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Septem sapientium convivium
Plutarch (plutarch)Conv 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Sin duda, Nicarco, el paso del tiempo traerá mucha oscuridad y total confusión a los asuntos, si ahora, con hechos tan recientes y frescos, se da crédito a relatos falsos. Pues el banquete no fue solo de los siete, como habéis oído, sino de más del doble( entre los cuales yo mismo me encontraba, pues era conocido de Periandro por mi oficio y huésped de Tales; ya que el hombre se alojó en mi casa por orden de Periandro), ni tampoco recordó correctamente los discursos quienquiera que os los haya contado; y, al parecer, no fue ninguno de los que estuvieron presentes. Pero, puesto que hay mucho tiempo libre y la vejez no es garantía fiable para posponer el relato, os lo contaré todo desde el principio, ya que tenéis tanto interés.
2
Periandro no había preparado la recepción en la ciudad, sino en el comedor junto al Lequeo, al lado del templo de Afrodita, de quien era también el sacrificio. Pues, tras la muerte voluntaria de su madre por amor, no habiendo sacrificado a Afrodita, se sintió impulsado entonces, por primera vez a causa de ciertos sueños de Melissa, a honrar y servir a la diosa. A cada uno de los invitados se le llevó una yunta suficientemente adornada; pues era época de verano y todo el camino hasta el mar estaba lleno de polvo y ruido por la multitud de carros y personas. Tales, sin embargo, al ver el tiro en las puertas, sonrió y lo dejó pasar. Caminamos, pues, desviándonos por los campos, con tranquilidad, y con nosotros un tercero, el naucratita Nilojeo, hombre sensato que había sido conocido de Solón y Tales en Egipto; resultaba que había sido enviado de nuevo a Bías; aunque él mismo no sabía el motivo, salvo que sospechaba que le llevaba un segundo problema sellado en un libro; pues se le había dicho que, si Bías se negaba, mostrara el libro a los más sabios de los griegos.« Ha sido una suerte para mí, Nilojeo me dijo, encontraros aquí a todos, y llevo el libro, como ves, a la cena». Mientras nos lo mostraba, Tales, riendo, dijo:« Si ha dicho algo malo, Bías lo resolverá de nuevo, como él mismo resolvió lo primero».«¿ Y qué fue lo primero?», dije yo.« Le envió una víctima, ordenándole que extrajera la parte más vil y enviara la más noble. Y el nuestro, con gran acierto, extrajo la lengua y la envió; de ahí que sea evidente que goza de buena fama y es admirado».« No solo por eso», dijo Nilojeo,« sino que no rehúye ser y ser llamado amigo de reyes como vosotros, ya que admira tu persona y el resto de tus cualidades, y le encantó sobremanera la medición de la pirámide, porque sin esfuerzo alguno y sin necesidad de instrumento, sino colocando el bastón en el extremo de la sombra que proyectaba la pirámide, al formarse dos triángulos por el contacto del rayo, demostraste qué proporción tenía la sombra respecto a la sombra, la misma que la pirámide respecto al bastón. Pero, como decía, se te ha calumniado de ser enemigo de los reyes, y se le han referido a él algunas de tus sentencias insolentes sobre los tiranos, como cuando, preguntado por Molpágoras el jonio qué era lo más extraño que habías visto, respondiste que un tirano anciano, y de nuevo en una bebida, al surgir el tema de las fieras, dijiste que la peor de las fieras salvajes es el tirano, y de las domésticas, el adulador; pues esto, aunque los reyes finjan mucho que se diferencian de los tiranos, no lo escuchan con agrado».« Pero esto», dijo Tales,« es de Pítaco, dicho en broma una vez a Mirsilo; yo, en cambio, me asombraría al ver no a un tirano, sino a un timonel anciano». Respecto a la transposición, me ha ocurrido lo mismo que al joven que, al tirar a un perro, golpeó a su madrastra y dijo:« Tampoco así salió mal». Por eso consideré a Solón el más sabio por no aceptar ser tirano. Y este Pítaco, si no hubiera accedido a la monarquía, no habría dicho que es difícil ser noble. Periandro, en cambio, parece estar atrapado en la tiranía como en una enfermedad hereditaria, pero se recupera no malamente, usando hasta ahora conversaciones saludables y rodeándose de hombres sensatos, sin aceptar las que mi conciudadano Trasíbulo le sugiere sobre el recorte de las espigas. Pues no hay diferencia entre un tirano que desea gobernar a esclavos más que a hombres y un agricultor que quiere cosechar cizaña y grama en lugar de trigo y cebada; pues las soberanías tienen el honor y la gloria como un bien a cambio de muchos males, siempre que gobiernen a hombres mejores que ellos y parezcan ser mayores que los grandes; pero los que aman la seguridad sin la virtud deberían gobernar muchas ovejas, caballos y bueyes, no hombres. Pero este extranjero nos ha metido en temas que no vienen al caso, descuidando decir y buscar lo que conviene a los que van a una cena.¿ O acaso no crees que, así como hay una preparación para el que invita, la hay también para el que va a cenar? Los sibaritas, al parecer, hacen las invitaciones a las mujeres con un año de antelación, para que puedan prepararse con calma con vestidos y oro para asistir a la cena; yo, en cambio, creo que la verdadera preparación del que va a cenar requiere más tiempo, porque es más difícil encontrar el adorno apropiado para el carácter que el superfluo e inútil para el cuerpo. Pues el hombre sensato no llega a la cena como un recipiente para llenarse, sino también para esforzarse en algo, jugar, escuchar y decir lo que la ocasión exige a los presentes, si es que han de estar agradablemente juntos. Pues es posible apartar un plato malo, e incluso si el vino es mediocre, refugiarse en las ninfas; pero un compañero de mesa que causa dolor de cabeza, pesado y maleducado, destruye y arruina el placer de todo vino, plato y músico, y ni siquiera es fácil vomitar tal desagrado, sino que en algunos permanece durante toda la vida el disgusto mutuo, como una resaca de insolencia o ira surgida en el vino. Por eso Quilón, al ser invitado ayer, no aceptó antes de preguntar quiénes eran los invitados. Pues dijo que hay que soportar a un compañero de viaje y de tienda desagradable con quienes es necesario navegar y hacer campaña; pero mezclarse con compañeros de mesa al azar no es propio de un hombre sensato. El esqueleto egipcio, que introducen sensatamente en los banquetes y proponen recordar que pronto seremos así, aunque llega como un invitado inoportuno y fuera de tiempo, sin embargo tiene su momento, y si no para beber y disfrutar, sí para exhortar a la amistad y al amor mutuo, y pide no hacer larga la vida, que es corta en tiempo, con malos asuntos.
3
En tales conversaciones por el camino llegamos a la casa, y Tales no quiso bañarse, pues ya estábamos ungidos; pero al entrar observaba las pistas, las palestras y el bosque junto al mar, suficientemente adornado, sin asombrarse por nada de eso, sino para no parecer que despreciaba o menospreciaba la ambición de Periandro. A los demás, tras ungirse o bañarse, los criados los conducían al andrón a través del pórtico. Anacarsis estaba sentado en el pórtico, y una joven estaba de pie separando su cabello con las manos. Tales, de forma muy liberal, la besó al acercarse y, riendo, dijo:« Haz hermoso al extranjero, para que, siendo muy manso, no nos resulte temible a la vista ni salvaje». Al preguntarle yo quién era la joven, dijo:«¿ Desconoces a la sabia y famosa Eumétide?». Pues así la llama su padre, mientras que la mayoría la llama Cleobulina por su padre. Y Nilojeo dijo:« Sin duda alabas la destreza y sabiduría de la joven en los enigmas; pues incluso a Egipto han llegado algunos de los problemas propuestos por ella».« Yo no», dijo Tales;« pues usa estos como tabas, cuando le place, jugando y desafiando a los que se encuentra. Pero también hay en ella un espíritu admirable, una mente política y un carácter filántropo, y hace que su padre gobierne a los ciudadanos con más suavidad y de forma más democrática».« Está bien», dijo Nilojeo,« y parece que miras su sencillez y naturalidad;¿ pero de dónde cuida a Anacarsis con tanto afecto?».« Porque», dijo,« es un hombre sensato y muy culto, y le ha transmitido generosa y voluntariamente su dieta y la purificación que usan los escitas con los enfermos. Y ahora creo que ella lo atiende y le muestra afecto, aprendiendo algo y conversando con él». Estando ya cerca del andrón, nos salió al encuentro Alexidemo de Mileto( era hijo bastardo del tirano Trasíbulo) y salía alterado y con cierta ira consigo mismo, sin decirnos nada claro. Al ver a Tales, tras respirar un poco y calmarse, dijo:«¡ Qué insolencia nos ha hecho Periandro! No dejándome zarpar cuando estaba listo, sino pidiéndome que esperara a la cena, y al llegar, asignándome un lugar indigno, prefiriendo a los eolios y a los isleños(¿ y a quién no?) a Trasíbulo; pues es evidente que quiere ultrajar y humillar a Trasíbulo en mi persona, al enviarme, como si lo despreciara». Luego dijo:«¿ Temes que, al igual que los egipcios dicen que las estrellas, al tomar alturas y bajadas en los lugares por los que pasan, se vuelven mejores o peores que sí mismas, así te ocurra a ti una oscurecimiento o humillación por el lugar? Y serás peor que el laconio, quien, al ser colocado en un coro en el último lugar por el arconte, dijo:'¡ Bien hecho, has encontrado cómo hacer que incluso esos lugares sean honrados!'».« No debemos buscar», dijo,« después de quiénes nos acostamos al ocupar un lugar, sino más bien cómo ser armoniosos con los que se acuestan con nosotros, buscando una base y un comienzo de amistad directamente en ellos, o mejor aún, teniendo el no disgustarse, sino elogiar que nos hayamos acostado con tales personas; pues quien se disgusta por el lugar de la cama se disgusta más con el compañero de mesa que con el que ha invitado, y se enemista con ambos».« Eso es hablar por hablar, Alexidemo», dijo,« pero en la práctica veo que incluso vosotros, los sabios, buscáis ser honrados», y al mismo tiempo nos pasó y se fue. Y Tales, ante nuestro asombro por la extrañeza del hombre, dijo:« Es un loco y de naturaleza extraña, pues incluso siendo aún un joven, habiendo traído un perfume valioso para Trasíbulo, lo vertió en una gran crátera y, añadiendo vino puro, se lo bebió, habiéndose granjeado enemistad en lugar de amistad con Trasíbulo». Tras esto, un criado se acercó y dijo:« Periandro os ordena a ti y a Tales que toméis a este y examinéis lo que acaba de traerle, si ha ocurrido por casualidad o si es algún signo y prodigio; pues él mismo parece estar muy alterado, considerándolo una mancha y una mácula del sacrificio». Al mismo tiempo nos llevó a una estancia de las que estaban junto al jardín. Allí, un joven que parecía pastor, aún sin barba y por lo demás de aspecto no innoble, desplegó una piel y nos mostró un feto que, según dijo, había nacido de una yegua, con forma humana en la parte superior hasta el cuello y las manos, y el resto de caballo, y que lloraba con voz como la de los niños recién nacidos. Nilojeo, diciendo«¡ Alejícaco!», apartó la vista, pero Tales miró al joven durante mucho tiempo, luego sonrió( solía bromear siempre conmigo sobre el arte) y dijo:« Sin duda, Diocles, piensas mover la purificación y causar problemas a los que alejan los males,¿ como si hubiera ocurrido algo terrible y grande?».«¿ Y qué?», dije,«¿ no voy a hacerlo? Pues es un signo de sedición y discordia, oh Tales, y temo que llegue hasta el matrimonio y la descendencia, antes de expiar la primera ira, mostrando la diosa una segunda, como ves». A esto, Tales no respondió nada, sino que, riendo, se alejó. Y al encontrarnos Periandro en las puertas y preguntarnos sobre lo que habíamos visto, Tales me dejó y, tomándole de la mano, dijo:« Harás con calma lo que Diocles ordena; pero yo te aconsejo que no uses a jóvenes pastores de caballos, o que les des mujeres». Me pareció que Periandro, al oír estas palabras, se alegró mucho; pues se echó a reír y, abrazando a Tales, lo besó.« Y aquel», creo, dijo:« Oh Diocles, y el signo tuvo su fin; pues ves qué gran mal nos ha ocurrido, al no querer Alexidemo cenar con nosotros».
4
Cuando entramos, Tales, hablando ya más alto, dijo:«¿ Dónde se disgustó el hombre al acostarse?». Tras indicársele el lugar, dio una vuelta y se acostó allí con nosotros, diciendo:« Aunque hubiera pagado por compartir una mesa con Árdalo». Árdalo era un trecense, aulodo y sacerdote de las Musas Ardálidas, que el antiguo Árdalo el trecense había fundado. Esopo( que resultaba haber sido enviado recientemente por Creso tanto a Periandro como al dios a Delfos, y estaba presente sentado en un taburete bajo junto a Solón, que estaba acostado arriba) dijo:« Una mula lidia, al ver en un río la imagen de su aspecto y admirar la belleza y el tamaño de su cuerpo, se lanzó a correr como un caballo, encabritándose. Luego, sin embargo, al comprender que era hijo de un asno, detuvo rápidamente la carrera y dejó el resoplido y el ímpetu». Quilón, laconeando con la voz, dijo:« Y tú, lento y corres como la mula». Tras esto, Melissa pasó y se acostó junto a Periandro, y Eumétide se sentó junto a la cena. Y Tales, dirigiéndose a mí, que estaba acostado encima de Bías, dijo:«¿ Por qué no le contaste, Diocles, a Bías que el extranjero naucratita ha venido con problemas reales de nuevo para él, para que, sobrio y atento, reciba el discurso?». Y Bías dijo:« Este hace tiempo que me asusta con estas exhortaciones, pero yo conozco a Dioniso, que es terrible en otros aspectos y llamado Lisio por la sabiduría, así que no temo, estando lleno del dios, no luchar con valentía». Tales cosas bromeaban ellos entre sí mientras cenaban; a mí, al ver la cena más sencilla de lo habitual, me vino a la mente que la recepción y convocatoria de hombres sabios y buenos no añade ningún gasto, sino que más bien lo reduce, eliminando la curiosidad por los platos, perfumes extranjeros, pasteles y derroches de vinos costosos, que Periandro, usando habitualmente en la tiranía, la riqueza y los asuntos, entonces se engalanaba ante los hombres con sencillez y moderación de gasto. Pues no solo de los demás, sino también de su mujer, había quitado y ocultado el adorno habitual, mostrándola adornada con sencillez y moderación.
5
Cuando se retiraron las mesas y, tras repartirse las coronas por parte de Melissa, hicimos las libaciones, la flautista, tras emitir un pequeño sonido en las libaciones, se retiró de en medio. Árdalo, dirigiéndose a Anacarsis, le preguntó si había flautistas entre los escitas; y él, al azar, dijo:« Ni siquiera vides». Al decir Árdalo de nuevo:« Pero al menos hay dioses entre los escitas», dijo:« Por supuesto, entienden la lengua humana, pero no como los griegos, que creen que los dioses escuchan más agradablemente los huesos y las maderas que el habla de los escitas». Esopo dijo:« Si supieras, extranjero, cómo los fabricantes de flautas actuales, dejando de lado las de piel de cervatillo, usan las de asno, dicen que suenan mejor. Por eso Cleobulina aludió a la flauta frigia:' Con la espinilla de un muerto, con cuernos, golpeó los oídos', de modo que el asno se asombra de que, siendo el más grueso y menos musical, proporcione el hueso más fino y musical». Y Nilojeo dijo:« Sin duda, esto nos reprochan a nosotros, los naucratitas, los busiritas; pues ya usamos las de asno para la flauta. Para ellos, incluso escuchar una trompeta es impío, como si sonara como un asno. Y sabéis, supongo, que el asno es ultrajado por los egipcios a causa de Tifón».
6
Al producirse un silencio, Periandro, viendo que Nilojeo quería pero dudaba en comenzar el discurso, dijo:« Yo, hombres, elogio tanto a las ciudades como a los gobernantes que tratan primero con los extranjeros y luego con los ciudadanos; y ahora me parece que nuestros discursos, como locales y habituales, deben esperar un poco, y dar paso, como en una asamblea, a esos egipcios y reales que el excelente Nilojeo ha traído para Bías, y Bías quiere considerar en común con vosotros». Y Bías dijo:«¿ Dónde o con quiénes se arriesgaría uno con más entusiasmo, si es necesario, ante tales respuestas, sobre todo habiendo ordenado el rey comenzar por mí y que el discurso pase a todos vosotros?». Así pues, Nilojeo le entregaba el escrito, y él le ordenó que lo abriera y lo leyera todo ante todos. El contenido de lo escrito era el siguiente:« El rey de los egipcios, Amasis, dice a Bías, el más sabio de los griegos. El rey de los etíopes tiene una competición de sabiduría conmigo. Al ser derrotado en todo lo demás, ha compuesto un encargo extraño y terrible, ordenándome beber el mar. Si lo resuelvo, tendré muchas aldeas y ciudades de las suyas, y si no, renunciar a las ciudades alrededor de Elefantina. Considéralo y envía de vuelta a Nilojeo. Lo que deba hacerse por tus amigos o ciudadanos de nuestra parte, no lo impedirán mis asuntos». Tras leerse esto, Bías no esperó mucho tiempo, sino que, tras estar un poco consigo mismo y conversar un poco con Cleóbulo, que estaba acostado cerca, dijo:«¿ Qué dices, naucratita? Amasis, gobernando a tantos hombres y poseyendo una tierra tan excelente,¿ querrá beber el mar por aldeas sin fama y pobres?». Y Nilojeo, riendo, dijo:« Como si fuera a querer, oh Bías, considera la posibilidad».« Que le diga, pues», dijo,« al etíope que detenga los ríos que desembocan en los mares, hasta que él beba el mar que existe ahora; pues sobre este ha sido el encargo, no sobre el que habrá después». Al decir esto Bías, Nilojeo, por placer, se lanzó a abrazar y besar a Bías; y al elogiarlo y aceptarlo los demás, Quilón, riendo, dijo:« Extranjero naucratita, antes de que se pierda el mar bebido, navega y anuncia a Amasis que no busque cómo consumir tanta salmuera, sino más bien cómo proporcionar a sus súbditos un reino potable y dulce; pues en esto Bías es el más hábil y el mejor maestro, y al aprenderlo, Amasis ya no necesitará el orinal de oro para los egipcios, sino que todos lo servirán y amarán por ser bueno, aunque aparezca diez mil veces más innoble de lo que ahora parece».« Y ciertamente», dijo Periandro,« es digno que todos contribuyamos con tales primicias al rey, uno a uno, como dijo Homero; pues para él la adición sería de más valor que el comercio, y para nosotros útil a cambio de todo».
7
Al decir Quilón que Solón es justo para comenzar el discurso, no solo porque supera a todos en edad y resulta estar acostado primero, sino porque ejerce el mayor y más perfecto mando al establecer leyes para los atenienses, Nilojeo me dijo en voz baja:« Mucho se cree falsamente, Diocles, y la mayoría se alegra de inventar ellos mismos discursos inadecuados sobre hombres sabios y aceptarlos de otros fácilmente, como lo que se nos anunció en Egipto sobre Quilón, que había roto la amistad y hospitalidad con Solón porque Solón dijo que las leyes no debían ser cambiadas». Y yo dije:« Ridículo es el discurso; pues así habría que rechazar primero a Licurgo, que cambió toda la constitución de los lacedemonios con sus leyes». Solón, tras esperar un poco, dijo:« Me parece que un rey y un tirano llegarían a ser más gloriosos si establecieran una democracia a partir de una monarquía para los ciudadanos». El segundo, Bías, dijo:« Si usara las leyes de la patria sin cambiarlas». Tras esto, Tales dijo:« Considerar la felicidad de un gobernante si termina su vida habiendo envejecido según la naturaleza». El cuarto, Anacarsis:« Si no fuera el único sensato». El quinto, Cleóbulo:« Si no confiara en ninguno de los presentes». El sexto, Pítaco:« Si el gobernante hiciera que sus súbditos temieran no a él, sino por él». Tras este, Quilón dijo que el gobernante no debe pensar en nada mortal, sino en todo inmortal. Tras decirse esto, nosotros pedíamos que también Periandro dijera algo. Él, no muy alegre, sino frunciendo el rostro, dijo:« Yo, pues, añado a las opiniones expresadas que casi todas alejan al hombre sensato de gobernar». Y Esopo, como si fuera una refutación, dijo:« Habría que concluir esto entre nosotros y no, diciendo ser consejeros y amigos, convertirse en acusadores de los gobernantes». Solón, tocándole la cabeza y sonriendo, dijo:«¿ No te parece que hace más moderado al gobernante y más amable al tirano quien convence de que es mejor no gobernar que gobernar?».«¿ Y quién», dijo,« se dejaría convencer de esto más que por el dios que dijo, según el oráculo para ti:' Feliz la ciudad que escucha a un solo heraldo'?». Y Solón dijo:« Pero, ciertamente, incluso ahora los atenienses escuchan a un solo heraldo y gobernante, la ley, teniendo una democracia. Tú eres hábil en entender a los cuervos y grajos, pero no escuchas con precisión la voz de la diosa, sino que crees que la ciudad, según el dios, actúa mejor escuchando a uno solo, y consideras que la virtud de un banquete es que todos hablen y sobre todo».« Pues tú», dijo Esopo,« aún no has escrito que es igual que los criados no se emborrachen, como escribiste en Atenas que los criados no amen ni se unjan». Al reírse Solón, Cleodoro el médico dijo:« Pero es igual al unjirse el hablar estando bañado en vino; pues es lo más dulce». Y Quilón, interviniendo, dijo:« Por eso precisamente hay que abstenerse más de ello». De nuevo Esopo dijo:« Y, sin embargo, Tales pareció decir que envejecerá muy pronto».
8
Periandro, riendo, dijo:« Tenemos, Esopo, el castigo apropiado, antes de haber introducido todos los discursos de Amasis que elegimos, al caer en otros. Mira, pues, Nilojeo, el resto de la carta, y usa a los hombres presentes al mismo tiempo».« Ciertamente», dijo Nilojeo,« el encargo del etíope no se podría llamar de otra forma que' mensaje doloroso', según Arquíloco, pero tu extranjero Amasis ha sido más manso y musical en tales problemas; pues le ordenó decir lo más antiguo, lo más bello, lo más grande, lo más sabio, lo más común, y, por Zeus, además de esto, lo más útil, lo más dañino, lo más fuerte y lo más fácil.¿ Respondió, pues, y resolvió cada uno de estos?».« Así», dijo Nilojeo;« juzgad vosotros al escuchar. Pues el rey se preocupa mucho de no ser sorprendido calumniando las respuestas, y si el que responde se equivoca en ellas, que esto no escape sin ser refutado. Leeré para vosotros tal como respondió:'¿ Qué es lo más antiguo? El tiempo.¿ Qué es lo más grande? El cosmos.¿ Qué es lo más sabio? La verdad.¿ Qué es lo más bello? La luz.¿ Qué es lo más común? La muerte.¿ Qué es lo más útil? Dios.¿ Qué es lo más dañino? El demonio.¿ Qué es lo más fuerte? La fortuna.¿ Qué es lo más fácil? Lo agradable'».
9
Tras leerse esto de nuevo, Nicarco, al producirse un silencio, Tales preguntó a Nilojeo si Amasis había aceptado las soluciones. Al decir él que aceptó unas pero se disgustó con otras,« Y, sin embargo», dijo Tales,« nada es irreprochable, sino que todo tiene grandes errores e ignorancias. Por ejemplo,¿ cómo podría el tiempo ser lo más antiguo, si una parte de él ha sucedido, otra es el presente y otra el futuro? Pues el tiempo que será después de nosotros parecería más joven que los asuntos y hombres actuales. Y considerar la verdad como sabiduría no me parece que difiera en nada de declarar que la luz es el ojo. Y si consideraba que la luz es bella, como lo es,¿ cómo pasó por alto al sol mismo? De las demás, la respuesta sobre los dioses y demonios tiene audacia y peligro, y mucha falta de razón la sobre la fortuna; pues no cambiaría tan fácilmente, siendo lo más fuerte y poderoso de los seres. Ciertamente, tampoco la muerte es lo más común; pues no lo es para los vivos. Pero para no parecer que corregimos las sentencias de otros, comparemos las nuestras con las suyas; yo mismo me ofrezco primero, si Nilojeo quiere, a preguntar una por una. Como ocurrieron entonces, así contaré ahora las preguntas y las respuestas.'¿ Qué es lo más antiguo?'.' Dios', dijo Tales;' pues es ingénito'.'¿ Qué es lo más grande?'.' El lugar; pues el cosmos es una parte de él, pero este contiene al cosmos'.'¿ Qué es lo más bello?'.' El cosmos; pues todo lo que está en orden es parte de él'.'¿ Qué es lo más sabio?'.' El tiempo; pues este ya ha encontrado unas cosas y encontrará otras'.'¿ Qué es lo más común?'.' La esperanza; pues incluso para aquellos que no tienen nada más, esta está presente'.'¿ Qué es lo más útil?'.' La virtud; pues hace útiles a las demás cosas al usarlas bien'.'¿ Qué es lo más dañino?'.' El vicio; pues daña la mayoría de las cosas al presentarse'.'¿ Qué es lo más fuerte?'.' La necesidad; pues es lo único invencible'.'¿ Qué es lo más fácil?'.' Lo que es según la naturaleza, puesto que para los placeres muchos a menudo se rinden'.
10
Al aceptar todos a Tales, Cleodoro dijo:« Preguntar y responder tales cosas a los reyes, Nilojeo, es apropiado; pero el bárbaro que brinda el mar a Amasis necesitaba la brevedad de Pítaco, que usó con Aliates, quien le ordenaba algo y escribía de forma arrogante a los lesbios, respondiendo nada más que ordenándole comer cebollas y pan caliente». Periandro, interviniendo, dijo:« Y, sin embargo, también entre los antiguos griegos era costumbre, Cleodoro, proponerse tales dificultades. Pues oímos que también para los funerales de Anfidamante en Calcis se reunieron los poetas más estimados de entonces; Anfidamante era un hombre guerrero, y tras causar muchos problemas a los eretrios en las batallas por Lelanto, cayó. Y como los versos preparados por los poetas hacían difícil y complicada la decisión debido a la rivalidad, y la fama de los competidores, Homero y Hesíodo, causaba mucha dificultad con respeto a los jueces, se volvieron hacia tales preguntas, y uno propuso, como dice Lesques:' Musa, cuéntame aquellas cosas que ni sucedieron antes ni sucederán después', y Hesíodo respondió al azar:' Sino cuando junto a la tumba de Zeus los caballos de cascos sonoros rompan los carros apresurándose por la victoria', y por esto se dice que fue admirado sobremanera y obtuvo el trípode».«¿ Y en qué difiere esto», dijo Cleodoro,« de los enigmas de Eumétide? Que a ella quizás no es impropio que, jugando y entrelazando como otras cintas y redecillas, proponga a las mujeres, pero que hombres sensatos lo pongan en algún asunto serio es ridículo». Eumétide, pues, queriendo decir algo contra él, como parecía, se contuvo por respeto, y su rostro se llenó de rubor; pero Esopo, como defendiéndola, dijo:«¿ No es más ridículo, pues, no poder resolver esto, como es lo que hace poco antes de la cena nos propuso:' Vi a un hombre que pegaba bronce con fuego sobre un hombre'?¿ Podrías decir qué es esto?».« Pero ni siquiera necesito aprenderlo», dijo Cleodoro.« Y, sin embargo», dijo,« nadie sabe esto mejor que tú ni lo hace mejor; y si lo niegas, tengo testigos sicionios». Cleodoro, pues, se rió; pues usaba mucho a las sicionias de los médicos de su tiempo, y este remedio no ha tenido poca fama gracias a él.
11
Mnesífilo el ateniense, amigo y admirador de Solón, dijo:« Por mi parte, Periandro, considero que este discurso, al igual que el vino, no debe distribuirse según la riqueza ni según el mérito, sino por igual entre todos, como en una democracia, y ser común; pues de lo que se ha dicho hace poco sobre el mando y la monarquía, nada nos corresponde a nosotros, los partidarios del pueblo. Por eso creemos que cada uno de vosotros debe aportar de nuevo una opinión sobre un gobierno de igualdad ante la ley, comenzando otra vez por Solón». Pareció bien hacer esto. Y Solón, el primero, dijo:« Ya has escuchado, Mnesífilo, junto con todos los atenienses, la opinión que tengo sobre el gobierno; pero si deseas escucharla también ahora, me parece que la ciudad prospera mejor y preserva más la democracia aquella en la que los que no han sido víctimas de una injusticia persiguen y castigan al que la cometió, no menos que el que la sufrió». El segundo, Bías, dijo que la mejor democracia es aquella en la que todos temen a la ley como a un tirano. Tras él, Tales dijo que es la que no tiene ciudadanos demasiado ricos ni demasiado pobres. Después de este, Anacarsis dijo que es aquella en la que, considerándose iguales las demás cosas, se define lo mejor por la virtud y lo peor por el vicio. El quinto, Cleóbulo, dijo que el pueblo es más sensato allí donde los que participan en el gobierno temen más a la censura que a la ley. El sexto, Pítaco, donde a los malvados no les está permitido gobernar y a los buenos no les está permitido no gobernar. Quilón, al llegarle el turno, declaró que el mejor gobierno es el que escucha más a las leyes y menos a los oradores. El último, Periandro, al juzgar, dijo que le parecía que todos elogiaban la democracia más parecida a la aristocracia.
12
Al concluir también este discurso, pedí que los hombres nos hablaran sobre cómo debe usarse la casa; pues, en efecto, pocos gobiernan reinos y ciudades, pero todos nosotros participamos de un hogar y una casa. Esopo, riendo, dijo:« No, si cuentas a Anacarsis entre todos; pues este no tiene casa, sino que incluso se enorgullece de no tenerla, y de usar un carro, tal como dicen que el sol recorre el cielo en su carro, ocupando en cada momento una región distinta». Y Anacarsis dijo:«¡ Por eso mismo, o es el único o el más libre de los dioses y autónomo, y domina todo, y no es dominado por nadie, sino que reina y conduce el carro! Pero a ti se te escapa su carro, pues es maravilloso por su belleza y tamaño extraordinarios; de lo contrario, no habrías comparado, bromeando y por burla, aquello con lo nuestro. Pero me parece, Esopo, que consideras casa a estas cubiertas de barro, madera y cerámica, como si creyeras que la concha es el caracol y no el animal». Con razón, pues, le causó risa Solón, porque al ver la casa de Creso lujosamente decorada, no declaró inmediatamente que su dueño viviera feliz y dichosamente, ya que deseaba ser espectador de los bienes que hay en él más que de los que están a su lado; pero tú pareces no recordar ni siquiera a tu propia zorra. Pues aquella, al entrar en una competición de variedad contra la pantera, exigía que el juez examinara lo que había en su interior, pues parecería más variada desde allí; tú, en cambio, recorres las obras de los carpinteros y canteros, considerando casa no lo que es interior y propio de cada uno— hijos, matrimonio, amigos y servidores—, con quienes, incluso en un hormiguero o un nido, los que tienen juicio y sensatez comparten lo que poseen, habitando una casa buena y dichosa.« Yo, pues», dijo,« respondo esto a Esopo y lo aporto para Diocles; de los demás, cada uno tiene derecho a exponer su propia opinión». Solón dijo entonces que le parecía que la mejor casa es aquella donde no hay injusticia al adquirir los bienes, ni desconfianza al guardarlos, ni arrepentimiento al gastarlos. Bías, aquella en la que el dueño es tal por sí mismo como lo es fuera por la ley. Tales, aquella en la que el dueño puede disfrutar de mayor ocio. Cleóbulo, si el dueño tiene más personas que lo aman que las que lo temen. Pítaco dijo que la mejor casa es la que no necesita nada de lo superfluo y no carece de nada de lo necesario. Quilón dijo que la casa debe parecerse lo más posible a una ciudad gobernada por un rey. Luego añadió que también Licurgo, ante quien le pedía establecer una democracia en la ciudad, dijo primero:« Establece tú una democracia en tu casa».
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Cuando también este discurso llegó a su fin, Eumetis salió con Melissa, y mientras Periandro brindaba con una copa grande a Quilón, y Quilón a Bías, Árdalo se levantó y, dirigiéndose a Esopo, dijo:«¿ Y tú no enviarías aquí la copa hacia nosotros, viendo que estos se la pasan unos a otros como la copa de Baticles, sin compartirla con nadie más?». Y Esopo dijo:« Pero no es necesario que esta copa sea democrática; pues desde hace mucho tiempo está reservada solo para Solón». Entonces Pítaco, dirigiéndose a Mnesífilo, preguntó por qué Solón no bebe, sino que testifica contra los poemas en los que ha escrito:« Ahora me son gratas las obras de la nacida en Chipre, de Dioniso y de las Musas, que proporcionan alegrías a los hombres». Anacarsis, adelantándose, dijo:« Porque te teme a ti, Pítaco, y a esa ley tuya tan severa, en la que has escrito:' Si alguien comete cualquier falta estando borracho, que la pena sea el doble que para el que está sobrio'». Y Pítaco dijo:«¿ Y tú has sido tan insolente contra la ley que el año pasado, habiéndote emborrachado en casa de Libis, pediste un premio y una corona?».«¿ Y por qué no iba a hacerlo?», dijo Anacarsis,«¿ siendo que, habiendo premios para el que más bebe, debía pedir el galardón por haberme emborrachado primero? O enseñadme vosotros cuál es el fin de beber mucho vino puro, si no es emborracharse». Como Pítaco se riera, Esopo contó un relato: un lobo, al ver a unos pastores comiendo una oveja en una tienda, se acercó y dijo:«¡ Qué gran alboroto habríais montado si yo hiciera esto!». Y Quilón dijo:« Con razón Esopo se defendió, habiendo sido amordazado poco antes por nosotros, y viendo ahora que otros han arrebatado el discurso de Mnesífilo». Pues Mnesífilo, al decir la respuesta en favor de Solón, hablaba sabiendo que a Solón le parece que el resultado de lo que sucede es más obra de toda técnica y capacidad, humana y divina, que aquello mediante lo cual sucede, y el fin más que los medios para el fin. Pues creo que un tejedor consideraría más obra suya la clámide y el manto que la disposición de los hilos y el levantamiento de las pesas del telar; y un herrero, la unión del hierro y el temple del hacha más que cualquiera de las cosas necesarias que se hacen para ello, como el avivar los carbones o la preparación de la piedra de afilar. Y aún más, un arquitecto nos reprocharía si no declaráramos que su obra es el barco o la casa, sino el taladrar maderas y amasar barro; y las Musas, mucho más, si consideráramos que su obra es la cítara y las flautas, y no el educar las costumbres y consolar las pasiones de quienes usan melodías y armonías. Por tanto, tampoco es obra de Afrodita la unión y el coito, ni de Dioniso la embriaguez y el vino, sino la benevolencia, el deseo, la compañía y la familiaridad que nos producen unos con otros a través de estos; pues Solón llama a estas obras divinas, y dice que, al hacerse anciano, ama y persigue estas sobre todas las cosas. Afrodita es la artífice de la concordia y la amistad de los hombres hacia las mujeres, mezclando y fundiendo las almas con los cuerpos mediante el placer; y Dioniso, para la mayoría que no son muy allegados ni conocidos, suaviza las costumbres como en el fuego del vino y, humedeciéndolas, otorga un principio de mezcla y amistad mutua. Cuando se reúnen hombres como los que Periandro os ha convocado, creo que la obra no es de la copa ni del escanciador, sino que las Musas, habiendo puesto en medio el discurso como una crátera sin vino, en el que hay mucho de placer, juego y seriedad, despiertan, riegan y difunden con él la benevolencia, dejando que el escanciador permanezca tranquilo sobre la crátera, lo cual prohibió Hesíodo a quienes son más capaces de beber que de conversar. Pues, en cuanto a los brindis mismos, me entero de que los antiguos decían que faltaba el' daitrón', como dijo Homero, y que cada uno bebía una medida, y luego, como Áyax, compartía su porción con el vecino.
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Tras decir esto Mnesífilo, Quersias el poeta— pues ya había sido absuelto de la acusación y se había reconciliado recientemente con Periandro, a petición de Quilón— dijo:«¿ Acaso Zeus también sirve a los dioses la bebida medida, como Agamenón a los héroes, cuando brindaban unos a otros banqueteando junto a él?». Y Cleodoro dijo:« Tú, Quersias, si unas palomas llevan la ambrosía a Zeus, como decís vosotros, volando con dificultad y esfuerzo sobre las Planctas,¿ no crees que también el néctar es difícil de conseguir y escaso para él, de modo que se abstiene y lo proporciona racionado a cada uno?».« Quizás», dijo Quersias;« pero puesto que ha vuelto a surgir el discurso sobre la economía,¿ quién de vosotros podría decirnos lo que falta? Falta, creo, tomar alguna medida de la posesión que sea autosuficiente y suficiente». Y Cleóbulo dijo:« A los sabios la ley les ha dado una medida, pero para los vulgares diré un relato de mi hija que dijo a su hermano. Pues dijo que la Luna pedía a su madre que le tejiera una túnica a su medida; y ella respondió:'¿ Y cómo te la tejo a tu medida? Pues ahora te veo llena, luego creciente, a veces gibosa'. Así, querido Quersias, para un hombre insensato y vulgar no hay medida de riqueza; pues es distinto en diferentes momentos según sus necesidades debido a sus deseos y su fortuna, como el perro de Esopo, que este dice que en invierno, al encogerse y ovillarse por el frío, pensaba en hacerse una casa, pero en verano, al dormir extendido, se veía grande a sí mismo y no consideraba necesario ni pequeño el trabajo de construirse una casa tan grande.¿ O no ves, Quersias, que los pequeños, ahora se encogen en cosas muy pequeñas como si fueran a vivir de forma sencilla y lacónica, y ahora, si no tienen todo lo de los particulares y los reyes, creen que van a morir por necesidad?». Como Quersias guardó silencio, Cleodoro intervino:« Pero también a vosotros, los sabios, vemos que tenéis las posesiones repartidas con medidas desiguales entre vosotros». Y Cleóbulo dijo:« Pues la ley, excelente hombre, como un tejedor, nos devuelve a cada uno lo que nos conviene, lo moderado y lo apropiado. Y tú, al igual que la ley, alimentando, tratando y medicando a los enfermos con el discurso, no das lo mismo a cada uno, sino que distribuyes lo que corresponde a todos». Árdalo intervino:«¿ Acaso alguna ley ordena a vuestro compañero y huésped de Solón, Epiménides, abstenerse de los demás alimentos y pasar el día sin desayunar ni cenar, tomando solo un poco en la boca de esa fuerza sin hambre que él mismo compone?». Como el discurso detuvo el banquete, Tales, bromeando, dijo que Epiménides hace bien en no querer tener problemas moliendo y cocinando los alimentos para sí mismo, como Pítaco.« Pues yo escuché a la extranjera cantando ante el molino, estando en Éreso:' Muele, molino, muele; pues también Pítaco muele, reinando sobre la gran Mitilene'». Solón dijo que se extrañaba de que Árdalo no hubiera leído la ley de la dieta del hombre escrita en los versos de Hesíodo; pues aquel es el primero que proporcionó a Epiménides las semillas de este alimento y le enseñó a buscar' cuánto bien hay en la malva y el asfódelo'.«¿ Crees, Periandro», dijo,« que Hesíodo pensó algo así, no siendo él alguien que elogia siempre la frugalidad y nos invita a los alimentos más sencillos como los más agradables? Pues la malva es buena para comer, y dulce el tallo del asfódelo; pero me entero de que estos alimentos sin hambre y sin sed son más fármacos que comida, y que aceptan miel, algún queso extranjero y muchísimas semillas de las que no son fáciles de conseguir.¿ Cómo no iba a perderse para Hesíodo el timón puesto sobre el humo y las obras de los bueyes y de las mulas trabajadoras si se necesitara tal preparación? Me asombra tu huésped, Solón, si habiendo realizado hace poco la gran purificación para los delios, no registró entre ellos los recuerdos de la primera alimentación que se llevan al templo y muestras, junto con otras cosas baratas y naturales, de malva y asfódelo, de las cuales es probable que Hesíodo nos recomiende la frugalidad y la sencillez».« No solo esto», dijo Anacarsis,« sino que también para la salud se elogia cada una de las verduras entre las mejores». Y Cleodoro dijo:« Dices bien. Pues siendo Hesíodo médico, es evidente que no habla sin cuidado ni sin experiencia sobre la dieta, la mezcla del vino, la virtud del agua, el baño, las mujeres, el momento del coito y el cuidado de los bebés. Pero me parece más justo que Esopo se declare discípulo de Hesíodo que Epiménides; pues a este, el relato del halcón a la ruiseñor le proporcionó el principio de esta bella, variada y políglota sabiduría. Yo escucharía con gusto a Solón; pues es probable que él, habiendo convivido mucho tiempo en Atenas con Epiménides, sepa qué le pasó o qué razonaba para llegar a tal dieta».
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Solón dijo:«¿ Y qué necesidad había de preguntarle eso? Pues estaba claro que, después del mayor y mejor de los bienes, el segundo es necesitar la menor cantidad de alimento.¿ O no te parece que lo mayor es no necesitar alimento en absoluto?».« De ninguna manera», dijo Cleodoro,« si hay que decir lo que parece, y especialmente estando puesta la mesa, que al ser retirada es altar de los dioses amigos y de la hospitalidad; y Tales dice que, si se elimina la tierra, el mundo entero sufrirá confusión; así, la disolución de la casa es la eliminación del alimento; pues con él se destruye el fuego del hogar, el hogar mismo, las cráteras, las recepciones, la hospitalidad, las formas más humanas y primordiales de compartir entre nosotros, o mejor dicho, toda la vida, si es que la vida es una actividad del hombre que tiene un curso de acciones, de las cuales la necesidad y preparación del alimento convoca a la mayoría. Es terrible, pues, compañero, también lo de la agricultura; pues al destruirse, nos deja la tierra informe e impura, llena de maleza estéril y corrientes que se llevan de forma desordenada por la pereza. Destruye también todas las artes y trabajos, de los cuales es el principio y proporciona base y materia a todos, y no son nada si esta desaparece. Se disuelven también los honores a los dioses, teniendo los hombres poca gracia para Helios, y aún menos para Selene, solo por su luz y calor.¿ Dónde estará el altar para Zeus pluvial, para Deméter proerosia y para Poseidón fitalmio, y dónde el sacrificio?¿ Y cómo será Dioniso dador de gracias, si no necesitaremos nada de lo que da?¿ Qué sacrificaremos o libaremos?¿ De qué ofreceremos primicias? Pues todo esto conlleva la ruina y confusión de las cosas más grandes. Es insensato querer estar rodeado de todo placer, pero también es insensible huir de todo. Que el alma use otros placeres mejores, pero para el cuerpo no hay placer más justo que el de alimentarse, lo cual no se le escapa a ningún hombre; pues poniendo esto en medio, comparten cenas y mesa, mientras que los placeres de Afrodita los arrojan a la noche y a mucha oscuridad, considerando que compartir esto es desvergonzado y bestial, como no compartir aquello». Yo, al hacer una pausa Cleodoro, intervine:«¿ Y no dices eso, que también expulsamos el sueño junto con el alimento? Sin sueño no hay ni sueño, sino que desaparece el oráculo más antiguo que tenemos. La vida será monótona y, en cierto modo, el cuerpo rodeará al alma en vano; pues la mayoría de sus partes más importantes están preparadas como instrumentos para el alimento: lengua, dientes, estómago e hígado. Pues nada es ocioso ni está ordenado para otra necesidad; de modo que el que no necesita alimento tampoco necesita cuerpo. Y esto era no necesitarse a sí mismo; pues cada uno de nosotros está con el cuerpo. Nosotros, pues», dije,« aportamos estas contribuciones al vientre; si Solón o algún otro acusa algo, lo escucharemos».
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« Por supuesto», dijo Solón,« no sea que parezcamos menos juiciosos que los egipcios, que, tras diseccionar el cadáver, lo mostraron al sol, y luego arrojaron las entrañas al río, y cuidan del resto del cuerpo como si ya se hubiera vuelto puro. Pues, en verdad, esto es la mancha de nuestra carne y el Tártaro en el Hades, lleno de corrientes terribles, de aire mezclado con fuego y de muertos. Pues ningún ser vivo se alimenta de nada vivo, sino que, al matar a los seres animados y a las plantas que participan de la vida al alimentarse y crecer, cometemos injusticia al destruirlos. Pues perece aquello de lo que surge lo que se transforma en otra cosa, y sufre toda corrupción para que pueda ser alimento de otro. Abstenerse de comer carne, como cuentan del antiguo Orfeo, es más un sofisma que una huida de las injusticias relacionadas con el alimento. Pero una huida y purificación hacia la justicia es ser perfecto, autosuficiente y sin necesidades. Y a quien el dios ha hecho imposible obtener su propia salvación sin dañar a otro, a este le ha añadido la naturaleza como principio de injusticia.¿ Acaso no es digno, amigo, extirpar junto con la injusticia el vientre, el estómago y el hígado, que no nos dan sensación ni deseo de nada bello, sino que se parecen a utensilios de cocina, como cuchillos y calderos, y otros a molinos, hornos, pozos y artesas? Y uno podría ver a la mayoría de los hombres como si estuvieran en un molino, con el alma envuelta en el cuerpo, girando siempre en torno a la necesidad del alimento, como, sin duda, nosotros hace poco ni nos veíamos ni nos oíamos, sino que cada uno, inclinado, servía a la necesidad del alimento. Pero ahora, al haber sido retiradas las mesas, habiéndonos vuelto libres como ves, coronados, pasamos el tiempo en discursos, estamos juntos y disfrutamos de ocio, habiendo llegado a no necesitar alimento.¿ Acaso, si la disposición que ahora nos rodea permaneciera incesante durante toda la vida, no tendríamos siempre ocio para estar juntos, sin temer la pobreza ni conocer la riqueza? Pues el afán por lo superfluo sigue inmediatamente y convive con la necesidad de lo necesario. Pero Cleodoro cree que debe haber alimento para que haya mesas y cráteras, y sacrifiquemos a Deméter y a Core. Y otro podría exigir que haya luchas y guerra, para que tengamos murallas, astilleros y arsenales, y sacrifiquemos hecatombes, como dicen que es costumbre entre los mesenios. Y a otro creo que le irrita lo de la salud; pues es terrible que, si nadie enferma, ya no haya utilidad para ropa de cama blanda ni lecho, no sacrificaremos a Asclepio ni a los dioses que alejan el mal, y la medicina, con tantos instrumentos y fármacos, quedará guardada, sin gloria y abandonada.¿ O en qué se diferencia esto de aquello? Pues también el alimento se aplica como fármaco contra el hambre, y todos los que se alimentan dicen que se curan y siguen una dieta, no como algo agradable y placentero, sino como algo necesario para la naturaleza. Pues se pueden enumerar más penas que placeres provenientes del alimento; más aún, el placer tiene poco lugar en el cuerpo y no mucho tiempo; pero la ocupación y dificultad en torno a su gestión,¿ qué necesidad hay de decir de cuántas cosas vergonzosas y dolorosas nos llena? Pues creo que Homero, mirando hacia esto, demostró que los dioses no mueren por no alimentarse:' Pues no comen pan, ni beben vino brillante; por eso son sin sangre y son llamados inmortales', como si el alimento fuera el viático no solo de vivir, sino también de morir. Pues de él, las enfermedades que se crían junto con los cuerpos tienen un mal no menor que la carencia en la plenitud; y a menudo es mayor trabajo consumir y digerir lo que ha llegado al cuerpo que procurarse y reunir el alimento. Pero, como si las Danaides se preguntaran qué vida vivirán y qué harán al librarse del servicio y la plenitud del tonel, así nos preguntamos nosotros: si fuera posible dejar de llevar a la carne insaciable tantas cosas de la tierra y del mar, qué haremos, por inexperiencia de los bienes, amando la vida que se basa en lo necesario. Así pues, como los que han sido esclavos, cuando son liberados, hacen para sí mismos y por sí mismos lo que antes hacían sirviendo a sus amos, así el alma ahora alimenta al cuerpo con muchos trabajos y ocupaciones, pero si se librara del servicio, supongo que se alimentará a sí misma al volverse libre y vivirá, mirando hacia sí misma y hacia la verdad, sin que nada la distraiga ni la aparte. Estas fueron, pues, las cosas dichas sobre el alimento, Nicarco.
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Mientras Solón aún hablaba, entró Gorgos, el hermano de Periandro; pues había sido enviado a Ténaro por algunos oráculos, llevando un sacrificio y una embajada a Poseidón. Tras saludarlo nosotros y Periandro acercarlo y besarlo, se sentó junto a él en el lecho y le comunicó lo que solo a él le concernía, y él escuchaba, pareciéndose a alguien que sufre mucho por el relato. Pues parecía afligido, a veces indignado, a menudo incrédulo, y luego asombrado; al final, riendo hacia nosotros, dijo:« Deseo contar lo que se ha anunciado para el momento; pero dudo, habiendo escuchado a Tales decir alguna vez que hay que decir lo verosímil y callar lo imposible». Bías intervino:« Pero también esto es la sabiduría de Tales, que hay que desconfiar de los enemigos incluso en lo creíble, y creer a los amigos incluso en lo increíble; yo considero enemigos a los malvados e insensatos, y amigos a los buenos y prudentes», llamándolo a él mismo.« Por tanto», dijo,« hay que decirlo ante todos, Gorgos, o mejor dicho, hay que llevar ante estos jóvenes ditirambos el relato que has venido a traernos».
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Gorgos dijo entonces que, habiéndose realizado el sacrificio durante tres días por él, y siendo el último una vigilia, una danza y un juego junto a la orilla, la luna brillaba sobre el mar, y no habiendo viento, sino calma y serenidad, se veía desde lejos un oleaje que bajaba junto al cabo, trayendo consigo espuma y un gran ruido por el batir del agua a su alrededor, de modo que todos corrieron hacia el lugar donde iba a chocar, asombrados. Antes de adivinar lo que se acercaba por la rapidez, se vieron delfines, unos rodeando en grupo, otros guiando desde la orilla hacia la parte más lisa, otros por detrás, como escoltando. En medio se alzaba sobre el mar un bulto confuso e indefinido de un cuerpo que era transportado, hasta que, reuniéndolo en el mismo lugar y empujándolo juntos, depositaron en tierra a un hombre vivo y en movimiento, y ellos, volviendo de nuevo hacia el cabo, saltaron más que antes, jugando por algún placer, al parecer, y retozando. Gorgos dijo que muchos de nosotros, perturbados, huyeron del mar, pero unos pocos, conmigo, cobraron valor para acercarse y reconocieron a Arión el citaredo, que pronunciaba su propio nombre y se hacía visible por su vestimenta; pues resultaba que llevaba puesto el adorno de competición que usaba los citaredos. Tras llevarlo a la tienda, como no tenía ningún mal, sino que parecía agotado y cansado por la rapidez y el silbido del transporte, escuchamos un relato increíble para todos excepto para nosotros, los que vimos el final. Pues Arión contaba que, habiendo decidido hace tiempo partir de Italia, y habiéndose vuelto más entusiasta al escribirle Periandro, al aparecer un barco corintio, subió inmediatamente y zarpó, y usando un viento moderado durante tres días, se dio cuenta de que los marineros conspiraban para matarlo, y luego se enteró también por el piloto, que le informó en secreto, que habían decidido hacer esto por la noche. Estando, pues, sin ayuda y desesperado, usó un impulso divino para adornar su cuerpo y tomar como mortaja el adorno de competición que aún llevaba vivo, y cantar al terminar su vida para no ser menos noble que los cisnes en esto. Equipado, pues, y habiendo dicho de antemano que un entusiasmo lo poseía para recorrer el nomo pítico por su salvación y la del barco y los que navegaban, se colocó junto a la pared en la popa y, tras preludiar una invocación a alguno de los dioses marinos, cantó el nomo. Y cuando apenas estaba a la mitad, el sol se hundía en el mar y aparecía el Peloponeso. No esperando ya los marineros la noche, sino yendo hacia el asesinato, al ver espadas desnudas y al piloto ya cubriéndose, corrió y se lanzó lo más lejos posible del barco. Antes de que el cuerpo se hundiera por completo, los delfines se deslizaron por debajo y lo llevaron, estando él lleno de desesperación, angustia y confusión al principio; pero cuando la facilidad del transporte fue evidente, y vio a muchos reuniéndose a su alrededor con benevolencia y relevándose como un servicio necesario y apropiado para todos, y el barco, al quedarse atrás, daba sensación de rapidez, dijo que no sintió tanto miedo a la muerte ni deseo de vivir como ambición por la salvación, para parecer un hombre amado por los dioses y recibir una opinión firme sobre ellos. Al mismo tiempo, al ver el cielo lleno de estrellas y la luna saliendo brillante y clara, y estando el mar en calma por todas partes, sin olas, como un camino que se abría por su carrera, pensaba para sí mismo que no es uno el ojo de la Justicia, sino que el dios vigila con todos estos en círculo lo que se hace en la tierra y en el mar. Con estos razonamientos, dijo, el cuerpo, que ya estaba cansado y pesado, se elevaba, y al final, al encontrarse con el cabo escarpado y alto, tras haberse guardado bien y girar, nadaron rozando la tierra como si llevaran un barco a puerto de forma segura, sintiendo que la llegada había ocurrido por completo bajo el gobierno de un dios. Esto, dijo Gorgos, le pregunté a Arión, al contarlo, dónde cree que llegará el barco. Él dijo que sin duda a Corinto, pero que se retrasaría mucho; pues él, al caer al atardecer, cree que fue transportado en un recorrido de no menos de quinientos estadios, y que la calma se instaló inmediatamente; no obstante, Gorgos dijo que él, tras enterarse del nombre del capitán, del piloto y del emblema del barco, envió barcos y soldados a los desembarcaderos para vigilar; y que trae a Arión oculto con él, para que, al no prever la salvación, no escapen. En verdad, pues, el asunto parece una fortuna divina; pues llegaron aquí al mismo tiempo y se enteraron de que, habiendo sido capturado el barco por los soldados, los mercaderes y marineros habían sido apresados.
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Periandro ordenó entonces que Gorgos se levantara inmediatamente y pusiera a los hombres bajo custodia, de modo que nadie se les acercara ni les dijera que Arión se había salvado. Esopo dijo:«¿ Pero ustedes se burlan de mis grajos y cuervos si hablan, y los delfines hacen tales proezas?». Yo le dije:« Hablemos de otra cosa, Esopo. Este relato, que es creído y escrito entre nosotros, ha perdurado más de mil años desde los tiempos de Ino y Atamante». Solón intervino:« Pero esto, Diocles, dejémoslo cerca de los dioses y por encima de nosotros; lo que le ocurrió a Hesíodo es humano y nos concierne, pues quizás hayas oído la historia».« Yo no», dije.« Pues bien, vale la pena conocerla. Al parecer, un hombre de Mileto, con quien Hesíodo compartía la hospitalidad y la mesa en Lócride, tuvo relaciones secretas con la hija de su anfitrión. Al ser descubierto, el anfitrión sospechó que Hesíodo lo sabía desde el principio y había ocultado el delito, aunque él no era responsable de nada, pero cayó injustamente víctima de la ira y la calumnia en un momento inoportuno. Los hermanos de la joven lo mataron tras tenderle una emboscada cerca del Nemeo de Lócride, y con él a su acompañante, cuyo nombre era Troilo. Tras arrojar los cuerpos al mar, el de Troilo fue arrastrado fuera hacia el río Dafno y quedó retenido en un escollo rodeado de agua que sobresalía un poco sobre el mar; hasta hoy, el escollo se llama Troilo. El cadáver de Hesíodo, apenas fue arrojado desde tierra, fue recogido por un banco de delfines que lo transportó hacia el Río, frente a Molicria. Casualmente, los locrios celebraban allí el sacrificio y la fiesta de los Rionios, que aún hoy celebran de forma destacada en aquel lugar. Al ver que el cuerpo era traído, se asombraron como era natural y corrieron hacia la orilla, y al reconocer el cadáver aún reciente, dejaron todo lo demás para investigar el asesinato debido a la fama de Hesíodo. Y esto lo hicieron rápidamente, encontrando a los asesinos; pues los arrojaron vivos al mar y demolieron su casa. Hesíodo fue enterrado cerca del Nemeo; la mayoría de los extranjeros no conocen la tumba, sino que permanece oculta, buscada, según dicen, por los orcomenios, que desean, según un oráculo, recoger los restos y enterrarlos entre ellos. Si, pues, tienen sentimientos tan cercanos y humanos hacia los muertos, es aún más probable que ayuden a los vivos, especialmente si son hechizados por flautas o ciertas melodías. Pues esto ya todos lo sabemos, que estos animales disfrutan con la música y la siguen, y nadan junto a los que navegan, deleitándose con los cantos y las flautas en las danzas durante el buen tiempo. También disfrutan nadando con los niños y compiten en zambullidas. Por eso existe para ellos una ley no escrita de inmunidad; nadie los caza ni los daña, excepto cuando, al entrar en las redes, causan estragos en la pesca, y entonces son castigados con golpes como niños que cometen faltas. Recuerdo haber oído también a hombres de Lesbos que la salvación de una joven del mar fue obra de un delfín; pero yo no conozco los detalles, y Pítaco, puesto que lo sabe, es justo que nos lo cuente».
20
Pítaco dijo entonces que el relato era ilustre y recordado por muchos. Pues, habiéndose dado un oráculo a los que colonizaban Lesbos, de que cuando navegando encontraran un escollo llamado Mesogeo, debían arrojar allí un toro a Poseidón y una doncella viva a Anfitrite y a las Nereidas; siendo siete los jefes y reyes, y el octavo Equelao, el líder de la colonia designado por el dios, este era aún soltero, y al sortearse los siete, entre los que tenían hijos solteros, el sorteo recayó en la hija de Esminteo. Tras adornarla con vestidos y oro, cuando llegaron al lugar, se dispusieron, tras orar, a arrojarla. Pero sucedió que uno de los que navegaban estaba enamorado de ella, un joven no innoble, al parecer, cuyo nombre también recordamos: Énalo. Este, sintiendo una desesperada determinación de ayudar a la doncella en aquel trance, se lanzó en el momento preciso y, abrazándola, se arrojó junto con ella al mar. Inmediatamente circuló por el campamento un rumor, sin fundamento pero que convenció a muchos, sobre su salvación y regreso. Tiempo después, dicen que Énalo apareció en Lesbos y contaba cómo, transportados por delfines a través del mar, llegaron ilesos al continente, y narraba otras cosas más divinas que estas, que asombraban y hechizaban a la multitud, y todos dieron fe con hechos. Pues, al levantarse una ola inmensa alrededor de la isla y temer los hombres que se acercara, solo él siguió al mar, con pulpos que lo acompañaban hacia el templo de Poseidón. De ellos, el más grande traía una piedra que Énalo tomó y consagró, y a esta llamamos Énalo. En resumen, si alguien conociera la diferencia entre lo imposible, lo inusual, lo absurdo y lo paradójico, lo haría mejor, Quirón, sin creer a la ligera ni dejar de creer, manteniendo el« nada en exceso» como tú ordenaste.
21
Después de él, Anacarsis dijo que, dado que Tales supone acertadamente que hay alma en todas las partes más importantes y grandes del cosmos, no es de extrañar que las cosas más bellas se realicen por voluntad de un dios. Pues el cuerpo es instrumento del alma, y el alma lo es de Dios; y así como el cuerpo tiene muchos movimientos propios, pero los más numerosos y bellos los tiene por el alma, así también el alma realiza algunas cosas movida por sí misma, pero otras las entrega a Dios para que, al usarlas, las dirija y gire hacia donde quiera, siendo el más dócil de todos los instrumentos. Pues dijo que sería terrible si el fuego, el aire, el agua, las nubes y las lluvias fueran instrumentos de Dios, mediante los cuales salva y nutre muchas cosas, y muchas otras destruye y aniquila, y en cambio no usara a los seres vivos para nada de lo que él realiza. Más bien, es razonable que, dependiendo del poder de Dios, le sirvan y simpaticen con los movimientos de Dios, igual que los arcos simpatizan con los escitas y las liras y flautas con los griegos. Tras esto, el poeta Quersias recordó a otros que se salvaron contra toda esperanza, y a Cípselo, el padre de Periandro, a quien los enviados a matarlo cuando era recién nacido se dieron la vuelta al sonreírles; y al arrepentirse, lo buscaron y no lo encontraron, pues su madre lo había escondido en un cofre. Por eso Cípselo construyó el tesoro en Delfos, como si el dios hubiera contenido entonces su llanto para que pasara inadvertido a quienes lo buscaban. Y Pítaco, dirigiéndose a Periandro, dijo:« Bien hecho, Periandro, Quersias al mencionar el tesoro; pues muchas veces quise preguntarte por la causa de aquellas ranas, qué significan tantas talladas en la base de la palmera, y qué relación tienen con el dios o con quien las consagró». Como Periandro le pidió a Quersias que preguntara, pues él sabía y estaba presente cuando Cípselo consagraba el tesoro, Quersias sonrió y dijo:« No lo diría antes de preguntarles a ellos qué significa su' nada en exceso' y el' conócete a ti mismo', y esto que ha hecho a muchos solteros, a muchos desconfiados y a algunos mudos:' la fianza trae la ruina'». Pítaco dijo:«¿ Qué necesidad tienes de nosotros si ya lo dices? Pues hace tiempo que Esopo ha compuesto una fábula para cada una de estas cosas, al parecer, y tú lo alabas». Y Esopo dijo:« Cuando Quersias bromea conmigo, sí; pero cuando habla en serio, demuestra que Homero es el inventor de estas cosas y dice que Héctor se conocía a sí mismo, pues al atacar a los demás evitaba la lucha de Áyax Telamónida; y que Odiseo era partidario del' nada en exceso' al exhortar a Diomedes:' Tidida, no me alabes demasiado ni me reprendas'. Y sobre la fianza, otros creen que él la vitupera como algo miserable y vano al decir:' miserables son las fianzas de los miserables', pero este Quersias dice que Ate fue arrojada por Zeus al estar presente en la fianza que Zeus prestó y se equivocó respecto al nacimiento de Heracles». Solón intervino y dijo:« Entonces también hay que creer al más sabio Homero:' la noche ya llega; es bueno obedecer a la noche'. Así pues, tras hacer libaciones a las Musas, a Poseidón y a Anfitrite, disolvamos, si les parece, el banquete». Esto, Nicarco, fue el final de aquella reunión.

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