Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
Quomodo adolescens poetas audire debeat
Plutarch (plutarch)Debe 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/plutarch" aria-label="More works by Plutarch (plutarch)"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
Si, como decía Filóxeno el poeta, oh Marco Sédato, lo más dulce de las carnes son las que no son carne y de los pescados los que no son pescado, dejemos que se manifiesten así aquellos a quienes Catón decía que el paladar les era más sensible que el corazón. Pero nos resulta evidente que los muy jóvenes, entre lo que se dice en filosofía, se complacen más en lo que no parece filosófico ni dicho con seriedad, y se muestran dóciles y manejables. Pues no solo recorren con placer las fábulas de Esopo y los temas poéticos, sino también el Abaris de Heráclides y el Licón de Aristón, y se entusiasman con las doctrinas sobre las almas mezcladas con mitología. Por ello, no solo debemos mantenerlos decorosos en los placeres de la comida y la bebida, sino aún más acostumbrarlos en las audiciones y lecturas a que, usando lo que deleita como un condimento moderado, busquen en ello lo útil y lo salvífico. Pues ni las puertas cerradas mantienen a una ciudad inexpugnable si por una sola admite a los enemigos, ni las continencias en otros placeres salvan a un joven si, por el oído, se descuida y se entrega; al contrario, cuanto más toca esta facultad lo que es propio del pensar y razonar, tanto más, si se descuida, daña y corrompe a quien la admite. Puesto que, por tanto, no es posible ni provechoso apartar de los poemas a alguien de la edad de mi Sóclar y de tu Cleandro, vigilémoslos muy bien, pues necesitan más pedagogía en las lecturas que en los caminos. Lo que hace poco se me ocurrió decir sobre los poemas, he pensado enviártelo ahora escrito. Tómalo y revísalo, y si te parece que no es menos valioso que las llamadas amatistas, que algunos se cuelgan en las bebidas y toman de antemano, compártelo con Cleandro y prevén su naturaleza, que por no ser en nada perezosa, sino en todo vehemente y perspicaz, es más fácil de guiar mediante tales cosas. La cabeza del pulpo tiene algo malo y algo bueno: que es muy dulce de comer, pero produce un sueño lleno de pesadillas, recibiendo fantasías turbulentas y extrañas, según dicen. Así también, en la poesía hay mucho de dulce y nutritivo para el alma del joven, pero no menos de perturbador y desquiciante, si la audición no cuenta con una pedagogía recta. Pues no solo, al parecer, sobre la tierra de los egipcios, sino también sobre la poesía, se puede decir que ofrece a quienes la usan muchos fármacos buenos mezclados con muchos funestos. En ella hay amistad, hay deseo, hay conversación y persuasión, que roba la mente incluso a los muy sensatos. Pues su engaño no afecta a los totalmente necios e insensatos. Por eso Simónides respondió a quien le decía:¿ Por qué no engañas solo a los tesalios? Porque son demasiado ignorantes para ser engañados por mí. Y Gorgias dijo que la tragedia es un engaño, en el cual el que engaña es más justo que el que no engaña, y el engañado más sabio que el no engañado.¿ Debemos, pues, como los itacenses, tapar los oídos de los jóvenes con una cera dura e inflexible y obligarlos a izar la barquilla epicúrea para huir y pasar de largo la poesía, o más bien, presentándoles y atándoles un recto razonamiento, enderezar y vigilar su juicio para que no sea arrastrado por lo que deleita hacia lo que daña? Pues ni siquiera el fuerte Licurgo, hijo de Driante, tenía una mente sana, porque, mientras muchos se emborrachaban y se comportaban mal con el vino, él iba cortando las vides en lugar de acercar más las fuentes y, como dice Platón, corregir a un dios enloquecido mediante otro dios sobrio. Pues¿ acaso la mezcla del vino no elimina lo que daña sin destruir lo útil? No cortemos ni hagamos desaparecer nosotros tampoco la viña de las Musas, sino donde su elemento mítico y teatral, por un placer desenfrenado, se vuelve obstinadamente audaz hacia la gloria y se desborda, intervengamos para podarlo y reprimirlo; pero donde toca alguna musa con su gracia y lo dulce del discurso y su capacidad de guía no es infructuoso ni vacío, introduzcamos allí la filosofía y mezclémosla. Pues así como la mandrágora, al crecer junto a las vides y difundir su fuerza en el vino, hace más suave el sopor a los que beben, así la poesía, al tomar los discursos de la filosofía y mezclarlos con lo mítico, hace el aprendizaje ligero y agradable para los jóvenes. De donde se deduce que no hay que huir de los poemas para los que pretenden filosofar, sino filosofar previamente con los poemas, acostumbrándose a buscar y amar lo útil en lo que deleita; de lo contrario, luchar y disgustarse. Pues este es el principio de la educación, y si uno comienza bien cualquier obra, es probable que los finales también sean así, según Sófocles.
2
En primer lugar, pues, hay que introducir al joven en los poemas sin que tenga nada tan practicado y a mano como que los poetas mienten mucho, unos voluntariamente y otros involuntariamente. Voluntariamente, porque para el placer del oído y la gracia, que la mayoría persigue, consideran la verdad más austera que la mentira. Pues la que ocurre en la realidad, aunque tenga un final desagradable, no se aparta de ella; pero lo que se inventa con el discurso circula muy fácilmente y se vuelve hacia lo más dulce desde lo que causa dolor. Pues ni el metro, ni el modo, ni la magnitud de la dicción, ni la oportunidad de la metáfora, ni la armonía y composición tienen tanta astucia y gracia como una disposición bien tejida de mitología; sino que, al igual que en las pinturas el color es más estimulante que la línea debido a su semejanza con lo real y su engaño, así en los poemas la mentira mezclada con verosimilitud asombra y es más amada que la construcción sin mitos y sin artificios en cuanto a metro y dicción. De ahí que Sócrates, al ocuparse de la poesía a partir de ciertos sueños, él mismo, como alguien que había sido un luchador por la verdad toda su vida, no era un creador de mentiras verosímil ni dotado, pero adaptó las fábulas de Esopo a versos, como si la poesía no fuera poesía si no le acompaña la mentira. Pues conocemos sacrificios sin coros y sin flautas, pero no conocemos poesía sin mitos ni sin mentiras. Los versos de Empédocles y Parménides, los teriaca de Nicandro y las sentencias de Teognis son discursos que toman prestado de la poesía el metro y la magnitud como un vehículo, para evitar la prosa. Cuando, por tanto, se dice algo extraño y desagradable en los poemas sobre los dioses, los demonios o la virtud por parte de un hombre ilustre y con reputación, uno, al aceptarlo como un discurso verdadero, se deja llevar y corrompe su opinión, mientras que el que recuerda siempre y retiene claramente el encantamiento de la poesía sobre la mentira, y es capaz de decir en cada momento: Oh, artificio más astuto que un lince,¿ por qué al jugar frunces las cejas y por qué, al engañar, finges enseñar?, no sufrirá nada terrible ni creerá nada vil, sino que reprenderá al que teme a Poseidón y se aterra de que resquebraje la tierra y deje al descubierto el Hades, reprenderá al que se irrita con Apolo por el primero de los aqueos, a quien él mismo, al cantar, él mismo presente en el banquete, él mismo al decir esto, él mismo es quien lo mata; y detendrá al Aquiles moribundo y al Agamenón que llora ante el Hades, extendiendo manos impotentes y débiles por el deseo de vivir. Y si en algún lugar se perturba por las pasiones y es dominado al ser hechizado, no dudará en decirse a sí mismo: Pero apresúrate hacia la luz; y sabe todo esto, para que también en el futuro puedas decírselo a tu esposa; pues también esto lo dijo Homero con gracia en la necía, como si fuera una audición para una mujer debido a lo mítico. Tales son, en efecto, las cosas que los poetas inventan voluntariamente; pero son más las que, no inventándolas sino creyéndolas y opinando ellos mismos, nos tiñen la mentira, como en el caso de Zeus cuando Homero dice: Y puso dos suertes de la muerte que alarga la vida, una de Aquiles y otra de Héctor domador de caballos, y tiró sosteniéndolas por el medio; y se inclinó el día fatal de Héctor, y se fue al Hades, y lo dejó Febo Apolo. Esquilo envolvió toda la tragedia en el mito, titulándola Psicostasia y colocando a ambos lados de la balanza de Zeus, de un lado a Tetis y del otro a Eos, suplicando por sus hijos que luchaban. Pero esto es evidente para todos, que ha sido una invención mítica y una ficción para el placer o el asombro del oyente. Pero el Zeus que ha sido hecho dispensador de la guerra para los hombres y el que el dios engendra la causa para los mortales cuando quiere arruinar una casa por completo, estas cosas ya han sido dichas según la opinión y la creencia de ellos mismos, la cual tienen como engaño sobre los dioses y la ignorancia que nos transmiten y comparten. De nuevo, las monstruosidades y disposiciones sobre las necías, que crean fantasmas y espectros con nombres temibles de ríos en llamas y lugares salvajes y castigos sombríos, no pasan desapercibidas para muchos, que lo mítico y la mentira están mezclados en ellos como lo venenoso en los alimentos. Y ni Homero ni Píndaro ni Sofocles escribieron esto convencidos de que fuera así: De donde eructan la oscuridad infinita los ríos débiles de la noche sombría, y pasaron junto a las corrientes del Océano y la roca de Léucade, y el estrecho del Hades y la resaca del abismo. Sin embargo, cuantos han proferido voces lamentándose y temiendo la muerte como algo lastimoso o la falta de sepultura como algo terrible, y: No me dejes sin llanto y sin sepultura al irte detrás, y: El alma, volando de los miembros, se fue al Hades, lamentando su destino, dejando la robustez y la juventud, y: No me destruyas antes de tiempo; pues es dulce ver la luz; no me obligues a ver las cosas bajo tierra, estas son de quienes han sufrido y han sido capturados de antemano por la opinión y el engaño. Por eso nos tocan y perturban más, al contagiarnos de la pasión y la debilidad desde la que se dicen. Ante esto, pues, preparémonos de nuevo desde el principio para tener presente que a la poesía no le importa mucho la verdad, y que la verdad sobre estas cosas, incluso para aquellos que no tienen otra ocupación que el conocimiento y el aprendizaje de lo que es, es muy difícil de rastrear y de captar, como ellos mismos admiten. Y que los versos de Empédocles estén a mano: Así, estas cosas no son visibles para los hombres, ni audibles, ni comprensibles por la mente, y los de Jenófanes: Y, en efecto, ningún hombre ha sido ni será que sepa sobre los dioses y sobre todo lo que digo, y, por Zeus, los de Sócrates, que en Platón reniega del conocimiento sobre esto. Pues prestarán menos atención a los poetas como si supieran algo sobre esto, en quienes ven a los filósofos mareados.
3
Aún más lo detendremos al acercarlo a los poemas, señalándole que la poesía es un arte imitativo y una facultad inversa a la pintura. Y que no solo haya oído aquello que se repite, que la poesía es una pintura que habla y la pintura una poesía que calla, sino que, además de esto, le enseñemos que al ver un lagarto, un mono o el rostro de Tersites pintados, nos alegramos y admiramos, no porque sea bello, sino porque es semejante. Pues por su esencia, lo feo no puede llegar a ser bello; pero la imitación, ya sea sobre algo vil o sobre algo noble, si alcanza la semejanza, es alabada. Y al contrario, si proporciona una imagen bella de un cuerpo feo, no ha rendido lo conveniente y lo verosímil. Algunos pintan también acciones extrañas, como Timómaco el infanticidio de Medea, Teón el matricidio de Orestes, Parrasio la locura fingida de Odiseo y Querefanes las relaciones licenciosas de mujeres con hombres. En esto es donde más debe acostumbrarse el joven, aprendiendo que no alabamos la acción de la que se ha hecho la imitación, sino el arte, si ha imitado adecuadamente el objeto subyacente. Puesto que, por tanto, también la poesía a menudo relata imitativamente obras viles, pasiones malvadas y caracteres, el joven no debe aceptar lo que se admira y se logra en ellos como verdadero ni aprobarlo como bello, sino alabarlo solo como ajustado al personaje subyacente y apropiado. Pues así como al oír el gruñido de un cerdo, el chirrido de una polea, el silbido de los vientos y el estruendo del mar nos molestamos y disgustamos, pero si alguien imita esto de forma verosímil, como Parmenón al cerdo y Teodoro las poleas, nos alegramos; y huimos de un hombre enfermo y purulento como un espectáculo desagradable, pero al ver el Filoctetes de Aristofón y la Yocasta de Silanión hechos semejantes a los que se consumen y mueren, nos alegramos; así el joven, al leer lo que Tersites el bufón, Sísifo el seductor o Bátrajo el proxeneta han sido hechos diciendo o haciendo, debe ser enseñado a alabar la facultad y el arte que imita esto, pero a rechazar y censurar las disposiciones y acciones que imita. Pues no es lo mismo algo bello y algo imitado bellamente; pues bellamente es lo que es conveniente y apropiado, y lo apropiado y conveniente para las cosas feas son las cosas feas. Pues incluso las sandalias del cojo Damonidas, que al perderlas deseaba que se ajustaran a los pies del que las robó, eran viles, pero a él le ajustaban. Y el: Si es necesario cometer injusticia, es muy bello cometer injusticia por la tiranía, y el: Busca la apariencia de justo, pero haz las obras del que hace todo donde ganarás, y:¿ Un talento es la dote?¿ No lo tomaré?¿ Tengo que vivir despreciando un talento?¿ Conseguiré dormir si me rindo?¿ No pagaré cuentas en el Hades como alguien que ha pecado por un talento de plata?, son discursos viles y falsos, pero apropiados para Eteocles, Ixión y un viejo usurero. Si, pues, recordamos a los niños que no escriben esto alabándolo ni aprobándolo, sino como cosas extrañas y viles atribuyéndolas a caracteres y personas viles y extrañas, no serían dañados por la opinión de los poetas. Al contrario, la sospecha hacia el personaje desacredita tanto la acción como el discurso, como algo vil dicho y hecho por alguien vil. Tal es también el caso del coito de Paris, que huyó de la batalla. Pues al haber hecho que nadie más entre los hombres se acueste de día con una mujer que el licencioso y adúltero, es evidente que pone tal incontinencia en vergüenza y censura.
4
En esto hay que prestar mucha atención a si el poeta mismo da indicios contra lo que se dice como si fueran desagradables para él. Como Menandro ha hecho en el prólogo de la Tais: Cántame, pues, tal, diosa, audaz pero hermosa y persuasiva a la vez, que comete injusticias, que cierra la puerta, que pide a menudo, que no ama a nadie, pero que finge siempre. Homero utiliza de la mejor manera este género; pues desacredita de antemano las cosas viles y presenta de antemano las nobles de lo que se dice; las presenta de antemano así: Inmediatamente dijo un discurso suave y lucrativo, y: Lo retenía de pie con palabras amables; y al desacreditar de antemano, casi da testimonio y proclama que no se debe usar ni prestar atención a lo que es extraño y vil. Por ejemplo, al ir a relatar a Agamenón tratando al sacerdote con dureza, ha dicho de antemano: Pero no agradaba en su ánimo al Atrida Agamenón, sino que lo despedía mal, es decir, salvaje y obstinadamente y contra lo que corresponde; y a Aquiles le atribuye los discursos audaces: Cargado de vino, con ojos de perro y corazón de ciervo, habiendo dicho de antemano su propio juicio: El Pelida, a su vez, se dirigió al Atrida con palabras hirientes, y no cesaba aún de su ira; pues es verosímil que nada bello se diga con ira y austeramente. Igualmente en cuanto a las acciones: Así habló, y tramaba acciones indignas para el divino Héctor, tendiéndolo boca abajo junto al lecho de Menecio. Y utiliza bien también las interpelaciones, como si añadiera un voto propio a lo que se hace o se dice; en el caso del adulterio de Ares, haciendo que los dioses digan: Las malas obras no prosperan; el lento alcanza al rápido; en el caso de la soberbia y jactancia de Héctor: Así habló suplicando, y se indignó la venerable Hera; en el caso del disparo de Pándaro: Así habló Atenea, y persuadía la mente al insensato. Estas declaraciones y opiniones de los discursos son fáciles de ver para cualquiera que preste atención; otras ofrecen enseñanzas a partir de los hechos mismos, como se dice que Eurípides respondió a quienes injuriaban a Ixión como impío y contaminado, que no lo sacó de la escena antes de clavarlo en la rueda. En Homero, este género de enseñanza está silenciado, pero tiene una revisión provechosa especialmente en los mitos desacreditados, que algunos, forzando y distorsionando con las antiguas suposiciones, ahora llamadas alegorías, dicen que Helios denunciaba a Afrodita siendo adúltera con Ares, porque el planeta de Ares, al unirse con el de Afrodita, produce nacimientos adúlteros, y al volver Helios y encontrarlos, no pasan desapercibidos. Y quieren que el adorno de Hera para Zeus y los encantamientos sobre el cinturón sean una purificación del aire al acercarse al ígneo, como si el poeta mismo no diera las soluciones. Pues en los pasajes sobre Afrodita enseña a los que prestan atención que la música vil, los cantos malvados y los discursos que toman temas viles hacen caracteres licenciosos y vidas afeminadas y hombres que aman el lujo, la blandura y el dominio de las mujeres: ropas cambiantes, baños calientes y lechos. Por eso ha hecho también a Odiseo ordenando al citaredo: Pero vamos, cambia y canta el adorno del caballo, guiando bien que los músicos y poetas deben tomar los temas de los sensatos y de los que tienen juicio. En los pasajes sobre Hera mostró de la mejor manera que la relación y la gracia mediante fármacos, encantamientos y con engaño hacia los hombres no solo es efímera, caprichosa e inestable, sino que también se convierte en enemistad e ira cuando se marchitan los placeres. Pues tales cosas amenaza Zeus y le dice a ella: Para que veas si te sirve la amistad y el lecho con que te uniste al venir de los dioses y me engañaste. Pues la disposición y la imitación de obras viles, si devuelve la vergüenza y el daño resultantes a quienes las realizaron, ha beneficiado, no ha dañado, al oyente. Los filósofos, al menos, usan ejemplos, amonestando y educando a partir de los subyacentes; los poetas hacen lo mismo inventando ellos mismos acciones y mitologizando. Melantio, pues, ya fuera bromeando o hablando en serio, decía que la ciudad de los atenienses se salvaba por la discordia y perturbación de los oradores, pues no todos se inclinaban hacia el mismo lado, sino que se producía una especie de contrapeso de lo que daña en la diferencia de los políticos. Las contradicciones de los poetas, al referir la creencia unos contra otros, no permiten que se produzca una fuerte inclinación hacia lo que daña. Donde, por tanto, el ponerlas cerca hace evidentes las antilogías, hay que defender al mejor, como en estos casos: Muchos, hijo, hacen errar a los hombres los dioses. Has dicho lo más fácil, culpar a los dioses; y de nuevo: Con abundancia de oro, y no es necesario que estos se alegren; es torpe enriquecerse y no saber nada más; y:¿ Por qué, pues, es necesario sacrificar si vas a morir? Es mejor; no hay ningún esfuerzo en ser piadoso con los dioses. Pues tales cosas tienen soluciones evidentes si, como se ha dicho, dirigimos a los jóvenes hacia lo mejor con el juicio. Y todo lo que se ha dicho de forma extraña y no se ha resuelto inmediatamente, esto hay que eliminarlo con lo que se ha dicho en otros lugares por ellos mismos hacia lo contrario, no disgustándose con el poeta ni irritándose, sino recibiéndolo con carácter y con juego. Inmediatamente, si quieres, ante las proyecciones de los dioses homéricos unos contra otros, las heridas por parte de los hombres, las diferencias y durezas, sabes y piensas, por Zeus, otro mito mejor que este, y dices mejor en otro lugar y más bellamente tales cosas: Los dioses que viven fácilmente y se deleitan en ello, dioses bienaventurados todos los días; y: Pues así lo hilaron los dioses a los mortales desgraciados, vivir sufriendo; pero ellos mismos están sin cuidados. Pues estas son opiniones sanas y verdaderas sobre los dioses, y aquellas han sido inventadas para el asombro de los hombres. De nuevo, diciendo Eurípides: Con muchas formas los dioses nos hacen errar, siendo superiores, no es peor añadir: Si los dioses hacen algo vil, no son dioses, dicho mejor por él mismo. Y Píndaro, habiendo dicho muy amargamente y de forma provocadora: Es necesario, haciendo todo, oscurecer al enemigo, pero tú mismo dices: Lo que es dulce contra la justicia espera un final muy amargo; y de Sófocles: La ganancia es dulce, aunque venga de mentiras, y sin embargo te hemos oído que: Las mentiras no producen fruto; y ante aquellas sobre la riqueza: Pues la riqueza se desliza terriblemente hacia lo inaccesible y hacia lo accesible, incluso estando lejos; y un hombre pobre, aunque se encuentre con ellas, no podría conseguir lo que desea. Pues un cuerpo feo y de mal nombre lo hace sabio en la lengua y hermoso de ver; contrapondrás muchas de Sófocles, de las cuales estas también son: Ojalá pudiera, incluso sin riqueza, un hombre en los honores no ser peor que un pobre, si piensa bien; y:¿ Qué gracia tienen los muchos bienes, si un pensamiento malvado alimenta la riqueza bienaventurada? Menandro, ciertamente, exaltó la filantropía y se vanaglorió con aquellos eróticos y ardientes: Todo lo que vive y ve el sol común a nosotros, es esclavo del placer; pero de nuevo se volvió y nos atrajo hacia lo bello y cortó la audacia de la incontinencia diciendo: Una vida vergonzosa es un oprobio, aunque sea dulce. Pues estas cosas son contrarias a aquellas, pero mejores y más útiles. Una de dos, pues, hará tal comparación y comprensión de los contrarios: o nos llevará hacia lo mejor o apartará la creencia de lo peor. Y si ellos mismos no dan soluciones a lo dicho extrañamente, no es peor contraponer declaraciones de otros ilustres, como en una balanza, para inclinarse hacia lo mejor. Como cuando Alexis mueve a algunos al decir: El sensato debe recoger los placeres. Tres son las que poseen la facultad que realmente contribuye a la vida: comer, beber, conseguir lo de Afrodita; las demás hay que llamarlas todas añadiduras; hay que recordar que Sócrates decía lo contrario: que los viles viven para comer y beber, pero los buenos comen y beber para vivir. Y ante el que escribió: La maldad no es un arma inútil contra el malvado, ordenando de alguna manera igualarse a los malvados, se puede comparar lo de Diógenes; pues al ser preguntado cómo podría alguien defenderse del enemigo, dijo: Siendo él mismo bello y bueno. Y hay que usar a Diógenes también ante Sófocles; pues ha llenado de desaliento a muchas miríadas de hombres sobre los misterios al escribir esto: Tres veces bienaventurados aquellos de los mortales que, habiendo visto estos ritos, van al Hades; para ellos solos hay vida, para los demás todo allí es malo. Diógenes, al oír algo así, dijo:¿ Qué dices?¿ Tendrá mejor suerte Pataiquión el ladrón al morir que Epaminondas porque ha sido iniciado? A Timoteo, que cantaba a Artemisa en el teatro: Ménade, tiada, feibada, lisiada, Cinesias le respondió inmediatamente:¡ Que tal hija tengas tú! Es gracioso también lo de Bión ante Teognis, que decía: Pues todo hombre dominado por la pobreza no puede ni decir ni hacer nada, y su lengua está atada:¿ Cómo, pues, tú, siendo pobre, dices tantas tonterías y nos fastidias?
5
No hay que dejar pasar tampoco las oportunidades de los pasajes adyacentes o del contexto para la corrección, sino que, al igual que los médicos, siendo la cantárida mortal, consideran que sus patas y alas ayudan y disuelven su fuerza, así en los poemas, aunque un nombre o una palabra adyacente haga más débil la desviación hacia lo peor, hay que aprovecharlo y aclararlo, como hacen algunos en estos casos: Este es, sin duda, el honor para los mortales desgraciados, cortarse el cabello y dejar caer una lágrima de las mejillas, y: Pues así lo hilaron los dioses a los mortales desgraciados, vivir sufriendo; pues no dijo simplemente que a todos los hombres les ha sido hilada por los dioses una vida penosa, sino a los insensatos e ignorantes, a quienes, siendo desgraciados y lastimosos por su maldad, suele llamar desgraciados y lastimosos.
6
Otro método, pues, para transformar las sospechas que hay en los poemas de lo peor a lo mejor es el que se sirve de los nombres del uso común, sobre el cual el joven debe ejercitarse más que sobre las llamadas glosas. Pues aquello es propio de filólogos, y no carece de encanto saber que' rigedanós' significa' mortífero', ya que los macedonios llaman' dános' a la muerte, los eolios' kammonía' a la victoria que proviene de la perseverancia y la resistencia, y los dríopes' pópoi' a los demonios. Pero esto es necesario y útil, si hemos de obtener provecho de los poemas y no daño: conocer cómo usan los poetas los nombres de los dioses y, a su vez, los de los males y los bienes, y qué entienden al nombrar a la Fortuna o al Destino, y si estos términos son, entre ellos, de los que se dicen de forma simple o de los que tienen múltiples sentidos, como tantas otras cosas. Pues, en efecto, a veces llaman' oikos' a la casa(' oikos es ypsórofon'), y otras veces a la hacienda(' esthíetai moi oikos'); y' bíotos' a veces al vivir(' amenínosen dé hoi aijmén... biótoio megéas'), y otras veces a los bienes(' bíotos dé moi álloi édousi'); y' alýein' a veces lo usan en lugar de estar angustiado y apurado(' hòs éphath', hé d' alýous' apebéseto, teíreto d' ainôs'), y otras veces en lugar de estar orgulloso y alegrarse(' hé alýeis hóti Híron eníkesas tòn alétēn?'). Y con' thoázein' significan o moverse, como Eurípides(' kêtos thoázon ex Atlantikês halós'), o sentarse y estar sentado, como Sófocles(' tínas póth' hédras tásde moi thoázete hiketēriois kládoisin exestemménoi?'). Es elegante también adaptar el uso de los nombres a las cosas subyacentes, como enseñan los gramáticos, tomando un sentido distinto para cada potencia; tal es' nê' olígēn aineîn, megálē d' enì phortía thésthai', pues con' aineîn' se significa alabar, pero aquí usa el mismo' epaineîn' en lugar de rechazar, tal como en el uso común decimos que algo' está bien' y despedimos a alguien cuando no necesitamos ni recibimos nada. Así también algunos dicen que la' epainén' Perséfone se ha dicho como' la que rechaza'. Guardando, pues, esta división y distinción de los nombres en los asuntos mayores y más serios, comencemos por los dioses a enseñar a los jóvenes que los poetas usan los nombres de los dioses a veces refiriéndose a ellos mismos en su concepto, y otras veces llamando homónimamente a ciertas potencias de las cuales los dioses son dadores y guías. Por ejemplo, el mismo Arquíloco, cuando dice al orar:' Escucha, soberano Hefesto, y sé propicio a mí que te suplico, y concédeme lo que sueles conceder', es evidente que invoca al dios mismo; pero cuando, lamentando al marido de su hermana desaparecido en el mar y que no obtuvo sepultura legal, dice que' habría llevado la desgracia con más moderación si la cabeza y los miembros gratos de aquel hubieran sido preparados por Hefesto en ropas puras, el fuego', no se dirigió al dios. Por otra parte, Eurípides, al decir en un juramento:' Por el Zeus que está entre los astros y por Ares sangriento', nombró a los dioses mismos; pero cuando Sófocles dice:' Pues ciego, oh mujeres, y sin ver, Ares, con rostro de jabalí, lo revuelve todo con males', es posible entender la guerra, tal como Homero dice del bronce:' de los actuales, sangre negra de buen flujo alrededor del Escamandro esparció el agudo Ares'. Por tanto, al decirse muchas cosas así, es necesario saber y recordar que también con el nombre de Zeus y Zen, a veces llaman al dios, a veces a la fortuna y muchas veces al destino. Pues cuando dicen:' Zeus padre, que reinas desde el Ida' y' Oh Zeus,¿ quién dice ser más sabio que tú?', dicen al dios mismo; pero cuando nombran a Zeus como causa de todo lo que sucede y dicen:' y la voluntad de Zeus se cumplía'(' pollàs d' iphtímous psychàs Áidi proíapsen'), se refieren al destino. Pues el poeta no cree que el dios trame males para los hombres, sino que señala correctamente la necesidad de las cosas, que a las ciudades, a los ejércitos y a los jefes, si son sensatos, les está destinado que les vaya bien y vencer a los enemigos, pero si caen en pasiones y errores, como estos, y se enfrentan entre sí y se sublevan, que se deshonren, se perturben y les vaya mal. Pues está destinado que los hombres cosechen malas recompensas por sus malos consejos. Y ciertamente Hesíodo, al hacer que Prometeo exhorte a Epimeteo a no aceptar nunca regalos de Zeus Olímpico, sino a enviarlos de vuelta, usa el nombre de Zeus para la potencia de la fortuna; pues ha llamado' regalos de Zeus' a los bienes fortuitos, riquezas, matrimonios, cargos y, en general, todas las cosas externas, cuya posesión es inútil para quienes no pueden usarlas bien. Por eso también cree que Epimeteo, siendo insensato, debe guardarse y temer las prosperidades, como si fuera a ser dañado y corrompido por ellas. Y de nuevo cuando dice:' y nunca te atrevas a reprochar la pobreza destructora que consume el ánimo al hombre, regalo de los bienaventurados que siempre existen', ha llamado' dado por los dioses' a lo fortuito, como si no fuera digno de reprochar a los que son pobres por causa de la fortuna, sino de criticar la carencia que viene con la pereza, la molicie y el lujo, por ser vergonzosa y oprobiosa. Pues, al no decir aún el nombre mismo de la fortuna, pero conociendo que la potencia de la causa que se mueve de forma desordenada e indefinida es fuerte e ineludible para el razonamiento humano, la expresaban con los nombres de los dioses, tal como nosotros estamos acostumbrados a llamar demoníacos y divinos a asuntos, caracteres y, por Zeus, a discursos y hombres. Así, pues, deben corregirse la mayoría de las cosas que parecen decirse absurdamente sobre Zeus, entre las cuales están estas:' pues dos tinajas yacen en el suelo de Zeus llenas de males, una de bienes, otra de males' y' el Cronida de alto trono no cumplió los juramentos, sino que, tramando males, los determinó para ambos' y' pues entonces rodaba el principio del sufrimiento para troyanos y dánaos por las voluntades del gran Zeus', como dichas sobre la fortuna o el destino, en las cuales se nos significa lo incalculable de la causa y, en general, que no depende de nosotros. Pero donde lo conveniente, según la razón y lo verosímil, es que el dios sea nombrado propiamente, consideremos que lo es, como en estos:' pero él recorría las filas de los otros hombres, y evitaba la lucha de Áyax Telamónida; pues Zeus se indignaba con él cuando luchaba contra un hombre mejor' y' pues Zeus se preocupa de las cosas más grandes de los mortales, pero deja las pequeñas a otros demonios'. Es necesario prestar mucha atención también a los otros nombres, que son movidos y cambiados por los poetas en muchos asuntos. Tal es el de la virtud. Pues, dado que no solo proporciona hombres sensatos, justos y buenos en acciones y discursos, sino que también procura opiniones razonables y potencias, por esto hacen virtud tanto a la buena fama como a la potencia, llamándolas homónimamente a las que las portan, como llamamos olivo al fruto del olivo y haya al fruto de la haya. Por tanto, nuestro joven, cuando digan:' los dioses pusieron el sudor ante la virtud' y' entonces los dánaos rompieron las falanges con su propia virtud' y' si es lícito morir, es hermoso morir así, habiendo terminado la vida en la virtud', debe pensar inmediatamente que esto se dice sobre el hábito mejor y más divino que hay en nosotros, al cual entendemos como rectitud de razón, culminación de la naturaleza lógica y disposición armoniosa del alma. Pero cuando lea de nuevo:' y Zeus aumenta y disminuye la virtud en los hombres' y' a la riqueza le acompaña la virtud y la gloria', no debe sentarse asombrado y pasmado ante los ricos, como si tuvieran la virtud inmediatamente como una mercancía de dinero, ni pensar que su propia prudencia depende de la fortuna para crecer o disminuir, sino que debe considerar que el poeta usa la virtud en lugar de gloria, potencia o fortuna o algo similar. Pues también con' kakótēs' significan a veces específicamente maldad y depravación del alma, como Hesíodo:' pues la maldad se puede elegir a montones', y otras veces alguna otra desgracia o infortunio, como Homero:' pues los mortales envejecen rápidamente en la desgracia'. Pues alguien podría ser engañado al pensar que los poetas dicen esto sobre la felicidad tal como dicen los filósofos, como el hábito completo de los bienes o la posesión o también la perfección de una vida que fluye bien según la naturaleza, y no que a menudo abusan llamando al rico feliz o bienaventurado, y a la potencia o la gloria felicidad. Pues Homero usa correctamente los nombres:' pues no reino alegrándome de estos bienes', y Menandro:' tengo mucha hacienda y soy llamado rico por todos, pero bienaventurado por nadie'; pero Eurípides causa mucha confusión y mezcla cuando dice:' que no me suceda una vida feliz penosa' y'¿ por qué honras la tiranía, injusticia feliz?', si no se sigue, como se ha dicho, las metáforas y abusos de los nombres. Esto es suficiente sobre estos temas.
7
Pero esto debe recordarse a los jóvenes no una vez, sino muchas, indicándoles que la poesía, al tener una hipótesis imitativa, usa orden y brillantez en las acciones subyacentes y en los caracteres, pero no abandona la semejanza de lo verdadero, ya que la imitación tiene su fuerza de atracción en lo verosímil. Por eso, la imitación que no desprecia del todo la verdad también presenta signos de maldad y virtud mezclados en las acciones, como la de Homero, que se despide mucho de los estoicos, quienes no consideran que nada vil deba estar presente en la virtud ni nada bueno en la maldad, sino que el ignorante es pecador en todo, y el hombre de bien, a su vez, acierta en todo. Pues esto escuchamos en las escuelas; pero en los asuntos y en la vida de la mayoría, según Eurípides, no podrían existir bienes y males por separado, sino que hay una mezcla; y, sin embargo, la poesía usa sobre todo lo variado y multiforme de lo verdadero. Pues lo apasionado, lo irracional y lo inesperado, a lo que sigue la mayor sorpresa y la mayor gracia, lo proporcionan a los mitos los cambios; lo simple es impasible y carente de mito. De ahí que no hagan a los mismos hombres siempre vencedores, ni siempre prósperos, ni siempre acertados; pero tampoco usan a los dioses, cuando caen en acciones humanas, como impasibles e irreprochables, para que en ninguna parte lo que perturba y sorprende esté inactivo en la poesía, volviéndose inofensivo y carente de lucha.
8
Así pues, estando las cosas así, acerquemos al joven a los poemas sin que tenga tales opiniones sobre aquellos nombres hermosos y grandes, como si los hombres fueran sabios y justos, reyes supremos y cánones de toda virtud y rectitud. Pues se dañará mucho juzgando todo y pasmándose, sin disgustarse por nada ni escuchar ni aceptar al que los censura haciendo y diciendo tales cosas:'¡ Ojalá, Zeus padre, Atenea y Apolo, que ninguno de los troyanos escape a la muerte, cuantos hay, ni ninguno de los argivos, sino que nosotros escapemos a la ruina, para que solos desatemos los sagrados velos de Troya!' y' y escuché la voz más lastimera de la hija de Príamo, Casandra, a quien mató Clitemnestra astuta alrededor de mí, y mezclarse con la concubina, para que odiara al anciano. A esto obedecí y actué' y' Zeus padre, no hay otro dios más funesto que tú'. Que el joven no se acostumbre, pues, a alabar nada de esto, ni sea persuasivo y astuto diciendo pretextos o inventando algunas derivaciones decorosas para asuntos viles, sino que piense más bien que la poesía es una imitación de caracteres y vidas, y de hombres no perfectos ni puros ni irreprochables del todo, sino mezclados con pasiones, opiniones falsas e ignorancias, pero que a menudo se transforman a sí mismos hacia lo mejor gracias a su buena naturaleza. Pues tal preparación y pensamiento del joven, al elevarse y entusiasmarse con lo que se dice y hace bien, y al no admitir y disgustarse con lo vil, hará que la audición sea inofensiva. Pero el que admira todo, se familiariza con todo y está esclavizado en su juicio por los nombres heroicos, como los que imitan la joroba de Platón y el ceceo de Aristóteles, sin darse cuenta se volverá proclive a muchas cosas viles. Y no debe temblar ante todo ni adorar como por superstición en un templo, sino acostumbrarse valientemente a exclamar, no menos que lo que es correcto y apropiado, lo que no es correcto y apropiado. Por ejemplo, Aquiles convoca una asamblea de los soldados enfermos, angustiado por que la guerra esté inactiva, sobre todo por su preeminencia y gloria en las campañas, y siendo médico y sintiendo que, tras el noveno día, esto está destinado a ser juzgado, al no ser la enfermedad habitual ni estar compuesta de causas comunes, se levanta y no hace demagogia ante la multitud, sino que se vuelve consejero del rey:' Atrida, ahora creo que nosotros, habiendo sido rechazados, volveremos atrás', correctamente, moderadamente y apropiadamente. Pero cuando el adivino dice temer la ira del más poderoso de los griegos, ya no correctamente ni moderadamente, tras jurar que nadie le pondrá las manos encima mientras él viva, añade:' ni aunque digas Agamenón', mostrando desprecio y menosprecio del jefe. Y a partir de esto, más irritado, se lanza hacia la espada pensando en matar, ni correctamente hacia lo bello ni hacia lo conveniente. Luego, arrepintiéndose de nuevo,' empujó la gran espada de vuelta a la vaina, y no desobedeció el discurso de Atenea', correctamente de nuevo y hermosamente, porque, aunque no pudo extirpar la ira del todo, antes de hacer algo irreparable, la cambió y la contuvo, volviéndose obediente a la razón. De nuevo, Agamenón, en lo que sucede y se dice en la asamblea, es ridículo, pero en lo que respecta a Criseida es más solemne y más real. Pues Aquiles, al ser llevada Briseida,' llorando, se sentó aparte de sus compañeros, habiéndose alejado', mientras que este, al embarcar él mismo y entregar y enviar a la mujer que poco antes ha dicho preferir por su benevolencia a su esposa, no hizo nada erótico ni vergonzoso. Y ciertamente Fénix, al ser maldecido por su padre a causa de la concubina, dice:' yo, ciertamente, planeé matarlo con el bronce agudo, pero uno de los inmortales detuvo mi ira, quien puso en mi ánimo la fama del pueblo y los muchos reproches de los hombres, para que no fuera llamado parricida entre los aqueos'. Aristarco, pues, eliminó estos versos por miedo; pero tienen sentido para la ocasión, enseñando Fénix a Aquiles qué es la ira y cuánto se atreven los hombres por pasión, sin usar la razón ni obedecer a los que consuelan. Pues también introduce a Meleagro enfadándose con los ciudadanos, luego calmándose, censurando correctamente las pasiones, pero alabando el no seguir, sino resistir, vencer y arrepentirse como algo hermoso y conveniente. Aquí, pues, la diferencia es evidente; pero donde los juicios son oscuros, debe distinguirse de esta manera, haciendo que el joven se detenga. Si Nausícaa, al ver a un hombre extranjero, Odiseo, y sufrir la pasión de Calipso hacia él, como alguien que vive en el lujo y tiene edad de casarse, dice tales tonterías a las sirvientas:'¡ Ojalá que tal esposo fuera llamado mío, viviendo aquí, y que le agradara quedarse!', debe censurarse su audacia y su incontinencia. Pero si, al ver el carácter en los discursos del hombre y admirar su encuentro por tener mucho juicio, desea convivir con tal hombre más que con alguno de los ciudadanos navegantes y bailarines, es digno de admiración. De nuevo, cuando Penélope habla con los pretendientes no inhumanamente, y ellos le hacen favores con mantos y otros adornos, Odiseo alegrándose' porque atraía regalos de ellos, y encantaba su ánimo', si se alegra por la codicia y la avaricia, supera al Poliagro ridiculizado en la comedia por alcahuetería:'¡ Feliz Poliagro, criando una cabra celestial que trae riquezas!'. Pero si, pensando más bien que los tendrá bajo su control por la esperanza y por no esperar lo que vendrá, tiene sentido que se alegre y se confíe. Igualmente, sobre la enumeración de los bienes que los feacios le entregaron y se fueron, si realmente, habiéndose encontrado en tal soledad y en la oscuridad e incertidumbre de sus asuntos, teme por los bienes no sea que se los lleven al llevarlos en la nave cóncava, es digno de compadecer o, por Zeus, de detestar la avaricia; pero si, como dicen algunos, dudando sobre Ítaca, piensa que la salvación de los bienes es prueba de la santidad de los feacios— pues no lo habrían arrojado a una tierra ajena sin provecho y abandonado, absteniéndose de los bienes—, no usa un mal indicio y es digno de alabar la previsión. Algunos censuran incluso la exposición misma si ocurrió realmente mientras dormía, y dicen que los tirrenos conservan una historia de que Odiseo era de naturaleza somnolienta y por eso difícil de tratar para la mayoría. Pero si el sueño no era real, sino que, avergonzándose de enviar a los feacios sin regalos de hospitalidad y benevolencia, y no pudiendo ocultar a los enemigos estando ellos presentes, usó el velo de la dificultad, haciéndose pasar por dormido, lo aceptan. Y al indicar esto a los jóvenes, no permitiremos que se produzca una inclinación hacia lo vil de los caracteres, sino un celo y elección por los mejores, atribuyendo inmediatamente a unos el censurar y a otros el alabar. Y sobre todo esto debe hacerse en las tragedias, cuantas tienen discursos persuasivos y astutos en acciones vergonzosas y malvadas. Pues no es del todo verdadero lo que dice Sófocles:' no hay discursos hermosos de obras no hermosas', pues también este suele hacer que los discursos se rían de caracteres viles y asuntos absurdos y proporcionar causas filantrópicas. Y su compañero de tienda, de nuevo, ves que ha hecho a Fedra, incluso acusando a Teseo, como si se hubiera enamorado de Hipólito por las ilegalidades de aquel. Y tal franqueza da también a Helena contra Hécuba en las Troyanas, al pensar que aquella debe ser castigada más porque dio a luz a su adúltero. Que el joven no se acostumbre, pues, a considerar nada de esto elegante y astuto, ni sonría ante tales sofismas, sino que deteste los discursos más que las obras de la incontinencia.
9
Sobre todo, pues, también es útil buscar la causa de cada una de las cosas que se dicen. Pues Catón, siendo aún un niño, hacía lo que ordenaba el pedagogo, pero pedía la causa y la razón de la orden; pero no hay que obedecer a los poetas como a pedagogos o legisladores, si lo subyacente no tiene razón. Y la tendrá, si es algo bueno; pero si es malvado, se verá vacío y vano. Pero la mayoría exige amargamente las causas de tales cosas y pregunta cómo se ha dicho:' no poner nunca el escanciador sobre la crátera mientras beben' y' quienquiera que sea el hombre que llegue de sus carros a otros carros, que extienda la lanza', pero aceptan sin examen la fe de las cosas mayores, como son estas:' pues esclaviza al hombre, aunque sea de corazón audaz, cuando sabe los males de su madre o de su padre' y' es necesario que piense poco el que ha actuado mal'. Y, sin embargo, esto toca los caracteres y perturba las vidas, produciendo juicios viles y opiniones innobles, si no estamos acostumbrados a decir ante cada uno de ellos:¿ por qué es necesario que piense poco el que ha actuado mal y no más bien levantarse contra la fortuna y hacerse elevado y no humillado?¿ Y por qué, si habiendo nacido de un padre vil e insensato, yo mismo soy bueno y prudente, no me corresponde por mi propia virtud pensar en grande, sino estar pasmado y ser humilde por la ignorancia del padre? Pues el que responde así y se resiste, y no se entrega a sí mismo a todo discurso como a un viento lateral, sino que piensa que es correcto lo que dice:' el hombre necio suele estar agitado ante todo discurso', rechazará muchas de las cosas que no se dicen verdadera ni útilmente. Esto, pues, hará que la audición de los poemas sea inofensiva.
10
Y puesto que, como en las hojas y sarmientos de la vid que florecen, a menudo el fruto se oculta y permanece escondido al ser sombreado, así en el lenguaje poético y en los mitos que lo rodean, muchas cosas útiles y provechosas escapan al joven, y es necesario no sufrir esto de ser desviado de las cosas, sino arraigarse sobre todo en las que llevan a la virtud y pueden moldear el carácter, no es peor tratar también sobre esto brevemente, tocando las cosas como en un esquema, dejando las longitudes, las construcciones y la multitud de ejemplos para los que escriben de forma más demostrativa. Primero, pues, conociendo el joven lo bueno y lo vil, que preste atención a las personas en lo que se dice y a las acciones que el poeta atribuye apropiadamente a cada uno. Por ejemplo, Aquiles dice a Agamenón, aunque hablando con ira:' pues nunca tengo una recompensa igual a la tuya, cuando los aqueos saquean la ciudad bien habitada de los troyanos'. Pero Tersites, injuriando al mismo, dice:' llenas tienes las tiendas de bronce, y muchas mujeres hay en las tiendas, escogidas, que a ti, aqueo, te damos primero, cuando tomamos una ciudad', y de nuevo Aquiles:' si Zeus da en algún momento saquear la ciudad de Troya de buenos muros', y Tersites:' a quien yo, habiendo atado, lleve, o algún otro de los aqueos'. De nuevo, al injuriar Agamenón a Diomedes en la revista, este no respondió nada, avergonzado de la reprensión del rey venerable, pero Esténelo, de quien no hay cuenta, dice:' Atrida, no mientas sabiendo decir claramente. Nosotros nos jactamos de ser mucho mejores que nuestros padres'. Pues tal diferencia, si no se pasa por alto, enseñará al joven a considerar elegante la falta de arrogancia y la moderación, y a evitar la jactancia y la autocomplacencia como algo vil. Es útil también observar aquí lo de Agamenón: pues pasó por alto a Esténelo sin hablarle, pero no descuidó a Odiseo, sino que respondió y se dirigió a él, para que sepa que está enfadado; de nuevo, él tomó el discurso. Pues disculparse ante todos es terapéutico y no digno de autoridad; despreciar a todos es soberbio e insensato. Y Diomedes, en la batalla, calla cuando es maltratado por el rey, pero después de la batalla usa franqueza con él:' primero me reprochaste la fuerza entre los dánaos'. Y está bien no pasar por alto la diferencia entre un hombre prudente y un adivino panegirista. Pues Calcante no vio la ocasión, sino que en la multitud no consideró nada injuriar al rey como si les hubiera traído la peste; pero Néstor, queriendo introducir un discurso sobre la reconciliación con Aquiles, para no parecer que calumnia a Agamenón ante la multitud como si hubiera errado y usado la ira,' da un banquete a los ancianos; te conviene, no es impropio; y cuando muchos se reúnan, obedecerás a quien aconseje el mejor consejo'. Y después del banquete envía a los embajadores; pues esto era corrección de un error, aquello, acusación y ultraje. Además, también deben observarse las diferencias en los linajes, cuyo modo es tal: los troyanos avanzan con gritos y audacia, los aqueos en silencio temiendo a los jefes; pues temer a los jefes cuando se está en manos de los enemigos es signo a la vez de valentía y disciplina. De ahí que Platón acostumbre a temer las censuras y las cosas vergonzosas más que los trabajos y los peligros, y Catón decía amar más a los que se sonrojan que a los que palidecen. Hay también un carácter propio de las promesas. Pues Dolón promete:' pues iré directamente al ejército, hasta que llegue a la nave de Agamenón', pero Diomedes no promete nada, pero dice que temería menos siendo enviado con otro. Helénico, pues, y elegante es la previsión, bárbaro y vil es la audacia; y es necesario emular lo uno y disgustarse por lo otro. Se sostiene también de una teoría no inútil la pasión sobre los troyanos y Héctor, estando Áyax a punto de luchar en duelo con él. Pues Esquilo, en el Istmo, cuando el boxeador es golpeado en el rostro y se produce un grito, dijo:'¡ Qué cosa es el entrenamiento! Los que miran gritan, el golpeado calla'. Y diciendo el poeta que, al ponerse Áyax las armas, los griegos se alegraban al verlo, pero' un terrible temblor invadió los miembros de cada uno de los troyanos, y el corazón de Héctor mismo palpitaba en su pecho',¿ quién no admiraría la diferencia? Del que está en peligro, el corazón solo salta, como si fuera a luchar, por Zeus, o a correr en el estadio, pero de los que miran, el cuerpo tiembla y palpita por benevolencia y miedo por el rey. Aquí debe observarse también la diferencia del mejor respecto al peor. Pues Tersites' era el más odiado por Aquiles y por Odiseo', pero Áyax siempre es querido por Aquiles y dice a Héctor sobre él:' ahora sabrás claramente, tú solo, qué clase de jefes hay entre los dánaos, incluso después de Aquiles, el rompedor de falanges, de corazón de león'. Y esto es el elogio de Aquiles, lo siguiente se ha dicho útilmente sobre todos:' nosotros somos tales que podríamos enfrentarnos a ti, y muchos', no declarándose a sí mismo ni solo ni el mejor, sino capaz de defenderse junto con muchos otros. Esto es suficiente sobre la diferencia, si no queremos añadir también esto: que de los troyanos han sido capturados muchos vivos, pero ninguno de los aqueos, y algunos de ellos se han postrado ante los enemigos, como Adrasto, los hijos de Antímaco, Licaón, el mismo Héctor suplicando a Aquiles por la sepultura, pero de aquellos ninguno, como si fuera bárbaro suplicar y postrarse estando en las luchas, y helénico vencer luchando o morir.
11
Puesto que, al igual que en los pastos, la abeja busca la flor, la cabra el brote, el cerdo la raíz y otros animales la semilla y el fruto, así también, en la lectura de los poemas, uno liba la historia, otro se adentra en la belleza y la estructura de las palabras— como dice Aristófanes sobre Eurípides:« pues me sirvo de lo redondo de su propia boca»—, mientras que otros se aferran a lo que se ha dicho provechosamente sobre el carácter. A estos últimos, a quienes va dirigido nuestro discurso ahora, debemos recordarles que es terrible que al amante de los mitos no se le escapen las historias contadas de forma novedosa y extraordinaria, ni al filólogo las expresiones puras y retóricas, pero que el amante de la honra, de la belleza y quien se acerca a los poemas no por juego sino por educación, escuche con pereza y descuido lo que se ha proclamado sobre la valentía, la templanza o la justicia, como es esto:« Tidida,¿ qué nos ha pasado para que olvidemos nuestra impetuosa fuerza? Vamos, amigo, ponte a mi lado; pues será una prueba si Héctor, el de tremolante casco, toma las naves». Porque ver al hombre más sensato, estando en peligro de ser destruido y perecer junto con todos, temer lo vergonzoso y lo ignominioso, y no la muerte, hará al joven apasionado por la virtud. Y al decir« salve, Atenea, hija de Zeus que lleva la égida», le otorga tal consideración al hombre sensato, haciendo que la diosa no se alegre por alguien rico, hermoso de cuerpo o fuerte, sino por alguien sensato y justo; y, al decir de nuevo que no descuida ni abandona a Odiseo porque es amable, sagaz y prudente, indica que lo único que es querido por los dioses y divino entre lo nuestro es la virtud, si es que, por naturaleza, lo semejante se complace en lo semejante. Y puesto que, aunque parece y es algo grande dominar la ira, mayor es la vigilancia y la previsión para no caer en la ira ni ser atrapado por ella, también esto debe señalarse a los lectores, no de pasada: que Aquiles, siendo paciente y no manso, ordena a Príamo mantener la calma y no irritarlo:« Así que no me provoques más ahora, anciano; yo mismo tengo la intención de liberar a Héctor, y de parte de Zeus me llegó una mensajera... no te dejaré, anciano, ni siquiera a ti en las tiendas, aunque seas un suplicante, y transgrediría las órdenes de Zeus», y tras lavar y envolver a Héctor, él mismo lo coloca en el carro antes de que sea visto mutilado por el padre, para que este, con el corazón afligido, no reprima su cólera al ver a su hijo, y el corazón de Aquiles se irrite y lo mate, transgrediendo las órdenes de Zeus. Pues es una previsión admirable que quien es propenso a la ira, de naturaleza áspera y colérica, no se descuide a sí mismo, sino que se prevenga, se guarde de las causas y se anticipe con la razón desde lejos para no caer en la pasión ni siquiera involuntariamente. De igual modo debe comportarse el amante del vino ante la embriaguez y el amante ante el amor; como Agesilao no soportó ser besado por el joven hermoso que se acercaba, y Ciro ni siquiera se atrevió a ver a Pantea, mientras que los incultos hacen lo contrario, acumulando leña para sus pasiones y entregándose a aquello para lo que están peor y más inclinados a resbalar. Odiseo no solo se contiene a sí mismo cuando está enojado, sino que, al ver por sus palabras que Telémaco es duro y enemigo de la maldad, lo suaviza y lo prepara desde lejos para mantener la calma y soportar, ordenándole:« Y si me deshonran por la casa, que tu querido corazón soporte en tu pecho que yo sufra males, aunque me arrastren por los pies fuera de la casa o me lancen proyectiles; tú, mirando, soporta». Pues, al igual que a los caballos no se les pone el freno en las carreras, sino antes de ellas, así a los que son difíciles de contener ante los peligros y coléricos, hay que prevenirlos con la razón y prepararlos antes de llevarlos a los combates. Tampoco hay que escuchar las palabras con descuido, sino rechazar la broma de Cleantes; pues a veces ironiza pretendiendo explicar el« Zeus padre, que reinas desde el Ida» y el« Zeus soberano de Dodona» ordenando leerlo como una sola palabra, como si el aire que exhala de la tierra fuera« anadodonaico» debido a su ascenso. También Crisipo es en muchos lugares quisquilloso, no bromeando, sino buscando etimologías poco convincentes, y forzando que« Euríope Cronida» sea el que es terrible en el hablar y que ha avanzado con el poder de la palabra. Es mejor dejar esto a los gramáticos y esforzarse más en aquello en lo que hay a la vez utilidad y verosimilitud:« Pues mi ánimo no me ordena, ya que aprendí a ser noble», y« pues sabía ser amable con todos». Al declarar que la valentía es un aprendizaje y considerar que el trato amable y agradable con los hombres surge del conocimiento y conforme a la razón, exhorta a no descuidarse, sino a aprender lo bello y prestar atención a los maestros, ya que la torpeza y la cobardía son ignorancia y falta de conocimiento. Muy acordes con esto son también las cosas que dice sobre Zeus y Poseidón:« Ciertamente, de ambos es el mismo linaje y la misma patria, pero Zeus nació primero y sabía más». Pues declara que la prudencia es lo más divino y lo más real, en lo cual sitúa la mayor superioridad de Zeus, considerando que las demás virtudes siguen a esta. También hay que acostumbrar al joven a escuchar con atención esto:« Y no dirá mentira; pues es muy sensato», y« Antíloco, antes sensato,¿ qué has hecho? Has manchado mi virtud, dañando mis caballos», y« Glauco,¿ por qué tú, siendo tal, has hablado con arrogancia?»,« Amigo, ciertamente pensé que eras superior en inteligencia a los demás», como si los sensatos no mintieran, ni lucharan mal en los combates, ni acusaran a otros sin mérito. Y al decir que Pándaro fue persuadido por su insensatez a romper los juramentos, queda claro que no considera que el sensato cometería una injusticia. También es posible señalar cosas similares sobre la templanza, prestando atención a lo que se dice así:« A ella la esposa de Preto, la divina Antea, se enfureció por unirse en amor secreto; pero no convenció a Belerofonte, que pensaba cosas buenas y era de mente valiente; ella, en cambio, antes rechazaba la acción vergonzosa, la divina Clitemnestra; pues usaba buenas intenciones». En estos casos, pues, atribuye la causa de la templanza a la prudencia, mientras que en las exhortaciones durante las batallas, al decir cada vez:«¡ Vergüenza, oh licios!¿ Por qué huís? Ahora sed veloces y poned cada uno en su mente vergüenza y recelo; pues ha surgido una gran lucha», parece hacer valientes a los templados debido a que se avergüenzan de lo vergonzoso, son capaces de superar los placeres y soportar los peligros. De donde también Timoteo, inspirado, no sin acierto exhortaba a los griegos en los* Persas*:« Reverenciad la vergüenza, colaboradora de la virtud guerrera». Esquilo también sitúa en la prudencia el tener una actitud ante la gloria sin vanidad, sin alborotarse ni envanecerse por los elogios de la multitud, al escribir sobre Anfiarao:« Pues no quiere parecer el mejor, sino serlo, cosechando un profundo surco a través de su mente, del cual brotan consejos prudentes». Pues tener grandeza de ánimo sobre sí mismo y sobre la disposición que se tiene es propio de un hombre que tiene juicio. Por tanto, al reducirse todo a la prudencia, se demuestra que toda forma de virtud surge de la razón y la enseñanza.
12
La abeja, por su parte, encuentra naturalmente en las flores más amargas y en las espinas más ásperas la miel más suave y útil; los niños, si son educados correctamente en los poemas, aprenderán de alguna manera a extraer algo útil y provechoso incluso de aquellos que tienen sospechas viles y absurdas. Por ejemplo, Agamenón es sospechoso de haber dejado marchar de la expedición por soborno a aquel rico que le regaló la Aite,« para que no le siguiera bajo la ventosa Ilión, sino que se deleitara quedándose allí; pues Zeus le había dado gran riqueza». Pero hizo bien, como dice Aristóteles, al preferir una buena yegua a un hombre así; pues un hombre cobarde y sin fuerza, deshecho por la riqueza y la molicie, no es digno ni de un perro ni de un asno,¡ por Zeus! De nuevo, parece muy vergonzoso que Tetis invite a su hijo a los placeres y le recuerde los asuntos de Afrodita. Pero también aquí hay que observar la templanza de Aquiles, que, estando enamorado de Briseida que acudía a él, sabiendo que el fin de su vida estaba cerca, no se apresura al disfrute de los placeres, ni, como la mayoría, llora al amigo con inacción y dejando de lado sus deberes; sino que se abstiene de los placeres debido al dolor, pero está activo en las acciones y en las estrategias. De nuevo, Arquíloco no es elogiado por afligirse por el marido de su hermana que pereció en el mar, y por pensar en luchar contra el dolor con vino y juego. Sin embargo, dijo una razón que tiene sentido:« Pues ni llorando sanaré, ni empeoraré dedicándome a los placeres y festines». Pues si aquel no consideraba que haría nada peor dedicándose a los placeres y festines,¿ cómo nos irá peor a nosotros, que filosofamos, participamos en la política, vamos al ágora, bajamos a la Academia y nos dedicamos a la agricultura? De ahí que tampoco sean malas las correcciones que usaron Cleantes y Antístenes; el primero, al ver a los atenienses alborotar en el teatro, dijo:«¿ Qué hay de vergonzoso si no les parece así a quienes lo hacen?», contraponiendo inmediatamente:« Lo vergonzoso es vergonzoso, aunque parezca o no parezca». Cleantes, sobre el verso« dar a los amigos y salvar el cuerpo caído en enfermedades con gastos», lo reescribió así:« dar a las prostitutas y destruir el cuerpo caído en enfermedades con gastos». Y Zenón, corrigiendo el verso de Sófocles:« Quien comercia con un tirano, es su esclavo, aunque llegue libre», lo reescribió:« No es esclavo, si llega libre», revelando ahora en el libre al hombre intrépido, magnánimo y no humillado.¿ Qué nos impide, pues, a nosotros exhortar a los jóvenes al bien con tales sugerencias, usando de este modo lo que se dice?« Esto es lo envidiable para los hombres, a quien el arco de la preocupación cae donde quiere». No, sino:« a quien el arco de la preocupación cae donde conviene». Pues querer obtener lo que no se debe y conseguirlo es lamentable y poco envidiable. Y« no te engendré en todos los bienes, Agamenón, Atreo». Debemos decir:«¡ Por Zeus!, no debes alegrarte y afligirte, sino que debes alegrarte, no afligirte, al obtener lo moderado; pues no te engendré en todos los bienes, Agamenón, Atreo».«¡ Ay! Esto es ya un mal divino para los hombres, cuando alguien conoce el bien, pero no lo usa». Es, pues, bestial, irracional y lamentable que, conociendo lo mejor, uno sea llevado por lo peor debido a la incontinencia y la molicie.« Es el carácter el que convence, no el discurso». Y, en efecto, el carácter y el discurso, o el carácter a través del discurso, al igual que el jinete a través de las riendas y el timonel a través del timón; no teniendo la virtud un instrumento tan humano ni tan afín como el discurso.«¿ Se inclina más hacia lo femenino que hacia lo masculino? Donde hay belleza, es ambidiestro». Hubiera sido mejor decir:« Donde hay templanza, es verdaderamente ambidiestro y equilibrado»; el que es llevado de aquí para allá por el placer y la juventud es zurdo e inestable.« Miedo a lo divino para los sensatos mortales». Y ciertamente no, sino:« Confianza en lo divino para los sensatos mortales». El miedo es para los insensatos, los necios y los ingratos, porque sospechan que la fuerza y el principio, causa de todo bien, los daña, y temen. Este es, pues, el tipo de corrección.
13
Crisipo indicó correctamente el uso más amplio de lo que se dice, que hay que trasladar y aplicar lo útil a cosas del mismo género. Pues Hesíodo, al decir:« Ni siquiera un buey perecería, si no hubiera un mal vecino», dice lo mismo sobre el perro, sobre el asno y sobre todos los que pueden perecer. Y de nuevo, cuando Eurípides dice:«¿ Quién es esclavo de morir, estando despreocupado?», hay que entender que ha dicho lo mismo sobre el dolor y la enfermedad. Pues, al igual que los médicos, tras conocer el poder de un medicamento que se ajusta a una enfermedad, lo trasladan y lo usan para todo lo semejante, así también no hay que descuidar un discurso que puede hacer común y público su uso, manteniéndolo atado a una sola cosa, sino moverlo hacia todas las cosas semejantes, y acostumbrar a los jóvenes a ver la comunidad y a trasladar lo pertinente con agudeza, haciendo ejercicio y práctica de agudeza auditiva en muchos ejemplos, para que, cuando Menandro dice:« Dichoso quien tiene fortuna y juicio», piensen que esto se ha dicho también sobre la gloria, sobre el mando y sobre el poder de la palabra; y que la reprensión hecha por Odiseo a Aquiles, que estaba sentado en Esciro entre las doncellas:«¿ Y tú, que apagas la brillante luz de tu linaje, cardas lana, siendo hijo del mejor de los griegos?», piensen que se dice también al pródigo, al codicioso, al descuidado y al inculto:«¿ Bebes, siendo hijo del mejor de los griegos, o juegas a los dados, o te dedicas a la codorniz, o traficas, o prestas dinero, sin pensar en nada grande ni digno de tu nobleza?». No digas riqueza.« No admiro a un dios que hasta el más vil obtuvo fácilmente». Por tanto, no digas tampoco gloria, ni belleza corporal, ni clámide de estratega, ni corona sacerdotal, cosas que vemos que obtienen incluso los más viles. Pues de la cobardía nacen hijos vergonzosos, y,¡ por Zeus!, de la incontinencia, de la superstición, de la envidia y de todas las demás enfermedades. Como Homero dijo excelentemente:«¡ Oh Paris, el mejor en apariencia!» y«¡ Oh Héctor, el mejor en apariencia!», pues declara que es digno de reproche y de insulto aquel para quien no hay nada mejor que la belleza, hay que aplicar esto también a cosas semejantes, refrenando a los que se enorgullecen de cosas que no valen nada, y enseñando a los jóvenes a considerar como oprobio e insulto el« el mejor en dinero»,« el mejor en banquetes»,« el mejor en hijos o en bestias de carga» y,¡ por Zeus!, decir a continuación« el mejor»; pues hay que buscar la superioridad a partir de lo bello y ser el primero en lo primero y grande en lo más grande; la gloria que proviene de cosas pequeñas y viles es sin gloria y sin ambición. Esto nos recuerda inmediatamente el ejemplo de observar los reproches y los elogios, especialmente en los poemas de Homero; pues se produce una gran énfasis en no considerar que las cosas corporales y fortuitas son dignas de gran esfuerzo. Pues, en primer lugar, en los saludos y llamamientos no llaman a los hombres hermosos, ni ricos, ni fuertes, sino que usan tales elogios:« Hijo de Zeus, Laertíada, Odiseo de muchos recursos»,« Héctor, hijo de Príamo, igual a Zeus en consejo»,«¡ Oh Aquiles, hijo de Peleo, gran gloria de los aqueos!» y« Divino Menecio, querido a mi corazón». Después, insultan sin tocar nada de lo corporal, sino dirigiendo los reproches a las faltas:« Cargado de vino, con ojos de perro y corazón de ciervo»,«¡ Oh, el mejor en la disputa, de mente malvada!»,« Idomeneo,¿ por qué te jactas antes de tiempo? No debes ser un charlatán»,«¡ Oh, el mejor en la disputa, de palabras erróneas, fanfarrón!». Y, finalmente, Tersites no es insultado por Odiseo como cojo, calvo o jorobado, sino como« de habla confusa». A Hefesto, su madre, al saludarlo con afecto, lo llamó por su cojera:« Levántate, cojo, hijo mío». Así, Homero se burla de los que se avergüenzan de la cojera o la ceguera, no considerando censurable lo que no es vergonzoso, ni vergonzoso lo que no ocurre por nosotros, sino por azar. Dos cosas grandes resultan para los que se acostumbran a escuchar los poemas con atención: una, hacia la moderación, no reprochar a nadie la fortuna de manera gravosa y necia; otra, hacia la magnanimidad, no humillarse ni perturbarse al usar uno mismo las fortunas, sino soportar con mansedumbre incluso las burlas, los insultos y las risas, teniendo presente sobre todo lo de Filemón:« No hay nada más dulce ni más musical que poder soportar ser insultado». Pero si alguien parece necesitar corrección, hay que atacar sus faltas y sus pasiones, como el Adrasto trágico; cuando Alcmeón le dijo:« Eres pariente de una mujer asesina de su marido», respondió:« Y tú, asesino de la madre que te dio a luz». Pues, al igual que los que azotan las ropas no tocan el cuerpo, así los que reprochan ciertas desgracias o linajes viles se extienden hacia lo externo de manera vacía y necia, pero no tocan el alma ni lo que verdaderamente necesita corrección y mordacidad.
14
Y, ciertamente, al igual que antes, al contraponer discursos y sentencias de hombres ilustres y políticos a los poemas viles y dañinos, nos parecía que apartábamos y rechazábamos la credibilidad, así también, cualquier cosa ingeniosa y buena que encontremos en ellos, hay que nutrirla y aumentarla con demostraciones y testimonios filosóficos, atribuyendo el hallazgo a aquellos; pues es justo y útil, ya que la fuerza de la credibilidad y la autoridad se incrementan cuando lo que se dice desde la escena, lo que se canta con la lira y lo que se practica en la escuela concuerda con los dogmas de Pitágoras y Platón, y los preceptos de Quilón y Bías conducen a las mismas sentencias que esas lecturas infantiles. De ahí que no deba señalarse de pasada que« No te ha sido dado, hijo mío, las obras de la guerra, sino que tú dedícate a las obras amables del matrimonio» y« Pues Zeus se indigna cuando luchas contra un hombre mejor» no difieren en nada del« Conócete a ti mismo», sino que tienen la misma intención que aquel; y que« Insensatos, no saben cuánto más es la mitad que el todo» y« El mal consejo es el peor para quien lo aconseja» es lo mismo que los dogmas de Platón en el* Gorgias* y la* República* sobre que cometer injusticia es peor que sufrirla, y que hacer el mal es más dañino que sufrirlo. Hay que añadir también al valor de Esquilo:« Pues el extremo del dolor no tiene tiempo», que esto es lo que siempre se repite y admira de Epicuro, que los grandes dolores terminan pronto, y los que son largos no tienen magnitud. Esquilo ha dicho claramente lo uno, y lo otro es contiguo a lo dicho; pues si el dolor grande y intenso no permanece, el que permanece no es grande ni difícil de soportar.¿ Ves que esto de Tespis:« Zeus es el primero de los dioses en esto, no practicando mentira, ni jactancia, ni risa necia, y es el único que no conoce lo dulce» no difiere de« Pues lejos del placer y del dolor está establecida la divinidad», como decía Platón? Y el« Digamos que la virtud tiene una gloria fiel; la riqueza acompaña incluso a los hombres cobardes», dicho por Baquílides y de nuevo por Eurípides de manera similar, y el« Yo no considero nada más antiguo que la templanza, pues siempre acompaña a los buenos para honrar lo que se ha tensado; pero creéis obtener la virtud con riqueza, y os sentaréis entre los nobles sin fortuna»,¿ no es una demostración de lo que dicen los filósofos sobre la riqueza y los bienes externos, que sin virtud son inútiles y sin provecho para quienes los poseen? Pues unir y familiarizar así los poemas con los dogmas saca a los poemas del mito y de la máscara, y les confiere seriedad al decirse útilmente; además, abre y mueve de antemano el alma del joven hacia los discursos de la filosofía. Pues llega no sin haberlos probado en absoluto, ni sin haberlos oído, ni lleno sin juicio de lo que oía siempre a su madre, a su nodriza y,¡ por Zeus!, a su padre y a su pedagogo, que felicitaban y veneraban a los ricos, pero temblaban ante la muerte y el dolor, y no consideraban envidiable la virtud, y no hacían nada sin dinero y gloria. Al escuchar los discursos de los filósofos como respuesta a esto, los jóvenes sienten al principio estupor, turbación y asombro, no aceptándolos ni soportándolos, a menos que, como si estuvieran a punto de ver el sol desde una gran oscuridad, se acostumbren a mirar tales cosas sin dolor y sin huir, como si tuvieran una luz suave mezclada con mitos en una luz falsa. Pues habiendo oído antes en los poemas y habiendo leído antes que« hay que llorar al que nace por los males a los que llega», y que« al que muere y ha cesado de sus dolores, hay que despedirlo de casa con alegría y buenos augurios», y« pues,¿ qué necesitan los mortales, salvo dos cosas solamente: el fruto de Deméter y la bebida de agua?», y«¡ Oh tiranía, querida por los hombres bárbaros!», y« la prosperidad de los mortales, de los que menos se afligen», se perturban y se molestan menos al escuchar a los filósofos que« la muerte no es nada para nosotros», que« la riqueza de la naturaleza está definida» y que« lo dichoso y bienaventurado no lo tienen la abundancia de dinero, ni el volumen de asuntos, ni algunas magistraturas o poderes, sino la ausencia de dolor, la mansedumbre de las pasiones y una disposición del alma que define lo que es conforme a la naturaleza». Por eso, también por estas razones y por todas las anteriores, el joven necesita una buena dirección en la lectura, para que, no prejuzgado, sino más bien educado de antemano, sea enviado por la poesía hacia la filosofía como alguien benévolo, amigo y familiar.

Intertext edge

Open linked passage

Note