Against Ctesiphon
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Veis, ciudadanos atenienses, los preparativos y el despliegue que se ha realizado, así como las súplicas en el ágora que algunos han utilizado para evitar que en la ciudad ocurran las cosas moderadas y habituales; yo, en cambio, he venido confiando primero en los dioses, luego en las leyes y en vosotros, considerando que ningún preparativo tiene más fuerza entre vosotros que las leyes y la justicia.
2
Deseaba, pues, ciudadanos atenienses, que tanto el Consejo de los Quinientos como las asambleas fueran administrados correctamente por quienes están al frente, y que las leyes que Solón legisló sobre la buena conducta de los oradores tuvieran vigencia, para que fuera posible, primero, que el más anciano de los ciudadanos, tal como ordenan las leyes, subiera a la tribuna con sensatez y, sin alboroto ni confusión, aconsejara por experiencia lo mejor para la ciudad, y segundo, que también cualquier otro ciudadano que lo deseara, según su edad, pudiera expresar su opinión por separado y por turno; pues así me parece que la ciudad se administraría de la mejor manera y que los juicios serían mínimos.
3
Pero puesto que todo lo que antes se aceptaba como correcto ha sido ahora destruido, y algunos proponen fácilmente mociones ilegales, y otros las aprueban, no habiendo obtenido la presidencia por el procedimiento más justo, sino sentándose por preparación previa, y si alguno de los otros consejeros obtiene realmente la presidencia por sorteo y anuncia correctamente vuestras votaciones, estos, que ya no consideran la política como algo común, sino como algo propio, amenazan con denunciarlo, esclavizando a los ciudadanos particulares y procurándose para sí mismos un poder absoluto,
4
y han destruido los juicios basados en las leyes, y juzgan los basados en los decretos con ira, y ha sido silenciado el pregón más hermoso y sensato de los que hay en la ciudad:¿ quién de los mayores de cincuenta años desea hablar? y, a su vez, por turno, los demás atenienses. Pero de la falta de orden de los oradores ya no pueden controlarla ni los pritanos, ni los presidentes, ni la tribu que preside, la décima parte de la ciudad.
5
Estando así las cosas, y siendo las circunstancias de la ciudad tales como vosotros suponéis que son, queda una parte de la política, si es que yo también acierto a conocerla: las acusaciones de ilegalidad. Pero si también destruís estas o permitís a quienes las destruyen, os prevengo que, sin daros cuenta, poco a poco iréis cediendo la política a algunos.
6
Pues sabed bien, ciudadanos atenienses, que hay tres formas de gobierno entre todos los hombres: tiranía, oligarquía y democracia; las tiranías y oligarquías se administran según el carácter de quienes están al frente, mientras que las ciudades democráticas se administran según las leyes establecidas. Que nadie de vosotros ignore esto, sino que cada uno sepa claramente que, cuando entra en un tribunal para juzgar una acusación de ilegalidad, en ese día va a emitir su voto sobre su propia libertad de expresión. Por eso el legislador estableció esto primero en el juramento de los jueces: votaré conforme a las leyes, sabiendo bien que, si las leyes se mantienen en la ciudad, también se salva la democracia.
7
Cosas que debéis recordar para odiar a quienes proponen ilegalidades, y no considerar pequeño ninguno de tales delitos, sino cada uno de ellos inmenso, y no permitir que ningún hombre os arrebate este derecho vuestro, ni las defensas de los estrategas, que desde hace mucho tiempo, colaborando con algunos de los oradores, corrompen la política, ni las súplicas de los extranjeros, a quienes algunos hacen subir para escapar de los tribunales, practicando una política ilegal; sino que, así como cada uno de vosotros se avergonzaría de abandonar el puesto que se le asigne en la guerra, así también ahora avergonzaos de abandonar el puesto que se os ha asignado por las leyes como guardianes de la democracia en este día.
8
Y también debéis recordar que ahora todos los ciudadanos, habiéndoos confiado la ciudad y habiendo depositado su fe en la política, unos están presentes y escuchan este juicio, y otros se van a sus propios asuntos; a quienes, avergonzándoos, y recordando los juramentos que hicisteis y las leyes, si demuestro que Ctesifonte ha escrito cosas ilegales, falsas y perjudiciales para la ciudad, anulad, ciudadanos atenienses, las mociones ilegales, confirmad la democracia para la ciudad, castigad a los que actúan contra las leyes y contra vuestro interés. Y si escucháis los discursos que van a decirse con esta intención, sé bien que votaréis cosas justas, conformes a vuestro juramento y beneficiosas para vosotros mismos y para toda la ciudad.
9
Sobre la acusación general, espero haber hablado moderadamente; pero sobre las leyes mismas que existen acerca de los responsables, contra las cuales Ctesifonte ha escrito el decreto, quiero hablar brevemente. Pues en tiempos anteriores, algunos magistrados que administraban las magistraturas más importantes y los ingresos, y que aceptaban sobornos en cada uno de estos asuntos, reclutando a los oradores del consejo y a los del pueblo, se anticipaban desde lejos a las rendiciones de cuentas con elogios y pregones, de modo que en las rendiciones de cuentas los acusadores llegaban a la mayor perplejidad, y mucho más aún los jueces.
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Pues muchos de los responsables, siendo sorprendidos en flagrante delito de robo de fondos públicos, escapaban de los tribunales, y con razón; pues los jueces se avergonzaban, creo, de que el mismo hombre apareciera en la misma ciudad, hace poco siendo proclamado en los certámenes que es coronado por el pueblo con una corona de oro por su virtud y justicia, y el mismo hombre, poco después, sale del tribunal habiendo sido condenado por robo; de modo que los jueces se veían obligados a emitir su voto, no sobre el delito presente,
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sino por la vergüenza del pueblo. Al observar esto, un legislador establece una ley, y muy buena, que prohíbe expresamente coronar a los responsables. Y habiendo el legislador prevenido esto tan bien, se han encontrado argumentos mejores que las leyes, los cuales, si alguien no os los dice, os engañarán sin que os deis cuenta. Pues de aquellos que coronan a los responsables contra las leyes, algunos son moderados por naturaleza, si es que alguien que propone ilegalidades es moderado, pero al menos presentan algo ante la vergüenza. Pues añaden a los decretos que se corone al responsable cuando haya dado cuenta y rendido cuentas de su magistratura.
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Y la ciudad es perjudicada con el mismo delito; pues las rendiciones de cuentas son anticipadas con elogios y coronas; y el que escribe el decreto demuestra a los oyentes que ha escrito cosas ilegales, pero que se avergüenza de lo que ha cometido. Ctesifonte, en cambio, ciudadanos atenienses, habiendo saltado por encima de la ley establecida sobre los responsables, y habiendo eliminado la excusa que os dije hace poco, ha escrito que se corone a Demóstenes mientras es magistrado, antes de que haya dado cuenta y rendido cuentas.
13
Dirán, ciudadanos atenienses, también otro argumento contrario al que acabo de decir, que, en efecto, todo lo que alguien hace siendo elegido según un decreto, no es una magistratura, sino una supervisión y un servicio; y dirán que las magistraturas son aquellas que los tesmotetas sortean en el Teseo, y aquellas que el pueblo elige en las elecciones, estrategas e hiparcos y las magistraturas junto con estas, y que todo lo demás son gestiones ordenadas según un decreto.
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Yo, frente a los argumentos de estos, presentaré vuestra ley, que vosotros legislasteis pensando que resolveríais tales excusas, en la cual está escrito expresamente: las magistraturas elegidas, dice, abarcándolas todas con un solo nombre, y llamando magistraturas a todas las que el pueblo elige, y a los supervisores, dice, de las obras públicas; y Demóstenes es constructor de muros, supervisor de la mayor de las obras; y a todos los que gestionan algo de la ciudad más de treinta días, y a todos los que obtienen jefaturas de tribunales; y todos los supervisores de obras utilizan la jefatura de tribunal.
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¿ Qué ordena hacer a estos? No servir, sino ejercer la magistratura tras haber sido examinados en el tribunal, puesto que también las magistraturas sorteadas no son sin examen, sino que ejercen la magistratura tras haber sido examinadas, y registrar cuentas ante el secretario y los logistas, tal como las otras magistraturas. Y para que veáis que digo la verdad, os leerá las leyes mismas.
16
Leyes. Cuando, pues, ciudadanos atenienses, estas que el legislador llama magistraturas, estos las llaman gestiones y supervisiones, es vuestro deber recordar y oponer la ley a la desvergüenza de estos, y sugerirles que no aceptáis a un sofista malvado que cree que con palabras va a destruir las leyes, sino que cuanto mejor hable alguien habiendo escrito ilegalidades, tanto mayor ira obtendrá. Pues es necesario, ciudadanos atenienses, que el orador y la ley digan lo mismo; pero cuando la ley emite una voz y el orador otra, se debe dar el voto a la justicia de la ley, no a la desfachatez del que habla.
17
Y frente al argumento ineludible que dice Demóstenes, quiero decir algo de antemano. Pues este dirá: soy constructor de muros; lo admito; pero he donado a la ciudad cien minas, y he realizado la obra mayor;¿ de qué soy responsable, pues? A menos que haya una rendición de cuentas por benevolencia. Frente a esta excusa, escuchadme decir cosas justas y beneficiosas para vosotros. Pues en esta ciudad, siendo tan antigua y de tal magnitud, nadie es irresponsable de los que se han acercado de cualquier modo a los asuntos públicos.
18
Y os enseñaré primero con los casos paradójicos. Por ejemplo, la ley ordena que los sacerdotes y las sacerdotisas sean responsables, y en resumen todos, tanto colectivamente como cada uno por separado, los que solo reciben las primicias y los que rezan las oraciones por vosotros a los dioses, y no solo individualmente, sino también los linajes en común, los Eumólpidas y los Cérices y todos los demás.
19
De nuevo, la ley ordena que los trierarcas sean responsables, no los que han gestionado los asuntos públicos, ni los que sustraen mucho de vuestros ingresos y depositan poco, ni los que dicen donar, pero os devuelven lo vuestro, sino los que, confesadamente, han gastado sus patrimonios heredados en la ambición hacia vosotros. Por tanto, no solo los trierarcas, sino también las más importantes de las asambleas de la ciudad caen bajo el voto de los tribunales.
20
Pues primero, la ley ordena que el Consejo del Areópago registre ante los logistas para dar cuenta y rendir cuentas, y lleva bajo vuestro voto a aquel consejo severo y soberano de los asuntos más importantes.¿ Acaso no será coronado el Consejo del Areópago? Pues tampoco es tradicional para ellos.¿ Acaso no tienen ambición? Muchísima, pero no se complacen si alguien no comete injusticias ante ellos, sino que, si alguien comete un error, lo castigan; mientras que vuestros oradores se dan lujos. De nuevo, el legislador ha hecho responsable al Consejo de los Quinientos.
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Y desconfía tan fuertemente de los responsables que, al comenzar las leyes, dice: que el magistrado responsable no salga al extranjero;¡ por Heracles!, alguien podría suponer:¿ que porque ejercí una magistratura no saldré al extranjero? Para que no, habiendo tomado fondos de la ciudad o realizado acciones, recurra a la huida. De nuevo, no permite que el responsable consagre su patrimonio, ni que dedique una ofrenda, ni que sea adoptado, ni que disponga de sus bienes, ni muchas otras cosas; en una palabra, el legislador embarga los patrimonios de los responsables hasta que rindan cuentas a la ciudad.
22
Sí, pero hay un hombre que ni ha tomado nada de los asuntos públicos ni ha gastado, pero se ha acercado a algo de los asuntos comunes. Y a este también le ordena presentar cuentas ante los logistas.¿ Y cómo el que no ha tomado nada ni ha gastado presentará cuentas a la ciudad? La ley misma sugiere y enseña lo que hay que escribir; pues ordena escribir precisamente esto: que ni tomé nada de los asuntos de la ciudad ni gasté. Y no hay nada irresponsable, ni ininvestigable, ni inescrutable de lo que hay en la ciudad. Y para que veáis que digo la verdad, escuchad a las leyes mismas.
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Leyes. Cuando, pues, Demóstenes se muestre muy audaz, diciendo que por la donación no es responsable, sugeridle esto:¿ Acaso no debías, Demóstenes, dejar que el pregonero de los logistas proclamara este pregón tradicional y legal:¿ quién desea acusar? Deja que te dispute el que quiera de los ciudadanos, que no donaste, sino que de los muchos que tienes depositaste poco para la construcción de los muros, habiendo tomado diez talentos para esto de la ciudad. No arrebates la ambición, ni quites los votos de las manos de los jueces, ni actúes en política antes que las leyes, sino después. Pues esto endereza la democracia.
24
Sobre las excusas vacías que estos ponen, hasta aquí baste lo dicho; pero que Demóstenes era realmente responsable cuando este presentó el decreto, siendo magistrado de la magistratura del fondo teórico, y magistrado de la de los constructores de muros, y sin haber rendido cuentas ni dado cuenta de ninguna de estas magistraturas, esto intentaré enseñaros a partir de los documentos públicos. Y léeme,¿ bajo qué arconte y en qué mes y en qué día y en qué asamblea fue elegido Demóstenes para la magistratura del fondo teórico? Cálculo de los días. Por tanto, si no mostrara nada más, Ctesifonte sería justamente condenado; pues no lo condena mi acusación, sino los documentos públicos.
25
Antiguamente, pues, ciudadanos atenienses, había un contrarregistrador elegido para la ciudad, que en cada pritanía rendía cuentas de los ingresos al pueblo; pero debido a la confianza que teníais en Eubulo, los elegidos para el fondo teórico ejercían, antes de que existiera la ley de Hegemón, la magistratura del contrarregistrador, y ejercían la de los receptores, y ejercían la de los astilleros, y construían el arsenal, y eran también constructores de caminos, y tenían casi toda la administración de la ciudad.
26
Y no lo digo acusándolos ni criticándolos, sino queriendo mostraros esto: que el legislador, si alguien es responsable de una sola magistratura, la más pequeña, no permite que sea coronado hasta que dé cuenta y rinda cuentas, mientras que Ctesifonte no dudó en escribir que se corone a Demóstenes, que ejercía en conjunto todas las magistraturas en Atenas.
27
Que, pues, ejercía también la magistratura de los constructores de muros cuando este escribió el decreto, y gestionaba los fondos públicos, y imponía multas, tal como los otros magistrados, y obtenía jefaturas de tribunales, os presentaré al mismo Demóstenes como testigo de esto. Pues bajo el arcontado de Querondas, el segundo día antes de fin del mes Targelión, habiendo asamblea, Demóstenes escribió que se hiciera una reunión de las tribus el segundo y tercer día del mes Esciroforión, y ordenó en el decreto que cada una de las tribus eligiera a los que supervisarían las obras en los muros y a los tesoreros, y muy correctamente, para que la ciudad tuviera cuerpos responsables de quienes iba a recibir cuentas de los gastos. Y léeme el decreto.
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Decreto. Sí, pero entrelaza contra esto inmediatamente diciendo que no fue sorteado como constructor de muros ni elegido por el pueblo. Y sobre esto Demóstenes y Ctesifonte harán un largo discurso; pero la ley es breve y clara y resuelve rápidamente las artimañas de estos. Pero quiero deciros algo pequeño sobre esto primero.
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Pues hay, ciudadanos atenienses, tres tipos de magistraturas, de las cuales una, y la más evidente para todos, son los magistrados sorteados y los elegidos, la segunda son todos los que gestionan algo de la ciudad más de treinta días y los supervisores de las obras públicas, la tercera está escrita en la ley, y si otros obtienen jefaturas de tribunales, también estos ejercen la magistratura tras haber sido examinados.
30
Y cuando alguien quita a los elegidos por el pueblo y a los magistrados sorteados, quedan los que las tribus y las trittyes y los demos eligen de entre sí mismos para gestionar los fondos públicos. Y esto ocurre cuando, como ahora, se ordena algo a las tribus, o excavar fosos o construir trirremes. Y para que veáis que digo la verdad, lo aprenderéis de las leyes mismas.
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Leyes. Recordad, pues, los argumentos dichos anteriormente, que el legislador ordena que los de las tribus ejerzan la magistratura tras haber sido examinados en el tribunal, y la tribu Pandiónida designó a Demóstenes como magistrado y constructor de muros, quien de la administración tiene para esto poco menos de diez talentos, y otra ley prohíbe coronar a un magistrado responsable, y vosotros habéis jurado votar conforme a las leyes, y el orador ha escrito que se corone al responsable, sin añadir cuando dé cuenta y rinda cuentas, y yo demuestro la ilegalidad presentando como testigos a la vez las leyes y los decretos y a los adversarios.¿ Cómo, pues, alguien podría demostrar más claramente a un hombre que ha escrito ilegalidades?
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Que, pues, también ordena que la proclamación de la corona ocurra ilegalmente en el decreto, también esto os lo enseñaré. Pues la ley ordena expresamente que, si el consejo corona a alguien, sea proclamado en el consejo, y si el pueblo, en la asamblea, y en ningún otro lugar. Y léeme la ley.
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Ley. Esta ley, ciudadanos atenienses, es muy buena. Pues no creo que el legislador pensara que el orador debía enorgullecerse ante los de fuera, sino contentarse con ser honrado en la propia ciudad por el pueblo, y no hacer negocio con los pregones. El legislador, pues, así;¿ y Ctesifonte cómo? Lee el decreto.
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Decreto. Escucháis, ciudadanos atenienses, que el legislador ordena proclamar en el pueblo, en la asamblea de la Pnyx, al que es coronado por el pueblo, y en ningún otro lugar, mientras que Ctesifonte en el teatro, no solo transgrediendo las leyes, sino también trasladando el lugar, no estando los atenienses en asamblea, sino habiendo tragedias, y no ante el pueblo, sino ante los griegos, para que sepan qué clase de hombre honramos.
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Habiendo escrito, pues, tan claramente ilegalidades, habiéndose alineado con Demóstenes, aplicará artimañas a las leyes; las cuales yo revelaré y diré de antemano, para que no seáis engañados sin daros cuenta. Pues estos, que las leyes no prohíben proclamar al coronado por el pueblo fuera de la asamblea, no podrán decirlo, sino que traerán a la defensa la ley dionisíaca, y utilizarán una parte de la ley robando vuestra atención,
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y presentarán una ley que no tiene nada que ver con esta acusación, y dirán que hay dos leyes establecidas en la ciudad sobre los pregones, una, la que yo presento ahora, que prohíbe expresamente que el coronado por el pueblo sea proclamado fuera de la asamblea, y dirán que hay otra ley contraria a esta, la que ha dado autoridad para realizar la proclamación de la corona a los actores en el teatro, si el pueblo lo decreta; según esta ley dirán que ha escrito Ctesifonte.
37
Yo, frente a las artimañas de estos, presentaré como defensores a vuestras leyes, lo cual sigo esforzándome durante toda la acusación. Pues si esto es verdad, y tal costumbre se ha infiltrado en vuestra política, de modo que leyes inválidas estén registradas entre las válidas, y dos sobre un mismo asunto contrarias entre sí,¿ qué podría decir alguien que es esta política, en la que las leyes ordenan hacer y no hacer las mismas cosas?
38
Pero las cosas no son así; que vosotros nunca lleguéis a tal desorden de las leyes, ni el legislador que estableció la democracia ha descuidado tales cosas, sino que se ha ordenado expresamente a los tesmotetas que cada año corrijan las leyes en el pueblo, examinando y considerando cuidadosamente si alguna ley está registrada contraria a otra ley, o es inválida entre las válidas, o si hay leyes registradas más de una sobre cada asunto.
39
Y si encuentran algo así, ordena que lo registren en tablillas y lo expongan ante los epónimos, y que los pritanos convoquen una asamblea habiéndola inscrito para los legisladores, y que el supervisor de los presidentes dé votación para eliminar unas leyes y dejar otras, para que haya una sola ley y no más sobre cada asunto. Y léeme las leyes.
40
Leyes. Si, pues, ciudadanos atenienses, fuera verdadero el argumento de estos, y hubiera dos leyes establecidas sobre los pregones, por necesidad, creo, habiendo encontrado los tesmotetas, y habiendo entregado los pritanos a los legisladores, habría sido eliminada una de las leyes, o la que dio autoridad para proclamar o la que prohíbe; puesto que nada de esto ha ocurrido, claramente, supongo, se demuestra que no solo dicen falsedades, sino también cosas totalmente imposibles de ocurrir.
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Y de dónde sacan esta falsedad, os lo enseñaré, diciendo de antemano por qué se establecieron las leyes sobre los pregones en el teatro. Pues cuando se celebraban las tragedias en la ciudad, algunos proclamaban, sin haber convencido al pueblo, unos que son coronados por los miembros de su tribu, otros que por los miembros de su demo; y otros, habiendo hecho pregonar a sus propios sirvientes, los liberaban, haciendo testigos a los griegos.
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Y lo que era más odioso, algunos, habiendo obtenido la proxenia en las ciudades de fuera, lograban que se proclamara que el pueblo los corona, si así sucediera, el de los rodios o quios o de alguna otra ciudad, por virtud y nobleza. Y hacían esto, no como los coronados por vuestro consejo o por el pueblo, habiéndoos convencido y con un decreto, habiendo depositado mucha gratitud, sino ellos mismos eligiéndolo, sin decreto vuestro.
43
Y de este modo sucedía que los espectadores y los coregos y los competidores eran molestados, y los proclamados en el teatro eran honrados con mayores honores que los coronados por el pueblo. Pues a unos se les había designado como lugar la asamblea, en la que debían ser coronados, y se les había prohibido ser proclamados en otro lugar; mientras que los otros eran proclamados ante todos los griegos; y aquellos con decreto, habiéndoos convencido, y estos sin decreto.
44
Al observar esto, un legislador establece una ley que no tiene nada que ver con la ley sobre los coronados por el pueblo, ni habiendo anulado aquella; pues la asamblea no era molestada, sino el teatro; ni estableciéndola contraria a las leyes establecidas anteriormente; pues no es posible; sino sobre los coronados sin decreto vuestro por los miembros de la tribu y del demo, y sobre los que liberan a los sirvientes, y sobre las coronas extranjeras, y prohíbe expresamente ni liberar a un sirviente en el teatro, ni ser proclamado coronado por los miembros de la tribu o del demo, ni por otro, dice, ninguno, o que el pregonero sea infame.
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Cuando, pues, designe el consejo para los coronados por el consejo, y la asamblea para los del pueblo, y prohíba a los actores proclamar a los coronados por los miembros del demo y de la tribu, para que nadie, reuniendo coronas y pregones falsos, obtenga ambición, y prohíba además en la ley que sea proclamado por ningún otro, estando ausentes el consejo y el pueblo y los miembros de la tribu y del demo,— cuando alguien quita esto,¿ qué es lo que queda excepto las coronas extranjeras?
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Y que digo la verdad, os mostraré una gran señal de esto a partir de las leyes mismas. Pues la ley ordena que la corona de oro misma, la que sea proclamada en el teatro en la ciudad, sea sagrada de Atenea, quitándosela al coronado. Y sin embargo,¿ quién de vosotros se atrevería a condenar tal falta de libertad del pueblo de los atenienses? Pues no ya una ciudad, sino ni siquiera un particular sería tan innoble como para que a quien él mismo dio una corona, a la vez la proclame y se la quite. Pero creo que debido a que la corona es extranjera también ocurre la consagración, para que nadie, valorando más una benevolencia ajena que la de la patria, sea peor en su alma.
47
Pero nadie consagra aquella corona proclamada en la asamblea, sino que es posible poseerla, para que no solo él, sino también los suyos, teniendo en casa el recuerdo, nunca sean malos en su alma hacia el pueblo. Y por esto el legislador añadió que no se proclame la corona ajena en el teatro, a menos que el pueblo lo decrete, para que la ciudad que quiera coronar a alguno de los vuestros, habiendo enviado embajadores, suplique al pueblo, y el proclamado tenga mayor gratitud hacia los que os coronan, porque permitisteis proclamar. Y para que veáis que digo la verdad, escuchad a las leyes mismas.
48
Leyes. Cuando, pues, engañándoos digan que está añadido en la ley que es posible coronar, si el pueblo lo decreta, recordad sugerirles: sí, si otra ciudad te corona; pero si el pueblo de los atenienses, se te ha designado el lugar donde debe ocurrir esto, se te ha prohibido no ser proclamado fuera de la asamblea. Pues lo que significa en ningún otro lugar, dilo durante todo el día; pues no demostrarás que ha escrito cosas legales.
49
Y me queda una parte de la acusación en la que me esfuerzo más; y esto es la excusa por la que considera digno ser coronado. Pues dice así en el decreto: y que el pregonero proclame en el teatro ante los griegos que el pueblo de los atenienses lo corona por virtud y nobleza, y lo más importante: que continúa diciendo y haciendo lo mejor para el pueblo.
50
El discurso que sigue se vuelve, pues, totalmente sencillo para nosotros, y fácil de juzgar para vosotros al escucharlo; pues es necesario, supongo, que yo, el acusador, os demuestre esto, que los elogios contra Demóstenes son falsos, y que ni comenzó a decir lo mejor, ni ahora continúa haciendo lo beneficioso para el pueblo. Y si demuestro esto, Ctesifonte será justamente condenado por la acusación; pues todas las leyes prohíben escribir documentos falsos en los decretos públicos. Y al que se defiende le corresponde demostrar lo contrario de esto. Y vosotros seréis para nosotros jueces de los discursos.
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Y es así. Considero que examinar la vida privada de Demóstenes es tarea de un discurso más largo. Pues,¿ qué necesidad hay ahora de decir esto, o lo que le sucedió sobre la acusación de heridas, cuando acusó ante el Areópago a Demómeles de Peania, siendo primo suyo, y la mutilación de la cabeza; o lo que ocurrió sobre la estrategia de Cefisodoto y la salida de las naves hacia el Helesponto,
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cuando Demóstenes, siendo uno de los trierarcas, y llevando al estratega en la nave, y comiendo juntos y sacrificando juntos y libando juntos, habiendo sido considerado digno de esto por ser amigo de su padre, no dudó en convertirse en acusador a partir de una denuncia suya cuando era juzgado por pena de muerte; y estas cosas sobre Midias y los puñetazos que recibió en la orquesta siendo corego, y cómo vendió a la vez la injuria contra sí mismo y la condena del pueblo, que condenó en el teatro de Dioniso a Midias.
53
Estas cosas, pues, creo que las pasaré por alto, junto con las demás similares a estas, no traicionándoos ni regalando el juicio, sino temiendo esto, que me ocurra por vuestra parte el parecer que digo cosas verdaderas, pero antiguas y demasiado aceptadas. Y sin embargo, Ctesifonte, para quien las mayores vergüenzas son tan creíbles y conocidas por los oyentes, de modo que el acusador no parece decir cosas falsas, sino antiguas y demasiado preaceptadas,¿ debe él mismo ser coronado con una corona de oro, o ser censurado?¿ Y tú, que te atreves a escribir cosas falsas e ilegales, debes despreciar los tribunales, o dar cuenta a la ciudad?
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Sobre los delitos públicos intentaré hablar más claramente. Pues me entero de que Demóstenes va a enumerar ante vosotros, cuando se les conceda el discurso, que ya han ocurrido cuatro momentos para la ciudad en los que él mismo ha participado en la política. De los cuales uno, y el primero, según oigo, cataloga aquel tiempo en el que luchábamos contra Filipo por Anfípolis; y delimita esto con la paz y alianza que se produjo, que escribió Filócrates de Agnus y él mismo con aquel, como demostraré.
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En segundo lugar, dice que hubo un periodo, el tiempo en que mantuvimos la paz, evidentemente hasta aquel día en que, tras romper la paz existente para la ciudad, este mismo orador propuso la guerra; en tercer lugar, el tiempo en que estuvimos en guerra hasta los sucesos de Queronea; y en cuarto lugar, el tiempo presente. Tras enumerar esto, según oigo, pretende llamarme y preguntarme de cuál de estos cuatro periodos suyos le acuso, y cuándo digo que no ha gobernado de la mejor manera para el pueblo; y si no quiero responder, sino que me cubro y huyo, dice que se acercará, me descubrirá, me llevará a la tribuna y me obligará a responder.
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Para que, pues, ni él se obstine, ni vosotros lo sepáis de antemano, ni yo tenga que responder, ante ti, Demóstenes, ante los jueces y ante los demás ciudadanos que están aquí de pie, y ante los griegos a quienes les ha interesado escuchar este juicio— y veo que no hay pocos presentes, sino tantos como nadie recuerda que hayan asistido jamás a un proceso público—, respondo que te acuso de todos y cada uno de los cuatro periodos que divides,
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y si los dioses quieren y los jueces nos escuchan con imparcialidad, y yo soy capaz de recordar lo que sé de ti, espero ciertamente demostrar a los jueces que los dioses han sido los causantes de la salvación de la ciudad, junto con aquellos que han tratado los asuntos de la ciudad con humanidad y moderación, mientras que Demóstenes ha sido el causante de todas las desgracias. Y utilizaré este orden en el discurso que me entero de que él pretende seguir: hablaré primero del primer periodo, segundo del segundo, tercero del siguiente y cuarto de los asuntos establecidos ahora. Y, en efecto, me remonto a la paz que tú y Filócrates propusisteis.
58
Pues os habría sido posible, atenienses, haber hecho aquella paz anterior con un congreso común de los griegos, si algunos os hubieran dejado esperar a las embajadas que habíais enviado en aquel tiempo por toda Grecia, convocando a los griegos contra Filipo, y, con el paso del tiempo, recuperar la hegemonía con el consentimiento de los griegos; y de esto fuisteis privados por culpa de Demóstenes y Filócrates y de los sobornos que aceptaron al confabularse contra vuestro pueblo.
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Y si a alguno de vosotros, al oírlo de repente, le ha parecido un discurso poco creíble, haced la escucha restante de esta manera. Igual que cuando nos sentamos a hacer cuentas sobre gastos realizados hace mucho tiempo, llegamos, sin duda, a veces con ideas falsas desde casa; pero, sin embargo, cuando el cálculo se resume, no hay nadie tan difícil de carácter que no se marche admitiendo que es verdad lo que el cálculo determine;
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así también ahora haced la escucha. Si alguno de vosotros viene de casa con la idea, desde los tiempos anteriores, de que Demóstenes nunca ha hablado a favor de Filipo confabulado con Filócrates— quien esté así predispuesto, que no desespere ni condene nada antes de escuchar; pues no es justo. Pero si, mientras yo recuerdo brevemente los periodos y presento los decretos que Demóstenes propuso junto con Filócrates, el propio cálculo de la verdad descubre que Demóstenes ha propuesto más decretos que Filócrates sobre la paz y la alianza iniciales,
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y que ha adulado exageradamente a Filipo y a sus embajadores, y que ha sido el causante de que el pueblo no hiciera la paz con un congreso común de los griegos, y que ha entregado a Filipo a Cersobleptes, rey de Tracia, hombre amigo y aliado de la ciudad— si os demuestro esto claramente, os pediré un favor moderado: asentid conmigo, por los dioses, que no ha gobernado bien el primero de los cuatro periodos. Y diré desde dónde podréis seguirlo mejor.
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Filócrates propuso que fuera lícito para Filipo enviar aquí un heraldo y embajadores para tratar la paz. Este decreto fue denunciado como ilegal. Llegaron los tiempos del juicio; acusaba Licino, el que presentó la denuncia, se defendía Filócrates, y Demóstenes se defendía junto con él; Filócrates fue absuelto; después de esto, Temístocles era arconte; entonces entra Demóstenes como consejero, no por sorteo ni por elección, sino comprado por preparación, para decir y hacer todo en favor de Filócrates, como el propio hecho lo demostró.
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Pues Filócrates hace aprobar otro decreto, en el que ordena elegir diez embajadores, quienes, al llegar ante Filipo, le pedirán que envíe aquí embajadores con plenos poderes para tratar la paz. Uno de ellos era Demóstenes. Y al regresar de allí, era un alabador de la paz, y anunciaba lo mismo que los otros embajadores, y fue el único de los consejeros que propuso pactar con el heraldo de Filipo y con los embajadores, escribiendo cosas coherentes con Filócrates; pues uno dio la autorización para que se enviaran aquí un heraldo y embajadores, y el otro pacta con la embajada.
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Y en lo que sigue, prestadme mucha atención. Pues no se actuaba ante los otros embajadores, los que fueron calumniados muchas veces después por un cambio de actitud de Demóstenes, sino ante Filócrates y Demóstenes, como era natural, los que a la vez eran embajadores y redactaban los decretos, primero para que no esperarais a los embajadores que habíais enviado a convocar a los griegos contra Filipo, para que no hicierais la paz con los griegos, sino por vuestra cuenta;
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segundo, para que no solo votarais la paz, sino también una alianza con Filipo, para que, si algunos prestaban atención a vuestra multitud, cayeran en el mayor desánimo al ver que vosotros mismos convocabais a la guerra, pero en casa habíais votado hacer no solo la paz, sino también una alianza; tercero, para que Cersobleptes, el rey de Tracia, no estuviera bajo juramento, ni participara de la alianza y de la paz. Y ya se estaba anunciando una expedición contra él.
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Y esto, el que compraba no cometía injusticia, pues antes de los juramentos y de los tratados no era censurable para él hacer lo que le convenía, pero los que vendieron y compartieron los bienes de la ciudad eran dignos de gran ira. Pues el que ahora dice ser un odiador de Alejandro, y entonces era un odiador de Filipo, Demóstenes, el que me reprocha la hospitalidad de Alejandro, escribe un decreto, arrebatando los tiempos de la ciudad,
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de convocar una asamblea los prítanes el ocho del mes de Elafebolión, cuando era el sacrificio a Asclepio y el proagón, en el día sagrado, lo cual nadie recuerda que haya sucedido antes,¿ qué pretexto puso? Para que, dice, si ya están presentes los embajadores de Filipo, el pueblo delibere lo más rápido posible sobre los asuntos con Filipo, adelantándose a la asamblea ante los embajadores que aún no estaban presentes, y recortando vuestros tiempos y apresurando el asunto, para que no hicierais la paz junto con los otros griegos, cuando regresaran vuestros embajadores, sino solos.
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Después de esto, atenienses, llegaron los embajadores de Filipo; los vuestros estaban ausentes, convocando a los griegos contra Filipo. Entonces Demóstenes hace aprobar otro decreto, en el que escribe que se delibere no solo sobre la paz, sino también sobre la alianza, sin esperar a vuestros embajadores, sino inmediatamente después de las Dionisias urbanas, el diecinueve. Y para que veáis que digo la verdad, escuchad los decretos.
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Decretos. Puesto que, atenienses, habían pasado las Dionisias y se celebraban las asambleas, en la primera de las asambleas se leyó un decreto común de los aliados, cuyos puntos principales expondré brevemente. Primero, escribieron que vosotros deliberarais solo sobre la paz, y omitieron el nombre de la alianza, no por olvido, sino por considerar que la paz era más necesaria que hermosa; después, respondieron correctamente para remediar el soborno de Demóstenes,
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y añadieron que fuera lícito para cualquiera de los griegos inscribirse en la misma estela junto con los atenienses en tres meses y participar de los juramentos y de los tratados, adelantándose a dos cosas muy importantes: primero, preparando el tiempo de tres meses suficiente para que llegaran las embajadas de los griegos, y segundo, ganando la benevolencia de los griegos para la ciudad con un congreso común, para que, si se violaban los tratados, no lucháramos solos ni sin preparación, lo que nos ocurrió ahora por culpa de Demóstenes. Y que digo la verdad, lo aprenderéis al escuchar el decreto mismo.
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Decreto de los aliados. Admito que estuve de acuerdo con este decreto, y todos los que hablaban en la primera de las asambleas; y el pueblo se retiró habiendo asumido que la paz existiría, y que existiría en común con todos los griegos. Pasó la noche, y al día siguiente estábamos en la asamblea. Entonces Demóstenes, adelantándose a la tribuna, sin dejar palabra a nadie más, dijo que no había utilidad en los discursos de ayer si los embajadores de Filipo no se convencían de ello, y dijo que no reconocía la paz sin la alianza.
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Pues dijo que no era necesario— y recuerdo la palabra como la dijo, por la repugnancia del que hablaba y del nombre— separar la alianza de la paz, ni esperar las dilaciones de los griegos, sino o luchar ellos, o hacer la paz por su cuenta. Y al terminar, tras llamar a Antípatro a la tribuna, le hacía una pregunta, habiendo dicho de antemano lo que preguntaría, y habiendo enseñado de antemano lo que debía responder contra la ciudad. Y al final esto prevaleció, habiendo forzado Demóstenes con el discurso, y habiendo redactado el decreto Filócrates.
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Lo que les quedaba, entregar a Cersobleptes y el territorio de Tracia, también lo hicieron el veinticuatro de Elafebolión, antes de que Demóstenes partiera para la segunda embajada, la de los juramentos; pues este orador nuestro, odiador de Alejandro y de Filipo, fue dos veces embajador a Macedonia, pudiendo no haber ido ni una, él que ahora ordena escupir sobre los macedonios. Y en la asamblea del día veinticuatro, siendo consejero por preparación, entregó a Cersobleptes junto con Filócrates.
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Pues Filócrates pasa desapercibido al haberlo añadido en el decreto junto con los otros, y Demóstenes al haberlo hecho aprobar, que los delegados de los aliados presten los juramentos a los embajadores de Filipo en este día. Pero de parte de Cersobleptes no estaba sentado ningún delegado; y al escribir que los delegados presentes juraran, excluyó de los juramentos a Cersobleptes, que no estaba presente.
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Y para que veáis que digo la verdad, léeme quién fue el que escribió esto, y quién lo hizo aprobar. Decreto. Es hermoso, atenienses, es hermosa la custodia de los documentos públicos; pues es inamovible, y no cambia con los que desertan en la política, sino que devuelve al pueblo, cuando quiere, ver a los que antes eran malvados, pero que tras un cambio pretenden ser buenos.
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Me queda por exponer la adulación. Pues Demóstenes, atenienses, habiendo sido consejero un año, no aparecerá nunca habiendo invitado a ninguna embajada a la proedría, sino solo entonces y por primera vez; y puso cojines, y extendió mantos de púrpura, y al amanecer guiaba a los embajadores al teatro, de modo que incluso era silbado por la indecencia y la adulación. Y cuando se iban, alquiló para ellos tres parejas de mulas y despidió a los embajadores hasta Tebas, haciendo ridícula a la ciudad. Y para mantenerme en el tema, toma el decreto sobre la proedría.
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Este, pues, atenienses, el adulador de tal magnitud, el primero en enterarse de la muerte de Filipo a través de los espías de Caridemo, inventó un sueño para sí mismo y mintió, como si no se hubiera enterado del asunto por Caridemo, sino por Zeus y Atenea, a quienes perjura de día y dice que de noche le hablan y le predicen lo que va a suceder, y a los siete días de haber muerto su hija, antes de haber hecho el duelo y los ritos acostumbrados, coronado y con vestiduras blancas, sacrificaba y cometía ilegalidades, habiendo perdido a la única que, pobre de él, lo llamó padre por primera vez.
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Y no reprocho la desgracia, sino que examinaré el carácter. Pues el que odia a sus hijos y es un mal padre nunca podría ser un buen demagogo, ni el que no ama a los cuerpos más queridos y cercanos valorará nunca mucho a vosotros, que sois ajenos, ni el que es malvado en privado podría ser nunca bueno en público, ni quien es vil en casa fue nunca un hombre de bien en Macedonia; pues no cambió de carácter, sino de lugar.
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¿ De dónde, pues, llegó al cambio de los asuntos, pues este es el segundo periodo, y cuál es la causa de que Filócrates, por los mismos actos políticos que Demóstenes, haya sido exiliado tras una denuncia, mientras que Demóstenes se ha erigido en acusador de los otros, y de dónde el hombre impuro os ha arrojado a la desgracia? Esto ya es digno de escuchar de manera especial.
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Pues tan pronto como Filipo pasó dentro de las Termópilas, y convirtió inesperadamente en desoladas las ciudades de los focidios, y fortaleció a los tebanos, como entonces os pareció, más allá de lo oportuno y de vuestro interés, y vosotros, temerosos, trajisteis vuestras pertenencias desde los campos, y estaban bajo las mayores acusaciones los embajadores que fueron embajadores de la paz, y mucho más que los otros Filócrates y Demóstenes, por no solo ser embajadores, sino también haber redactado los decretos,
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sucedió que en los mismos tiempos Demóstenes y Filócrates estaban en desacuerdo casi por los mismos motivos por los que vosotros sospechasteis; al surgir tal confusión, con las enfermedades innatas en él, ya deliberaba lo que sigue, con cobardía y con los celos hacia Filócrates por el soborno, y pensó que si aparecía como acusador de los coembajadores y de Filipo, Filócrates perecería claramente, los otros coembajadores estarían en peligro, y él mismo ganaría buena reputación, y siendo traidor de los amigos y malvado, parecería fiel al pueblo.
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Y al verlo, los que luchaban contra la paz de la ciudad, lo llamaban alegremente a la tribuna, llamándolo el único no sobornable de la ciudad; y él, al subir, les daba principios de guerra y confusión. Este es, atenienses, el primero en descubrir el muro de Serrion y Dorisco y Ergiske y Myrtiske y Ganos y Ganiada, lugares cuyos nombres ni siquiera conocíamos antes. Y llevó los asuntos a tal punto que, si Filipo no enviaba embajadores, decía que despreciaba a la ciudad, y si los enviaba, que enviaba espías, no embajadores.
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Y si quería someter a alguna ciudad igual y semejante el juicio sobre las reclamaciones, decía que no había un juez igual para nosotros y para Filipo. Ofrecía Haloneso; y él prohibía aceptarla, si la daba, pero no la devolvía, discutiendo sobre sílabas. Y al final, tras coronar a los que fueron embajadores con Aristodemo a Tesalia y Magnesia contra los tratados de paz, disolvió la paz y preparó la desgracia y la guerra.
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Sí, pero con muros de bronce y diamante, como él mismo dice, fortificó nuestro país, con la alianza de los eubeos y tebanos. Pero, atenienses, sobre esto habéis sido injustamente tratados y habéis sido los más engañados. Y apresurándome a hablar sobre la maravillosa alianza de los tebanos, para hablar en orden, mencionaré primero sobre los eubeos.
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Pues vosotros, atenienses, habiendo sido tratados injustamente muchas veces y gravemente por Mnesarco de Calcis, padre de Calias y Taurostenes, a quienes este ahora, habiendo recibido un salario, se atreve a proponer que sean atenienses, y de nuevo por Temisón de Eretria, quien nos arrebató Oropo estando en paz, olvidando voluntariamente esto, cuando los tebanos cruzaron a Eubea intentando esclavizar las ciudades, en cinco días les ayudasteis con naves y fuerza de infantería, y antes de que pasaran treinta días dejasteis a los tebanos bajo tregua, habiéndoos convertido en dueños de Eubea, y devolvisteis las ciudades mismas y los gobiernos justa y rectamente a los que los habían confiado, no considerando justo recordar la ira en el momento de ser confiados.
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Y habiendo sido tratados tan bien por vosotros, los calcideos no os devolvieron lo mismo, sino que cuando cruzasteis a Eubea para ayudar a Plutarco, los primeros tiempos al menos fingían ser vuestros amigos, pero tan pronto como pasamos a Tamynas, y cruzamos el monte llamado Cotyleo, allí Calias de Calcis, a quien Demóstenes, cobrando un salario, elogiaba,
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viendo el campamento de la ciudad encerrado en lugares difíciles, desde donde no había retirada sin ganar una batalla, ni esperanza de ayuda ni por tierra ni por mar, habiendo reunido un campamento de toda Eubea, y habiendo hecho venir fuerza de Filipo, y su hermano Taurostenes, el que ahora saluda a todos y sonríe, habiendo hecho cruzar a los mercenarios focidios, vinieron contra nosotros como para aniquilarnos.
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Y si primero no nos hubiera salvado un dios el campamento, y después vuestros soldados, tanto los infantes como los jinetes, hubieran sido hombres valientes, y tras vencer en batalla campal junto al hipódromo de Tamynas hubieran dejado a los enemigos bajo tregua, la ciudad habría corrido el riesgo de sufrir lo más vergonzoso; pues no es el mayor mal ser desgraciado en la guerra, sino cuando uno, arriesgándose contra competidores indignos, fracasa, es natural que la desgracia sea doble. Pero, sin embargo, vosotros, habiendo sufrido tales cosas, de nuevo pactasteis con ellos. Y habiendo obtenido el perdón de vosotros, Calias de Calcis,
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tras dejar pasar poco tiempo, de nuevo volvió a su naturaleza, reuniendo en Calcis un congreso eubeo de palabra, pero fortaleciendo de hecho a Eubea contra vosotros, y procurándose una tiranía exclusiva para sí. Y allí, esperando tener a Filipo como competidor, se fue a Macedonia y andaba con Filipo, y era nombrado uno de sus compañeros.
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Y habiendo tratado injustamente a Filipo y huido de allí, se sometió a los tebanos. Y tras dejarlos también a ellos, y habiendo dado más vueltas que el Euripo, junto al que vivía, cae en medio de la enemistad de los tebanos y la de Filipo. Y sin saber qué hacer consigo mismo, y anunciándose ya una expedición contra él, vio una esperanza de salvación restante: conseguir que el pueblo de los atenienses, nombrado aliado, ayudara si alguien iba contra él; lo cual era evidente que sucedería, si vosotros no lo impedíais.
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Pensando esto, envía aquí embajadores a Glauquetes y Empedón y a Diodoro, el que corrió el dolicodromo, llevando al pueblo esperanzas vacías, y a Demóstenes y a los que lo rodean, dinero. Y eran tres cosas las que compraba a la vez: primero, no ser privado de la alianza con vosotros; pues no había término medio, si el pueblo, recordando las injusticias anteriores, no aceptaba la alianza, sino que le quedaba o huir de Calcis, o morir al ser capturado; tales fuerzas marchaban contra él, la de Filipo y la de los tebanos. Segundo, llegaron los salarios para el que redactara la alianza para que los calcideos no se reunieran en Atenas, y tercero, para que no pagaran contribuciones.
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Y de ninguna de estas intenciones fracasó Calias, sino que Demóstenes, el odiador de tiranos, como él mismo pretende, a quien Ctesifonte dice que habla lo mejor, vendió los tiempos de la ciudad, y enterró en la alianza que nosotros ayudáramos a los calcideos, intercambiando solo una palabra por esto, añadiendo por eufemismo que también los calcideos ayudaran, si alguien iba contra los atenienses;
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pero las reuniones y las contribuciones, de las que la guerra iba a fortalecerse, las vendió por completo, redactando acciones vergonzosas con nombres hermosos, y convenciéndoos con el discurso, que la ciudad debe hacer primero las ayudas a los griegos que siempre las necesitan, y las alianzas después de los beneficios. Y para que sepáis bien que digo la verdad, toma la alianza redactada por Calias. Lee el decreto.
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Decreto. Todavía no es esto terrible, si tiempos de tal magnitud han sido vendidos y las reuniones y las contribuciones, sino que parecerá mucho más terrible que esto lo que voy a decir. Pues a tal punto fue llevado Calias de insolencia y codicia, y Demóstenes, a quien elogia Ctesifonte, de soborno, que las contribuciones de Oreos y las de Eretria, los diez talentos, vivos, pensando y viendo, se los llevaron a escondidas de vosotros, y a los delegados de estas ciudades los levantaron de entre vosotros, y de nuevo los reunieron en Calcis y en el llamado congreso eubeo. Y de qué manera y a través de qué maldades, esto ya es digno de escuchar.
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Pues llega a vosotros ya no a través de mensajeros, sino el propio Calias, y al subir a la asamblea expuso discursos preparados por Demóstenes. Pues dijo que venía del Peloponeso habiendo organizado recientemente un contingente para una renta de cien talentos contra Filipo, y calculaba cuánto debía contribuir cada uno, los aqueos todos y los megarenses sesenta talentos, y las ciudades de Eubea todas cuarenta;
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y de este dinero existiría fuerza naval y terrestre; y que había muchos otros de los griegos que querían participar de la contribución, de modo que no habría escasez ni de dinero ni de soldados. Y esto era lo evidente; pero dijo que también realizaba otras acciones a través de secretos, y que de esto había algunos testigos de nuestros ciudadanos, y al terminar llamaba por su nombre a Demóstenes y pedía que hablara también.
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Y él, habiendo subido muy solemnemente, elogiaba excesivamente a Calias, y pretendía saber lo secreto; y dijo que quería anunciaros la embajada del Peloponeso que él realizó, y la de Acarnania. Y era para él el punto principal de los discursos, que todos los peloponesios estaban contra Filipo por él mismo, y que el contingente era de dinero para tripulaciones de cien naves de navegación rápida y para diez mil soldados de infantería y mil jinetes,
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y que existirían además de esto las fuerzas políticas, del Peloponeso más de dos mil hoplitas, y de Acarnania otros tantos; y que se os había dado a vosotros la hegemonía de todo esto; y que esto se realizaría no en mucho tiempo, sino el dieciséis del mes de Antesterión; pues se había dicho en las ciudades por él mismo y se había anunciado que todos vinieran a reunirse en Atenas para la luna llena. Pues esto también el hombre lo hace propio y no común.
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Pues los otros fanfarrones, cuando mienten sobre algo, intentan decir cosas indefinidas y poco claras, temiendo la comprobación; pero Demóstenes, cuando fanfarronea, primero miente bajo juramento, invocando la destrucción sobre sí mismo, y segundo, lo que sabe bien que nunca sucederá, se atreve a decir cuándo sucederá, y de lo que no ha visto los cuerpos, dice los nombres, robando la escucha e imitando a los que dicen la verdad. Por lo cual es muy digno de ser odiado, porque siendo malvado, corrompe también las señales de los buenos.
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Y tras decir esto, da a leer al secretario un decreto más largo que la Ilíada, más vacío que los discursos que suele decir, y que la vida que ha vivido, lleno de esperanzas que no sucederán y de campamentos que nunca se reunirán. Y tras alejaros del robo y colgaros de las esperanzas, allí ya, resumiendo, escribe: elegir embajadores a Eretria, quienes pedirán a los eretrios— pues era muy necesario pedir— que ya no os den la contribución, los cinco talentos, sino a Calias, y de nuevo otros a Oreos, quienes pedirán que consideren al mismo amigo y enemigo que los atenienses.