Epitome libri de animae procreatione in Timaeo
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Original / primary: Spanish Gemini
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El tratado titulado Sobre la generación del alma en el Timeo expone todo aquello en lo que Platón y los platónicos se han esforzado; introduce, además, ciertas analogías geométricas y semejanzas que, según él, contribuyen a la teoría del alma, así como teoremas musicales y aritméticos.
2
Afirma que la materia es conformada por el alma y otorga alma al universo, y otorga también a cada ser vivo la que lo gobierna; en parte presenta a esta como ingénita y en parte como sujeta a la generación, mientras que la materia es eterna y fue conformada por lo divino a través del alma. Sostiene, además, que la maldad es un brote de la materia, para que, dice, lo divino no sea considerado causa de los males.
3
Que los seguidores de Posidonio no alejaron mucho el alma de la materia, sino que, al aceptar que la esencia de los límites se predica de los cuerpos, la dividieron y, mezclando esto con lo inteligible, declararon que el alma es la idea de lo que tiene extensión en todas direcciones, constituida según un número que contiene la armonía; pues los objetos matemáticos están situados entre los primeros inteligibles y los sensibles; y dado que el alma posee lo eterno en lo inteligible y lo pasible en lo sensible, es apropiado que su esencia exista en medio. Pues a ellos también les pasó inadvertido que Dios, utilizando los límites de los cuerpos después de que el alma ya estaba terminada para la conformación de la materia, define y abarca lo que en ella es disperso y desconectado mediante las superficies que se ensamblan a partir de los triángulos. Más absurdo es hacer del alma una idea; pues una es siempre móvil y la otra inmóvil, y una es inmezclable con lo sensible mientras que la otra está unida al cuerpo; además de esto, Dios se convirtió en imitador de la idea como modelo, pero en creador del alma como si fuera un producto. Que Platón no establece que la esencia del alma sea un número, sino que está ordenada por el número, ya ha sido dicho anteriormente.
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Además de ambos puntos, es común que ni en los límites ni en los números exista rastro alguno de aquella facultad por la cual el alma está constituida por naturaleza para juzgar lo sensible. Pues la participación en el principio inteligible le ha producido el intelecto y lo intelectivo, pero las opiniones, las creencias, lo imaginativo y lo pasible provienen de las cualidades que rodean al cuerpo, lo cual uno no podría concebir que surja simplemente de mónadas, líneas o superficies. Y, ciertamente, no solo las almas de los mortales poseen una facultad cognoscitiva de lo sensible, sino que dice que la del cosmos, al girar sobre sí misma, cuando entra en contacto con algo que tiene una esencia dispersa y cuando con algo indivisible, se mueve a través de todo su ser, diciendo respecto a qué es idéntico algo y respecto a qué es diferente, y respecto a qué, dónde y cómo sucede, y que las cosas que llegan a ser son tales y tales respecto a cada cosa y padecen lo que padecen. Al mismo tiempo que hace un esbozo de las diez categorías en estos puntos, aclara aún más lo que sigue. Pues dice que el discurso verdadero, cuando se produce sobre lo sensible y el círculo de lo diferente, al avanzar rectamente, lo comunica a toda su alma, se producen opiniones y creencias firmes y verdaderas; pero cuando, a su vez, sobre lo racional y el círculo de lo idéntico, al ser de curso fácil, lo anuncia, se produce necesariamente la ciencia. Si alguien llamara a esto en lo que ambos surgen de otra cosa que no sea el alma, dirá cualquier cosa menos la verdad.¿ De dónde, pues, obtuvo el alma este movimiento perceptivo de lo sensible y opinativo, distinto de aquel intelectivo que termina en la ciencia, es difícil de decir si no se postula firmemente que ahora no constituye simplemente un alma, sino un alma del cosmos a partir de la esencia superior e indivisible y de la inferior, a la cual ha llamado divisible en torno a los cuerpos, que no es otra cosa que el movimiento opinativo, imaginativo y simpático de los sensibles, que no ha llegado a ser sino que existe eternamente, al igual que el otro? Pues la naturaleza, al poseer lo intelectivo, poseía también lo opinativo; pero aquel era inmóvil e impasible y estaba establecido en torno a la esencia que permanece siempre; este, en cambio, es divisible y errante, puesto que entra en contacto con la materia que es arrastrada y dispersada. Pues ni lo sensible había obtenido orden, sino que era informe e indeterminado, y la facultad ordenada en torno a esto no tenía ni opiniones articuladas ni todos sus movimientos ordenados, sino que la mayoría eran oníricos, descarriados y perturbadores de lo corpóreo, salvo aquellos que por azar coincidían con lo mejor; pues estaba en medio de ambos y tenía una naturaleza simpática y afín a ambos, aferrándose por el lado sensitivo a la materia y por el lado crítico a los inteligibles.
5
De alguna manera, Platón también aclara esto con los nombres; pues dice: que sea dado como resumen el discurso calculado según mi voto, que el ser, el espacio y la generación son tres cosas distintas incluso antes de que el cielo llegara a ser. Pues llama espacio a la materia, como si fuera un asiento y, a veces, un receptáculo; ser, a lo inteligible; y generación, a la esencia del cosmos, cuando aún no había llegado a ser, ninguna otra cosa que la que está en cambios y movimientos, situada entre lo que imprime y lo que es impreso, distribuyendo aquí las imágenes que provienen de allá. Y precisamente por estas razones fue llamada divisible, y porque es necesario que lo que siente se distribuya y acompañe a lo sensible, y lo que imagina a lo imaginable; pues el movimiento sensitivo, al ser propio del alma, se mueve hacia lo sensible que está fuera; pero el intelecto mismo permanecía estable e inmóvil por sí mismo, y al surgir en el alma y prevalecer, se vuelve hacia sí mismo y completa el giro circular, tocando lo más posible lo que permanece del ser. Por eso su unión resultó difícil de mezclar, al mezclar lo indivisible con lo divisible y lo que no es móvil en absoluto con lo que es transportable en todas direcciones, y al forzar a lo uno a reunirse con lo otro. Y lo otro no era movimiento, al igual que lo idéntico no era reposo, sino un principio de diferencia y desemejanza. Pues cada uno desciende de un principio diferente: lo idéntico del uno y lo otro de la díada, y se mezclan por primera vez aquí en torno al alma, unidos por números, razones y medias armónicas, y hace que lo otro, al surgir en lo idéntico, sea diferencia, y lo idéntico en lo otro, orden, como es evidente en las primeras facultades del alma, que son la crítica y la motriz. El movimiento, pues, se manifiesta inmediatamente en torno al cielo: en la identidad, la alteridad mediante la rotación de las estrellas fijas, y en la alteridad, la identidad mediante el orden de los planetas; pues en aquellos predomina lo idéntico, mientras que en los que están en torno a la tierra, lo contrario. El juicio tiene dos principios: el intelecto, desde lo idéntico hacia lo universal, y la sensación, desde lo otro hacia lo particular. La razón está mezclada de ambos, convirtiéndose en intelección en los inteligibles y en opinión en los sensibles; utilizando como instrumentos intermedios las imaginaciones y los recuerdos, de los cuales unos hacen lo otro en lo idéntico y otros lo idéntico en lo otro. Pues la intelección es el movimiento de lo que piensa en torno a lo que permanece, mientras que la opinión es la permanencia de lo que siente en torno a lo que se mueve; y establece la imaginación, que es una conjunción de la opinión con la sensación, en la memoria de lo idéntico; y lo otro mueve de nuevo en la diferencia de lo anterior y lo presente, tocando a la vez la alteridad y la identidad.
6
Es necesario tomar la síntesis que se produjo en torno al cuerpo del cosmos como una imagen de la analogía con la que armonizó el alma. Pues allí el fuego y la tierra eran extremos, teniendo una naturaleza difícil de mezclar entre sí, o más bien, totalmente inmezclable e inconsistente; por lo cual, al colocar en medio de ellos el aire antes que el fuego y el agua antes que la tierra, mezcló primero estos entre sí y luego, a través de ellos, mezcló y armonizó aquellos con estos y entre sí. Aquí, a su vez, reunió lo idéntico y lo otro, fuerzas opuestas y extremos rivales, no a través de sí mismos, sino mediante esencias intermedias, colocando la indivisible antes que lo idéntico, y antes que lo otro la divisible, habiendo ordenado cada una como correspondía a cada una, y luego, al mezclarse aquellas, al verterlas, tejió así todo el tipo del alma, como era posible, haciendo de cosas diferentes algo semejante y de muchas cosas una sola.