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AndocidesSmysteries 1 · spanish-geminiMore by Andocides
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Casi todos ustedes, señores, conocen desde el principio, tan pronto como llegué a esta ciudad, la preparación y el entusiasmo de mis enemigos por perjudicarme de cualquier modo, tanto justa como injustamente, y no hay necesidad de decir muchas palabras sobre esto. Yo, por mi parte, señores, les pediré cosas justas, fáciles de conceder para ustedes y de gran valor para mí al obtenerlas de su parte.
2
Y, en primer lugar, consideren que ahora he venido sin que ninguna necesidad me obligue a permanecer, sin haber presentado fiadores ni forzado por cadenas, sino confiando sobre todo en la justicia y, después, en ustedes, en que reconocerán lo justo y no permitirán que sea destruido injustamente por mis enemigos, sino que, mucho más, me salvarán justamente de acuerdo con sus leyes y los juramentos que ustedes, al haber prestado, están a punto de emitir su voto.
3
Razonablemente, señores, deberían tener la misma opinión sobre quienes se exponen voluntariamente a los peligros que la que ellos mismos tienen sobre sí. Pues, en cuanto a aquellos que no quisieron quedarse al reconocer su propia injusticia, es natural que ustedes también piensen sobre ellos lo mismo que ellos mismos pensaron sobre sí; pero, en cuanto a aquellos que se quedaron confiando en que no cometían ninguna injusticia, es justo que ustedes también tengan sobre ellos la misma opinión que ellos mismos tuvieron sobre sí, y no prejuzguen que son culpables.
4
Por ejemplo, cuando muchos me anunciaban que mis enemigos decían que yo no me quedaría y que me iría huyendo— pues,¿ qué podría querer Andócides para soportar un juicio tan grande, a quien le es posible, al marcharse de aquí, tener todo lo necesario, y al navegar a Chipre, de donde vengo, hay mucha y buena tierra que se le ofrece y que está disponible gratuitamente?—,¿ acaso este querrá arriesgar su propia persona?¿ Hacia qué habrá mirado?¿ No ve cómo está nuestra ciudad?
5
Yo, en cambio, señores, tengo una opinión muy contraria a esta. Pues estando en otro lugar, privado de mi patria, no aceptaría tener todos los bienes; y estando la ciudad como dicen los mismos enemigos, yo preferiría mucho más ser ciudadano de ella que de otras ciudades que, quizás, me parecen ser muy afortunadas en el presente, lo cual, al reconocerlo, les confié a ustedes el juicio sobre mi propia persona.
6
Les pido, pues, señores, que muestren más benevolencia hacia mí, que me defiendo, que hacia los acusadores, sabiendo que, incluso si escuchan por igual, es necesario que quien se defiende esté en desventaja. Pues ellos, tras haber conspirado y confabulado durante mucho tiempo, estando ellos mismos sin peligros, hicieron la acusación; yo, en cambio, hago mi defensa con miedo, peligro y la mayor de las calumnias. Es razonable, pues, que ustedes muestren más benevolencia hacia mí que hacia los acusadores.
7
Además, también hay que considerar esto: que muchos, habiendo acusado ya muchas y terribles cosas, fueron desenmascarados al instante mintiendo tan claramente que ustedes preferirían mucho más castigar a los acusadores que a los acusados; y otros, a su vez, habiendo testificado falsamente y destruido injustamente a hombres, fueron condenados ante ustedes por falso testimonio, cuando ya no había ninguna ventaja para los que habían sufrido. Puesto que ya han ocurrido muchas cosas así, es razonable que ustedes no consideren todavía creíbles los discursos de los acusadores. Pues si se han acusado cosas terribles o no, es posible saberlo por los discursos del acusador; pero si estas cosas son verdaderas o falsas, no es posible que ustedes lo sepan antes de que escuchen también mi defensa.
8
Yo, por mi parte, señores, considero por dónde debo empezar la defensa, si por los últimos discursos, sobre cómo me denunciaron ilegalmente, o sobre el decreto de Isotímides, sobre que es inválido, o sobre las leyes y los juramentos que se han hecho, o si les enseñaré desde el principio lo sucedido. Pero lo que más me hace dudar, se los diré, es que quizás no todos ustedes se enojan por igual ante todas las cosas acusadas, sino que cada uno de ustedes tiene algo sobre lo que preferiría que yo me defendiera primero; y al mismo tiempo es imposible hablar de todo. Por tanto, me parece mejor enseñarles desde el principio todo lo sucedido y no omitir nada. Pues si aprenden correctamente lo ocurrido, sabrán fácilmente lo que los acusadores han mentido sobre mí.
9
Considero, pues, que ustedes mismos están preparados para reconocer lo justo, en lo cual yo, confiando, me quedé, al ver que ustedes, tanto en los asuntos privados como en los públicos, consideran de la mayor importancia esto: votar de acuerdo con los juramentos; lo cual es lo único que mantiene a la ciudad, incluso contra la voluntad de quienes no quieren que las cosas sean así. Pero les pido esto: que hagan la escucha de mi defensa con benevolencia, y que no se conviertan en mis adversarios, ni sospechen de lo que se dice, ni busquen cazar palabras, sino que, tras haber escuchado hasta el final la defensa, entonces ya voten lo que ustedes mismos consideren que es lo mejor y lo más conforme a sus juramentos.
10
Y tal como les anuncié, señores, desde el principio haré la defensa sobre todo, primero sobre la acusación misma de donde surgió la denuncia, por la cual me vi envuelto en este juicio, sobre los misterios, que ni he cometido impiedad alguna, ni he denunciado, ni he confesado, ni conozco a quienes les denunciaron a ustedes sobre ellos, ni si denunciaron cosas falsas o verdaderas; les enseñaré esto.
11
Pues había una asamblea para los estrategas que iban a Sicilia, Nicias, Lámaco y Alcibíades, y el trirreme insignia de Lámaco ya estaba zarpando; Pitónico se levantó en la asamblea y dijo:' Atenienses, ustedes envían un ejército y una preparación tan grande, y están a punto de correr un riesgo; pero yo les demostraré que el estratega Alcibíades celebra los misterios en una casa con otros, y si votan la impunidad para quien yo ordene, un siervo de uno de los hombres de aquí, que no está iniciado, les dirá los misterios; si no, hagan conmigo lo que les parezca, si no digo la verdad'.
12
Como Alcibíades contradecía mucho y lo negaba, los prítanes decidieron que los no iniciados se retiraran y que ellos mismos fueran a por el joven que Pitónico ordenaba. Y fueron, y trajeron a un siervo de Arquebíades, hijo de Polemarco; su nombre era Andrómaco. Y cuando le votaron la impunidad, decía que en la casa de Pulitión se celebraban misterios; que Alcibíades, Niciades y Meleto eran los que los celebraban, que también estaban presentes y veían lo que sucedía otros, y que también estaban presentes esclavos, él mismo y su hermano, el flautista Hicesio y el esclavo de Meleto.
13
Este fue el primero en denunciar esto, y registró a estos; de los cuales Polístrato fue detenido y murió, y los otros se fueron huyendo, y ustedes los condenaron a muerte. Tomen y léanme sus nombres. Nombres: Andrómaco denunció a estos: Alcibíades, Niciades, Meleto, Arquebíades, Arquipo, Diógenes, Polístrato, Aristómenes, Eonias, Panecio.
14
Esta fue, señores, la primera denuncia hecha por Andrómaco contra estos hombres. Y llámame a Diogneto.'¿ Fuiste testigo investigador, Diogneto, cuando Pitónico hizo la denuncia en la asamblea sobre Alcibíades?'' Sí'.'¿ Sabes entonces que Andrómaco denunció lo que sucedía en la casa de Pulitión?'' Lo sé'.'¿ Son entonces estos los nombres de los hombres contra quienes él denunció?'' Son estos'.
15
Hubo, pues, una segunda denuncia. Teucro era un meteco aquí, que se fue huyendo a Mégara, y desde allí anuncia al Consejo que, si le daban impunidad, denunciaría sobre los misterios, siendo cómplice, y a los otros que los celebraban con él, y sobre la mutilación de los Hermes lo que sabía. Tras haber votado el Consejo— pues tenía plenos poderes—, fueron a por él a Mégara; y traído, tras haber obtenido la impunidad, registra a los que estaban con él. Y estos, según la denuncia de Teucro, se fueron huyendo. Tomen y léanme sus nombres. Nombres: Teucro denunció a estos: Fedro, Gnifonides, Isónomo, Hefestodoro, Cefisodoro, a sí mismo, Diogneto, Smindírides, Filócrates, Antifonte, Teisarco, Pantacles. Y recuerden, señores, que todo esto también es admitido por ustedes.
16
Hubo una tercera denuncia. La mujer de Alcmeónides, que también había sido de Damón— su nombre era Agariste—, esta denunció que Alcibíades, Axíoco y Adimanto celebraban misterios en la casa de Cármides, junto al Olimpeion; y todos estos huyeron tras esta denuncia.
17
Hubo aún una denuncia más. Lidio, el esclavo de Ferecles de Temaco, denunció que se celebraban misterios en la casa de Ferecles, su amo, en Temaco; y registra a los demás, y dijo que mi padre estaba presente, pero que dormía cubierto. Espeusipo, siendo consejero, los entrega al tribunal. Y después, el padre, tras haber presentado fiadores, acusó a Espeusipo de ilegalidad, y litigó ante seis mil atenienses, y Espeusipo no obtuvo ni doscientos votos de tantos jueces. Y quien más convenció y pidió al padre que se quedara fui yo, y luego también los otros parientes.
18
Llámame a Calias y a Estéfano; llama también a Filipo y a Alexipo; pues estos son parientes de Acúmeno y Autócrates, quienes huyeron tras la denuncia de Lidio; Autócrates es sobrino de uno, y Acúmeno es tío del otro; a quienes les corresponde odiar a quien los expulsó, y saber sobre todo por quién huyeron. Miren a estos y testifiquen si digo la verdad.
19
Testigos, han escuchado lo sucedido, señores, y los testigos han testificado ante ustedes; recuerden lo que los acusadores se atrevieron a decir. Pues es justo defenderse recordando y desenmascarando los discursos de los acusadores. Dijeron que yo denuncié sobre los misterios, y que registré a mi propio padre presente, y que me convertí en denunciante contra mi propio padre, diciendo, creo, el discurso más terrible y más impío de todos. Pues quien lo registró fue Lidio, el de Ferecles, y quien lo convenció de quedarse y no irse huyendo fui yo, tras haber suplicado mucho y haberme agarrado de sus rodillas.
20
Y sin embargo,¿ qué quería yo, si denuncié contra mi padre, como dicen estos, y suplicaba al padre que se quedara para sufrir algo por mi causa? Y el padre fue convencido de litigar un juicio tal, en el que no le era posible evitar uno de los dos males mayores: o bien, al parecer yo haber denunciado la verdad contra él, morir por mi causa, o bien, al salvarse él, matarme a mí. Pues la ley era así: si alguien denunciaba la verdad, tenía la impunidad, pero si cosas falsas, debía morir. Y ciertamente todos ustedes saben esto, que nos salvamos tanto yo como mi padre; y no era posible, si yo me hubiera convertido en denunciante sobre mi padre, que no tuviéramos que morir o yo o él.
21
Vamos, pues, si incluso el padre quería quedarse,¿ creen que los amigos le permitirían quedarse o ser fiadores, y no le pedirían y rogarían que se fuera a donde él mismo pudiera salvarse y no destruirme a mí?
22
Pero, de hecho, incluso cuando el padre perseguía a Espeusipo por ilegalidad, decía estas mismas cosas, que nunca había ido a Temaco a ver a Ferecles; y pedía que torturaran a los esclavos, y que no se negaran a interrogar a quienes los entregaban, ni a forzar a quienes no querían. Al decir esto mi padre, como todos saben,¿ qué le quedaba a Espeusipo por decir, si estos dicen la verdad, sino:' Leógoras,¿ qué quieres decir sobre los siervos?¿ Acaso este hijo tuyo no ha denunciado contra ti, y dice que estuviste presente en Temaco?' Interroga tú al padre, o no tienes impunidad.¿ Diría esto Espeusipo, señores, o no? Yo creo que sí.
23
Si, pues, subí a un tribunal, o hubo algún discurso sobre mí, o hay alguna denuncia mía o registro, no digo mía contra otro, sino si hay incluso de alguien más contra mí, que me interrogue quien quiera subiendo aquí. Pero, de hecho, no conozco a nadie que haya dicho un discurso más impío y más increíble, quienes consideraron que solo esto era necesario: atreverse a acusar; y si son desenmascarados mintiendo, no les importó nada. Así pues,
24
si fueran verdaderas estas cosas que me acusaron, ustedes se enojarían conmigo y considerarían justo imponer el mayor castigo; así, considero justo que ustedes, al saber que mienten, los consideren malvados, y usen como prueba que, si las cosas más terribles de las acusadas son desenmascaradas claramente como mentiras, seguramente les demostraré fácilmente que mienten en las cosas mucho más triviales.
25
Las denuncias sobre los misterios fueron cuatro; y los que huyeron tras cada denuncia, les leí sus nombres, y los testigos han testificado. Además, para mayor seguridad de ustedes, señores, haré esto. Pues de los que huyeron por los misterios, algunos murieron huyendo, y otros han venido y están aquí y están presentes, llamados por mí.
26
Yo, pues, en mi discurso doy oportunidad a quien quiera para interrogarme sobre si alguno de ellos huyó por mi causa o si denuncié contra alguien, o si no huyeron todos según estas denuncias que les he demostrado. Y si alguien me desenmascara que miento, hagan conmigo lo que quieran. Y guardo silencio, y cedo el paso, si alguien quiere subir.
27
Vamos, pues, señores,¿ qué sucedió después de esto? Cuando se hicieron las denuncias, sobre las recompensas— pues eran mil dracmas según el decreto de Cleónimo, y diez mil según el de Pisandro—, sobre esto disputaban tanto estos que denunciaron como Pitónico, afirmando haber sido el primero en informar, y Androcles en nombre del Consejo.
28
El pueblo decidió, pues, en el tribunal de los tesmotetes, que los iniciados, tras haber escuchado las denuncias que cada uno denunció, juzgaran. Y votaron primero a Andrómaco, y segundo a Teucro, y recibieron en el certamen de las Panateneas, Andrómaco diez mil dracmas, y Teucro mil. Y llámame a los testigos de esto.
29
Testigos, sobre los misterios, señores, por los cuales se hizo la denuncia y sobre los cuales ustedes, los iniciados, han entrado, se me ha demostrado que ni he cometido impiedad, ni he denunciado sobre nada, ni he confesado sobre ellos, ni tengo falta alguna contra los dos dioses, ni mayor ni menor. Lo cual es de la mayor importancia para mí convencerlos. Pues los discursos de los acusadores, que levantaban estas cosas terribles y espantosas, y dijeron discursos sobre cómo otros habían faltado y cometido impiedad contra los dos dioses anteriormente, lo que cada uno de ellos sufrió y fue castigado— de estos discursos o hechos,¿ qué me corresponde a mí?
30
Pues yo acuso mucho más que ellos, y por esto mismo digo que ellos deben morir, porque cometieron impiedad, y yo salvarme, porque no he cometido falta alguna. Sería terrible si ustedes se enojaran conmigo por las faltas de otros, y, sabiendo que la calumnia contra mí es dicha por mis enemigos, la consideraran superior a la verdad. Pues es evidente que para los que han cometido tales faltas no hay defensa de que no lo hicieron; pues la tortura es terrible ante quienes lo saben; para mí, en cambio, el interrogatorio es lo más agradable, en el cual no necesito de ustedes, ni pidiendo ni suplicando salvarme ante tal acusación, sino desenmascarando los discursos de los acusadores y recordándoles a ustedes lo sucedido,
31
quienes, habiendo prestado grandes juramentos, emitirán su voto sobre mí, y habiendo invocado las mayores maldiciones sobre ustedes mismos y sobre sus hijos, de que ciertamente votarán lo justo sobre mí, y además de esto, han sido iniciados y han visto los ritos de los dos dioses, para que castiguen a los impíos, pero salven a los que no cometen ninguna injusticia.
32
Consideren, pues, que no es menor impiedad condenar por impíos a quienes no han cometido ninguna injusticia que no castigar a los que han cometido impiedad. De modo que yo les exhorto mucho más que a los acusadores ante los dos dioses, tanto por los ritos que vieron como por los griegos que vienen aquí por la fiesta: si he cometido alguna impiedad, o he confesado, o he denunciado contra algún hombre, o algún otro sobre mí, mátenme; no pido clemencia; pero si no he cometido ninguna falta,
33
y les demuestro esto claramente, les pido que lo hagan evidente a todos los griegos, que injustamente me vi envuelto en este juicio. Pues si no obtiene la quinta parte de los votos y es privado de derechos quien me denunció, este Cefisio, no le es posible entrar en el templo de los dos dioses, o morirá. Si, pues, les parece que me he defendido suficientemente sobre esto, demuéstrenmelo, para que me defienda con más entusiasmo sobre lo demás.
34
Sobre las ofrendas de la mutilación y la denuncia, tal como les prometí, así lo haré; pues les enseñaré desde el principio todo lo sucedido. Cuando Teucro vino de Mégara, tras haber obtenido la impunidad, denuncia sobre los misterios que sabía y registra a dieciocho hombres de entre los que mutilaron las ofrendas. Y cuando estos fueron registrados, algunos de ellos se fueron huyendo, y otros, detenidos, murieron según la denuncia de Teucro. Léeme sus nombres.
35
Nombres: Teucro denunció sobre los Hermes a Euctemón, Glaucipo, Eurímaco, Polieucto, Platón, Antidoro, Caripo, Teodoro, Alcístenes, Menéstrato, Erixímaco, Eufileto, Euridamante, Ferecles, Meleto, Timantes, Arquidamo, Telénico. De estos hombres, pues, algunos han venido y están aquí, y de los que murieron hay muchos parientes; de los cuales, quien quiera, que suba en mi discurso y me interrogue o sobre si alguno de estos hombres huyó por mi causa o sobre si murió.
36
Cuando esto sucedió, Pisandro y Caricles, siendo de los investigadores, y pareciendo en aquel tiempo ser los más benevolentes con el pueblo, decían que los hechos sucedidos no eran de pocos hombres, sino para la disolución del pueblo, y que era necesario investigar y no detenerse. Y la ciudad estaba tan dispuesta que, cuando el heraldo anunciaba que el Consejo fuera al consejo y retiraba la señal, con la misma señal el Consejo iba al consejo, y los de la plaza huían, temiendo cada uno no ser detenido.
37
Exaltado, pues, por los males de la ciudad, Diocleides informa al Consejo, afirmando saber quiénes mutilaron los Hermes, y que eran hasta trescientos; y contaba cómo vio y se encontró con el asunto. Y sobre esto, señores, les pido que presten atención y recuerden, si digo la verdad, y que se enseñen unos a otros; pues los discursos estaban entre ustedes, y ustedes son mis testigos de esto.
38
Decía que tenía un esclavo en Laurio, y que debía recoger el tributo. Y que, habiéndose levantado temprano, engañado por la hora, caminaba; y que era luna llena. Cuando estaba junto al propileo de Dioniso, vio a muchos hombres bajando del Odeón hacia la orquesta; y temiéndolos, entró bajo la sombra y se sentó entre la columna y la estela en la que está el estratega de bronce. Y vio a los hombres, en número de unos trescientos, y que estaban de pie en círculo, unos de quince hombres, otros de veinte; y al ver sus rostros a la luz de la luna, reconoció a la mayoría.
39
Y primero, señores, supuso esto, un asunto terrible, creo, para que estuviera en su mano decir que cualquier ateniense que quisiera era uno de estos hombres, y que el que no quisiera, decir que no estaba. Y al ver esto, dijo que iba a Laurio, y al día siguiente escuchó que los Hermes habían sido mutilados; reconoció, pues, inmediatamente que el hecho era de estos hombres.
40
Al llegar a la ciudad, encuentra que los investigadores ya habían sido elegidos y que se habían anunciado recompensas de cien minas. Al ver a Eufemo, hermano de Calias, hijo de Telocles, sentado en la herrería, lo lleva al Hefesteion y dice lo mismo que yo les he dicho, que nos vio en aquella noche; que, por tanto, no necesitaba recibir dinero de la ciudad más que de nosotros, para que nos tuviéramos como amigos. Eufemo dijo entonces que haría bien al decirlo, y que ahora le ordenaba ir a la casa de Leógoras, para que allí se reuniera conmigo, Andócides, y con otros que eran necesarios.
41
Dijo que vino al día siguiente, y que llamó a la puerta; que mi padre casualmente salía, y le dijo:'¿ Acaso te esperan estos? Debes, sin embargo, no rechazar a tales amigos'. Y que, tras decir esto, se fue. Y de este modo destruía a mi padre, declarando que era cómplice. Y que nosotros dijimos que habíamos decidido darle dos talentos de plata en lugar de las cien minas del tesoro público, y que si lográbamos lo que queríamos, él sería uno de nosotros, y que nos dimos y recibimos garantía de esto.
42
Y que él mismo respondió a esto que lo pensaría; y que nosotros le ordenamos ir a casa de Calias, hijo de Telocles, para que él también estuviera presente. Y a mi cuñado lo destruía de esta manera. Dijo que fue a casa de Calias, y que tras haber acordado, nos dio garantía en la acrópolis, y que nosotros, habiendo acordado darle el dinero el mes siguiente, nos engañamos y no se lo dimos; que, por tanto, vino a denunciar lo sucedido.
43
La denuncia de él, señores, es tal; y registra los nombres de los hombres que dijo conocer, cuarenta y dos, primero a Mantiteo y a Asefión, que eran consejeros y estaban sentados dentro, y luego también a los demás. Pisandro se levantó y dijo que era necesario anular el decreto de Escamandrio y subir a la rueda a los registrados, para que no fuera de noche antes de conocer a todos los hombres. El Consejo gritó que decía bien.
44
Al escuchar esto, Mantiteo y Asefión se sentaron junto al hogar, suplicando no ser torturados, sino que, tras haber presentado fiadores, ser juzgados. Apenas logrando esto, cuando presentaron a los fiadores, montaron a caballo y se fueron huyendo hacia los enemigos, abandonando a los fiadores, quienes debían estar sujetos a las mismas cosas que aquellos a quienes habían avalado.
45
El Consejo, tras salir, nos detuvo en secreto y nos encadenó en los cepos. Tras llamar a los estrategas, ordenaron anunciar que los atenienses que vivían en la ciudad fueran a la plaza tras haber tomado las armas, los del muro largo al Teseion, los del Pireo a la plaza de Hipodamia, y que los jinetes, aún antes de la noche, señalaran con la trompeta ir al Anaceion, y que el Consejo fuera a la acrópolis y durmiera allí, y los prítanes en el Tolo. Los beocios, tras haberse enterado de los asuntos, estaban movilizados en las fronteras. Y a Diocleides, el causante de estos males, como si fuera el salvador de la ciudad, lo llevaron en un carro al pritaneo tras haberlo coronado, y cenó allí.
46
Primero, pues, esto, señores, cuantos de ustedes estaban presentes, recuérdenlo y enséñenlo a los demás; luego, llámame a los prítanes que entonces ejercían el cargo, a Filócrates y a los demás.
47
Testigos, vamos, pues, y les leeré los nombres de los hombres que registró, para que sepan a cuántos de mis parientes destruía, primero al padre, luego al cuñado, demostrando que uno era cómplice, y diciendo que la reunión del otro ocurrió en su casa. Y de los demás escucharán los nombres. Y léelos. Cármides, hijo de Aristóteles. Este es mi primo; la madre de él y mi padre son hermanos. Taureas. Este es primo del padre. Nisaios. Hijo de Taureas. Calias, hijo de Alcmeón. Primo del padre. Eufemo. Hermano de Calias, hijo de Telocles. Frínico, hijo de Orquesameno. Primo. Eucrates. Hermano de Nicias. Este es cuñado de Calias. Critias. Primo del padre; las madres son hermanas. A todos estos los registró entre los cuarenta hombres.
48
Cuando estábamos todos encadenados en el mismo lugar y era de noche y la prisión estaba cerrada, y venían a uno la madre, a otro la hermana, a otro la mujer y los hijos, y había gritos y lamentos de quienes lloraban y se lamentaban por los males presentes, Cármides, siendo primo, de mi misma edad y criado conmigo en nuestra casa desde niño, me dice que
49
' Andócides, ves la magnitud de los males presentes, y yo en el tiempo pasado no necesitaba decir nada ni molestarte, pero ahora me veo obligado por la desgracia que tenemos presente. Pues aquellos con quienes tratabas y con quienes estabas sin nosotros, los parientes, estos, por las acusaciones por las que nosotros morimos, unos han muerto, otros se han ido huyendo,'
50
' al reconocer que cometían injusticia... si escuchaste algo de este asunto que sucedió, dilo, y primero sálvate a ti mismo, luego al padre, a quien es razonable que ames más, luego al cuñado que tiene a tu hermana, que es la única que tienes, luego a los otros parientes y allegados, siendo tantos, y además a mí, que en toda la vida no te he molestado nunca, y soy muy entusiasta contigo y con tus asuntos, lo que sea necesario hacer'.
51
Al decir Cármides esto, señores, y al suplicar y rogar cada uno de los otros, reflexioné para mis adentros,¡ oh, yo que he caído en la desgracia más terrible de todas!,¿ debo permitir que mis parientes mueran injustamente, y que ellos mismos mueran y sus bienes sean confiscados, y además de esto, registrados en estelas como impíos contra los dioses, siendo ellos inocentes de lo sucedido, y además trescientos atenienses a punto de morir injustamente, y la ciudad estando en los mayores males y teniendo sospechas unos contra otros, o decir a los atenienses lo que escuché de Eufileto, el mismo que lo hizo?
52
Además de esto, también reflexioné y calculé para mis adentros sobre los que habían faltado y cometido el hecho, que algunos de ellos ya habían muerto denunciados por Teucro, y otros se habían ido huyendo y habían sido condenados a muerte, y quedaban cuatro que no habían sido denunciados por Teucro de los que lo habían hecho: Panecio, Queredemo, Diácrito, Lisístrato;
53
quienes era razonable que parecieran ser, de todos, los más de estos hombres que denunció Diocleides, siendo amigos de los que ya habían muerto. Y para unos la salvación aún no era segura, pero para mis allegados la destrucción era evidente, si alguien no decía a los atenienses lo sucedido. Me pareció, pues, mejor privar de la patria justamente a cuatro hombres, que ahora viven y han regresado y tienen lo suyo, que permitir que aquellos murieran injustamente.
54
Si, pues, a alguno de ustedes, señores, o de los otros ciudadanos, le había surgido tal opinión anteriormente sobre mí, de que yo denuncié contra mis compañeros, para que ellos murieran y yo me salvara— lo que los enemigos inventaban sobre mí, queriendo calumniarme—, observen a partir de los mismos hechos sucedidos.
55
Pues ahora yo debo dar cuenta de lo que he hecho con la verdad, estando presentes los mismos que faltaron y huyeron tras hacer esto, y saben perfectamente si miento o digo la verdad, y les es posible interrogarme en mi discurso; pues yo lo permito; y ustedes deben aprender lo sucedido.
56
Pues para mí, señores, lo más importante de este proceso es, una vez salvado, no parecer un malvado, sino que primero vosotros, y luego también todos los demás, sepáis que nada de lo ocurrido ha sido hecho por mí ni con maldad ni con cobardía alguna, sino a causa de una desgracia que afectó sobre todo a la ciudad y, después, también a nosotros; y dije lo que escuché por previsión de mis parientes y amigos, y por previsión de toda la ciudad, con virtud y no con maldad, según creo yo. Si, pues, las cosas son así, pido salvarme y no parecer ante vosotros un malvado.
57
Vamos, pues— pues es necesario, señores, razonar sobre los asuntos humanamente, como si uno mismo estuviera en la desgracia—,¿ qué habría hecho cada uno de vosotros? Si hubiera habido que elegir una de dos cosas, o morir honrosamente o salvarse vergonzosamente, alguien podría decir que lo sucedido es maldad; aunque muchos habrían elegido incluso esto, al valorar más el vivir que el morir honrosamente.
58
Pero donde lo más opuesto a esto era el caso, al callar, perecería de la forma más vergonzosa sin haber cometido ninguna impiedad, y además vería perecer a mi padre, a mi pariente político, a mis parientes y a tantos primos, a quienes nadie más que yo destruía al no decir cómo otros habían delinquido. Pues Diocleides, al mentir, los encarceló, y no había otra salvación para ellos que el que los atenienses supieran todo lo sucedido; por tanto, yo me convertía en su asesino si no os contaba lo que había oído. Y además, destruía a trescientos atenienses, y la ciudad caía en los mayores males.
59
Esto es lo que habría ocurrido si yo no hubiera hablado; al decir la verdad, me salvaba yo mismo, salvaba a mi padre y a los demás parientes, y libraba a la ciudad del miedo y de los mayores males. Por mi causa, cuatro hombres, los mismos que habían delinquido, se convirtieron en fugitivos; de los otros, que anteriormente habían sido denunciados por Teucro, ni los muertos murieron más por mi causa, ni los fugitivos huyeron más.
60
Al considerar todo esto, señores, descubrí que lo menos malo de los males presentes era decir lo sucedido lo más rápido posible, desenmascarar a Diocleides por haber mentido y castigar a aquel que nos destruía injustamente mientras engañaba a la ciudad, y que, haciendo esto, parecía ser un gran benefactor y recibía dinero.
61
Por esto dije al Consejo que conocía a los autores y desenmascaré lo sucedido: que Eufileto había propuesto que se llevara a cabo este plan mientras bebíamos, que yo me opuse y que entonces no ocurrió por mi causa; más tarde, yo, al subirme a un potrillo que tenía en el Cinosargo, caí, me rompí la clavícula y me fracturé la cabeza, y fui llevado a casa en una camilla.
62
Eufileto, al enterarse de mi estado, les dice que estoy convencido de participar en esto y que he aceptado con él compartir la acción y mutilar el Hermes que está junto al Forbanteo. Decía esto para engañarlos; y por esto el Hermes que todos veis, el que está junto a nuestra casa paterna, el que dedicó Egeo, no fue mutilado, siendo el único de los Hermes en Atenas, porque Eufileto les dijo que yo iba a hacer esto.
63
Ellos, al enterarse, se indignaron porque yo conocía el asunto pero no lo había hecho. Al acercarse a mí al día siguiente, Meleto y Eufileto me dijeron:« Andócides, esto ha sucedido y ha sido realizado por nosotros. Sin embargo, si decides mantener la calma y callar, nos tendrás como aliados igual que antes; si no, seremos enemigos más peligrosos para ti que otros amigos por nuestra causa».
64
Les dije que consideraba que Eufileto era un malvado por el asunto, pero que para ellos no era terrible que yo lo supiera, sino mucho más el hecho mismo, porque se había realizado. Así pues, como esto era verdad, entregué a mi esclavo para ser torturado, porque yo estaba enfermo y ni siquiera podía levantarme de la cama, y los prítanes tomaron a las esclavas, desde donde ellos partían para hacer esto.
65
Al investigar el asunto tanto el Consejo como los investigadores, cuando resultó ser como yo decía y se confirmaba por todas partes, entonces llamaron a Diocleides; y no hicieron falta muchas palabras, sino que inmediatamente confesó mentir y suplicó salvarse revelando a quienes le habían convencido de decir esto; y que eran Alcibíades, el de Fegunte, y Amianto, el de Egina.
66
Y estos, al tener miedo, se marcharon huyendo; vosotros, al escuchar esto, entregasteis a Diocleides al tribunal y lo ejecutasteis, y liberasteis a los que estaban encadenados y a punto de perecer, mis parientes, por mi causa, y permitisteis el regreso de los fugitivos, mientras vosotros mismos tomabais las armas y os marchabais, librados de muchos males y peligros.
67
En esto, señores, por la suerte que corrí, todos deberían compadecerme justamente, y por lo sucedido, razonablemente debería parecer el mejor hombre, yo que me opuse a Eufileto cuando propuso la más increíble de las confianzas entre los hombres, y le contradije y le reproché lo que merecía, y cuando ellos delinquieron, oculté su falta, y al denunciarlos Teucro, unos murieron y otros huyeron, antes de que nosotros fuéramos encadenados por Diocleides y estuviéramos a punto de perecer. Entonces denuncié a cuatro hombres: Panecio, Diácrito, Lisístrato y Queredemo.
68
Estos huyeron por mi causa, lo admito; pero se salvaron mi padre, mi pariente político, tres primos y siete de los otros parientes, que iban a morir injustamente; quienes ahora ven la luz del sol por mi causa, y ellos mismos lo admiten; el que perturbó a toda la ciudad y la puso en los mayores peligros fue desenmascarado, y vosotros os librasteis de grandes miedos y de las sospechas mutuas.
69
Y si digo la verdad, señores, recordadlo, y los que lo sabéis, enseñad a los demás. Tú, llámame a los que fueron liberados por mi causa; pues ellos, al conocer mejor lo sucedido, podrían hablar ante estos. Así es, señores: subirán y os hablarán hasta que queráis escuchar, y después yo me defenderé sobre lo demás.
70
Sobre lo sucedido entonces, habéis escuchado todo y me he defendido suficientemente, al menos según me convenzo a mí mismo; pero si alguno de vosotros desea algo o piensa que algo no se ha dicho suficientemente o he omitido algo, que se levante y me lo recuerde, y me defenderé también de eso; sobre las leyes, os enseñaré ahora.
71
Pues Cefisio, aquí presente, me denunció según la ley establecida, pero hace la acusación según un decreto anterior, que propuso Isotímides, del cual nada me corresponde. Pues él dijo que se excluyera de los lugares sagrados a los que habían cometido impiedad y lo habían confesado, y yo no he hecho ninguna de estas dos cosas: ni he cometido impiedad ni lo he confesado.
72
Y os enseñaré cómo este decreto también ha sido revocado y no tiene validez. Y sin embargo, haré tal defensa sobre él, que si no os convenzo, yo mismo seré castigado, pero si os convenzo, habré defendido a mis enemigos. Pero se dirá la verdad.
73
Pues cuando las naves fueron destruidas y ocurrió el asedio, deliberasteis sobre la concordia, y decidisteis hacer ciudadanos de pleno derecho a los privados de derechos, y Patroclides propuso la moción.¿ Quiénes eran los privados de derechos y de qué manera cada uno? Os lo enseñaré. Los que debían dinero al erario, cuantos fueron condenados en sus rendiciones de cuentas tras ejercer cargos, o fueron condenados por exacciones, acusaciones o multas, o quienes compraron bienes del erario y no pagaron el dinero, o quienes prestaron fianzas al erario, para estos el pago era en la novena pritanía, y si no, debían el doble y sus bienes debían ser vendidos.
74
Esta era una forma de privación de derechos, y otra era la de aquellos cuyos cuerpos estaban privados de derechos, pero tenían y poseían su patrimonio; estos eran cuantos fueran condenados por robo o soborno; estos debían estar privados de derechos tanto ellos como sus descendientes; y cuantos desertaran de su puesto, o fueran condenados por no prestar servicio militar, cobardía o no participar en una batalla naval, o perdieran el escudo, o fueran condenados tres veces por falso testimonio o tres veces por falsa citación, o maltrataran a sus padres, todos estos estaban privados de derechos en sus cuerpos, pero conservaban sus bienes.
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Otros, a su vez, por órdenes, que no estaban totalmente privados de derechos, sino una parte de ellos, como los soldados, a quienes, por haber permanecido en la ciudad durante el gobierno de los Cuatrocientos, el resto era igual que para los demás ciudadanos, pero no les estaba permitido hablar en la asamblea ni formar parte del Consejo. Estos estaban privados de derechos, pues esta era la orden para ellos.
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A otros no les estaba permitido presentar acusaciones, a otros denunciar, a otros no navegar al Helesponto, a otros a Jonia; para otros la orden era no entrar en el ágora. Así pues, decretasteis borrar todos estos decretos, tanto ellos mismos como si había alguna copia en algún lugar, y daros garantías mutuas sobre la concordia en la Acrópolis. Léeme el decreto de Patroclides, según el cual ocurrió esto.
77
Decreto.— Patroclides propuso: puesto que los atenienses decretaron la amnistía sobre los privados de derechos y los deudores, de modo que fuera permitido hablar y votar, que el pueblo decrete lo mismo que cuando fueron las Guerras Médicas, y resultó para mejor de los atenienses. Sobre los inscritos en los recaudadores o en los tesoreros de la diosa y de los otros dioses o en el rey, o si alguien no fue borrado hasta el Consejo saliente bajo el cual era arconte Calias,
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cuantos estaban privados de derechos o eran deudores, y de cuantos hay algunas rendiciones de cuentas condenadas en las oficinas de cuentas por los auditores y sus asesores, o hay algunas acusaciones sobre rendiciones de cuentas aún no presentadas ante el tribunal, o órdenes..., o hay algunas fianzas condenadas hasta este mismo tiempo; y cuantos nombres de alguno de los Cuatrocientos están inscritos, o hay algo más escrito sobre lo sucedido durante la oligarquía; excepto cuanto está escrito en estelas de los que no permanecieron aquí, o los condenados por el Areópago o por los efetas o por el Pritaneo o por el Delfinio o por los reyes o si por homicidio se condenó al destierro o a muerte,
79
o a los asesinos o a los tiranos; pero todo lo demás, que los recaudadores y el Consejo lo borren según lo dicho de todas partes, donde haya algo en el erario, y si hay alguna copia en algún lugar, que los tesmotetas y las otras magistraturas la entreguen. Que hagan esto en tres días, una vez que el pueblo lo decida. Y lo que se ha dicho borrar, que no sea permitido a nadie poseerlo en privado ni recordar agravios nunca; si no, que el que infrinja esto sea responsable en los mismos términos que los que huyen del Areópago, para que sea lo más fiable posible para los atenienses tanto ahora como en el tiempo futuro.
80
Según este decreto, hicisteis ciudadanos de pleno derecho a los privados de derechos; pero Patroclides no propuso que los fugitivos regresaran, ni vosotros lo decretasteis. Pero cuando se hicieron las paces con los lacedemonios, y derribasteis los muros, y permitisteis el regreso de los fugitivos, y se establecieron los Treinta, y después de esto fue tomada Fila y tomaron Muniquia, os ocurrió lo que no tengo necesidad de recordar ni de recordaros los males sucedidos.
81
Pero cuando regresasteis del Pireo, decidisteis, al estar en vuestras manos castigar, dejar pasar lo sucedido, y valorasteis más salvar la ciudad que las venganzas privadas, y se decidió no recordar agravios mutuos por lo sucedido. Tras decidir esto, elegisteis a veinte hombres; estos debían ocuparse de la ciudad hasta que se establecieran las leyes; mientras tanto, usar las leyes de Solón y las instituciones de Dracón.
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Pero cuando elegisteis el Consejo y elegisteis legisladores, al encontrar que muchas de las leyes de Solón y de Dracón eran tales que muchos de los ciudadanos eran responsables por lo sucedido anteriormente, tras convocar una asamblea deliberasteis sobre ellas, y decretasteis, tras examinar todas las leyes, inscribir después en la Estoa aquellas leyes que fueran aprobadas. Léeme el decreto.
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Decreto.— Decidió el pueblo, propuso Tisámeno: que los atenienses se gobiernen según las costumbres patrias, que usen las leyes de Solón, y las medidas y pesos, y que usen también las instituciones de Dracón, las que usábamos en el tiempo anterior; y cuantas más se necesiten, que los legisladores elegidos por el Consejo, al inscribirlas en tablillas, las expongan ante los epónimos, para que las examine quien quiera, y las entreguen a las magistraturas en este mes.
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Que las leyes entregadas las examine primero el Consejo y los quinientos legisladores, a quienes eligieron los ciudadanos, una vez que hayan jurado; que sea permitido también a un particular, si quiere, al entrar en el Consejo, aconsejar lo que tenga de bueno sobre las leyes. Una vez que se establezcan las leyes, que el Consejo del Areópago se ocupe de las leyes, para que las magistraturas usen las leyes establecidas. Que las leyes aprobadas las inscriban en el muro, donde estaban inscritas anteriormente, para que las examine quien quiera.
85
Fueron examinadas las leyes, señores, según este decreto, y las aprobadas las inscribieron en la Estoa. Pero cuando fueron inscritas, establecimos una ley que todos usáis. Léeme la ley. Ley.— Que las magistraturas no usen ley no escrita sobre nada.
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¿ Acaso queda aquí algo sobre lo que sea posible presentar una magistratura o actuar contra alguien, sino según las leyes inscritas? Donde, pues, no está permitido usar ley no escrita, ciertamente no se debe usar en absoluto decreto no escrito. Puesto que veíamos que para muchos de los ciudadanos había desgracias, para unos según las leyes, para otros según los decretos sucedidos anteriormente, establecimos estas leyes, a causa de los hechos actuales, para que nada de esto ocurra ni sea permitido a nadie calumniar. Léeme las leyes.
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Leyes.— Que las magistraturas no usen ley no escrita sobre nada. Que ningún decreto, ni del Consejo ni del pueblo, sea más válido que una ley. Que no sea permitido establecer una ley contra un hombre, a menos que sea la misma para todos los atenienses, a menos que lo decidan seis mil votando en secreto.¿ Qué quedaba, pues? Esta ley. Léeme esta. Ley.— Que los juicios y los arbitrajes sean válidos, cuantos ocurrieron en la ciudad bajo la democracia. Que se usen las leyes desde el arcontado de Euclides.
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Los juicios, señores, y los arbitrajes los hicisteis válidos, cuantos ocurrieron en la ciudad bajo la democracia, para que no hubiera condonaciones de deudas ni juicios sin juicio, sino que las ejecuciones de los contratos privados fueran válidas; pero sobre los asuntos públicos, para cuantos hay acusaciones, denuncias, declaraciones o detenciones, para estos decretasteis usar las leyes desde el arcontado de Euclides.
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Donde, pues, decidisteis examinar las leyes, y tras examinarlas inscribirlas, que las magistraturas no usen ley no escrita sobre nada, que ningún decreto ni del Consejo ni del pueblo sea más válido que una ley, que no sea permitido establecer una ley contra un hombre a menos que sea la misma para todos los atenienses, y usar las leyes establecidas desde el arcontado de Euclides,¿ hay aquí algo que quede, mayor o menor, de los decretos sucedidos anteriormente, antes de que Euclides fuera arconte, para que sea válido? No lo creo, señores. Consideradlo vosotros mismos.
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Vamos, pues,¿ cómo están vuestros juramentos? El común para toda la ciudad, que todos habéis jurado tras las reconciliaciones, y no recordaré agravios a ninguno de los ciudadanos excepto a los Treinta, a los Diez y a los Once; ni siquiera a estos, si alguno quiere rendir cuentas del cargo que ejerció. Donde, pues, jurabais a los mismos Treinta no recordar agravios, a los causantes de los mayores males, si rendían cuentas, ciertamente apenas consideraríais recordar agravios a alguno de los otros ciudadanos.¿ Y el Consejo que siempre delibera qué jura?
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Y no aceptaré denuncia ni detención a causa de lo sucedido anteriormente, excepto a los fugitivos. Vosotros, a su vez, atenienses,¿ qué jurando juzgáis? Y no recordaré agravios, ni me dejaré convencer por otro, y votaré según las leyes establecidas. Lo cual hay que considerar, si os parece que hablo correctamente al decir que hablo por vosotros y por las leyes.
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Considerad, pues, señores, tanto las leyes como a los acusadores, qué tienen ellos para acusar a otros. Cefisio, aquí presente, al comprar una concesión del erario, tras recaudar noventa minas de los frutos de esta de los que cultivaban la tierra, no las pagó a la ciudad y huyó; pues si hubiera venido, habría sido encadenado en el cepo.
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Pues la ley era así, que el Consejo fuera válido, que quien comprara un impuesto y no lo pagara, debía ir al cepo. Este, pues, porque decretasteis usar las leyes desde el arcontado de Euclides, pretende no devolver lo que ha recaudado de vosotros, y ahora se ha convertido de fugitivo en ciudadano, y de privado de derechos en calumniador, porque usáis las leyes establecidas ahora.
94
Meleto, a su vez, aquí presente, detuvo a León bajo los Treinta, como todos sabéis, y aquel murió sin juicio. Y sin embargo, esta ley existía antes y existe ahora como buena, y la usáis, que el que aconsejó sea responsable en lo mismo que el que actuó con la mano. A Meleto, pues, los hijos de León no pueden acusarlo de homicidio, porque hay que usar las leyes desde el arcontado de Euclides, puesto que él mismo no niega que lo detuvo.
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Epicares, aquí presente, el más malvado de todos y que desea ser tal, el que recuerda agravios contra sí mismo— pues este formaba parte del Consejo bajo los Treinta—;¿ qué ordena la ley, que está en la estela delante del Consejo? Que quien ejerza un cargo en la ciudad tras la caída de la democracia, muera impunemente, y que el que lo mate sea puro y tenga los bienes del que murió.¿ Acaso, Epicares, el que te mate ahora tendrá las manos limpias, según la ley de Solón?
96
Léeme la ley de la estela. Ley.— Decidió el Consejo y el pueblo. La tribu Eántide ejercía la pritanía, Cleígenes era secretario, Boeto presidía. Demofanto redactó esto. El tiempo de este decreto lo inicia el Consejo de los quinientos elegidos por sorteo, de los cuales Cleígenes fue el primero en ser secretario. Si alguien derriba la democracia en Atenas, o ejerce algún cargo tras la caída de la democracia, sea enemigo de los atenienses y muera impunemente, y sus bienes sean públicos, y la décima parte para la diosa;
97
y el que mate al que hizo esto y el que lo aconsejó sea puro y santo. Que todos los atenienses juren sobre víctimas perfectas, por tribus y por demos, matar al que hizo esto. Y que el juramento sea este: mataré con palabra, con obra, con voto y con mi propia mano, si puedo, a quien derribe la democracia en Atenas, y si alguien ejerce algún cargo tras la caída de la democracia en el futuro, y si alguien se levanta para tiranizar o ayuda a establecer al tirano; y si otro lo mata, lo consideraré puro ante los dioses y los demonios, como quien ha matado a un enemigo de los atenienses, y venderé todos los bienes del que murió y entregaré la mitad al que lo mató, y no privaré de nada.
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Y si alguien al matar a uno de estos muere o al intentarlo, haré bien tanto a él como a sus hijos igual que a Harmodio y Aristogitón y a sus descendientes. Cuantos juramentos se han jurado en Atenas o en el campamento o en otro lugar contrarios a la democracia de los atenienses, los revoco y los absuelvo. Que juren esto todos los atenienses sobre víctimas perfectas, el juramento legal, antes de las Dionisias; y que supliquen al que cumple el juramento tener muchos bienes, y al que lo perjura, que perezca él y su linaje.
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¿ Acaso, calumniador y sabandija despreciable, esta ley es válida o no es válida? No es válida; y por esto creo que se ha vuelto inválida, porque hay que usar las leyes desde el arcontado de Euclides. Y tú vives y recorres esta ciudad, sin ser digno; tú que vivías calumniando bajo la democracia, y bajo la oligarquía, para no ser obligado a devolver el dinero que recibiste calumniando, servías a los Treinta.
100
Luego,¿ tú haces mención de camarilla ante mí y hablas mal de algunos? Tú que no te prostituiste con uno( pues te habría ido bien), sino que, cobrando no poco dinero del hombre que quería, como estos saben, vivías en las acciones más vergonzosas, y eso siendo tan miserable de aspecto.

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