemos hecho mención hasta tal punto, para que se declaren brevemente los puntos principales del destino que deben investigarse según la prueba precisa de cada uno de los discursos, y los detalles de estos los trataremos más adelante.

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