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On the Peace with Sparta
AndocidesSpar 1 · spanish-geminiMore by Andocides
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Que es mejor hacer una paz justa que guerrear, me parece, atenienses, que todos lo sabéis; pero que los oradores, aunque de palabra aceptan la paz, en los hechos de los que podría surgir la paz se oponen, esto no todos lo percibís. Pues dicen que es algo terrible para el pueblo que, una vez hecha la paz, la actual constitución sea abolida.
2
Si, pues, el pueblo de los atenienses nunca antes hubiera hecho la paz con los lacedemonios, razonablemente la temeríamos tanto por la inexperiencia en el asunto como por la desconfianza hacia ellos; pero dado que ya muchas veces antes habéis hecho la paz bajo un régimen democrático,¿ cómo no es razonable que consideréis primero aquellos hechos de entonces? Pues es necesario, atenienses, usar como pruebas de lo que va a suceder lo que ocurrió anteriormente.
3
Cuando, por tanto, teníamos la guerra en Eubea y poseíamos Mégara, Pegas y Trecén, deseamos la paz y readmitimos a Milcíades, hijo de Cimón, que había sido condenado al ostracismo y estaba en el Quersoneso, precisamente por esto, por ser próxeno de los lacedemonios, para enviarlo a Lacedemonia a negociar sobre una tregua.
4
Y entonces tuvimos paz con los lacedemonios por cincuenta años, y ambos mantuvimos estos tratados durante trece años. Consideremos, pues, atenienses, esto primero.¿ En esta paz fue abolido en algún momento el pueblo de los atenienses? Nadie podrá demostrarlo. Pero los bienes que surgieron gracias a esta paz, yo os los contaré.
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Primero, fortificamos el Pireo en este tiempo, luego el muro largo del norte; y en lugar de los trirremes que entonces teníamos, viejos e inavegables, con los cuales, tras vencer en el mar al rey y a los bárbaros, liberamos a los griegos, en lugar de estas naves construimos cien trirremes, y por primera vez entonces establecimos trescientos jinetes y compramos trescientos arqueros escitas. Y estos fueron los bienes para la ciudad y el poder para el pueblo de los atenienses que surgieron de la paz con los lacedemonios.
6
Después de esto, por causa de los eginetas entramos en guerra, y tras sufrir muchos males y causar otros tantos, deseamos de nuevo la paz, y fueron elegidos diez hombres de entre todos los atenienses como embajadores ante Lacedemonia con plenos poderes para la paz, entre los cuales estaba Andócides, nuestro abuelo. Estos nos hicieron la paz con los lacedemonios por treinta años. Y en tanto tiempo,¿ fue abolido en algún momento, atenienses, el pueblo?¿ Qué más?¿ Fueron capturados algunos realizando una abolición del pueblo? No hay quien pueda demostrarlo. Sino todo lo contrario:
7
pues esta paz elevó al pueblo de los atenienses y lo hizo tan fuerte que, primero, en estos años, tras obtener la paz, llevamos mil talentos a la acrópolis y, por ley, los reservamos como exclusivos para el pueblo; además, construimos otros cien trirremes y votamos que fueran exclusivos, construimos astilleros, establecimos mil doscientos jinetes y otros tantos arqueros, y se fortificó el muro largo del sur. Estos fueron los bienes para la ciudad y el poder para el pueblo de los atenienses que surgieron de la paz con los lacedemonios.
8
De nuevo, tras guerrear por causa de los megarenses y permitir que el territorio fuera devastado, privados de muchos bienes, hicimos de nuevo la paz, la cual nos consiguió Nicias, hijo de Nicerato. Y creo que todos vosotros sabéis esto, que gracias a esta paz llevamos siete mil talentos de moneda a la acrópolis,
9
adquirimos más de trescientas naves, y el tributo que entraba anualmente era de más de mil doscientos talentos, y poseíamos el Quersoneso, Naxos y más de dos tercios de Eubea; y sería un discurso largo enumerar las demás colonias una por una. Pero, teniendo estos bienes, entramos de nuevo en guerra contra los lacedemonios, persuadidos también entonces por los argivos.
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Primero, pues, atenienses, recordad esto, lo que os propuse al principio del discurso.¿ Acaso no es esto, que gracias a la paz el pueblo de los atenienses nunca fue abolido? Por tanto, ha quedado demostrado. Y nadie me refutará que esto no es verdad. Pero ya he oído a algunos decir que de la última paz con los lacedemonios se establecieron los Treinta y muchos atenienses murieron al beber cicuta, y otros se fueron al exilio.
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Cuantos dicen esto, no juzgan correctamente; pues la paz y los tratados difieren mucho entre sí. Pues la paz la hacen en igualdad de condiciones, tras acordar sobre aquello en lo que discrepan; pero los tratados, cuando vencen en la guerra, los hacen los más fuertes a los más débiles mediante imposiciones, tal como los lacedemonios, tras vencernos en la guerra, nos impusieron tanto derribar los muros como entregar las naves y readmitir a los exiliados.
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Entonces, pues, los tratados se hicieron por necesidad mediante imposiciones; ahora, en cambio, deliberáis sobre la paz. Considerad por los mismos documentos, tanto lo que está escrito para nosotros en la estela como aquello sobre lo que ahora es posible hacer la paz. Pues allí está escrito derribar los muros, mientras que en estos es posible construirlos; allí, poseer doce naves, ahora, cuantas queramos; Lemnos, Imbros y Esciro, entonces, que las tuvieran quienes las tenían, ahora, que sean nuestras; y sobre los exiliados, ahora no es obligatorio readmitir a nadie, entonces sí era obligatorio, de lo cual el pueblo fue abolido.¿ Qué tiene esto de común con aquello? Tanto, pues, yo, atenienses, distingo sobre esto: que la paz es salvación y poder para el pueblo, mientras que la guerra resulta en la abolición del pueblo. Sobre esto, pues, digo esto.
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Dicen algunos que ahora nos es necesario guerrear; consideremos, pues, primero, hombres atenienses, por qué habríamos de guerrear. Pues creo que todos los hombres estarían de acuerdo en que se debe guerrear por estas razones: o por ser víctimas de injusticias o por ayudar a quienes son víctimas de ellas. Nosotros, pues, ni éramos víctimas de injusticias ni ayudábamos a los beocios que eran víctimas de ellas. Si, pues, tenemos esto de parte de los lacedemonios, el no ser ya víctimas de injusticias, y los beocios han decidido hacer la paz dejando a Orcómeno autónomo,¿ por qué causa habríamos de guerrear?¿ Para que nuestra ciudad sea libre?
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Pero esto ya lo tiene.¿ O para que tengamos muros? También esto es posible gracias a la paz.¿ O para que sea posible construir trirremes, reparar las existentes y poseerlas? También esto es posible; pues los tratados hacen a las ciudades autónomas.¿ O para que recuperemos las islas, Lemnos, Esciro e Imbros?¿ Acaso no está escrito explícitamente que estas son de los atenienses?
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Vamos,¿ o para que recuperemos el Quersoneso, las colonias, las propiedades y las deudas? Pero ni el rey ni los aliados nos lo permiten, con quienes habría que guerrear para obtenerlas.¿ O, por Zeus, hasta que venzamos a los lacedemonios y a sus aliados, hasta ese momento hay que guerrear? Pero no me parece que estemos preparados para ello. Y si, en caso de que venciéramos,¿ qué creemos que nos pasará a nosotros mismos por parte de los bárbaros, cuando hagamos esto?
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Si, pues, hubiera que guerrear por esto, y tuviéramos dinero suficiente y fuéramos capaces con nuestros cuerpos, ni aun así habría que guerrear. Pero si no hay ni por qué, ni con quiénes, ni con qué medios guerrear,¿ cómo no debemos hacer la paz de todas formas?
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Considerad también esto, atenienses, que ahora estáis negociando una paz común y la libertad para todos los griegos, y hacéis que todos tengan la posibilidad de participar en todo. Reflexionad, pues, sobre las ciudades más grandes, de qué manera están terminando la guerra. Primero, los lacedemonios, quienes, al empezar a guerrear contra nosotros y nuestros aliados, mandaban tanto por tierra como por mar, ahora, gracias a la paz, no tienen ninguna de estas dos cosas.
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Y no es que renuncien a esto obligados por nosotros, sino por la libertad de toda Grecia. Pues han vencido ya tres veces luchando: una, en Corinto, con todos los aliados presentes, sin dejar pasar ninguna excusa, sino siendo los mejores de todos; otra, en Beocia, cuando Agesilao los dirigía, de la misma manera también entonces obtuvieron la victoria; y la tercera, cuando tomaron Lequeo, a todos los argivos y corintios, y a los presentes de nosotros y de los beocios.
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Habiendo mostrado tales hechos a los griegos, están dispuestos a hacer la paz conservando lo suyo, ellos que vencían luchando, y permitiendo que las ciudades sean autónomas y que el mar sea común para los vencidos. Y, sin embargo,¿ qué clase de paz habrían obtenido ellos de nosotros si hubieran sido derrotados en una sola batalla?
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Y los beocios, a su vez,¿ cómo hacen la paz? Ellos, que hicieron la guerra por causa de Orcómeno, como si no fueran a permitir que fuera autónomo, ahora, habiendo muerto tal cantidad de hombres, habiendo sido devastada parte de su tierra, habiendo aportado mucho dinero tanto privada como públicamente, del cual carecen, y habiendo guerreado cuatro años, sin embargo, dejando a Orcómeno autónomo, hacen la paz, y esto habiendo sufrido en vano; pues les era posible desde el principio, dejando a los orcomenios autónomos, mantener la paz. Estos, a su vez, de este modo terminan la guerra.
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Y a nosotros, atenienses,¿ cómo nos es posible hacer la paz?¿ Con qué clase de lacedemonios nos encontramos? Y si alguno de vosotros se molesta, os pido disculpas; pues diré la verdad. Primero, cuando perdimos las naves en el Helesponto y quedamos sitiados,¿ qué opinión tuvieron sobre nosotros los que ahora son nuestros aliados, pero entonces eran aliados de los lacedemonios?¿ No la de esclavizar nuestra ciudad y despoblar el territorio?¿ Y quiénes fueron los que impidieron que esto sucediera?¿ No fueron los lacedemonios, disuadiendo a los aliados de su opinión y ellos mismos ni siquiera intentando deliberar sobre tales actos?
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Después de esto, tras jurarles juramentos y conseguir de ellos erigir la estela, un mal aceptable en aquel tiempo, mantuvimos una tregua bajo condiciones. Luego, tras hacer una alianza, apartar a los beocios y corintios de ellos y atraer a los argivos a la antigua amistad, fuimos causa de la batalla de Corinto para ellos.¿ Y quiénes hicieron al rey enemigo de ellos y prepararon para Conón la batalla naval por la cual perdieron el mando del mar?
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Sin embargo, habiendo sufrido esto por nuestra parte, aceptan lo mismo que los aliados y nos conceden que los muros, las naves y las islas sean nuestros.¿ Qué clase de paz, pues, debemos ir a negociar?¿ No la de obtener de los enemigos lo mismo que los amigos conceden, y por lo cual empezamos a guerrear, para que esto sea para nuestra ciudad? Los demás, pues, hacen la paz renunciando a lo que tienen, nosotros, en cambio, recuperando aquello que más necesitamos.
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¿ Qué queda, pues, sobre lo que haya que deliberar? Sobre Corinto y sobre aquello a lo que nos incitan los argivos. Primero, sobre Corinto, que alguien me enseñe, si los beocios no guerrean con nosotros y hacen la paz con los lacedemonios, qué valor tiene para nosotros Corinto.
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Recordad, pues, atenienses, aquel día en que hacíamos la alianza con los beocios, qué opinión teníamos al hacer esto.¿ No la de que, siendo suficiente el poder de los beocios junto con el nuestro, podíamos rechazar juntos a todos los hombres? Ahora, en cambio, deliberamos, haciendo los beocios la paz, cómo somos capaces de guerrear contra los lacedemonios sin los beocios.
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Sí, dicen algunos, si guardamos Corinto y tenemos como aliados a los argivos. Pero si los lacedemonios van a Argos,¿ les ayudaremos o no? Pues hay gran necesidad de elegir una de estas dos cosas. Si no ayudamos, no queda ni argumento para decir que no somos injustos y que los argivos no hacen lo que quieran justamente; pero si ayudamos a Argos,¿ no estamos listos para luchar contra los lacedemonios?¿ Para que nos pase qué? Para que, siendo derrotados, perdamos también nuestro propio territorio junto al de los corintios, y, venciendo, hagamos el de los corintios de los argivos.¿ No es por esto por lo que guerrearemos?
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Consideremos también los argumentos de los argivos. Pues nos piden que guerreemos en común con ellos y con los corintios, mientras ellos, habiendo hecho la paz por su cuenta, no ofrecen su territorio para que se guerreé en él. Y, mientras hacemos la paz con todos los aliados, no nos permiten confiar en nada en los lacedemonios; pero lo que ellos mismos acordaron solo con estos, dicen que nunca lo han violado. Llaman paz patria a la que ellos usan, pero no permiten que la paz sea patria para los demás griegos; pues, al prolongarse la guerra, esperan tomar Corinto, y, tras vencer a aquellos por quienes siempre son vencidos, esperan someter también a los que vencieron con ellos.
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Habiendo participado de tales esperanzas, debemos elegir una de dos cosas: o guerrear junto a los argivos contra los lacedemonios, o hacer la paz en común junto a los beocios. Yo, pues, temo sobre todo esto, atenienses, el mal acostumbrado, que, dejando a los amigos más fuertes, elegimos siempre a los más débiles, y hacemos la guerra por otros, pudiendo mantener la paz por nosotros mismos;
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quienes, primero, con el gran rey— pues es necesario, recordando lo sucedido, deliberar bien—, tras hacer tratados y acordar amistad para todo el tiempo, lo que nos negoció Epilico, hijo de Tisandro, hermano de nuestra madre, después de esto, persuadidos por Amorges, el esclavo del rey y exiliado, perdimos el poder del rey como si no valiera nada, y elegimos la amistad de Amorges, creyendo que era mejor; por lo cual el rey, irritado con nosotros, al hacerse aliado de los lacedemonios, les proporcionó para la guerra cinco mil talentos, hasta que abolió nuestro poder. Una decisión tal tomamos;
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y cuando los siracusanos vinieron pidiéndonos, queriendo amistad en lugar de diferencia y hacer la paz en lugar de guerra, y demostrando la alianza cuánto mejor era la suya que la de los egesteos y cataneos, si quisiéramos hacerla con ellos, nosotros, pues, elegimos también entonces la guerra en lugar de la paz, y a los egesteos en lugar de los siracusanos, y hacer campaña en Sicilia en lugar de, quedándonos en casa, tener como aliados a los siracusanos; de lo cual, tras perder a muchos de los atenienses de la mejor clase y de los aliados, y tras perder muchas naves, dinero y poder, los que se salvaron de ellos regresaron vergonzosamente.
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Más tarde, fuimos persuadidos por los argivos, quienes ahora vienen persuadiéndonos a guerrear, navegando hacia Laconia, teniendo nosotros paz con los lacedemonios, para tensar el ánimo de aquellos, principio de muchos males; de lo cual, tras guerrear, fuimos obligados a derribar los muros, entregar las naves y readmitir a los exiliados. Y, sufriendo nosotros esto, los argivos que nos persuadieron a guerrear,¿ qué beneficio nos proporcionaron?¿ Qué peligro asumieron por los atenienses?
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Ahora, pues, esto nos queda, elegir la guerra también ahora en lugar de la paz, y la alianza de los argivos en lugar de la de los beocios, y a los corintios que ahora tienen la ciudad en lugar de a los lacedemonios. No, ciertamente, atenienses, que nadie nos persuada de esto; pues los ejemplos de los errores cometidos son suficientes para los hombres sensatos para no errar más.
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Hay algunos de vosotros que tienen tal exceso de deseo de que la paz se haga lo más pronto posible; pues dicen que incluso los cuarenta días en los que os es posible deliberar son superfluos, y que esto nos perjudica; pues que se envíen embajadores con plenos poderes a Lacedemonia por esto, para no tener que volver a consultar. Y llaman miedo a nuestra seguridad de la consulta, diciendo que nadie jamás, tras persuadir abiertamente al pueblo de los atenienses, lo salvó, sino que es necesario, ocultándolo o engañándolo, hacerle el bien.
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No alabo, pues, este argumento. Pues digo, atenienses, que, estando en guerra, es necesario que un hombre estratega, benevolente con la ciudad y que sepa lo que hace, ocultándolo a la mayoría de los hombres y engañándolos, los lleve a los peligros, pero, al negociar la paz común para los griegos, sobre lo cual se jurarán juramentos y se erigirán estelas escritas, esto no debe hacerse ni ocultándolo ni engañando, sino mucho más alabando que censurando, si, habiendo sido enviados con plenos poderes, aún os daremos a vosotros la oportunidad de deliberar sobre ello. Deliberar, pues, hay que hacerlo con seguridad según nuestras posibilidades, pero a lo que juremos y acordemos, a eso hay que atenerse.
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Pues no solo, atenienses, debemos negociar mirando a los documentos escritos, sino también a vuestras costumbres. Pues vosotros, sobre lo que tenéis a mano, soléis sospechar y mostraros descontentos, y sobre lo que no existe, inventáis que lo tenéis a mano; y si hay que guerrear, deseáis la paz, y si alguien negocia la paz para vosotros, calculáis cuántos bienes os consiguió la guerra.
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Donde incluso ahora algunos dicen no conocer cuáles son los acuerdos, si habrá muros y naves para la ciudad; pues que no recuperan sus bienes privados del extranjero, y que desde los muros no tienen sustento. Es necesario, pues, también responder a esto.
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Pues hubo un tiempo, atenienses, en que no poseíamos muros ni naves; al surgir estos, comenzamos el principio de los bienes. Si también ahora deseáis esto, conseguid esto. Tomando esto como punto de partida, nuestros padres consiguieron para la ciudad un poder tan grande como ninguna otra ciudad ha poseído jamás, en parte persuadiendo a los griegos, en parte ocultándolo, en parte comprándolo y en parte forzándolo.
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Persuadiendo, pues, a que se hicieran en Atenas tesoreros de los bienes comunes de los griegos, y que la reunión de las naves fuera con nosotros, y que, cuantas ciudades no poseyeran trirremes, nosotros se las proporcionáramos; ocultándolo, fortificamos los muros contra los peloponesios; comprándolo, conseguimos de los lacedemonios no pagar pena por esto; y forzando a los adversarios, conseguimos el mando de los griegos. Y estos bienes surgieron para nosotros en ochenta y cinco años.
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Pero, vencidos en la guerra, perdimos lo demás, y los lacedemonios tomaron nuestros muros y naves como prenda, recibiendo unas y derribando otras, para que no volviéramos a tener este punto de partida para construir poder para la ciudad. Persuadidos, pues, por nosotros, los lacedemonios están aquí ahora como embajadores con plenos poderes, devolviéndonos las prendas, permitiéndonos poseer los muros y las naves, y que las islas sean nuestras.
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Tomando, pues, el mismo principio de bienes que tomaban nuestros antepasados, algunos dicen que esta paz no debe aceptarse. Que vengan, pues, ellos mismos y os enseñen— y nosotros les dimos la posibilidad, añadiendo cuarenta días para deliberar—, si algo de lo escrito resulta no estar bien; pues es posible quitarlo; y si alguien quiere añadir algo, tras persuadiros, que lo añada. Usando todo lo escrito, es posible mantener la paz.
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Pero si nada de esto agrada, guerrear está listo. Y todo esto depende de vosotros, atenienses; elegid lo que queráis de esto. Pues están aquí los argivos y corintios para enseñar que es mejor guerrear, y han venido los lacedemonios para persuadiros a hacer la paz. El fin de esto está en vosotros, y no en los lacedemonios, gracias a nosotros. Os hacemos, pues, a todos vosotros embajadores; pues quien va a levantar la mano, ese es el embajador, para decidir, según le parezca, tanto hacer la paz como la guerra. Recordad, pues, atenienses, nuestros discursos, y votad de tal manera que nunca os arrepintáis.

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