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On the murder of Herodes
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Hubiera deseado, señores, que mi capacidad de oratoria y mi experiencia en los asuntos estuvieran a la altura de mi desgracia y de los males que me han sobrevenido; pero, en la actualidad, de lo primero he tenido una experiencia superior a la debida, mientras que de lo segundo carezco más de lo que me convendría.
2
Pues, allí donde debía sufrir en mi cuerpo por una acusación que no me correspondía, la experiencia no me sirvió de nada; en cambio, allí donde debo salvarme diciendo la verdad sobre lo sucedido, en esto me perjudica mi incapacidad para hablar.
3
Muchos, en efecto, de los que no saben hablar, al no resultar creíbles a pesar de decir la verdad, han perecido por este mismo motivo, al no ser capaces de exponerla; muchos, en cambio, de los que saben hablar, al resultar creíbles por mentir, se han salvado gracias a ello, porque mintieron. Es necesario, pues, cuando alguien no tiene experiencia en litigar, que dependa más de los discursos de los acusadores que de los hechos mismos y de la verdad de los asuntos.
4
Yo, por tanto, señores, os pediré no lo mismo que la mayoría de los que litigan piden al solicitar que se les escuche, desconfiando de sí mismos y habiendo prejuzgado que vosotros tenéis alguna injusticia— pues es natural que, tratándose de hombres de bien, la audiencia se conceda a los acusados incluso sin necesidad de pedirla, tal como también los acusadores la obtuvieron sin pedirla—;
5
sino que os pido esto: por una parte, si cometo algún error con mi lengua, tenedme indulgencia y considerad que ha sido por inexperiencia más que por malicia; por otra, si digo algo correctamente, considerad que se ha dicho por la verdad más que por habilidad. Pues no es justo que quien ha cometido un error en los hechos se salve gracias a las palabras, ni que quien ha actuado correctamente en los hechos perezca por las palabras; pues la palabra es un error de la lengua, pero el hecho es de la intención.
6
Es inevitable que quien se encuentra en peligro por su propia causa cometa también algún error. Pues no solo es necesario reflexionar sobre lo que se dice, sino también sobre lo que sucederá; ya que todas las cosas que aún están en la incertidumbre dependen más del azar que de la previsión. Es inevitable, pues, que estas cosas causen gran turbación a quien está en peligro.
7
Yo mismo veo que incluso los que tienen mucha experiencia en litigar hablan mucho peor de lo que son capaces cuando se encuentran en algún peligro; pero cuando realizan algo sin peligros, se expresan con mayor acierto.
8
Esta petición, pues, señores, es legal y piadosa, y pertenece a vuestro sentido de la justicia no menos que al mío; pero sobre las acusaciones me defenderé punto por punto. Primero, pues, os enseñaré cuán ilegal y violentamente he sido llevado a este juicio, no por evitar vuestra multitud, puesto que incluso ante vosotros, sin juramento y sin seguir ninguna ley, permitiría que se votara sobre mi persona, por el hecho de confiar en que yo no he cometido ninguna falta en este asunto y en que vosotros reconoceréis lo justo, sino para que tengáis pruebas de la violencia y la ilegalidad de estos hombres en este y en los demás asuntos que me conciernen.
9
En primer lugar, siendo denunciado como malhechor, me defiendo de una acusación de homicidio, lo cual nadie ha sufrido jamás en esta tierra. Y que no soy un malhechor ni estoy sujeto a la ley de los malhechores, ellos mismos han sido testigos de ello. Pues la ley está establecida para los ladrones y los salteadores, y no han demostrado que nada de eso me sea aplicable. De este modo, en lo que respecta a esta detención, han hecho que vuestra absolución sea de lo más legal y justa.
10
Dicen, por otra parte, que matar es un gran crimen, y yo admito que es el mayor, así como el sacrilegio y la traición a la ciudad; pero las leyes están establecidas por separado para cada uno de estos casos. A mí, en primer lugar, me han hecho el juicio en el ágora, donde prohíben que se acerquen los demás que se defienden de acusaciones de homicidio; después, me han impuesto una pena, cuando la ley establece que el homicida debe morir a cambio, no por mi conveniencia, sino por la suya propia, y en esto han asignado al muerto menos de lo que establecen las leyes; el motivo, lo conoceréis a medida que avance el discurso.
11
Después, algo que creo que todos vosotros sabéis, todos los tribunales juzgan las causas de homicidio al aire libre, por ningún otro motivo sino para que, por una parte, los jueces no entren en el mismo lugar que los que no tienen las manos limpias, y, por otra, para que el acusador en la causa de homicidio no comparta el mismo techo que el asesino; tú, en cambio, al ignorar esta ley, has hecho lo contrario que los demás; y, además, debiendo prestar el juramento más grande y poderoso, invocando la ruina sobre ti mismo, tu linaje y tu casa, de que no me acusarías de otra cosa que del homicidio mismo, de que yo lo maté, en cuyo caso, si hubiera cometido muchos males, sería condenado por el hecho mismo, y si hubiera hecho muchos bienes, me salvaría gracias a esos bienes;
12
tú, al ignorar esto, inventando leyes para ti mismo, me acusas sin juramento, y tus testigos testifican sin juramento, cuando debían haber prestado el mismo juramento que tú y, tocando las víctimas, testificar contra mí. Después, ordenas a los jueces que, confiando en testigos sin juramento, me condenen en una causa de homicidio, a quienes tú mismo has hecho indignos de crédito al ignorar las leyes establecidas, y consideras que tu ilegalidad debe prevalecer sobre las leyes mismas.
13
Dices que no me habría quedado si hubiera estado libre, sino que me habría marchado, como si me hubieras obligado contra mi voluntad a entrar en esta tierra. Y, sin embargo, si para mí no hubiera supuesto ninguna diferencia ser privado de esta ciudad, me habría dado igual no acudir tras ser citado, sino perder el juicio en rebeldía, y, tras haberme defendido, tener la posibilidad de salir; pues esto es común para todos. Tú, en cambio, lo que es común para los demás griegos, buscas privarme a mí solo, habiéndote establecido una ley para ti mismo.
14
Y, sin embargo, creo que todos estarían de acuerdo en que las leyes que existen sobre tales asuntos son las más bellas y piadosas de todas las leyes. Pues, en primer lugar, son las más antiguas de esta tierra, y, además, son siempre las mismas sobre los mismos asuntos, lo cual es la mayor señal de leyes bien establecidas; pues el tiempo y la experiencia enseñan a los hombres lo que no está bien. De modo que no debéis aprender las leyes a partir de los discursos del acusador, si están bien establecidas para vosotros o no, sino los discursos del acusador a partir de las leyes, si os enseñan el asunto de manera correcta y legal o no.
15
Así, las leyes sobre el homicidio están excelentemente establecidas, y nadie se ha atrevido jamás a cambiarlas; tú, en cambio, has sido el único que se ha atrevido a convertirse en legislador para peor, y, al ignorar esto, buscas destruirme injustamente. Y lo que tú haces ilegalmente, esto mismo son para mí las mayores pruebas; pues sabías bien que no habría nadie que, habiendo prestado aquel juramento, testificara contra mí.
16
Después, no como si confiaras en el asunto sin lugar a dudas, hiciste un solo juicio sobre el asunto, sino que dejaste abierta la disputa y el discurso como si fueras a desconfiar incluso de estos jueces. De modo que, ni siquiera habiendo sido absuelto, me queda nada aquí, sino que te queda la posibilidad de decir que fui absuelto como malhechor, pero no de la causa de homicidio; y, al condenarme, pretenderás matarme como si hubiera perdido la causa de homicidio. Y, sin embargo,¿ cómo podría haber maquinaciones más terribles que estas, si habiendo convencido una vez a estos jueces habéis logrado lo que queréis, mientras que para mí, habiendo sido absuelto una vez, no me queda el mismo peligro?
17
Además, fui encarcelado, señores, de la manera más ilegal de todos los hombres. Pues, queriendo yo presentar tres garantes según la ley, estos hicieron esto de tal manera que no me fue posible hacerlo. Y de los otros extranjeros que alguna vez han querido presentar garantes, ninguno ha sido encarcelado jamás. Y, sin embargo, los encargados de los malhechores utilizan esta misma ley. De modo que, siendo esta común para todos los demás, para mí solo falló en no liberarme de la prisión.
18
Pues a ellos les convenía esto: en primer lugar, que yo estuviera lo más desprevenido posible, sin poder gestionar mis propios asuntos; después, sufrir en mi cuerpo, y tener a mis amigos más dispuestos a testificar falsamente para ellos que a decir la verdad para mí, debido al sufrimiento de mi cuerpo. Y me impusieron una ignominia tanto a mí como a mis allegados para toda la vida.
19
De este modo, pues, habiendo sido perjudicado en muchas de vuestras leyes y en la justicia, he llegado al juicio; sin embargo, incluso a partir de esto, intentaré demostrar que soy inocente. Y, sin embargo, es difícil refutar al instante cosas que han sido falsificadas y planeadas desde hace mucho tiempo; pues lo que uno no esperaba, tampoco es posible prevenirlo.
20
Yo hice el viaje desde Mitilene, señores, navegando en el barco en el que iba este Herodes, a quien dicen que maté; navegábamos hacia Enos, yo hacia mi padre— pues daba la casualidad de que estaba allí entonces— y Herodes para liberar a unos esclavos tracios. Navegaban con nosotros tanto los esclavos que él debía liberar como los tracios que iban a liberarlos. De esto os presentaré los testigos.
21
Testigos: esta es la causa del viaje para cada uno; pero nos encontramos con una tormenta, por la cual nos vimos obligados a detenernos en un lugar de Metimna, donde estaba anclado este barco al que dicen que se trasladó el hombre, Herodes, y dicen que murió. Y, en primer lugar, observad esto mismo, que no fue por mi previsión, sino que sucedió más bien por azar. Pues no se demuestra en ninguna parte que yo convenciera al hombre para que navegara conmigo, sino que él hizo el viaje por su cuenta por asuntos privados;
22
ni tampoco parezco haber hecho el viaje a Enos sin una causa suficiente, ni nos detuvimos en este lugar por ninguna preparación, sino por necesidad; ni tampoco, una vez que anclamos, el traslado al otro barco se produjo por ninguna maquinación ni engaño, sino que esto también sucedió por necesidad. Pues en el barco en el que navegábamos, no había cubierta, y en el que nos trasladamos, sí la había; y esto fue por causa de la lluvia. De esto os presentaré testigos.
23
Testigos: una vez que nos trasladamos al otro barco, bebimos. Y él es evidente que salió del barco y no volvió a entrar; yo, en cambio, no salí del barco en absoluto aquella noche. Al día siguiente, cuando el hombre no aparecía, era buscado no menos por los demás que por mí; y si a alguno de los otros le parecía terrible, a mí también. Y yo fui el responsable de que se enviara un mensajero a Mitilene, y por mi decisión se envió.
24
Y como nadie más quería ir, ni de los del barco ni de los que navegaban con el propio Herodes, yo estaba dispuesto a enviar a mi propio criado; y, sin embargo, no enviaba a un delator contra mí mismo, sabiéndolo. Cuando el hombre no aparecía al ser buscado en Mitilene ni en ninguna otra parte, y nosotros teníamos viaje, y los demás barcos zarpaban, me fui yo también navegando. De esto os presentaré los testigos.
25
Testigos: estos son los hechos; a partir de esto, considerad ya lo verosímil. En primer lugar, antes de que yo zarpara hacia Enos, cuando el hombre no aparecía, nadie me acusó, habiendo ya recibido ellos la noticia; pues nunca me habría ido navegando. Pero en el momento, la verdad y lo sucedido eran más fuertes que la acusación de estos, y al mismo tiempo yo todavía residía allí; pero cuando me fui navegando y ellos, por maquinación, compusieron esto y lo tramaron contra mí, entonces me acusaron.
26
Dicen que el hombre murió en tierra, y que yo le golpeé la cabeza con una piedra, yo que no salí del barco en absoluto. Y esto lo saben ellos con precisión. Pero cómo desapareció el hombre, no pueden demostrarlo con ningún argumento verosímil. Pues es evidente que es verosímil que esto sucediera cerca del puerto, por una parte, estando el hombre borracho, y, por otra, habiendo salido del barco de noche; pues ni podría controlarse a sí mismo, tal vez, ni la causa sería verosímil para quien lo llevaba de noche por un camino largo;
27
y siendo buscado el hombre durante dos días tanto en el puerto como lejos del puerto, no apareció ningún testigo ni sangre ni ninguna otra señal. Y entonces yo acepto el discurso de estos, presentando testigos de que no salí del barco; pero si incluso hubiera salido del barco, de ninguna manera era verosímil que el hombre desapareciera sin ser visto, si es que no se alejó mucho del mar.
28
Pero dicen que fue arrojado al mar.¿ En qué barco? Pues es evidente que el barco estaba en el mismo puerto.¿ Cómo, pues, no fue descubierto? Y, sin embargo, era verosímil que hubiera alguna señal en el barco de un hombre muerto que es introducido y arrojado de noche. Pero ahora, en el barco en el que bebía y del que salía, dicen haber encontrado señales, en el que ellos mismos no admiten que el hombre muriera; pero en el que fue arrojado al mar, no encontraron ni el barco mismo ni ninguna señal. De esto os presentaré los testigos.
29
Testigos: cuando yo ya me había ido navegando hacia Enos, y el barco llegó a Mitilene en el que Herodes y yo bebíamos, en primer lugar, al entrar en el barco, registraron, y cuando encontraron la sangre, dijeron que el hombre había muerto allí; pero cuando esto no les encajaba, sino que parecía ser sangre de ovejas, abandonando este discurso, detuvieron a los hombres y los torturaron.
30
Y al que torturaron entonces al instante, este no dijo nada malo sobre mí; pero al que torturaron muchos días después, teniéndolo consigo durante el tiempo anterior, este fue el que fue convencido por ellos y mintió sobre mí. Presentaré los testigos de esto.
31
Testigos: se os ha testificado cuánto tiempo después fue torturado el hombre; pero prestad atención a la tortura misma, cómo ha sido. Pues el esclavo, a quien tal vez estos prometieron la libertad, y por otra parte estaba en sus manos que dejara de sufrir, tal vez convencido por ambos mintió sobre mí, esperando obtener la libertad y queriendo librarse de la tortura al instante. Y creo que sabéis esto, que en aquello en lo que la mayor parte de la tortura,
32
los torturados están dispuestos a decir lo que sea que vayan a complacer a aquellos; pues en esto está su beneficio, sobre todo si no están presentes aquellos sobre los que mienten. Pues si yo le ordenara torturarlo como si no dijera la verdad, tal vez en esto mismo se abstendría de mentir nada contra mí; pero ahora ellos mismos eran los torturadores y los jueces de lo que les convenía a ellos mismos.
33
Mientras, pues, con una buena esperanza creía que mintiendo sobre mí, se aferraba a este discurso; pero cuando supo que iba a morir, entonces ya utilizó la verdad, y decía que fue convencido por ellos para mentir sobre mí. Pero habiendo intentado mentir, y después diciendo la verdad, no le sirvió de nada,
34
sino que mataron al hombre, al delator, en quien confiando me acusan, haciendo lo contrario que los demás hombres. Pues los demás, a los delatores libres les dan dinero, y a los esclavos los liberan; estos, en cambio, dieron la muerte como recompensa al delator, a pesar de que mis amigos les prohibían no matar al hombre hasta que yo llegara.
35
Es evidente, pues, que no necesitaban su cuerpo, sino sus palabras; pues vivo, el hombre, pasando por la misma tortura, se habría convertido en acusador de la maquinación de estos, pero muerto, privaba de la prueba de la verdad al ser destruido el cuerpo mismo, y con las palabras mentirosas dichas por él como si fueran verdaderas, yo perezco. Llama a mis testigos de esto.
36
Testigos: debían, pues, ellos, como yo creo, presentándolo aquí, que el delator mismo me refutara, y utilizar esto mismo como prueba, presentándolo visible y ordenando torturarlo, y no matarlo. Pues, vamos,¿ qué discurso utilizarán ahora?¿ El que dijo primero o el que dijo después?¿ Y cuáles son verdaderos, cuando decía que yo cometí el hecho o cuando decía que no?
37
Pues si el asunto debe ser examinado a partir de lo verosímil, los últimos discursos parecen más verdaderos. Pues mentía para su propio beneficio, pero cuando por mentir perecía, pensó que diciendo la verdad podría salvarse gracias a ello. De la verdad, pues, no tenía ningún defensor; pues yo no estaba presente, a quien la verdad de los últimos discursos habría sido aliada; pero los primeros discursos, los mentirosos, eran los que iban a ocultar, de modo que nunca se llegara a la verdad.
38
Y los demás, contra quienes alguien delata, estos roban a los delatores y luego los hacen desaparecer; estos mismos, los que detienen y buscan el asunto, hicieron desaparecer al delator contra mí. Y si yo hubiera hecho desaparecer al hombre o no hubiera querido entregárselo a ellos o hubiera evitado cualquier otra prueba, habrían utilizado esto mismo como lo más fuerte para los asuntos, y estas habrían sido para ellos las mayores pruebas contra mí; pero ahora, cuando ellos mismos, siendo requeridos por mis amigos, evitaron esto, para mí, supongo, deben ser estas mismas pruebas contra ellos, de que no aportaban la acusación verdadera que alegaban.
39
Además, dicen también esto, que el hombre confesaba bajo tortura haber ayudado a matar al hombre. Yo, en cambio, digo que él no decía esto, sino que me sacó a mí y al hombre del barco, y que, habiéndolo matado yo ya, ayudó a recogerlo y, poniéndolo en el barco, lo arrojó al mar.
40
Y, sin embargo, considerad que, en primer lugar, antes de subir al potro, el hombre utilizó la verdad hasta la última necesidad y me liberaba de la acusación; pero cuando subió al potro, utilizando la necesidad, ya mentía sobre mí, queriendo librarse de la tortura.
41
Pero cuando dejó de ser torturado, ya no decía que yo hubiera cometido nada de esto, sino que al final se lamentó por mí y por sí mismo como si pereciéramos injustamente, no por gratitud hacia mí— pues¿ cómo, si mintió?—, sino obligado por la verdad y confirmando que los primeros discursos fueron dichos como verdaderos.
42
Después, el otro hombre, el que navegaba en el mismo barco y estaba presente hasta el final y me acompañaba, siendo torturado con la misma tortura, coincidía con los primeros y los últimos discursos del hombre como si fueran verdaderos, pues hasta el final me liberaba, pero con los dichos en el potro, que aquel decía más por necesidad que por verdad, con estos discrepaba. Pues uno decía que yo salí del barco y maté al hombre, y que él ayudó a recogerlo ya muerto; el otro, en cambio, decía que yo no salí del barco en absoluto.
43
Y, sin embargo, lo verosímil es mi aliado. Pues no soy tan desgraciado como para haber planeado matar al hombre solo, para que nadie lo supiera, en lo cual estaba todo mi peligro, y, una vez realizado el hecho, haberme buscado testigos y cómplices.
44
Y el hombre murió así, cerca del mar y de los barcos, según el discurso de estos;¿ y muriendo a manos de un solo hombre no gritó ni causó ninguna sensación ni a los que estaban en tierra ni a los que estaban en el barco? Y, sin embargo, se puede oír mucho más de noche que de día, en la costa o en la ciudad; y, además, dicen que el hombre salió del barco estando ellos despiertos.
45
Después, habiendo muerto en tierra, e introducido en el barco, no apareció ninguna señal ni sangre ni en tierra ni en el barco, habiendo sido asesinado de noche e introducido de noche en el barco.¿ O os parece que un hombre podría, estando en tal asunto, limpiar lo que había en tierra y limpiar con esponja lo que había en el barco, lo cual ni de día alguien habría sido capaz, estando en sus cabales y no asustado, de hacerlo desaparecer por completo? Esto, señores,¿ cómo es verosímil?
46
Lo que también debéis considerar sobre todo— y no os molestéis conmigo si os enseño muchas veces lo mismo. Pues el peligro es grande, y según lo que vosotros juzguéis correctamente, según eso me salvo, y según lo que os equivoquéis de la verdad, según eso perezco—, que nadie os quite esto, que mataron al delator, y se esforzaron para que no entrara ante vosotros, ni que yo pudiera, estando presente, llevar al hombre y torturarlo.
47
Y, sin embargo, esto estaba a favor de ellos. Pero ahora, habiendo comprado al hombre, lo mataron en privado por su cuenta, al delator, sin que la ciudad lo votara, ni siendo ellos mismos los autores del hecho contra el hombre. A quien debían haber guardado encadenado, o haberlo entregado bajo fianza a mis amigos, o haberlo entregado a vuestros magistrados, y que se votara sobre él. Pero ahora, habiendo condenado vosotros mismos la muerte del hombre, lo matasteis; lo cual ni siquiera a la ciudad le está permitido, sin los atenienses, castigar a nadie con la muerte. Y de los demás discursos de aquel, habéis considerado dignos de ser jueces a estos, pero de los hechos, vosotros mismos os convertís en jueces.
48
Y, sin embargo, ni siquiera los que matan a sus amos, si son sorprendidos en flagrante, ni siquiera estos mueren a manos de los mismos allegados, sino que los entregan a la magistratura según vuestras leyes patrias. Pues si es posible que un esclavo testifique contra un libre por homicidio, y que el amo, si le parece, persiga en nombre del esclavo, y el voto tiene el mismo valor para quien mata a un esclavo que para quien mata a un libre, es natural que también se hubiera votado sobre él, y no que muriera sin juicio a manos vuestras. De modo que vosotros seríais juzgados con mucha más justicia que yo, que ahora me defiendo de vosotros injustamente.
49
Considerad, pues, señores, también a partir de los discursos de los dos hombres que fueron torturados, lo justo y lo verosímil. Pues el esclavo decía dos discursos; a veces decía que yo cometí el hecho, y a veces decía que no; el libre, en cambio, todavía no ha dicho nada malo sobre mí, siendo torturado con la misma tortura.
50
Esto, pues, no era posible convencerlo ofreciéndole la libertad como al otro; y, además, quería sufrir lo que fuera necesario estando en peligro junto con la verdad, puesto que también este sabía lo que convenía, que entonces dejaría de ser torturado cuando dijera lo que les parecía a estos.¿ A quién, pues, es verosímil creer, al que dice siempre el mismo discurso hasta el final, o al que a veces dice una cosa y a veces otra? Pero incluso sin tal tortura, los que dicen siempre los mismos discursos sobre los mismos asuntos son más creíbles que los que discrepan consigo mismos.
51
Después, también a partir de los discursos del hombre, la parte sería igual para ambos, para él el afirmar, y para mí el no afirmar; a partir de ambos hombres que fueron torturados; pues uno afirmó, y el otro hasta el final lo negaba. Y, ciertamente, lo que resulta igual es más del que se defiende que del que acusa, si es que el número de votos, al resultar igual, beneficia más al que se defiende que al que acusa.
52
La tortura, señores, fue tal, en la que confiando estos dicen saber bien que el hombre murió a mis manos. Y, sin embargo, yo, en absoluto, si supiera algo y si hubiera cometido algo así, habría hecho desaparecer a los dos hombres, cuando estaba en mi mano, por una parte, llevarlos a Enos conmigo, y, por otra, hacerlos cruzar al continente, y no dejar delatores contra mí a los que lo sabían.
53
Dicen que encontraron una tablilla en el barco, que yo enviaba a Licino, de que maté al hombre. Y, sin embargo,¿ qué necesidad tenía yo de enviar una tablilla, si el que llevaba la tablilla lo sabía? De modo que esto lo habría dicho más claramente el que cometió el hecho, y no había necesidad de ocultárselo; pues lo que no es posible que sepa el que lo lleva, esto es lo que uno enviaría escrito sobre todo.
54
Después, lo que es un asunto largo, esto uno se vería obligado a escribir por no recordar el que lo comunica debido a la cantidad. Pero esto era breve de comunicar, que el hombre ha muerto. Después, considerad que la tablilla discrepaba con el torturado, y el hombre discrepaba con la tablilla. Pues el torturado decía él mismo haber matado, y la tablilla, al ser abierta, me delataba a mí como el que mató.
55
Y, sin embargo,¿ a quién hay que creer? Pues lo primero no lo encontraron en el barco al buscar la tablilla, pero después sí. Pues entonces aún no estaba tan maquinado por ellos. Pero cuando el primer hombre torturado no decía nada contra mí, entonces introducen la tablilla en el barco, para que pudieran tener esta acusación que imputarme;
56
cuando fue leída la tablilla y el segundo torturado no coincidía con la tablilla, ya no era posible hacer desaparecer lo que se había leído. Pues si hubieran pensado que convencerían al hombre de mentir sobre mí desde el principio, nunca habrían maquinado lo que estaba en la tablilla. Y llámame testigos de esto.
57
Testigos:¿ por qué motivo, pues, maté al hombre? Pues no había ninguna enemistad entre él y yo. Pero se atreven a decir que yo maté al hombre por gratitud.¿ Y quién ha hecho jamás esto por gratitud hacia otro? Pues creo que nadie, sino que debe haber una gran enemistad para quien va a hacer esto, y la previsión debe ser evidente desde hace mucho tiempo que se está planeando. Pero entre él y yo no había ninguna enemistad.
58
Bien,¿ pero temiendo por mí mismo no fuera que yo mismo sufriera esto de él? Pues incluso por tales motivos alguien se vería obligado a hacer esto. Pero no había cometido nada así contra él.¿ Pero iba a recibir dinero al matarlo? Pero él no tenía.
59
Pero a ti más bien podría yo atribuirte esta causa verosímilmente junto con la verdad, que por dinero buscas matarme, más que tú a mí por aquel; y mucho más justamente serías condenado tú por homicidio al matarme a manos de mis allegados, que yo a manos tuya y de los allegados de aquel. Pues yo demuestro tu previsión evidente contra mí, tú, en cambio, buscas destruirme con un discurso oculto.
60
Esto os digo, que para mí mismo no tenía ninguna causa para matar al hombre; pero debo defenderme también en nombre de Licino, al parecer, y no solo en nombre mío, de que tampoco a él lo acusan verosímilmente. Digo, pues, ante vosotros que le ocurrían a él las mismas cosas que a mí respecto a aquel; pues ni tenía dinero de donde pudiera haber tomado al matarlo, ni tenía ningún peligro del que se librara al morir aquel.
61
Y la mayor prueba de que no quería destruirlo. Pues pudiendo él, tras haberlo puesto en un juicio y peligro grande, destruirlo según vuestras leyes, si es que se le debía un mal, y realizar su asunto privado y depositar gratitud en vuestra ciudad, si demostraba que aquel cometía una injusticia, no lo consideró digno, sino que ni siquiera acudió a esto. Y, sin embargo, el peligro era más bello para él.
62
Testigos. Pero, en efecto, en ese punto lo dejó libre; pero en el punto en que no debía arriesgarse ni por sí mismo ni por mí, ahí es donde tramaba, en un asunto en el que, de ser descubierto, me privaría a mí de la patria y se privaría a sí mismo de los bienes sagrados y divinos y de los demás que son los más grandes y de mayor valor para los hombres. Y luego, incluso si Licino deseaba tanto como fuera posible que él muriera— pues voy a abordar también el argumento de los acusadores—,¿ cómo iba yo a dejarme convencer de realizar en su lugar esa acción, de la cual él mismo no consideraba digno convertirse en autor material?
63
¿ Acaso porque yo era el adecuado para arriesgarme con mi cuerpo, mientras que él lo era para comprar mi riesgo con dinero? De ninguna manera; pues él no tenía dinero, mientras que yo sí. Al contrario, él habría sido convencido por mí más rápidamente, según lo razonable, que yo por él, puesto que él ni siquiera era capaz de rescatarse a sí mismo cuando se venció el plazo de siete minas, sino que sus amigos lo rescataron. Y, ciertamente, esto es para ustedes la mayor prueba de mi relación con Licino, que yo no trataba a Licino como a un amigo tan íntimo como para hacer todo lo que a él le pareciera; pues, sin duda, no habría dejado de pagar siete minas por él cuando estaba preso y sufriendo, para luego, asumiendo un riesgo tan grande, matar a un hombre por su causa.
64
Que yo no soy el responsable del asunto, ni tampoco él, ha quedado demostrado tanto como me es posible. Pero los acusadores utilizan mucho este argumento: que el hombre ha desaparecido, y ustedes quizás deseen escuchar sobre esto mismo. Si, por tanto, debo conjeturar sobre esto, es igual para ustedes que para mí; pues ni ustedes son responsables del hecho ni yo. Pero si hay que atenerse a la verdad, que pregunten a alguno de los que lo hicieron; pues de él podrían enterarse mejor.
65
Para mí, que no he cometido el hecho, lo máximo de mi respuesta es esto: que no lo he cometido. Para quien lo hizo, la demostración es fácil, e incluso si no demuestra, es fácil conjeturar bien. Pues los que cometen crímenes, al mismo tiempo que los cometen, encuentran una excusa para el delito; pero para quien no lo ha cometido, es difícil conjeturar sobre lo que está oculto. Y creo que cada uno de ustedes, si alguien le preguntara algo que por casualidad no sabe, diría solo eso: que no lo sabe. Pero si alguien ordenara decir algo más, creo que se encontrarían en un gran apuro.
66
No me atribuyan, pues, a mí este apuro en el que ni ustedes mismos tendrían facilidad; ni, si conjeturo bien, consideren que en eso consiste mi absolución, sino que me baste demostrar que soy inocente del asunto. En esto, pues, soy inocente, no si no descubro de qué manera ha desaparecido o ha muerto el hombre, sino si no tengo nada que ver con haberlo matado.
67
Y yo mismo sé de oídas que ha ocurrido anteriormente que, por una parte, los muertos y, por otra, los asesinos no han sido encontrados; por tanto, no estaría bien que los allegados tuvieran que responder por ello. Muchos, de hecho, habiendo sido acusados de otros asuntos, antes de que se conociera la verdad, perecieron prematuramente.
68
Por ejemplo, a Efialtes, su conciudadano, aún hoy no se ha encontrado a quienes lo mataron; si, pues, alguien pretendiera que los que estaban con él conjeturaran quiénes fueron los que mataron a Efialtes, y si no, que fueran culpables del asesinato, no estaría bien para los que estaban con él. Además, los que mataron a Efialtes no buscaron hacer desaparecer el cadáver, ni arriesgarse en esto para denunciar el asunto, tal como estos dicen que yo no hice a nadie partícipe de la planificación de la muerte, sino de la ejecución.
69
Esto, en poco tiempo, un esclavo que ni siquiera tenía doce años buscó matar a su amo. Y si no hubiera tenido miedo, al gritar, y al abandonar el cuchillo en la herida hubiera huido, sino que se hubiera atrevido a quedarse, habrían muerto todos los que estaban dentro; pues nadie habría pensado que el esclavo se atrevería alguna vez a esto; pero ahora, al ser capturado, él mismo confesó después. Y esto, cuando los helenotamias, los suyos, fueron acusados alguna vez por dinero sin serlo, como yo ahora, todos ellos murieron más por ira que por juicio, excepto uno, y el asunto se aclaró después.
70
Y de este uno— dicen que su nombre es Sosias— ya se había dictado sentencia de muerte, pero aún no había muerto; y en ese momento se aclaró de qué manera se había perdido el dinero, y el hombre fue retirado por su pueblo, habiendo sido entregado ya a los Once, mientras que los otros habían muerto sin ser culpables de nada.
71
Creo que los mayores de ustedes recuerdan esto, y los más jóvenes se enteran como yo. Así de bueno es examinar los asuntos con el paso del tiempo. Y esto quizás se aclararía después, de qué manera ha muerto el hombre. No lo juzguen, pues, después, habiéndome destruido a mí siendo inocente, sino deliberen bien antes, y no con ira y calumnia, ya que de estas no podrían surgir consejeros más perversos.
72
Pues no hay nada que un hombre enfurecido pueda juzgar bien; ya que el mismo elemento con el que delibera, el juicio, lo corrompe. Es importante, hombres, que el día que pasa tras el día permita cambiar el juicio a partir de la ira y encontrar la verdad de lo sucedido.
73
Sepan bien que soy más digno de ser compadecido por ustedes que de ser castigado; pues es razonable que los que cometen injusticias reciban castigo, pero que sean compadecidos los que se arriesgan injustamente. Y es necesario que siempre prevalezca su capacidad de salvarme justamente sobre la de los enemigos que desean destruirme injustamente. Pues en la demora es posible hacer incluso estas cosas terribles que estos ordenan; pero en el momento no es posible deliberar correctamente en absoluto.
74
Debo también defenderme en nombre de mi padre. Y, sin embargo, era mucho más razonable que él se defendiera en mi nombre, siendo el padre; pues él es mucho mayor que mis asuntos, y yo mucho más joven que los realizados por él, y si yo, mientras él litigaba, testificara en su contra cosas que no sabía con claridad, sino que sabía de oídas, diría que sufro cosas terribles por su parte;
75
pero ahora, al obligarme a defenderme de cosas de las que soy mucho más joven y que solo conozco de palabra, no considera que ha hecho cosas terribles. Sin embargo, en la medida en que yo sé, no traicionaré a mi padre siendo difamado injustamente ante ustedes. Y, sin embargo, tal vez me equivoque al decir de palabra lo que él hizo correctamente en la práctica; pero, aun así, se arriesgará.
76
Pues antes de que ocurriera la deserción de los mitileneos, demostraba con hechos su benevolencia hacia ustedes; pero cuando toda la ciudad deliberó mal al desertar y erró respecto a su juicio, se vio obligado a errar junto con toda la ciudad. Por tanto, en cuanto al juicio, seguía siendo igual hacia ustedes, pero ya no estaba en su mano ofrecer la misma benevolencia hacia ustedes. Pues no le era fácil abandonar la ciudad; ya que eran suficientes las garantías que tenían de él, tanto los hijos como el dinero; y, por otra parte, al quedarse, le era imposible imponerse a la ciudad.
77
Y cuando ustedes castigaron a los responsables de esto, entre los cuales no aparecía mi padre, y dieron seguridad a los demás mitileneos para habitar su propia tierra, no hay nada que mi padre haya hecho mal después, ni nada de lo que debía hacer que no haya hecho, ni de qué liturgia ha estado necesitada la ciudad, ni la de ustedes ni la de los mitileneos, sino que incluso financia coros y paga impuestos.
78
Y si tiene tierras en Eno, esto lo hace sin privar a la ciudad de nada ni haberse convertido en ciudadano de otra ciudad, como veo a otros, unos que van al continente y habitan entre sus enemigos, otros que incluso litigan contra ustedes por tratados, ni huyendo de su multitud, ni odiando a los sicofantes como ustedes.
79
Por tanto, de lo que hizo junto con toda la ciudad más por necesidad que por juicio, mi padre no es justo que responda individualmente. Pues para todos los mitileneos el error de entonces ha quedado como un recuerdo eterno; pues cambiaron mucha felicidad por mucha desgracia, y vieron su propia patria devastada. Pero de lo que estos difaman individualmente a mi padre, no les crean; pues toda la preparación contra mí y contra él ha ocurrido por dinero. Y son muchas las cosas que contribuyen a quienes desean codiciar lo ajeno. Él es demasiado anciano para ayudarme, y yo mucho más joven que para poder defenderme suficientemente.
80
Pero ustedes ayúdenme, y no enseñen a los sicofantes a ser más poderosos que ustedes mismos. Pues si al entrar ante ustedes hacen lo que quieren, quedará demostrado que convencen a estos, pero que huyen de su multitud; pero si al entrar ante ustedes ellos mismos parecen perversos, y no obtienen nada más, suya será la honra y el poder, tal como también lo exige la justicia. Ustedes, pues, ayúdenme a mí y a la justicia.
81
Cuanto era posible demostrar a partir de las pruebas humanas y los testimonios, lo han escuchado; es necesario también votar basándose no menos en los signos divinos que han ocurrido para tales asuntos. Pues incluso los asuntos comunes de la ciudad, confiando sobre todo en estos, los llevan a cabo con seguridad, tanto los que llegan a los riesgos como los que están fuera de los riesgos. Es necesario considerar también estos como los más grandes y fiables para los asuntos privados.
82
Pues creo que ustedes saben que muchos hombres que no tenían las manos limpias o que tenían alguna otra impureza, al embarcarse en el barco, hicieron perecer junto con su propia alma a los que estaban santamente dispuestos hacia los dioses; y esto, otros que no perecieron, pero que corrieron los riesgos más extremos por causa de tales hombres; y esto, al presentarse ante los sacrificios, muchos resultaron ser manifiestamente no santos, e impidiendo que los sacrificios se realizaran según la costumbre.
83
A mí, por tanto, en todo esto me ocurrió lo contrario. Pues, en cuanto a todos aquellos con los que navegué, utilizaron los barcos más hermosos; y dondequiera que me presenté ante los sacrificios, no hay lugar donde los sacrificios no se realizaran de la manera más hermosa. Lo cual considero que son grandes pruebas para mí de la acusación, de que estos no me acusan con verdad. Y tengo también testigos de esto.
84
Testigos. Y sé también esto, jueces, que si los testigos testificaran en mi contra, como que algo impío ha ocurrido estando yo presente en el barco o en los sacrificios, utilizarían estos mismos como los más fuertes, y mostrarían esta como la prueba más clara de la acusación, los signos de los dioses; pero ahora, siendo los signos contrarios a los argumentos de estos, y los testigos testificando que lo que yo digo es verdad, y lo que estos acusan es falso, les piden a ustedes que no crean a los testigos, y dicen que deben creer los argumentos que ellos mismos dicen. Y los demás hombres refutan los argumentos con los hechos, pero estos buscan hacer que los hechos sean increíbles con los argumentos.
85
Cuanto recuerdo de lo acusado, hombres, me he defendido; y creo que también por su propio bien deben absolverme. Pues lo mismo me salva a mí, y para ustedes resulta legal y conforme a sus juramentos. Pues juraron juzgar según las leyes; y yo, según las cuales fui llevado, no soy culpable ante las leyes, y de las que tengo la acusación, me queda un juicio legal. Y si dos juicios han surgido de uno, no soy yo el responsable, sino los acusadores. Y, sin embargo, no creo que mis enemigos más acérrimos hayan hecho dos juicios sobre mí, y ustedes, los jueces justos de lo equitativo, me condenarán de antemano por el asesinato en este juicio.
86
No ustedes, hombres; sino den algo también al tiempo, con el cual los que buscan la precisión de los asuntos encuentran lo más correcto. Pues yo pretendía, hombres, que el juicio sobre tales asuntos fuera según las leyes, pero que según estas la justicia fuera examinada tantas veces como fuera posible. Pues tanto mejor se conocería; pues los muchos juicios son aliados de la verdad, pero los más enemigos de la calumnia.
87
Pues un juicio por asesinato, incluso si no se juzga correctamente, es más fuerte que la justicia y la verdad; pues es necesario, si ustedes me condenan, y no siendo yo asesino ni culpable del hecho, utilizar el juicio y la ley; y nadie se atrevería ni a transgredir el juicio dictado, confiando en sí mismo en que no es culpable, ni, siendo consciente de haber cometido tal hecho, no utilizar la ley; y es necesario ser vencido en el juicio contra la verdad, y del mismo hecho de la verdad, sobre todo si no hay quien castigue.
88
Y por esto mismo, las leyes, los juramentos, los sacrificios y las proclamaciones, y todo lo demás que ocurre por causa de los juicios por asesinato, son muy diferentes incluso de los demás, porque los mismos asuntos, sobre los cuales son los riesgos, son de gran valor que sean conocidos correctamente; pues conocidos correctamente es un castigo para el que ha sido injustamente tratado, pero votar que es asesino quien no es responsable es un error y una impiedad tanto hacia los dioses como hacia las leyes.
89
Y no es igual que el acusador acuse incorrectamente y que ustedes, los jueces, juzguen incorrectamente. Pues la acusación de estos no tiene fin, sino que está en ustedes y en el juicio; pero lo que ustedes juzguen incorrectamente en el juicio mismo, esto no hay adónde uno pueda llevar el error para absolverse.
90
¿ Cómo, pues, podrían juzgar correctamente sobre ellos? Si permiten que estos acusen tras haber prestado el juramento acostumbrado, y que yo me defienda sobre el asunto mismo.¿ Y cómo lo permitirán? Si ahora me absuelven. Pues no escapo ni así de sus juicios, sino que ustedes serán los que también allí voten sobre mí. Y si me perdonan ahora, les es posible entonces hacer lo que quieran, pero si me destruyen, ya ni siquiera les queda espacio para deliberar sobre mí.
91
Y, ciertamente, si hubiera que errar en algo, absolver injustamente sería más santo que destruir injustamente; pues lo primero es solo un error, lo segundo es también una impiedad. En lo cual es necesario tener mucha previsión, estando a punto de realizar un hecho irreparable. Pues en un asunto reparable, al usar la ira y dejarse convencer por la calumnia, es menor el error; pues alguien que se arrepiente aún podría deliberar correctamente; pero en los irreparables es mayor el daño arrepentirse y saber que se ha errado. Y algunos de ustedes ya se han arrepentido al haber destruido. Y, sin embargo, donde ustedes, los engañados, se arrepintieron,¿ no era acaso necesario que los que engañaban fueran destruidos?
92
Además, los errores involuntarios tienen perdón, pero los voluntarios no. Pues el error involuntario, hombres, es de la fortuna, pero el voluntario es del juicio.¿ Y cómo podría ser más voluntario que si alguien, de lo que planea, lo realiza al momento? Y, ciertamente, tiene la misma fuerza quien mata injustamente con la mano y quien lo hace con el voto.
93
Sepan bien que nunca habría venido a la ciudad si fuera consciente de algo así; pero ahora, confiando en la justicia, de la cual nada es más digno para un hombre por lo que luchar, no siendo consciente de haber cometido nada impío ni de haber sido impío hacia los dioses; pues en tal caso, incluso el cuerpo agotado, el alma lo salvó, deseando sufrir por no ser consciente de ello. Pero para el que es consciente, esto mismo es lo primero que le es enemigo; pues incluso cuando el cuerpo es fuerte, el alma desfallece, pensando que el castigo le llega por esos actos impíos. Yo, sin ser consciente de nada así, vengo ante ustedes.
94
Pero difamar a los acusadores no es nada sorprendente. Pues este es el trabajo de ellos, y el de ustedes no dejarse convencer por lo que no es justo. Pues al dejarme convencer a mí, ustedes pueden arrepentirse, y el remedio para esto es castigar después, pero al dejarse convencer por estos y realizar lo que ellos quieren, no hay cura. Y no es mucho el tiempo que falta, en el cual harán legalmente lo que ahora los acusadores los convencen de votar ilegalmente. Pues los asuntos no son de los que se apresuran, sino de los que deliberan bien. Ahora, pues, conviértanse en conocedores del juicio, y entonces en jueces de los testigos; ahora en opinantes, y entonces en jueces de la verdad.
95
Es muy fácil para un hombre que se defiende de una acusación de muerte testificar falsamente. Pues si convencen solo por el momento para matar, junto con el cuerpo también el castigo ha perecido. Pues ni los amigos querrán ya castigar por alguien que ha perecido; y si incluso quisieran,¿ qué ganará el que ha muerto?
96
Ahora, pues, absuélvanme; y en el juicio por asesinato, estos, tras haber prestado el juramento acostumbrado, me acusarán, y ustedes juzgarán sobre mí según las leyes establecidas, y yo no tendré más argumento, si sufro algo, de que morí ilegalmente. Por esto les pido, sin omitir su piedad ni privarme de la justicia; y en su juramento está también mi salvación. Convenciéndose de lo que quieran de estos, absuélvanme.

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