Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
De Natura Animalium
AelianNaturaanim 1.praef · spanish-geminiMore by Aelian
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/aelian" aria-label="More works by Aelian"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1.praef
Que el hombre sea sabio, justo y el más previsor con sus propios hijos, que procure el cuidado debido a sus progenitores, que busque alimento para sí mismo, que se guarde de las asechanzas y de los demás dones de la naturaleza que le acompañan, no es quizás nada sorprendente; pues el hombre ha participado de la razón, lo más valioso de todo, y ha sido considerado digno del cálculo, que es, por tanto, lo más autosuficiente y lo más provechoso; pero también sabe respetar y venerar a los dioses. Que incluso los seres irracionales participen de cierta virtud por naturaleza, y que posean muchas de las ventajas humanas, y además admirables, esto ya es algo grande. Y, ciertamente, conocer sin negligencia las cualidades propias de cada uno de ellos, y cómo se han esforzado los animales no menos que los hombres, sería propio de una mente educada y que ha aprendido mucho. Que otros se han esforzado en estos temas, lo sé bien; yo, por mi parte, tras haber reunido todo lo que me fue posible y haberles dado el lenguaje habitual, he creído haber elaborado un tesoro no despreciable. Si a alguien más le parece útil, que lo utilice; pero a quien no le parezca, que deje que el padre lo abrigue y lo cuide; pues no todo es bueno para todos, ni todo parece digno de estudio para todos. Y si hemos nacido después de muchos de los primeros y sabios, que la brevedad del tiempo no sea un impedimento para el elogio, si nosotros mismos podemos ofrecer un aprendizaje digno de estudio, tanto por el descubrimiento más extraordinario como por la expresión.
1.1
Existe una isla llamada Diomedea, que tiene muchas garzas. Dicen que estas ni dañan a los bárbaros ni se acercan a ellos; pero si llega un extranjero griego, se acercan por algún don divino, extendiendo sus alas como si fueran manos para dar la bienvenida y abrazar. Y cuando los griegos las tocan, no huyen, sino que permanecen quietas y lo soportan, y se posan en sus regazos, como si hubieran sido invitadas a una hospitalidad. Se dice, pues, que estas son compañeras de Diomedes y que participaron con él en las armas contra Ilión, y luego, al cambiar su naturaleza anterior a la forma de aves, conservan aún hoy el ser griegas y filohelenas.
1.2
El escaro se alimenta de hierbas marinas y musgos; resulta ser el más lascivo de todos los peces, y su deseo insaciable por la hembra se convierte en la causa de su captura. Los pescadores sabios, conociendo esto, lo atacan de la siguiente manera. Cuando capturan a una hembra, la atan por la punta de la boca con un sedal hecho de esparto fino y arrastran al pez vivo por el mar; conocen sus lechos, sus lugares de descanso y dónde se reúnen. Han fabricado un plomo pesado, de forma circular, de tres dedos de largo, atravesado por una cuerda en los extremos, que arrastra al pez capturado. Uno de los que están en la barca coloca una nasa de boca ancha y la dirige hacia el escaro capturado; esta se lastra silenciosamente con una piedra medida. Entonces los machos, como jóvenes que ven a una novia en sazón, se excitan y corren tras ella, apresurándose a adelantarse unos a otros para estar cerca y rozarla, como hombres locos de amor que buscan un beso, un roce o cualquier otro robo erótico. El que lleva a la hembra, silenciosa y moderadamente, acechando y tramando directamente hacia la nasa con la amada, dirías que guía a los amantes. Cuando llegan junto a la nasa, el pescador suelta el plomo hacia el interior; este, al caer junto con el sedal, arrastra también a la hembra. Así, al entrar juntos, son capturados, y los escaros pagan esta pena por su impulso afrodisíaco.
1.3
El pez mújol es de los que viven en los pantanos, y se cree que controla su vientre y se comporta con mucha moderación. Pues no ataca a ningún animal, sino que está hecho para estar en tregua con todos los peces; pero cualquier cosa que encuentre muerta, eso es su cena. No la toca antes de moverla con la cola. Si está quieta, mantiene la presa, pero si se mueve, se retira.
1.4
Los peces se ayudan mutuamente como hombres fieles y soldados justos, a los que los expertos en la pesca marina gustan llamar antias, siendo de costumbres pelágicas. Cada uno de ellos, cuando nota que su compañero ha sido capturado, nada rápidamente, luego apoya sus espaldas contra él, y al chocar y empujar con fuerza, impiden que sea arrastrado. También los escaros son buenos defensores de su propia manada. Se acercan, pues, y muerden el sedal
1.5
se apresuran para salvar al capturado; y a menudo, al cortarlo, lo salvaron y lo dejaron libre, y no piden recompensa por salvarle la vida; muchas veces no lo consiguieron, pero fallaron, aunque hicieron lo suyo con gran entusiasmo. Dicen que incluso el escaro ha caído en la nasa y ha sacado la parte de la cola, y los que no han sido capturados y nadan alrededor lo muerden y sacan al compañero hacia afuera. Si la boca está abierta, uno de los que está fuera le ofrece la cola, y este, abriéndola, lo sigue. Estos, ciertamente, hacen esto, oh hombres, no habiendo aprendido a amar, sino por naturaleza. El pez dentón, su naturaleza y su nombre lo acusan, y ya también su boca; tiene dientes continuos y numerosos, y es muy fuerte para cortar todo lo que cae en ellos. Por tanto, al ser capturado con el anzuelo, es el único de los peces que no se vuelve hacia atrás, sino que empuja deseoso de cortar el sedal. Los pescadores se ingenian lo contrario; pues forjan largas las empuñaduras de los anzuelos. Pero él,' que es también saltador', salta muchas veces por encima de estas y, cortando el pelo que lo guía, nada de nuevo hacia las costumbres de los peces. Este, al tomar a la manada compañera, marcha con ellos mismos contra los delfines; y tras rodear a uno que se ha separado de alguna manera, atacan al animal con fuerza; pues saben que no ignora sus mordeduras. Pues ellos se aferran a él con mucha firmeza, y él salta y da volteretas, y se demuestra cómo se retuerce por el dolor; pues al morder con fuerza, se elevan juntos mientras él salta. Y él se apresura a sacudírselos y rechazarlos, pero ellos no lo sueltan, sino que lo comen vivo. Luego, sin embargo, cualquier parte que cada uno devore, se marcha con ella; y el delfín nada alegremente, habiendo agasajado a comensales, como dirías, no invitados, junto con su propio dolor.
1.6
Oigo que un perro se enamoró de Glauca, la citarista; otros dicen que no un perro, sino un carnero; otros, un ganso. Y en Solos de Cilicia, un perro se enamoró de un niño cuyo nombre era Jenofonte; y en Esparta, una grajilla enfermó por la belleza de otro joven hermoso.
1.7
Dicen que el chacal es el animal más filántropo. Y cuando se encuentra con un hombre en algún lugar, lo evita, como si lo respetara; pero cuando ve que es dañado por otra fiera, entonces lo defiende.
1.8
Un tal Nicias, uno de los compañeros de caza, al ser arrastrado inesperadamente, cayó en un horno de carboneros; los perros que estaban con él, al ver esto, no se alejaron, sino que al principio gemían y aullaban alrededor del horno, y al final, casi mordiendo suave y moderadamente las ropas de los que pasaban, los arrastraban hacia la desgracia, como si los perros estuvieran llamando a los hombres como auxiliares para su amo. Y, en efecto, uno al ver lo que sucedía sospechó el suceso, siguió y encontró a Nicias quemado en el horno, deduciendo lo ocurrido por los restos.
1.9
El zángano que nace entre las abejas se esconde durante el día en los panales, y de noche, cuando vigila que las abejas duerman, visita sus obras y daña las colmenas. Al darse cuenta de esto, la mayoría de las abejas duermen por estar cansadas, pero pocas de ellas acechan. Luego, cuando atrapan al ladrón, lo golpean moderadamente y lo expulsan, y lo arrojan para que sea un fugitivo. Pero él ni siquiera así ha aprendido; pues ha nacido perezoso y glotón, dos males. Por tanto, se esconde fuera de los panales, y luego cuando
1.10
las abejas salen a los pastos, él entra y hace lo suyo, hartándose y saqueando aquel dulce tesoro de las abejas. Y ellas, al regresar del pasto, cuando se encuentran con él, allí ya no lo golpean moderadamente, ni siquiera lo suficiente para hacerlo huir, sino que, cayendo sobre él con mucha violencia, destruyen al ladrón; y tras sufrir un castigo no reprochable, pagó con su vida por su glotonería y voracidad. Los apicultores dicen esto, y me convencen. Hay también entre las abejas abejas perezosas, aunque no de costumbres zanganiles; pues estas no dañan los panales ni traman contra la miel, sino que se alimentan de las flores y estas también, volando y siendo compañeras de las otras. Y si son inexpertas en el trabajo y en la recolección de la miel, al menos no son totalmente inactivas. Pues algunas de ellas llevan agua al rey y también a las mayores, las que permanecen junto al rey y han sido elegidas para su guardia; otras de ellas tienen esa tarea, sacan fuera a las abejas que mueren; pues necesitan que los panales estén limpios, y no soportan una abeja muerta dentro; otras vigilan de noche, como si fueran una pequeña ciudad, vigilando la construcción de los panales, esas sí.
1.11
Uno podría distinguir la edad de las abejas de esta manera. Las de un año son brillantes y se parecen al aceite en el color; las mayores se vuelven ásperas tanto a la vista como al tacto, y se ven arrugadas debido a la vejez; pero estas son más experimentadas y técnicas, habiéndoles enseñado el tiempo la sabiduría sobre la miel. Tienen también un sentido adivinatorio, de modo que prevén la llegada de lluvias y frío; y cuando conjeturan que ocurrirá una de estas cosas o ambas, no extienden el vuelo por mucho tiempo, sino que vuelan alrededor de los enjambres, y como si rodearan las puertas. A partir de esto, los apicultores, al augurar, predicen a los agricultores la futura llegada del invierno. Pero las abejas no temen tanto el frío como la lluvia abundante y la nevada. Vuelan a menudo contra el viento, y llevan una pequeña piedra en las patas, tanta cuanta les sea soportable para volar, y de alguna manera se ingenian este lastre contra el viento que sopla, entre otras cosas, para que la brisa no las desvíe del camino.
1.12
El amor tiene fuerza y muchos géneros de peces lo han conocido, pues el dios tan grande no ha despreciado ni deshonrado ni siquiera a los que están abajo y en el abismo del mar. Sirve, pues, a este demonio también el mújol, pero no todo, sino aquel al que llaman por su rostro afilado los que han conocido los géneros y diferencias de los peces. Son capturados, según oigo, muchos alrededor del golfo Acaico. Y hay diferencia en su captura; pero esta pesca acusa especialmente su frenesí por los placeres afrodisíacos. Un pescador, tras capturar a una hembra y atarla con una caña larga o un esparto, también largo, caminando silenciosamente por la orilla, arrastra al pez que nada al lado y aletea; tras sus huellas sigue alguien llevando una red, y este pescador vigila afanosamente dónde y cómo ocurrirá el encuentro. Por tanto, ella es guiada, y todos los machos que la ven, como jóvenes libertinos que han puesto sus ojos en una doncella que pasa muy en sazón, se lanzan a la unión excitados. El que tiene la red lanza el lance, y a menudo se encuentra con una abundancia de peces que se acercan por el impulso del deseo. Es necesario que la elegida por el primer pescador sea hermosa y esté bien de carnes, para que más se lancen sobre ella, tomando el cebo atrayente de la belleza. Si estuviera sin carne, la mayoría, despreciándola, se iría; pero quien de ellos es un amante loco, no se marcha, no por la belleza,¡ por Zeus!, sino esclavizado por el deseo de la unión.
1.13
Resulta que también los peces son buenos para ser moderados. El llamado etneo, cuando se une con su compañera, como una esposa, y obtiene el lecho, no toca a otra, y no necesita contratos para la fe, ni dote, ni teme el juicio por maltrato, ni respeta a Solón.¡ Oh leyes nobles y muy venerables, a las que los hombres libertinos no respetan obedecer!
1.14
Para el mirlo marino, sus costumbres y lugares de descanso son las rocas y las galerías cavernosas. Se casan, y cada uno tiene muchas, y se apartan de los agujeros como si fueran cámaras para las novias. Y esto, el refinamiento del matrimonio y el tener el impulso repartido en muchas, dirías que es propio de bárbaros que viven con lujo en el lecho y, como dirías habiendo estudiado con juego, una vida meda y persa. Es el más celoso de los peces, y en general, pero no menos cuando las novias le dan crías. Si esto se ha dicho de manera más licenciosa por el abuso de los nombres, los actos realizados por la naturaleza nos dan la autoridad para tales cosas. Pues ellas, al experimentar ya los dolores del parto, permanecen tranquilas y dentro, y el macho, como un esposo, vigila alrededor las asechanzas de fuera por miedo a los hijos. Pues parece que incluso los que aún no han nacido aman y por miedo paternal
1.15
al ser capturado desde entonces, teme, y pasa el día en la guardia sin probar nada, y el cuidado lo alimenta; al llegar la tarde tardía, es liberado de esta necesidad, y busca alimento, y no tiene mala suerte. Y cada una de las que están dentro, ya sea que esté en dolores de parto o ya sea parturienta, encuentra muchas algas de las que están en los agujeros y alrededor de las rocas, que son su cena. Un pescador terrible trama contra el mirlo al aplicar un plomo pesado al anzuelo y, al insertar en el anzuelo un camarón grande, baja el cebo. Y él mueve el sedal, despertando y afilando la presa hacia el alimento, y el camarón, al moverse, envía una impresión de que está a punto de pasar a los agujeros del mirlo. Para él, esto es lo más odioso; y por esto, al sentirlo, como tiene ira, se lanza a destruir al enemigo' pues no le importa el vientre en ese momento', y tras aplastarlo se marcha, creyendo que es más preferible y más importante que el alimento el no dejar dormir la guardia. Cuando va a comer algo de lo que cae, tras aplastarlo, lo deja estar; y al verlo muerto, ya come de él. Las hembras de mirlo, mientras ven al macho protegiendo, como dirías, permanecen dentro y guardan la forma de la vida doméstica; cuando él desaparece, ellas se desesperan, y el desánimo las saca y las lleva fuera, y allí son capturadas.¿ Qué dicen a esto los poetas que celebran gloriosamente a Evadne, hija de Ifis, y a Alcestis, hija de Pelias?
1.16
El padre entre los peces, el glauco, es tal cual. Vigila fuertemente a los que nacen de su compañera, para que estén sin asechanzas y sin daño. Y mientras nada alegre y fuera de miedo, él no abandona la guardia, sino que a veces va detrás, a veces no, y nada al lado de este costado o de aquel; si teme por alguno de los pequeños, él, abriendo la boca, recibe a la cría; luego, al pasar el miedo, vomita al que se refugió tal como lo recibió, y aquel nada de nuevo.
1.17
La perra marina, al parir, tiene a los cachorros nadando ya y no para después. Si teme por alguno de ellos, se mete de nuevo en la madre por la articulación; luego, al pasar el miedo, sale, como si volviera a nacer.
1.18
Los hombres admiran a las mujeres por ser demasiado amantes de sus hijos; veo que también madres han vivido tras la muerte de sus hijos o hijas, y con el tiempo han obtenido el olvido de la pena al marchitarse el dolor. Pero el delfín hembra es el animal más amante de sus hijos hasta el extremo. Pues pare dos, y cuando un pescador hiere a su hijo con el tridente o lo golpea con el aguijón, el aguijón está perforado por arriba, y tiene atada una cuerda larga, y los ganchos al entrar se aferran a la fiera. Y mientras el delfín herido aún tiene fuerza, el pescador afloja la cuerda, para que no la rompa por la fuerza, y le ocurran dos males, que el delfín se vaya con el aguijón y él mismo se quede sin presa; cuando nota que está cansado y de alguna manera debilitado por la herida, guía la nave silenciosamente junto a él, y tiene la presa. La madre no teme lo ocurrido, ni se detiene por miedo, sino que por una naturaleza inefable sigue el deseo del hijo; y aunque le pongas todos los miedos que quieras, ella no se asusta, no soportando dejar al hijo estando en la matanza, sino que incluso está presente para golpearla de mano; así se enfrenta a los que lanzan, como si se defendiera. Y por esto es capturada junto con el hijo, pudiendo salvarse y marcharse ella. Si tuviera ambas crías, y notara que una ha sido herida y es arrastrada, como dije antes, persigue a la que está entera y la aleja, agitando la cola y mordiendo con la boca, y lanza un soplido, ininteligible, pero, como puede, dando una señal de huida salvadora. Y él se marcha, pero ella permanece hasta que es capturada, y muere junto con el capturado.
1.19
El buey marino nace en el lodo, y es pequeñísimo al nacer, pero llega a ser grandísimo desde pequeñísimo. Y es blanco por debajo del vientre, pero negro terriblemente en el lomo, el rostro y los costados; tiene una boca pequeña, y los dientes, si está cerrada, no los verías; es larguísimo y anchísimo. Se alimenta de muchos peces, pero se deleita sobremanera comiendo carne humana. Sabe de sí mismo que es de poca fuerza, y confía solo en su tamaño. Y por esto, cuando ve a alguien nadando o sufriendo en las cacerías acuáticas, elevándose y arqueándose, nada sobre él, pesado, yaciendo encima y presionando y provocando un miedo, cubriendo todo el cuerpo sobre el desdichado como un techo, impidiéndole salir y respirar. Por tanto, al cortársele el aliento, él, como es natural, muere, y el otro, al caer, tiene como recompensa de su permanencia la cena que más codicia.
1.20
Los demás pájaros cantores tienen buena boca y hablan con la lengua como un hombre; pero las cigarras son las más parlanchinas en la cintura. Y se alimentan de rocío, y desde el amanecer hasta la plaza llena callan, pero al estar el sol en su apogeo, sueltan su propio canto, unos trabajadores como dirías bailarines, cantando sobre la cabeza de los que pasan, de los que usan el camino y de los que siegan. Y este amor por las musas lo dio la naturaleza a los machos; la cigarra hembra es muda, y parece callar como una novia que se avergüenza.
1.21
Dicen los hombres que la diosa Ergane inventó el tejido y el hilado; pero la naturaleza creó a la araña sabia para el tejido. Y no trabaja por imitación, ni toma el hilo de fuera, sino que, sacando los hilos de su propio vientre, luego los convierte en trampas para las aves ligeras, como si extendiera redes. Y a través de lo que teje, habiéndolo tomado del vientre, alimenta a este, trabajando mucho, de modo que ni siquiera las mujeres más hábiles y expertas en elaborar un hilo trabajado pueden compararse; pues ha vencido en finura incluso al cabello.
1.22
Los escritores cantan que los babilonios y caldeos son sabios en los asuntos celestiales; pero las hormigas, sin mirar al cielo ni poder contar los días del mes con los dedos, han obtenido, sin embargo, un don sorprendente de la naturaleza; pues el día de la luna nueva del mes permanecen en casa dentro de su propio techo, sin sobrepasar la abertura, sino permaneciendo quietas.
1.23
La casa para el pez sargo son las rocas y las galerías, que tienen, sin embargo, pequeñas grietas, para que la luz del sol baje y llene de luz estas distancias; pues los sargos se alegran con toda luz, y más aún están sedientos del rayo del sol. Viven muchos en el mismo lugar; sus vidas y costumbres son los bajíos del mar, y se acercan a la tierra muy alegremente. Aman de alguna manera a las cabras fuertemente. Si, pues, cerca de la orilla, mientras pastan, aparece la sombra de una o dos en el mar, ellos nadan alegremente y saltan, como si se alegraran, y desean tocar a las cabras saltando, aunque no son muy saltadores en general; nadando bajo las olas, sin embargo, tienen percepción del olor de las cabras, y por placer se apresuran a salir hacia ellas. Puesto que son amantes locos, son capturados por aquello que desean. Pues un pescador se viste con la piel de una cabra, con los cuernos mismos de la piel desollada; el pescador toma el sol a sus espaldas tramando contra la presa, luego esparce en el mar, bajo el cual viven los mencionados, harina mojada con caldo de cabra. Al ser atraídos los sargos como por un imán por el olor mencionado, se acercan, y comen de la harina, pero son hechizados por la piel. Captura a muchos de ellos con un anzuelo duro y un sedal de lino blanco; no está atado a una caña, sino a una vara de cornejo; pues es necesario sacar al que ha caído muy fácilmente, para que no alborote a los demás. Son cazados también a mano, si alguien baja silenciosamente las espinas, que levantan para defenderse, hacia la parte de abajo desde la cabeza, luego las inclina y, tras presionar, las saca de las rocas, hacia las cuales se empujan para ocultarse.
1.24
La víbora, al enroscarse con la hembra, se une; ella soporta al novio y no daña en nada. Pero cuando están al final de los placeres afrodisíacos, la novia paga al esposo una mala cortesía por la unión; pues al morder su cuello, lo corta con la cabeza misma; y él muere, y ella tiene la unión fructífera y está preñada. No pare huevos, sino crías, y ya son activas según su propia naturaleza, la más malvada. Devoran, pues, el vientre materno, y salen inmediatamente vengando al padre.¿ Qué entonces
1.25
los Orestes y los Alcmeones ante esto, oh amigos trágicos? Si vieras a la hiena este año como macho, la verás el año que viene como hembra; si ahora como hembra, después de esto como macho; participan de ambos afroditas, y se casan y son casados, cambiando de género cada año. Por tanto, este animal demostró que Céneo y Tiresias son antiguos, no con fanfarronadas, sino con los hechos mismos.
1.26
Luchan por las hembras como por mujeres hermosas tanto los machos cabríos contra los machos cabríos como los toros contra los toros y por las ovejas los carneros contra los rivales; también los escarabajos marinos se excitan por las hembras. Se encuentran en los llamados lugares leprosos, y son celosos, y podrías ver una lucha fuerte por las hembras; y la contienda no es por muchas, como para los sargos, sino por la propia compañera, como por una esposa para Menelao contra Paris.
1.27
El pulpo se alimenta con diversos alimentos; pues es terrible para comer y muy astuto para tramar; la causa es que es el más voraz de las fieras marinas. Y la prueba es que, si se quedara sin presa, devora sus propios tentáculos, y tras saciar el vientre, curó la escasez de la captura; luego vuelve a crecer lo que falta, como si la naturaleza le preparara esto listo como cena en el hambre.
1.28
Un caballo arrojado es el origen de las avispas. Pues él se pudre, y de la médula vuelan estas fieras, crías aladas de un animal muy rápido, las avispas del caballo.
1.29
La lechuza es un animal astuto y parecido a las hechiceras. Y captura primero a los cazadores de aves habiendo sido capturada. La llevan, pues, como un juguete o, por Zeus, como un amuleto sobre los hombros. Y de noche vela por ellos y con su voz, como con un encantamiento
1.30
de hechizo esparcido, astuto y atrayente, atrae a las aves y las hace posar cerca de sí; ya incluso de día ofrece otras trampas a las aves, burlándose y girando otra y otra idea de rostro, por las cuales son hechizadas y permanecen mudas todas las aves, capturadas por el miedo y muy fuerte por lo que ella gesticula. La lubina es vencida por el camarón, y sería, para decir algo bromeando, la más glotona de los peces. Por tanto, siendo de pantano, acechan a las de pantano. Pues son de tres tipos por género; unas de ellas como dije antes, otras de algas, y las terceras de roca. Al no poder defenderse, eligen morir juntas. Y no dudaré en decir su artimaña. Pues cuando notan que son tomadas, lo que sobresale de la cabeza' parece el espolón de un trirreme y muy afilado, y además tiene cortes como una sierra', esto, pues, las nobles lo giran sabiamente y saltan y brincan, ligeras y saltadoras. La lubina abre mucho la boca, y tiene las partes del cuello blandas. Por tanto, él, al capturar al camarón cansado, cree que tendrá una cena, pero ella salta en libertad y amplitud de la garganta, como dirías bailando; luego se clavan en el desdichado pescador los aguijones, y se le desgarran las entrañas y, al hincharse, expulsa mucha sangre y se ahoga, y habiendo matado de manera muy novedosa, ha sido destruida.
1.31
Los osos, los lobos, los leopardos y los leones confían en las puntas de sus garras y en los cortes de sus dientes; oigo que el puercoespín no tiene esto, pero no por ello ha sido dejado desprovisto de armas defensivas por la naturaleza. Pues a los que atacan para dañarlo, envía los pelos de arriba como si fueran flechas, y a menudo dispara con puntería, tras erizar el lomo; y aquellos saltan, como si hubieran sido soltados de alguna cuerda.
1.32
Es un mal terrible y una enfermedad salvaje la enemistad y el odio innato, si es que incluso en los irracionales se ha arraigado y es difícil de quitar. La morena, pues, odia al pulpo, y el pulpo es enemigo de la langosta, y para la morena la langosta es lo más odioso. Pues la morena corta con las puntas de los dientes los tentáculos del pulpo, luego incluso al entrar en su vientre hace lo mismo, y con razón; pues ella es nadadora, y él parece un reptil; si se cambiara el color según las rocas, parece que esta artimaña no le sirve de nada; pues ella es terrible para observar la astucia del animal. A las langostas, al capturarlas para ahogarlas, cuando las dejan muertas, les chupan la carne. La langosta, al levantar sus propios cuernos y enfurecerse por ellos, desafía a la morena. Por tanto, ella no piensa en los aguijones del rival, que le han sido puestos delante, y los muerde; él, al extender las pinzas como si fueran manos, aferrándose firmemente a ambos lados del cuello, no las suelta; ella se angustia y se enrosca y se envuelve en las puntas de las conchas, de las cuales, al clavarse en ella, se debilita y se rinde, y al final yace debilitada; y él hace de su rival su cena.
1.33
Los mares alimentan a la morena, el pez. Cuando la red la rodea, nada y busca o un nudo suelto o una rotura de la red muy sabiamente; y al encontrar alguno de estos y escapar, nada libre de nuevo; si una tuviera esta habilidad, también las restantes que han sido capturadas del mismo género salen tras la huida de aquella, como si hubieran tomado un camino de un líder.
1.34
Cuando los hábiles cazadores de sepias se disponen a capturarlas, la sepia, al darse cuenta, libera la secreción que lleva dentro, se cubre con ella, se envuelve y se oculta por completo, engañando así la vista del pescador; y aunque está ante sus ojos, él no la ve. De manera similar, Poseidón, al envolver a Eneas en una nube, engañó a Aquiles, tal como cuenta Homero.
1.35
Incluso los animales irracionales se protegen de los ojos de los malvados y de los hechiceros mediante una naturaleza secreta y maravillosa. Por lo menos, he oído que las palomas torcaces, como remedio contra el mal de ojo, mordisquean ramitas de laurel y luego las colocan en sus nidos por consideración a sus polluelos; los milanos usan el rusco, los aguiluchos la achicoria, las tórtolas el fruto del iris, los cuervos el agnocasto, las abubillas el culantrillo— que algunos llaman también capilera—, la corneja el poleo, la garza el hiedra, el alcaraván la hiel de tierra, la perdiz el follaje de caña y los tordos el brote de mirto. También la alondra utiliza la grama, y las águilas la piedra que, precisamente por ellas, ha sido llamada aetites. Se dice que esta piedra es beneficiosa para las mujeres embarazadas, pues es enemiga de los abortos.
1.36
El pez torpedo, a quienquiera que toque, le transmite su nombre y lo deja entumecido. La rémora detiene a los barcos, y de ahí proviene el nombre con que la llamamos. Cuando el alción está incubando, los mares se calman y los vientos traen paz y amistad. Incuba en pleno invierno y, sin embargo, la serenidad del aire proporciona días apacibles, y por eso llamamos a esos días« días de alción». Si un caballo pisa por casualidad la huella de un lobo, el entumecimiento lo invade. Si se arrojara un astrágalo de lobo a un tiro de cuatro caballos en carrera, estos se detendrían como si estuvieran petrificados al pisar el astrágalo. El león cubre su huella con hojas de encina y queda entumecido; también el lobo, si tan solo se acerca a las hojas de la escila. Por esto las zorras entran en las guaridas de los lobos, y con razón, pues debido a la astucia de estos, saben que son sus peores enemigos.
1.37
Las cigüeñas se defienden muy sabiamente de los murciélagos que dañan sus huevos; pues estos, con solo tocarlos, los vuelven vanos y estériles. Por tanto, el remedio para esto es el siguiente: llevan hojas de plátano a sus nidos; cuando los murciélagos se acercan a ellas, se entumecen y quedan incapacitados para causar daño. La naturaleza también otorgó un don similar a las golondrinas. Las cucarachas dañan sus huevos, así que las madres colocan ramas de apio ante sus crías, y para aquellas, a partir de entonces, el lugar es inaccesible. Si alguien arrojara ruda a los pulpos, permanecen inmóviles, según cuenta una historia. Si tocaras a una serpiente con una caña, tras el primer golpe se queda quieta y, encadenada por el entumecimiento, permanece tranquila; pero si le dieras un segundo o tercer golpe, la reanimarías. También la morena, golpeada una vez con una férula, se queda tranquila; pero si se la golpea más veces, se enfurece. Los pescadores dicen también que los pulpos salen a tierra si se coloca un brote de olivo en la orilla. El antídoto contra todas las fieras era, al parecer, la grasa de elefante, con la cual, si alguien se untara, podría enfrentarse desnudo a las más salvajes y salir ileso.
1.38
El elefante teme al carnero cornudo y al gruñido del cerdo. Así, dicen, los romanos pusieron en fuga a los elefantes que acompañaban a Pirro de Epiro, y la victoria fue brillantemente para los romanos. Este animal es vencido por una mujer hermosa y se paraliza de ira, ensordecido por la belleza. Dicen que en la Alejandría egipcia un elefante se enamoró de una mujer que trenzaba coronas para Aristófanes de Bizancio. El mismo animal ama toda fragancia, cautivado por el olor de perfumes y flores. Si algún ladrón o bandido desea silenciar a perros muy feroces y ponerlos en fuga, dicen que debe tomar un tizón de una pira funeraria y avanzar hacia ellos; ellos se asustarán. He oído también aquel otro relato: si alguien carda y hila lana de lobo y se confecciona una túnica, molesta a quien la viste, pues, según se dice, produce picor. Si alguien quisiera provocar discordia y sedición en un banquete, dicen que, al arrojar en el vino una piedra que haya sido mordida por un perro, molesta a los comensales volviéndolos locos. Si alguien rociara con perfume a los escarabajos, fieras de mal olor, estos no soportan la fragancia y mueren. Así dicen que también los curtidores, acostumbrados a un aire fétido, sienten repugnancia por el perfume. Los egipcios dicen también que todas las serpientes temen a las plumas de ibis.
1.39
Los cazadores de tórtolas, expertos en sus trampas, no suelen fallar en su intento de esta manera: permanecen bailando y cantando con mucha musicalidad; ellas, seducidas por el oído y cautivadas por la vista de la danza, se acercan más. Ellos retroceden silenciosa y lentamente hacia donde, por supuesto, el engaño aguarda a las desdichadas: redes extendidas; entonces caen en ellas y son capturadas, habiendo sido atraídas primero por la danza y el canto.
1.40
El atún es un pez cetáceo no falto de inteligencia para su propia conveniencia, habiendo recibido este don por naturaleza, no por técnica. Cuando se ve atrapado en el anzuelo, se sumerge hasta el fondo, empuja y se golpea contra el suelo, y golpea su boca, deseando expulsar el anzuelo; si esto fuera imposible, ensancha la herida, escupe lo que le molesta y salta fuera. Muchas veces no logra su propósito, y el cazador, al arrastrarlo a la fuerza, obtiene su presa.
1.41
El oblada es el más cobarde de los peces, y los pescadores son testigos de su cobardía. No son capturados con nasas, ni se acercan a ellas; si una red de cerco los rodea alguna vez, son capturados por ignorancia. Cuando el mar está en calma y tranquilo, ellos descansan abajo, cerca de las rocas o las algas, y se cubren con todo lo que pueden, ocultando su cuerpo. Pero si hay mal tiempo, al ver que los demás se sumergen desde el embate de las olas hacia el fondo, ellos cobran valor, se acercan a tierra, nadan junto a las rocas y consideran que la espuma que pasa por encima, cubriéndolos y ocultándolos, es una protección suficiente. Comprenden muy bien, de forma secreta, que en días así o de noche el mar es inaccesible para los pescadores, al estar el mar embravecido y las olas levantándose altas y temibles. Tienen alimento en invierno, pues el oleaje arranca unas cosas de las rocas y arrastra otras desde tierra; las obladas se alimentan de lo más sucio y de lo que ningún otro pez comería fácilmente, a menos que estuviera muy presionado por el hambre. En calma, se mueven solo sobre la arena y allí se alimentan. Cómo son capturados, lo dirá otro.
1.42
El águila es la más aguda de vista de las aves. Homero también lo sabe y da testimonio de ello en la Patroclea, comparando a Menelao con esta ave cuando buscaba a Antíloco para enviar un mensaje a Aquiles, amargo pero necesario, sobre la desgracia de su compañero, a quien envió pero no recibió, aunque él lo deseaba. Se dice que el águila no solo es útil para sí misma, sino que también es buena para los ojos de los hombres. Si alguien, al mezclar su hiel con miel ática, se la aplicara cuando su vista se nubla, verá y tendrá los ojos muy agudos para ver.
1.43
El ruiseñor es la más melodiosa y musical de las aves, y canta en los lugares solitarios de forma más clara y penetrante que cualquier otra. Dicen que su carne es útil contra el insomnio. Son, pues, malvados y terriblemente ignorantes los comensales de tal alimento; y es malvado el don que proviene de tal comida: la huida del sueño, el rey de dioses y hombres, como dice Homero.
1.44
Los graznidos de las grullas anuncian lluvias, según dicen; y el cerebro de las mujeres tiene ciertos filtros para el favor amoroso, si es que los primeros que observaron esto son capaces de probarlo.
1.45
Si alguien quemara plumas de buitre, según he oído, atraerá fácilmente a las serpientes desde sus madrigueras y escondrijos. El pájaro carpintero es llamado así por lo que hace. Tiene un pico curvado, con el que golpea las encinas, y allí, como en un nido, deposita a sus polluelos, sin necesitar en absoluto ramitas ni el tejido y construcción de estas. Por tanto, si alguien, al introducir una piedra, bloqueara la entrada de dicha ave, esta, al comprender la trampa, trae una hierba enemiga para la piedra; esta, como si se sintiera pesada y no pudiera soportarlo, salta fuera, y la querida entrada queda abierta de nuevo para el ave mencionada.
1.46
Los peces que nadan en bancos no son solitarios, ni soportan la soledad y separación de los demás. Les gusta agruparse por edades. Los más jóvenes nadan en escuadrones, y los más maduros, a su vez, juntos; y es cierto el dicho de que« igual se complace con igual», estando presentes con los presentes como compañeros y amigos por las mismas costumbres y actividades. Se las ingenian contra los cazadores de esta manera: cuando un pescador lanza el cebo para ellos, todos lo rodean, se colocan en círculo y se miran unos a otros, como si cada uno diera una señal a los demás de no acercarse ni tocar el cebo lanzado. Y los que están formados para esto permanecen quietos; pero llega un pez de otro banco, traga el anzuelo y recibe como recompensa por su soledad la captura. Y mientras él es arrastrado, los otros ya se sienten seguros de que no serán capturados, y así, despreocupados, son cazados.
1.47
El cuervo se tuesta durante el verano, castigado por la sed, y grita dando testimonio de su castigo, según dicen. Y cuentan esta causa: Apolo lo envía, siendo su servidor, a buscar agua; pero él encuentra un campo de trigo profundo, aunque todavía verde, y se queda hasta que se seca, deseando mordisquear el trigo, y descuidó el encargo. Y por esto, en la época más seca, sediento, paga su castigo. Esto parece un mito, pero que se diga por respeto al dios.
1.48
Dicen que el cuervo es un ave sagrada y seguidora de Apolo. Por esto mismo, los que entienden de aves están de acuerdo en que es bueno para los presagios adivinatorios, y toman augurios de su grito, de su posición, de sus graznidos y de sus vuelos, ya sea hacia la mano izquierda o hacia la derecha. También oigo que los huevos de cuervo tiñen las canas. Y quien quiera teñir su propio cabello debe tener aceite en la boca y mantenerla cerrada; de lo contrario, sus dientes también se teñirán junto con el cabello, siendo difícil de lavar y de quitar.
1.49
Dicen que el abejaruco vuela al revés que todas las demás aves; pues las otras se lanzan hacia adelante y mirando al frente, pero este hacia atrás. Y me maravillo ante la naturaleza de este vuelo tan notable, paradójico y extraño que realiza este animal.
1.50
La morena, cuando se llena de impulso amoroso, sale a tierra y desea la unión de un novio muy malvado; pues entra en la madriguera de una víbora, y ambos se entrelazan. Dicen que también la víbora, cuando está excitada, llega al mar para la cópula, y como un juerguista que llama a la puerta con la flauta, así él, siseando, llama a su amada, y ella sale, uniendo la naturaleza de seres tan distintos en un deseo común y en el mismo lecho.
1.51
Dicen que la columna vertebral de un hombre muerto, al pudrirse, se convierte en serpiente; y la fiera sale y se arrastra, lo más salvaje de lo más manso; y los restos de los hombres buenos y nobles descansan y tienen como premio la paz, al igual que el alma de tales hombres, según lo que cantan y celebran los sabios; pero las columnas vertebrales de los hombres malvados engendran tales cosas incluso después de la vida. O bien todo esto es un mito, o, si se cree que es verdad, el muerto malvado, a mi juicio, recibió como castigo por su carácter el convertirse en padre de una serpiente.
1.52
La golondrina anuncia la llegada de la mejor estación. Es amiga de los hombres y se alegra de vivir bajo el mismo techo que este animal, llega sin ser invitada y, cuando le place y le conviene, se marcha. Los hombres la reciben según la costumbre de la hospitalidad homérica, que ordena amar al que está presente y despedir al que desea irse.
1.53
La cabra tiene una ventaja en la entrada de aire, como dicen los relatos de los pastores. Pues respira tanto por las orejas como por las fosas nasales, y es el más sensible de los animales de pezuña hendida. No sé decir la causa, pero he dicho lo que sé. Si la cabra es una creación de Prometeo, dejo para él el saber qué pretendía al hacer esto.
1.54
Dicen que la mordedura de la víbora y de otras serpientes no carece de remedios. Oigo que algunos son bebidas y otros ungüentos; y los encantamientos suavizaban el veneno aplicado. Oigo que solo la mordedura del áspid es incurable y superior a cualquier auxilio. Es digno de odiar a este animal por la fama que tiene de malvado. Pero aún más impura y peligrosa que esta fiera es la mujer hechicera, como oímos decir de Medea y Circe; pues los venenos de las áspides son obra de una mordedura, pero los de aquellas matan con solo el contacto, según dicen.
1.55
Hay tres géneros de perros marinos. Unos son los más grandes en tamaño y podrían contarse entre los más valientes de los cetáceos; los otros dos géneros son de naturaleza limosa y alcanzan un codo de tamaño. De estos, los moteados podrían llamarse gáleos, y no te equivocarías al llamar centrimas a los otros. Los moteados son más suaves en la piel y más anchos de cabeza; los otros, al ser de piel dura y tener la cabeza terminada en punta, se inclinan hacia el color blanco. Tienen aguijones naturales, uno en la aleta dorsal, por así decirlo, y otro en la cola; los aguijones son duros e indomables, y transmiten algo de veneno. Cada uno de estos pequeños géneros de perros es capturado en el cieno y el lodo, y no está de más contar la captura. Lanzan como cebo un pez blanco al que le han cortado la espina dorsal. Cuando uno es capturado y cae en el anzuelo, todos los que lo ven se lanzan sobre él y lo siguen mientras es arrastrado hacia abajo, sin detenerse hasta el barco, como si se pudiera conjeturar que hacen esto por celos, como si aquel hubiera robado algo de lo que deseaba para sí mismo como alimento; y muchas veces algunos han saltado al barco mismo y han sido capturados voluntariamente.
1.56
El aguijón de la pastinaca marina es irresistible. Pues pinchó y mató al instante, y hasta los pescadores expertos en asuntos marinos se estremecen ante esta arma suya; pues ni otro curará la herida ni la que hirió; pues solo a la lanza de fresno del Pelión, como es natural, le fue dado esto.
1.57
El cerastes es una fiera pequeña. Es una serpiente y tiene dos cuernos sobre la frente, y se parecen a los cuernos del caracol, aunque no son blandos como los de aquellos. Por tanto, son enemigos de los otros libios; pero tienen un pacto con los llamados psilos, quienes ni siquiera sienten las mordeduras y curan fácilmente a los que han caído en tal desgracia. Y el método es: si antes de que todo el cuerpo se inflame llega alguien de allí, llamado o por casualidad, luego enjuaga la boca con agua, lava las manos con otra y da a beber ambas cosas al mordido, este se reanima y queda libre de todo mal a partir de entonces. Circula también un relato libio que dice que un hombre psilo sospecha de su propia esposa y la odia como si fuera adúltera, y además sospecha que el bebé que ella tuvo es bastardo y falso para su propio linaje. Dicen que él realizó una prueba muy concluyente: llenó un cofre de cerastes y metió al bebé, probando al niño como un artesano prueba el oro con el fuego al depositarlo allí. Y ellos se levantaron al instante, se enfurecieron y amenazaron con su maldad innata; pero cuando el niño los tocó, ellos se marchitaron, y desde entonces el libio supo que era padre de una descendencia legítima y no bastarda. Se dice que este género es también enemigo de las otras mordeduras y de las falanges. Y si los libios cuentan estas cosas como prodigios, que sepan que no engañan a nadie más que a sí mismos.
1.58
Los enemigos y adversarios de las abejas serían los llamados carboneros y sus polluelos, las avispas, las golondrinas, las serpientes, las falanges y las comadrejas. Ellas temen a estos, y los apicultores los alejan de ellas quemando incienso de coniza o colocando o extendiendo amapola aún verde ante las colmenas. Estas cosas son enemigas de los otros mencionados, pero la captura de avispas sería la siguiente: hay que colgar una nasa ante el avispero e introducir en ella una membrana fina o un poco de boquerón y, junto con esto, un pez o una calcide; las avispas, atraídas por su glotonería innata, al llamarlas el cebo, caen en masa, y al cerrarse la nasa sobre ellas, ya no pueden salir volando hacia atrás. También los lagartos y los cocodrilos terrestres conspiran contra las abejas; pero también contra estos se ha ideado una destrucción. Pues mezclan harina con eléboro o vierten savia de titímalo o jugo de malva y esparcen la harina ante las colmenas; lo cual trae la muerte a los mencionados al probarla. El dueño de las abejas destruyó fácilmente a los renacuajos al arrojar al estanque hojas de gordolobo o nueces. Las falanges mueren de noche, cuando se coloca una lámpara encendida ante los enjambres y se ponen recipientes llenos de aceite debajo de la lámpara; ellas, al volar hacia la luz, caen en el aceite y mueren; de otra manera no serían capturadas fácilmente. Los carboneros, al probar harina remojada en vino, se marean, luego caen, y al quedar tendidos patalean, y son fáciles de capturar, pues se apresuran a volar pero no pueden ni siquiera levantarse. No matan a la golondrina por respeto a su música, aunque podrían hacerlo fácilmente; les basta con impedir que la golondrina construya su nido cerca de las colmenas. Las abejas sienten aversión por todo mal olor y por el perfume por igual, pues no soportan lo fétido ni acogen el aroma refinado, como si fueran doncellas elegantes y sensatas que detestan lo primero y desprecian lo segundo.
1.59
Ciro, el mayor, según dicen, se enorgullecía de los palacios de Persépolis, que él mismo construyó, y Darío de la construcción de los edificios de Susa; pues también él realizó en Susa aquellas obras celebradas. Ciro el segundo plantó él mismo en Lidia un jardín con sus manos reales, con aquellas túnicas delicadas y aquellas piedras preciosas y muy valiosas, y se vanagloriaba de esto ante otros griegos, y también ante Lisandro el lacedemonio, cuando este vino a ver a Ciro a Lidia. Los escritores cantan sobre esto, pero las construcciones de las abejas, siendo mucho más sabias y artísticas, no recibieron ni un poco de atención; pues aquellos construyeron lo que construyeron causando daño a muchos; pero nada era más encantador que las abejas, ya que nada era más sabio. Pues primero construyen las cámaras de los reyes, y estas tienen amplitud y son superiores; y rodean estas con una cerca, como si fuera un muro y un recinto, dignificando así también la morada real. Se dividen a sí mismas en tres grupos y, por tanto, también sus moradas en otros tantos. Pues las más ancianas están cerca del palacio de los reyes, las más jóvenes viven después de estas, y las que están en la flor de la edad y en su apogeo están más afuera que aquellas, de modo que las más ancianas son las guardianas de los reyes, y las jóvenes la cerca de las más pequeñas.
1.60
Un relato dice que sus reyes no tienen aguijón; otro dice que tienen aguijones muy fuertes, naturales y afilados con gran valentía; pero que nunca los usan contra un hombre ni contra las abejas, sino que han sido formados para el miedo en otro sentido; pues no sería justo que el gobernante y supervisor de tantas hiciera daño. Los expertos en ellas admiten que las demás abejas inclinan sus aguijones ante la vista de sus gobernantes, como si renunciaran a su poder y cedieran. Uno podría asombrarse de ambos aspectos de aquellos reyes: pues si no tienen con qué hacer daño, eso es grande; pero si, pudiendo hacer daño, no lo hacen, esto es mucho mejor.

Intertext edge

Open linked passage

Note