Gallic History
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Original / primary: Spanish Gemini
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Los celtas atacaron primero a los romanos, tomaron Roma excepto el Capitolio y la incendiaron. Camilo los venció y expulsó, y tiempo después, al regresar, los volvió a vencer y celebró un triunfo sobre ellos a los ochenta años de edad. Un tercer ejército celta invadió Italia, el cual también fue destruido por los romanos bajo el mando de Tito Quincio. Después de esto, los boyos, una nación celta sumamente salvaje, atacaron a los romanos, y el dictador Cayo Sulpicio salió a su encuentro con un ejército, de quien se dice que utilizó la siguiente estratagema: ordenó a los que estaban formados en primera línea que lanzaran sus jabalinas al unísono y se agacharan rápidamente, para que los de la segunda, tercera y cuarta fila pudieran lanzar las suyas, y que los que ya habían lanzado se agacharan siempre para que las lanzas no cayeran sobre ellos; cuando los últimos lanzaron, ordenó que todos se levantaran al mismo tiempo y, con un grito, entraran rápidamente en combate cuerpo a cuerpo; pues de este modo aterrorizaría a los enemigos con el lanzamiento de tantas lanzas y el rápido ataque posterior. Las lanzas no eran diferentes de las jabalinas; las que los romanos llaman pilos, cuya mitad es de madera cuadrada y la otra mitad de hierro, también cuadrado y blando, excepto la punta. Así pues, los boyos fueron destruidos entonces por los romanos en su totalidad.
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Popilio venció a otros celtas de nuevo, y después de él, Camilo, el hijo de Camilo, a los mismos. Papio Emilio también erigió trofeos contra los celtas. Antes de los consulados de Mario, una horda de celtas, numerosísima, muy belicosa y sumamente temible por su edad, invadió Italia y la Galia, venció a algunos cónsules romanos y masacró sus ejércitos; contra ellos fue enviado Mario, quien los destruyó a todos. Los últimos y más importantes de los hechos realizados por los romanos contra los galos son los que tuvieron lugar bajo el mando de Cayo César. Pues en los diez años que ejerció el mando, se enfrentó a miríadas de hombres salvajes, más de cuatrocientas mil si se suman todas las partes, y de ellos hicieron cien mil prisioneros y mataron a otros cien mil en la lucha. Sometieron a cuatrocientas naciones y más de ochocientas ciudades, unas que se rebelaban y otras que fueron conquistadas. Antes de Mario, Fabio Máximo el Emiliano, con un ejército muy pequeño, luchó contra los celtas y mató a doce miríadas de ellos en una sola batalla, perdiendo solo quince de los suyos. Y esto lo hizo estando aquejado por una herida reciente, recorriendo las legiones para animarlas y enseñándoles cómo debían luchar contra los bárbaros, siendo llevado a veces en un carro y otras caminando apoyado por otros.
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César, al luchar contra ellos, venció primero a los helvecios y tigurinos, que eran unas veinte miríadas. Los tigurinos, tiempo atrás, habían capturado un ejército de Pisón y Casio y los habían hecho pasar bajo el yugo, como parece constar en las crónicas de Paulo Claudio. A los tigurinos los venció su legado Labieno, y a los otros César, así como a los tréveros que los ayudaban, y luego a los germanos de Ariovisto, quienes superaban en tamaño a los más grandes, eran salvajes en su carácter, audaces en su valentía y despreciaban la muerte por la esperanza de la reencarnación; soportaban el frío igual que el calor, y se alimentaban de hierba ante la escasez, y sus caballos de madera. Al parecer, no eran resistentes en las batallas, ni usaban la razón o alguna ciencia, sino que actuaban con furia como fieras, por lo cual eran derrotados por la ciencia y la resistencia de los romanos. Pues estos se lanzaban sobre ellos con un ímpetu pesadísimo y empujaban a toda la falange al mismo tiempo; los romanos, en cambio, resistían en orden, los superaban tácticamente y, al final, mataron a ochenta mil de ellos.
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Después de estos, César atacó a los llamados belgas mientras cruzaban un río y mató a tantos que el río quedó puenteado con los cuerpos y pudo ser cruzado. Los nervios lo pusieron en fuga al atacarlo repentinamente cuando apenas estaba construyendo el campamento tras una marcha, y mataron a muchísimos, incluyendo a todos los tribunos y centuriones; incluso lo rodearon a él mismo en una colina a la que había huido con sus guardaespaldas. Pero fueron destruidos por la décima legión, que los atacó por la espalda, siendo sesenta mil. Eran descendientes de los cimbrios y teutones. César también se impuso a los alóbroges. Cuarenta miríadas de usípetes y tencteros, tanto combatientes como no combatientes, fueron masacrados. Los sicambros, con quinientos jinetes, pusieron en fuga a los cinco mil jinetes de César al atacarlos de improviso, pero pagaron por ello al ser derrotados después.
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César fue también el primero de los romanos en cruzar el Rin y llegar a la isla de Britania, que es mayor que el continente más grande y aún desconocida para los hombres de estas tierras. Cruzó durante el momento de la marea baja; pues el fenómeno apenas comenzaba a afectar al mar y la flota se balanceaba, primero suavemente, luego con más fuerza, hasta que César navegó con velocidad violenta hacia Britania.